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El Rincón de Tesla

Manny_LoneWolf

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Jajaja. Ay que me Lol.

Toma:

[BBvideo 425,350:1vj5iypb]http://www.youtube.com/watch?v=1gbx-_wLLj0&feature=youtu.be[/BBvideo]


Aunque admito que en inglés me gusta más:

- Vodka martini.
- Shaken or stirred?
- Do I look like I give a damn?


Tremendo. :lol:
 

Dava

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Siempre consigues sacarme una sonrisa
 

Frankysan

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La familia Tesla​

Aguas Profundas, hace diez años…

merida___brave_by_nani_mi-d4hoi01.png


[dropshadow=blue]música para ambientar[/dropshadow]

¡Hola a todos! Mi nombre es Lucy Tesla y he venido a hablaros de mi familia. Somos los Tesla. Los que vivimos bajando la calle Crema de Mostaza, en esa graaan casa con el emblema de Mystra en la puerta. En casa somos cinco, como los deditos de mi mano.

Está mi padre, Norman Tesla, un hombre serio y muuuuy alto, con el pelo así negro como el carbón y un bigote muy gracioso que hace que parezca un chivo. Es un mago muy poderoso, que fabrica varitas mágicas para el templo de Mystra. Le gusta el atún y los paseos al atardecer por el distrito del templo. Tiene un despacho en casa, del que nunca sale, y un montón de libros que nunca voy a leer porque parecen aburridos.

Mi madre se llama Gloria Florida, y es una mujer muy guapa. Es muy joven, porque mi padre es un tipo muy listo, dice ella, y la pilló desprevenida. Tiene unos grandes ojos azules y un cabello castaño claro que se le hacen rizos cuando no los tiene mojados. Es la más alegre de la casa, después de mí, claro. Pasa mucho tiempo en el templo de Sune, porque dice que es la diosa más mejor de todas. A mí me gusta más Mystra, pero bueno, allá ella.

No vive en mi casa, pero como si lo hiciese, el tío Dionisio. ¡Es un paladín! Y en realidad no es mi tío, pero mi madre siempre dice que le llamemos así. Es muy guapo, jeje, tiene los ojos azules como mi madre y un pelo rubio muy bonito que parece que brille con el sol. Siempre está hablando del amor, de aventuras y de proteger las cosas hermosas. Para ser un paladín lleva poca armadura para mi gusto y siempre huele a flores, pero parece ser un buen amigo de mi madre.

Mi hermano Aarón, aquí conmigo, es mi segundo hermano favorito. Nacimos el mismo día y dicen que nació agarrado a mi pie. Supongo que querría salir antes. Es muy callado, pero es tan aventurero como yo. Sólo tenemos ocho añitos pero ya soñamos con ser miembros de la Iglesia de Mystra y luchar contra los enemigos del Telar. El telar es algo así como un pastel de mermelada muy grande de donde sale la magia.

Frederic es mi hermano mayor. Es mi hermano favorito, porque me río mucho con él. Él es muy serio, está siempre estudiando y mirando para abajo como si tuviese miedo de todo. Yo le digo que coma menos y salga a correr, porque un día se va a caer de la silla por los dos lados a la vez y nos vamos a atragantar de risa. También tiene un pelo muy bonito, pero mi padre se lo hace cortar muy cortito para que casi ni se vea que es rubio. Él sueña con ser como mi padre, un fabricante de varitas con mujer e hijos. Con una mujer bonita espero, aunque tampoco es que mirando para el suelo vaya a echarse novia. Últimamente no quiere ir a la Casa de los Milagros a ver a mi padre trabajar porque hay un huérfano pelirrojo de mi edad que le dice cosas y lo encierra en baúles. Ya le daré una lección yo a ese Maximillian. Pero Frederic, aunque es muy seriote, nos cuida mucho. Cuando mi madre ha bebido tanto “jarabe de Sune” que no se puede levantar y sólo dice tonterías, Freddy la lleva a la cama y nos hace la cena a nosotros. También barre la casa, saca a pasear al gato (aunque se le den mal los animales) y nos cura los raspones de las rodillas. Ah, y en las noches de tormenta, cuando no podemos dormir por culpa de los rayos, él se sienta en una silla y se pone a leernos historias sobre paladines para que podamos dormir tranquilos.

¡Y luego estoy yo! Lucy Tesla. Tengo ocho años, pero todo el mundo dice que soy muy precoz para mi edad. Es que soy muy lista, y muy guapa. Y voy a ser paladina de Mystra. Saldré a combatir al mal con mi hermano Aarón y salvaré al mundo tres veces. Cuatro no porque todo el mundo sabe que eso es imposible. Se lo dejaré “al Míster”. Cuando no está Frederic en casa, soy yo quien cuida de ella y hace las tareas. Aunque una vez quise cocinar y prendí fuego a la cocina. Pero de todo se aprende.

¡Y ya está! ¡Ahora me merezco una buena nota, profesora! ¡No me vayas a poner un “suficiente” como en el trabajo de hacer galletas! ¡No es mi culpa que las usasen para apedrear gatos!
 

Krystäl

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Ais que monaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, pa comérsela xDD
 

Dava

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"El telar es como un pasteld e mermelada del que sale la magia"

ME MONDO!!!!!!!!! XD
 

Frankysan

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El Vuelo del Dragón​
snow_mountain_by_nkabuto-d3lijov.jpg

“¿Para qué me has llevado hasta la cima de esta montaña?”- dijo Nicky, apoyando una mano en su cadera y ladeando ligeramente la cabeza. El viento soplaba con fuerza, haciendo que su melena rubia se agitase en el aire. Hundida por los tobillos en la nieve y resguardándose del frío con un pesado abrigo, miraba mientras Frederic se acercaba al borde del acantilado.

