Boti
Adorador de Eduardo
- Registrado
- 28/4/21
- Mensajes
- 336
Era un húmedo día de niebla, de esos en los que solo se ven siluetas a lo lejos.
Desde el claro, al lado del río, había dos troncos y una roca, todo bastante húmedo por el clima.
En uno de esos troncos —donde más de uno recordaba haber visto sentado a cierto enano— se encontraba, como de costumbre, el enano, medio dormido. Aunque según él, estaba “meditando”.
Desde el este, entre los árboles del bosque, comenzó a aparecer una enorme silueta en la lejanía. No era otra cosa que un lobo… pero no un lobo cualquiera: este era más grande que cualquiera que se hubiera visto antes.
El enano, ya fuera por estar medio dormido o porque simplemente se negaba a levantarse del tronco, ni siquiera se movió.
El lobo se fue acercando, y pronto pudieron distinguirse sus ojos, de un intenso verde. Sobre su lomo llevaba a alguien. Cuando la criatura estuvo lo suficientemente cerca como para distinguir colores, se vio que era un enorme lobo marrón, de pelaje corto pero abundante, con manchas de barro en las patas.
Encima de él, montaba un niño que no sobrepasaba los tres años.
Al llegar junto al enano, una voz se dejó oír:
—Oye, enano, ya va siendo hora de despertar. Quiero enseñarte algo.
En ese momento, el lobo comenzó a transformarse, volviendo a su forma original: Boti, un elfo cambiante de ojos verdes y pelo negro.
El niño acabó en sus brazos tras la transformación. Era un semielfo pelirrojo, también de ojos verdes, que se acercó al enano con andar torpe.
—Despierta de una vez, anciano —dijo—. Te he traído a un cachorro para que lo conozcas.
El enano abrió los ojos como quien acaba de despertar y los miró a ambos.
—¿Cómo que… cachorro dices? —preguntó, sobresaltado,Cuando entendió lo que estaba pasando, estiró la mano con el dorso extendido y la acercó al niño.
El enano extendió la mano hacia el niño. Boti lo miró extrañado.
—¿Qué demonios estás haciendo ahora? —preguntó.
—¿No se hace esto con los cachorros? —replicó el enano, con la mano aún estirada.
Boti lo miró con cierta vergüenza ajena.
—Que capte tu olor no es tan sencillo como eso… es un proceso largo que lleva tiempo…
Las palabras del cambiante se cortaron cuando escuchó al niño olfatear la mano del enano. La expresión de Boti quedó fija, como si no creyera lo que estaba viendo.
—Eso no significa nada… —empezó a decir, pero volvió a callar cuando el niño comenzó a restregar la cabeza contra la mano del enano.
—En fin… este es al que le das el nombre. Supongo que, como parte de mi obligación, debía presentártelo. Ya lo conoces.
El niño miró al enano y le dijo unas palabras en élfico. El enano lo miró extrañado.
—Aún no sabe hablar… es tonto como su padre —gruñó.
—No es eso —replicó Boti—, te está hablando en élfico. Es uno de los idiomas que va a aprender.
—Pues no deberías decir ese tipo de palabras delante de un niño —resopló el enano.
Boti refunfuñó, pensando en voz alta:
—Momentos como este me hacen arrepentirme de haberle llamado al cachorro… como tú.
El enano acarició la cabeza del niño señaló la tronco y le dijo:
—Esta es Verónica. Aquí no te puedes mear.
Entonces, hizo algo que dejó al cambiante sin palabras: tomó al niño y lo sentó en su regazo.
Boti no se lo podía creer, y con la voz temblando preguntó:
—¿Le… le has dejado sentarse en Verónica? ¿Te encuentras bien?
En ese momento, el niño restregó su cabeza contra la barba del enano.
—Ten cuidado con lo que haces, niño —dijo el enano—. Ahí vive gente.
Fue entonces cuando Boti vio cómo el cachorro comenzaba a olfatear la “presa fácil” que vivía dentro de aquella barba. El cambiante se acercó y tomó al niño en brazos.
—Mejor vámonos a cazar algo. Gracias por tu tiempo, anciano.
Dicho esto, se alejó con el niño en brazos, desapareciendo entre la niebla.
El enano los miró caminar y alejarse con una sonrisa en el rostro.
—El placer es mío, muchacho lobo.
