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[El Retorno de los Dragones] Inmescar la proclama

Quetzalcoatl

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*Estos días, quienes se hayan atrevido a transitar el Camino del Comercio que une Ímnescar con Purskul tal vez hayan podido atisbar en el cielo nocturno, al levantar la vista, entre el susurro del viento y el crujido de las ruedas de sus carros, una sombra de enormes alas surcando el firmamento cuya figura ocultaba el manto estrellado a su paso.*​
 

Tuliosoyyo

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* Hace apenas unos días por la avenida principal de Imnescar, pudo verse a un grupo peculiar emprender una batida por el Camino del Comercio en dirección a Purskull. El grupo era pequeño y ágil para moverse ,formado por Bran Helder, Calendil, Calistha de Sune, Madeleine y la exsenescal Minstreltides. Se comenta que no se cruzaron con banderas muranís pero sí con grupos generosos de maleantes.*
 
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Quetzalcoatl

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*En la plaza de acceso a Ímnescar, junto a la magnífica escultura que rinde honores a héroes y gestas antiguas, se ha podido ver al Senescal Kerloch conversando con la joven Calistia, Calendil de la comunidad hin y varios aventureros del Gremio - Lufram, Zahal y la señora Sweeny -, y explicándose ante ciertas preguntas que, quizás, algunos definirían como un tanto incómodas.*​
 

Manny_LoneWolf

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La lluvia no cesaba y no parecía que fuese a cesar. Las fuerzas de Murann avanzaban bajo el cobijo del antinatural temporal a su favor, pero entre los defensores de Imnescar no faltaba la voluntad, ni por supuesto la unión.

Con las riendas de su yegua de guerra en una mano, la paladina de Sune se dirigió hasta la puerta sur, acompañada de aquellos que saldrían con ella hacia la primera línea. Entre ellos había amigos, conocidos y aliados, unos de siempre, otros nuevos: pero todos con el mismo objetivo. Allí mismo, giró sobre sus talones para observar al resto y tomar aliento para que su voz llegara a todos.

—Me dirijo a vosotros como comandante de la defensa para anunciaros que marcharé a encabezar la primera línea. Que eso no os preocupe, pues aquí hemos trabajado conjuntamente y todos conocéis a vuestros equipos y tareas. Aunque conozcamos la ciudad, así como todo lo que hay alrededor, eso no quiere decir que sepamos realmente lo que nos espera: tened cuidado, y sobre todo, cuidad unos de otros.

Les dedicó una amplia y genuina sonrisa para luego tomar su cabello y pasarlo a través de una abertura especial del yelmo para ello, quedando su hermosa cabellera en una coleta alta. Después levantó la visera para pronunciarse de nuevo.

—Murann va a caer sobre nosotros para intentar arrebatarnos todo aquello que amamos, es la única certeza que tenemos. Soy consciente de que pido mucho, pues el precio de la libertad es alto y siempre lo ha sido, pero estoy dispuesta a pagarlo: y estoy segura de que no soy la única aquí.

Con calma montó sobre su corcel y embrazó su escudo luego, bajando la visera del yelmo después.

—¡Es la lucha de nuestra vida y vamos a ganar! ¡Cueste lo que cueste!

Exclamó para todos con energía y decisión justo antes de cruzar las puertas sur de la ciudad al lado del resto.​
 

Khazan

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Tras varios días en Kalathyr, sin gloria alguna regresó a Athkatla con el acero sin manchar y la paciencia al borde del colapso. Ese frente resultó ser una ilusión de guerra y de vuelta a Athkatla, decidió pasar su “descanso forzado” mientras espera instrucciones en los burdeles del Distrito de la Moneda.

Instalado entre sedas, vinos y cuerpos calientes, no tardó en volver a sus viejos hábitos. Una moza se colgaba de su cuello mientras otra le llenaba la copa, y él, con sonrisa burlona, alzó la voz al escuchar el rumor de los sucesos en Crimmor:


¡Joder, y yo aquí muriéndome del asco... a ver si me mandan a un lugar en condiciones... aunque no es que tenga ninguna prisa! *Rió fuerte, apretando el muslo de la muchacha junto a él mientras chocaba su copa con la de un enano ebrio que no sabía si aplaudirle o temerle.
Pero entre copa y copa, entre caricia y caricia, su mirada se perdió un momento, los rumores que escuchó antes sobre la Reina de la Oscuridad se colaban en sus pensamientos, y al ser conocedor de que existía la posibilidad de esa "Reina" fuera Tiamat, y aunque su sangre dracónida ardía de emoción, su mente empezaba a cuestionar.*


Como sea Tiamat... que le den por culo. *Masculló, dejando la copa sobre la mesa* Ahora que me estoy acostumbrando a Amn, no quiero que esto quede reducido a cenizas. ¡Quiero riquezas, y fama!

Y entonces, casi sin pensar, agarró del brazo a uno de los jovenzuelos del burdel que pasaba con una bandeja:

¡Tú! Háblame de Bane... *Preguntó con una sonrisa torva, la de quien empieza a considerar un cambio.*

Horas después, entre los susurros de una cortesana y las últimas brasas de la velada, llegaron por fin las instrucciones esperadas.