“Está bastante alto, ¿eh?”- dijo el paladín, sonriendo ligeramente de espaldas a ella- “Hay una buena caída desde aquí”. Él iba protegido del frío con un anillo mágico en uno de sus dedos, que desprendía un leve resplandor mientras funcionaba haciéndole resistente a las bajas temperaturas y la congelación. Se pasó la mano por el pelo y luego se giró con rapidez, mirándola con una gran sonrisa.

La bardo frunció levemente el ceño porque conocía bien esa mirada. A pesar de ser un paladín y a la vez mago, el joven Tesla era dado a las ideas más alocadas y a estar constantemente buscando nuevas formas de divertirse, corriendo riesgos a ser posible. Su expresión de desconcierto se intensificó cuando vio que Fred se quitaba la capa y la camisa.
“¿Qué haces, Fred? Hace demasiado frío aquí para…”- empezó a decir con media sonrisa, pero luego se dio cuenta de que el paladín había empezado a formar sellos arcanos con las manos mientras murmuraba para sí un encantamiento. La miró y vio como momentáneamente las pupilas de sus ojos azules se volvían verticales y una extraña energía empezó a emanar de su cuerpo.- “¿Fred?”

El paladín sonrió de lado y de sus brazos, pecho y espalda empezó a emanar un vapor acre que iba tomando forma a medida que transmutaba su cuerpo, alterando su musculatura a medida que brotaban dos enormes alas dracónicas de color latón de su espalda. Nicky abrió la boca con sorpresa y vio como Fred extendía las alas completamente y luego las volvía a plegar, en perfecto control de ellas. [thumbnail=float-right]http://fc01.deviantart.net/fs42/f/2009/098/e/0/Brass_Dragon_by_BenWootten.jpg[/thumbnail]
“¿Qué has hecho? ¿Son de verdad?”- dijo ella, acercándose mientras él seguía calentando los nuevos músculos que la magia le había dado.
“Claro. Aunque hubiera preferido alas de dragón dorado en vez de dragón de oropel”- Freddy miró por encima de su hombro, decepcionado- “Perfectamente funcionales y preparadas para volar. Pero aún no he acabado. Aparta un segundo”

De nuevo, se preparó para conjurar, murmurando unas palabras rápidamente mientras dibujaba nuevos símbolos en el aire dejando un rastro de luz mágica detrás de cada pincelada con los dedos. Luego se llevó una mano al hombro y un aura de luz amarilla partió de él hasta recorrer sus nuevas alas, que empezaron a cambiar la dirección del aire a su alrededor. Luego miró a Nicky y con una sonrisa, se dejó caer de espaldas por el acantilado.
“¡Fred!”- gritó Nicky, acercándose rápidamente [thumbnail=float-left]http://fc08.deviantart.net/fs71/i/2012/144/5/6/free_flight_by_non_cubic-d50wvg6.jpg[/thumbnail]intentando agarrarle, pero se le escapó de las manos y vio como el paladín caía al abismo.

Mientras caída, Frederic notaba el gélido viento soplando en sus oídos y azotándole en la cara. Cerró los ojos un momento, sintiéndose bien en caída libre hasta que se centró y usó las alas mejoradas con magia para girar en el aire y posicionándose para recuperarse de la caída libre con dos poderosas batidas. Fue cayendo pero cada vez de forma más controlada hasta que pasó a pocos centímetros del suelo rozando la nieve con la punta de sus dedos para luego ascender haciendo espirales por el aire.

“Hijo de puta… lo voy a matar”- murmuró Nicky mientras observaba como Tesla ascendía haciendo piruetas en el aire y surcaba los cielos como un relámpago dorado.
“¿Qué? No pongas esa cara, siempre llevo un conjuro de emergencia por si no me recupero de la caída libre”- dijo Frederic, mientras volaba en círculos alrededor de ella a pocos metros del suelo.
“¿Llevas conjuro de emergencia para la torta que te voy a dar, Tesla?”- dijo ella, saltando y enganchándose a su pierna.
“¿Eh? ¿Pero qué haces? ¡Que pesas mucho y nos vamos a caer!”- dijo él, perdiendo el equilibrio y batiendo con fuerza las alas intentando mantenerse en el aire.
“¡Pues baja para que pueda darte, idiota!”- gritó ella, intentando ser un peso muerto y agarrándose al cinturón de él.

Frederic se reía pero vio algo desde su posición que le cortó el humor. Unas figuras moviéndose entre los árboles de la zona, blancas, enormes y muy enfadadas. La distracción hizo que perdiese del todo el equilibrio y cayese al suelo junto a la semielfa, que se aprovechó del momento para soltarle una bofetada. Ella le miró esperando respuesta, pero se fijó en su expresión y siguió su mirada hasta ver al grupo de yetis también.

yeti.jpg

“Tres”- dijo Nicky- “No suelo ver grupos tan grandes. Te habrán visto hacer el idiota”
“No me da tiempo a ponerme la armadura”- dijo Frederic- “Pero los distraeré mientras les pillas desprevenidos”
“Espe…”- empezó a decir ella pero Frederic echó a correr batiendo sus alas y elevándose en el aire mientras los yeti rugían y golpeaban sus puños contra sus pechos.