Desde el claro, al lado del río, había dos troncos y una roca, todo bastante húmedo por el clima.
En uno de esos troncos —donde más de uno recordaba haber visto sentado a cierto enano— se encontraba, como de costumbre, el enano, medio dormido. Aunque según él, estaba “meditando”.
Desde el este, entre los árboles del bosque, comenzó a aparecer una enorme silueta en la lejanía. No era otra cosa que un lobo… pero no un lobo cualquiera: este era más grande que cualquiera que se hubiera visto antes.
El enano, ya fuera por estar medio dormido o porque simplemente se negaba a levantarse del tronco, ni siquiera se movió.
El lobo se fue acercando, y pronto pudieron distinguirse sus ojos, de un intenso verde. Sobre su lomo llevaba a alguien. Cuando la criatura estuvo lo suficientemente cerca como para distinguir colores, se vio que era un enorme lobo marrón, de pelaje corto pero abundante, con manchas de barro en las patas.
Encima de él, montaba un niño que no sobrepasaba los tres años.
Al llegar junto al enano, una voz se dejó oír:
—Oye, enano, ya va siendo hora de despertar. Quiero enseñarte algo.
En ese momento, el lobo comenzó a transformarse, volviendo a su forma original: Boti, un elfo cambiante de ojos verdes y pelo negro.
El niño acabó en sus brazos tras la transformación. Era un semielfo pelirrojo, también de ojos verdes, que se acercó al enano con andar torpe.
—Despierta de una vez, anciano —dijo—. Te he traído a un cachorro para que lo conozcas.
El enano abrió los ojos como quien acaba de despertar y los miró a ambos.
—¿Cómo que… cachorro dices? —preguntó, sobresaltado,Cuando entendió lo que estaba pasando, estiró la mano con el dorso extendido y la acercó al niño.
El enano extendió la mano hacia el niño. Boti lo miró extrañado.
—¿Qué demonios estás haciendo ahora? —preguntó.
—¿No se hace esto con los cachorros? —replicó el enano, con la mano aún estirada.
Boti lo miró con cierta vergüenza ajena.
—Que capte tu olor no es tan sencillo como eso… es un proceso largo que lleva tiempo…
Las palabras del cambiante se cortaron cuando escuchó al niño olfatear la mano del enano. La expresión de Boti quedó fija, como si no creyera lo que estaba viendo.
—Eso no significa nada… —empezó a decir, pero volvió a callar cuando el niño comenzó a restregar la cabeza contra la mano del enano.
—En fin… este es al que le das el nombre. Supongo que, como parte de mi obligación, debía presentártelo. Ya lo conoces.
El niño miró al enano y le dijo unas palabras en élfico. El enano lo miró extrañado.
—Aún no sabe hablar… es tonto como su padre —gruñó.
—No es eso —replicó Boti—, te está hablando en élfico. Es uno de los idiomas que va a aprender.
—Pues no deberías decir ese tipo de palabras delante de un niño —resopló el enano.
Boti refunfuñó, pensando en voz alta:
—Momentos como este me hacen arrepentirme de haberle llamado al cachorro… como tú.
El enano acarició la cabeza del niño señaló la tronco y le dijo:
—Esta es Verónica. Aquí no te puedes mear.
Entonces, hizo algo que dejó al cambiante sin palabras: tomó al niño y lo sentó en su regazo.
Boti no se lo podía creer, y con la voz temblando preguntó:
—¿Le… le has dejado sentarse en Verónica? ¿Te encuentras bien?
En ese momento, el niño restregó su cabeza contra la barba del enano.
—Ten cuidado con lo que haces, niño —dijo el enano—. Ahí vive gente.
Fue entonces cuando Boti vio cómo el cachorro comenzaba a olfatear la “presa fácil” que vivía dentro de aquella barba. El cambiante se acercó y tomó al niño en brazos.
—Mejor vámonos a cazar algo. Gracias por tu tiempo, anciano.
Dicho esto, se alejó con el niño en brazos, desapareciendo entre la niebla.
El enano los miró caminar y alejarse con una sonrisa en el rostro.
—El placer es mío, muchacho lobo.
Offtopic :
Escribo esto Con el consentimiento del jugador Que le Lleva kharmin, Intenta de hacerlo Con otro también Pero bueno Sobre la marcha Muchas gracias Al jugador Por dejarme publicar esto Y por su ayuda/OFFTOPIC]
Última edición: