Día de Purskul - O Cómo Casi Muero Tres Veces
Kath tenía razón sobre Murann. Ojalá no la hubiera tenido.
Cuando llegamos a Purskul ya había información de incursiones en los alrededores. Ataques esporádicos, nada confirmado todavía, pero suficiente para que medio maldito ejército se presentara allí: Fery, Sulion, Helios, Jadzia, Teris, Gwenaelle, Kath, Gunna, Keyra, un cazador cuyo nombre nunca supe, Vesper, Dick, Talivia, Lufram, Maeve, Brizaelinth. Y yo. Demasiada gente para ser discretos, pero supongo que esa era la idea. Fuerza en números.
Debatimos las opciones durante lo que me pareció una eternidad. Dejar trampas en el camino y esperar a que cayeran. Infiltrarse de alguna forma en el campamento enemigo para espiar sus movimientos. Atacar directamente y acabar con esto de una vez. Al final, la prudencia ganó y decidimos observar desde la distancia, ver si los ataques realmente provenían de Murann o si eran algo independiente. Información primero, acción después.
No tuvimos que esperar mucho para la acción.
Los vimos cerca de Purskul. Osgos, trasgos, jinetes montados en huargos que se movían como una manada coordinada. Ninguno llevaba los emblemas de Murann, lo que hacía la situación más preocupante, no menos. Un contingente grande, demasiado organizado para ser simples bandidos que buscaban un saqueo rápido. Esto era diferente. Esto era guerra.
Nos vieron antes de que pudiéramos retirarnos para reportar. No hubo más tiempo para observación. No hubo más debate sobre estrategias.
El combate fue brutal desde el primer momento. No de esos donde sabes desde el inicio que vas a ganar, donde solo es cuestión de tiempo y esfuerzo. Este fue de los otros. De los que te hacen pensar en cada segundo si vas a ver el final del día. Los huargos son rápidos, más rápidos de lo que la gente piensa, y sus jinetes saben exactamente cómo usarlos. Los osgos golpean con una fuerza que puede romper huesos incluso a través de la armadura.
Me moví entre ellos como sé hacerlo, buscando los flancos desprotegidos, cortando tendones expuestos, entrando y saliendo antes de que pudieran girar sus armas pesadas hacia mí. Un trasgo casi me parte la cabeza con un hachazo que pasó tan cerca que sentí el aire desplazarse. Esquivé por centímetros, rodé, me levanté ya cortando. Otro me alcanzó en el brazo izquierdo. Superficial, afortunadamente, pero dolió como un demonio y la sangre empezó a empapar la manga.
Ganamos esa primera batalla. Pero apenas tuve tiempo de comprobar mis heridas, apenas tiempo de respirar y recolocar mi agarre en los kukris.
Porque sobre los cadáveres aún calientes llegó caminando algo mucho peor.
Un osgo. No, no un osgo cualquiera. Uno gigantesco, el doble de tamaño que los otros que acabábamos de matar. Llevaba armadura pesada cubierta de abolladuras y marcas de combates anteriores, cicatrices por todas partes donde la piel grisácea quedaba expuesta, y un hacha de guerra que parecía capaz de partirme en dos de un solo golpe. Lo reconocí inmediatamente por los rumores que había oído. El líder del clan Pisahuesos. El que causaba terror en toda la zona de los Dientecillos. El tipo de criatura de la que se cuentan historias en las tabernas para asustar a los reclutas nuevos.
Resultó que las historias se quedaban cortas.
Fery intentó negociar primero. Hablar, llegar a algún tipo de acuerdo pacífico, encontrar una solución que no implicara más sangre. El osgo escuchó con esa paciencia terrible de alguien que sabe que tiene todas las cartas en la mano, pero no estaba realmente interesado en negociar. Lo intenté yo después, cuando quedó claro que Fery no llegaba a ningún lado. Le ofrecí que viniera con nosotros a Purskul, que habláramos en territorio neutral, que había mejores opciones para todos que seguir peleando aquí. Mentía descaradamente, por supuesto. Solo quería meterlo en un lugar donde tuviéramos ventaja territorial, donde pudiéramos rodearlo con refuerzos.
