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Diario de Kemper Banji

Orofea

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Después de haber visto como la guardia se agenciaba ese caballo con el que yo bien podría haberme hecho una cecina...¿por qué no meterme en la guardia?
Puedo combatir (más o menos). Puedo infiltrarme y seguir a la gente y ponerles trampas. Incluso matarla antes de que cometan un delito. Seguro que la guardia necesita a alguien con mi talento.
Ya me he afincado en Gambiton y estoy empezando a pulir mis habilidades de herborista, pero es lento y tedioso, así que tendré que ganarme el oro de otra forma más rápida. Y, con suerte, divertida. Me encanta pillar a la gente por la espalda, desprevenida y afilar el kukri con su cuello.
En fin...Depués de haber pasado la entrevista con Gunna, ahora tengo que reunir ese dichoso dinero para hacerme con la ciudadanía y pasar el período de prueba.

¿Conseguiré que invite Gunna a su hermana a las fiestas de Gambiton?
 

Orofea

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Maaaaaadre mía, el otro yendo a Caravassar para cargarme a los maleantes que había en el camino (y agenciarme lo que se habían agenciado previamente) me encontré a un brutísimo en la entrada de Purskul.
No sé cómo llegó hasta allí, pero se estaba peleando con un pobre mercader o algo y, claro, tuve que entrar ayudar.
El mastuerzo me sacaba más de 1 metro yo creo y no le llegaba bien a la yugular. Total, que tuve que usar todo mi arsenal: desde ponerle trampas y hacer que me siguiera hasta aprovechar la distracción del mercader ese para irle pegando aguijonazos en sus partes nobles.
Al final me lo cargué y me hice con sus posesiones, pero terminé tan cansado que me fui a dormir y dejé Caravassar para otro día.

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no sé cómo llegó ese fulano ahí, pero me cago en todo lo que me costó xD
 

Orofea

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Ya tengo uniforme de la guardia y documento de ciudadanía. ¡JA! Me ha costado una buena cantidad de oro hacerme ciudadano, pero bueno, seguro que la guardia paga bien. Y si no, ya me buscaré la vida. Seguro que como guardia tengo acceso a confiscar material que pueda luego quedarme o vender o algo.

Mi padre me contó que su primo segundo por parte de madre tenía un sobrino-nieto que había trabajado como sheriff que se incautaba de todo lo que entraba de contrabando para su uso y disfrute. Yo podré hacer lo mismo, imagino.

Todo esto lo hicimos después de la excursión donde intentamos matar a una hidra que no apareció (y mira que es difícil que un bicho de 8 cabezas se esconda). En fin, ahora toca al menos demostrar que soy útil y ver si el uniforme sirve para conquistar a alguna de las bellas señoritas que hay en Gambiton. O en Athkatla, tampoco tengo preferencia.

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Orofea

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¡Madre mía! Me uno a la guardia para sacarme unos oros y ganarme el pan de forma más o menos honesta (a ver, algún privilegio de vez en cuando me podré tomar) y lo primero que hace la jefa es decirme que nos vayamos a matar una hidra.

Y mira que le dije, subrepticiamente, pero se lo dije: "mi talento es cortarle el cuello a la gente por la espalda.

¡UNA HIDRA! ¡Pero esta mujer sabe contar? ¡!Una hidra tiene más de un cuello!! ¡¡Y rara vez te da la espalda!!
Total, que me fui al suelo.

Así que decidí tomarme mi siguiente misión por libre.

Estaba aprovechando para vender alguna baratija en un antro que hay en los barrios bajos y viene el dueño a llorarme que si tiene una invasión de bichos en el sótano.
Yo le dije que hiciera como hizo el primo segundo de mi tío abuelo por parte de padre: que llenara el sótano de trampas.

Y me dijo que si le daba miedo, que si ácido corrosivo...excusas. Me tocó ponerme a trabajar. Preparé un buen par de trampas, lo mejor de lo mejor, me escondí lo mejor que pude y para allá que fui.
Lástima que sonara un resorte de la trampa justo cuando la coloqué, porque en ese momento se me abalanzaron todas las cucarachas esas (que no eran para tanto). La más grande pisó de lleno la trampa que le puse, y a las demás me las tuve que cargar a tajo de kukri.

Al final, me compré unas ropas rancias por miedo a que me salpicaran los bichos esos para nada.

Al menos la paga fue decente y espero que de ahora en adelante me hagan precio de amigo.
De lo contrario, a lo mejor le echo cucarachas a sus barriles de cerveza. Aunque con lo asqueroso que está el sitio nadie se daría cuenta.
 

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¡¡¡yujuuuuu!!! Soldado de la Guardia de Amn...Si mi padre y Specter lo vieran no se lo iban a creer. Bueno, el bueno de mi padre no se lo creería. Specter sí. Siempre vio talento en mí.

Después de un tiempo acompañando a Gunna y Alice en sus cacerías varias ya me han admitido. Tengo placa y llave de la sala de torturas. Bueno, Ewan dijo que era el calabozo. Pero yo sé leer entre líneas. Lo que no entiendo es por qué Gunna dijo que no, que el calabozo no está para darle a los malhechores su merecido. Pues pocos calabozos ha visto.

Ahora tengo que investigar a quién pertenece el caballo que está a las afueras de Athkatla y amonestar de palabra al que lo haya dejado allí. A lo mejor llego a algún otro acuerdo con el infractor, que de algo hay que vivir.
En el peor de los casos, me quedo con el caballo y me hago cecina.
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Mi primer trabajo en la guardia y pierdo la dignidad vomitando el desayuno sobre la letrina de un pintor o no sé qué que estaba fiambre...
Magnífico... menos mal que no pagué el desayuno.
La casa aquella parecía el matadero del tío segundo Tronis. Sangre por todas partes.
Nos metimos ahí unos cuantos de la guardia, el capitán y la soldado Gunna, el de las alas...Kiathel? Kyarel? Algo así. Luego un mujerón con sombrero, Samira o no sé cuántos y Mernalyn.

No fue mi dia, pero vi que alguien había removido la ceniza y el capitán vio ahí un papelajo con un 5.

Había un cofre vacío y sin huellas de nada...sospechoso. ¿Para que tendría uno un cofre y no usarlo?Gracias a mi insistencia el capitán decidió llevárselo al cuartel. Y bueno, había una alfombra y a nadie salvo a Kemper se le ocurrió mirar debajo. Si no hubiera sido por mí nadie hubiera visto que había un montón de huellas ahí debajo.

Ah! Y mi idea de intentar escudriñar al asesino usando los restos biológicos del cadáver tampoco parecían tan malos. Aún estoy esperando mi medalla.

 
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Día no-sé-cuántos en Gambition​


Hoy he tenido una conversación reveladora con Vesper. Y cuando digo reveladora, me refiero a que casi me caigo de culo del susto. Literalmente.

Estaba yo tan tranquilo, concentrado en mi objetivo de convertirme en el mejor herborista de esta maldita ciudad (porque el dinero no se hace solo, y las hierbas se venden bien), cuando el bueno de Vesper decidió darme una clase magistral sobre cómo conquistar mujeres. Yo, que pensaba que lo tenía todo controlado.

Resulta que mis encantos de hin no funcionan aquí como en otros sitios. Las humanas son otra cosa. Vesper me suelta que tengo que dejar que ellas me conquisten a mí. ¿Qué demonios significa eso? ¿Me siento con las piernas abiertas? ¿Me desabrocho la camisa para mostrar mi pecho barbilampiño? Aparentemente no. Según él, hay que comprar flores. COMPRAR. Flores.

Si quisiera comprar afecto, iría directamente a ver a Evana. Cincuenta piezas de oro y en un pimpampum te deja como nuevo. Eficiente, directo, sin complicaciones. Pero no, parece que las "damas de bien" quieren flores, joyas, ropa bonita. Todo un circo. Aunque he de admitir que las flores luminosas que consigo gratis podrían servir...

Pero entonces Vesper me suelta la bomba. Me dice que si sigo visitando a Evana y compañía, un día "se me caerá" y ya no podré demostrar mi poderío nunca más. SE. ME. CAERÁ. ¿Cómo que se me caerá?! Casi me da algo ahí mismo. Me quedé pálido como un fantasma mirándome la entrepierna mientras el muy cabrón se reía de mí.

