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Droblegzor Leonsbane

Xion

Niño sin padres ni hospicio
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[dropshadow=blue]Puerta de Baldur un lugar de comercio y tolerancia, donde todos “pueden” y “deben” comerciar, siendo así una espiral irresistible dela que se nutre la segunda metrópoli más grande de la Costa de la Espada. En sus murallas se ve todo tipo de gentío desde medianos a semiorcos, pasando por humanos, elfos, enanos… ¿Eh? ¿Qué es eso? ¿Podéis verlo?
Por Ao que contrariedad.[/dropshadow]

El narrador acerca su cara al mapa de la Costa de la Espada, y se fija en el Puente de Boareskyr. Para luego levantar la vista y mirar hacia vosotros.

[dropshadow=darkblue]Veréis, las historias suceden de la manera más inverosímil y esta que voy a contaros comienza en un puente de mucha carga histórica. El Puente de Boareskyr, lugar donde el Dios loco Cyric mató al mismísimo Bhaal, Antiguo señor del Asesinato.[/dropshadow]

Pasa a prepararse con porte digno y aclarándose la voz para continuar.

Era de madrugada cuando la señora de Leonsbane volvía de su visita a su hermano en Candelero que estudiaba allí pilas de libros enteros a los que llamaba “tesoros”. Ella siempre había creído que todo cuanto su hermano necesitaba era un libro para ser feliz, y no se equivocaba. Siempre se preocupaba de su hermano ya que le juro a su madre que estaría al pendiente de él, aunque claro ella ya estaba casada y esperando un hijo, asi que la tarea se le hacía muy difícil.
Dado que estaba muy oscuro y estaba cayendo una tormenta no pudo verlo, fue infranqueable, un hombre encapuchado asalto el carro, haciendo que el guardia soltase las riendas y los caballos se desbocasen. Acto seguido el carro con los caballos son sorprendidos por un rayo que abre un agujero en el puente, y quizás por la mala fortuna cayeron todos al rio.

El narrador bebe algo de vino y luego aclara a los interlocutores.

[dropshadow=darkblue]¿Veis mi indignación? Supongo que a todos os habrá pasado lo mismo, un asaltante una dama inocente y una serie de situaciones que acaban en tragedia… pero mejor sigamos “viendo” lo que pasa.[/dropshadow]

El Guardia yacía con la cabeza reventada contra un pedrusco y su cadáver flotaba río abajo, mientras que el agresor fatal había desaparecido sin dejar rastro alguno. Los pobres animales luchaban por salir del rio pero inevitablemente morirían, ya que ese rio era y aun es hoy un pozo de muerte. En la orilla del rio se ven los restos del malogrado carro, antes funcional y magnifico, ahora tan ruinoso y poco lustre como una espada rota, a sus pies una mujer lucha por su vida. Aún está en el agua y solo piensa en lo importante: Su hijo
Le dolía mucho, el incesante dolor de un niño al querer nacer, del infortunio de una tormenta y el accidente, sobretodo de tener que parir bajo un puente maldito. Con sumo dolor empujo, empujo y empujo, con aguante titánico no ceso en su empeño, escuchando así el llanto de su primogénito bañado por las aguas del rio bajo la sombra del puente de Boareskyr.



Al medio día del siguiente amanecer encontraron el cuerpo de la señora Leonsbane desangrada agarrado algo tapado con un trozo de su vestido roto. Los guardias avisaron a su marido pues era su sargento Hormek Leonsbane. El hombre al ver dicha estampa solo pudo mirar que agarraba su difunta mujer con tanto celo. Descubrió un niño de pelusilla castaña y ojos azules, su hijo.
Paso al niño a un soldado que se quedó estupefacto por la manera en la que su sargento no había demostrado emoción alguna por su infante.El Sargento Leonsbane cogió en brazos el cadáver de su mujer y lo monto con el en el caballo, no dando ninguna orden para con el niño.

-Señor… ¿Qué hacemos con su hijo?-El joven soldado todavía intentaba hacerlo atender a razones. Pero igualmente Hormek partio hacia Puerta de Baldur.
-Bueno pequeñin.-le decía el soldado al hijo de su sargento.-Tu padre es un buen hombre seguro se ocupara de ti como hace con su querida ciudad.