Sin su armadura no podría aguantar unos golpes como los que propinaban esos monstruos, pero esta vez contaba con la ventaja de la movilidad. El paladín se posó en las ramas de un árbol, afianzando su posición mientras los yeti se acercaban. Nicky ya se había perdido de vista, aunque eso no le preocupaba mucho. Dibujó otros glifos arcanos en el aire mientras unas chispas blancas escapaban de sus dedos. Señaló al yeti más cercano y un rayo de electricidad salió disparado de la punta de sus dedos, atravesando de lleno al yeti y saltando con un chispazo a los que tenía detrás. Gritaron de dolor mientras su grueso pelaje se ponía de punta y el aire se colmaba con el olor a la carne quemada. Uno de los yetis, enfadado, cogió una pesada roca del suelo y alzándola por encima de su cabeza la arrojó como un proyectil de catapulta contra Frederic.

“¡Dioses!”- pensó el paladín, abriendo mucho los ojos cuando veía la roca aproximarse a donde estaba. Podría haber echado a volar o haber saltado, pero hizo lo que hubiera hecho en circunstancias normales. Hizo girar la runa de su brazalete y un escudo de energía arcana empezó a emanar de ella y lo usó para protegerse del impacto. Tal fue la fuerza, que el escudo se disipó y él cayó de espaldas del árbol, llevándose un buen golpe y notando una roca clavarse en sus riñones.

El yeti impactado por el rayo relampagueante echó a correr hacia él, soltando un fiero rugido, mientras el paladín seguía aún aturdido. Cuando ya estaba llegando, una figura ágil apareció de la nada en su defensa y saltando desde una roca se le subió a los hombros al gigante, sentándose a horcajadas sobre él y clavándole dos dardos en los ojos. El yeti aulló de dolor de agarrar a la agresora, pero Nicky rápidamente se dejó caer hacia atrás dando una voltereta y cayendo con los pies en el suelo. Vio como Frederic se reponía a nuevo y preparaba un nuevo conjuro, aunque se dio cuenta de la gran cantidad de nieve teñida de sangre que había dejado al caer.

El paladín terminó su conjuro y su mano izquierda se envolvió en un aura de luz rojiza de aspecto siniestro. Vio como Nicky, estoque en mano, apuñalaba al yeti detrás de las rodillas y lo hacía desplomarse en el suelo muerto. Echó a correr de nuevo batiendo las alas mientras dejaba un rastro de sangre tras de sí. Pasó por encima de la bardo y el yeti muerto y fue directo a por el que más cerca estaba de ella, poniéndole la mano encantada sobre la frente. El conjuro hizo su efecto y la fuerza vital del yeti empezó a drenarse mientras éste gritaba y se zarandeaba intentando agarrar a Frederic, cuya herida en la espalda sanó rápidamente. Ya repuesto, vio la zarpa del tercer yeti ir directa contra él y mandarlo por los aires hasta estrellarse contra otro árbol. El paladín rebotó y se dio de bruces contra el suelo. Se levantó con rapidez y se encaró al yeti al que había usado para curarse. Paró sus dos zarpazos usando el escudo mágico de nuevo, pero el último hizo que su brazo se agotase y le obligase a bajarlo y a quedarse expuesto.

"Deja de usar tanta luz y tanta tontería y saca la espada"- Nicky avanzó rápidamente y se dejó caer, deslizándose por debajo de las piernas del yeti y lanzó dos dardos entre sus piernas para alcanzar sus puntos más débiles y luego rodar para salir por detrás de él y encararse a la tercera criatura. El yeti aulló llevándose las garras a las ingles y en ese momento, Frederic saltó impulsándose con las alas y le clavó su espada dorada en la garganta, haciendo chorrear la sangre sobre la nieve y derrumbándolo por el suelo. Sacó la espada de un tirón y vio como la semielfa rodaba por los suelos con el chaleco rasgado y un zarpazo en el pecho. La agarró del brazo para levantarla.

“¿Ya te has decidido a usar la espadita?”- dijo ella, sujetándose a él para levantarse y luego dándole un leve empujón.
“De no ser por mi magia lo tendríamos muy complicado”- dijo él, mirando como el yeti miraba a sus hermanos muertos y luego se volvía hacia ellos, furioso. Los dos estaban doloridos y jadeaban por el cansancio.
“Como si lo tuviésemos fácil ahora”

El yeti cargó, alzando los dos brazos con los puños cerrados con la intención de aplastar la bardo, pero Frederic se interpuso usando de nuevo su escudo mágico y deteniendo el golpe. Tal fue la fuerza del impacto, que él tuvo que hincar una rodilla en el suelo y el artilugio volvió a fallar, soltando un chisporroteo y disipándose. Pero el gesto le dio tiempo a Nicky para moverse por debajo de los brazos del yeti y clavarle el estoque debajo de una axila. La criatura chilló de dolor y se retorció, agarrándola de la cabeza y arrancándole el estoque de las manos. Frederic clavó la espada en su estómago, hundiéndola hasta encontrar una inesperada resistencia en la musculatura abdominal del monstruo, que paró el avance de la hoja el tiempo suficiente para usar a Nicky como maza con la que golpear al joven Tesla. Los dos volvieron a rodar por la nieve, atropellándose el uno al otro.
“Me ha quitado el estoque el muy cabrón”- dijo Nicky, sentándose sobre la espalda de Frederic- “Quiero mi arma de vuelta, Fred”
“No tengo ningún conjuro para eso”- masculló él.