He tomado una decisión ejecutiva: vida contemplativa. Amor verdadero. Flores compradas o recogidas del campo (con cuidado de las espinas, que Vesper ha sido muy específico con eso). Nada de setas, que al parecer no dan el pego. Y si tengo que preparar una poción para oler mejor, pues lo haré. Aunque el perfume que me ha echado ya me ha dejado bastante presentable.

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También he anotado lo de la habitación de lujo en el casino de Caravasar. Si voy a hacer esto, lo voy a hacer bien. Nada de setas cochambrosas ni rincones oscuros. Hay que invertir en la presentación.

Y luego está mi plan maestro: si consigo que Vesper me presente a la familia de su pelirroja, entraré en el círculo. Hermanas, primas, amigas... lo que sea. Kemper Banji, cuñado de la humana Arenel, de piel blanca como el azúcar y melena roja como la frambuesa. Suena bien. Pasaría a la historia de los Banji.

He visto a esas dos hablando en susurros, Vera y Arenel, mientras Vesper me daba la charla. Nos llamaban "pobres desgraciados". Que se rían. Cuando esté nadando en oro de mi negocio de herboristería y rodeado de mujeres que me doblan en estatura ya veremos quién se ríe.
Aunque, siendo honesto, hoy he aprendido algo: en este mundo hay que adaptarse. Mis métodos funcionaban en los Barrios Bajos, pero aquí arriba las reglas son distintas. Y si tengo que jugar con sus reglas para conseguir lo que quiero, lo haré. Que total, las reglas se siguen cuando interesa.

—K.B.

P.D.: Bañarme más a menudo. Anotado.
P.D.D.: Preguntar a Evana cuántos clientes tiene. Por curiosidad científica, nada más.
 
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Hoy hemos tenido una de esas reuniones largas en el cuartel. Yo ahí sentado, balanceando las piernas porque no llegan al maldito suelo (estas sillas están hechas para humanos, obviamente), mientras el Capitán Ewan nos explicaba lo del registro de loto negro.


Al principio pensé que iba de lo de siempre: asegurar que se cumpla la ley de la moneda, detener criminales, lo básico. Pero no. Resulta que ahora vamos de protectores de Amn y los amnianos. "Aunque sea de ellos mismos", dice Ewan. (¿Proteger? Eso no era exactamente lo que me vendieron cuando me uní a esto, pero bueno, el sueldo es el sueldo).


El tema del loto negro es jodido, no voy a mentir. Viene todo del Distrito del Río, donde los Ladrones de las Sombras controlan los muelles. Y ahí no podemos entrar. Punto. Lo cual me parece una estupidez burocrática, pero qué sé yo.


Se me han ocurrido varias ideas brillantes durante la reunión:


Idea número 1: Interrogar yo mismo a la hin capturada. Somos del mismo pueblo, hablaría conmigo. Y, si no, puedo sacarle información por las malas. Pero Ewan dice que todo viene del Distrito del Río de todas formas.


Idea número 2: Entrar de incógnito. Sin uniforme, sin identificarme como guardia. Seguir a la hin cuando la suelten, dar con su contacto, y eliminarlo discretamente. Una puñalada bien dada y un problema menos. Pero Ewan me ha cortado las alas ahí: dice que si me meto en problemas, dirán que soy soldado igual, con uniforme o sin él. Y he oído lo que le hacen a los guardias que se cuelan en el Distrito del Río. Mejor no arriesgarse. No me pagan suficiente para acabar flotando en el puerto.


Idea número 3: Llenar las alcantarillas de trampas. Si meten el contrabando por ahí, pues cortamos la vía. Simple. Pero resulta que viene por mar, no por las alcantarillas. Vale, esa la descartamos.


Idea número 4: Alguien hace guardia camuflado con magia. Invisibilidad o esas cosas. Necesitaríamos una licencia de Capaconjuro o del Consejo de los Seis. Demasiada burocracia.

Idea número 5: Usar magia de adivinación para rastrear el loto hasta su fuente. Grité emocionado con esta. DEBE haber algún hechizo para eso. Escudriñar, ver a distancia, lo que sea. Pero Eroan me ha cortado en seco: "No funciona así". Y Ewan se ha pasado la mano por la cara como si le doliera la cabeza. (A veces siento que no aprecian mi creatividad).


Idea número 6: Crear una red FALSA de distribución de loto negro para competir con los Ladrones de las Sombras y forzarlos a salir de su zona. Alvaro dijo algo parecido: hacerlos salir de los distritos donde no podemos entrar. No es mala idea del todo, creo. Al menos Ewan no dijo nada en contra.

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Idea número 7 (MI FAVORITA): Hacer de la hin un ejemplo público. Castigarla con dureza y dejarla en el piano (o como se diga) para que los traficantes cometan errores al ver que vamos en serio. Es sólida, esta idea. Ewan incluso ha sonreído de medio lado cuando la he mencionado.

La sargento Gunna ha estado ahí, pensativa, contando que probó el loto negro "por la espalda" hace años. Dice que te da euforia y te vuelve agresivo. Mal asunto, según ella. Alvaro ha estado tomando notas como el buen soldado aplicado que es.

Lo que me queda claro de todo esto:
  1. No puedo entrar al Distrito del Río sin acabar muerto o torturado.
  2. La magia no es tan útil como pensaba (qué decepción).
  3. Necesitamos que los criminales cometan errores, salgan de su zona de confort.
  4. Más patrullas, más registros, buscar patrones y coincidencias.
No es el trabajo más emocionante del mundo, pero al menos Ewan parece dispuesto a escuchar ideas. Aunque algunas veces me mire como si fuera un crío entusiasta.

Bueno, técnicamente soy un hin entusiasta, así que no va muy desencaminado.

La verdad es que esto de ser guardia tiene sus momentos aburridos. Echo de menos los días en los que simplemente entraba en algún sitio, cogía lo que necesitaba, y me largaba. Menos reuniones, más acción. Pero el sueldo regular es agradable. Y nadie me persigue (bueno, no por MIS crímenes al menos).

Mañana más patrullas. A ver si pillo a algún idiota con los bolsillos llenos de loto y puedo lucirme un poco.


—K.B.


P.D.: Tengo que conseguir una silla más baja para estas reuniones. Es humillante estar ahí con las piernas colgando como un niño.
P.D.D.: La idea de la red falsa de distribución sigue pareciéndome brillante. Quizá pueda desarrollarla más y presentarla mejor la próxima vez.
 

Orofea

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Día del Curso del Padre Dick​



Tres horas. Tres malditas horas sentado en esa silla enorme escuchando al Padre Dick Cars hablar sobre no-muertos, sufrimiento y el sagrado deber de proteger a los muertos que ya han pagado su precio a la vida. Es un tipo decente, supongo, para ser un siervo de Ilmater. Aunque habla demasiado de dolor y miseria para mi gusto. Tiene un gato. Me he pasado media charla preguntándome si realmente sabrán a conejo, como decía mi primo Benito el locamelindo.


He estado "tomando apuntes". Bueno, más bien dibujando, pero el truco es mover la pluma de vez en cuando y asentir en los momentos apropiados. Nadie tiene por qué saber que ese pergamino está lleno de garabatos.


La cosa ha empezado bien. Dick nos ha explicado lo de las "masillas", que es como llaman a los zombis y esqueletos. Son lentos, frágiles, hay que mantener la línea en formación cerrada. Lo típico. Entonces ha sacado una maza enorme y ha dicho que tenemos que cambiar nuestras espadas por armas contundentes porque aplastan mejor los huesos y la carne podrida. Muy gráfico, muy práctico. El problema es que yo he sacado mis kukris y le he preguntado qué hacía alguien como yo, que prefiere esquivar antes que bloquear. Me ha mirado como diciendo "pues te jodes, chaval". Baldrak ha ofrecido fabricar armas de plata, pero yo creo que encontraré algo mejor y más barato en el mercado. O tendré que pegarles con el pomo de los kukris. Ya veremos.


Luego ha venido lo chungo de verdad. Los necrófagos y tumularios, los "drenadores". Estos cabrones te pueden paralizar con un simple rasguño. Te quedas ahí tieso como un tablón mientras te devoran vivo. Dick ha sido muy claro: si un compañero cae paralizado, no lo abandonas. Usas pociones de curación inmediatamente. Me ha hecho pensar. Yo siempre he ido a lo mío, pero supongo que en la guardia las cosas funcionan diferente. Si Álvaro o cualquier otro cae, tendré que ayudar. O al menos intentarlo antes de salir corriendo.