El soldado emprendió camino a la ciudad dejando a la abuela paterna su nieto, y dándole la mala noticia de la muerte de su nuera.
Aquellos días se tornaron de luto para la casa de los Leonsbane.

El narrador se lleva los dedos a los ojos y con estos cerrados se masajea la vista.

[dropshadow=darkblue]Creo que por hoy podemos dejarlo, y así podamos continuar más tarde. Si queréis una opinión personal las historias que merecen la pena no son aquellas que comienzan bien, ni tampoco las que acaban mal, pero ya sabéis las historias se forjan como es costumbre… con acciones y decisiones sean buenas o malas. Bueno querido público, este viejo necesita descansar, os citare pronto, no lo dudéis por un segundo, hasta mas ver.[/dropshadow]
 

Xion

Niño sin padres ni hospicio
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[dropshadow=blue]¡Hola de nuevo queridos niños! ¿Cómo habéis estado? ¿De veras?
Está bien, está bien… ¿Así que queréis saber que fue de aquel niño?[/dropshadow]

El viejo narrador coge sus gafas, y un viejo tomo escrito a mano.

[dropshadow=blue]Bien, saltémonos la parte aburrida niños, vayamos a la época en la que el niño ya podía caminar.[/dropshadow]

Pasa unas hojas y con gesto de explorador complacido busca el párrafo perfecto. Y comienza a leer en voz alta.

El chico más revoltoso de Baldur, aunque muy educado solía meterse en líos por su mal genio y su osadía. Respondía al nombre de Droblegzor Leonsbane, hijo natural del sargento de la guardia del puño llameante Hormek Leonsbane, experimentado maestro de armas con más de veinte años en servicio activo.
El problema de disciplina del chico venía a raíz del trato con su padre el cual dejaba a Droblegzor siempre solo con su abuela, incluso en ocasiones en Candelero cuando su tío materno que lo llevaba a aprender élfico, cosa que nunca consiguió.
La vida del chico transcurrió muy agitadamente, si no se metía en líos en las alcantarillas salvando a niños menores que él, robaba alimentos para gente sin techo que de verdad se moría de hambre. Más de una vez fue metido en una celda de mano del propio Hormek Leonsbane que llego a repudiarlo en varias ocasiones, debido al caótico primogénito que la Triada le había concedido, y se vio forzado a meterlo en cintura el mismo.

Durante los siguientes cuatro años entreno a su hijo en el manejo de la espada, y vio que tenía ciertas aptitudes naturales para el combate, como el mismo cuando era nada mas que un joven recluta.

El narrador levanta la vista para ver a los niños agazapados y muy concentrados. Prosigue con la lectura, muy orgulloso de su joven público.

A la edad de quince años Droblegzor era capaz de medirse con los reclutas del puño llameante, incluso una vez se enfrentó a un soldado experimentado, en donde el combate quedo a favor del veterano aunque no sin esfuerzo, ya que el joven Droblegzor demostró arrojo y tesón en el uso de la espada bastarda. Quizás todo ello se lo debía a su padre pero Droblegzor nunca llegaría a pensar tal cosa, pues los dos nunca se habían llevado bien ni en los entrenamientos.

Un día como tantos otros en Puerta de Baldur el osado Droblegzor buscaba trabajo como si fuera un mercenario, estilo de vida “heredado” de su entrenamiento en el puño llameante. Ciertamente encontró dos o tres trabajos que cumplió sin dificultad, y así poco a poco, fue ganándose un nombre entre los mercaderes locales.
Un día su padre le espeto crudamente que debía unirse al ejército del puño llameante para seguir viviendo bajo el mismo techo. Tal cosa no le importó en absoluto, acepto de buen grado, aunque, jamás sabría cuan equivocado estaría su decisión.

A la edad de 16 años Droblegzor empezó a tener pesadillas recurrentes, sueños donde se encontraba solo en una ciudad llena de gente asesinada. En dicho sueño se empeñaba en buscar supervivientes, todo ello en vano. Recorría las calles de esa misteriosa ciudad en un silencio sepulcral donde el único sonido era fuego comiéndose algunas casas y algunos cuervos que graznaban amenazantes en tono de protesta para poder devorar la carroña en la intimidad sin la presencia del joven. Obviamente el chaval no podía con la estampa tétrica que contemplaba hasta que en el mismo sueño caía agotado. Ese sueño le seguiría visitando cada poco tiempo, como un aviso inminente, como algo pendiente que le perseguiría.

