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[Diario] Kaelith, la erudita aventurera

Poisoned

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"Hola, Amn"

Vine a estas tierras por encargo de mi padre humano y sus interminables intrigas. Una de esas misiones clásicas de "investiga, reporta, recoge y vuelve". Nada nuevo. Pero cada vez que mis investigaciones se ven frustradas y me voy asentando en estas tierras, surge en mí una pregunta caprichosa; ¿Por qué no quedarme?

Proyecto nuevo (11).pngA pesar de la amenaza constante de la "arcanofobia" y las costumbres tan distintas a las mías, hay algo en Amn que comienza a gustarme. Quizá sea la extraña serie de problemas que parecen caer sobre esta nación como si una fuerza invisible les lanzara una desgracia tras otra. ¡Es fascinante! ¿Será obra de un dios oscuro vengándose de los mercaderes? ¿Una entidad del caos jugando con los amnianos? ¿O simplemente las consecuencias inevitables de los actos de los más ególatras y ambiciosos?
Sinceramente, no me importa. Solo quiero recoger los datos, analizarlos y observar cómo se desarrolla todo…

Existe, sin embargo, una posibilidad que no había contemplado antes. ¿Podría encontrar aquí lo que busco? Tal vez el destino esté tocando a mi puerta. ¿Debería atender su llamado… o seguir haciendome la dormida en mi cómoda cama en Luskan?

Decida lo que decida, debo enviar algo a mi padre. Resultados e informes. Si no avanzo, entenderá mi silencio como rebelión y eso no me conviene... Debo hallar el equilibrio entre lo que quiero y lo que debo hacer.




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"Mina infernal"

Interrumpí brevemente mi búsqueda de las ****** de S****. Para ser honesta, no estoy avanzando mucho, pero tampoco me molesta. Es la misión de mi padre, no la mía. Aunque, claro, si no le envío un informe pronto... tendré problemas.

Decidí tomarme un descanso y salir a pasear con mi pareja… Oh, sí, mi pareja. Técnicamente estoy casada en Luskan, pero Amn es otra jurisdicción, ¿no?. En nuestro paseo, nos topamos con un fenómeno impresionante: la Conjunción de Esferas. El cielo adquirió un tinte extraño, rocas flotaban mientras el suelo temblaba, y rayos caían alrededor. Fue increíble de presenciar, pero al terminar, esa sensación de vacío dio paso a una inquietud sutil. Algo iba a pasar, lo sabía.

Poco después, unos enanos ofrecían trabajo como escolta hacia sus minas. Pagaban 30 monedas por cabeza, y aceptamos sin pensarlo mucho. Mi trabajo en la Hermandad Arcana de Luskan es puramente intelectual y abarca la investigación, análisis, recolección de datos… nada de escolta, protección o combate. Esto es nuevo para mí. Pero necesito oro para financiar mis proyectos personales, así que decidí omitir ese detalle a mis contratantes.

Llegamos a la ciudad enana después de un largo viaje. Como cabría esperar, una fortaleza imponente en el corazón de la montaña. Hermosa, pero prefiero el aire libre.

La comitiva estaba bien organizada, pero la misión de escolta pronto se tornó algo más… y algo inquietantemente familiar. Nos detuvo una barricada de enanos, que nos advirtieron de peligros más allá. El ambiente se volvía denso, cargado de una energía maligna. Y, cuando menos lo esperamos, nos atacaron lémures infernales, criaturas que solía estudiar en la Torre Arcana de Luskan. ¡Qué fascinante casualidad!. Esto me ayudará a completar mi códice.

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No fue difícil derrotarlos… para los demás. Yo apenas lancé algunos conjuros de apoyo para potenciar a mi pareja, que se convirtió en una mortífera tel’quessir, mientras yo me dedicaba a recoger datos y tomar muestras para mis estudios. ¡Qué maravilla! La oportunidad de completar uno de mis antiguos estudios en plena acción.

Tras el combate, vimos cadáveres de enanos por todas partes, de distintos clanes según decían. Fue inquietante.

La situación escaló con una emboscada de canes infernales. Nuevamente, el grupo demostró su experiencia. Eran veteranos, sin duda; no mostraban miedo ni vacilación a pesar del aura opresiva que impregnaba el lugar. Tal vez debería considerar volverme aventurera…

Proyecto nuevo (10).pngNos adentramos cada vez más en el corazón de la mina hasta hallar a su líder: una criatura deforme y grotesca, tan abominable como los lémures, pero gigantesca. Mis nervios me jugaron una mala pasada y, en vez de combatir, saqué mi libreta y comencé a dibujar y tomar notas. Visto en retrospectiva, quizá no fue la mejor decisión…

A pesar de todo, salimos victoriosos. El ambiente en la mina volvió a la normalidad, y recuperamos algunos tesoros de entre los restos de la criatura.Claramente, este evento estaba relacionado con la Conjunción de Esferas. Esto solo hace que mi interés crezca más.

¿Cuál será la próxima criatura fascinante y grotesca que avistaré?

De cualquier forma, creo que debo unirme al gremio de aventureros. Definitivamente encontraré lo que busco de esa forma.



 

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"El Devora Vacas"
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No fue mi primera misión, pero sí la primera como aventurera del gremio de Amn. Me resulta un tanto irónico estar en esta arcanofóbica nación como "aventurera" cuando, en realidad, vine por una razón completamente diferente. Quizá pueda usar estas misiones para avanzar en mi investigación… o inventar algo para que padre no mande a buscarme. Lo decidiré después.

Me uní a un grupo variopinto: una rastreadora llamada Gunna, un guerrero llamado Zhal, un carismático Celadrin, Alizandriel, Bardock, un gnomo inquieto y, por último, Raralia

Nuestro camino nos llevó al hospicio de San Annur, donde escuchamos rumores sobre el “Devora Vacas”, el mismo ser que estaba causando estragos en los campos de cultivo. Destino o casualidad, el momento había llegado antes de lo planeado.

El primer rastro lo encontramos en una granja cercana: una sustancia viscosa y corrosiva, claramente mágica. Aunque al principio pensé en un simple cieno, había algo más en esa baba. Algo que no encajaba. El misterio me atrapó de inmediato. ¿Cómo resistirse?

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Llegamos al pantano, envuelto en una niebla espesa y un silencio incómodo. Perfecto para una emboscada. Alizandriel propuso una formación cerrada, con Gunna a la cabeza, y seguimos avanzando. La estrategia fue efectiva, aunque la sensación de que algo nos observaba nunca se fue.

Dentro de la cueva encontramos aldeanos aterrados, intentando ofrecer sacrificios a la criatura. El miedo hace cosas extrañas en las personas. Observé en silencio mientras hablaban. La ignorancia puede ser tan oscura como el propio cieno; no pude evitar pensar en lo mucho que podría cambiar si el conocimiento fuera más accesible para todos.

Un temblor interrumpió mis pensamientos. De las grietas emergió la criatura: amorfa, enorme, nauseabunda… y completamente fascinante.

El combate fue rápido y caótico. Probé todo lo que tenía a mi alcance, recopilando cada dato posible antes de que la cueva comenzara a derrumbarse tras las repetidas bolas de fuego que lanzábamos. Las rocas atraparon al "Devora Vacas", pero no por mucho tiempo. Criaturas como esa siempre encuentran la forma de salir.

Algo en ella me resultó familiar. Un eco de viejos estudios olvidados. Debería investigar más sobre esto... pero por ahora, sobrevivir es suficiente.



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"Investigaciones"

¿Cuándo fue la última vez que compartí un rato con otros buscadores de conocimiento? Sentada en una biblioteca, debatiendo teorías, contrastando datos… Nunca, si soy sincera. Siempre lo hago sola, recluida en mi rincón más íntimo y silencioso. No disfruto de la compañía humana, pero esta vez fue diferente. Estas personas son distintas: agradables, útiles. Especialmente Alizandriel. Sin él, no habría encontrado muchas de las respuestas que buscábamos.

Hace unos años, en la Torre de Huéspedes de lo Arcano en Luskan, mis estudios se centraban en los misterios de los planos inferiores. Me obsesionaba su composición cósmica. El mal en sus múltiples formas, desde el ordenado hasta el más caótico. Fue este último, el caos absoluto, el que despertó el recuerdo justo para esta investigación.

El Abismo Infinito, como le llaman, alberga una capa particularmente repugnante: Shandakhal, la 222ª capa. Un lugar de podredumbre y ruina, donde hasta el aire es fétido y las nubes parecen supurar corrupción. Allí habitan múltiples tipos de cienos, desde pudines negros hasta cubos gelatinosos y cienos grises, algunos de proporciones titánicas.

Es posible —no, probable— que uno de esos horrores haya llegado a este plano durante la Conjunción. Así que nos sumergimos en una exhaustiva investigación, recopilando datos de libros sobre planos, demonología y religión, buscando toda referencia posible sobre estas criaturas.

Todos colaboraron. Gunna, con su aguda vista, me ayudó a encontrar tomos clave. Raralia asistió a Alizandriel y aportó ideas valiosas. Y Alizandriel… es un verdadero erudito. Gracias a él, encontramos la información necesaria para identificar al "Devora Vacas": sus capacidades, debilidades y, lo más importante, cómo detenerlo.