Nicky se levantó cuando el yeti cargaba de nuevo hacia ellos, dejando a su paso un reguero de sangre por la nieve y aullando por el dolor de tener las dos armas clavadas en el cuerpo. Se preparó para esquivar pero vio por el rabillo del ojo como el paladín seguía en el suelo, resintiéndose de una nueva herida en las costillas.
"¿Qué haces? ¡Levanta!"- dijo ella, apremiante. La inmensa criatura cubierta de pelo pasó de largo y agarró a Frederic por una pierna, levantándolo en volandas y estrellándolo contra el suelo varias veces, para luego lanzarlo contra uno de los árboles.

El cuerpo de Frederic impactó con tanta fuerza que el árbol se partió en dos y se desplomó en el suelo. El paladín dejó de moverse, con el cuerpo lleno de heridas, cortes y contusiones.

Continuación en el hilo de Sarima
 

Dava

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*Despues de ver que Sarima no ha posteado nada*

QUIERO LA SEGUNDA PARTE!
 

Frankysan

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Eso digo yo! Quiero saber cómo acaba xD
 

Krystäl

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Sarima vende a frederic al Yeti... ¿esperabais otro final xDD

Estoy acabandolo, así que luego postearé aqui el link :p
 

Frankysan

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Aquí van una tanda de relatillos que comprenden el tiempo que pasó Frederic en Aguas Profundas del 1 de Agosto al 5 que no voy a poder entrar al servidor. Iré colgándolos conforme los tenga listos.

Regreso a Aguas Profundas​
Llegada en barco​

El graznido de una gaviota marcó el principio del final de un largo viaje en barco. El sol inundaba la cubierta mientras los marineros se esforzaban por hacer que las velas del barco se mantuviesen tensas, aprovechando al máximo el empuje del viento y las olas para acercarse al puerto de la Ciudad de los Esplendores.
Waterdeep_Harbor.jpg
La “Sargenta”, un navío rápido y de diseño estilizado, surcaba las aguas mientras se aproximaba al puerto con sus pasajeros recogiendo ya sus equipajes. Entre ellos estaba Frederic Tesla, acompañada por la joven Tindara. El paladín recogió su bolsa del camarote y fue hasta la proa del barco para ver como su ciudad natal estaba cada vez más y más cerca.
El viento agitó su cabellera rubia y el sol arrancó unos destellos dorados de ella, mientras sus vivaces ojos azules vislumbraban las figuras de los trabajadores del puerto cargando y descargando mercancía de otros barcos anclados. El barco aminoró su marcha y se dispuso a atracar.

- “Bien señores”- dijo el capitán Hawke- “Ha sido un placer compartir este viaje con vosotros… pero mis chicos y yo estamos ansiosos por coger unos días de permiso, así que ir moviendo vuestros floridos culos de mi cubierta y perdeos por la ciudad”- el viejo marinero no destacaba por su pico de oro, pero casi ningún marinero lo hace de todas formas. No se puede pedir mucho al gremio.

Cuando bajaron del barco, Frederic le dio un toque en el hombro a Tindara para que le siguiera por el puerto. El paladín se movía como pez en el agua a pesar de su pesado equipaje y la cantidad de gente que pululaba por los muelles.
- “¿Adónde vamos?”- dijo Tindara mientras esquivaba a un perro que perseguía a uno de los marineros.
- “La idea es ir a la Casa de los Milagros a dejar nuestras cosas y saludar. Nos vamos a quedar allí todo el tiempo que pasemos en la ciudad”
- “¿No tienes casa aquí?”
- “La tengo. Pero quiero ver la cara que ponen los paladines de aquí cuando me vean aparecer por las mañanas desayunando con ellos”- respondió Frederic, con una sonrisilla maliciosa.

Volver a la ciudad natal después de haber pasado fuera casi cuatro años es siempre reconfortante y a la vez algo aterrador por lo que te puedas encontrar, pero como Frederic Tesla era un paladín, aquello del miedo no iba con él. Era posible que alguna tienda estuviese cerrada, otra hubiese abierto en su lugar o que incluso el loco mendigo que anuncia el final del mundo se haya pasado al lucrativo negocio de la venta ambulante de pulgas, pero la esencia de la ciudad era la misma. Y lo cierto era que, a no ser que un bálor fuese y se sentase en mitad de la plaza del pueblo a escupir a las viejecitas, el nivel de corrupción y maldad en Aguas Profundas iba a ser siempre inferior al que Tesla pudiese encontrar en Amn. La misma Tindara parecía sorprendida con el aparente civismo de la gente, lo limpias que estaban las calles (no se podía comer en ellas pero al menos las ratas no te saltaban a la cara en busca de una vida mejor) y de la gran cantidad de plazoletas. Quien quiera que fuese el encargado del diseño de las calles le había pillado el gusto a las plazoletas.

- “Deberías abrigarte, en Aguas Profundas no llueve tanto como en Amn pero sí que hace más frío”- le aconsejó Frederic a su acompañante.- “Una buena capa de piel de lobo o algo por el estilo”

Cuando pasaron por aproximadamente la quinta o sexta plazoleta, los dos se encontraron en una gran plaza central de los muelles donde se encontraba el cadalso. Allí, la multitud se había reunido para presenciar la ejecución de un hombre joven, subido a un taburete mientras el verdugo le colocaba una soga alrededor del cuello. En esta clase de situaciones, el habitante promedio de la ciudad pasa de ser una amable ancianita o un señor serio y honrado, a convertirse en un campesino sediento por la sangre de los culpables. No hizo falta indagar mucho para averiguar que el condenado iba a conocer a Kélemvor en persona por haber sido pillado con las manos en la masa contactando con los Ladrones de las Sombras.

