DM Ofnir
Adorador reciente de Talona
- Registrado
- 7/11/24
- Mensajes
- 1,438
GRAN CARAVASSAR
Con Faerûn sumido en el caos, muchos han sido los que han girado sus ojos a aquellas fuerzas que ajenas a este plano tal vez tengan algo que opinar sobre la crisis que azota el continente.
Durante decanas, la Joya de los Planos Elementales, se ha alzado impertérrita ante la amenaza que parece llevar el caos y la guerra a todos los rincones. Tras la seguridad de los muros de caliza y poder arcano, cientos son los que han buscado refugio en los grandes salones de los genios, en los cuales la bebida y la comida no parece escasear.
Sus guardias genasi, reforzadas por regimientos de docenas de esclavos engalanados en armaduras bruñidas de oropel recuerdan el poder, riqueza y seguridad que otorga el que es comparativamente un pequeño enclave comercial establecido por los grandes reinos efreeti, djinn, dao y marid.
Algunos oficiales amnianos han acudido buscando apoyo en sus guerras: La negativa de los Sultanes ha sido estricta.
No solo eso, sus fuerzas se han extendido hacia el norte y hacia el sur, patrullando secciones del Camino del Comercio cuya seguridad antaño dejaban a otras naciones.
La época de caos que sacude Amn ha llevado a que los saqueadores y bandidos, no pocos de ellos antiguos mercenarios descastados o militares rebeldes se vuelvan más atrevidos, asaltando caravanas y mercaderes. Ante la incapacidad de Amn de mantener el flujo mercantil, tal responsabilidad ha sido asumida por los genios.
¿Cómo es que la ciudad mágica ha evitado las tribulaciones que azotan otros territorios? Algunos especulan que esto se debe al inmenso poder mágico de sus sultanes.
Hace apenas dos decanas, un joven y envalentonado dragón verde, emergido de las estepas poco habitadas del oriente amniano sobrevoló los cielos de Caravassar, expidiendo su hálito ponzoñoso sobre sus bóvedas y cúpulas.
Con voz en grito, reclamó tributo, prometiendo la protección de Caravassar de las grandes sierpes que según sus palabras, estaban demasiado asustadas para dejarse ver sobrevolando los cielos.
La respuesta vino en la forma de un rayo fulminante arrojado desde un minarete de nácar y perlas engarzadas: En su palco de oro bruñido, el Gran Sultán del Coral, Ajhuu yn Nassher, contemplaba la figura del dragón verde caer paralizado en mitad de Caravassar, sus alas fracturadas por la aparatosa caída, donde pronto fue dado muerto por las fuerzas de la ciudad.
Su cuerpo, convertido en una estatua de esmeralda petrificada, decora ahora la entrada del palacete del enorme marid.
Tal muestra de poder sin embargo, no traiciona el verdadero motivo de la seguridad de Caravasar: Los sultanes elementales ofrecieron, tras su primer vuelo sobre los cielos de las Tierras de la Intriga, un sendo tributo a Bálagos, la Llama Voladora, buscando los genios congraciarse con el enorme dragón rojo.
De este no pidieron protección, sin embargo: Estaba claro que poca necesitaban, simplemente la garantía de que les dejasen en paz, pues un conflicto con la enorme sierpe, rumorean muchos, probablemente se mostrase demasiado incluso para el poder mágico combinado de los genios.
Mientras tanto, en Tethyr...
El reino sureño y rival de Amn se ve azotado por el caos: El reinado de Anais Rhindaun, que pocos años de paz ha conocido, se enfrenta a una crisis no demasiado distinta a la que azota el reino amniano. Dos dragones rojos, envalentonados por la desaparición de Bálagos y el "exilio" de Colmillos Afilados en el reino de Amn, han aprovechado el vacio de poder de las grandes sierpes para buscar conquistar un reino que llamar propio.
Alzando una horda de bandidos, mercenarios, y reuniendo bajo sus alas a algunos de los condes y duques orientales más descontentos con la corona, han sumido el reino en el caos y la guerra. Esto, para cualquier amniano de bien, carecería de demasiado interés, probablemente incluso se burlaría de las desgracias de los sucios Tethyrianos.
Sin embargo la destrucción que somete al reino caballeresco no dista de una estampa tantas veces vista a lo alto y ancho de todo Faerûn.
Las provincias del norte arden bajo el fuego de las bestias, que arrasan y saquean sin apenas oposición.
Pero algo extraño ha pasado, que se ha extendido como la pólvora a lo largo y ancho del imperio: El Murkul, desde su palacio, ha declarado a esos Señores de la Guerra en rebeldía. Ha enviado a sus mensajeros para traer de regreso a las hordas a las fronteras imperiales, aunque como todo amniano sabe, cuando una horda de Murann se arroja al saqueo y la destrucción es difícil detenerla.
Ante el silencio de los Señores de la Guerra frente a las órdenes del Murkul, este no ha dudado en movilizar parte de su ejército personal: Un millar de semiogros embutidos en oscuras armaduras, luciendo las enseñas imperiales de Murann.
Ciegamente leales. Disciplinados en el fuego y la crianza bajo el Imperio de Murann. No han conocido nada más, y sus vidas son por y para el Murkull. El que los comanda es una figura siniestra, un déspota temible miembro del Consejo Privado del Murkull.
Er-Kalabeth es una figura temida incluso entre las figuras más influyentes de todo Murann. Este Semi-Infernal es el ejecutor personal del Murkul, más su hacha devoradora de almas rara vez se emplea contra meros prisioneros o esclavos revoltosos. Su filo rúnico está reservado para los oficiales, nobles, mercaderes, y figuras de las cuales el anciano emperador del Muranheim busca hacer un ejemplo.
Muchos en el imperio, entre posadas y pasillos de palacetes y mansiones, se cuestionan a qué se debe que el Murkull reaccione así ante una invasión aparentemente exitosa en Tethyr, mientras que permite que una figura como el Lord Brujo Morkruk ambicione arrojarse en una campaña casi suicida sobre Amn.
Los simples señalan que los Señores de la Guerra han expuesto las fronteras orientales, más vulnerables y valiosas, pues han dejado sin protección las grandes plantaciones de esclavos que alimentan al Imperio, o que simplemente han movilizado a muchas más fuerzas imperiales.
Los de mentes más avispada, pronto señalarán que el Murkull, una figura añeja, próxima a sus últimas décadas de vida, teme más el éxito de sus oficiales que su fracaso, pues no hay pocos que hablan ya sobre un futuro sin Sothillis gobernando el Imperio de Muranheim.
Otros más sabios, sin embargo, señalarán que solo puede haber un motivo por el cual aquel cuya existencia se ha dedicado a buscar la caida y la ruina de Amn, cuando esta se encuentra en su momento más vulnerable, elige la pasividad. Y ese motivo no puede augurar nada bueno para el Imperio de las Bestias.
Última edición:










