Kellky
Screenshot secreta de Minen
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El agua de la cascada rugía con una fuerza brutal, estrellándose contra las rocas, cientos de metros más abajo, pero en la cima, el sonido se convertía en un muro de ruido blanco. Freolaff permanecía inmóvil, con las piernas cruzadas sobre la piedra húmeda y fría, al borde del abismo. El rocío empapaba su túnica, pero él no lo sentía. Como alguien consagrado al Dios que Sufre, el dolor físico era un viejo conocido, un maestro en sí mismo. Sin embargo, lo que ahora amenazaba con partirlo en dos no era una herida de espada, sino una frase que se repetía en los rincones más oscuros de su mente.
"Tu maestra Deneve ha muerto."
La noticia había llegado hace un tiempo a través de la voz de Gwenaelle. Su mirada revelaba cierto pesar en su rostro se dibujaba la tristeza al pronunciar el nombre del Verdugo: Kroeln.
Jamás había escuchado hablar de ese ser. En el momento en que le soltaron la bomba, el corazón de Freolaff no se encogió, se llenó de un optimismo desafiante. Una sonrisa involuntaria, casi imperceptible, había amagado con dibujarse en su rostro. Sentía que aquello era imposible. Una mentira. Un error de los mensajeros. Su maestra, era una de las mujeres más fuertes que había conocido. Le había visto soportar castigos, que habrían quebrado a guerreros veteranos, la había visto luchar con fiereza y sobreponerse a la adversidad con la pura fuerza y su propia voluntad. Que un ser, por muy temible que fuera su nombre, la hubiera apagado... no tenia sentido.
Pero ahora, a solas con el abismo de la cascada, el optimismo empezaba a agrietarse, Buscaba la paz interior que Ilmater concede a quienes asumen el sufrimiento del mundo, pero su mente era un completo hervidero de caos. Miles de pensamientos inconexos, dudas y recuerdos se atropellaban entre sí, perturbándolo profundamente.
Tu maestra ha muerto, repetía la voz de Gwenaelle, suave pero implacable
Tu maestra ha muerto, irrumpía de golpe otra voz, la de Kennan, cargada de una urgencia y un peso que Freolaff no podía ignorar.
Ambos ecos se entrelazaban golpeando sus sienes al ritmo del agua que caía al vacío. Apretó los puños sobre sus rodillas, intentó respirar hondo, respirando el aire húmedo, pero se sentía espeso, como si la atmosfera misma se compadeciera de él.
Cada vez que intentaba racionalizar la noticia, cada vez que profundizaba en el dolor de la pérdida, sentía que daba un paso mas hacia el abismo. Estaba a punto de quebrarse. Miro hacia abajo, al torbellino de espumas y rocas, y por un segundo se vio reflejado en esa fragilidad. Deneve había sido un faro. Aunque el tiempo que había pasado bajo su tutela y su guía había sido breve, Freolaff sentía que, en ese poco tiempo, había aprendido más sobre la vida, el sacrificio y la verdadera fuerza de lo que había aprendido en su existencia anterior. Ella no solo le había enseñado, le había mostrado como canalizar el ki, le había enseñado a pelear sin usar las manos con una gran precisión: le había enseñado a sostener el peso del mundo sin perder la piedad.
Abrió los ojos y su mirada se fijó en el horizonte.
- Soy lo que soy gracias a que ella me enseño a resistir, y no dejare que su luz se apague en mi antes de conocer la verdad-
Fue un leve susurro, pero su propia voz, firme e inquebrantable, sepultó por fin el eco de la muerte.
"Tu maestra Deneve ha muerto."
La noticia había llegado hace un tiempo a través de la voz de Gwenaelle. Su mirada revelaba cierto pesar en su rostro se dibujaba la tristeza al pronunciar el nombre del Verdugo: Kroeln.
Jamás había escuchado hablar de ese ser. En el momento en que le soltaron la bomba, el corazón de Freolaff no se encogió, se llenó de un optimismo desafiante. Una sonrisa involuntaria, casi imperceptible, había amagado con dibujarse en su rostro. Sentía que aquello era imposible. Una mentira. Un error de los mensajeros. Su maestra, era una de las mujeres más fuertes que había conocido. Le había visto soportar castigos, que habrían quebrado a guerreros veteranos, la había visto luchar con fiereza y sobreponerse a la adversidad con la pura fuerza y su propia voluntad. Que un ser, por muy temible que fuera su nombre, la hubiera apagado... no tenia sentido.
Pero ahora, a solas con el abismo de la cascada, el optimismo empezaba a agrietarse, Buscaba la paz interior que Ilmater concede a quienes asumen el sufrimiento del mundo, pero su mente era un completo hervidero de caos. Miles de pensamientos inconexos, dudas y recuerdos se atropellaban entre sí, perturbándolo profundamente.
Tu maestra ha muerto, repetía la voz de Gwenaelle, suave pero implacable
Tu maestra ha muerto, irrumpía de golpe otra voz, la de Kennan, cargada de una urgencia y un peso que Freolaff no podía ignorar.
Ambos ecos se entrelazaban golpeando sus sienes al ritmo del agua que caía al vacío. Apretó los puños sobre sus rodillas, intentó respirar hondo, respirando el aire húmedo, pero se sentía espeso, como si la atmosfera misma se compadeciera de él.
Cada vez que intentaba racionalizar la noticia, cada vez que profundizaba en el dolor de la pérdida, sentía que daba un paso mas hacia el abismo. Estaba a punto de quebrarse. Miro hacia abajo, al torbellino de espumas y rocas, y por un segundo se vio reflejado en esa fragilidad. Deneve había sido un faro. Aunque el tiempo que había pasado bajo su tutela y su guía había sido breve, Freolaff sentía que, en ese poco tiempo, había aprendido más sobre la vida, el sacrificio y la verdadera fuerza de lo que había aprendido en su existencia anterior. Ella no solo le había enseñado, le había mostrado como canalizar el ki, le había enseñado a pelear sin usar las manos con una gran precisión: le había enseñado a sostener el peso del mundo sin perder la piedad.
Abrió los ojos y su mirada se fijó en el horizonte.
- Soy lo que soy gracias a que ella me enseño a resistir, y no dejare que su luz se apague en mi antes de conocer la verdad-
Fue un leve susurro, pero su propia voz, firme e inquebrantable, sepultó por fin el eco de la muerte.