Luego la gente se extrañaba de la pésima vista de la Iluskana; habñia vuelto una última vez al templo de Oghma. El escriba Boris la saludó como se saluda a una vieja conocida, aunque la joven apenas rondaba las veintitrés primaveras. Liliana le pidió permiso para ir al mismo rincón que había estado usando en las últimas fechas.
Sobre la mesa de trabajo extendió un mapa de una zona concreta, donde había diversas anotaciones sobre la naturaleza orográfica de la zona, así como apuntes de las circunstancias que se habían estado dando en éstas. Dejo escapar un largo suspiro y sacó un cuaderno donde había estado tomando notas, recogiendo información, buscando cada hilo ínfimo del que poder tirar, tan en el pasado como le fuese posible, para seguir éste hasta los tiempos presentes. Quizás el hilo permitiese tejer el tapiz y rellenar los huecos de todo aquello que aún quedaba por descubrir.
Si las sospechas eran ciertas, todo lo que había pasado hasta el momento palidecería con lo que estaba por llegar, poniendo en peligro mismo este plano de existencia, o al menos, Amn en su totalidad. Era imperioso poder levantar el velo pesado que descansaba sobre todo aquello que parecía escapar como pesada niebla de entre los dedos, sin poder llegar a aferrarla de manera tangible. Muchas eran las ideas, apuntaban en una dirección y en esa dirección encontrarían el lugar. El vacío que deja el pasado sobre la tierra es como el rumor de una leyenda en el recuerdo popular, no se puede borrar, permanece, sólo hay que verlo.
Quizás, y sólo quizás, en esta ocasión, las leyendas, los rumores, aquello olvidado, no sólo se encontrara en los escritos, si no a la vista de los ojos que supiesen qué buscar.