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El diario de una asesina

Poisoned

El que aplaude en los discursos Zhent
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Introducción


¿Asesinar? Ah, es... un arte. Para los ingenuos o los débiles de corazón, la muerte es solo una sombra temida, un espectro distante, pero para mí, asesinar es mucho más que una simple acción violenta. Es un arte que desnuda la verdad más pura: el poder absoluto de disponer de alguien, de convertir su última respiración en tu decisión. Hay una belleza sustancial en ese instante, cuando su vida se desvanece bajo el filo preciso de tu hoja o se apaga con un último susurro envenenado; es entonces cuando siento el mundo en mis manos.

Pero también es un negocio. Los vivos siempre encuentran motivos para desear la muerte de alguien, y yo... jamás desperdicio la oportunidad de lucrar con los deseos. Vendía loto negro en la Calle del Trato, acepté oro a cambio de secretos, incluso robé en nombre de otros. ¿Es tan distinto el asesinato? No lo creo.

-"Matar es poder, arte y recompensa, todo en uno. Un equilibrio fascinante."



La primera vez... es especial, ¿no? Como el primer amante, el primer gran éxito, el primer trabajo, el primer fracaso. Todo lo que viene primero, a veces, abre paso a lo siguiente. Esa marca, tan profunda, es casi natural.

¿Cómo olvidar ese primer acto sublime? Tenía que hacerlo, claro, para asegurar mi entrada en 'las sombras'. Pero no era solo cuestión de "demostrar" algo. No, fue una necesidad que creció en mí, antes de que siquiera pudiera comprenderlo. El primer asesinato fue tan... visceral y revelador. Lo recuerdo bien: la adrenalina, el miedo de fracasar y quedarme en el camino, sin avanzar hacia mis metas. Nunca había cometido tal acto, al menos no así. Era un traidor, me dijeron, alguien que había fallado a las sombras. Ahí estaba, en algún rincón oscuro de la ciudad, donde los ecos se esconden entre las penumbras, en una celda, desnudo e incapaz de resistirse. A mi completa merced.

Dos estocadas en el cuello
. No sabía lo que hacía, pero el instinto me indicó que el cuello sería rápido; claramente, no fue así, al menos no de la manera en que lo hice. Aún desconocía la ubicación de la vena carótida, y mi ataque fue seis dedos de distancia. Un desastre. Pero, incluso en su momento final, el traidor no suplicó, no pidió piedad. Supongo que aceptó su destino.

Me miré en sus ojos mientras se desvanecía, y en ese instante entendí algo: la vida que escapaba de sus pupilas, esa vida llena de ambiciones, errores, aciertos, pasado y recuerdos, me pertenecía ahora. Su vida era mía, y eso… eso es poder absoluto.



Cuatro años después, mi mente se debatió entre dos sombras de mi propio ser. Sí, sé quién soy y sé perfectamente que la bondad me abandonó hace muchos años… si es que alguna vez poseí tal virtud (o debería llamarla debilidad). Por un lado estaba esa obsesión por arrancarle su fortuna a otros y llenar mis bolsillos con lo que me fue negado desde mi nacimiento. Por otro, el recuerdo de la daga profana que mis inexpertas manos blandieron aquella vez, frente al traidor.

No lo digo en voz alta, pero no he logrado arrancar esa imagen de mi mente. No la de la sangre, ni la de esos ojos. Fue el arma. Esa pieza única y siniestra, como el pincel más exquisito de un artista. Su detalle quedó grabado en mí, y no me atrevo a plasmarlo aquí para no romper la ley del silencio, pero ese cuchillo dio vida, a través de la muerte, a una nueva versión de mí. Veshka, hija del filo, es el nombre que me otorgo el destino y el que use en mi aprendizaje del arte oscuro.

Le pregunté al dueño de esa arma sobre su naturaleza. Quería saber más sobre ella, sobre su historia, sus propiedades mágicas y si estaba maldita. Tal vez, pensaba, esa impía daga me influía de algún modo, como en los cuentos de héroes y espadas malditas. Ilusión pueril la mía, tan alejada de la realidad. En efecto, el arma posee propiedades excepcionales, pero no afecta a quien la porta. Así que todo pensamiento oscuro que me acompaña desde aquella primera vez es, al final, solo un reflejo de mi propia naturaleza.