*Una chispa se encendió en sus ojos.*
Ímnescar... ahora sí, al fin, habrá sangre que derramar… y un nombre que forjar.
 
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Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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*Sentada sobre uno de los tantos cajones que podrían encontrarse en Imnescar, Astrid repiqueteaba con los dedos sobre el improvisado asiento, empezó a entonar improvisando un canto de aliento a los que en Imnescar se preparaban*

¡Ardor guerrero os infunda mi voz!

Entono un cantar al deber, la nación y el honor

A los que amor y vida consagran

Amn, Imnescar, que mi canción se escuche en cada almena

Que mi voz infunda aliento a cada alma
Que de ella brote la fuerza y el coraje

¡Amn, Amn, Amn!
De mi alma surja la música hecha magia
De mi alma ,mi voz llena de fuerza

Mi canción sea en esta batalla vuestro animo y grande y alto
Llegue alzándose hasta el mismo cielo

¡Imnescar, Imnescar, Imnescar!

No pasarán las bestias ni mancharán nuestras banderas

De mi alma cada nota , formada la magia que infunda valor por cada héroe que hoy nazca

¡Adelante, Adelante !

Derribemos las fuerzas de las bestias

¡Amn, Amn, Amn!

!¡Imnescar, Imnescar, Imnescar!!

¡Gritad conmigo , No pasarán!

¡Por Amn ,por Imnescar!¡Por Imnescar y por Amn!
​
 
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Manny_LoneWolf

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En el centro de Imnescar, la comandante había reunido a oficiales y miembros de la fuerzas de defensa debido a la noticia que había llegado. Fery había sido vista volver de la dura batalla en el primer frente junto al resto de compañeros, aquel que su objetivo era aguantar hasta no poder más. Apenas había tenido tiempo para tratar sus heridas y las placas de su armadura mostraban las marcas de lo que se había sufrido, pero allí estaba: con su hermosa cabellera limpia, sus labios adornados de un sutil carmín, así como el perfil de sus ojos en tonalidad rojiza como si del mismo fuego se tratara, todo sin faltar esas joyas que producían un suave y atrayente tintineo.

—Ciudadanos, hermanos, amigos, aliados... Las fuerzas de Murann han demostrado una vez más no tener escrúpulos y han traído los nomuertos a nuestro hogar. Han decidido profanar el lugar donde nuestros seres queridos descansan, aquellos que con su esfuerzo en tiempos pasados lograron que ahora estemos aquí.

Paseó la mirada entre los presentes para observar sus reacciones, aprovechando para tomar algo de aire.

—No es algo que vayamos a permitir, y mucho menos tolerar. Ya sea por la misión divina con nuestros dioses, porque perder el flanco puede ser un duro golpe, por la lucha contra los que nos quieren arrebatar lo que nos queda o por ese gran amor que seguimos profesando a los nuestros: ¡Es momento de estar unidos sin asperezas! ¡Hay que detenerlos!

La comandante desenvainó su espada, pasando su palma luego por la hoja para dotar a esta de un fulgor blancoamarillento, claramente bendito, alzando al final esta para la vista de todos.

—¡Por el descanso merecido de aquellos que amamos! ¡Por la caída de aquellos que atentan contra la vida! ¡Que el fuego radiante purifique a los que arremeten contra Imnescar!

Y esos fueron sus gritos antes de ordenar los siguientes movimientos de tropas.



Offtopic :
En relación al post de Dm Ofnir y con su permiso. :)
 

_Miau_The_Return_

El que aplaude en los discursos Zhent
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Esta vez no habría proclamas.

Tras guiar y poner a salvo a muchos civiles, a la Sacerdotisa Sunita, se la vería acompañar a sus compañeros. Sin embargo, tras recibir cierto ataque por la espalda, y herida mas allá de lo que nadie podría llegar a imaginarse, se vería a la joven Sacerdotisa, ir a aquellos sótanos.

Sotanos. Bajos. Casa por casa.
Sin hacer ningún tipo de proclama.
Simplemente realizando aquellas tareas que debía hacer.
Las que muy poca gente tenía en cuenta.

La gente solo estaba pendiente de La Guerra.
Siempre sonriente. No obstante, aquellos que mejor la conocen, se darían cuenta que esta sonrisa no era la misma de siempre.

Atender, cuidar y evitar que ciertos desalmados volvieran a atacar a nadie más.
Amable, atenta, cuidadosa.

A partir de ese momento, siempre que alguien pudiera buscar a la Sacerdotisa, tal vez pueda encontrarla atendiendo a cualquier ciudadano de bien.

En silencio. Pero en acción.

¡Por todas las Almas perdidas y que no hubiera más!

