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El Duelo de los Archimagos

Teiglin

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El Duelo de los Archimagos

Prólogo

Ambos comenzaron en lugares totalmente distintos, eran iguales a su manera, apasionados de la erudición, sumergidos en las mareas de la Urdimbre, ambos, tomaron como forma de vida el Arte. Aunque el camino que eligieron eran totalmente distintos. Las circunstancias, la ambición llevaron al Mago Rojo hasta su posición actual. Cargado en su interior de deseos de ir más allá, y de hacerlo por siempre. Débil, esclavo, siervo y luego consejero, libre a su manera, el momento había llegado, el sabía que todo comenzaba a cambiar, la inmortalidad no era ya algo deseable, ni siquiera práctico, pero se convertiría en algo necesario llegado el momento. Pero quedaba mucho camino por recorrer aún.

Por otro lado, el archimago selunita tenía otras ambiciones, cínico como era, podía ocultar al resto sus anhelos, pero no a Obara, el sabía, que tras esa máscara de genuina bondad, se escondía alguien con las mismas ambiciones que él. La diferencia entre Misog y Obara, era que el fin, justifica los medios, sí. Pero no de igual forma.



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Teiglin

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Capitulo I: El Principio del Fin

En el interior del Enclave de Thay en la capital de Amn, en Athkatla se encontraron. El ritual en el que ambos archimagos estuvieron trabajando durante tanto tiempo, y aunque Misog ignoraba que la verdad tras la máscara del grimorio y sus rituales radicaba en la urdimbre sombría, tampoco hizo preguntas al ver las pruebas que el propio ritual indicaba.

Ambos arcanos se respetaban, sabían que eran referentes para otros en todo Amn, donde la Magia estaba bajo llave custodiaba por los Magos Encapuchados. Muy pocos arcanos notables gozaban de la posición de la que gozaban ambos, siendo más natural encontrarse otro tipo de artistas urdímbricos de menor envergadura, ilusionistas, brujos, mercachifles, conjuradores, de eso Amn estaba lleno, antiguos y nuevos desviacionistas. Insignificantes a los ojos del Mago Rojo.

Muchas historias se narrarán sobre lo que aconteció en Athkatla ese día, la caza del Heraldo y de sus siervos, pero nadie sabrá lo que ambos archimagos sintieron. Las energías que desataron allí, rodeados de sus aliados, siervos o amigos. Más allá de lo que se pudo ver exteriormente, sus almas chocaron, y parte de uno y el otro se mostró. El vacío eterno y sin luz del Mago Rojo se mostró ante la esencia vital de su contraparte, que era brillante, cálida. En esa emoción perdió Obara la batalla contra Misog, cuando este flaqueó, tuvo que ceder ante el ritual y ante sí mismo, y entregó parte de su alma, algo que se había prohibido antes de comenzar. Pero los misterios de la Urdimbre son insondables, y nada podía superar su anhelo en ese instante de ver más allá, habría sacrificado a todos sus siervos sólo porque aquello pudiese concluir con éxito, y así fue, lo hizo.

El ritual terminó y ambos archimagos se miraron, se vieron, como nadie allí pudo verlos. Por primera vez en mucho tiempo una sonrisa se dibujó en la mente de Obara, que negó, o lo intentó, pero podía dejarse llevar por los sentimientos, eso lo haría débil, y en algún momento, en algún lugar, sabía que tendría que destruir a Misog Thagog, el archimago, su enemigo y aliado.

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