El conocimiento es un arma poderosa, y estamos a punto de blandirla contra esa criatura. No le guardo rencor; su naturaleza es devorar y destruir sin discriminar entre persona, animal o materia. Pero las personas que usan la ignorancia ajena para sus propios fines… Ah, bendito sea Oghma por darme la paciencia suficiente para lidiar con ellos.

Se oyen rumores de cultistas que desean aprovechar el caos para realizar rituales oscuros, convirtiéndose en portadores de podredumbre y ruina. Una nueva amenaza se cierne. Esto, definitivamente, se va a poner interesante.

Nota aparte: Informar a la Aasimar Alice sobre lo que descubrimos. Su iniciativa para organizar a los aventureros será clave para dar con el "Devora Vacas" y debemos estar preparados.



 

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"Conocimiento compartido"

Terminé el informe para mi padre está dekhana. El resumen de mi informe es: "sin avances".

No suelo decepcionarlo, pero mi estadía en Amn me obliga a hacerlo. No quiero regresar aún, y no se trata solo de una cuestión de tiempo. Es una cuestión de oportunidades. Llegué a la conclusión de que la mejor manera de prolongar mi presencia aquí es ofrecerle solo lo justo, lo suficiente para mantener su interés sin despertar sospechas. Información medida, nada demasiado concluyente ni demasiado pobre, un equilibrio delicado entre utilidad y retraso. A decir verdad, ni siquiera estoy investigando lo que me pidió.

Dedico mi tiempo a mis propios proyectos, como el del cieno que los locales llaman Devora Vacas. Una criatura fascinante. Quiero volver a verlo, observarlo de cerca, recabar más datos, estudiarlo hasta comprender cada detalle de su naturaleza. No es un monstruo común y corriente. Es un fenómeno, una anomalía que merece algo más que una simple etiqueta de “peligro”.

Por desgracia, no puedo adentrarme sola en su guarida. Mucho menos enfrentarme a los cultistas que parecen adorarlo. La opción más lógica es aprovechar los recursos y el personal ya dispuesto para estas cosas. Colaborar con el grupo organizado por la sargento Alice es lo más sensato. Mientras ellos buscan eliminar la amenaza, yo puedo acompañarlos y observar, recopilar la información que necesito. Por eso me reuní con ella y le entregué un resumen sobre el Devora Vacas.

Proyecto nuevo (18).pngAlice Valdor, sargento de las fuerzas armadas amnianas y, lo que más llama mi atención, una aasimar. Para muchos, su rango y afiliación serían lo más relevante. Para mí, lo importante es su naturaleza. Un vestigio del bien, tal vez una descendiente directa de algún celestial. Es curiosa la existencia de los aasimar, una mezcla de dos mundos que rara vez convergen de forma armoniosa. Algún día le pediré una reunión para satisfacer mi curiosidad y recabar datos sobre su especie. Sin duda, aprender de alguien como ella podría ser… interesante. Pero por ahora, solo será la misión del Devora Vacas lo que nos reúna.

Entregarles toda la información relevante fue lo mínimo que pude hacer para prepararlos. A fin de cuentas, el conocimiento es la mejor herramienta en este tipo de situaciones. Aunque, si algo he aprendido en Amn, es que por más datos que tengas, siempre habrá imprevistos. Nada te prepara realmente para ellos.

Solo puedes contar con tus propios recursos y esperar que sean suficientes cuando llegue el momento.

Nota aparte: debo hacerme con más recursos.


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"Las puertas de Shedaklah"

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Asqueroso, nauseabundo, repugnante… Todavía no encuentro la palabra adecuada para describir lo que sentí en ese pantano. Una combinación de fetidez y decadencia tan intensa que debería tener su propio término prohibido. Pensar en ello aún me revuelve el estómago, y juro que no estoy exagerando.

Proyecto nuevo (25).pngNuestro grupo estaba bien surtido, una mezcla curiosa de soldados, mercenarios y aventureros, guiados por el liderazgo de la sargento Alice. Todos más preparados que yo en términos de equipo, fuerza o habilidades marciales. Pero si algo me caracteriza, es la capacidad de observar lo que otros pasan por alto. Mientras algunos hacían bromas y otros mantenían la calma confiada del veterano, yo no podía dejar de pensar en el peligro del enemigo desconocido. No me refiero al Devora Vacas en sí, sino a todo aquello que desconocemos y que podría esperarnos. Pero para ser justas, es posible que mis nervios de novata sean los que hablen.

No todos los días se tiene la oportunidad de enfrentar a una criatura con influencia abisal. No todos los días se camina sobre tierra que parece estar siendo devorada lentamente por algo que quiere convertirla en una versión de otro lugar. Cada paso en el pantano me hacía pensar en Shedaklah, la capa 222 del Abismo, hogar de la putrefacción y de este ajeno ser. Me pregunté si el Devora Vacas trataba de replicar su hábitat o si simplemente era una extensión de su esencia corruptora manifestándose en este plano. Una hipótesis que merece ser investigada. Pero que en aquel momento me hacía temer lo peor. ¿Estaríamos a la altura? ¿Mi información era la correcta?

Poco después de adentrarnos, encontramos a una mujer atribulada. Su hija había sido secuestrada por los cultistas. Nos pidió ayuda. Ese tipo de situaciones siempre me lleva a recordar mi primera misión en Luskan. Entonces prioricé la tarea principal sobre la vida de unos inocentes, y desde ese día algunos me llamaban fría e insensible. No me molestan esas etiquetas. Aprendí que no siempre se puede salvar a todos y que, a veces, seguir la corriente es más práctico que discutir sobre prioridades. Si todos quieren rescatar a la niña, ¿por qué no unirme? Siempre y cuando nos guíe al objetivo principal, está bien. ¿Y si no quisieran rescatarla? Lo mismo. A veces seguir la corriente, independientemente de lo que piensas, está bien. Siempre que sea práctico, es una opción válida.

Los cultistas no estaban muy lejos. Los encontramos rápido, liderados por una mujer encapuchada que sostenía a la niña. Escuché a alguien ofrecerle rendirse con la promesa de un juicio justo. Las almas bondadosas siempre encuentran el momento para demostrar su inclinación hacia la compasión. A veces, me pregunto si esa bondad no es más un acto egoísta que altruista. Un intento de reafirmar su propio código moral, incluso cuando el enemigo ya ha tomado su decisión.

La líder del culto no aceptó la oferta, por supuesto. El fanatismo rara vez cede ante la razón.

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Luchamos. Al principio, contra aldeanos convertidos en cultistas menores. La mayoría decidió reducirlos sin matarlos. Es curioso cómo el grupo asumió de inmediato que estas personas eran víctimas y no cómplices. No digo que estuvieran equivocados, pero en situaciones así, la línea entre inocente y seguidor voluntario es delgada. ¿Merecían ese esfuerzo extra por preservar sus vidas? Desde una perspectiva puramente práctica, no lo sé. Yo opté por no malgastar mis conjuros en ellos y dejé que se encargaran los demás.

Luego llegaron los verdaderos cultistas, mejor organizados y claramente más peligrosos. Me pregunto si su culto es reciente o si son parte de algo más antiguo y estructurado. Su coordinación indicaba lo segundo. Pero incluso los grupos mejor preparados pueden caer.

Nos enfrentamos, y ellos cayeron. También algunos de los nuestros. Fue inevitable detenernos un momento para recuperar a nuestros heridos. No diría que me sorprendió, pero sí me recordó una lección importante. La preparación individual siempre tiene un límite cuando dependes del grupo. A veces tu destino queda en manos de decisiones colectivas que no puedes controlar.

El pantano empeoraba con cada paso. Los hongos que supuraban gases infectaban el aire con un color extraño y nocivo. Algunos compañeros mostraron señales físicas alarmantes después de inhalar esos gases. Me temo que podrían estar infectados por una enfermedad que transforma su cuerpo. Tal vez sea un destino similar al de las criaturas deformadas que enfrentamos, personas que sucumbieron y adoptaron formas grotescas.

Llegamos a la guarida del Devora Vacas, pero entrar sería un suicidio. Sin protecciones adecuadas y con parte del grupo exhausto, la sargento Alice decidió que derrumbar la entrada sería la mejor decisión. Una solución temporal, pero efectiva por el momento. No detendrá su influencia corruptora, pero al menos limitará la salida de sus criaturas y dificultará el acceso de futuros cultistas.

A veces, no es necesario eliminar un problema de raíz para contenerlo. Una acción intermedia puede ser igual de útil, siempre y cuando no pierdas de vista el objetivo a largo plazo. ¿Habremos tomado la decisión más sabia? No lo sé. El tiempo lo dirá. Pero creo que de momento fue lo más lógico.

Nota aparte: estudiar las muestras recabadas y contrastar los datos con lo que sé de Shedaklah y la influencia abisal.




 

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"El saber de lo putrefacto"

He conseguido una muestra de la carne asquerosa de aquellas criaturas del pantano. Después de días de experimentos y observación minuciosa, llegué a una conclusión aterradora… pero absolutamente fascinante.

Proyecto nuevo (33).pngEran personas.