Ha habido un momento gracioso cuando Dick nos ha explicado lo del miedo. Dice que si sientes pánico, tienes que mirar al compañero de tu derecha, luego al de tu izquierda, para recordar por qué luchas. Yo he mirado al Capitán Ewan, luego a Álvaro, luego al pasillo vacío. No sé si he captado bien el concepto.


Y entonces hemos llegado a los vampiros. Joder con los vampiros. Dick ha dicho que no son simples cadáveres, sino "la encarnación de la ambición y la lujuria más profunda". Ewan ha susurrado algo sobre la lujuria que no he pillado del todo. Pero lo más fuerte ha sido cuando Dick ha preguntado a Kath si sabía de lo que hablaba. La muy cabrona se ha girado y ha mostrado las marcas de mordida en el cuello. Dos agujeros perfectos. Me he quedado helado. No es agradable, ha dicho. Pues no, imagino que no.


Ahora no puedo dejar de mirarla. ¿Es vampiresa? ¿O solo sobrevivió a un ataque? Se toca el cuello constantemente cuando hablan del tema. Parece nerviosa. Hay que vigilarla, por si acaso.


Dick nos ha soltado todo el rollo de cómo matar vampiros: estaca al corazón para paralizarlos, luego decapitar y quemar, o tirarlos al río. Son rápidos, fuertes, seductores. Te aíslan y te drenan la sangre y el espíritu. Si te encuentras con uno, retírate y avisa al clero. Mensaje recibido. No pienso jugar al héroe con un vampiro. Ni siquiera con mis encantos de hin funcionaría la seducción inversa, y probablemente acabaría muerto. O peor, convertido.


He intentado aportar algo útil sugiriendo trampas con agua bendita que se activen cuando los no-muertos pisen el mecanismo. Silencio. Nadie me ha hecho ni puto caso. A veces siento que mis ideas son demasiado avanzadas para esta gente.


Gunna ha comentado que puede tumbar zombis y esqueletos de un solo disparo. Impresionante. Yo tendré que apañármelas con mis cuchillos y mi velocidad. Al menos las antorchas son útiles, según Dick. El fuego les recuerda la vida que perdieron. Poético, aunque dudo que un zombi aprecie la ironía mientras le prendo fuego en la cara.


Durante la charla me ha venido un pensamiento inquietante: si uso hueso de esqueleto para hacer un caldo, ¿estaría haciendo canibalismo? ¿Me convertiría en necrófago? Mejor no arriesgarse. Nada de cocinar con restos de no-muertos. Apuntado mentalmente.


Lo mejor ha venido al final. Resulta que Ewan ordenó traer un zombi de verdad para usarlo como "material didáctico". Está en los calabozos ahora mismo. Dick casi se desmaya cuando se enteró. Casi le da un infarto, el pobre. Pero después del curso vamos a bajar a verlo. Me muero de ganas. Nunca he visto un zombi de cerca y tengo curiosidad. ¿Son tan lentos como dicen? ¿Huelen muy mal? ¿Intentan morderte aunque estén encadenados?


Ewan quiere que escribamos un informe sobre lo aprendido para los soldados que no asistieron. Mierda. Tendré que convertir mis dibujitos en algo legible. Quizá pueda copiar los apuntes de Kath, que ha estado ahí con la lengua fuera tomando notas perfectas como una niña aplicada. Es adorable. Aunque esas marcas en el cuello me siguen inquietando.


He aprendido algo importante hoy: este trabajo es mucho más peligroso de lo que pensaba. No-muertos que te paralizan, vampiros que te seducen y drenan, hordas interminables. Yo que pensaba que lo peor sería lidiar con borrachos en tabernas o perseguir carteristas. Pero bueno, el sueldo es bueno y al menos Dick nos ha dado consejos útiles. Llevar siempre agua bendita. No salir sin un clérigo si puedes evitarlo. Si un vampiro te ataca, correr como alma que lleva el diablo.


Voy a comprar varios frascos de agua bendita mañana. Y una maza pequeña adaptada a mi tamaño. Y quizá un símbolo sagrado, aunque no sea creyente. Más vale prevenir que acabar con colmillos en el cuello.


Después fuimos a los calabozos y el clérigo éste me dijo que me encargara yo del zombie. Menos mal que algo de atención presté entre garabato y garabato. Aunque...ni maza ni fuego. Una trampa bien puesta y BOOM! Ni me tuve que salpicar de sangre. O lo que sea que expulsan esos zombies cuando les pegas un tajo. La trampa lo hizo todo.

¿Y qué dice el clérigo? "Bueno, a ver qué tal se te dan las criptas". Ese cabrón quiere verme muerto, seguro. Pues no sabe de lo que soy capaz. Entramos en el cementerio y sus ojos no eran lo suficientemente rápidos como para seguir mis kukris. Pim, pam! Tajo va y tajo viene. Ni un zombie quedó con vida. O con no-vida. Como se diga. Me los re-cargué a todos.


—K.B.


P.D.: Dick dice que hay que "sufrir para dar fin a la miseria". Muy inspirador y tal, pero yo prefiero no sufrir en absoluto, si puede ser.
 

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Día de Patrulla - Paseo de Waukeen​

Hoy ha sido interesante. He arrestado a tres hins en el Paseo de Waukeen y uno me ha llamado traidor. "Traidor", dice. Porque iba con el uniforme y el capitán estaba delante, que si no igual le corto la lengua. Pero en fin, me ha hecho gracia.

La patrulla empezó normal. El Sargento Marveiros nos mandó dar una vuelta por el mercado, que estaba hasta arriba de gente. Tiendas cerrando, carromatos yendo y viniendo, el típico caos de final del día. Jorvan, que tiene un ojo clínico para estas cosas (o simplemente es un paranoico), señaló a tres hins que llevaban un rato conversando. Kath dijo que no podíamos sospechar de todos los hins del mercado. Técnicamente tiene razón, pero Jorvan insistió y el Sargento le hizo caso.

Decidí acercarme yo. Soy hin, puedo moverme entre ellos sin levantar tantas sospechas. Me moví en sigilo entre la multitud, usando cajas y carros como cobertura. Los observé un rato. Hablaban de compras, de pasarlo bien, nada obvio. Pero la gente que no tiene nada que ocultar no se pone tan nerviosa cuando un guardia se acerca.

Salí de mi escondite y les saludé como si fuéramos viejos amigos. "Hombre, muchachos, ¿qué tal?" Jovial, cercano, uno de los suyos.

Se alejaron inmediatamente. "No te acerques, traidor."

Ahí está. "Traidor". Porque llevo uniforme de la guardia. Porque arresto a otros hins en lugar de robar con ellos o lo que sea que hiciera antes de esto. Es curioso cómo la gente tiene estas ideas románticas sobre la lealtad racial o lo que coño sea. Como si por ser hin tuviera que cubrir a todos los medianos que se dedican al contrabando o lo que fuera que estos estuvieran haciendo.20251217_2005_Marketplace Betrayal Unveiled_remix_01kcpv6d1fefq8jrnefznefzdp.jpg

Les ofrecí un trato: que me enseñaran qué llevaban y quizá haría la vista gorda. Un favor por otro. Mentira, obviamente, pero era la única forma de que colaboraran. No se lo creyeron. Bueno, lo intenté. No es mi culpa que sean estúpidos.

Intentaron separarse y huir en direcciones diferentes. Clásico. Kath los vio venir y los demás guardias cerraron el cerco. Los cacheamos allí mismo, en medio del mercado, delante de todo el mundo. Uno de ellos intentó hacerse el peso muerto para complicar las cosas. Kath le dio palmaditas como si fuera un crío. "Fus fus". Me reí por dentro.

Encontramos suficiente como para justificar el arresto. Y el Sargento dio la orden: celda, informe, magistrado, interrogatorio. Protocolo estándar.

Mientras los llevábamos, uno me miró con esos ojos de "me has traicionado, hermano". Dramático. ¿Traicionado? Ni siquiera nos conocemos. No le debo nada. No le debo nada a ningún hin solo por compartir altura. Esta gente vive en una fantasía donde todos los medianos deberíamos ser una gran familia feliz que se cubre las espaldas mutuamente. Pues no. Yo miro por mí mismo, y este uniforme me da un sueldo estable, comida regular, y cierto respeto (o al menos miedo) de la gente.