El narrador ve como los niños están abrazados entre ellos debido a que el suceso les ha calado hondo en sus miedos más profundos.

[dropshadow=blue]-Tranquilos chiquillos, no temáis, a veces las personas tenemos sueños que no tienen importancia y otras veces…[/dropshadow]-El anciano se toca la barba estirando hacia abajo del tal modo que parece meditar una respuesta. [dropshadow=blue]–Otras veces hay avisos de los dioses que se contemplan como maravillas o calamidades, y eso niños no hay que ignorarlo los dioses son nuestros benefactores.[/dropshadow] –Dicho esto los niños parecen haber perdido cierto grado de miedo y dejan de agarrarse unos a otros. El anciano narrador vuelve de nuevo a buscar en otras páginas y sigue leyendo en aquel tono tranquilizador e hipnótico.

Como cada mañana Droblegzor se levantaba a hacer ejercicio físico intenso, luego comía algo y se iba a la guardia a presentarse ante su padre. Esa monotonía era la que lo tenía realmente aburrido ya que siendo tan inquieto le parecía una tortura, fuera aparte de que su padre lo mantenía todo el tiempo que podía de servicio para que no se metiera en líos. Obviamente Droblegzor lo sabía así que era por las noches cuando se escapaba por la ventana e iba a tabernas y lugares de duelo para escuchar historias y batirse en combate singular en apuestas por unas pocas monedas. Ese pequeño escape era el único momento de desahogo que tenía al día, con lo cual se conformaba como un niño pobre que le habían dado unas migajas de pan.

Un buen día su padre mientras cenaban comenzó a hablarle:

Hormek: Droblegzor… ¿Cómo van tus escapadas nocturnas?

Se quedó realmente paralizado, ya que había tenido el máximo cuidado en sus escapadas.

Droblegzor: Veras, padre yo… necesito una manera de distraerme, no es que no aprecie el postular para la guardia, pero ya sabes que soy un culo inquieto…y…

Sin dejarle terminar Hormek propina un puñetazo a la mesa haciendo temblar todos los enseres sobre ella. Luego se levantó y mirando a su hijo a los ojos le dijo:

Hormek: ¡Debiera darte vergüenza! ¡Que tú! ¡Mi hijo! ¡Ensucie mi apellido, mi honra y la de su difunta madre en sitios de mala muerte! ¡Y lo que es aún más inadmisible!
El Hombre echo un saco de reproches, señala a su primogénito con su dedo índice, con una mirada de decepción y rabia nunca antes visto hasta la fecha.

Hormek: ¡Has tratado y ayudado a la basura de esta ciudad, sin ni siquiera ver sus verdaderas intenciones!

Una vez dicho esto los guardias que siempre habían protegido el dintel de su casa entraron y se pusieron a los lados de Droblegzor.

Droblegzor: ¡¿Qué es lo que dice padre?! ¡Jamás he cometido ningún delito en contra de nadie!

En ese momento su padre le hace leer al soldado un informe.

Se hace saber qué hace dos noches un joven ha propinado una paliza en un combate clandestino al hijo de Sir Blake, que es una de las familias nobles que ha estado desde la fundación de Puerta de Baldur.
En dicha paliza los daños han sido rotura de muñeca, varias contusiones y efectos personales valorados en 3000 monedas de oro.

Droblegzor: ¡¿Cómo?!

Droblegzor sorprendido por esta acusación, empieza recordar y recuerda la apuesta en la que se ganó 200 monedas de oro contra un impresentable que no hacía más que alardear y decir que era hijo de alguien importante, a lo cual le reto amistosamente por monedas y claro está la victoria moral que eso supondría. Obviamente el primogénito Blake no se lo había tomado demasiado bien y como era de esperar su noble padre no podía dejar su apellido en entredicho.

Hormek: Llévenselo…


Sin dar previo aviso los soldados hicieron presa de Droblegzor y lo llevaron hasta los calabozos de las dependencias del Puño Llameante.