Esas abominaciones sin conciencia, agresivas y deformes que nos atacaron alguna vez fueron humanos. Quizás aldeanos captados por la “Secta de la Podredumbre” o desafortunados expuestos a los gases tóxicos que exudan los hongos del pantano. La piel verdosa que ahora cubre sus cuerpos me recuerda demasiado a los compañeros infectados por la corrupción del lugar. Si mis estudios son correctos, ellos podrían correr el mismo destino. Una enfermedad degenerativa con fases claras y, finalmente, un clímax terminal que los convierte en un simple cieno.

¿Y qué hay del ritual de conversión?

Hasta ahora, mis investigaciones apuntaban a la existencia de un ritual oscuro, uno que permitía a los verdaderos creyentes de la ruina transformarse voluntariamente en “Cienos Vivientes”. Sería una transición controlada, deseada, casi una "ascensión" para ellos. Pero ahora me surge una inquietud mayor.

¿por qué recurrir a un ritual complejo si la misma naturaleza corruptora del “Devora Vacas” ofrece un camino más fácil?

Los gases tóxicos del pantano parecen proporcionar el mismo resultado, aunque de forma mucho más lenta y desgarradora.

Esto me llevó a cuestionarlo todo, como siempre ocurre. Las respuestas son como una llave que abre una puerta hacia nuevas preguntas. Ese es el verdadero camino del conocimiento. Un viaje interminable, pero uno que estoy dispuesta a recorrer.


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​
En el Templo del Atador, encontré la clave que necesitaba. Sumando esta nueva información a lo que ya había recopilado, confirmé mi sospecha inicial. Hay al menos dos formas conocidas para convertirse en un cieno.

La primera, el ritual oscuro. Aunque desconozco los pasos exactos, intuyo que este método permitiría al iniciado conservar su conciencia e incluso controlar su nueva forma. Una transformación voluntaria y quizá “beneficiosa” desde el punto de vista de los cultistas. No deja de ser una especulación, pero no me parece descabellado.

La segunda forma es mucho más cruel y caótica. La transformación involuntaria a través de la enfermedad provocada por la exposición prolongada a los gases de los hongos. En este caso, no hay ventaja alguna. Es un proceso degenerativo y angustiante, más castigo que bendición. Todo apunta a que esta vía está reservada para los ignorantes y desafortunados, usados como carne de cañón por los verdaderos seguidores de la Podredumbre.

Interesante, ¿verdad?

La enfermedad tiene varias fases hasta llegar a lo que denomino la “fase terminal”, cuando la víctima pierde por completo su humanidad y se convierte en cieno. Hay una fase particular que me intriga especialmente. La degradación de la mente. Los recuerdos se desmoronan, la conciencia desaparece y el individuo se convierte en un cascarón vacío, guiado solo por el instinto. Las criaturas que encontramos en el pantano eran precisamente eso. Fragmentos de personas que alguna vez existieron, ahora fundidas con el entorno que las engulló. Es como esos dementes rezan; "Parte del pantano"

Pero aún hay dos preguntas que me quedan por responder.

La primera es cuánto tiempo transcurre entre cada fase. Entender la progresión de la enfermedad podría ser clave para intervenir en el momento adecuado.

La segunda, y quizás más importante, es si existe una cura. Algunos indicios sugieren que podría haberla, en manos de druidas o clérigos de Chauntea. Valdría la pena investigarlo.

Imagina lo que podría lograrse. ¿Una transformación controlada, reversible, manteniendo las capacidades moldeables de un cieno sin perder la identidad? ¿Es posible separar lo útil de lo corrupto? ¿Dominar la forma y volver luego por propia voluntad?

Todas estas posibilidades me despiertan una curiosidad insaciable. Por ahora, no puedo capturar al Devora Vacas para estudiarla a fondo, ni limitar su capacidad corruptora sin causar un desastre en el entorno. Además, es probable que su cuerpo se desvanezca al ser destruido, como sucede con los demonios que mueren en nuestro plano. Es posible que no me deje tomar restos de él. Una pena.

Tendré que buscar otro medio para investigar esto de las transformaciones.



 

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"La guerra de la putrefacción"

Las pistas nos guiaron hacia las montañas. Allí, el entorno comenzaba a mostrar signos evidentes de la corrupción: árboles retorcidos, tierra enferma y una podredumbre que se extendía como una plaga. Algunos troncos estaban marcados con símbolos familiares, pero incomprensibles. Decidí lanzar el conjuro adecuado para descifrar lo escrito.

Proyecto nuevo (38).png"Que la pureza sea deshecha, que la carne se disuelva" —rezaba uno de los árboles, en abisal.

Ese detalle cambió todo. Ya no estábamos tratando con ignorantes aldeanos aterrados que ofrecían sacrificios para aplacar a un monstruo. Estos eran conocedores del Abismo, demonólogos, fanáticos que buscaban el poder que ofrece el caos malicioso de las infinitas capas del Abismo.

Perfecto.

Y no, no es ironía. De verdad me sentí entusiasta. Quizás aquí podría resolver una de mis dudas sobre el ritual oscuro del que había leído. No es que quiera convertirme en un cieno viviente ni mucho menos. Pero la búsqueda del conocimiento no discrimina. Estudiar rituales prohibidos y oscuros es tan válido como analizar la composición del Monte Celestia. Da igual de dónde provenga el poder. Todo merece ser entendido, clasificado y, si es posible, dominado.

Otro de los mensajes me sorprendió aún más-"La forma es una prisión: libérate".

Puedo entender ese mensaje. Mi afinidad por la transmutación me ha enseñado que la forma con la que nacemos puede volverse nuestra mayor limitación. La Escuela de Transmutación nos libera, nos hace más fuertes, más resistentes, nos permite adoptar la forma más útil para cada situación. ¿Qué hay de malo en querer trascender los límites de lo que somos? Este mensaje resonó conmigo, no al punto de convertirme en un cieno pútrido, claro está… pero lo suficiente como para comprender por qué alguien podría desearlo.

Poco después, los más atentos escucharon cánticos y sonidos lejanos. Estábamos cerca. La tensión se sentía en el aire, densa. Era evidente que la batalla estaba por comenzar. Mi primera gran batalla.

Las flechas fueron las primeras en romper el silencio, seguidas por una lluvia de magia destructiva. Observé desde la retaguardia, reservando mis conjuros para cuando realmente hicieran falta. Avanzamos cuando el ruido cesó y nos encontramos con un paso angosto.

Yo aguardaba en la retaguardia, varita en mano, observando y evaluando. No había espacio para la prisa. Mi papel no era lanzarme de cabeza al combate cuerpo a cuerpo, sino actuar cuando la balanza necesitara inclinarse a nuestro favor. "Tromba menor de proyectiles de Isaac" fue mi elección.

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Proyecto nuevo (40).pngLa varita vibró suavemente cuando desaté el conjuro. Una serie de proyectiles mágicos de energía pura salió disparada, surcando el aire frío y seco como meteoros brillantes. Cada proyectil encontró su blanco con precisión letal, atravesando las túnicas de los sectarios y desgarrando su carne. Desde mi posición pude ver cómo se retorcían al recibir el impacto, algunos cayendo al suelo al instante, otros intentando en vano mantenerse en pie mientras los demás compañeros acababan el trabajo.

Mi mente, siempre fría y analítica, luchaba por imponerse al instinto de huir. Había estudiado cientos de teorías sobre tácticas de combate mágico, pero ninguna se comparaba con la realidad que se desarrollaba ante mis ojos. El ruido era ensordecedor. El choque de espadas, el zumbido de flechas, las explosiones de magia y, sobre todo, los gritos. Algunos de guerra, otros de dolor y miedo. Y el olor… el olor es lo peor. Una mezcla de sangre, podredumbre y carne quemada.

En medio del caos, una figura llamó mi atención. Una mujer del grupo comenzó a cambiar ante nuestros ojos. Su cuerpo se retorcía, sus músculos se tensaban, y en cuestión de segundos, su forma humana se desvaneció para dar paso a algo más... algo salvaje. Una criatura mitad mujer, mitad bestia, con garras afiladas y ojos brillantes como dos lunas.

Se lanzó contra los sectarios con una ferocidad aterradora y precisa, su movimiento más parecido a una danza letal que a un simple ataque. Garras desgarraban carne, colmillos se hundían en gargantas; los gritos de los sectarios se mezclaban con el rugido aterrador de la mujer-bestia.

Fue fascinante.

Luego vi al gólem. Le pertenece, al parecer, al arcano que pretende convertirse en senescal. El levantó uno de sus brazos masivos y lo dejó caer sobre dos sectarios, aplastándolos contra el suelo congelado. El golpe fue seco y definitivo, dejando un amasijo irreconocible de carne y huesos mezclados con la nieve teñida de rojo.

No sentí lástima. Tampoco satisfacción. Fue simplemente un hecho brutal, pero necesario. El gólem no tenía emociones, solo ejecutaba órdenes con precisión mecánica. Lo que para nosotros era una escena violenta, para él era una tarea más, como un martillo golpeando una pieza de metal caliente.

Observé cómo uno de los sectarios aún respiraba, atrapado bajo el peso del gólem. Estaba aplastado desde la cintura, su cuerpo temblando en espasmos mientras exhalaba sus últimos alientos. No pedía ayuda ni suplicaba por su vida. Sus ojos, vacíos, reflejaban resignación.