 

Poisoned

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Capítulo I
Introducción al oscuro arte y puntos básicos del cuello




Nuestro pacto se selló en sangre, con nuestras manos unidas, ambas heridas. Simbólico y poético a la vez. Las suyas, hábiles y curtidas en segar vidas, y las mías, inexpertas aún, pero ansiosas de alcanzar la cumbre de la técnica que me haga dueña de la vida y la muerte ajena. Esa línea escarlata en nuestras palmas… ¿qué es la sangre, sino el símbolo perfecto de la vida y la muerte? Es lógico, es natural.

Para quien crea que este camino es fácil, solo puedo decir que matar es sencillo, pero crear una obra de arte silenciosa y letal es algo distinto. Las promesas de este pacto no son concesiones ni alianzas cómodas; aquí, los errores se pagan con sangre. No existe compasión ni misericordia, y los lazos que atan no eximen de la condena al fracaso a quien se convierta en un lastre. No aceptaré ese destino. Prefiero empaparlo todo del rojo vitae de quien se cruce en mi camino antes de permitirlo. Ver mis manos entumecidas debido a la constante práctica, antes que descartada. Sucumbir a la más vacua oscuridad antes que fracasada.

Pero mi maestro es prudente, y con su frialdad de sombra consumada, me advierte: “La muerte es un negocio.” No se trata de fanatismo ni de impulsos homicidas. Sí, puedes disfrutar viendo la vida apagarse en los ojos de tu presa, y sí, el arte de un asesinato bien hecho puede ser febril y hasta cautivador. Pero eso es secundario: solo lo lucrativo guía la mano. “No te desvíes, Veshka.” Pienso. No te dejes llevar y mantén tu neutralidad intacta. No sucumbas ante la orgía de sangre impulsada por la furia que tu mente clama para aquellos que marcaste hace años, contrólate. Fría y medida, una máscara inexpresiva y una silueta sin una forma, con muchas, ninguna real. Esa debes ser y esa serás.


Puntos básicos del cuello

Mi primer aprendizaje, y el comienzo de mis obsesivos escritos para alcanzar la perfección. Dos puntos esenciales, mortales, en el cuello. Mi maestro asesino me ha dicho que debo escribirlo hasta el cansancio, así que puede que necesite nuevas hojas para este diario.

Primer Punto: Carótida
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En ambos lados del cuello, justo bajo la mandíbula y levemente hacia adelante, yace la carótida, la arteria principal que alimenta el cerebro. Es la fuente de vida misma, el canal por el que la sangre vital llega al órgano central. Un corte limpio aquí vacía al objetivo en cuestión de segundos. Pero no basta con un tajo cualquiera; el ángulo debe ser exacto para que el flujo se libere con fuerza, arrebatándole al adversario toda oportunidad de defensa.

Contra arcanos, es una bendición. Estos dependen de su concentración, de su voz, de sus gestos para activar sus hechizos. Un corte en la carótida, sin embargo, elimina cualquier posibilidad de reacción. Un mago con la carótida abierta se convierte en poco más que carne vacía, sin el menor chance de defenderse.

Recuerdo al traidor y siendo vergüenza por no haber lanzado el puñal correctamente. Ahora lo tengo claro, me faltaron varios dedos de distancia y podría haber perforado la carótida y darle una muerte profesional. Me imagino, cada vez que escribo esto hasta el cansancio, volviendo el tiempo atrás y hacerlo otra vez, pero en esta oportunidad bien y letal. Pero también me imagino haciéndolo a las personas que me rodean cuando no llevo máscara. Verla sentir pulsar bajo mis dedos y observar lo expuesto que está este punto en muchos hace que mi mente divague en posibilidades. Hace que la inspiración de musas oscuras me invada.

Segundo Punto: Cervical
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Este es para quienes necesitan un final discreto. La base de la nuca, donde el cráneo se une a la columna vertebral: aquí, no se corta, se golpea (pero probaré apuñalar también). Con un movimiento certero y fuerza moderada, un solo impacto puede privar al enemigo de todo control corporal. Al romper esta unión, el cuerpo cae, sin emitir un solo sonido. Sin gritos, sin advertencias. Es el golpe perfecto para el sigilo, un recurso para quienes no desean dejar rastro de su paso y en este negocio la discreción es demandada. (Salvo que se quiera dejar un mensaje específico)

Este me cuesta entenderlo al principio. Verdad es que no tengo conocimientos de anatomía, algo que resolveré en breve. Practicaré lo más próximo posible, hay muchos dispuestos a ser estafermos de carne. Claro, "dispuestos" es una forma de expresarlo. A menudo las personas cometen acciones que los condenan, parece que no lo saben o sus egos los ciega. De cualquier forma, puedo imaginar el sonido de la cervical romperse tras mi golpe. Me imagino un sonido ahogado, un suspiro o tal vez ni eso, una reacción de sorpresa y el objetivo, cayendo vulnerable al suelo, viendo desde allí con impotencia o apagándose raudamente. Necesito comprobarlo.


