La brisa nocturna acariciaba las hojas de los árboles frutales que rodean la Posada "La Luz de Alandor". Un lugar tranquilo, en las afueras de Athkatla, un respiro del bullicio de la ciudad. Las paredes de piedra y la chimenea siempre encendida ofrecen un refugio acogedor. Aquí, entre viajeros y mercaderes, he encontrado un breve descanso mientras reflexiono sobre mi futuro y mi relación con la Arcanum Schola.
Me reuní con la Maestra Odger. Recordé con cierta nostalgia aquellos tiempos en los que, siendo su estudiante, su atención hacia mí era constante, una guía en mis primeros pasos por los intrincados caminos de las artes arcanas. Ahora, tras haber "volado del nido", como se suele decir, esa cercanía se ha diluido. Ya no soy el joven aprendiz que busca consejo, sino un graduado que se siente… prescindible.
Le expresé mis inquietudes. La sensación de que mi presencia en la Arcanum Schola se había vuelto insulsa. Varias propuestas que presenté hace tiempo, germinando en la inacción, han sido finalmente adoptadas por otros, privándome de la oportunidad de contribuir. El eco de mi voz se ha perdido entre los muros de la institución.
También abordé el tema de la investigación sobre "El Heraldo". Un asunto que me había consumido energías y recursos, incluso hoy día, sigo arrastrando secuelas. Paradójicamente, he recibido más apoyo externo que el ofrecido por la propia Arcanum Schola. Esta situación, sumada a la sensación de ser un mero espectador, un engranaje más en una maquinaria impersonal, está consumiendo mi esencia materna. Mi sangre celestial anhela algo más que la inacción.
Intenté explicarle a la Maestra que, si bien dejaría mi habitación en la Arcanum Schola para que otro pudiera darle mejor uso, mi vínculo con la institución permanece intacto. Sigo interesado en sus avances, en sus proyectos. Aunque me aleje físicamente, mi corazón sigue latiendo al ritmo de sus descubrimientos.
Le hice saber que, como graduado, soy consciente de mi derecho a acceder a los servicios de la Arcanum Schola. También mis obligaciones morales, mi intención va más allá. Deseo ofrecer mis propios servicios como representante de la misma. Puse a su disposición mis habilidades y conocimientos, ofreciéndome a colaborar en cualquier tarea que estuviera a mi alcance.
Nuestra conversación derivó hacia las expediciones que ella había organizado en el pasado, aquellas que tanto disfruto. Le hablé de la emoción de explorar lugares nuevos, la adrenalina de lo desconocido, el aprendizaje constante que supone cada viaje, la adquisición de nuevas historias y experiencias. Pero, sobre todo, le transmití la verdadera razón que me impulsa, la necesidad de compartir camino con otros. De sentir lo que sienten, de escuchar sus anhelos, sus temores, sus vidas. Porque sé, en lo más profundo de mi ser, que no todo el conocimiento se encuentra en los libros, ni todo está ya escrito. Hay historias que se graban en el corazón al calor de una fogata, experiencias que solo se viven compartiendo el camino.
Tal vez, alejándome físicamente de la Arcanum Schola, pueda encontrar una nueva forma de servirla, una forma que alimente mi espíritu y me permita seguir creciendo. El camino se abre ante mí, incierto pero lleno de posibilidades.