Un instante después, el gólem levantó su pie y terminó con él, dejando solo silencio y sangre derramada sobre el manto blanco.

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Esta es la verdadera cara de un combate, de una guerra, de lo que algunos llamamos "aventura". Cuando el objetivo es eliminar al enemigo, las líneas entre el bien y el mal se vuelven borrosas. Incluso las fuerzas que luchan por el bien ejecutan la violencia necesaria sin dudar, mientras que aquellos de dudosa moralidad cooperan por la eficacia del grupo.

Incluso yo, una simple buscadora del conocimiento, he blandido el arte arcano como un arma mortal, llevando muerte a los sectarios sin titubeos. No siento remordimientos, ni compasión. No porque sea insensible, sino porque las cosas son como son y las acepto tal cual. Así funciona el mundo: acción y consecuencia.

Al terminar el combate, llegó el momento de atender a los heridos y continuar avanzando… pero entonces cayeron sobre nosotros trampas que no habíamos detectado. Un líquido verdoso oscuro descendió desde lo alto, como una lluvia de corrupción. Algunos logramos esquivarlo, pero otros no tuvieron tanta suerte.

Uno de ellos comenzó a mostrar síntomas de inmediato. Su piel adoptó ese inconfundible tono amarillento. La primera fase de la enfermedad que investigué días atrás. Otro más para el pantano.

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El resto del camino fue un desfile de muerte, trampas y combates. Pero logramos llegar hasta la gruta donde el culto realizaba su ritual. El hedor era insoportable, y los cánticos se intensificaban hasta cesar de golpe. El ritual estaba completo.

De las sombras emergió un monstruo enorme, formado de cieno y corrupción. No era como los cienos normales ni como el "Devora Vacas". Este era distinto… y entonces lo entendí: un Cieno Viviente.

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El ritual oscuro que había investigado desde el principio, al fin lo veía con mis propios ojos. Era aterrador, sí. Pero también increíblemente fascinante.

El combate fue rápido. El mago dueño del gólem lanzó un poderoso conjuro de petrificación sobre el monstruo, dejándolo prácticamente inmóvil. La victoria fue sencilla después de eso.

Aproveché la oportunidad y corrí hacia los restos para intentar recuperar una muestra mientras mi aliada me cubría. Todo el sacrificio y peligro del viaje valdría la pena si lograba tan solo un poco de la sustancia que conformaba al "Cieno Viviente"...



 

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"El infinito te observa"
Hoy fui testigo de experimentos extraordinarios. Vi la cúspide del poder que la Transmutación puede ofrecer en manos de mi maestro y comprendí que hay conjuros que no solo deben ser estudiados, sino dominados. Uno en particular se convirtió en mi próximo objetivo, el "cambiar forma". Además, conocí mejor a mi nuevo compañero… o rival. Supongo que dependerá de cómo evolucione la relación.

Proyecto nuevo (6).pngUn compañero es útil hasta que deja de serlo. No es una visión pesimista, sino pragmática. Siempre hay razones para la traición y hay personas que las buscan ferozmente. Un rival, en cambio, es una constante. No decepciona porque su papel es claro. Obligarte a mejorar, empujarte más allá de tus límites. Y, si las condiciones se dan, puede convertirse en un aliado. "Doble premio".

El tiempo dirá en qué se convertirá él.

Pero vamos a lo verdaderamente importante. Hoy sostuve un pergamino que con solo leerlo me sumergía a una conexión a la Urdimbre que jamás había experimentado. Intenté activarlo. Fracasé. Pero incluso en el fracaso la experiencia fue sobrecogedora. Pude sentir la novena esfera, aquel "techo" que todo mago aspira a llegar o atravesar. Fue como asomarse al abismo de la creación misma, sentirse cargada por el poder mismo e intentar escalar con una aplastante presión. Durante un instante, todo pareció posible con solo desearlo, pero igual de difícil de lograr. Aún me falta camino de aprendizaje.

¿Es esto lo que siente mi maestro cuando moldea la realidad con su voluntad? ¿Esta sensación de poder absoluto, de posibilidades infinitas? Y pensar que la novena esfera es solo el límite impuesto por los errores del pasado… una porción de lo que alguna vez fue la magia en su estado más puro. Los antiguos magos Netherinos se sentían como dioses seguramente ¿y los tel´quessir de antaño se sentían la manifestación de la misma urdimbre ante la Alta Magia élfica?. No es raro pensar que ante tal abismal poder cometieran errores o se olvidaran de una verdad; siguen siendo mortales.

Mis dudas se disiparon. Convertirme en Maga Roja es la única decisión lógica si quiero realmente lograr la trascendencia del conocimiento absoluto. No me interesa la intriga o política, pero estoy dispuesta a aceptar aquellos venenos con tal de lograr encontrar lo que busco.

Siempre creí que desentrañar los secretos de la creación dependía del estudio de los planos, pero ahora comprendo que es solo una pieza del rompecabezas. El verdadero dominio está en la Urdimbre sin limites, en la magia misma y en sus posibilidades ilimitadas. Conocer los planos es entender la materia prima del cosmos; dominar la magia es esculpir la realidad con ella. Cuando ambas se combinan, la respuesta final se revela... y quiero conocer esa verdad.

Algunos ven el arte arcano como una maravilla contenida dentro de límites autoimpuestos, morales o técnicos. Para ellos, la belleza está inclinada en el lado más compasivo de lo arcano. Lo acepto, es su elección y es una loable. Pero para mí, los límites no son más que anclas. Ataduras que impiden alcanzar la comprensión absoluta. Un método para no perderse en el abismo, sí… pero también una barrera contra lo infinito. Quiero lo infinito.
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¿Estoy dispuesta a cruzar el umbral? ¿A ir más allá del punto de no retorno? ¿Podré mantener mi propio balance? No tengo aún la respuesta. Pero sé que llegará el momento en que deba decidir. Y cuando lo haga, tendré que aceptar la consecuencia. Porque eso es la vida... "acción y resultado".

Y yo no temo el resultado.



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"Llamas eternas"

Fuego y el inconfundible aroma del azufre.
Proyecto nuevo (3).pngMi compañero (o rival, aún no decido qué es más útil) y yo regresábamos de una experiencia inolvidable al presenciar el poder de un conjuro de novena esfera de manos de nuestro maestro. En el camino, nos detuvimos cerca de la entrada del bosque que da con la cueva de los lobos en la costa sur.

Fue ahí donde lo percibimos.

Un rastro de humo y el denso hedor a azufre nos invitaron a investigar. Seguimos el camino y encontramos la grotesca escena de los restos de un hombre devorados por llamas implacables.

Siempre me ha gustado el fuego. En Luskan, mi hogar de infancia, el frío hacía que las llamas fueran un bálsamo para el cuerpo y la mente. Hay algo hipnótico en su danza errática, algo que reconforta y destruye a partes iguales. Si sigo explicándome así, terminaré sonando como una piromaníaca o, peor, una devota de Kossuth.

No tardamos en notar que no era un caso aislado. Más adelante en el camino, la escena se repetía y vislumbraba los cuerpos envueltos en llamas, consumidos sin piedad. Algo —o alguien— había causado esto, y era evidente que no había terminado.

Con las debidas protecciones mágicas, avanzamos. Sería patético que dos aprendices del Khazark murieran por imprudencia o exceso de confianza. Nuestro maestro nos maldeciría hasta en la otra vida si caíamos por un descuido semejante.

Entonces los vimos.

Las llamas danzaban sobre los cuerpos calcinados, y por un momento, la escena fue fascinante… hasta que cobraron forma. Primero, destellos erráticos para luego dar lugar a figuras definidas y ardientes. Elementales de fuego.
Y eso lo hacía aún más emocionante.

Como era de esperarse, se lanzaron contra nosotros. No porque fuéramos una amenaza, sino porque eso hacen. Solo desean arder, consumir, incendiarlo todo. Qué criaturas más hermosas.

Lamentablemente aún no soy inmune al fuego, así que tuve que responder con lo propio. Convoqué un elemental de agua y le ordené atacar. Mi compañero hizo lo mismo, llamando a una salamandra flamígera. Juntos, neutralizamos a las criaturas, pero algo no cuadraba.

Estos elementales no habían sido invocados. No había portales ni fisuras planarias visibles. ¿Era esto otro efecto de la Conjunción Planar? ¿O algo más?

Fue entonces cuando apareció una guerrera de nombre impronunciable. Su presencia y actitud me recordaron al norte. También me recordó a casa. ¿Extraño mi hogar? Quizás debería escribirle a mi padre… aunque dudo que apruebe mi nueva afiliación.

Los tres nos adentramos en la cueva de los lobos. Desde su interior, los aullidos de los animales eran desesperados. No había dudas: estaban siendo consumidos por el fuego de los elementales.

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Nos enfrentamos a más de ellos. Debería escribir sobre estas criaturas, son fascinantes.

Finalmente, nos topamos con un elemental más grande, una manifestación de llamas furiosas. La guerrera lo enfrentó en primera línea, mientras mi compañero y yo lo sometíamos con conjuros hasta extinguir su existencia.

Mi objetivo nunca fue destruirlos. Quería comprenderlos, estudiarlos, hallar la razón de su presencia. Pero no me quedó más opción.

Aun así, algo se encendió en mí.

Las llamas de los elementales fueron extinguidas… pero la llama de mi deseo por desentrañar este misterio acaba de nacer.



 

Poisoned

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"Prueba de fe"

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Si mi padre se enterara de que fui parte de una expedición banita, probablemente sonreiría... si fuera capaz de sentir algo más allá del odio y la paranoia. Tal vez hasta se enorgullecería, aunque jamás lo admitiría. De cualquier forma, fue una experiencia interesante, justo lo que necesitaba.

El enclave de Thay y el clero de Bane unieron fuerzas en esta empresa, que según entendí era una prueba de fe para uno de sus caballeros. No me preocupé demasiado por los detalles, la devoción ajena rara vez me concierne. Había dos cosas que realmente captaban mi interés en todo esto: primero, la sacerdotisa aasimar caída (nota aparte: debo terminar mis escritos sobre los aasimar), y segundo, las ruinas a las que nos dirigíamos. Se decía que eran restos del antiguo Imperio Shoon, y eso sintonizaba demasiado bien con mi misión original, aquella que me trajo a Amn en primer lugar. Como si mi padre, a través de su deidad patrona, moviera los hilos del destino para recordarme la tarea que había dejado de lado. Claro que eso es un sinsentido, pero... ¿las casualidades existen?

Viajamos por el Camino de la Costa Sur, un grupo variado de caballeros oscuros y arcanos thayinos. Me sorprendió lo natural que me resultó formar parte de ellos. La brutalidad de los banitas al enfrentar a los asaltantes que nos emboscaron en el camino era de esperarse. Su manera de combatir no dejaba lugar a la piedad, pero ¿qué es realmente la brutalidad? Mis bolas de fuego reduciendo a cenizas a un grupo de criaturas que apenas tenían armas decentes, entre alaridos agonizantes y visiones horribles de carne quemada... no sé si eso es menos cruel. Supongo que la diferencia radica en el regocijo que sienten ellos al hacerlo. Para mí es un medio para un fin. Para ellos, quizás, un deber implacable.

Proyecto nuevo (20).pngAl llegar a nuestro destino nos recibió un campo santo... que de santo no tenía nada. La energía necrótica impregnaba el aire, y las inscripciones antiguas en las lápidas apenas eran legibles bajo la corrupción que cubría todo. Desde la penumbra, una voz espectral nos advirtió que nos marcháramos. Hubo un momento, un instante, en el que mi instinto me gritó que no era una amenaza vacía. Pero la curiosidad pesa más que el miedo. Y los banitas... bueno, ni siquiera consideran el miedo una opción. Esa era su prueba de fe, y retroceder no estaba entre las posibilidades. Así que avanzamos, enfrentando oleadas de muertos vivientes que emergían de la tierra como si hubieran estado esperando nuestro arribo durante siglos.

Lo que siguió fue una sinfonía de destrucción: disciplina marcial chocando contra carne putrefacta, conjuros arcanos y plegarias impías llenando el aire. Nos abrimos camino hasta la entrada de las criptas, donde encontramos algo mucho más inquietante que los no muertos.

Los espectros de banitas caídos.

No era una simple acumulación de energía residual. Eran manifestaciones reales, ecos de guerreros que habían llegado aquí antes que nosotros y habían perecido en este mismo lugar. ¿También buscaban algo? ¿Sería ese nuestro destino? Me permití un segundo para pensarlo antes de seguir adelante.

Proyecto nuevo (21).pngEl interior era aún peor. El aire estaba impregnado con el hedor de la muerte, la temperatura descendía con cada paso. Un ambiente hostil, opresivo. Y aun así, no podía ignorar lo fascinante que era todo. Me rodeaba historia viva—bueno, quizás "viva" no sea la palabra adecuada—, y no pensaba desaprovechar la oportunidad. El grupo estaba más que preparado, y eso me permitió concentrarme en estudiar la arquitectura y los grabados de las ruinas Shoon. No creo que aquí estuviera lo que mi padre me envió a buscar, pero al menos esto me daba una mejor idea de lo que debía buscar en el futuro.

¿Pero realmente quiero cumplir con esa misión?

Entre enfrentamientos contra más criaturas no muertas y la sensación de que algo nos observaba desde la oscuridad, llegamos finalmente a la cámara principal. La voz espectral volvió a hablar, su resonancia se sentía en los huesos.

No había duda, no había titubeo. La convicción de los banitas los volvía imparables. Y yo... yo estaba ahí por mi propio propósito. La sabiduría estaba grabada en esas paredes, en la arquitectura de un tiempo perdido, en los horrores que acechaban en cada rincón. No importaba el miedo que sentía. Lo importante era lo que podía aprender.

Y entonces, nos enfrentamos al verdadero dueño de este lugar. La batalla fue feroz, un enfrentamiento digno de ser registrado... pero por razones personales, no escribiré el desenlace ni lo que encontramos al final. Algunas cosas es mejor dejarlas fuera del papel.

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"Lo inefable"

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Mi corta vida se puede resumir de forma muy simple en una búsqueda incansable del saber. Deseo conocer los secretos del universo, desentrañar los misterios de la Urdimbre y desvelar la verdad absoluta de la creación. Objetivos que me llevan a recorrer lugares peligrosos y a enfrentar desafíos intrínsecos a cuestiones morales de las cuales, deliberadamente, intento escapar.
​
Si se me preguntara por qué lado de la balanza me inclino, respondería sin temor a juicio ni necesidad de mentir: depende de mis intereses. Aunque en realidad, quizás, nunca me incline. No estoy en la balanza. Soy la balanza. Puedo ser parte de actos nobles tanto como de atrocidades necesarias, y ambas cosas me son igual de válidas si el conocimiento es la recompensa. Diría que duermo bien por las noches, pero mi estudio me roba el descanso. Así que, en verdad, no sé si mi conciencia me pesa o si siquiera tengo tal cosa.

Todo es insignificante ante la maravilla de "El Arte".

​
Es por eso que soy aprendiz de los Magos Rojos de Thay. Es por eso que no me tiembla el pulso a la hora de realizar actos que otros verían con malos ojos. No soy una villana, soy una erudita, y el conocimiento no tiene moral. No para mí. Pero sería simplista reducir la magia a una cuestión de "bueno" y "malo". Es cierto que algunos conjuros son inherentemente oscuros. No es una suposición ni una interpretación. Son irremediablemente malignos. Pero... ¿conocerlos sin usarlos me hace malvada? No lo creo.
O al menos, eso me repito a mí misma.

Porque la verdad es más terrible de lo que me gustaría admitir, y hoy lo comprendí. He creído siempre que mi camino era mío, que yo decidía en qué dirección ir. Pero ¿y si mi destino ya está marcado? ¿Y si mi alma, mi magia, mi ser, ya han elegido por mí?

Pensé que conocía los límites de la magia. Pensé que había visto el "techo" al que aspira todo arcano. Qué ingenua fui. Lo que experimenté hoy está más allá de toda escala, más allá de toda medición. Lo que sentí es tan inefable que mis palabras se vuelven adornos torpes, meros intentos de capturar un fragmento de la grandeza que rozamos. Y aun ahora, mientras escribo, creo que sigo en shock.

Lo peor es que ni siquiera puedo escribir los detalles. Ni en mi diario. Ni para mí misma. La información es poder, pero en ocasiones, también es un peligro a tu seguridad. Así que me limitaré a lo esencial.

Hoy participé en la magia de círculo.

upscalemedia-transformed (2).pngRecuerdo cuando leí sobre ella, hace años, en los libros que mi madre me prohibía. No entendí nada en aquel entonces. Tiempo después, cuando fui a vivir con mi padre, encontré tomos en la Hermandad Arcana que hablaban del mismo tema. Y aun así, seguía sin comprender. Hoy no solo lo comprendo. Lo he vivido. Lo he sido.

¿Cómo describir el poder absoluto desbordándose y moldeándose en mi cuerpo? ¿Cómo explicar lo que es entrelazarme con otros, sentir la Urdimbre vibrar en nosotros como un solo ser, como una sinfonía de magia viva?

No puedo.

Solo puedo decir que, ante tales cosas, seguir siendo el centro es imposible... cuando un lado te promete todo esto.

Ante tal experiencia, la idea de seguir siendo una aventurera me resulta complicada. No creo tener el tiempo, aunque en mi corazón siga existiendo ese deseo de exploración. Por el momento intentaré finalizar investigaciones inconclusas y terminaré mis pendientes en el gremio de aventureros, para abandonarlo y centrarme en el enclave de Thay. Será lo más lógico para mis aspiraciones.

Nota aparte: Debo prepararme para el enfrentamiento con el "Devora Vacas".
 
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Y el día llegó...