¿Que si me siento mal? Para nada. Estos tres idiotas estaban haciendo algo ilegal, y además eran lo suficientemente sospechosos como para llamar la atención. Si fueran listos, habrían sido más discretos. Si fueran realmente listos, habrían aceptado mi oferta y me habrían sobornado para que mirara hacia otro lado. Pero no, tenían que ponerse dramáticos con lo de "traidor" y huir como aficionados.

La verdad es que me da igual lo que piensen otros hins de mí. Allá ellos si quieren seguir viviendo en los márgenes, esquivando a la guardia, durmiendo en sitios de mala muerte. Yo he encontrado algo mejor. ¿Que me llaman traidor? Que me llamen lo que quieran. A fin de mes cobro, duermo en una cama decente, y nadie me persigue (bueno, no por MIS crímenes al menos).

Jorvan estaba encantado con el arresto. Ese tipo tiene un problema con los hins, está claro. Probablemente le robaron de pequeño o algo así y ahora sospecha de todos. Me da igual, mientras haga que yo quede bien haciendo mi trabajo, puede sospechar de quien quiera.

Kath intentó ser la voz de la razón al principio, pero al final siguió órdenes como todos.

Lo único que me jode un poco es que ahora otros hins en la ciudad van a mirarme con más recelo todavía. Complica un poco mi vida social así que mejor quedarme con mis compañeros de la guardia. O con las humanas que me interesan, que para eso estoy aprendiendo las técnicas de Vesper.

En fin. Tres arrestos, ningún problema, todo por protocolo. Buen día de trabajo.

—K.B.

P.D.: Tengo que acordarme de preguntarle a Vesper por esas primas o hermanas de Arenel. Eso sí que importa.
P.D.D.: Jorvan me debe una cerveza por haberle dado la razón con su sospecha. Aunque probablemente nunca la veré.
P.D.D.D.: Mañana toca más patrullas. Espero encontrar algo más interesante que tres hins nerviosos con contrabando.
 

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Querido diario. Ayer fue un día aburrido. Un interrogatorio de lo más anodino. Nada importante.

Sin embargo...hoy. Madre mía hoy! Teníamos orden de transladar a Sondakur hasta las dependencias de la guardia porque estaba -por algún motivo- bajo vigilancia del Capítulo de la Rosa. Fuimos allí un montón de guardias, con la sargento Gunna liderando y Kath y yo poniendo orden. Había un montón de curiosos. Nobles, niños, enanos que olían mal.
Y al llegar...¿qué vemos?¡A Sariel, que se suponía que estaba presa en Murann! Sin un brazo, pero el resto de ella sí estaba. Y Sondakur...ni rastro. Y va y dice Gwenaelle que ha decidido que hacía un intercambio de presos. Que pasa de lo que diga el consejo. Que su corazón no sigue órdenes. Que ese culito no va a pasar hambre Se aprecia un tachón en el diario y sigue
Total, que se armó una trifulca. "TRAIDORES!" Gritaron unos. "QUE VIVA EL AMOR!". Gritaron otros. Un muchacho hasta le tiró una piedra al enano que huele. Buena puntería tiene el jodido muchacho.

El caso es que nos llevamos a Gwenaelle al cuartel, claro. Detenida por entregar a un prisionero de guerra. Y en el camino Sariel iba en plan: "pues tenía derecho a hacerlo", "pues aquí la guardia no manda", "pues esa Jadzia que no entre en el cuartel". Diciendonos a nosotros quién podía entrar y quién no en el cuartel. Como se entere el capitán yo creo que le corta su linda melena blanca. ¿Será teñida o natural? Le preguntaré a Gwenaelle, seguro que ella sabe.

Y, al llegar al cuartel, cuando Arianne apenas había empezado el interrogatorio y la otra a confesar...Aparece la guardia del Consejo de los Seis. Ahí es nada. Y las órdenes fueron claras: translado de Gwenaelle a prisión, y allí la dejamos.

Hoy me he ganado mi insignificante salario.
 
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Día 4 (o 5?) de Declaraciones

Otro día. Otra silla. Otro pergamino.

"Y entonces, ¿qué vio usted exactamente?" "Pues verá, señor guardia, yo estaba en mi puesto cuando..."

Me importa una mierda.

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Llevo ya no sé cuántos días encerrado en este despacho mugiento tomando declaraciones. Uno tras otro. Nobles que vieron algo pero en realidad no vieron nada. Comerciantes que oyeron rumores de rumores. Algún borracho que jura que vio a Sondakur volando en un dragón o alguna gilipollez así.

"Anote esto, soldado Banji." "Sí, sargento."

Anotar. Siempre anotar. Como si fuera un maldito escriba. Me uní a la guardia por el sueldo, sí, pero también porque pensé que habría acción. Persecuciones, arrestos, meterme en sitios donde no debería. Usar lo que sé hacer.

Pero no. Aquí estoy. Con tinta en los dedos y el culo dormido.

El tipo de hoy ha tardado media hora en explicarme que no vio nada pero que su vecino le dijo que su primo había oído algo. He escrito tres líneas. Tres. Media hora para tres líneas de mierda que no sirven para nada.

Kath está en la calle. Gunna está liderando patrullas. Incluso Álvaro está haciendo rondas. Y el capitán estará haciendo tiro al arco con algún orco incauto. Y yo aquí, preguntando "¿Y entonces qué pasó?" a gente que no tiene ni puta idea de qué pasó.

Las manos me pican de no hacer nada. Estoy aquí como adorno, tomando notas de testimonios que no valen para una mierda.

"¿Algo más que añadir?" "Bueno, ahora que lo pienso..."

Por favor que no. Por favor que se calle y se vaya.

Mañana más de lo mismo, supongo. Más testimonios. Más declaraciones. Más aburrimiento.

Al menos cobro igual.

—K.B.

P.D.: Si me ofrecen un día más de esto me voy a clavar la pluma en el ojo. El mío o el del siguiente testigo, aún no lo he decidido.

P.D.D.: Quizá debería "enfermarme" mañana. Una intoxicación. Una herida misteriosa. Lo que sea para salir de este despacho.
 

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Día de Libertad
Gwenaelle ha salido. No sé cómo, no sé por qué, me importa una mierda. Lo único que importa es que YA NO TENGO QUE MONTAR GUARDIA EN ESE DESPACHO DE MIERDA.
Me quité el uniforme tan rápido que casi me arranco los botones. Necesitaba aire. Necesitaba moverme. Necesitaba salir de esas cuatro paredes antes de clavarme la pluma en el ojo como había prometido.
Salí a los Llanos y me encontré con Zyon, un arquero bastante decente, y con Asha. Y joder, Asha. Rubia, vestida con pieles que no dejan mucho a la imaginación, y un hacha del tamaño de mi torso. Habla poco. Habla mal. Pero tiene unos glúteos que podrían romper nueces y cuando se mueve con ese hacha es como ver poesía violenta en acción. Me gusta.
Fuimos a por el pulpo grande de la cueva de los acantilados. Yo lo llamo pulpo, Asha lo llama "boca grande". Los dos tenemos razón. El bicho era asqueroso, con tentáculos y esa boca llena de dientes. Pero lo despachamos. Y no voy a mentir, ver a Asha partirle la cara con el hacha mientras sus músculos se tensaban bajo las pieles fue... inspirador. Yo hice mi parte, claro. Rápido, preciso, dentro y fuera. Nada de plumas. Nada de pergaminos. Solo sangre de monstruo y adrenalina.

20260107_1116_Halfling Versus Otyugh_remix_01kebz8wchffds4cjjp53dr382.jpg

Me sentía tan bien, tan vivo después de días pudriéndome en ese despacho, que propuse ir más al sur. Había un trasgo en una fortaleza. Podíamos hacerlo. Zyon y Asha dijeron que sí. Íbamos por el camino, yo todavía disfrutando del aire libre y de la vista de Asha caminando delante, cuando unas arpías salieron de entre los árboles.
Nos miramos los tres. Sin decir palabra, dimos media vuelta y nos largamos. A veces la valentía es saber cuándo tienes las de perder. Además, ya había tenido suficiente acción por un día.