- “Le van a matar, Freddy”- dijo Tindara.[thumbnail=float-right]http://i52.photobucket.com/albums/g34/genesphotobucket/hangedmanbs.jpg[/thumbnail]
- “Sí, los Señores de Aguas Profundas le han declarado culpable al parecer”- dijo Frederic, abriéndose paso entre la gente.
- “¿Y no vas a hacer nada?”- dijo Tindara, tironeando de él.
- “A diferencia del Consejo de Amn, los Señores de Aguas Profundas no son una panda de imbéciles corruptos. Lograron expulsar a los Ladrones de las Sombras de aquí una vez y hacen lo que pueden porque sigan fuera de la ciudad. No digo que esté a favor de esta clase de regodeo por la muerte de una persona, pero sí que confío más en la decisión de los jueces de aquí que los que conocemos de Amn”.

La niña se le quedó mirando con el ceño ligeramente fruncido y sin intención alguna de marcharse. Frederic resopló y le puso las manos sobre los hombros.
- “¿Qué te gustaría que hiciera? ¿Qué me subiese al cadalso y liberase al preso?”- sacudió la cabeza- “No, Tindara. Nos guste o no, en este mundo hay gente mala. Gente que no duda en provocar el sufrimiento en los demás y aprovecharse de los débiles. Los Ladrones de las Sombras menoscaban el duro trabajo de la gente honrada y extorsionan a los comerciantes para que les paguen por protección. Nadie tiene por qué vivir con el miedo a que una noche entren en tu tienda y te la destrocen porque te has retrasado en un pago. ¿Qué crees que pasaría si se perdonase la vida de todos los criminales por sistema? Perderían el respeto a la ley, a las autoridades, y se volverían más osados. Ten en cuenta que existen reglas para nosotros, la gente de a pie, reglas que debemos seguir para poder vivir en sociedad pero ellos, que viven fuera de ella, no tienen por qué seguirlas. Si ese hombre está ahí en la horca es porque la gente buena ha usado métodos legales y justos para poner fin a sus fechorías. Aquí, a diferencia de Amn, el hombre malo está en la soga y los buenos en el gobierno”.
- “¿Y por qué no hablan con él? A lo mejor si alguien consigue averiguar por qué es malo…”
- “La pena de muerte no es ni mucho menos el primer castigo al que recurren, Tindara. Si este hombre está ahí es porque realmente su muerte hará bien al mundo. No se pueden arriesgar a dejar con vida a alguien que puede poner en peligro las vidas de otros inocentes”.

El verdugo le pegó una patada al taburete sobre el que estaba el preso y éste cayó al instante, con un sonoro crujido al partirse su cuello y matándole instantáneamente. Su cuerpo inerte se quedó balanceándose en el aire mientras la gente vitoreaba al verdugo, que se bajó de la plataforma cabizbajo y sin ganas de celebrar nada.


Continuaron con su camino, recorriendo las calles de la ciudad y con Frederic compartiendo algunos detalles de la misma conforme pasaban por estatuas o plazoletas famosas. Llegando ya a una, un fuerte estruendo sobresaltó a la gente de la calle, que vio como un minotauro de proporciones gigantescas y semblante infernal se estrellaba contra la fachada de un edificio. Tindara se sobresaltó, pero el joven Tesla le puso una mano en el hombro para tranquilizarla.
- “Supongo que conoces a los Legionarios y a los Encapuchados, ¿no, Tiny? Bueno, ahora verás algo que está mucho mejor”

La niña abrió mucho los ojos cuando un mago vestido con un manto gris apareció surcando los cielos junto con tres acompañantes. Todos vestidos como aventureros y portando mantos grises. Rápidamente, mostrando un inmenso poder y una eficiencia extrema, abatieron al minotauro y se llevaron el cuerpo mientras la guardia de la ciudad se hacía cargo de los destrozos.
- “¿Quiénes eran esos?”- dijo Tindara, asombrada.
- “Los Manos Grises, son el cuerpo de élite que defiende la ciudad. Responden directamente a los Señores de Aguas Profundas. No importa si eres mago, soldado, o cantante de ópera, si eres capaz de hacer [thumbnail=float-left]http://www.wizards.com/dnd/images/cosw_gallery/90413.jpg[/thumbnail]grandes hazañas por la ciudad, eres apto para el puesto. Aunque eso sí, suelen tener una vida muy corta”.
- “¿Y la gente ve normal eso?”
- “Por supuesto, pero esto es Aguas Profundas, la ciudad donde una vez se escuchó al mismísimo Ao hablar. Hay un límite de sorpresas que se puede llevar una persona a lo largo de su vida. Al final se acaban por acostumbrar a esquivar los cascotes voladores y a huir de los rugidos brutales”.


Pasaron cerca de una colina ya aproximándose al distrito de los templos. Frederic la señaló y Tindara vio lo que parecía ser un salón de fiestas donde los nobles celebraran un baile de máscaras.
- “Ese es el templo de Ao”
- “Parece un salón de baile”
- “Ya… Con el tiempo la gente se cansó de rezarle a un dios que no atiende a peticiones y reciclaron el edificio. A Él no parece importarle”.