Ciertas heridas, no son las del cuerpo.​

Offtopic :
Rumor validado Por DM_Faker
​
 

Juan

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​
Desde las contundentes murallas de Kalathtyr salieron, cada paso que al unísono daban sonaba como una promesa de sangre y muerte, acercándolos de manera inexorable hacia su destino. Infinitas filas de soldados con casacas azules, otros rojas, pero todos de una disciplina absoluta y la devoción en su mirada del que bien sabe que ha nacido para morir luchando y lo ha aceptado. Adornando este grupo un enorme contingente de mercenarios de exóticas vestimentas, genasíes de múltiples tipos, mercenarios sedientos de lucha sobre elefantes preparados hasta los colmillos para la batalla y sobre sus cabezas, una enorme sierpe de negras escamas batía sus alas realzando su a la vez majestuosa y terrorífica presencia. A la cabeza de todos ellos, el Comandante Ewan, guiándoles por brechas tan imposibles como desconocidas de los Dientecillos y los Humedales, buscando cubrir la distancia que les separaba de Imnescar en un tiempo inaudito.

En secreto silencio un juramento de lealtad brillaba en la mirada del elfo amniano, pero el fuego de la ira y el odio le quemaba en lo más profundo de su alma. Si pensaban esos cobardes de Murann que atacando Imnescar iba a escapar de su furia y determinación estaban muy equivocados, con los primeros rayos del alba asomaría con su comitiva por el oeste de la ciudad fronteriza, descargando sobre ellos la contundencia y el dolor que habían provocado multiplicado por mil, pues él era el castigo de las bestias, con sus maltrechos cuerpos abonaría los campos y con sus pérfidas almas llenaría los infiernos, por la Gloria de Amn.
 

Quetzalcoatl

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*La ciudad de Ímnescar bullía de nerviosismo e inquietud, sufriendo la espera del asalto de las huestes de Murann. Y por sus calles y entre los valientes que protegían las murallas y los portones caminaba la "Eterna" Madeleine, utilizando únicamente su voz para transmitir coraje y esperanza a quienes pudieran escucharla.*​

¡Alzaos, hijos de Ímnescar!

¡El alba recuerda vuestros nombres!
¡De los que juraron jamás ceder esta tierra!

¡Murann viene!
Como viento enfermo
Como bestia infecta y muerto sin alma.

Pero nosotros venimos de la canción y la sal
Del sol que no muere y las rosas que aman
Del trigo y del vino.

No hay sombra que apague nuestra llama.

No hay miedo capaz de hacernos hincar la rodilla.

¡Ímnescar es piedra, pero también es palabra!
¡Es madre, y sangre, y semilla!

Y mientras palpite un solo corazón en su seno
Mientras un solo brazo se alce con furia
El enemigo sabrá que aquí no se pasa, aquí no se rinde.

¡Aquí no se olvida!

Y cuando el cuerno resuene en la hora más negra
Alzaremos la voz para que el mundo escuche.

¡Aquí está Ímnescar!
¡Ciudad que no cae!
¡Ciudad que no teme!
¡Ciudad que resiste!
​
 

Tragic girl

</c> de Minikanyas
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*La guerrera va de un lado a otro, con La Hermandad del Botijo de la Parra junto a Don Beltrán y sus hombres, con los soldados de la Cicatriz a la que una vez fue parte, con sus compañeros de la Gáldrim y la gente con ganas de luchar y ayudar a Imnescar de las Bestias*
Tempus está de nuestra parte!!! No debemos caer ante el miedo y la incertidumbre.
Somos muchos y buenos guerreros *va animando y dando valor con quienes mantiene una conversación*
¡Aquí está Imnescar!
¡Ciudad que no cae!
¡Ciduad que no teme!
¡Ciudad que resiste!
 

Hela

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La pequeña figura se encontraba encaramada sobre una de las incontables almenas diseminadas por la muralla sur de Inmescar.

Sentada en la postura del loto, observaba la llanura que se extendida ante ella.

En sus penetrantes ojos verdes, brillaba una luz especial, no era incertidumbre, pues era conocedora de la situación.

Tampoco duda, pues sabía de la necesidad de los actos que pronto acontecerian, de la cantidad de vidas que una vez más debía tomar por proteger a sus allegados, sus hermanos...

En sus ojos brillaba la resolución de alguien que sabe que debe proteger ante el peligro sea cual sea el precio.

Cerró los ojos y se dedicó a escuchar, los tambores de guerra estaban cada vez mas cerca, quizá a un par de horas, puede que incluso menos.

Entonces suspiro, ya que era consciente de que quizá perdiera a alguien, siempre acababa perdiendo a alguien de una forma o de otra, y Calendil lloró.

No entendía como el paso de las décadas no habían endurecido su corazón, la muerte les llega a todos a su alrededor con el tiempo...

Pero no, hoy no lo permitiría. Abrió los ojos y su expresión risueña se endureció tanto, que incluso parecía otra persona.

Calendil era otra persona, la kunohichi que asesinaria a sus enemigos sin sentimientos, sin odio, pero tampoco piedad.

Recogió los tessen que habia dejado a un costado, murmuró una plegaria al quebrado y se encaminó al encuentro de los defensores de Inmescar.
 