Esas fueron mis primeras lecciones, mientras mi maestro me insta a obsesionarme con cada detalle, practicar cada ángulo, repetirlo hasta que sea tan natural como respirar. Lo que él tal vez ignore, es que ya soy dueña de las más incontrolables obsesiones. No es que mi alma esté abocada al descontrol desmedido, es que considero que la perfección es la única garantía de que no fallaré en mis objetivos y, para lograrlo, debo centrar mis esfuerzos en profundidad. ¿Obsesión? Puede, pero eso solo ocurre con lo importante y en mi vida hay una sola persona que cumple el requisito para ser la fuente de mis obsesiones y al menos dos metas que hacen que no piense en otra cosa. Una de ellas, este camino. Da igual si mis dedos sangran de tanto usar la pluma en mis repetitivos escritos. Tampoco importa el entumecimiento de mis manos al entrenar con el estafermo hasta altas horas de la noche. Lo dominaré o moriré en el intento.

Ahora, el siguiente paso es practicar con asaltantes y escoria en los callejones. Rezo a los dioses oscuros para que me permitan volver a "ajusticiar" a un traidor, así al menos podré entrenar con él.


 

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Capítulo II
Pruebas de lealtad y amor



Proyecto nuevo (20).pngEl entrenamiento había comenzado. El estafermo, esa figura de madera, era mi víctima de hoy, receptor de mis cortes aún inexpertos, pero entusiastas. Un tajo por aquí, una puñalada por allá, y el sonido sordo de los golpes al encontrar la inerte resistencia de la madera. La misión era clara: practicar en los puntos básicos del cuello, aunque, por ahora, mi objetivo no tenía vida que arrebatar. Una lástima.

Esta vez no estaba sola. Había ojos que me observaban en silencio, atentos a las palabras de mi maestro asesino. La atención no me inquietaba; de hecho, hay algo en esa atención que disfruto, como si este arte oscuro también necesitara un público y yo me alimentase de eso. ¿Por qué sería distinto este arte de otro? Cada movimiento, cada intento de precisión, tiene su propio ritmo, una forma de cautivar y de exponer algo profundo. Sea lo aprendido o mi predisposición para dominar las técnicas. Pero también había más.

Comienzo a atacar los puntos mortales, recorriendo el cuello y la nuca del objetivo inanimado, imaginando el efecto en un cuerpo vivo, las reacciones de la víctima, los sonidos reales de carne cortada y el coro de su agonía. No soy una mujer tan sádica, ni la violencia es mi primer recurso. Admito, sin embargo, para mi diario personal, que en cierta forma disfruto de emplearla. Es incluso liberador y se me hace curiosamente fácil. No porque tenga una habilidad digna, sino porque... se siente correcto, como si encajara conmigo. Creo que por eso disfruto de mi nuevo camino.



Uno de los ojos que me observaba era un asesino consumado, alguien que podría segar una vida con sus propias manos. Eso se me antoja como algo... personal. Matar con armas a corta distancia es prácticamente un acto íntimo, en mi lenguaje limitado. Algo que te une a tu víctima, conservando para siempre su último recuerdo, su efímero suspiro final y su mirada perdida, mientras observas el reflejo de tu propio rostro en sus ojos cuando se apagan. Es casi romántico. Pero matar con las manos desnudas... eso es otro nivel, un vínculo aún más crudo e inmediato. La verdad, me habría gustado tener esa habilidad.
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La otra figura era diferente, otro tipo de "asesino". No seguía “el arte” como yo lo veo; su método era más directo. Su arma formaba parte de su propio ser, una extensión natural. Era una maestra de la espada larga, y en sus manos era un espectáculo sangriento. La empuñaba como un torbellino de muerte, arrasando con todo a su paso. No me gusta el caos, al menos no uno fuera de mi control, pero admito que su método cumple con el propósito de la muerte.

Quería llegar a ella con mis acciones. De casualidad se encontraba presenciando mi entrenamiento, y me pareció la oportunidad perfecta. Quería mostrarle quién era realmente, sin palabras, dejar que viera en mi ejecución mi naturaleza, sin camuflarla.