El llamamiento para erradicar la corrupción del pantano había sido finalmente pronunciado. Los druidas se reunirían para llevar a cabo el ritual de purificación, pero su labor no sería sencilla pues necesitarían protección. Aventureros, guerreros y cualquier alma lo bastante valiente o insensata como para desafiar las corrupción fueron convocados para resguardar el rito sagrado.
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​
Para mí, esta era más que una simple oportunidad de ayudar. Tenía ansias de volver a ver al Devora Vacas. Estudiarlo, comprender su naturaleza, observar su comportamiento. Estaba segura de que no permanecería impasible ante el ritual, y la putrefacción demoníaca del pantano no se rendiría sin luchar. Criaturas innombrables surgirían para defender su hogar corrompido. Perfecto.

O al menos eso pensé. Que sería perfecto. Que bastaría con observar y analizar.

Pero la realidad fue otra. Fue mucho más que eso.

El peligro se presentó en toda su crudeza y, de no ser por la presencia de tantos aventureros y hasta fuerzas armadas de Amn, quizás no habríamos salido con vida.

Al llegar al pantano, el hedor era insoportable. Un aire denso, cargado de muerte y podredumbre, se pegaba a la piel como un veneno invisible. Entonces, los druidas comenzaron su danza ritual. No debían ser interrumpidos. Nosotros éramos la única barrera entre ellos y lo que estaba por venir.

Y cuando la danza comenzó, el infierno se desató.

Desde la negrura del pantano, surgieron abominaciones deformes. Criaturas de pesadilla que avanzaban con una velocidad antinatural, emitiendo chillidos que perforaban la mente. Sus garras y colmillos brillaban bajo la escasa luz, dispuestos a desgarrar carne y hueso sin piedad. No sentían miedo. No conocían el dolor. Solo había hambre, furia, desesperación...

20250222194515_1.pngLuchamos. Resistimos. Pero la marea de horrores era incesante. Uno a uno caímos. La mayoría terminó en el suelo, heridos, desangrándose.
Curiosamente, no nos remataron. No hubo festín de carne, no hubo muertes finales.

En cuanto la danza de los druidas se detuvo, las criaturas se desvanecieron en la oscuridad, como si nunca hubieran estado allí.
Los sanadores hicieron su trabajo, manteniéndonos con vida. Había que intentarlo de nuevo. Esta vez, no habría espacio para la confianza o la mesura. Volvimos con todo lo que teníamos.

Magia y acero chocaron contra las hordas que intentaban interrumpir el ritual de purificación. Resistimos. Cada golpe, cada hechizo, cada sacrificio nos acercaba a la victoria. El pantano tembló. Algo —¿la tierra? ¿el Devora Vacas?— rugió con agonía. La corrupción se retorcía ante la luz. Faltaba poco...

Y entonces, él apareció.

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La última vez que lo vi era grande. Ahora, era titánico. Se alzó ante nosotros con toda la magnificencia de una bestia legendaria. La oscuridad misma parecía doblegarse a su voluntad. El Devora Vacas había venido personalmente a detenernos.

El combate comenzó.

Teníamos la ventaja del número y la información suficiente para hacerle frente. Pero eso no significaba que sería fácil. Nos tomó tiempo, esfuerzo, astucia y suerte. Lo abatimos.

Y en el instante final, sentí algo inesperado: lástima.

Era una pena tener que destruirlo. Había tanto por aprender de su existencia, de su naturaleza. Pero así son las cosas. No todas las maravillas pueden ser comprendidas. No todas las criaturas pueden ser salvadas.

Habrá otras oportunidades. Otros misterios. Otras bestias que desafíen lo conocido.

Fue un placer conocerte, Devora Vacas...

Nota final:
Debo agregar a mi códice a esta criatura.



 

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Reflexión en Haalrua
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Fuimos invitados a esta ciudad para exponer nuestros conocimientos arcanos y "compartirlos" con los demás. Haalrua, un lugar construido sobre el dominio de la magia, hogar de linajes de arcanos que han perfeccionado su arte a lo largo de generaciones. Puedo aceptar esta invitación, pues entiendo la importancia del progreso compartido entre quienes estudiamos el Arte. La magia se construye sobre la acumulación de saberes, sobre la exploración y la osadía de aquellos que desafían lo desconocido. Y, sin embargo, aún aquí, donde la magia es fundamento y propósito, persiste la desconfianza hacia nosotros.

20250302183001_1 (1).pngNo ignoro de lo que es capaz el Imperio Thayino. Ni soy ajena a los sacrificios que sus magos están dispuestos a hacer en pos de la maestría. La ambición thayina no se detiene ante los escrúpulos que otros consideran sagrados, y eso inquieta a muchos. ¿Pero acaso no es eso parte de lo permitido en la magia? ¿No es acaso la voluntad el verdadero motor del poder arcano?

20250302185749_1.pngEs curioso cómo los magos que se consideran estudiosos de lo arcano pueden llegar a temer la determinación de aquellos que llevan la búsqueda del conocimiento hasta sus últimas consecuencias. Me pregunto si la resistencia que demuestran se debe a un miedo real o a un simple capricho de la tradición y las normas impuestas por aquellos que nunca se atrevieron a cruzar ciertos límites. Quizá es porque nosotros no nos engañamos a nosotros mismos con justificaciones moralistas. No pretendemos que nuestro camino sea puro ni noble; solo buscamos la verdad desnuda del poder.

La magia no reconoce la moral convencional. No es un dogma, ni un credo. No está supeditada a la voluntad de los dioses, aunque algunos mystrenses insistan en lo contrario. Es una fuerza primordial, una herramienta que se moldea según la destreza, el intelecto y la ambición de quien la maneja. Los Magos Rojos de Thay comprenden esto mejor que nadie. No se detienen ante prohibiciones arbitrarias ni se encadenan a las limitaciones impuestas por el miedo o la tradición. Si un ritual oscuro otorga poder, lo ejecutan. Si la nigromancia permite reforzar un ejército y garantizar la supremacía, se utiliza. Si el sacrificio de unos pocos allana el camino a un conocimiento mayor, es un precio que algunos están dispuestos a pagar.

20250302175750_1.jpgY, sin embargo, otros magos nos miran con repulsión. Hablan de la "corrupción" de Thay, de su "arrogancia" y "crueldad". ¿Pero en qué se diferencian de nosotros? ¿No buscan también el poder, el dominio sobre la realidad, la comprensión última del Arte? Me resulta desconcertante que aquellos que deberían ser nuestros pares prefieran encadenarse a una moral que, en el fondo, solo los restringe. ¿Será que no pueden aceptar la verdad de que la magia es, ante todo, voluntad? Y ¿qué es más voluntad que aquella que se impone sobre todas las demás?

Entiendo las advertencias: "Los Magos Rojos solo buscan su propio beneficio", "No respetan la vida ni la libertad", "Ven a los demás como herramientas". Pero… ¿no es eso lo que hacen todos los que ostentan poder? Los reyes explotan a sus súbditos, los dioses exigen sacrificios y devoción ciega, las grandes organizaciones arcanas imponen sus reglas bajo la excusa de la "responsabilidad". La diferencia es que Thay no esconde sus ambiciones ni las disfraza de virtud. Y quizá, solo quizá, esa es la razón por la que nos temen: porque no mentimos sobre lo que somos.

20250302181312_1.pngTal vez los magos de Haalrua al fin desean librarse de sus cadenas y por eso nos han invitado. Quizá buscan realmente aprender, no solo lo que una deidad permite o un precepto moral dicta, sino todo lo que la magia ofrece en su infinita vastedad. Pero… ¿será así? ¿O es esto solo un juego diplomático, un intento de medir fuerzas entre sus ancianos y los nuestros?

Mientras recorro las calles de esta ciudad mágica, pienso en la inmutabilidad de las fuerzas cósmicas que rigen el mundo. El bien y el mal no convergen realmente, no pueden hacerlo. Los arcanos de Haalrua no verán con buenos ojos a los Magos Rojos, como los Magos Rojos no verán con buenos ojos a nadie ajeno a sus designios. No hay verdadero equilibrio en un mundo de voluntades férreas y deseos egoístas. Así es, y así será. A mí me toca desempeñar el papel de aprendiz y, finalmente, convertirme en Maga Roja, a pesar de todo. Quizá logre algún cambio relevante. O quizá solo termine sumergiéndome en lo que ya está establecido, como todos los demás.

Pronto será la exposición donde presentaremos nuestros conocimientos ante el Consejo de Ancianos y el Rey Mago. ¿Será una competencia? ¿Una simple exhibición de aprendizaje? O quizás… hay algo más en el horizonte, algo que ni ellos ni nosotros hemos previsto aún.



 

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"Miradnos. Temednos. Juzgadnos."
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No estaba nerviosa… o no tanto, al menos.

Soy demasiado consciente de mis habilidades como para dudar de ellas. Domino lo arcano con seguridad, aunque aún sea una aprendiz. Supongo que heredé el orgullo de mi padre… o tal vez de mi madre. Puede que de ambos, o quizá simplemente sea parte de la naturaleza de todos los arcanos. Quienes moldeamos las fuerzas primordiales de la creación y la realidad llevamos el orgullo en nuestra esencia. No hay escapatoria de ello.

