Para tal vez sorpresa de muchos , caballeros de la Luna y y heraldos con el emblema de las siete estrellas recorrieron las calles de las ciudades Amnianas, proclamando a viva voz, o repartiendo carteles por los rincones del territorio Amniano que cubría , o previo retiro, el anterior edicto aquí promulgado por la Alta Sacerdotisa Sariel Shade.
Este rezaba lo siguiente:
Edicto Oficial de la Iglesia de Selûne por el Concilio de las Siete Estrellas
En tiempos de guerra, la sangre derramada profana los campos que en otro tiempo crecieron fértiles e inmaculados. El dolor no es solo físico, el acero tiene la propiedad de cortar la carne pero también de dañar el espíritu. Es este un dolor más insidioso, más terrible, que infecta no solo a aquellos que luchan si no a todos los que de una u otra manera se ven afectados por el conflicto.
Este maladí hace presa de las almas de los nobles y los gentiles por igual y nos acerca a las sombras en cuyo reino no se puede hallar verdad o justicia alguna. Estos sentimientos, enseña la Madre Plateada, han de ser rechazados desde la más humilde de las gentilezas, pues cualquier otra intención, por bien intencionada que pueda parecer, sufre el riesgo de haberse visto profanada por estas sombras, haciéndonos causar más mal que el bien que originalmente buscamos.
El conflicto que azota Amn es uno complejo: Las hordas orcas invaden a hombres, al Pueblo, a medianos y a robustos por igual. En sus gritos de guerra hay proclamas de territorios ancestrales ocupados por los suyos. Como la Dama de la Luna nos enseña, si bien pueda haber legitimidad en estos gritos, las sombras que los rodean, el dolor y la furia causada por el Tuerto, Padre de los Orcos, hacen que toda nobleza que pudiese haber en sus reclamaciones desaparezca bajo una marea de violencia y dolor.
Estos conflictos llevan a los más nobles a caer en el barro, embadurnados en sangre, y nadie, ni el más puro, escapa de un conflicto así sin dejar parte de si en el campo de batalla. Por ello, es tan importante la contemplación y la reflexión, el abandono de los egos, y la paciencia, pues estas son las únicas maneras de alcanzar la redención.
La Iglesia de Selûne otorga libertad de acción a los hijos e hijas que bajo ella actúan en el bien. Creemos en que las restricciones y jerarquías estrictas no hacen si no volvernos inmóviles ante las amenazas del mal, y sobre todo, a la hora de asistir a aquellos que más sufren por sus acciones insidiosas.
Y sin embargo en esta libertad hay una aceptación de que la sabiduría de los que han venido antes es digna de ser escuchada, no por tradición o anquilosada autoridad si no porque los desafíos que ahora ocurren seguro ya han sido afrontados por aquellos que vivieron y lucharon en el pasado.
Los poderes de la Iglesia han de ser usados con sabiduría y templanza: Hablar por la Iglesia es hablar por los miles de miembros que luchan bajo su estandarte y solo aquellas dotadas de la máxima bendición de la Diosa y de sus semejantes pueden realizar tales actos.
Es por ello este edicto uno que deja claro que la Iglesia de Selûne
no tiene enemigo alguno con ningún miembro del Pueblo Elfo, especialmente aquellos que combaten por la defensa de los suyos frente a una amenaza tan temible como la de las hordas orcas.
La Iglesia de Selûne siempre ha sido aliada del Pueblo Elfo, y amiga de los suyos, y seguirá siendolo, apoyándoles en tanto a que estos consideren que requieren de nuestro auxilio,
siempre respetando que como principales participantes, y sobre todo, víctimas de este conflicto, es su voz la que tiene más peso.
Que en estos tiempos de guerra, la búsqueda de la paz sea el fin último de todos los que consideran tienen corazones buenos y justos, y no la búsqueda de la razón, pues el ego es el mayor enemigo de la justicia.
Así habla el Concilio de las Siete Estrellas
Si alguien, confuso, pregunta a emisarios, heraldos o caballeros de la Iglesia de Selûne, estos serían crípticos en porqué se ha realizado un edicto tan veloz que ha , al parecer, deslegitimizado el previo.
Por su parte, la
Alta Sacerdotisa Sariel Shade sabria que ha sido llamada por a la capital amniana, Athkatla, para presentarse ante las máximas autoridades de la Iglesia de Selûne en el reino amniano.