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El cachorro Conociendo gente

Boti

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Era un húmedo día de niebla, de esos en los que solo se ven siluetas a lo lejos.
Desde el claro, al lado del río, había dos troncos y una roca, todo bastante húmedo por el clima.
En uno de esos troncos —donde más de uno recordaba haber visto sentado a cierto enano— se encontraba, como de costumbre, el enano, medio dormido. Aunque según él, estaba “meditando”.

Desde el este, entre los árboles del bosque, comenzó a aparecer una enorme silueta en la lejanía. No era otra cosa que un lobo… pero no un lobo cualquiera: este era más grande que cualquiera que se hubiera visto antes.

El enano, ya fuera por estar medio dormido o porque simplemente se negaba a levantarse del tronco, ni siquiera se movió.

El lobo se fue acercando, y pronto pudieron distinguirse sus ojos, de un intenso verde. Sobre su lomo llevaba a alguien. Cuando la criatura estuvo lo suficientemente cerca como para distinguir colores, se vio que era un enorme lobo marrón, de pelaje corto pero abundante, con manchas de barro en las patas.

Encima de él, montaba un niño que no sobrepasaba los tres años.

Al llegar junto al enano, una voz se dejó oír:

—Oye, enano, ya va siendo hora de despertar. Quiero enseñarte algo.

En ese momento, el lobo comenzó a transformarse, volviendo a su forma original: Boti, un elfo cambiante de ojos verdes y pelo negro.
El niño acabó en sus brazos tras la transformación. Era un semielfo pelirrojo, también de ojos verdes, que se acercó al enano con andar torpe.

—Despierta de una vez, anciano —dijo—. Te he traído a un cachorro para que lo conozcas.

El enano abrió los ojos como quien acaba de despertar y los miró a ambos.

—¿Cómo que… cachorro dices? —preguntó, sobresaltado,Cuando entendió lo que estaba pasando, estiró la mano con el dorso extendido y la acercó al niño.

El enano extendió la mano hacia el niño. Boti lo miró extrañado.

—¿Qué demonios estás haciendo ahora? —preguntó.

—¿No se hace esto con los cachorros? —replicó el enano, con la mano aún estirada.

Boti lo miró con cierta vergüenza ajena.

—Que capte tu olor no es tan sencillo como eso… es un proceso largo que lleva tiempo…

Las palabras del cambiante se cortaron cuando escuchó al niño olfatear la mano del enano. La expresión de Boti quedó fija, como si no creyera lo que estaba viendo.

—Eso no significa nada… —empezó a decir, pero volvió a callar cuando el niño comenzó a restregar la cabeza contra la mano del enano.

—En fin… este es al que le das el nombre. Supongo que, como parte de mi obligación, debía presentártelo. Ya lo conoces.

El niño miró al enano y le dijo unas palabras en élfico. El enano lo miró extrañado.

—Aún no sabe hablar… es tonto como su padre —gruñó.

—No es eso —replicó Boti—, te está hablando en élfico. Es uno de los idiomas que va a aprender.

—Pues no deberías decir ese tipo de palabras delante de un niño —resopló el enano.

Boti refunfuñó, pensando en voz alta:

—Momentos como este me hacen arrepentirme de haberle llamado al cachorro… como tú.

El enano acarició la cabeza del niño señaló la tronco y le dijo:

—Esta es Verónica. Aquí no te puedes mear.

Entonces, hizo algo que dejó al cambiante sin palabras: tomó al niño y lo sentó en su regazo.
Boti no se lo podía creer, y con la voz temblando preguntó:

—¿Le… le has dejado sentarse en Verónica? ¿Te encuentras bien?

En ese momento, el niño restregó su cabeza contra la barba del enano.

—Ten cuidado con lo que haces, niño —dijo el enano—. Ahí vive gente.

Fue entonces cuando Boti vio cómo el cachorro comenzaba a olfatear la “presa fácil” que vivía dentro de aquella barba. El cambiante se acercó y tomó al niño en brazos.

—Mejor vámonos a cazar algo. Gracias por tu tiempo, anciano.

Dicho esto, se alejó con el niño en brazos, desapareciendo entre la niebla.
El enano los miró caminar y alejarse con una sonrisa en el rostro.

—El placer es mío, muchacho lobo.

Offtopic :
Escribo esto Con el consentimiento del jugador Que le Lleva kharmin, Intenta de hacerlo Con otro también Pero bueno Sobre la marcha Muchas gracias Al jugador Por dejarme publicar esto Y por su ayuda/OFFTOPIC]
 
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Boti

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Era un bonito atardecer.
Sus colores rojizos y dorados se cernían sobre el bosque, que transmitía una profunda calma simplemente con su aire. Por un momento, todo parecía detenerse: los problemas, las penas, las preocupaciones… todo se desvanecía bajo aquella luz tranquila.