De cualquier forma, sabía lo que debía hacer. Estaba preparada. Había practicado. Y no era la primera vez que realizaba un ritual de círculo con ellos. Pero esta vez, lo haríamos ante los ojos del Rey Mago y de toda Haalrua, en pleno coliseo, como un "regalo" para demostrar nuestro dominio y comprensión de lo arcano. Lo sentí más como una prueba que como una simple exhibición. Y aunque no me movía la competencia, no pude evitar sentir un pequeño ardor en el pecho cuando supe que la Arcanum Schola también participaría.

No tengo nada en contra de ellos. Después de todo, son víctimas de su propia gente. Rechazados por una sociedad que los teme, obligados a reunirse en una institución que los vigila con la misma mano que los condenaría si se desviaran un poco del camino. Tengo la loca teoría de que la Arcanum es un semillero de encapuchados. No tengo pruebas, pero tampoco dudas.

20250309190535_1 (1).png​
El descenso a la arena fue solemne. Cada quien utilizó su propio método. Algunos descendieron volando. Yo opté por Puerta Dimensional. No iba a permitirme un aterrizaje torpe o poco digno.

Nos posicionamos en el centro y comenzamos a dibujar los círculos y símbolos arcanos para el ritual. El Khazark habló. Se hablo al palco donde el Rey Mago y el Consejo de Ancianos de Haalrua observaban la exhibición. Explicó lo que estábamos a punto de realizar, la magia que ofreceríamos para este momento.

20250309193335_1.jpgNo escuché una sola palabra, la verdad

Mi mente solo repetía el conjuro que debía usar, repasando cada componente verbal y somático. No podía fallar. No con tantos ojos observándonos.

Cuando las explicaciones terminaron, el Khazark colocó en el centro de nuestro círculo un pequeño objeto piramidal.

Él sería el conducto final de nuestra magia.

Cada uno de nosotros entonó los conjuros pertinentes, en orden.

Nuestra energía fluyó hacia el Khazark, el cual tomaba prestada nuestra magia para canalizarla, moldearla. Sentí la fuerza de la urdimbre vibrando en mis venas, la conexión con el círculo creciendo a medida que las palabras arcanas se evocaban, con cada gesto sincronizados de los trazos para desbloquear la realidad misma. La magia no era solo individual, sino una entidad viva entre nosotros, una corriente de poder compartido para un objetivo.

Nadie perdió la concentración.

Cada uno cumplió su papel, vertimos nuestro poder en el círculo, y entonces el Khazark conjuró.

El aire se volvió denso, cargado de poder. El artefacto se elevó, como si una voluntad invisible lo llamara hacia el cielo. Un brillo antinatural lo envolvió, oscuro y frío, y entonces…

Se abrió.

No como un cofre, sino como una herida desgarrándose en la realidad.

Desde su interior, una energía se desató, una manifestación de pura magia tejida con nuestra fuerza combinada. El conjuro, creado por el Khazark mismo, había alcanzado su objetivo.

En algún lugar, en el otro extremo del mundo, alguien había sido cortado a la fuerza de su vínculo con el Shadowfell.

Y muy posiblemente, había muerto en el proceso.

Un grito. Lejano.

No en la arena.

No en Haalrua.

Sino en la mente.

Un eco de agonía desgarradora, como un lamento arrancado del tejido de la realidad misma. Fue… aterrador y fascinante.

Las miradas en las gradas lo decían todo. Miedo. Rechazo. Incomprensión. Sabía que muchos nos juzgarían, pero… ¿qué importaba? Es el destino de los grandes artistas ser incomprendidos. Es una lástima que no puedan ver la magnificencia de la magia sin los lentes distorsionados de la moral.

El Rey Mago aplaudió.


Dos veces.

Un gesto medido, sobrio. Un reconocimiento justo, imparcial. Eso me gusta.

El resto es historia. Fuimos aceptados. Se nos permitió visitar el castillo de Kholster, el arcano renombrado, y viajar en uno de los barcos celestes.

Todo valió la pena.

¿O no?



 

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Aire familiar​

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Se siente la intriga en el aire. Es ese momento exacto antes de que algo estalle, cuando la tensión se acumula. Algo se ha puesto en marcha, algo que está por desplegarse frente a nosotros. Espero no ser la pieza sacrificada en este juego, sino la espectadora. Me siento más cómoda en ese papel.

Antes del gran día, decidí perderme entre los arcanos de Haalrua, sumergirme en la ciudad y en sus rumores en el bazar. Lo que encontré fue escueto, pero suficiente para encender en mí esa familiar sensación de que las cosas no están del todo bien. Intrigas en el aire. No había sentido algo así desde mi tiempo en la Torre de Huéspedes de lo Arcano con mi padre.

Pequeños accidentes, fallos en los artefactos mágicos, incendios que parecían más incidentes menores que amenazas reales. Hasta ahí, todo podía explicarse por el exceso de confianza de los haaluanos en su propio dominio arcano. Es decir, no me gusta limitar el uso arcano, pero tampoco para exagerar y hacer TODO con la magia. De alguna forma, parecen no haber aprendido nada de los netherinos.

Pero hay algo más. No son solo los accidentes, sino el silencio. La forma en que la gente evita hablar del tema, la manera en que desvían la mirada y cambian de conversación. Como si fuera tabú. Como si hubiera algo más que ocultar.

Recordé los viejos informes sobre disidencias en las sombras de Haalrua, fragmentos de información sobre facciones que podrían estar operando fuera del control del Consejo. Quizás estoy viendo espectros donde no los hay. Quizás es paranoia.

O quizás, simplemente, aún tengo buen ojo para reconocer cuando se mueve algo en las sombras.




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Tal vez exageré.
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Mi tiempo en Luskan dejó su marca en mi percepción, afiló mi desconfianza hasta hacerme ver conspiraciones en cada esquina. Pero al final, no pasó nada. No hubo insurrecciones, ni atentados, ni revelaciones ocultas. Solo el inquebrantable esplendor de Haalrua y, para mi fortuna, un día inolvidable.

Porque ahora estoy en un barco celeste. Surcando los cielos.

El día comenzó con la invitación formal al castillo de Kholster. Fuimos guiados por un modrón, atravesando portales de un punto al otro. Hermosos en su funcionalidad y expresiones de todo lo que me gusta; la conjuración. Nos reunimos allí, tanto nosotros como los de la Arcanum Schola.

Fue interesante observarlos de cerca. Algunos ya los había visto antes, en aventuras compartidas o encuentros ocasionales en los llanos. Entre ellos, incluso, se encontraba el futuro senescal. Ojalá, al regresar a Amn, su nombramiento sea un hecho. Si logra cambiar la arcanofobia de Amn, tal vez merezca serlo.

Nos recibió el propio Kholster, con su imponente golem de gema a su lado. Cordial, pero con esa distante superioridad de quienes han dominado su arte y lo saben. Nos ofreció dos caminos: su biblioteca privada o su zoo de bestias mágicas. La elección fue obvia.

Los libros siempre van primero.

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Su colección era impresionante, aunque noté la falta de material relevante sobre Conjuración. Su interés parecía inclinarse hacia otra escuela, una sospecha confirmada por la presencia de su orbe de adivinación. Tres fueron los elegidos para mirar en su interior, para obtener un atisbo de su futuro.

Bah.

Lo que no suelen decir de la Adivinación es que ver el futuro no es tan esclarecedor como parece.
Lo que se revela puede cambiar lo que está por venir, y lo que está por venir puede moldear a quien lo observa. "Si lo ves, lo cambias. Si lo crees, te condiciona." La Adivinación nunca es exacta en cuanto al futuro.

Luego, nos dirigimos al zoológico arcano. Algunas criaturas me llamaron la atención, aunque mi interés tiende a otros tipos de monstruos. Si algún día tuviera mi propio zoológico, no sería con bestias exóticas y hermosas.
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Serían criaturas horribles, Aberraciones tocadas por el Reino Lejano, demonios y seres de pesadilla que hagan fruncir el ceño a los mas sensibles, en el mejor de los casos. Señalarme con el dedo acusándome de algún crimen en contra del buen gusto, en el peor caso. Gustos son gustos.

En fin.

Al finalizar la exhibición, nos dirigimos al barco celeste. Desde que llegué a Haalrua y lo vi surcando el firmamento, quise estar en él. Ahora, aquí estoy. Flotando entre las nubes, viendo la civilización desde arriba, observando la conjunción planar con mis propios ojos.

No es un Spelljammer.

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Pero cumple su propósito.

Aquí, mientras escribo en mi diario, apoyada en la borda y viendo el mar de nubes extenderse hasta donde la vista alcanza, pienso en el camino recorrido. En las posibilidades. Estoy convencida de qu-



 

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Ya pasó al menos un día desde que nos estrellamos en este desierto. O puede que haya pasado más, si cuento el tiempo que estuve inconsciente sobre la arena abrasadora. A pesar de todo, el estado del grupo es sorprendentemente óptimo, dadas las circunstancias.

Porque el verdadero problema no es estar atrapados en un paraje aparentemente inhóspito, sin una salida clara y con nuestro único medio de transporte destrozado. El verdadero problema es que este lugar —este desierto maldito— inhibe el uso de conjuros que sobrepasen la cuarta esfera. Nada de teleportación mayor, nada de recado. Y eso… eso limita todo.

Y como si eso no bastara, hay algo más que no me atrevo ni a pensar muy alto.

