Tuliosoyyo
Barril de Khaof
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Astrid y Madeleine escucharon durante días los posicionamientos de todo el mundo, la experiencia era demasiada para dejarse arrastrar por ninguna proclama. Madeleine, que había vivido siendo apenas una niña la destrucción de Crimmor por parte de Bálagos, sabía bien qué se sentía cuando la realidad era el dolor inmenso, los gritos de terror y el olor a azufre . Sabía bien lo que era ver tu ciudad, tu casa , tus calles arrasadas entre las llamas y el hedor a muerte y carne quemada . Recordaron entonces una historia que contaron a quien quiso oír.

Dejadnos contaros una historia amigos y vecinos...
Una historia quizá con moraleja, quizá como un cuento que contar en cualquier año venidero, que quizás, ya fue contado tiempo atrás pero aun goza de rabiosa actualidad
Érase que se era, varias trovadoras cuyos nombres eran Amapola Libertia, Valentina Vivaz, Justina Apoderandia, Gracia de Perdurancia y Lúcida Docilia
Se presentaron ante amigos , vecinos y público entregado ante unos hechos preocupantes no como portavoces de un régimen ni como siervas de la fuerza que se había erigido en el poder, sino como alguien que compartía con otros las preguntas, los temores, y también la responsabilidad de seguir viviendo, porque vivir... ¡ay vivir, qué responsabilidad!. Nuestra tierra, que también era la de estas juglares, antaño regida por consejos, gremios y el bullicioso pulso del comercio y la diplomacia, despertaba ahora bajo la sombra majestuosa de una nueva soberana una Egregia Dragona
No negaban la verdad: fue con poder abrumador que tomó el control. Sus alas rasgaron los cielos, su voz resonó más alto y con más fuerza, tratando como igual a su gobierno y junto a ella vinieron los Mágicos de Carmesí y las tropas de la Tormenta. No era una historia de consentimiento, sino de ¿ consentida conquista?. Sin embargo, en los márgenes de la tormenta, debían preguntarse: ¿Qué queda por salvar, y cómo lo salvamos? Preguntémonos ahora ¿Qué queda por salvaguardar, y cómo lo salvaremos?
No se trataba en su relato , ni en el nuestro ahora, de rendición, sino de supervivencia. No se trataba, ni se trata ahora de aceptación ciega, sino de una pausa para respirar, vivir, y preservar lo que eran y lo que ahora somos, incluso bajo dominio ajeno.
La historia narrada por estas trovadoras nos ha enseñado que no siempre somos dueños del tiempo en el que vivimos, pero sí de cómo decidimos actuar en él. Y si de la necesidad se hará virtud.
Los que hoy se alzan con furia contra este nuevo orden lo hacen con valor, pero también con riesgo. Y el precio que se pagará en las calles, en los campos, y en los hogares, es el de nuestras, vuestras y muchas vidas. Es justo sentir rabia. Es digno tener ideales. Pero es sabio entender que no todo se gana en el primer acto de una historia y que una obra teatral sólo acaba cuando el telón baja y, aún está por bajar.
A los desobedientes os decimos: recordad por qué lucháis. Pero también cuidad al pueblo por el que decís luchar. No os convirtáis en el espejo del caos que pretendéis combatir. No sea que entre tanto perdamos tanto que deseemos estar muertos.
A los obedientes que por mandato necesario estáis en el tratado : recordad que cuando el telón caiga y la historia pueda tener un final , deberá ser aplaudida por un público ferviente y orgulloso si el resultado es óptimo y agraciado y que si no es así... el olvido y el silencio os acompañarán para siempre en el mayor de los ruidos chirriantes y molestos.
Y aquí podría decirse que acabó la historia de estas cuentacuentos pero no, pues es un final abierto , un final sin escribir y quien sabe si mañana, cuando el sol vuelva a salir escribamos un final feliz.

Dejadnos contaros una historia amigos y vecinos...
Una historia quizá con moraleja, quizá como un cuento que contar en cualquier año venidero, que quizás, ya fue contado tiempo atrás pero aun goza de rabiosa actualidad
Érase que se era, varias trovadoras cuyos nombres eran Amapola Libertia, Valentina Vivaz, Justina Apoderandia, Gracia de Perdurancia y Lúcida Docilia
Se presentaron ante amigos , vecinos y público entregado ante unos hechos preocupantes no como portavoces de un régimen ni como siervas de la fuerza que se había erigido en el poder, sino como alguien que compartía con otros las preguntas, los temores, y también la responsabilidad de seguir viviendo, porque vivir... ¡ay vivir, qué responsabilidad!. Nuestra tierra, que también era la de estas juglares, antaño regida por consejos, gremios y el bullicioso pulso del comercio y la diplomacia, despertaba ahora bajo la sombra majestuosa de una nueva soberana una Egregia Dragona
No negaban la verdad: fue con poder abrumador que tomó el control. Sus alas rasgaron los cielos, su voz resonó más alto y con más fuerza, tratando como igual a su gobierno y junto a ella vinieron los Mágicos de Carmesí y las tropas de la Tormenta. No era una historia de consentimiento, sino de ¿ consentida conquista?. Sin embargo, en los márgenes de la tormenta, debían preguntarse: ¿Qué queda por salvar, y cómo lo salvamos? Preguntémonos ahora ¿Qué queda por salvaguardar, y cómo lo salvaremos?
No se trataba en su relato , ni en el nuestro ahora, de rendición, sino de supervivencia. No se trataba, ni se trata ahora de aceptación ciega, sino de una pausa para respirar, vivir, y preservar lo que eran y lo que ahora somos, incluso bajo dominio ajeno.
La historia narrada por estas trovadoras nos ha enseñado que no siempre somos dueños del tiempo en el que vivimos, pero sí de cómo decidimos actuar en él. Y si de la necesidad se hará virtud.
Los que hoy se alzan con furia contra este nuevo orden lo hacen con valor, pero también con riesgo. Y el precio que se pagará en las calles, en los campos, y en los hogares, es el de nuestras, vuestras y muchas vidas. Es justo sentir rabia. Es digno tener ideales. Pero es sabio entender que no todo se gana en el primer acto de una historia y que una obra teatral sólo acaba cuando el telón baja y, aún está por bajar.
A los desobedientes os decimos: recordad por qué lucháis. Pero también cuidad al pueblo por el que decís luchar. No os convirtáis en el espejo del caos que pretendéis combatir. No sea que entre tanto perdamos tanto que deseemos estar muertos.
A los obedientes que por mandato necesario estáis en el tratado : recordad que cuando el telón caiga y la historia pueda tener un final , deberá ser aplaudida por un público ferviente y orgulloso si el resultado es óptimo y agraciado y que si no es así... el olvido y el silencio os acompañarán para siempre en el mayor de los ruidos chirriantes y molestos.
Y aquí podría decirse que acabó la historia de estas cuentacuentos pero no, pues es un final abierto , un final sin escribir y quien sabe si mañana, cuando el sol vuelva a salir escribamos un final feliz.
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