El Espino Blanco

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La Tienda de la Última Moneda​



En los campos abrasados del sur de Amn, donde las hierbas se tornaron ceniza y el sol apenas atravesaba los cielos cubiertos de humo, se erigía un hospital de campaña en las murallas de Imnescar. Allí, entre tiendas raídas por el viento y el hedor persistente de la gangrena, una figura dorada caminaba entre el dolor: Arianne Brillaba, obispa de Waukeen, la Dama del Comercio.

Arianne no era una guerrera, ni una sanadora tradicional. Su fe estaba arraigada en el flujo de la riqueza, en el intercambio justo y en la perseverancia a través del esfuerzo. Pero la guerra contra Muran, el imperio de las bestias y los muertos que caminaban, trastocó todos los principios conocidos. Incluso los dogmas de la Diosa Dorada se veían difusos entre la sangre y la desesperanza.

El hospital no era más que un conjunto de tiendas mugrientas y catres improvisados, donde el lamento era constante. Arianne había construido, con su propio oro y fe, un pequeño altar de Waukeen en una tienda que llamaban La Última Moneda. Ahí no cobraba en oro, sino en promesas: cada persona salvada debía pagar el día que la guerra terminara, no con dinero, sino con reconstrucción. La comerciante de la vida invertía, y esperaba el retorno.

Pero no todos comprendían.


—Waukeen no tiene lugar aquí, obispa . Aquí solo importa la espada y el báculo - le espetó una maga roja de Thay, mientras curaba con magia llameante a un soldado herido.
—El comercio es supervivencia - respondió Arianne, limpiando la herida supurante de un soldado con vendas empapadas en vino. - Y cada vida salvada es una inversión en el futuro.





"Invertid en esperanza. Aunque el precio sea vuestra vida."


​
 

Meyares

Gerardo de Amn
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*Tras volver de la incursión en los Dientecillos, no sin pocas heridas, Zahal se pondría en manos de los sanadores para tratarlas y a continuación preparar ciertos brebajes para ofrecer a sus compañeros de armas, mientras los campeones de Imnescar se baten a duelo con los Murannies y los defensores de la Puerta Sur se preparan*​
 

Hela

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La batalla estaba dispuesta, y los peones colocados sobre el tablero en que se había convertido la explanada frente a la muralla sur.

Los cuatro elegidos para la batalla que estaba apunto de acontecer, miraban a sus rivales mientras se sopesaban mutuamente.

Calendil, sacudió la cabeza cuando entre los enemigos vislumbró una figura conocida. Entonces haciendo honor a las enseñanzas del quebrado, logró alzar la voz, para hacerse escuchar.

Aryan, aun estanos a tiempo de parar este sin sentido.

El orgulloso guerrero se rió, negando la salida que Calendil le acababa de ofrecer.

La elfina negó una segunda vez, entonces me veré obligada a matarte, pensó para si. Mientras en el tiempo que se tarda en un parpadeo, tenia sus tessen preparados.

Entonces se desencadenó el caos, conjuros y acero entrechocaron en un combate donde donde dos grupos se enfrentaban a muerte.

El combate no fue brebe, dado que las criaturas, en su mayoría muertos viventes, eran poderosos.

Aunque al parecer no lo suficientemente poderosos, los arcanos caian bajo el acero y los guerreros ante los conjuntos. Al final, tan sólo Aryan quedaba en pié del lado de muran.

Defendiendose a duras penas del inmenso poder de James, el mago, parecía querer jugar con ese hombre, como un gato juega con el ratón al que está apunto de cazar. Hasta que el gato se canso...

Tras la batalla todo eran felicitaciones y regocijo. Los "campeones han ganado"

¿Campeones de que?
Pensó Calendil, luchar debe ser siempre el último recurso, nadie gana con una muerte.

Compuso una sonrisa como pudo, fingiendo alegría por haber "derrotado al enemigo".

En una guerra no gana nadie, todo son perdidas, y cada muerte era una derrota.

Entonces cesó la lluvia, esa que les había acompañado incontables días, esa que se había vuelto otro compañero en este sin sentido.

Los muertos se acercan por el este, se aproximó un capitan de la defensa, pronto llegarán a la muralla.

Calendil asintió, quiza fuese mejor para todos que no llegase el respiro, no era momento de remordimientos, debía actuar, debía proteger.

-Os acompaño capitán, no dejaremos que entren en la ciudad...
 

Manny_LoneWolf

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Muchos se sorprendieron cuando un mensajero del imperio de las bestias bestias acudió a las puertas de Imnescar para informar de que Morkruk desafiaba a los campeones de la ciudad a un duelo ritual. Recibido por la comandante de la defensa y tras presentarse de manera formal ante el mensajero, esta aceptó al entender que trataba sobre el honor bajo la mirada de los dioses, algo que no podía rechazar bajo su deber.

Los murmullos no dejaron de escucharse, algunos decían que era una trampa para atacar mientras tanto, otros para que las bestias traicionarían la buena fe de los que iban a marchar; pero algunos, conservaron la poca esperanza de que quizá, entre aquellos enemigos, todavía quedaran fuerzas que realmente conocieran el significado real de esa palabra llamada honor: o no.