Para alguien como yo, las palabras pueden ser venenosas, o esconder mentiras disfrazadas de verdades. A veces las acciones son las que entregan la única sinceridad tácita. Y quería que ella lo viera, como quien en una cita lanza miradas y sonrisas cargadas de intenciones. Me juraba cierta lealtad y ayudaba en mis propósitos, pero... ¿Era sincera en su compromiso? ¿O como yo, se ocultaba detrás de una máscara silenciosa, disfrazando verdades por conveniencia? Mi maestro asesino debió notar esto; quizá vio mi lenguaje no verbal o su experiencia notable le indicaba algo que escapaba de mí. O quizás la vida misma me pone a prueba otra vez.

Bajamos al foso de combate para pasar a una nueva lección. Una más reveladora.

Mi maestro se encontraba frente a ella en el foso, y yo detrás. “¿Qué serías capaz de hacer por ella? ¿Hasta dónde llega tu amor y lealtad?” Las preguntas brotaban del maestro que, astuto, intentaba revelar las verdades ocultas de ella. Pero se encontraba con el silencio de aquella cuya arma se expresaba mejor que su voz. Mas la pregunta seguía en el aire, y su silencio invitaba a una respuesta y posterior acción.

Un gesto rápido y ella quedó paralizada. Fue tan rápido que ni entendí cómo pasó. Inmóvil e indefensa. “Atácala, practica con ella lo aprendido, que sea tu lienzo para el bello arte”. Se me ordenó.
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"¿Era una prueba de lealtad? ¿Para mí o para ella? ¿De verdad quería que la atacara? Lo entiendo, en teoría, pero… ¿Debería realmente hacerlo?" Todas esas preguntas aparecieron solo después de actuar. No dudé; avancé y lo hice. Un corte en las piernas, otro en los brazos, la espalda, el cuello. Superficial, quizás, pero con la precisión suficiente para saber exactamente lo que hacía.

“¿Querías un objetivo vivo? Ahí lo tienes”, me dijo la vida misma con un tono burlón. Y sí, se sintió tan bien como esperaba. Más que bien. Las reacciones que imaginaba quedaron cortas ante la realidad. La máscara ocultaba la mayoría de las expresiones que me interesaban, además de que estaba inmovilizada, incapaz de usar su cuerpo para responder. Pero los gritos, los gruñidos, y los alaridos de dolor… esas eran las manifestaciones que quería conocer. No porque la odiara, al contrario. Pero, como dije, hay algo profundamente vinculante en estos momentos sangrientos.

Fui cuidadosa, como en una primera cita, como caricias suaves sin ir más lejos de lo permitido; no quería arruinar el momento ni apresurar “el objetivo final”. Su muerte no serviría a nadie, y menos a mí. Además, quería transmitirle en cada estocada y corte mi más profundo sentimiento. "Yo sí que sería capaz de hacer todo por mis objetivos, ¿y tú?" Era una pregunta que le lanzaba tras un corte. Claro, no con palabras expresas, sino más bien con acciones y ataques furtivos. "Mi lealtad es sincera, mi pasión también" Nuevamente otro corte. "Esto soy yo, ¿aún te gusta?" Y la estocada final.

Si ella era como yo me entendería. Si era realmente leal, práctica y útil, comprendería que pude haberla matado y no lo hice. Apreciaría el mensaje y mi más profundo sentimiento. Que la vida misma es dolor y esto no significa nada más allá de "aprendizaje", "prueba" y "objetivo".

¿Lo comprendería? ¿o sucumbiría al dolor, tristeza y sentimentalismos propios de los débiles?

Cuando todo terminó, la pregunta seguía en el aire. “¿Qué harías por ella? ¿Hasta dónde llega tu amor y lealtad?”

El silencio, sin embargo, permitía hipótesis en su lugar. Y el silencio otorga, dicen. A veces uno debe hablar, y este era el momento. Pero ella no dijo nada. Así que la imaginativa mente de mi maestro, un artista consumado, decidió darle a la lección un enfoque distinto.

“Mátala”, ordenó al otro asesino. Pero no se refería a la silenciosa víctima frente a mí, sino que… a mí.

Ni lo vi. Estaba de frente y luego a mis espaldas. Aquel que con sus manos sentencia la vida y la muerte de otros, tomaba mi cuello con facilidad. Su presión se ejercía de tal forma que no podía moverme, ni sentir otra cosa más que el pulso acelerado de mi corazón.

Tal vez pude tomar alguna bomba de humo de mis bolsillos o de las mangas, algún arma oculta o cualquiera de mis herramientas. Librarme del agarre o defenderme, quizá.

¿Pero debería? ¿Realmente ordeno mi muerte, mi maestro? No le había fallado, aún ¿Por qué me mataría? ¿Qué ganaría él con eso?

