ET Faker
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Las ruinas no duermen. Bajo la ceniza se alza un anhelo que supura entre las grietas y se despliega en un rastro de pétalos que ningún viento consigue arrastrar. Hay quien lo sigue a ciegas, hay quien cierra los ojos para no verlo. Pero todos terminan por hallarlo, y al hacerlo descubren que era él quien los conducía desde el principio.
El viento no soplaba en las colinas. La hierba estaba muerta desde hacía tiempo, y el sendero que subía a la fortaleza apenas era una grieta entre polvo y zarzas secas. Las raíces quebradas asomaban como garras entre las piedras y la tierra resquebrajada. La mole de piedra, ennegrecida por incendios antiguos, seguía en pie sólo por costumbre. Las almenas carcomidas y el portón vencido parecían mirar con rencor a quien se atreviera a acercarse, y los muros desprendían un frío ajeno a la estación, un silencio demasiado lleno.
Tres figuras aguardaban en la falda del camino. La primera, alta y rígida, más estatua que hombre, reposaba las manos sobre el pomo de una espada clavada en la tierra. La segunda, a su derecha, sostenía un estandarte desgarrado y oscuro cuyo paño se agitaba solo, como si algo debajo quisiera salir, latiendo al ritmo de una voluntad ajena. La tercera permanecía más atrás, donde la penumbra del camino era más profunda; apenas una silueta delgada y quieta, con ojos pálidos como hueso y una sombra a sus pies que no seguía forma ni ley. Allí, donde se detenía la luz, él parecía crecer.
El primero habló al fin, y su voz sonó a piedra arrastrada sobre metal.
—No basta con tomarla. La piedra ha de ceder. La tierra se abrirá.
La segunda inclinó ligeramente la cabeza hacia el estandarte y una mueca infecta, que intentaba replicar una sonrisa afilada, le curvó los labios.Tres figuras aguardaban en la falda del camino. La primera, alta y rígida, más estatua que hombre, reposaba las manos sobre el pomo de una espada clavada en la tierra. La segunda, a su derecha, sostenía un estandarte desgarrado y oscuro cuyo paño se agitaba solo, como si algo debajo quisiera salir, latiendo al ritmo de una voluntad ajena. La tercera permanecía más atrás, donde la penumbra del camino era más profunda; apenas una silueta delgada y quieta, con ojos pálidos como hueso y una sombra a sus pies que no seguía forma ni ley. Allí, donde se detenía la luz, él parecía crecer.
El primero habló al fin, y su voz sonó a piedra arrastrada sobre metal.
—No basta con tomarla. La piedra ha de ceder. La tierra se abrirá.
—Las murallas recordarán quién las reclama. La sangre vieja aún mancha sus cimientos.
Entonces, algo reptó desde la oscuridad del tercero. Un murmullo seco, más pensamiento que palabra, apenas un roce de sonido, como un secreto enterrado demasiado tiempo.
—Y que nunca vuelvan a alzarse.
El primero alzó la mirada hacia la fortaleza, sus ojos encendidos bajo el yelmo. Allí, entre los muros deshechos y las torres partidas, algo se estremeció. La piedra se agrietó sin ruido. Lenta, casi reverente, como si aceptara a sus nuevos dueños sin rechistar. Un polvo gris ascendió en espirales como humo y volvió a caer en silencio sobre el campo muerto. En lo alto, una sombra más espesa que la noche pareció posarse sobre las almenas…
Y permaneció allí, aguardando paciente, como si supiera que cada ruina en este mundo acabaría clamando un nombre.
Offtopic :
Comenzamos la segunda mitad de la mega-trama. Durante esta semana habrá ambientaciones espontáneas en diferentes horarios para aquellos que conecten aleatoriamente (pues además de que necesito descansar, mi horario esta semana es imprevisible). La semana próxima, comenzamos lo gordo.
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