Cuando los cuatro elegidos marcharon, al poco y a lo lejos se pudo apreciar un combate encarnizado, violento, espectacular y sorprendente. Fue largo, duró, pues ambas fuerzas tenían mucho que decir entre golpes y cortes, palabras de fe y sobre todo magia, mucha magia: los dioses no podrían negar todo lo que ambos bandos ofrecieron.

Los campeones de Murann fueron retirados por sus propias fuerzas tras ser abatidos, siendo entonces cuando Fery volvió cojeando por las heridas con Druulxakmilesh, Calendil y el senescal Kerloch. Su victoria haría eco, pero no solo en las fuerzas de defensa de Imnescar, pues también en aquellas bestias que les iban a tirar encima: probablemente más iracundas y salvajes todavía.

Y allí, entre los muros de Imnescar, la paladina de la Diosa del Amor dedicaría unas escuetas palabras para todos sus amigos, aliados y compañeros: aquellos que en poco rato iban a tener que hacer frente a sus peores miedos.



—¡Todos juntos! ¡NO VAN A PASAR! —exclamó con energía, alzando su espada larga que brillaba con la bendición de su diosa.




Offtopic :
Estuvo bien el pvp, chicos. Gracias, Dms, y al bando de Murann. :)

​
 

Nazgul

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"La Magia debería ser constructiva, no destructiva.
Odio las guerras que me han obligado toda mi vida a luchar"
​
Una frase a menudo escuchada de los labios del viejo arcano, que a menudo entretenía a la gente a su alrededor con hermosas ilusiones y juegos mágicos.

Sin embargo, el ansia del experimentado mago de batalla en la guerra, su soberbia disipando hechizos, disipando proyectiles o bombas de artificiero con apenas un movimiento de varita, mientras controlaba la distancia y medía cómo aplicar presión en los campeones Muranníes, no decía lo mismo.

Un reflejo pasado de las mil humillaciones y pruebas a los que su demente maestra lo había sometido en el Palacio de Thultanthar, un atisbo del lejano orgullo netherino incluso dentro de su fachada impoluta de Senescal de Amn, como un ogro abusón maltratando a una pandilla de goblins. Como un ciudadano noble en Athkatla dirigiéndose a pordioseros de los barrios bajos.


Campeón secreto de cualquier duelo, mágico o no, a lo largo de su vida. No era capaz de sentir odio; lo había vendido a un misterioso comerciante ambulante en los Páramos del Alandor. Y sin embargo le molestaba.
​

Estar lejos de su esposa e hija, le molestaba.
Las matanzas de Aryan a sus vecinos de Náshkel, le molestaba.

El recuerdo de su hijo Thalor asesinado y ultrajado, le molestaba.
Una guerra que no había pedido vivir, obligaciones que no podía eludir, le molestaban.


Y aquel viejo mago incluso en la delicada situación, con cientos de ojos de Amn a un lado y Murann al otro, no pudo contener sus ganas de exponer la debilidad de sus enemigos. De todos aquellos que habían estado asaltando y matando amnianos, rompiendo la paz y haciendo que una y otra vez James Kerloch se viese envuelto en batallas y problemas en lugar de poder dedicarse tranquilamente a la política desde su mansión en el Distrito de la Gema, junto a su familia.

Una cosa era que los Príncipes Umbra de Thultanthar exigiesen...

Otra muy diferente, que un puñado de deplorables arcanos e infames criminales como Aryan se atreviesen a ello. Más aún después de haber rescatado su vida personalmente -movido únicamente por el suculento pago- ideando la operación de rescate del criminal, habiendo derrotado al temido Sargento Tark Miller con la facilidad con la que un alumno de la Schola convoca un méfit. Así era la Urdimbre, así se esgrimía el poder. Imbatible. Invencible.

Pero ahora estaba molesto. Tan molesto que se permitió llegar al abuso, a la humillación, derrotar a los campeones de Murann en un paseo mientras un alquimista y una arcana trataban de conjurar contra él sin efecto. Acechando al criminal Aryan cuando se atrevió a perseguir al viejo Senescal al uno contra uno. Usando su magia para esgrimir una espada y atacarlo de vuelta en su propio campo: el cuerpo a cuerpo.

Evitando los hechizos de muerte rápida, controlando su magia para llevar al sufrimiento y el agotamiento al traidor de Amn que se erguía todavía en pie combatiendo a mano con Calendil. Con su actitud infantiloide que siempre había detestado: desde hace muchos años atrás cuando se reunían en el despacho de la Corona de Cobre.

¿Acaso pensaba Aryan que le dejaría tener su momento de gloria uno contra uno? ¿Qué había hecho para merecérselo? Escoria. El juego termina cuando el de voluntad más grande lo quiere así. Minando la moral de Murann por la derrota abrumadora de sus campeones, intacto y sin herida alguna. Tomándose la libertad de recoger y ayudar a la Comandante Fery antes incluso de terminar el 'duelo'.