Acercándose al bosque, un gran lobo de pelaje marrón, acompañado por un pequeño niño de cabello rojizo y ojos verdes, avanzaba con paso firme. Cuando estuvieron cerca, el lobo se detuvo y se dirigió al niño con voz seria, hablando en élfico:

—Recuerda, cachorro, este lugar es importante. Así que, por favor, no hagas ninguna tontería con estos árboles ni con los animales que hay por aquí.

Mientras se adentraban en el bosque, el lobo se transformó, tomando su forma habitual de elfo. Algunos guardias, que conocían a Boti pero no al niño, desconfiaron y les apuntaron con sus arcos, preguntando quien era ese niño. Les costaba creer que el cambiante tuviera un cachorro. Tras una breve discusión, finalmente consiguieron entrar.

Después de una corta caminata por el territorio élfico, llegaron a un claro. El pequeño miraba a su alrededor, maravillado por el paisaje, pues nunca antes había estado en aquel bosque.
Boti, mientras tanto, buscaba con la mirada a una amiga suya que lo esperaba. No buscaba a cualquiera, sino a, Sylwen, una elfa del pueblo de la Luna, considerada portadora de la paz, una sacerdotisa de ojos azul oscuro que destellaban no solo templanza, sino que también evocaban el peso de la sabiduría de la experiencia.

Boti se acercó con el niño y habló con respeto:

—Perdona, ¿te podemos molestar un momento, Syl?

Al escuchar la voz, la sacerdotisa se dio la vuelta. Vio al elfo sosteniendo de la mano a un niño de apenas tres años.

—Por favor, ¡faltaría más! Es un placer verte, como siempre, amigo. ¿Ese es el pequeño Kharmin? —preguntó con un dulce tono de voz, sereno, mientras sus ojos se posaban en el niño.

—Así es, él es mi pequeño cachorro. ¿Podrías, por favor, hablar en el idioma del pueblo? Así podrá practicarlo… Se parece a su padre, y por el momento solo entiende ese idioma —respondió Boti con una sonrisa bromista.

—Por supuesto —contestó ella con una cálida sonrisa—. Es importante que aprenda el idioma. No te preocupes, no tiene más de tres años; es normal que solo entienda una lengua. —Rió suavemente.

A partir de ese momento, el resto de la conversación transcurrió en el idioma élfico.

—Gracias por recibirnos. Pretendía presentarte al cachorro y, de paso, enseñarle este lugar. Saluda, cachorro.

El niño, tímido, se escondió detrás de la pierna de su padre.

—¿Qué te pasa? ¿Ahora eres tímido? —preguntó Boti con una sonrisa.

Poco a poco, el pequeño se acercó a la sacerdotisa, ganando confianza.

—Ahora entiendo por qué estabas preocupado —dijo la sacerdotisa en un tono suave que transmitía calma—. Este niño parece diferente a los demás… No parece hecho para vivir en ciudades ni en otros asentamientos. Al menos, no todavía.

—Gracias por entenderlo. Si todo acaba bien, planeo confiarte su educación… si me lo permites —dijo él, alternando la mirada entre la sacerdotisa y el niño.

—Será un placer ayudarte, aunque por desgracia eso no depende de mí, sino de él. Si así lo desea, será un honor guiarle. Aunque, por el momento, esa tarea no recae en mí, sino en vosotros —respondió la sacerdotisa, manteniendo su tono amable.

El niño le tomó la mano con suavidad y la miró fijamente a los ojos. La sacerdotisa, con ternura, le devolvió la mirada y, con voz calmada e inspiradora, dijo:

—No te preocupes, pequeño. Puedes confiar en mí.

Dicho esto, dejó que el niño correteara y jugara entre las flores. Tras un rato, el cambiaformas se acercó y dijo:

—Mil gracias de nuevo, Syl. Como siempre, ha sido un placer… pero ya va siendo hora de retirarnos. La luna empieza a mostrarse.

En ese momento, entre los árboles, el cachorro miró hacia el cielo y soltó un fuerte aullido. La sacerdotisa rió suavemente.

—Aúlla igual que su padre —comentó entre risas.

El niño, aún sosteniendo la mano de su padre, se alejó entre los árboles, mirando hacia atrás para despedirse de la sacerdotisa, que sonreía mientras la luna iluminaba el claro del bosque.

Offtopic :
Como siempre Este relato Está escrito Con el permiso del jugador De personaje de sylwen @Reluctant Hero Grandes a él Por darme permiso
 
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Boti

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Era un frío día de un largo invierno. Aunque, al tratarse de una zona cálida como los Humedales de Zehoarast, prácticamente parecía un día más… siempre que uno no tocara el agua. En un lugar tan húmedo, el frío se siente distinto, a menos que estés acostumbrado.