Era una prueba, dolorosa, pero una prueba al fin y al cabo.

Entonces, rompió su silencio. “¡No!” gritó ella, defendiéndome o intentándolo. Y en ese instante la prueba acabó. Me arrodillé, exhausta, pero con un nuevo conocimiento latente en mí. Sigo viva, pero más allá de la vida, descubrí que en "el bello arte", incluso la lealtad puede ser una herramienta. El dolor, un recordatorio. El amor y la violencia son armas, y al final, lo único sincero.



 
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Capítulo III​

El arte del engaño, el disfraz y los recuerdos del pasado I​



¿Será él?

Proyecto nuevo (44).pngSé que, apenas termine de escribir estas líneas, el ritual volverá a empezar. Mi maestro, puntual y directo como siempre, me pedirá —sin palabras, con esos gestos fríos pero imperiosos— este diario. Lo leerá en silencio, con una atención que desarma, como si viera mi alma, observando cada mácula, cada duda, certeza y aprendizaje. En esos momentos, siento una sensación familiar y melancólica que me arrastra al pasado. A veces, creo que es él.

Pero sé que no lo es. Lo comprobé hace años, y el simple hecho de seguir respirando es prueba de ello.

Aun así, su presencia tiene un eco en mi memoria. Hay algo que me recuerda a mi pasado. Algo en sus palabras resuena como los crujidos de las nieves bajo mis botas en aquella ciudad nevada. Hay una familiaridad inquietante, como si ambos fueran caras de una misma moneda.

Cuando lo conocí, mi mente, siempre alerta y pensando lo peor, me advirtió: Podría ser él. Pero he aprendido a convivir con el miedo y el odio, tan íntimos como viejos compañeros, y a no dejar que me controlen. Si lo hicieran, a esta altura ya estaría muerta por mi error.

Proyecto nuevo (43).pngMi maestro actual me enseña que el asesinato es un arte práctico, lucrativo y silencioso. Que la discreción es esencial en el arte del asesinato. Algo que me da pie a intentar acallar las voces de mis miedos y lanzarle mi pregunta como estocada furtiva. Quiero saber si realmente es él.
—"¿Te gusta matar?"

Su respuesta es la esperada para un profesional:
—"Sí, pero siempre con un propósito"

Él
, en cambio, jamás habría respondido. Me habría castigado por preguntar, quebrando mi espíritu en lugar de dignarse a satisfacer mi curiosidad y el hecho de que no ocurriera hace que vuelva al presente, más calmada y resolviendo con atino: No es él.

La diferencia entre ellos es abismal. Mi antiguo maestro deseaba moldearme como una herramienta descartable, vacía de voluntad para usar en sus propios fines. Este, en cambio, busca afilarme como un arma, letal y consciente. Útil, sí, pero con una puerta curiosamente abierta para cruzar a voluntad y alcanzar la grandeza. Los métodos pueden parecer similares, pero la finalidad es sustancialmente opuesta.

Sin embargo, cuando hablamos de disfraces, su sombra vuelve a alzarse. Casi puedo escuchar su voz, dictando aquellas lecciones en la ciudad nevada:

"Serán nadie, para volverse otros."



Disfraz, técnicas y bases

Un buen disfraz no es solo ropa, ni maquillaje, ni un cambio de peinado. Es todo eso, sí, pero también lo que proyectas. Es cómo caminas, cómo respiras, cómo usas tus palabras para construir una mentira que no puede ser puesta en duda. Un disfraz no solo te oculta, te transforma. Te vuelve una sombra de lo que eras, para ser aquella que necesitas.

1. El cuerpo: ​

Cada paso, cada gesto, cuenta una historia. Una campesina camina con el peso de los días en sus hombros; un noble apenas toca el suelo, como si este le perteneciera. Una guerrera lleva el filo de su arma en la mirada y el acero en la postura. Si tu cuerpo no habla como la identidad que creas, todo se desmorona.

2. La voz: ​

Es el arma más sutil y letal. No basta con imitar un acento; debes encarnar una vida entera. Cada palabra, cada pausa, debe ser un eco de las experiencias de quien encarnas, de que representas. ¿Es un mercader cansado? Su tono será arrastrado, pero seguro. ¿Una cortesana? Las palabras fluirán como seda, cada una... una invitación.

3. El rostro: ​

Aquí radica el arte del maquillaje. No se trata de ocultar, sino de dirigir la atención. Una cicatriz falsa, un mechón de cabello estratégicamente colocado, una sonrisa que parece prometer secretos: todo esto construye un personaje.
"No escondas la verdad; muéstrales una mentira más interesante."