Día de Lobos y Pelirrojas
Estaba paseando, disfrutando de mi día libre, cuando me encuentro con Tark y con Karina. Karina es pelirroja. Despampanante. Pelo rojo fuego, ojos verdes, y un escote que haría llorar a un clérigo de Ilmater. Dice que necesita ayuda para matar un lobo gigante.
"Por supuesto que te ayudo", dije inmediatamente. Como si alguna vez fuera a decir que no a una pelirroja con esos... argumentos.
Por el camino lo intenté todo. Conversación ligera. Halagos sutiles. Halagos menos sutiles. En un momento de inspiración (o desesperación), hasta le propuse matrimonio. Medio en broma, medio en serio. Nunca se sabe. Karina se reía, que es buena señal, pero no picaba. Tark estaba ahí todo el tiempo haciendo de maldito carabina, mirándome como diciendo "¿en serio, tío?" Sí, en serio.
Llegamos a la cueva. Lobos por todas partes. Aquí es donde demuestro mi valía. Me metí entre ellos, moviéndome rápido, cortando donde había que cortar. Uno tras otro cayeron. El alfa era grande, feroz, pero también cayó. Miré a Karina después del último golpe, asegurándome de que me había visto. Estaba impresionada. Lo vi en sus ojos. Eso es lo que cuenta.
La acompañé después a entregar la cabeza del lobo. Luego fuimos a que se registrara como arcana en la entrada de Athkatla. Por el camino empezó a llover. Tark, el muy caballeroso, le dio un paraguas a Karina. Ella lo abrió, agradeciéndole con una sonrisa.
Yo me arrejunté debajo sin pedir permiso.
"Hay espacio para dos", dije, mirándola con mi mejor sonrisa. Karina se rió. No me echó. Victoria. Pequeña, pero victoria al fin y al cabo. Caminamos juntos bajo el paraguas, mi hombro rozando el suyo, el olor de su pelo mojado por la lluvia llegándome en oleadas. Tark seguía ahí como un perro guardián, pero al menos conseguí mi momento.
Los pechos de Karina rozaban mi cabeza cada vez que ella se movía para ajustar el paraguas. No me quejo. Para nada.


20260107_1110_Rainy Romantic Mischief_remix_01kebyxzp4fmbaf1vksbyszt08.jpeg

Hoy ha sido un buen día. Acción. Lobos muertos. Una pelirroja despampanante bajo la lluvia. Nada de papeles. Nada de testimonios. Nada de estar encerrado.
Así es como debería ser mi vida. Siempre.

—K.B.
P.D.: Asha tiene unos glúteos que merecen su propia saga épica. Y sabe matar. Combinación perfecta.
P.D.D.: Karina no aceptó la propuesta de matrimonio pero tampoco dijo que no rotundamente. La esperanza es lo último que se pierde. Y sus pechos son lo primero que se ve.
P.D.D.D.: Si me vuelven a meter en ese despacho más de dos días seguidos, renuncio. O me "lesiono" misteriosamente. Lo que sea necesario.
 

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Día de Explosiones y Humillación

He dominado la recolección. He dominado la cocina. Pensé que la herbología sería más de lo mismo.

Estaba equivocado. Jodidamente equivocado.

Llevo tres días intentando hacer una simple poción y TODO sale mal. El primer intento explotó. Literalmente. Humo verde por todas partes y yo tosiendo como un moribundo. El segundo se convirtió en una pasta asquerosa que olía a cadáver podrido. El tercero... el tercero me salpicó en la cara. Aún me escuece la piel.

En un ataque de cólera hasta le pegué una patada al caldero, con la mala suerte de que me hice un maldito esguince.

No entiendo QUÉ COÑO ESTOY HACIENDO MAL.

Las plantas las conozco. Sé recolectarlas. Sé cocinarlas. Pero en cuanto las meto en el caldero para hacer pociones todo se va a la mierda. Los extractos se separan. Los colores cambian cuando no deberían. Las mezclas burbujean de forma amenazante y luego explotan o se solidifican o hacen alguna otra mierda impredecible.

Estaba tan desesperado que tuve que tragarme mi orgullo y pedirle ayuda a Vesper.

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Vesper. El tío que siempre sabe todo y lo hace todo bien. El perfecto herborista que nunca parece equivocarse.

Vino al caldero conmigo. Me miró trabajar. No dijo nada durante los primeros cinco minutos mientras yo jodía otra mezcla. Luego suspiró.

"Kemper", dijo, como si estuviera hablando con un niño especialmente estúpido. "El limo se usa principalmente para venenos."

Yo había estado usando limo para TODO. Venenos, pociones curativas, lo que fuera. Eso explicaba bastantes explosiones.

"La picada potencia la esencia de otras plantas", continuó. "No la usas sola. Potencia lo que ya está ahí."

Anotaba mentalmente mientras él seguía. El humo afecta a la vista. El zumo es sanador. El sulfuro aviva como el fuego. La pasta es fuerte como la tierra. Cosas que probablemente debería haber sabido pero que nadie me explicó y yo era demasiado orgulloso para preguntar.

Intenté hacer una poción siguiendo sus instrucciones. Casi lo consigo. CASI. Pero me equivoqué en la proporción de picada y toda la mezcla se volvió espesa como barro. Vesper ni siquiera dijo nada. Solo me miró con esa expresión de "ya veo cuál es tu problema".

"Perfecciona los venenos primero", me dijo. "Y aprende a usar la picada correctamente. Antes de pasar a otras cosas."

"¿Qué otras cosas?"

"Barrera mágica. Pero no estás listo para eso."

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No estás listo. Como si fuera un puto aprendiz. Me jode pero tiene razón. No puedo ni hacer un veneno básico sin que algo explote o me salpique en la cara.

Así que aquí estoy. El gran Kemper Banji, maestro de los kukris, seductor de pelirrojas, el hin más listo de la guardia. Derrotado por un caldero y unas hierbas.

Mañana volveré a intentarlo. Venenos. Picada. Una y otra vez hasta que lo haga bien. Porque no pienso darle a Vesper la satisfacción de verme rendirme.

Aunque admito que estoy tentado de volver a los kukris y olvidarme de esta mierda de la herbología para siempre.
K.B.

P.D.: Todavía tengo restos de poción en el pelo. Huele horrible y no sale con agua.

P.D.D.: Vesper es insoportablemente paciente y eso lo hace peor. Preferiría que se riera de mí directamente.

P.D.D.D.: ¿Barrera mágica? Ni siquiera sé qué significa eso pero suena complicado. Un problema para el Kemper del futuro.
 
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Día de Purskul - O Cómo Casi Muero Tres Veces​



Kath tenía razón sobre Murann. Ojalá no la hubiera tenido.


Cuando llegamos a Purskul ya había información de incursiones en los alrededores. Ataques esporádicos, nada confirmado todavía, pero suficiente para que medio maldito ejército se presentara allí: Fery, Sulion, Helios, Jadzia, Teris, Gwenaelle, Kath, Gunna, Keyra, un cazador cuyo nombre nunca supe, Vesper, Dick, Talivia, Lufram, Maeve, Brizaelinth. Y yo. Demasiada gente para ser discretos, pero supongo que esa era la idea. Fuerza en números.


Debatimos las opciones durante lo que me pareció una eternidad. Dejar trampas en el camino y esperar a que cayeran. Infiltrarse de alguna forma en el campamento enemigo para espiar sus movimientos. Atacar directamente y acabar con esto de una vez. Al final, la prudencia ganó y decidimos observar desde la distancia, ver si los ataques realmente provenían de Murann o si eran algo independiente. Información primero, acción después.


No tuvimos que esperar mucho para la acción.


Los vimos cerca de Purskul. Osgos, trasgos, jinetes montados en huargos que se movían como una manada coordinada. Ninguno llevaba los emblemas de Murann, lo que hacía la situación más preocupante, no menos. Un contingente grande, demasiado organizado para ser simples bandidos que buscaban un saqueo rápido. Esto era diferente. Esto era guerra.


Nos vieron antes de que pudiéramos retirarnos para reportar. No hubo más tiempo para observación. No hubo más debate sobre estrategias.


El combate fue brutal desde el primer momento. No de esos donde sabes desde el inicio que vas a ganar, donde solo es cuestión de tiempo y esfuerzo. Este fue de los otros. De los que te hacen pensar en cada segundo si vas a ver el final del día. Los huargos son rápidos, más rápidos de lo que la gente piensa, y sus jinetes saben exactamente cómo usarlos. Los osgos golpean con una fuerza que puede romper huesos incluso a través de la armadura.