No funcionó. El maldito osgo no era estúpido.
Declaró con toda tranquilidad que no pertenecía a Murann como tal, pero que había negociado independientemente atacar Purskul a cambio de ciertos réditos. Botín, probablemente. Territorio, quizá. Oro, esclavos, lo que fuera que esas criaturas consideren valioso. No especificó y no tuvimos oportunidad de seguir preguntando.
La segunda batalla comenzó y fue infinitamente peor que la primera.
El Pisahuesos luchaba como tres guerreros juntos concentrados en un solo cuerpo masivo. Su hacha se movía en arcos amplios y devastadores que no podías bloquear, solo esquivar si eras lo suficientemente rápido. Los que intentaron plantarle cara directamente, los que pensaron que podían detener sus golpes con sus propias armas, casi murieron en el intento. Vi a más de uno volar por los aires del impacto.
Yo hice lo único que sé hacer bien en estas situaciones. Busqué los flancos, los enemigos que estaban distraídos enfrentándose a otros, las corvas expuestas cuando se giraban, los puntos débiles en las armaduras mal ajustadas. Me moví rápido, más rápido de lo que criaturas tan grandes pueden seguir con la mirada. Golpeé duro en los sitios donde más duele. Salí de su alcance antes de que pudieran siquiera registrar que había estado allí.
Un jinete de huargo me persiguió en algún momento del caos. El animal era enorme, sus fauces llenas de dientes diseñados para desgarrar. Tuve que rodarme bajo la bestia cuando saltó hacia mí, sentí el calor de su aliento sobre mi cabeza, y corté su vientre blando al pasar por debajo. La sangre caliente me salpicó la cara y el pecho mientras el animal caía pesadamente detrás de mí. El jinete salió despedido, golpeándose contra el suelo. Lo rematé antes de que pudiera levantarse, antes de que pudiera recuperar su arma.
No hay honor en estas peleas. La gente que habla de honor en combate nunca ha estado realmente en uno. Solo hay supervivencia, hacer lo necesario para seguir respirando un minuto más.
El Pisahuesos cayó eventualmente, aunque no estoy seguro de quién dio el golpe final. Todos contribuimos, todos le hicimos daño de alguna forma. Cuando finalmente cayó de rodillas y luego de cara contra el suelo embarrado de sangre, el resto de su banda se rompió como cristal. Algunos huyeron hacia los árboles. Los que no lo hicieron lo suficientemente rápido murieron donde estaban.
Ganamos. De nuevo. Pero esta vez lo sentí en los huesos de una forma diferente. El cansancio que va más allá de lo físico. Las heridas que seguirán doliendo mañana. La certeza fría de que esto podría haber salido muy, muy diferente. Que tuve suerte. Que todos la tuvimos.
Información vital para Amn, dicen los demás. El clan Pisahuesos no era muranni, pero trabajaba para Murann. Alguien quiere desestabilizar la zona. Alguien está jugando un juego más grande del que podemos ver desde aquí.
Ewan va a querer un informe completo y detallado de todo esto. Lo escribiré mañana cuando pueda mover los dedos sin que cada movimiento me recuerde las heridas. Esta noche solo quiero limpiarme la sangre, confirmar que todas mis partes siguen donde deberían estar, y dormir hasta que mi cuerpo deje de sentir que acaba de sobrevivir a una guerra.
—K.B.
P.D.: El brazo va a tener una nueva cicatriz. Pequeña, pero visible. Una más para la colección que estoy acumulando desde que me uní a esta maldita guardia.
P.D.D.: Necesito afilar los kukris mañana sin falta. Cortar a través de hueso y cartílago los desafila más rápido de lo que me gustaría admitir.
P.D.D.D.: La próxima vez que Kath tenga un aviso sobre una amenaza potencial, quizá debería sugerir diplomáticamente que mande a otro. Aunque probablemente no lo haga. El sueldo es una mierda pero, por mucho que me joda admitirlo, esto es para lo que soy bueno y es divertido.
Offtopic :
Gracias por la escena @DM Tepes! si me he olvidado a alguien, que levante la mano!