Luego frente a la hoguera rato después del suceso con su hijo Hormek meditaba mirando el danzar de las llamas, que recordaban a maestros diestros que luchaban en incesante batalla por la supremacía. Una sombra asomaba por su espalda.

Hola Hormek, ha pasado ya mucho tiempo desde que nos vimos…

Hormek sonríe amargamente y hace un gesto para que dicha sombra se siente junto al fuego de su hogar.

Hormek: Tienes razón, Eldarath, mi viejo rival. Te he hecho llamar para que te conviertas en el tutor de mi hijo en esgrima.

Esta afirmación cogió a la sombra por sorpresa y luego cabeceaba negando para sí mismo.

Eldarath: Primero me robas el amor de una mujer, luego mi honra en una exhibición de combate… ¿Ahora quieres convertirme en tu puta personal?

Todo fue dicho con ironía, pero le era permitido pues el capitán Leonsbane sabía que era cierto. Ambos soldados de honor, en el pasado rivales por el puesto de maestro de armas del puño llameante y ahora hombres de unos 37 u 38 años que se habían ganado su reputación a espada y escudo. Se leían perfectamente era rivales, así que Leonsbane desistió con una sonrisa y asintió.

Hormek: Quiero que cuides al cabrón de mi hijo… Ya que aunque es tan vital como su difunta madre en su juventud, ha sacado mis talentos y no quiero que se desvié de los preceptos del bien y el honor.

Eldarath: Maldito perro bastardo… ¿Crees que lamerle la mierda a tu hijo me van a quitar las ganas de meterte el mango de la espada por el culo?

Ambos eran hombres duros, de carácter explosivo aunque fríos en la batalla, los dos sabían que estas palabras eran simples caricias en el armazón de su alma.

Eldarath: Esta bien sucio bastardo hare lo que me pides por la memoria de tu mujer, pero que no se te olvide será Eldarath sargento del puño llameante quien moldee al mariconazo de tu hijo, ya que su padre es un lánguido viejo que se ahoga en sus meados llorando por su lastimoso cachorro.

Dicho esto el hombre vuelve a las sombras, mientras Leonsbane sigue mirando las llamas, pensando en que tal vez su hijo pueda entrar en razón.

[dropshadow=blue]El anciano mira a los niños que se han quedado dormidos, y respira aliviado porque sabe que si hubieran escuchado todos esos insultos, sus padres irían a quejarse frente a él. Acto seguido deja el tomo en un estante polvoriento y va a buscar una manta. Después de arroparlos, se va a la ventana para fumar en pipa mirando las estrellas del firmamento.[/dropshadow]
 

Light_Dead

Minsorrano sin caminos
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Me mola la historia bien currada Xion, Bhaalshito.... xD
Espero que sigas así: Xion Segador de Luz :D
 

Xion

Niño sin padres ni hospicio
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Un infante yace despierto, inquieto aunque aún somnoliento, torpe levanta de su descanso y va a explorar la casa sin despertar a sus compañeros de juego. Cuando su inocente vista recorre los recovecos de la habitación ve una sombra sentada en una butaca de madera que se mece, más una pipa que desprende figuras oníricas hechas de espumoso humo. Intrigado por la figura, el joven gorrión se aventura detrás de una estantería, para así estar cerca, dándole así una mejor perspectiva a sus curiosos ojos. Cuando reconoce quien es la figura se pone nervioso y se tropieza con la estantería cayendo unos cuantos libros desde la parte superior de la misma. [dropshadow=blue]- ¡Por las barbas de Azut! ¡Las Siete hermanas! ¡Y el pirado de Elminster! ¡¿Quién anda ahí?![/dropshadow]-. El hombre había despertado violentamente debido al susto, producto de un sueño revuelto, unos libros gruesos y un asustadizo niño que bien era torpe. El anciano al ponerse los lentes se percata del pícaro asustado y cuando mira los libros desparramados por el suelo se percata que el que está encima le parece familiar. [dropshadow=blue]-Mystra nos coja prevenidos… ¿se puede saber qué haces levantado tan tarde pillastre?-[/dropshadow] .El chico sonríe tranquilo y dice con voz bajita. [dropshadow=blue]-Señor… shhhh… despertará a los demás si habla fuerte…[/dropshadow]-El anciano no le queda más remedio que sonreír ante la picaresca del infante. - [dropshadow=blue]Esta bien pillastre, pero ahora deberías aguantar a este viejo y sus historias, ya que como veo el único inquieto por ellas has sido tu-[/dropshadow]. Con sumo esfuerzo y cuidado se levantó de la butaca recogiendo el libro que se había mantenido regio, guardando su historia como un verdadero paladín guarda su fe ante la adversidad. Acto seguido se propuso narrar en voz baja al chiquillo.