Me moví entre ellos como sé hacerlo, buscando los flancos desprotegidos, cortando tendones expuestos, entrando y saliendo antes de que pudieran girar sus armas pesadas hacia mí. Un trasgo casi me parte la cabeza con un hachazo que pasó tan cerca que sentí el aire desplazarse. Esquivé por centímetros, rodé, me levanté ya cortando. Otro me alcanzó en el brazo izquierdo. Superficial, afortunadamente, pero dolió como un demonio y la sangre empezó a empapar la manga.


Ganamos esa primera batalla. Pero apenas tuve tiempo de comprobar mis heridas, apenas tiempo de respirar y recolocar mi agarre en los kukris.


Porque sobre los cadáveres aún calientes llegó caminando algo mucho peor.


Un osgo. No, no un osgo cualquiera. Uno gigantesco, el doble de tamaño que los otros que acabábamos de matar. Llevaba armadura pesada cubierta de abolladuras y marcas de combates anteriores, cicatrices por todas partes donde la piel grisácea quedaba expuesta, y un hacha de guerra que parecía capaz de partirme en dos de un solo golpe. Lo reconocí inmediatamente por los rumores que había oído. El líder del clan Pisahuesos. El que causaba terror en toda la zona de los Dientecillos. El tipo de criatura de la que se cuentan historias en las tabernas para asustar a los reclutas nuevos.


Resultó que las historias se quedaban cortas.


Fery intentó negociar primero. Hablar, llegar a algún tipo de acuerdo pacífico, encontrar una solución que no implicara más sangre. El osgo escuchó con esa paciencia terrible de alguien que sabe que tiene todas las cartas en la mano, pero no estaba realmente interesado en negociar. Lo intenté yo después, cuando quedó claro que Fery no llegaba a ningún lado. Le ofrecí que viniera con nosotros a Purskul, que habláramos en territorio neutral, que había mejores opciones para todos que seguir peleando aquí. Mentía descaradamente, por supuesto. Solo quería meterlo en un lugar donde tuviéramos ventaja territorial, donde pudiéramos rodearlo con refuerzos.


No funcionó. El maldito osgo no era estúpido.


Declaró con toda tranquilidad que no pertenecía a Murann como tal, pero que había negociado independientemente atacar Purskul a cambio de ciertos réditos. Botín, probablemente. Territorio, quizá. Oro, esclavos, lo que fuera que esas criaturas consideren valioso. No especificó y no tuvimos oportunidad de seguir preguntando.


La segunda batalla comenzó y fue infinitamente peor que la primera.


El Pisahuesos luchaba como tres guerreros juntos concentrados en un solo cuerpo masivo. Su hacha se movía en arcos amplios y devastadores que no podías bloquear, solo esquivar si eras lo suficientemente rápido. Los que intentaron plantarle cara directamente, los que pensaron que podían detener sus golpes con sus propias armas, casi murieron en el intento. Vi a más de uno volar por los aires del impacto.

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Yo hice lo único que sé hacer bien en estas situaciones. Busqué los flancos, los enemigos que estaban distraídos enfrentándose a otros, las corvas expuestas cuando se giraban, los puntos débiles en las armaduras mal ajustadas. Me moví rápido, más rápido de lo que criaturas tan grandes pueden seguir con la mirada. Golpeé duro en los sitios donde más duele. Salí de su alcance antes de que pudieran siquiera registrar que había estado allí.


Un jinete de huargo me persiguió en algún momento del caos. El animal era enorme, sus fauces llenas de dientes diseñados para desgarrar. Tuve que rodarme bajo la bestia cuando saltó hacia mí, sentí el calor de su aliento sobre mi cabeza, y corté su vientre blando al pasar por debajo. La sangre caliente me salpicó la cara y el pecho mientras el animal caía pesadamente detrás de mí. El jinete salió despedido, golpeándose contra el suelo. Lo rematé antes de que pudiera levantarse, antes de que pudiera recuperar su arma.


No hay honor en estas peleas. La gente que habla de honor en combate nunca ha estado realmente en uno. Solo hay supervivencia, hacer lo necesario para seguir respirando un minuto más.


El Pisahuesos cayó eventualmente, aunque no estoy seguro de quién dio el golpe final. Todos contribuimos, todos le hicimos daño de alguna forma. Cuando finalmente cayó de rodillas y luego de cara contra el suelo embarrado de sangre, el resto de su banda se rompió como cristal. Algunos huyeron hacia los árboles. Los que no lo hicieron lo suficientemente rápido murieron donde estaban.


Ganamos. De nuevo. Pero esta vez lo sentí en los huesos de una forma diferente. El cansancio que va más allá de lo físico. Las heridas que seguirán doliendo mañana. La certeza fría de que esto podría haber salido muy, muy diferente. Que tuve suerte. Que todos la tuvimos.


Información vital para Amn, dicen los demás. El clan Pisahuesos no era muranni, pero trabajaba para Murann. Alguien quiere desestabilizar la zona. Alguien está jugando un juego más grande del que podemos ver desde aquí.


Ewan va a querer un informe completo y detallado de todo esto. Lo escribiré mañana cuando pueda mover los dedos sin que cada movimiento me recuerde las heridas. Esta noche solo quiero limpiarme la sangre, confirmar que todas mis partes siguen donde deberían estar, y dormir hasta que mi cuerpo deje de sentir que acaba de sobrevivir a una guerra.


—K.B.


P.D.: El brazo va a tener una nueva cicatriz. Pequeña, pero visible. Una más para la colección que estoy acumulando desde que me uní a esta maldita guardia.


P.D.D.: Necesito afilar los kukris mañana sin falta. Cortar a través de hueso y cartílago los desafila más rápido de lo que me gustaría admitir.


P.D.D.D.: La próxima vez que Kath tenga un aviso sobre una amenaza potencial, quizá debería sugerir diplomáticamente que mande a otro. Aunque probablemente no lo haga. El sueldo es una mierda pero, por mucho que me joda admitirlo, esto es para lo que soy bueno y es divertido.

Offtopic :
Gracias por la escena @DM Tepes! si me he olvidado a alguien, que levante la mano!
 
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Día de la Huida Estratégica

Tengo un problema.

Un problema grande. Bueno, técnicamente pequeño todavía, pero que crecerá durante los próximos meses hasta convertirse en un problema del tamaño de un bebé hin.

Hay una hin en Gambiton. Ya me había olvidado de ella. Maldita Gambitaberna. Una noche agradable. Yo estaba de buen humor, ella estaba receptiva, había vino de por medio. Lo típico. No pensé más en ello.

Resulta que debería haberlo hecho.

Ayer me la encontré en el mercado. Bueno, ella me encontró a mí. Vino directa hacia donde estaba, con esa determinación en la mirada que me hizo saber inmediatamente que esto no iba a ser una charla amistosa. Me agarró del brazo con una fuerza sorprendente y me soltó las palabras que todo hombre teme: "Estoy embarazada. Se va a llamar Kempercito Jr y es tuyo. Vas a hacerte cargo o por mi padre Matías Garralgarrobo que no lo cuentas."

Intenté la diplomacia primero. "¿Estás segura de que es mío?" Mala idea. Su mirada podría haber derretido acero. Intenté la negociación después. "Mira, soy soldado de la guardia, no gano mucho, pero podríamos llegar a un acuerdo..." Peor idea todavía. Empezó a gritar. Algo sobre responsabilidad, sobre honor, sobre que todos los hins de Gambiton se enterarían de qué clase de cobarde soy.

La gente empezaba a mirar.

Hice lo único sensato: darle largas y salir corriendo.

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No es mi momento más orgulloso. Pero necesitaba tiempo para pensar. Tiempo que claramente no voy a tener si me quedo en Athkatla o cerca de Gambiton.

El plan es simple: desaparecer por un tiempo. Unas semanas, quizá un mes o dos. Nada permanente. Solo lo suficiente para que se calme, para que piense las cosas con claridad, para que se dé cuenta de que probablemente hay mejores opciones que yo como padre. No como amante, pero sí como padre.

