KapilloGremlin
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El maestro encubierto recorría los pasillos de la sede de los ladrones de las sombras de Amn, su mirada fría e imperturbable clavada en las celdas que lo rodeaban. El hedor de la desesperación, y los murmullos de los condenados eran como ecos lejanos, distorsionados por la oscuridad que lo envolvía todo. Algunos prisioneros yacían encadenados, inmóviles, mientras otros se retorcían en el suelo, suplicando por una muerte rápida, una misericordia que jamás llegaría.
Era un lugar sin tiempo, donde las horas se desvanecían y los días no existían. No había ventanas, ni siquiera una grieta por donde se colara un rayo de luz que les recordara que, allá afuera, el sol seguía su curso, despuntando en lo más alto. Aquí, solo reinaba un silencio roto por el gemido y el grito de los desdichados que habían incumplido alguna de las leyes. El maestro observaba en silencio, impasible, su rostro oculto tras la máscara. Él sabía que el verdadero tormento no venía de las cadenas o los golpes, sino del olvido… del vacío que devoraba lentamente la esperanza de los que languidecían allí.
Capítulo 14: El Silencio.
El silencio... la tercera ley y la más importante.
El Silencio es primordial, porque faltar a esta ley es traicionar a las dos primeras. Son tres simples reglas, las mismas que me enseñaron aquellos que alguna vez estuvieron por encima de mí, cuando puse un pie en estas calles.
Pueden parecer sencillas, pero no nos engañemos: más de uno ha caído bajo su peso. Algunos desafiaron su poder por ego, otros por orgullo, y los más necios por una ambición ciega.
También están los que, sin saberlo, fueron leales al bando equivocado, cavando así su propia tumba o los que murieron a causa de la ambición de otros.
Con el paso del tiempo, mientras me ganaba un nombre y aprendía a sobrevivir en este juego, descubrí una verdad irrefutable: en este mundo, ser buena persona es una carga. Aquí no hay lugar para la duda, el pulso no debe temblar y la conciencia no puede permitirse pesar.
Cada decisión es un paso, y cada paso, una sentencia. Y al final, lo que separa a los vivos de los muertos, a los que gobiernan de los que obedecen, es una única cosa: quién puede guardar el silencio, y quién no.
He matado a aquellos a quienes alguna vez estreché la mano, y apuñalado a los que llamé amigos, hermanos, ahijados o discípulos, todo por una única razón: incumplieron la ley más sagrada, el Silencio.
Incluso a los que llegaron buscando aprender, creyendo que podían caminar a mi lado, les di la lección más dura: lo que realmente significa el silencio. Porque, en este juego, la confianza no es más que un arma de doble filo. Muchos piensan que ganarse mi confianza es ganar la partida, que eso los hace intocables, impunes a las consecuencias. Pero, en realidad, están más cerca del filo del filo de mi daga, ten a los amigos cerca, pero a los enemigos aún más... dijo un sabi0 de Candelero cuyo nombre no recuerdo. Nadie está a salvo.
Aquí, la lealtad es tan volátil como el humo de un cigarro, y las promesas, tan frágiles como el cristal que se quiebra con un susurro. Los que se olvidan de esa verdad... la terminan recordando cuando ya es demasiado tarde, cuando se convierten en nada más que carne para los gusanos.