Droblegzor estaba en los calabozos del puño llameante, pensando en lo mucho que odiaba a su padre, ya que a fin de cuentas el solo había sido mal aconsejado por unos amigos “pocos fiables” a hacer esa pelea clandestina. Obviamente Droblegzor era una persona que no tenía malicia en sus actos, así como tampoco media los mismos, solo se dedicaba a hacer lo que él mismo creía poder hacer.
De golpe se abrió una puerta y dos guardias entraron, más un tercero que nunca había visto. Dicho personaje iba ataviado con una armadura muy castigada pero resistente que portaba la simbología del puño y su rango de sargento. Cuando el joven llego a cruzar mirada con este hombre ya entrados en los 40 años, quedó perplejo por el ojo blanco y su cicatriz en vertical que tenía al descubierto que le cubría desde la frente a la mandíbula. - ¡Eh, tú! ¡Cacho de excremento de Trol maricón! ¡Levántate de esa puta tabla que tienes por cama y preséntame tus respetos, vil follapinos!-. Esta manera de hablar hizo que Drob saltase a la reja como una bestia enfurecida, nunca nadie le había faltado el respeto tan directamente sin llevarse al menos un puñetazo. Justo en ese momento el sargento lo cogió de la cabellera metiendo la mano en la jaula, le hizo comerse los barrotes cinco veces seguidas para luego soltarlo, y por consiguiente cayera de espaldas doliéndose, maldiciéndose.

-Droblegzor: ¡¿Quién demonios eres?! ¡Bastardo, hijo de…!
- Sargento: ¡Yo seré el que te haga falta hasta para hacerte una paja, maldito hijo de puta!
! Soy el sargento Eldarath O’Ckain! ¡He bebido más cerveza, he follado más veces y he chafado más huevos!-. Dicho esto el hombre abre la celda el mismo y lo agarra por el cuello. -¡Estoy deseando ver qué clase de mariquita eres!-. Dicho esto el sargento de mirada dura e implacable lo arroja contra la pared, para luego darse media vuelta saliendo de aquel habitáculo que agobiaba a Droblegzor, cerrando la puerta marchándose sin mediar palabra alguna.

El niño interrumpió al narrador con cara de preocupación. [dropshadow=blue]- Señor ese hombre era muy mal hablado ¿verdad?[/dropshadow]-El narrador asiente y continúa leyendo concentrado.
El chico fue trasladado de Baldur a una fortaleza en los límites de su tierra natal y allí junto a su cruel Sargento empezó lo que sería su adiestramiento, realmente seria duro.

Cuando llegaron el cielo estaba nublado, aunque el calor bochornoso se hacía notar como una mujer insatisfecha, que bien el único consuelo era saber que había un lugar donde guarecerse y beber algo de agua o vino, privilegios solo de los guardias o los mercaderes que podían permitírselo. La fortaleza en si misma era de muros altos, de piedra firme y corte balduriense, algo que contrastaba con la tierra en la que estaban, frontera inhóspita, solitaria y sobretodo apartada de todas partes. La fortaleza en si podía albergar diez mil hombres quizás cincuenta mil si la apuraban al máximo, aunque claro ahora servía para centro de penitenciaria, donde los traidores, o detractores eran encerrados y dados a elegir entre volver con los pies por delante luchando en los frentes de alguna guerra o convertidos en soldados del puño llameante.