En el sur de los humedales, en una cueva, aunque el invierno se hacía notar, la paz entre los lobos seguía su curso natural. En un claro frente a la entrada, algunos lobos recorrían la zona mientras varios cachorros jugaban. Entre ellos se encontraba un pequeño semifelfo de ojos verdes y cabello rojizo como el carmín.

Fue entonces cuando dos figuras se acercaron, fácilmente reconocibles: Boti y Loreliel, los alfas de la manada.
Boti, un elfo varón fuerte, acostumbrado a la vida salvaje, tenía unos ojos parecidos a los del pequeño y lo observaba con una expresión de orgullo. Loreliel, por su parte, era una elfa salvaje, de rostro pintado y cabello plateado. Ambos transmitían no solo la experiencia de sobrevivir, sino la de convivir verdaderamente con la naturaleza.

—Cachorro, ven aquí. Hoy ha llegado el día —dijo Boti con un tono alegre.
—Hoy tu padre —i con una sonrisa, se señalo a sí mismo— y Lore te llevamos de caza para que aprendas como es debido.
—Tranquilo, Kharmin, no será muy difícil —explicó Loreliel—. Iremos cerca del río, donde los animales suelen acercarse a beber.
—Antes de partir, hemos de aclarar algunas cosas —intervino Boti—. No cazamos por cazar. Cazamos por necesidad. Se aprovecha todo lo que se pueda aprovechar.
—Y no buscamos desequilibrar el ciclo —continuó Loreliel—. Por tanto, no cazamos presas jóvenes.
—Movámonos antes de que oscurezca —concluyó Boti.

Mientras se acercaban al río, el niño parecía más ilusionado de lo normal por hacer algo que, según él, era cosa de mayores. Lore y Boti, más experimentados, estaban atentos a su alrededor, tratando de ocultar su presencia y manteniendo al niño a raya para que no los delatara.

Una vez en la zona, se escondieron y, en susurros, le dijeron al niño:

—Bien, ahora llega lo importante… Rastrea. Estate atento a tu alrededor. Escucha. Mira no solo con tus ojos —dijo Boti.
—Confiamos en ti para que nos guíes. Al fin y al cabo, es tu entrenamiento —añadió Loreliel.

El niño cerró los ojos y trató de concentrarse, escuchando y olfateando a su alrededor.

—No os huelo más que a vosotros dos… —susurró.
—Concéntrate, sé que puedes. Eres el hijo del mejor —lo animó Boti.

Por mucho que el niño trató de concentrarse, escuchar y olfatear, al final se rindió. Pero como no era tonto, añadió:

—Lo siento, no puedo. Vámonos… y ya que estamos, ¿puedes contarme qué le pasó a mamá?

Cuando Boti escuchó esas palabras, el nerviosismo se reflejó en sus ojos. Rápidamente trató de cambiar de tema:

—Sí, mira… ¿no ves un grupo de ciervos por ahí? —dijo señalando a unos animales.

Lore le dedicó una mala mirada y apretó sus fieros colmillos, ahora Boti sabía que le esperaba un buen regaño

. El niño se acercó con cuidado al grupo. Cuando Boti se disponía a seguirlo, Lore lo detuvo agarrándolo del brazo.

—¿Aún no se lo has dicho? —preguntó Lore.
—No está preparado para saberlo… ni yo para contárselo —respondió Boti.

El niño se acercaba lentamente al grupo de ciervos cuando Lore habló:

—No buscamos una masacre, sino una presa. Acerquémonos y esperemos a que se separe del grupo.

Tras un tiempo de espera y observación, vieron cómo un adulto se separaba.

—Esa es la tuya, pequeño —susurró Lore, entregándole un arco y una flecha.

El niño tomó el arco y lo tensó. Tenía al ciervo a tiro, pero entonces varias imágenes y preguntas cruzaron su mente. Su pulso se aceleró. Disparó la flecha, pero no cayó ni cerca: se clavó en un árbol. El sonido del impacto ahuyentó a los ciervos.

Lore miró al niño y dijo:

—Quitar una vida no es fácil, pero en ocasiones es necesario, muy a mi pesar. No siempre tendrás a tu padre o a mí a tu lado. Debes aprender a valerte por ti mismo.

—Te equivocas en una cosa —respondió el niño—. Siempre estaréis conmigo. Papá me lo prometió.
—Siempre estaremos contigo —dijo Boti con voz seria—, pero no siempre podremos ayudarte.

—Otro día será. Está oscureciendo; será mejor que volvamos —dijo Loreliel al ver cómo el sol se ponía.

Los tres emprendieron el camino de regreso a la cueva…
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Como siempre Este relato Está escrito Con el permiso del jugador De personaje de Lorelie @Loreliel . Grandes a él Por darme permiso
 
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