Novedades

El eco de la verdad

Kellky

Screenshot secreta de Minen
Registrado
28/2/17
Mensajes
359
El agua de la cascada rugía con una fuerza brutal, estrellándose contra las rocas, cientos de metros más abajo, pero en la cima, el sonido se convertía en un muro de ruido blanco. Freolaff permanecía inmóvil, con las piernas cruzadas sobre la piedra húmeda y fría, al borde del abismo. El rocío empapaba su túnica, pero él no lo sentía. Como alguien consagrado al Dios que Sufre, el dolor físico era un viejo conocido, un maestro en sí mismo. Sin embargo, lo que ahora amenazaba con partirlo en dos no era una herida de espada, sino una frase que se repetía en los rincones más oscuros de su mente.

"Tu maestra Deneve ha muerto."

La noticia había llegado hace un tiempo a través de la voz de Gwenaelle. Su mirada revelaba cierto pesar en su rostro se dibujaba la tristeza al pronunciar el nombre del Verdugo: Kroeln.

Jamás había escuchado hablar de ese ser. En el momento en que le soltaron la bomba, el corazón de Freolaff no se encogió, se llenó de un optimismo desafiante. Una sonrisa involuntaria, casi imperceptible, había amagado con dibujarse en su rostro. Sentía que aquello era imposible. Una mentira. Un error de los mensajeros. Su maestra, era una de las mujeres más fuertes que había conocido. Le había visto soportar castigos, que habrían quebrado a guerreros veteranos, la había visto luchar con fiereza y sobreponerse a la adversidad con la pura fuerza y su propia voluntad. Que un ser, por muy temible que fuera su nombre, la hubiera apagado... no tenia sentido.
Pero ahora, a solas con el abismo de la cascada, el optimismo empezaba a agrietarse, Buscaba la paz interior que Ilmater concede a quienes asumen el sufrimiento del mundo, pero su mente era un completo hervidero de caos. Miles de pensamientos inconexos, dudas y recuerdos se atropellaban entre sí, perturbándolo profundamente.

Tu maestra ha muerto, repetía la voz de Gwenaelle, suave pero implacable

Tu maestra ha muerto, irrumpía de golpe otra voz, la de Kennan, cargada de una urgencia y un peso que Freolaff no podía ignorar.

Ambos ecos se entrelazaban golpeando sus sienes al ritmo del agua que caía al vacío. Apretó los puños sobre sus rodillas, intentó respirar hondo, respirando el aire húmedo, pero se sentía espeso, como si la atmosfera misma se compadeciera de él.

Cada vez que intentaba racionalizar la noticia, cada vez que profundizaba en el dolor de la pérdida, sentía que daba un paso mas hacia el abismo. Estaba a punto de quebrarse. Miro hacia abajo, al torbellino de espumas y rocas, y por un segundo se vio reflejado en esa fragilidad. Deneve había sido un faro. Aunque el tiempo que había pasado bajo su tutela y su guía había sido breve, Freolaff sentía que, en ese poco tiempo, había aprendido más sobre la vida, el sacrificio y la verdadera fuerza de lo que había aprendido en su existencia anterior. Ella no solo le había enseñado, le había mostrado como canalizar el ki, le había enseñado a pelear sin usar las manos con una gran precisión: le había enseñado a sostener el peso del mundo sin perder la piedad.

Abrió los ojos y su mirada se fijó en el horizonte.

- Soy lo que soy gracias a que ella me enseño a resistir, y no dejare que su luz se apague en mi antes de conocer la verdad-

Fue un leve susurro, pero su propia voz, firme e inquebrantable, sepultó por fin el eco de la muerte.
 

Kellky

Screenshot secreta de Minen
Registrado
28/2/17
Mensajes
359
Cuando creía haber encontrado la tranquilidad una molestia pequeña y sutil pareció alterar la mente de Olaff, El fuerte viento, el muro de ruido blanco de la cascada que seguía allí, el caos en la mente de Olaff comenzó a asentarse, como el lodo que se decanta por estar en el fondo de un estanque tras la tormenta. Inspiró el aire gélido y, por primera vez en horas, el aire no le pareció espeso, sino un combustible necesario para lo que vendría.

Sus piernas y sus articulaciones protestaron con un pequeño crujido sordo, el frio de la piedra se había instalado en sus huesos, pero él dio la bienvenida a ese dolor sutil. Era recordatorio de que seguía vivo.

Se puso de pie y desafío el abismo que hace unos días amenazaba con devorarlo. Miró sus propias manos. No portaban armas de metal, no las necesitaba. Bajo su piel, los canales de ki que con la ayuda de su antigua maestra había logrado controlar empezaron a vibrar, un calor interno que contrastaba con el rocío de la montaña.

Recordó aquellas palabras que una vez le fueron dichas: "El cuerpo es el templo del sufrimiento, pero la voluntad es el arma que lo trasciende".

Su mente seguía perturbada, si ese faro realmente se había apagado entonces a el le correspondía heredar ese fuego. Pero no aceptaría el luto ciegamente. Ilmater exigía soportar el dolor del mundo, sí, pero no el engaño de las sombras. Necesitaba ver los restos, necesitaba encontrar el rastro de aquel ser. Si realmente había caído, sus últimos momentos debieron ser una lección de resistencia absoluta; si seguía viva en algún rincón oscuro, sufriendo, su deber era compartir esa carga o liberarla.

-El dolor solo nos hace más fuertes- fue el ultimo susurro que salió de su boca en aquella larga noche.

 
Arriba