Los soldados bajaron de los carromatos de la caravana, mas unos cuantos presos delos cuales había dos elfos, un semiorco y nuestro amigo Droblegzor. Fueron llevados a las mazmorras puesto que en un principio tendrían que ser entrevistados de nuevo por el Sargento, ya que era exigencia de esta ley dar a elegir a los presos su “condición”. Aunque todo era muy deducible, todos aceptarían frente la opción de morir en cualquier lugar en una batalla que no les correspondía. Al ir bajando un soldado entrado en los treinta miraba a los “nuevos” y este les decía así. – Uh, carne fresca para este inhóspito lugar… y encima una mujer elfa… veras que bien lo pasaremos zorrita-. Mientras el soldado se reía Droblegzor pasaba por delante y al escuchar el comentario se lanzó a por el soldado ya que no le resulto muy digno que una chica fuera insultada de esa forma. La cosa fue simple, tan simple como un cabezazo en la boca del estómago y el soldado con años de experiencia quedo sin aire y sin conocimiento, cosa que provoco a los demás soldados apalear a Droblegzor con la parte roma de las lanzas, dejándolo también inconsciente.

Al despertar se encontraba dolorido aunque satisfecho, y miro a su alrededor. Lo primero que dedujo es que estaba en una celda, por la paja y las paredes sólidas y húmedas de piedra, lo segundo es que estaba con otro inquilino de porte felino y dorados, sin olvidar sus inolvidables orejas puntiagudas. El desconocido empezó a hablarle. -¿Estas bien?-. Su voz era la de un hombre aunque su tono era educado con cierto acento que no reconocía. –Parece ser que por defender el honor de una dama, tus congéneres te han dado la recompensas de los justos.- El elfo sonreía amargamente ya que se le veía apenado por la condición de Droblegzor. Droblegzor se incorporó, haciendo mueca de dolor pero igualmente su orgullo le impedía estar postrado en la cama. Elfo espero a que terminara de levantarse mientras tarareaba una canción de melodía pegadiza.
Droblegzor: Verdaderamente creo que ese imbécil se merecía hasta la última punzada de dolor que le provoque, no se trata así a la gente del pueblo gentil.
Con gesto incrédulo el elfo se presentó. –Soy Lorthel Lágrima Brillante-. Luego por curiosidad inicio una conversación basada en la curiosidad.
Lorthel: ¿Por qué respetas tanto a mi pueblo?

El joven humano se miraba las contusiones mientras contestaba.

Droblegzor: Bueno, no puedo justificar mi reacción como algo que tenga que ver con mi sangre o amistad, pero mi tío que es un erudito de Candelero me ilustro con parte de vuestra cultura, pero reconozco que a la hora de aprender vuestro idioma hice el holgazán.

En este comentario Droblegzor sonrió, para luego poner una cara de dolor que indicaba su punzante contusión en las costillas.

Lorthel: Interesante, pues bien, tu tío residiendo en Candelero debe de ser un hombre culto y con buen gusto. Es más agradezco a tu tío te haya ilustrado con las buenas facetas de mi pueblo así tendré quien me cubra las espadas aquí dentro. ¿Me equivoco?

El elfo decía todo esto con sus ojos dorados y su sonrisa afilada, obviamente parecía que Tymora le sonreía.

Droblegzor: Depende de cómo te comportes, yo solo atiendo a las injusticias.

Después de esto se echó a reír con los consecuentes dolores.

La amistad entre Lorthel Lagrima Brillante el elfo dorado y Droblegzor Leonsbane se afianzaría en las próximas semanas, también harían amistad con Urkeg el semiorco y Darizia Flor Espejo, la elfa lunar. Se convirtieron en reclutas oficiales del puño llameante, Darizia como batidora del grupo, Lorthel como sanador dado que procesaba fe a corellon, Urkeg Y Droblegzor como espadas para proteger la integridad física de la cuadrilla.

El viejo narrador escucha un estómago quejarse, para cuando quiso darse cuenta tenía un montón de niños escuchando la historia y el sol había entrado en escena como si Lazhander hubiera decidido regalar luz al final de ese capítulo. [dropshadow=blue]–Niños creo que es hora de desayunar y hemos de recuperar fuerzas, ya que la mente también precisa de alimento, venid después de desayunar y almorzar, para ese entonces volved y seguiré contándoos que paso -[/dropshadow]. Algunos niños se quejaron pero terminaron cediendo ante el deseo de sus tripas por querer comer algo suculento, así pues todos se marcharon dejando al narrador en su casa. El viejo académico abre las ventanas y luego sale a la calle, pues va con el pensamiento de tomar unas buenas papas marineras.