Sin embargo, nadie conocería el por qué... tan solo que los Campeones de Amn habían ganado. Los vítores porque el viejo Senescal había dado su esfuerzo para ello junto a otros campeones, las palmadas en la espalda de agradecimiento por los Oficiales que horas antes había salvado de caer ante las fauces corrosivas de la Dragona Verde o las primeras feroces oleadas de Murann.

Si Imnescar caía, desde luego no sería por él. James Kerloch había estado allí, Embajador del Trueno en representación de la Gran Iryklathagra, Senescal de Amn en representación del Consejo de Seis, Maestro de los Magos de Batalla de la Arcanum Scholla.
Dándolo todo pese a la edad, dispuesto a proteger Amn, su hogar, y a su familia. En el perfecto equilibrio entre el amor por ellos y el odio por los invasores -o lo que se le parezca, incapaz de sentir este-.
​


"La Magia debería ser constructiva, no destructiva.
Odio las guerras que me han obligado toda mi vida a luchar"

Hipocresía inverosímil. Se le daban demasiado bien.


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​
Offtopic :
Relatillo desde las vivencias y perspectivas de mi PJ, gracias a los DMs y a todos los jugadores involucrados porque fue un pvp muy limpio y buenrollero, un rato divertido, mis dieces a todos. Si cualquiera mencionado en el relato se siente ofendido que me avise y lo borro :)
 
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El Espino Blanco

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El Ultimo día de Imnescar​


El día en que el sol se tornó de bronce y hollín, Arianne Brillalba sintió que la bendición de Waukin —la Dama del Comercio, la diosa de la opulencia— se volvía no un don, si no una imperiosa necesidad, como respirar.


Durante semanas, la ciudad de Imnescar resistió el asedio del Imperio de las Bestias y sus cohortes de muertos alzados de Murann. Habían llegado al anochecer, su ejército un alud de garras y mandíbulas entre las brumas de los campos. Arianne, con mirada incansable, sostenía el ánimo de los defensores con oraciones y curaciones, procurando que los ánimos no flaquearan durante el conflicto


"Pero la fe y el coraje son monedas que se gastan más rápido que el oro".​


La noche del sexto día, el portón sur se estremeció bajo los embates de un ariete inmenso, encuadernado con anillos de bronce y surcado de runas protectoras que repelían fuego y hechizos. Durante horas, los defensores concentraron toda su furia en aquel artefacto: cánticos de disolución, saetas benditas, cargas desesperadas. Al fin, cuando el ariete se quebró en un estallido de astillas y metal, creyeron haber comprado un día más de resistencia.


Se equivocaron.


A la luz vacilante de las hogueras, y los braseros de guerra de las bestias, un jinete cadavérico alzo sus brazos clamando por cobrar un pacto anteriormente realizado. De entre sus huesos torcidos y mellados surgió una bestia del infierno. Un diablo de la sima. El monstruo se abalanzó sobre el portón sur. En un rugido que hizo temblar las almenas, y a pesar del esfuerzo de los defensores lo redujo a escombros ennegrecidos.

En los cielos sobre la ciudad Sarvhylarewanyn, la dragona negra aliada de Amn, luchaba encarnizada contra el dragón verde de Muran, pero cuando el portón ya estaba roto, el diablo ascendió como una centella para encarar a la dragona negra. Desde las murallas, Arianne presenció aquel duelo de colosos, con el corazón encogido en un puño.

La batalla duró hasta que el alba tiñó de gris las nubes bajas. Con un rugido final, el diablo alzo la cabeza de Sarvhylarewanyn sobre las ruinas de lo que fue la alcaldía donde quedo el resto del cuerpo de la gran sierpe.

Fue entonces cuando la disciplina se quebró. Sin la dragona que mantenía a raya a los muertos y a las bestias, la ciudad se convirtió en un matadero. Nadie defendió templos ni santuarios; no hubo altares que inspiraran un último sacrificio. Solo polvo, humo y el pánico de los que huían.

Arianne combatió codo a codo con sus compañeros de armas —mercenarios de Galdrim veteranos de compañías libres, algunos milicianos ya sin fuerzas, Fery, Briz, Calendil, Kerloch, Ewan, Lufram, Williams, Khazan, Rainde, Drull, Sulion, Talivia, Madeleine, Astrid, Aitana, Calistia, Ragkbar, Miller— en un laberinto de barricadas improvisadas. Entre cuerpos y brasas, penso que eso era todo. Fue todo para Imnescar.

La ciudad fue arrasada. Las tiendas y los zocos ardieron; las campanas del mercado se desplomaron. El estandarte dorado de Waukin se perdió entre las brasas.

Y cuando la matanza hubo terminado, ella y los suyos —un puñado de supervivientes aturdidos— fueron llevados ante el ogro hechicero. Bajo su manto ennegrecido y el báculo todavía humeante, contempló a Arianne con un gesto que no era ira, sino un desprecio casi compasivo.

