Fynold Perkins, el caballero del ganso dorado, el deslustrado Campeón del Alba, reserva espiritual de la antiquísima Orden de los Siete Juramentos, y otros tantos importantísimos títulos inalienables de su persona que ahora mismo no me acuerdo, quien volvía tras una de sus famosas misiones de búsqueda para recuperar, a la mayor gloria de la caballería, los ingredientes necesarios para la elaboración del legendario bálsamo de brazofiero, volvió a la muy honorable Casa Galdrim para ponerse al día con los despachos y porque no decirlo, para colmar su vieja hatillera con las excelentes viandas de la casa comercial a la que había jurado su protección en solemne ceremonia. -
¡Por todo lo que reluce y da calor! - Exclamó sorprendido al ver un despacho sobre el escritorio del elfo Erven Nailo, relativo al tema de la amenaza del dragón verde. -
¡Pero qué invento es este! – Dijo apuntando con el dedo índice por encima de su cabeza. -
¡Un llamado a la caballería que el holgazán de mi escudero ha vuelto a traspapelar!- Leyó el pergamino en diagonal por la urgencia, y plasmando su firma al pie del documento acompañada de un simpático dibujito de un ganso rampante, junto a una breve anotación de “Recibí”.
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¡Que sí, tío!–el mozo de cuadras le jura al otro de bodegas, besándose el pulgar.-
El viejo ese vestido de payaso con la armadura que se le cae a pedazos, me dice que le prepare su caballo, la yegua pocha esa amarilla que tiene, amarilla a saber de qué enfermedad, me dice "su escudero" así como con un palo metido en el culo y que que nos vamos a enfrentar con UN DRAGÓN o no sé qué cosa!