//Quiero pedir sin parecer borde que no interrumpan el relato, si quereis darme una opinion mandadme vuestras opiniones por privado, y sobretodo muchas gracias a todos lo que me leen y a lo mejor quieran escribirme.
 

Xion

Niño sin padres ni hospicio
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Después de saciar su hambre y su sed el narrador regreso a su casa, había charlado, reído y curioseado por el mercado, lógicamente había comprado un par de cosas para la despensa frutas, pan y algunas especias. Cuando entro por la puerta de su morada, dejo las cosas en la despensa y descanso sentándose en su butaca de madera ricamente ornamentada, por supuesto de manufactura élfica. Antes de sentarse cogió el libro que le leía a los niños y continuo leyendo por su cuenta.

Durante el tercer mes del año Droblegzor había demostrado madera de soldado, mas sus compañeros se habían hecho un nombre ya entre los soldado de rangos superiores, mas por su trabajo como grupo de reconocimiento y su encomiable valor a la hora de plantar cara a las criaturas hostiles de la zona. Entre los logros del grupo estaba el haber rescatado a unos soldados veteranos de unas cuevas infestadas de trols, que habían anidado allí. También habían evitado sin proponérselo una fuga de información, ya que cazaron por intuición de Lorthel a un espía disfrazado de cónsul, pero en realidad la que puso la puntilla de oro fue Darizia que lo sedujo y sonsaco todo mientras el tipo se jactaba de su capacidad y maestría en el arte de la mentira. Realmente fueron unos meses llenos de creíble felicidad para el prometedor grupo.

Un dia en el sexto mes del año el grupo fue llamado ante el sargento O´ckain.

- Sargento Eldarath: Bien, como debéis preguntaros os he hecho venir a mi presencia por un motivo. Ese motivo es que os encargare un encargo del puño, aunque no os confiéis por esto que os digo… ratas.

El sargento se aclara la voz y empieza a repasar con la mirada a todos y cada uno, especialmente a Droblegzor, al cual estaba adiestrando personalmente en el combate, como su capitán y superior le había pedido encarecidamente.

- Sargento Eldarath: Bastardos, escuchadme bien porque no me gusta repetirme y sobretodo con dos toca huevos follapinos zoofilicos delante ademas aseguraos del que el “Guapeton” con cara de marica también lo entienda.

Todos miraron al semiorco y este solo pudo tragar saliva recordando como el sargento era la criatura a la que más temía de los alrededores y quizás del reino en donde estaban.
-Sargento Eldarath: ¡Atendedme y dejad de mirar al marica no vaya a ser que tenga que deteneros a todos por querer encularlo!

Este comentario le hizo gracia a Droblegzor, obviamente las ocurrencias del sargento iban muy fuera de tono pero el absurdo le provocaba risa, aunque la contenía con todo su sentido de la disciplina habido o por haber.

- Sargento Eldarath: … Debéis escoltar a una mujer hasta puerta de Baldur, ya que es de vital importancia para el Duque Eltan, nuestro comandante en jefe. Por ninguna razón debe saberse vuestros lazos con el puño llameante o con nadie relacionado con el mismo. Vuestro papel será el de aventureros que viajáis a Neverwinter en busca de emociones fuertes, dinero y fama.

Dicho todo esto el Sargento detallo la misión como algo de importancia vital y según especifico esto haría que se les graduase como soldados, ya que esta tarea aunque en principio simple debía disponer de caras nuevas y mucha discreción, aunque obviamente esto no iba ni por Droblegzor ni por Urkeg el semiorco. Todos se dedicaron a entrenar ese día, unos en soledad y otros con sus respectivos tutores marciales, querían prepararse para dar la talla en su cometido. En la noche se reunieron para poder comentar sus inquietudes.

- Lorthel: Vaya… habéis llegado todos antes que yo… esto no puede ser

El elfo sonrio de forma que sus dientes parecían blancas perlas y gesto de amabilidad.

- Darizia: Eres como siempre un impuntual, dijimos al ponerse al sol y has llegado a la hora del estofado… es para darte con el laúd en la cabeza… pedazo de…

Cogiendo con brío su valioso laúd Darizia intento estampárselo en la cabeza pero fue Droblegzor quien la sujeto a tiempo.