Le he dicho al Capitán Ewan que necesito ausentarme. Asuntos personales urgentes fuera de la ciudad. No especifiqué cuáles. Me miró con esa expresión que dice "sé exactamente qué tipo de asunto personal es éste" pero no preguntó. Ha visto esta situación antes, seguramente.

Voy a alejarme de Amn completamente. Quizá hacia el norte, o al este. O al sur. O al oeste. O en un agujero en lo más profundo de la infraoscuridad.
Algún sitio donde una hin embarazada y furiosa no pueda encontrarme fácilmente. Trabajos esporádicos, cabeza baja, esperar a que pase la tormenta.

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¿Es lo correcto? Probablemente no. ¿Es lo inteligente? Definitivamente sí.

No estoy preparado para ser padre. Ni siquiera estoy preparado para fabricar pociones sin que exploten. ¿Cómo voy a estar preparado para criar a un crío?

Además, todavía no estoy completamente convencido de que sea mío. Estadísticamente hablando, ¿cuáles son las probabilidades? Aunque debo admitir que la forma en que me señaló específicamente en medio del mercado sugiere que está bastante segura.

En fin. A partir de mañana, Kemper Banji está oficialmente "fuera de la ciudad por negocios indefinidos".

Volveré cuando las cosas se hayan calmado. O cuando esté seguro de que no me va a encontrar. O cuando se me acabe el dinero.

Lo que llegue primero.

K.B.

P.D.: He empaquetado ligero. Kukris, algo de ropa, mis ahorros. Dejé el uniforme de guardia en mi habitación. Donde voy, ese uniforme solo llamaría atención.

P.D.D.: Si por casualidad resulta que SÍ es mío y sobrevivo a esto, ese crío va a crecer oyendo historias muy editadas sobre su padre. Versiones donde salgo bastante mejor parado.

P.D.D.D.: "Vino y rosas, Kemper". Vaya mierda de consejo, Vesper.
La próxima vez que haya vino de por medio y una hin receptiva, pensar DOS veces en lugar de ninguna. Quizá.
 

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Día del Juicio Ridículo
He perdido el juicio contra Sariel.
No por falta de razón. No porque ella no me amenazara o desobedeciera. Sino porque, aparentemente, la declaración que estaba tomando fue con "defecto de forma". Defecto de forma. Como si hubiera una manera incorrecta de preguntarle a alguien por qué coño está diciéndole a un guardia de Amn quién puede o no entrar en el cuartel.
El juez desestimó todo. Las amenazas, la desobediencia, todo invalidado por ese tecnicismo de mierda. Me quedé ahí parado mientras Sariel salía del juzgado con esa expresión de superioridad que tienen los clérigos cuando creen que los dioses les dan la razón.
Salí del juzgado dando patadas a las piedras de la calle. Como un crío. Lo sé. Pero necesitaba patear algo y las piedras no se quejan ni me demandan después.
Todo este sistema es una broma. Hago mi trabajo, sigo las reglas cuando me conviene, y resulta que hay reglas SOBRE las reglas que nadie me explicó. "Defecto de forma." Que le den.
Lo peor es que Sariel lo sabe. Sabe que tenía razón pero ganó por un tecnicismo. Y yo sé que ella sabe. Y ahora voy a tener que verla por la ciudad con esa sonrisa de "te gané sin siquiera intentarlo".
Me he ganado una copa. O cinco.


Días Después
Y cuando pensaba que la semana no podía ser más rara, aparece mi primo Bertrat en Athkatla.
Lo vi desde lejos y por un segundo pensé que era mi reflejo caminando hacia mí. Siempre nos han confundido. Crecimos juntos, nos metíamos en líos juntos, y luego los caminos se separaron. Hacía meses que no sabía de él.
Nos abrazamos. Nos insultamos. Nos fuimos a beber. Todo en orden.

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Y entonces empezó.
"¿Sabes? He pensado mucho en tu madre últimamente."
Ahí vamos otra vez.
Bertrat tiene esta obsesión enfermiza con recordarme constantemente que mi madre es "la gorda" y la suya "la de huesos normales". Son mellizas. MELLIZAS. Tienen exactamente la misma puta cara. Pero según Bertrat, su madre es la bonita y la mía es la que "come demasiado pan".
"Es de huesos grandes", le digo, como siempre.
"Huesos que desayunan, comen, meriendan y cenan", responde él.
Es agotador. Pero también es Bertrat. Y por mucho que me joda admitirlo, me alegra verlo. Athkatla de repente parece menos hostil con alguien de casa aquí. Alguien que me conoce desde antes de los uniformes y las patrullas y los juicios perdidos por tecnicismos estúpidos.
Le conté lo del juicio. Se rió. "Seguro que fue culpa de tu madre. De alguna forma."
"¿Cómo coño va a ser culpa de mi madre?"
"No sé. Pero si hay forma, lo es."
Vamos a liarla juntos otra vez, seguro. Como en los viejos tiempos. Solo espero que esta vez no acabe con ambos huyendo de la ciudad. Aunque conociéndonos, no descarto nada.
Por lo visto el cabrón ya ha ido al cuartel y todo. A ver qué opina Ewan de tener DOS Banji rondando por ahí.
—K.B.
P.D.: Bertrat sigue con lo de mi madre. No va a parar nunca. Es su propósito en la vida.
P.D.D.: Perdí un juicio por tecnicismo pero gané un primo. Balance cósmico, supongo.
P.D.D.D.: Sariel puede disfrutar su victoria. La próxima vez no habrá "defectos de forma".
 
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Día del Vampiro (O Cómo Elegí la Opción Inteligente)

Hoy he conocido a un vampiro de verdad. No como las historias del Padre Dick. No como las marcas en el cuello de Kath. Un vampiro real, de carne y sangre. Bueno, más bien de no-muerte y sed de sangre.

Y le he dado mi sangre voluntariamente.

Estaba en las cuevas al norte practicando contra tumularios. Necesitaba mejorar la técnica. Después de Purskul y todas las peleas recientes está claro que ser más rápido y preciso es la diferencia entre cobrar el sueldo del mes que viene o no. Los tumularios son perfectos para esto: intentan matarte pero son predecibles.

Estaba esquivando uno cuando vi algo raro. Un murciélago volando entre las columnas. Nunca había visto murciélagos ahí. Algo no cuadraba.

Me escondí. El instinto de supervivencia que me ha mantenido vivo hasta ahora.

Al poco rato apareció.

Una figura enorme vestida de negro. Espadón a la espalda. Caminaba entre los tumularios como si no existieran. Y ellos no lo atacaban. Los no-muertos SIEMPRE atacan a los vivos. Siempre. Excepto, aparentemente, cuando el tipo es su amo.

Me quedé quieto.

"Estás bien escondido", dijo. "Pero te veo, hin."

Salió de las sombras. Alto. Pálido. Ojos brillantes. Colmillos visibles cuando sonrió.

"La Hoja de Ébano ha venido a Amn a cazar."

Evalué la situación rápido. A mi izquierda, tumularios. A mi derecha, un pozo sin fondo. Enfrente, un vampiro anunciando que está de cacería.

Las opciones eran claras: atacar y morir, correr y morir, o encontrar la tercera opción.

Él sacó un vial vacío.

"Dame tu sangre, guardia. Un vial. Y te dejo ir."

"Trato hecho."

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Cero dudas. Cero vacilación. Tenía todas las ventajas y yo ninguna. Dick nos explicó bien lo que son los vampiros. Rápidos, fuertes, regeneran de casi cualquier herida. Mis kukris no valdrían para nada. Pelear habría sido tirar mi vida a la basura por nada.

Me corté la palma con mi propio kukri y llené el vial. Me lo quitó de las manos con dedos pálidos y fríos. Lo examinó. Satisfecho.

"Buen trato, hin. Ahora vete."

Salí de ahí con paso firme. No corrí. Eso habría sido mostrar debilidad. Pero tampoco me quedé a charlar.

Solo cuando estuve fuera de la cueva, con luz de día y espacio abierto, calculé exactamente lo cerca que había estado de no salir.

Un vial de sangre por mi vida. El mejor trato que he hecho en mucho tiempo.

Cuando llegue al cuartel no voy a mencionar esto. No porque sea problemático, sino porque no aporta nada útil. ¿Qué van a hacer? ¿Mandar una patrulla a buscar a un vampiro que probablemente ya no está ahí? ¿Preguntarme por qué estaba solo en cuevas peligrosas? Mejor evitar las complicaciones.

Si alguien pregunta alguna vez, diré que me enfrenté a un vampiro y salí vivo. Diré que usé inteligencia sobre fuerza bruta para vencerle. Todo cierto. Solo omito que él hizo la oferta y yo la acepté en dos segundos.

Los detalles son flexibles. Los resultados son lo que importa. Y el resultado es que estoy vivo, con toda mi sangre menos un vial, y con una historia que impresionará en la taberna cuando la cuente bien.

—K.B.

P.D.: La mano dejará cicatriz. Un vial de sangre es barato comparado con todas las alternativas.

P.D.D.: "La Hoja de Ébano ha venido a Amn a cazar." Información interesante. Quizá útil algún día. De momento la guardo para mí.

P.D.D.D.: Bertrat va a alucinar cuando le cuente esto. Bueno, cuando le cuente la versión mejorada donde yo parezco más listo de lo que fui.
 
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Día de Mierda

¡¡Otra puta dekhana limpiando letrinas y sin salir del cuartel!!

OTRA.

Como si las dos semanas con Gunna no hubieran sido suficiente. Como si ya no hubiera pagado por lo de Caldur en Waukeen. Pero no. Aparentemente tengo que pasar diez días oliendo a mierda mientras reporto diariamente a Katherine sobre lo relucientes que están los retretes del cuartel.

Diez días.

Y todo por qué. Porque desobedecí a Caldur una vez.
Desobedeces a ese imbécil que se mueve como si le hubieran metido un palo por el culo y te castigan DOS veces.
Les recordé mis méritos: Lo del loto negro. Lo de Purskul. Lo de Gwenaelle. Pero no, por lo visto desobedecer a ese sargento con aires de grandeza lo supera todo y confirma que sí, que soy un desastre de soldado que no sabe seguir órdenes.
Otros me llaman "héroe" en público y lo llegan a defender ante gente que me saca cuatro cabezas. Y aquí, ¿qué gano?
La amenaza fue clara: "La próxima será la expulsión."

Expulsión. Adiós, sueldo estable. Adiós, cama. Adiós, a no ser perseguido por MIS crímenes.
Así que dije lo que tenía que decir: "No habrá segunda vez, comandante." Con confianza. Como si pudiera controlarme. Como si no fuera a volver a meter la pata en cuanto Caldur me dé otra orden estúpida.
Pero la alternativa es peor. Así que tendré que intentarlo.
Diez días. Puedo aguantar diez días. Mantener la boca cerrada. Limpiar mierda. Sonreír a Katherine cuando me pregunte si los retretes brillan.

—K.B.

P.D.: Espero no coger ninguna infección rara que alguno traiga desde la mancebía
P.D.D.: Bertrat se va a reír cuando se entere seguro que come alubias para joderme aún mas. Maldito primo.
 
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Día del nombramiento de Bertrat

Bertrat es soldado oficial ahora. Mi primo lleva uniforme como yo y yo me perdí el nombramiento porque la hin a la que preñé que me quiere endosar a su hijo me encontró. Me plantó a Kempercito Jr (dice que así se llama) en los brazos mientras yo buscaba cualquier excusa para largarme. Para cuando me escapé, todo había terminado.
Supongo que estoy orgulloso. Aunque ahora va a ser insoportable. Dos Banji en la guardia compitiendo a ver quién es mejor.

No tuve tiempo de pensar mucho en eso. Los tambores de alarma sonaron en Kalathyr.
Un soldado ensangrentado apareció al galope: "¡Drows. Orcos. Criaturas de la infraoscuridad!".
Un campamento entero arrasado y solo cadáveres que contar.
Ewan nos convocó. "Su mejor gente", dijo. Bertrat y yo. Kath con su laúd o su guitarra y sus canciones. Keira, poca grasa y mucha fibra y acero, lista para cortar carne. Fery, la semiorca paladín de Sune que brilla en verde cuando pelea. Caliope con sus rezos retorcidos a Loviatar. Vesper, flanqueando como yo, con menos arte pero seguro que con más oro.

El combate empezó y fue caos absoluto.
Fery cargó al frente, su armadura resplandeciendo con luz divina, partiendo orcos como si fueran leña. Keira a su lado, un torbellino de acero, cada tajo cortando algo. Kath detrás cantando, su voz haciendo que cada movimiento nuestro fuera más rápido, más certero. Bertrat y Ewan en alto, disparando flecha tras flecha. Bertrat es bueno. Ewan es otra cosa. Cada flecha un muerto. Sin fallar. Sin dudar. Como si las flechas supieran dónde ir antes de soltarlas.

Y yo vi mi oportunidad.
Mientras ellos mantenían el frente, mientras el enemigo se concentraba en Fery brillando como un maldito faro, me deslicé entre las líneas. Pasé entre dos orcos que miraban hacia adelante, sin verme. Un drow giró la cabeza pero ya no estaba donde acababa de estar. Estaba detrás de él y él se fue al suelo con los tendones de las rodillas cortados. No me quedé a oír como sonó su cuerpo al desplomarse.
Me interné más profundo.
Llegué a su retaguardia.
Los arqueros drow estaban concentrados disparando hacia Fery y Keira.

No esperaban que alguien llegara desde atrás. El primero ni siquiera supo que había muerto. Mi kukri entró limpio en su cuello. Cayó en silencio. El segundo giró justo cuando el otro kukri encontró su garganta. El tercero intentó gritar. Le corté la voz antes de que saliera.
Uno tras otro. Moviéndome entre ellos como fantasma. Dejando cadáveres a mi paso mientras el caos del frente cubría cada muerte silenciosa en la retaguardia.

Y entonces lo vi.
Un azotamentes. Detrás de todos. Coordinando con su mente retorcida. Sus tentáculos faciales ondeando mientras enviaba órdenes telepáticas. Engullí una poción de mente en blanco y
me moví hacia él como sombra entre sombras, invisible. Cada paso perfecto. Cada movimiento sin sonido. Llegué hasta él. Levanté el kukri hacia su cuello expuesto.
Sus ojos sin ojos giraron hacia mí.
Me vio. O me sintió. Lo que fuera que usan esas cosas en lugar de visión normal atravesó mi invisibilidad como si no existiera.

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Su mente golpeó la mía. Sentí el conjuro antes de verlo. Una fuerza invisible me levantó y me lanzó. Volé por los aires. Vi como me acercaba a una roca rápidamente. Demasiado rápido.
Mi cabeza golpeó piedra. El mundo se partió en luz blanca y dolor. Sentí algo crujir. Sangre caliente en mi boca. Y luego oscuridad.

Desperté en el suelo. No sé cuánto tiempo después. Caliope sobre mí murmurando rezos que dolían casi tanto como la herida. El azotamentes estaba muerto unos metros más allá. Tres flechas en su cráneo deforme. Ewan lo había cazado desde la distancia mientras yo estaba inconsciente.
Por supuesto que lo hizo.
Ahora estamos en el cuartel. Heridas curadas con magia pero los huesos recuerdan. Bertrat está en la cama al lado, también jodido pero consciente. Me mira de vez en cuando sin decir nada. Vio todo. Mi infiltración. Mi llegada hasta el azotamentes. Mi fracaso. Mi vuelo contra la roca. Ahora va presumiendo de que yo caí antes que él.

Sí, ¡¿Pero quién causó más bajas, eh?!

Kath toca algo suave que hace que el dolor sea más soportable. Keyra limpia sangre de su espada. Fery reza sus agradecimientos a Sune. Vesper ha dicho algo de negocios y se ha marchado renqueante.
Y yo escribo esto para confirmar que sigo vivo. Que llegué hasta un azotamentes invisible. Que estuve a centímetros de rajarlo antes de que me reventara contra una roca.
Casi cuenta. Casi es mejor que muerto.

K.B.

P.D.: Bertrat no ha dicho nada sobre mi fracaso. Todavía. Pero lo hará. Probablemente durante años. "¿Te acuerdas cuando volaste como pájaro borracho contra esa roca?"
P.D.D.: Kempercito Jr existe y tiene mi cara. Eso me da más miedo que volver a enfrentarme a otro azotamentes.
P.D.D.D.: Ewan mató al azotamentes con tres flechas mientras yo estaba tirado medio muerto. Ese hombre es lo que todos queremos ser y nunca seremos.
 
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