—Habeis luchado con honor —dijo aquella voz gutural— Podeis tomar a los vuestros y marchar. Esta ciudad sera destruida piedra a piedra, por las afrentas contra el pueblo de los ogros y sus habitantes floreceran en Murann o se apagaran para siempre.



Así fue como Arianne Brillalba, que había creído en el comercio de la esperanza, quedó en pie sobre las ruinas de Imnescar. Se perdio la ciudad, y la certeza de que toda inversion retorna multiplicada. Aprendió la lección más amarga de todas: que no siempre la fe salva a quienes creen merecerlo.

Tras el largo camino de Imnescar a Purskul y el aun mas largo silencio de la columna de los "Vencidos". La obispo de la moneda se preocupo de volver a alza el hospital de campaña. Habian cargado con muchos heridos que habian recibido el perdon de Murann y habia conseguido esconder algunos niños de las zarpas de las bestias.

Alli paso los dias, en aquellas tiendas, atendiendo las ultimas cicatrices de Imnescar, mientras la ponian al dia de los ultimos acontecimientos, que poco o nada de halagueños tenian.

En los vaivenes del oficio medico, con mas sangre en la ropa que algodon, los heridos alicaidos gimoteban y lloraban, pues ahora tras el shock se daban cuenta de todo lo que habian perdido.

- Imnescar ha caido...Ya no esta, se ha ido todo a la mierda...
- Nuestro hogares, los han quemado, no han dejado nada.
- ¿Ha donde iremos ahora?

Una Arianne serena y taciturna se mantenia en sus tareas atendiendolos, pero cuando hablo con todo calmo todos la oyeron en la tienda.

- Mientras quede un hijo de Imnescar en pie, este donde este...Imnescar resiste.

Y con el silencio que se marco tras sus palabras, siguio con su trabajo.





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Gracias por estos roles y si me olvide de alguien, que me lo diga, soz...Gracias a Kapillo por el mapeado.
 
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archedchristian

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El rechinar de la lluvia sobre las armaduras metálicas de las bestias quedaba opacado por los pensamientos del ogro al contemplar el gran portón. Por un instante, dudó. ¿Tomaría forma el plan? ¿Tendrían tiempo de conquistar la ciudad antes de que llegaran los refuerzos?

Cerró los ojos durante varios segundos, respiró hondo y se mentalizó. Los recuerdos de Kalathyr invadieron su mente, inundándolo de una furia irracional. Entonces, rompió en un rugido de euforia, clamando por la victoria que las bestias llevaban años soñando, justo frente a los muros de Imnescar.

A cada paso, los muros se alzaban más imponentes. A cada paso, una nueva salva de flechas se precipitaba sobre ellos. Y con cada paso, el tiempo parecía volverse más lento. Pero nada de eso detuvo al ogro, que mostró su fuerza arrancando rocas del tamaño de su cabeza y lanzándolas contra los escorpiones apostados estratégicamente en las murallas. Él y los demás arcanos se quedaron rezagados, cubriendo a la primera oleada de bestias para que alcanzaran los muros sin una presión excesiva.

Todo parecía ir según lo previsto… hasta que varias trampillas se abrieron bajo las murallas. De ellas emergieron paladines de Cyric y soldados desesperados, dispuestos a detener la embestida. Lucharon con fiereza, pero no sin pagar el precio de sus vidas en un intento fallido de repeler los flancos.

Tras varios minutos de lucha encarnizada, las escaleras, fabricadas con esmero en los bosques de los Dientecillos, fueron finalmente alzadas. Las bestias treparon los muros y lucharon por cada centímetro. Las murallas de Imnescar, orgullo de sus ciudadanos, se tiñeron de sangre y vísceras. Ambos bandos estaban decididos a dejar su último aliento por una ciudad que había significado tanto durante tantos años.

Paladines de Sune, magos encapuchados y soldados de Purskul defendían los muros como si hubieran luchado juntos durante toda una vida. Los paladines sanaban, los soldados contenían, y los conjuradores lanzaban trombas y conjuros de petrificación sin descanso, respaldados por clérigos de deidades desconocidas.

Por un instante, las bestias dudaron. Retrocedieron para tomar aliento, solo para lanzar una nueva carga con renovado brío.

Pero entonces, el ariete de la Puerta Sur fue destruido por una carga imnesciriana. Al mismo tiempo, los cuernos sonaron en la retaguardia: los oficiales hobgoblins advertían de la llegada de nuevos enemigos. Las fuerzas de Kalathyr se acercaban, ya visibles desde la primera colina. Se requería la presencia de los oficiales de campaña en el flanco para aguantar la carga amniana. A esto se sumó la retirada de la dragona verde, obligada a huir tras ser vencida por la dragona negra.

El ogro, al ver que los refuerzos llegaban antes de lo previsto y que la conquista se había ralentizado más de lo planeado, apretó los dientes y el puño. Luego, al percatarse de que los hobgoblins tenían razón, dio la orden de replegarse hacia la retaguardia. Había que abandonar los muros.

—Han llegado antes de lo que esperábamos… Pues bien, conocerán la muerte antes de lo que esperaban. ¡Demos la bienvenida a esos humanos de Kalathyr y acabemos con la esperanza de esta ciudad de una maldita vez!