Cuando combinas estos elementos, el disfraz deja de ser una máscara. Se convierte en parte de ti. Te transformas en una sombra, un eco, algo que existe y no existe al mismo tiempo.

Soy una sombra que adopta las formas que necesita. Mi propósito es claro, pero mi identidad carece de importancia.


Zonas clave para maquillar y transformarte

En mi bolsa de disfraces siempre llevo un kit de maquillaje bien abastecido. No solo contiene colores y texturas, sino todo lo necesario para transformar no solo mi rostro, sino mi identidad. Cambiar quién eres frente al mundo es un arte, además de una habilidad para la supervivencia. Mi magia personal.


Proyecto nuevo (46).png1. La Piel: Cambiar el Lienzo​

Materiales esenciales:

  • Bases de maquillaje: Polvos minerales premezclados para piel clara, media y oscura.
  • Aceites y bálsamos: Para aplicar y suavizar el maquillaje.
  • Sellador: Cera translúcida que protege el maquillaje bajo el sudor o la humedad.
Técnica:
Usa una base ligera para modificar tu tono de piel según el personaje que interpretes. ¿Quieres lucir como una campesina endurecida? Mezcla polvo marrón con unas gotas de aceite y aplícalo con un paño para dar un aspecto rugoso y desgastado. Para un noble o erudito, usa una base más clara y lustra la piel con una esponja fina para obtener un brillo saludable.

Para cicatrices o manchas, mezcla cera de abeja con pigmentos oscuros y aplícala con una espátula pequeña. Incluso una ligera imperfección puede hacer que alguien pase por alto el resto de tus facciones.



2. Ceja y Forma del Rostro: La Expresión del Carácter​

Materiales esenciales:

  • Cera moldeadora: Para ocultar o redefinir cejas.
  • Pigmentos oscuros y pinceles finos: Para dar forma o crear nuevas cejas.
Técnica:
Las cejas controlan la expresión. Con cera moldeadora, puedes cubrir tus cejas naturales y dibujar unas nuevas con carbón o pigmento oscuro. Unas cejas finas y arqueadas transmiten nobleza y refinamiento; unas más gruesas y desordenadas, una vida de esfuerzo o desinterés por la apariencia.

Para modificar el rostro, aplica sombras con un pincel ancho: un pigmento oscuro bajo los pómulos crea la ilusión de un rostro delgado y afilado, mientras que un pigmento claro en los pómulos altos puede añadir volumen.



3. Los Ojos: Las Ventanas del Alma​

Materiales esenciales:

  • Polvo de kohl: Para delinear y profundizar la mirada.
  • Sombras de ojos: Pigmentos suaves como azul, verde o marrón claro, según el personaje.
  • Cera para pestañas: Para alargarlas o espesarlas.
Técnica:
Unos ojos bien delineados pueden engañar a cualquiera. Para una mirada intensa y enigmática, usa polvo de kohl alrededor de los ojos y difumina con un pincel pequeño. Si buscas parecer cansada o enfermiza, aplica una ligera sombra roja o morada en el párpado inferior.

El kohl es particularmente útil porque también protege los ojos del polvo y el resplandor del sol; una ventaja si debes permanecer mucho tiempo al aire libre sin parecer fuera de lugar.



4. La Nariz y los Pómulos: Sutiles TransformacionesProyecto nuevo (47).png​

Materiales esenciales:

  • Polvos claros y oscuros: Para esculpir el rostro.
  • Espátula y cera maleable: Para añadir volumen o modificar la forma de la nariz.
Técnica:
Con un poco de cera maleable, puedes añadir volumen a la nariz para hacerla más ancha o crear una falsa protuberancia. Una pequeña aplicación de polvo oscuro a los lados puede hacerla parecer más fina. Para los pómulos, usa polvos claros en los puntos altos si buscas un rostro más esculpido o sombra oscura para hundir las mejillas.



5. Los Labios: Un Toque de Carácter​

Materiales esenciales:

  • Tintes líquidos: Rojo para un aspecto juvenil, marrón para dureza o envejecimiento.
  • Cera para volumen: Para simular labios más gruesos o agrietados.
Técnica:
Para labios nobles, aplica un tinte rojo brillante y perfílalos con precisión usando un pincel fino. Para simular edad o enfermedad, aplica cera translúcida en las comisuras y difumina con polvo marrón o gris.