Finalmente, llegaron a la Casa de los Milagros, el templo de Mystra en [thumbnail=float-right]http://www.wizards.com/dnd/images/cosw_gallery/90414.jpg[/thumbnail]Aguas Profundas. Unas escaleras de mármol blanco daban paso a un gran edificio lleno de estatuas, torres envueltas en hiedra y fuentes donde el agua clara fluía al igual que en el templo de Selûne del Valle de Minsor. En las puertas, dos Caballeros del Fuego Místico custodiaban la entrada, con gesto serio y las espadas apoyadas en el suelo. Cuando Frederic se dispuso a subir las escaleras, estos le miraron y desenvainaron sus espadas, señalándole.
- “Ni un paso más, Tesla. Se te trasladó a Amn y no se te permite volver aquí como si tal cosa”.
 

Dava

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BRAVO!

A nene le ha gustado mucho
 

Frankysan

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No entraba en mis planes, pero gracias a DM Grazzt y la mala suerte, mi personaje vivió anoche una situación de las que se merecen un relatillo.


La Infraoscuridad​

Todos se reunieron en un círculo alrededor de la Dama Selena, sacerdotisa de Lazhánder de la Orden del Muy Radiante Corazón. La mujer, una humana hermosa de cabello moreno, ataviada con una armadura de batalla y portando un gran bastón blanco con un faro de luz en el extremo superior, comenzó a entonar una plegaria al dios Lazhánder pidiendo que los teletransportara sanos y salvo al hospicio. Sin embargo, y esto Frederic lo sabía bien, la magia tenía sus limitaciones y el número de pasajeros en un teletransporte era una de ellas. Con el nuevo acompañante, eran seis y como bien había dicho Selena, uno corría el riesgo de quedarse atrás. Pero tenía fe en que Lazhánder les ayudaría. Los siervos del Alba eran optimistas por naturaleza.

Cuando terminó de entonar su plegaria, un círculo de luz iluminó el área alrededor de la sacerdotisa y todos aquellos que la tocaban empezaron a desvanecerse en el aire. Todos menos Frederic. El paladín pudo ver la cara de sorpresa de sus compañeros cuando desaparecieron dejándole a él atrás en las profundidades de la tierra y junto a un pentagrama demoníaco. Desaparecieron con un destello de luz y de ellos sólo quedó una sensación de estática en el aire y un fuerte zumbido en la cabeza de Tesla.

No se detuvo a lamentarse. Él era un paladín de Mystra, y además, un caballero arcano. Se había esforzado por aprender de los Plumas Estrelladas y los Estrellas Fugaces para desenvolverse en cualquier tipo de situación. Sin perder el tiempo, se descolgó su mochila del hombro y empezó a cambiar su equipo. Sacó un uniforme sin insignias, adaptado para moverse sin hacer ruido y varios pergaminos que colocó en hilera en el suelo frente a él. Se cambió de ropa ahí mismo, ya que no tenía sentido el pudor estando en su situación. Luego se colocó su bandolera portapergaminos sobre el pecho y enganchó los que iba a necesitar en ella. Guardó todo lo que no iba a necesitar en bolsas de contención e hizo inventario de las raciones y el agua que le quedaban. No esperaba salir vivo de allí, pero al menos iba a intentarlo.

Antes de hacer nada más, se detuvo en borrar a conciencia el pentagrama demoníaco. No entendía mucho de conjuración siendo él un transmutador, pero le parecía lo correcto. Faerûn no explotó al hacerlo, lo vio como una buena señal.

Tras su buena acción de paladín, se encaró hacia la grieta de la pared que conducía a la Infraoscuridad. Todo paladín la conocía, al menos de oídas. Era el sitio donde el sol no llegaba. Donde habitaban los horrores más tenebrosos de Faerûn. La muerte hecha un lugar, enorme y oscuro. Y para colmo, la magia no funcionaba del todo bien allí debido a las radiaciones subterráneas. Si no le capturaban los drow y le convertían en un mimado esclavo de cama debido a su exotismo y cabellera rubia, le cogerían los duegar, los ilitas o quizás, si era muy desafortunado, los babosos kuo-toa. Cualquiera en su lugar se habría quedado paralizado de miedo, pero por suerte era un Caballero y eso del miedo era algo que había dejado atrás hace años.

Descolgó el primero de los pergaminos y usando la luz de las hogueras que habían alimentado al pentagrama, conjuró sobre sus ojos para que la oscuridad dejase de ser un problema. Después, echó mano de dos pociones, una para hacerse invisible, y otra, para acelerar sus movimientos. Dicen que usar ese conjuro acorta la vida, quizás tienen razón por aquello de que si vas corriendo sin saber donde están tus pies puedes acabar muy mal.
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Descendió por la grieta y pasó por debajo de un arco de roca con el símbolo de una araña. Ante él, se extendía un gran acantilado que tuvo que bordear con todo el cuidado del mundo, sujetándose por los salientes y confiando en que sus pies invisibles no le jugasen una mala pasada.
Usando una tiza iba marcando los túneles por los que se metía. El tiempo iba en su contra ya que si perdía la visión en la oscuridad le sería imposible ver las marcas, y mucho menos orientarse por los túneles. Y lo peor es que pronto empezó a ver las primeras patrullas de elfos oscuros.
Los esquivó como pudo, siempre con mucho cuidado de no tropezar con ninguno y haciendo el menor ruido posible. Los drow no tardaron mucho en darse cuenta de que algo les acechaba pero para cuando reaccionaron Frederic ya estaba corriendo.

Se equivocó un par de veces y tuvo que parar a descansar, escondido entre las rocas y estudiando sus conjuros de nuevo usando luz mágica, pero gracias a Mystra no le descubrieron en esos periodos. Una de las veces incluso llegó a vislumbrar una ciudad entre los acantilados
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subterráneos, pero nunca estuvo lo suficientemente cerca como para ver de quién era.