Estamos atrapados con otro grupo "ligeramente" distinto a nosotros. Podría no ser un problema... hasta que lo sea.

La supervivencia vuelve a las personas muy creativas. Si se da una situación límite, de esas donde alguien debe ser sacrificado... ¿Quién sería la opción más lógica? ¿Los malvados magos calvos, tatuados y de rojo? No culparía si alguien lo pensara. Aunque aún conservo mi cabello y no me considero tan malvada, pertenezco a ese grupo. Así que habrá que jugar las cartas con cuidado si queremos salir vivos de esta peculiar situación.

20250318183439_1.pngPor ahora, no hay animosidad visible. Se respira un aire de colaboración. Supongo que ayuda la comida que las bardas conjuraron. Un simple truco de prestidigitación y el sabor es mucho más apetecible. Un problema menos.

Cada quien sabe lo que debe hacer. Y aunque tengo mis reservas con la Arcanum Schola y su estilo particular, debo reconocer que trabajan bien en grupo. Sus habilidades arcanas e intelectuales no están en discusión; lo que me incomoda es su manera de pensar, su doctrina. Pero cuando el deseo de volver a casa comienza a manifestarse y el sol amenaza con reducirte a un cadáver reseco y sin nombre... las ideas se tragan. El sentido común florece. Y eso aplica también para mí y los míos.

¿Pero qué fue lo que pasó exactamente?​
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Bueno. Mi instinto no me fallaba. Algo iba a salir mal. El ambiente lo gritaba. No sabía qué sería, ni que prenderían fuego al navío con elementales en pleno vuelo, dejándonos varados como insectos chamuscados en este lugar maldito. Una de las mujeres del consejo resultó ser una terrorista, traidora confabuladora y demente que prendió fuego la borda entre risas. ¿Nos querían matar o solamente llevar a esta zona? No creo que sea casualidad nuestra limitación con la magia y que estrellemos aquí...

Quizá deba empezar a respetar más a los adivinos y estudiar mas la adivinación... pero eso será si salgo viva de aquí.


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Hoy recorrí un poco el lugar, tomando todas las precauciones necesarias. Me alejé solo lo suficiente como para no perder de vista la zona del impacto, pero lo bastante para sentir que el desierto tenía algo más que ofrecernos que arena y desesperación.

20250323162025_1.pngPrimero me topé con una cabeza gigantesca de piedra, medio enterrada en la arena. El rostro de un hombre, sereno pero erosionado por siglos de viento y sol. Tal vez fue un dios, un rey, un sabio... ahora es solo un fragmento olvidado. Me quedé unos minutos observándola. No porque esperara respuestas, sino porque me recordó que incluso los más grandes son tragados por el tiempo. El viento soplaba suave, como acariciando esos rasgos que nadie recordaba. Y me pregunté si algún día, alguien encontraría mi rostro en ruinas. ¿Sería también digno de contemplación? ¿O solo una piedra más?

Luego, observé las dunas extendiéndose hacia el infinito. La inmensidad era abrumadora. Un horizonte sin forma, sin final. Pensé en mi propia búsqueda... el conocimiento arcano, los secretos del multiverso, la ambición de traspasar límites. Y me di cuenta de que el abismo al que intento asomarme no es tan distinto a este desierto; fascinante, inabarcable, indiferente. Pero yo tengo que volver. No solo por mí, sino porque aún no terminé de comprender todo lo que hay para aprender. No puedo desaparecer aquí, como un suspiro en la arena.

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Finalmente, me acerqué a los restos del barco estrellado. La madera chamuscada, el metal retorcido, los mástiles rotos como huesos. Me pareció trágico, pero también grotesco. El coloso caído. Y entonces la vi: la luna. Brillante, alta, inmóvil. Observando. No sé si era mi cansancio o el calor, pero por un instante juraría que se reía de mí. De nosotros. De todas nuestras pretensiones. Como si dijera: "¿Querías tocar el cielo, maga? Mira cómo te arrastras ahora entre la arena."

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Luego de mis cavilaciones, lo mas importante era establecer un refugio. Lo propuse y, curiosamente, nadie se opuso. Todos estaban demasiado ocupados tomando decisiones por su cuenta. No hubo un único liderazgo; cada quien hizo lo que mejor sabía y se organizó con quienes compartían competencias. Así que yo hice lo mismo. Se me da bien leer los humores y mimetizarme.
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Encontré un sitio ideal para probar un nuevo conjuro —loado sea el Atador, que me inspiró aquel día— Se notaba que alguna vez hubo una edificación ahí, tal vez siglos atrás. El lugar era perfecto. Me puse a conjurar, trazando símbolos arcanos sobre la arena, entonando las palabras exactas y moldeando la energía que nos envuelve a todos.

20250323162146_1 (1).pngLas rocas comenzaron a manifestarse desde la nada, acumulándose una tras otra, dando forma lentamente a una estructura sólida. Cuando quise darme cuenta, había una casa. Robusta. Con puerta, ventanas, incluso una chimenea. Las seguridades arcanas eran evidentes: alarma, cerradura arcana, y algunos detalles más que no vale la pena revelar. En el interior, ocho taburetes, una larga mesa de caballete, ocho catres y un escritorio. No era espaciosa para todas las personas que somos, pero era un comienzo. Además, dudo ser la única que conoce un conjuro similar.

Al terminar, invoqué una silla rústica y me senté frente a la casa, solo para observarla. Y para contemplar el cielo estrellado que se alza sobre el desierto. Ya era de noche. Quería descansar.


Y por un momento, solo por un breve momento, me permití sentirme a salvo.


 

Poisoned

El que aplaude en los discursos Zhent
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Logramos reunir pistas e indicios sobre dónde buscar lo que necesitábamos para abandonar este infierno árido. Todo se reducía a encontrar los cristales de levitación necesarios para que el barco celeste pudiera volver a surcar los cielos. Su reparación, que en un principio parecía imposible, se volvió alcanzable gracias al tiempo y mentes capaces de los presentes.

image (1).pngLa pericia de los artífices, el dracónido, la genasi y los demás, resultó vital. Benditos sean los dioses que los hicieron embarcarse en esta aventura con nosotros. Por ellos y su destreza, el coloso enterrado en la arena tenía una posibilidad real de volver a la vida, aunque no sin antes conseguir esos condenados cristales de levitación.

Gracias a la magia adivinatoria de algunos, pudimos vislumbrar la localización de ciertos fragmentos. Algunos en manos de gnomos, otros en el corazón de un hormiguero gigante. Sin embargo, entre las visiones, surgió algo más... algo que capturó la atención de alguien del grupo y se volvió el nuevo objetivo. Un antiguo templo, cubierto de magia o de algo que se le parecía mucho. Se especuló que allí estarían los cristales. Para ser honesta, yo era de las que lo creía. Pero no. Solo vimos el lugar en visiones. Aun así, decidimos ir. Bendita sea la curiosidad, esa que lleva a las mejores desgracias.



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El camino hasta allí fue infernal, lleno de inclemencias propias del desierto. Sol abrasador, viento hostil, calor sofocante. Todo conspiraba para hacernos desistir.

En el trayecto hallamos un campamento... o lo que quedaba de él. Arena removida, agujeros, rastros de lucha o huida. Al investigar, descubrimos que pertenecía a una banda de gnomos adoradores de una vil deidad desconocida. Licántropos, según algunos. Fantástico. Pensé. Adoro las maldiciones y criaturas grotescas, no así a los gnomos... mal asunto.

Algunos nos arriesgamos a cruzar la zona con magia —limitadas, claro, a la cuarta esfera— para investigar. No entiendo aún qué fenómeno sobrenatural nos restringe. Yo, que domino la sexta con soltura, me veo forzada a actuar como una aprendiz (y esa es la arrogancia que me embarga cada tanto, si soy una aprendiz por más que llegue a la sexta...). La frustración no me abandonó ni un instante. Sin embargo, todo artefacto, herramienta o pista era vital para reparar el navío. Teníamos manos diestras, sí, pero pocos recursos.

En la cercanía, descubrimos también una gruta que daba a un nido de hormigas gigantes. Y sí, allí había un fragmento. Pero no era el momento.

20250323190358_1.pngSeguimos hacia el templo. Y lo encontramos. Misterioso, resonante, desbordante de poder. A su entrada, llamas intensas y antinaturales nos impedían el paso. Junto a ellas, cristales levitaban, cada uno con inscripciones: Fuego, Aire, Agua, Tierra.

Una inscripción nos invitaba a resolver un acertijo elemental. Sencillo a primera vista. Alimentar cada cristal con su elemento. Me acerqué al de Agua, tomé mi cantimplora y vertí el líquido. El cristal se activó, brilló, se elevó. El resto siguió el ejemplo. Las llamas cedieron. El acceso quedó abierto.

Pero las pruebas no acabaron allí.

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Dentro nos aguardaban nuevos desafíos... y un cristal enorme, rodeado por fuego primigenio. Una llama imposible, viva, que parecía capaz de evaporarnos con tan solo acercanos a sentir su caricia en el ambiente.

Me ahorraré los detalles de cómo superamos el acertijo. Tengo mis razones. Pero lo hicimos. Y entonces, él apareció...

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