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Finalmente, y aunque era evidente tras este último tiempo pasado, se cierra la trama formalmente tras mi inactividad y por mi marcha del Staff por motivos personales. Las listas de participantes que hubieron antaño en las escenas están guardados y durante estos próximos días el staff activo os lo irá repartiendo en cuando coincidan en disponibilidad.
A la hora de diseñar las recompensas se han tenido en cuenta la actividad e iniciativa durante la trama. Se recompensarán a aquellos que lucharon a favor de Amn, indepentientes o en contra de Amn lo que resume básicamente a cualquier participante sea desde la perspectiva que sea.
Las recompensas pueden incluir: oro por motor, oro on-rol (solo a una facción), bonificadores de relaciones o tratados y algún objeto personalizado. Las cantidades y recompensas variarán según asistencia y el papel representado en la trama.
Gracias por vuestra paciencia.
Han pasado cuatro meses desde aquel bullicioso y tenso día en el puerto de Athkatla. Cuatro meses llenos de desafíos, traiciones y esperanza. La Armada de Amn, orgullosa y decidida, no se imaginaba que en su seno albergaba a un traidor, y mucho menos que una parte significativa de la flota se alzaría en un acto de rebelión en alta mar.
Las primeras señales de la traición se manifestaron en sutiles cambios de lealtad y en intrigas que burbujeaban bajo la superficie de la vida naval. El Almirante, esa figura que una vez fue símbolo de liderazgo y coraje, se había convertido en una sombra oscura que acechaba en la ignorancia, tejía alianzas secretas y planeaba su traición. Su mirada resuelta ocultaba sus verdaderas intenciones, sumiendo a todos en una máscara engañosa.
El día de la traición, cuando el sol se escondía en el horizonte y el cielo se teñía de tonos naranjas y púrpuras, la flota de Amn se encontraba en una posición vulnerable. En medio de la oscuridad, varios de aquellos navíos imponentes, una vez símbolos de poderío naval, cambiaron su lealtad y se volvieron contra su propia patria. Las velas blancas, antes henchidas por la brisa del mar, ahora se desplegaban en señal de una despiadada insurrección. Las cicatrices de innumerables batallas que adornaban las embarcaciones ya no eran testimonios silenciosos de valentía, sino de engaño y deslealtad.
El Almirante, con su mirada ahora llena de una codicia nociva, lideró esta incierta danza de piratería en las aguas de las Nelanther. Las banderas de Amn, una vez ondeando con orgullo, fueron reemplazadas por nuevos emblemas ajenos a su previa nación y ambición sin límites.
El silencio descendió sobre Amn como una espesa niebla, envolviendo en secreto el alzamiento que había estallado en las Nelanther. La nación, con su orgullo herido, comprendió que la revelación de la traición y los actos piratas cometidos por su propia flota mancharían su reputación en los mares y más allá. Decidieron afrontar este desafío en la más estricta intimidad, alejándose de voluntarios y aliados externos, cortando cualquier comunicación con el mundo exterior.
El suceso de la rebelión sacudió los cimientos de la Armada y la élite de Amn. La devastación y la confusión se apoderaron de la flota, que se encontraba ante la perspectiva de luchar contra sus propios hermanos, antaño fieles marinos y ahora enemigos sedientos de riqueza y poder. Pero Amn no se arrodillaría ante la adversidad, y aunque sus recursos se invirtieron en estabilizar la rebelión, el enemigo parecía escurridizo, desapareciendo entre las sombras y las islas dispersas.
La flota leal, fiel a los ideales y al honor de Amn, se enfrentó a sus traidores hermanos en cruentas batallas. La madera crujía de nuevo, pero esta vez no en armonía con el movimiento del océano, sino bajo el impacto de la furia y el fuego. Las olas se tiñeron de rojo con el sacrificio de aquellos que defendían con su vida los intereses de su tierra natal.
Durante meses, el conflicto se prolongó, la balanza oscilando entre la esperanza y la desesperación. La voluntad inquebrantable de Amn no cedía, y poco a poco, con astucia y valor, lograron recuperar la mayoría de los navíos rebeldes. Sin embargo, la cabeza del Almirante traidor seguía siendo un misterio, como un fantasma que el sol no lograba disipar.
A pesar de la incertidumbre que rodeaba los motivos detrás de la traición del Almirante, una verdad se alzaba clara e inquebrantable: su objetivo no era erradicar la piratería. El enigma que envolvía su cambio de lealtad perduraba como una laguna en la historia de Amn, dejando preguntas sin respuesta y conjeturas en el aire.
Finalmente, tras un enfrentamiento épico, la flota leal logró poner fin a la rebelión en alta mar. Las aguas tumultuosas de las Nelanther guardaron los secretos de aquellos que se perdieron en la lucha, y la historia los recordaría como valientes marinos que defendieron con pasión y sacrificio el honor de Amn.
Con el regreso de la flota, Amn encontró su estabilidad y se preparó para enfrentar nuevos desafíos en el futuro. Aunque el Almirante traidor escapó a su destino, Amn no olvidaría su traición y estaría atenta ante cualquier señal de engaño en el horizonte.
En el sosiego de un disgusto aplacado, la nación se embarcó en una noble misión para honrar a aquellos valientes héroes que, en tiempos pasados, lucharon con coraje y dedicación en las Nelanther. Como un faro de gratitud, la nación extendió sus brazos para abrazar a estos marinos excepcionales, otorgándoles honores y recompensas que brillarían con el esplendor de su valentía.