6. El Cabello: El Marco del Rostro​

Materiales esenciales:

  • Tintes temporales: Savia de nogal para tonos oscuros, caléndula para aclarar.
  • Cera moldeadora: Para cambiar la textura.
  • Pelucas y extensiones: En caso de necesitar cambios drásticos.
Técnica:
Si no hay tiempo para teñir el cabello, una capa de cera moldeadora con pigmentos puede oscurecerlo temporalmente o alisarlo. Para un cambio radical, coloca una peluca o extensiones sujetas con alfileres finos. Añadir flores o cintas puede reforzar la ilusión de un estatus social o una región de origen específica.



​

Kit de maquillaje actual​

​

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  • Caja de pigmentos (kohl, óxido de hierro, tizas de colores, etc).
  • Cera moldeadora y translúcida.
  • Pinceles y espátulas de diferentes tamaños.
  • Aceites para suavizar y sellar maquillaje.
  • Espejo pequeño de bronce.
  • Tintes temporales para cabello.
  • Una o dos pelucas sencillas.
  • Esponjas, paños y peines.

Nota personal:
El maquillaje no solo es un disfraz, es un arma. Dominar su uso puede ser la diferencia entre vivir o morir en las sombras, entre ser ignorada o cautivar al mundo. Como toda herramienta, requiere práctica y paciencia, pero su poder para cambiar la percepción es inigualable. Si quieres engañar a los sentidos, empieza por los ojos, porque ellos cuentan la historia antes que las palabras. Y nunca pienses en ocultar, por aquí se te ve. Este arte no es para lo oculto, es para la vista. Por tanto, lo más práctico no es ocultar; es desviar la atención. Puedes usar accesorios como abanicos, flores, incluso tu propio cuerpo. Deja que los ojos del rival exploren donde tú deseas que se entretengan y tu disfraz será perfecto.




 
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Capítulo IV
Confesiones de un lienzo vivo y la firma del artista

Hoy, mientras mis dedos recorren las cicatrices frescas que ahora adornan mi piel, comprendo que cada una no es solo un error, sino una lección indeleble. Son recordatorios grabados de que el arte de matar no admite titubeos y que mi maestro está dedicado a enseñarme dolorosas lecciones. Frente al espejo, en el santuario de mi habitación en las sombras, contemplo esas marcas en mi desnudez, reflexionando sobre lo que representan y sobre las posibilidades que encierran.

Son duras las nuevas lecciones, un baile entre el dolor y la precisión, entre mi voluntad y el filo de su cuchilla majestuosa. El error trae consigo una corrección inmediata: una incisión exacta donde debí haber acertado. No eran castigos, sino lecciones, como un escultor eliminando imperfecciones en su obra. Cada corte enseñaba la misma verdad: no hay margen para el error en este bello arte.Proyecto nuevo (95) (2).png

He memorizado los "mapas" del cuerpo humano con obsesión: arterias, órganos, nervios, cada uno un camino hacia destinos específicos. La muerte rápida, el dolor prolongado, la parálisis humillante. Elegir la herida adecuada no es un acto impulsivo; es un cálculo meticuloso. ¿Qué mensaje quiero dejar? ¿Qué historia escribo con cada tajo?

Cada punto aprendido es una posibilidad. La carótida, que convierte la vida en un torrente que ahoga los gritos; los riñones, que transforman la resistencia en agonía; la espina dorsal, que apaga instantáneamente la voluntad y permite al artista completar su obra sin detenimiento.

El estafermo fue mi ayuda con lo básico, pero la carne viva es distinta. Late, tiembla, sangra, y su resistencia es un desafío constante. El dolor, por su parte, se ha vuelto un compañero inseparable. Pero no es un enemigo. Es un maestro cruel, sí, pero justo. Cada marca que mi maestro dejó en mi piel me hizo aprender algo más profundo. Dudar es morir, titubear es perder, y el miedo no tiene cabida cuando decides el destino de otro.

Mi maestro… lo observo como se mira a un bello depredador. Majestuoso, peligroso, predecible en su brutalidad, pero fascinante. Me ha dado tanto. Conocimiento, técnica, una nueva piel tejida con cicatrices que enseñan el camino del poder. Pero hay una certeza que crece como una sombra alargada, tras una pequeña llama latente que calienta mi alma e invita a una reflexión: algún día podría ser yo quien trace el tajo final en tu carne...


¿Sería capaz de matarte?
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​

La pregunta me ronda como un eco en un abismo. La respuesta no está en mi voluntad, sino en mi curiosidad. Me intriga imaginar cómo sería su rostro en ese último instante: ¿orgullo? ¿decepción? ¿miedo? ¿Vería en mí su obra maestra, o solo el reflejo de su fracaso?