El ogro, varias bestias y los miembros de la Torre se reagruparon en torno a las armas de asedio, decididos a defenderlas con ferocidad. Muchos arcanos ya estaban exhaustos de magia; ahora sus bastones eran su único escudo. Pero aún quedaba una última carta.

Entre alaridos, el tumulario de un solo ojo —llave para abrir las puertas de la ciudad— comenzó a gritar como si aún recordara el dolor. De su cuerpo emergió un diablo de la sima, desatado, que cargó hacia la Puerta Sur sin distinguir entre aliado o enemigo. Su objetivo era claro: la puerta… y la dragona negra. No había sido reservado para otra cosa.

Mientras tanto, nuevas oleadas de Kalathyr eran rechazadas. Las bestias, aún angustiadas, comenzaron a preguntarse si realmente lograrían la victoria.

Fue entonces cuando emergió una figura sobre un elefante de guerra: un genasi en palanquín, símbolo de la última esperanza amniana. El ogro, sin dudarlo, se interpuso, pero fue derribado y salió disparado por los aires. Sin embargo, su acto fue seguido por las demás bestias, que lograron hacer caer al genasi y a sus allegados.

Dos hordas más lo siguieron. La resistencia de Amn fue finalmente doblegada.

En el corazón de Imnescar, los combatientes supervivientes fueron capturados y posteriormente liberados. Era la voluntad del líder del ejército, Morkruk. Pero el ogro hechicero no perdonó al resto de civiles de la ciudad. Millares de supervivientes formarían largas filas de esclavos en dirección a Murann.

Con ellos partió un mensaje, escrito por el propio Lord Brujo Morkruk. Algunos entre las bestias no compartían sus métodos, pero muchos sí comprendieron su objetivo: infundir miedo. Ese terror sería la semilla de su dominio, el símbolo de que las bestias eran ahora más fuertes que nunca.

Habían derribado la ciudad y su emblemática abadía, aquella en la que los amnianos se enorgullecían de haber vencido al Murkull.
Ahora, las tornas habían cambiado.
Y la historia se teñía de rojo.
 

Khazan

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Pese a que Khazan no era un patriota. No empuñaba el acero por Amn, ni por los templos, ni por la paz de los inocentes. Lo hacía por sí mismo. Por la sangre. Por la gloria. Y por el Lazo Rojo.

Llegó a la muralla del sur con el ánimo encendido. Frente a él se extendía la línea de defensa como un avispero agitado: soldados tensos, aventureros mal dormidos y un aire espeso a muerte anunciada. El Portón Sur para él le parecía ser el centro del mundo. Pues sabía que ahí, en ese tramo maldito de piedra, se decidirá si el Imperio de las Bestias entraba o no a sangre y fuego. Khazan no luchó por detenerlos, sino por enfrentarlos. Por la violencia. Por hacerse ver. Por ganarse el Lazo Rojo con las tripas de sus enemigos como testigo.

El choque fue brutal. Desde la muralla, la tierra parecía temblar con cada impacto del ariete maldito. Magia, flechas, acero… todo se vertía sobre la oscuridad, sin garantía de resultado. Y sin embargo, allí estaba él, envuelto en el fragor, como una bestia más entre bestias. No había discursos, ni estandartes elevados, ni canciones heroicas. Solo gritos, astillas, sangre y el crujido constante del esfuerzo desesperado.

Cuando el portón finalmente cedió una gran criatura oscura surgió, una gigantesca araña salió de la nada con su camada para arrasar con las vidas de quienes habitaban en la plaza junto a las huestes de Murann. Khazan al ver todo eso, no sintió temor. Sintió hambre. Hambre de violencia, de demostrar que no era solo un mercenario más. Que el Lazo Rojo no se le otorgaría como favor, sino porque se lo había ganado con cada tajo y cada risa en mitad del caos.

Luchó contra la propia criatura, e la hizo frente entre barricadas improvisadas, junto a soldados que ya no sabían a quién rezar. Compartió acero con nombres que apenas recordaría más allá de sus gestos tensos y su sangre derramada. La derrota fue brutal, amarga… pero no estéril. En lo más profundo de su ser, Khazan no podía negar que se sintió vivo como nunca.

El fuego, la muerte, el rugido de bestias, el crujir de huesos bajo sus botas: eso era lo suyo. La ciudad cayó. Fue inevitable. El fuego devoró plazas, el humo asfixió rezos, y al final, todo fue sangre y retirada.

Pero… él no lamentaba la derrota. Sí, había un regusto amargo, sí, se perdió mucho. Pero en el fondo de sus entrañas, esa guerra le sentó como un banquete. Porque en medio del desastre, fue lo que debía ser: acero, furia y carcajadas al filo de la muerte.

Tras la retirada, volvió a Athkatla. A su mundo. Burdeles, música, alcohol, y mozas de caderas generosas. Se sentó, rió con fuerza, y brindó para si mismo mientras contaba los hechos a los interesados.
 
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