Tras perder la noción de cuánto tiempo había pasado allí debajo recorriendo túneles y escondiéndose de drañas, moles sombrías, drows y hasta grimorlocks (quienes, debido a que son ciegos, casi le descubren en una ocasión), por fin llegó a una zona donde la luz lo suficientemente abundante como para ver sin necesidad de conjuros. Respiró aliviado, cansado y sin ningún conjuro haciendo efecto sobre él. Despeinado, sucio, con la ropa rota y alguna magulladura, no daba el aspecto de ser un caballero.

Anduvo en silencio hasta toparse con un lago que le impedía el paso. Podía intentar usar una cuerda para engancharla al saliente de roca que tenía delante, pero rebuscó en sus bolsillos y sacó la última garra de dragón que le quedaba. No era un ingrediente mágico fácil de conseguir, pero agradecía aquel viajecito a los picos nevados en busca de tesoros enterrados. La usó de componente material para hacer brotar de su espalda dos poderosas alas dracónicas con las que levantó el vuelo y saltó el obstáculo sin dificultad. De repente, el zumbido que llevaba sintiendo en su cabeza ni sabía cuánto tiempo, empezó a hablar:
- “¿Fred? ¿Estás bien?”- la voz de Selena resonó en su mente. ¿Cómo era posible? El vínculo telepático que conjuró sobre ella no tenía ese alcance ni esa duración ¿Acaso Mystra había acudido en su ayuda?
- “¿Selena? Sí, estoy bien. Creo que ya estoy encontrando la salida…”- respondió mentalmente Frederic, con dos dedos en la sien.

Aunque su alegría duró poco porque al girar la esquina se topó con una patrulla drow, que le vio al instante y cargó contra él. Iban ataviados con armaduras pesadas, espadas y escudos y se movían con rapidez y una precisión mortífera.

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Frederic desenvainó su espada y activó su escudo mágico todo lo rápido que puso pero no evitó un tajo en el pecho que le tiró de espaldas. Se arrastró hacia atrás para recuperarse y golpeó con el escudo al drow que se acercaba a rematarle. Se puso en pie y batió las alas con furia, a sabiendas de que si les plantaba cara no podría salir de allí. Gracias a una corriente de aire y al techo elevado de la caverna pudo hacerlo, no sin antes recibir un profundo corte en el muslo que inundó sus pensamientos con un dolor atroz.

Voló por la caverna hasta llegar a un nuevo saliente de roca en otro lago donde se desplomó, perdiendo fuerzas rápidamente debido a que no dejaba de sangrar. Jadeando de cansancio, se rompió el pantalón para examinar bien la herida y al darse cuenta de la gravedad, puso sus manos sobre ella entonando un pequeño salmo a la Dama de los Misterios, que le concedió la capacidad de sanar parcialmente la herida y detener la hemorragia. La voz de Selena volvió a resonar en su mente:
- “¿Fred? ¿Sigues ahí?”
- “Sí. Estoy aquí. Creo que ya he salido de la Infraoscuridad, por eso podemos comunicarnos”- pensó él. Aunque sospechaba que quizás se estaba volviendo loco y no era Selena sino su subconsciente quien le hablaba.- “Sigo adelante”

Cuando los túneles se estrecharon y uno pudo volar, recurrió a la táctica de la invisibilidad, aunque no pudo ir acelerado debido a la cojera de su pierna. Llegó a una cripta repleta de esqueletos que irradiaban energía nigromántica y apariciones que no repararon en su presencia. Quizás estaba ya tan hecho polvo que parecía un muerto.
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Ascendió hasta llegar a una cripta de las de toda la vida. Uno de esos mausoleos donde los ricos entierran a los suyos y los nigromantes se meten a hacer sus cosas. Vio varios guardianes esqueléticos y pasó como pudo entre ellos hasta llegar al exterior.
- “¿Qué es lo que ves?”- dijo Selena.
- “Esqueletos con manos brillantes, apariciones, guardianes esqueléticos…”
- “Estás en Inmescar”- dijo ella.
- “¿Y eso cómo puedes saberlo?”
- “He limpiado una y otra vez todos los cementerios de Amn, y sé qué tipo de insepulto habita en cada uno de ellos”
- “¿Habéis pensado en ir a la playa alguna vez los ordenados? No sé, a un sitio bonito para cambiar un poco…”

Empujó la puerta de roca y salió al exterior. Tal era su cansancio, que se apoyó en ella y la empujó con el peso de su cuerpo hasta cerrarla sin darse cuenta de que eso le salvó de ser empalado por la espalda por los guardianes esqueléticos que repararon en su presencia. Vio como salía el sol y, con los ojos entrecerrados por su intensa luz, dijo en voz alta:
- “Alabado sea Lazhánder. Nunca me he alegrado tanto de verte”.


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Dava

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Los hay que nacen con estrella...

Tesla nacio estrellaó!

Buen Relato, me ha gustado
 

Frankysan

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No hay lugar como el hogar​

Frederic frunció el ceño y miró a los caballeros, cuyas viseras estaban levantadas y su expresión no era amable en absoluto. Luego sus ojos brillaron con malicia y dijo, sin evitar dibujar una media sonrisa burlona en sus labios:
- “¿Galleta? ¿Corteza?”- los paladines reaccionaron aún peor oyendo sus motes de la niñez. Sus rostros se contrajeron con furia.
- “Date media vuelta si no quieres problemas, Tesla”- dijo el paladín apodado Galleta.
- “Lo siento, ¿qué has dicho? Mirarte la papada es demasiado hipnótico”.