A veces, fantaseo con estas cosas. No por odio, ni por un deseo de rebelión, sino por pura curiosidad. Cada rostro tiene una historia distinta al morir. Algunos gritan traición, otros abrazan el dolor y unos pocos exhalan una paz burlona al filo que les da la muerte. Pero todos terminan igual. Apagándose lentamente ante tus ojos. Imagino cómo sería observarlo en esos últimos segundos, no con desprecio, sino como una artista admirando la culminación de su obra. Creo que sería la mayor demostración de respeto y agradecimiento posible. Aunque, por otro lado, el lado sentimental del que trato de escapar siempre que puedo, siente que tal vez quiera que él viva eternamente. Si vive, puede enseñarme más secretos oscuros. Si continúa a mi lado, puede hacer de mí el arma perfecta que lo haga sentir orgullo y juntos dominar los caminos del poder superior. Ganarle a Amn podría no ser una tarea solitaria.

Estas fantasías no se limitan a él. Incluso aquella, mi "hogar", con su belleza y devoción inquebrantable, ocupa mis pensamientos más obsesivos. A veces me pregunto cómo sería su mirada si yo sostuviera el arma que pondría fin a su existencia. ¿Vería amor? ¿Dolor? ¿Aceptación? Tal vez, en su último aliento, me bendeciría con la expresión más pura y real de su alma. Aceptándome por lo que soy y allanando el camino a mi destino. Es cruel, lo sé, pero inevitable pensar en ello. Aunque, nuevamente, los vestigios de humanidad hacen que piense en estas posibilidades y automáticamente entre en mis cavilaciones para protegerla de mi oscuridad. Hacerla mi compañera en la cima es opción. Gobernarlo todo no tiene por qué ser una tarea solitaria.

Estas reflexiones no son planes. Son estudios. Disecciones mentales de quienes me rodean. Entender cómo podrían reaccionar ante la muerte me ayuda a comprenderlos mejor. Cada corte que imagino, cada suspiro final que proyecto, me acerca más a dominar el arte que estudio. Porque matar no es solo destruir. Es crear. Es definir. Y es controlar. Todo templado y medido por aquel corazón que aún late con la esperanza inútil de un final feliz. Final que no me corresponde experimentar o que, muy en el fondo, siento que no me interesa. No más allá de la satisfacción de un trabajo bien hecho o de ver mis objetivos completados.

¿Pero qué me espera en el final de este oscuro cuento? La respuesta es obvia a estas alturas. Muerte. "Asegúrate de no morir sola y llevarte contigo a alguien". Me dijo una sombra del pasado. Curioso es que en aquel entonces no era lo que soy ahora y mi camino distaba mucho de parecerse.


¿Es esto lo que significa ser una asesina?​
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Quizá. No mato por placer, aunque es lo que siento al hacerlo. Sino que lo hago por control, por curiosidad, por maestría. Y aun así, sé que este camino no tiene retorno. Puedo sentir cómo cambian cosas en mí. Sé que se me moldea; puedo notar la sutil pero latente intencionalidad de oscurecer hasta la última capa de mi alma. Todo este conocimiento me llevará, algún día, a un acto final que definirá lo que realmente soy o me condenará eternamente al más perpetuo abismo de perdición. ¿No es hermoso?

Hasta entonces, seguiré observando, aprendiendo, fantaseando. Porque el asesinato no es solo un final. Es una conversación íntima con tu víctima y el mundo que te rodea. Un arte. Un reflejo de quienes somos en nuestros momentos más oscuros y la manifestación de nuestro poder expresado en otros, de forma que no haya duda alguna.

Hoy entiendo que no soy solo una estudiante. Soy un lienzo vivo, una obra en proceso, cada enseñanza dolorosa me acerca más a la perfección. Algún día, cuando sea yo quien tome el pincel en forma de daga, el mundo verá mi verdadera obra. No será el caos de una mente febril ni el salvajismo de una simple muerte. Será arte. Oscuro, calculado, irrevocable y sobre todo lucrativo. Pero al final de todo, lo importante es el poder. La muerte de otros, el asesinato, es en definitiva eso: poder.

Y entonces, cuando mi víctima contemple sus últimos segundos, sabrá que el dolor que siente no es casual. No es caprichoso. No es un sinsentido cruel y desprovisto de amor. Es una declaración profunda y contundente. Es mi deseo, mi arte...
Es mi firma.

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