- Droblegzor: Deberíais serenaros, compañera, debéis recordar que vuestros modales están antes que la las faltas de mi buen amigo Lorthel.

Ante el comentario de su compañero Darizia se tranquilizó recobro la compostura y se sentó dejando el laud en el suelo, mas empezó a enhebrar su dedo índice en uno de sus vertiginosos bucles, producto de su espesa y negra cabellera élfica que resaltaba la intensidad de sus ojos azules y su piel de mismo tono aunque de muy suave intensidad.

- Urkeg: ¡Opinar que misión ser comer fácil!

Todos miraron al Orco que devoraba un jabalí que el mismo había cazado, cocinado y llevado a la taberna con la mirada inquisitiva del posadero al ver un plato que no estaba en el menú y que encima no había cocinado él, lo cual lo llevaba al disgusto de no ver ni una pieza de oro.

- Droblegzor: Lo mismo tienes razón Urkeg y esta misión es solo un paseo nada complicado.

- Lorthel: ¿estas bromeando o es que nuestro sentido de la ironía es distinto?

Droblegzor lo miro interrogante puesto que la respuesta seca del elfo lo pillo por sorpresa. Ante esta cara el elfo suspiro, cerro los ojos y volvió a coger aire para empezar a hablar.

-Lorthel: Veréis esto no es un paseo, es una prueba además de ser una misión de crucial importancia. Lo que quiero decir es que vuestras mentes no se imaginan que esta misión pueda tener consecuencias buenas o malas.

Todos se dejaron de bromas y miraron al elfo con preocupación, excepto el orco que solo masticaba y bebía cerveza cual cerdo come en un barrizal.

- Lorthel: Veréis el problema aquí, no es si nos graduamos, es si sobrevivimos. Debéis daros cuenta de si el mismísimo Eltan la quiere ante su presencia otros de igual importancia quieran también tenerla… y eso es lo que me preocupa quizás otros también la busquen y tendremos que andar con pies ligeros y la puntería certera.

- Darizia: Yo también pensaba lo mismo, aunque prefería no darle vueltas al asunto. Aunque creo que no estaría de más afinar la puntería como bien dices.

Mientras los dos elfos se ponían de acuerdo Droblegzor se levantaba de la silla sin mediar palabra. Los dos elfos al ver que este se levantaba se apresuraron a preguntar.

- Lorthel y Darizia: ¿Dónde vas?

- Droblegzor: ¿Yo? Pues… ¿Obvio no?

- Darizia: ¡¿Cómo que obvio?!

- Droblegzor: Voy a ver quién demonios es la mujer con la que hemos de convivir un tiempo.

Dicho esto Droblegzor con su sonrisa picarona salió a paso raudo hacia la salida de la posada, mientras los dos elfos se miran entre si negando pensando en la inmadurez de su compañero. El único ajeno a todo era Urkeg que seguía feliz con el costillar del jabalí al que estaba dejando más limpio de lo que jamás él hubiera estado jamás.

El viejo erudito, se queda pensativo para luego pasar página no sin antes pasar la yema de sus dedos por su lengua humedeciéndolas para que la página no escape a su curiosidad. Al pasar se sorprende del retrato de una mujer joven de ojos castaños y pelo azabache, su mirada es serena aunque no hasta el punto de ser gélida, más bien hasta todo lo contrario. Bajo ella pone un nombre:

Alustriel.jpg


Alústriel

Alza una ceja mientras observa atentamente el grabado del libro.
[dropshadow=blue]- Interesante así que nuestro héroe se cruzó alguna vez con la Dama de Argluna.[/dropshadow]

El viejo cerro el libro y lo dejo reposar en su escritorio y se perdió entre el mar de libros de sus estanterías, buscando quizás relación entre el relato y los sucesos que acompañaron a la dama Alústriel.
Cuando se quiso dar cuenta los niños no habían aparecido y era de noche, lo mismo hoy siendo prudente el anciano se acostaría temprano.

[dropshadow=blue]- Buenas noches Alústriel, buenas noches Doblegzor…
[/dropshadow]
 
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