Los paladines intentaron responder de mala manera a la burla de Frederic, pero el joven fue más rápido y, agarrando a uno por el yelmo para echarlo hacia atrás, le hizo una zancadilla al segundo, tirándolos al suelo a los dos y provocando que no pudieran levantarse por el peso de su armadura. Tindara dio un respingo cuando vio eso y siguió a Frederic al interior del templo de Mystra.
- “¡Has atacado a unos hermanos!”- dijo ella, atónita. Fred se detuvo, levantó una ceja y le contestó.
- “Déjame explicarte algo, Tindara. Esto no es Edive. La Casa de los Milagros es uno de los templos más grandes del norte de Faerûn. Aquí, no sólo los fieles de Mystra entran, sino también de Selûne, Azut y otras deidades aliadas. No es un sitio amigable, donde todos se conocen entre ellos y hay cierto aire de familiaridad. Aquí, los Plumas Estrelladas trabajan sin descanso fabricando objetos mágicos para venderse a aventureros con dinero, los Estrellas Fugaces nunca pisan el templo ni entran en la ciudad y los Caballeros del Fuego Místico jamás se han enfrentado a una invasión de los umbras. Los de la entrada eran monigotes, floreros que nunca han tenido que luchar ni vivir en un país donde la magia está proscrita. Son tan paladines como yo lo era cuando llegué a Amn. Así que no me vengan con tonterías, si yo quiero entrar a un Templo de la Dama de los Misterios, lo haré. Y como un caballero además, les guste o no.”
Mientras él lo explicaba, recorrían los largos y elegantes pasillos del templo. Había múltiples vitrinas donde se exponían tesoros recolectados por los fieles con el paso de los años y viejas reliquias de los Elegidos de Mystra. Era cierto que el ambiente era mucho más académico que el que había en Edive y que la cantidad de gente ataviada como magos y sacerdotes era notablemente mayor.

Frederic saludó a la gente conforme se la encontraba. Normalmente le respondían con educación y tardaban unos segundos en reconocerle, entonces su actitud cambiaba dependiendo de si eran paladines o plumas. Los primeros le trataban con desdén a pesar de sus logros y los segundos (o las segundas más bien, especialmente ellas) le trataban como a un viejo amigo que llevaban muchísimo tiempo sin ver. Sin embargo, de entre todos los rostros conocidos que se iban cruzando a su paso, él buscaba uno en particular.

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No tardó mucho en encontrarla en la biblioteca. Caminó entre las estanterías en silencio seguido de Tindara, que observaba con los ojos muy abiertos los pesados tomos que allí guardaban, tan grandes que tenían sus propias estanterías y los sacerdotes debían abrirlos con cuidado y guantes de terciopelo. Y allí, encima de una pequeña escalera de madera, se encontraba la sacerdotisa a la que buscaba el joven Tesla. Una chica de su misma edad, con una larga melena morena recogida en una trenza y un vestido largo de color azul medianoche. Tenía un libro entre sus brazos y buscaba por el estante un nuevo tomo con expresión concentrada. Frederic se apoyó en la escalera con una media sonrisa:
- “Si buscas las historias de mis hazañas, deberías ir hacia la T de Tesla”- dijo él, mirando hacia arriba.
La chica alzó las cejas y luego miró hacia abajo, sin poder evitar que su rostro se iluminara con alegría, aunque no obstante, dijo:
- “Ya sé de tus hazañas. Y la verdad es que no creo que nadie se molestase en ponerlas por escrito”
Bajó las escaleras y le dio un fuerte abrazo al paladín, besándole luego en la mejilla. Después su expresión cambió a preocupación y le tocó la cara:
- “¿Qué te ha pasado en la cara? Se te ve… curtido”- dijo ella.
- “El trabajo en Amn es mucho más exigente. Pero no he venido a hablar de mí, quiero saber qué tal te ha ido estos años, Katrina”.
- “No me puedo quejar. Me casé, tuve una hija pequeña y… Ya está, aunque no es poca cosa”- dijo ella y rieron juntos.
- “No, no lo es. ¿Y estás feliz, no? Es lo que querías”
- “Sí, es cierto”- dijo ella, mirándole un segundo- “Soy feliz con la vida que llevo. Y a ti se te ve en la cara que te encanta tu nueva vida. ¿Qué es esta insignia? ¿Caballero del Fuego Místico de Edive?”

Tindara tuvo que esperar horas mientras los dos jóvenes se ponían al día sobre las andanzas del otro y mientras lo hacía, se fijó en una serie de gestos de cercanía que no dudaban en mostrar.

Unas horas después, tras haber dejado a Tindara al cargo de Robert Roxx, Frederic fue al cementerio de la Casa de los Milagros para presentar sus respetos a sus hermanos. Dejó unas flores sobre sus tumbas y tuvo que pedir a la joven Tindara que le diese unos momentos de soledad. Aunque por desgracia, no los tuvo.
- “Así que has vuelto”- dijo una voz apagada detrás de él.
- “Sí. Tenía que volver para ver qué tal estabais todos, padre”- dijo Frederic.
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Cuando miró por encima de su hombro no le gustó lo que vio. Norman Tesla había sido una vez una persona elegante, de buena presencia y modales impecables. Ahora vestía de forma anodina, el pelo se le había caído y había echado una gran barriga. Caminaba con bastón y si al menos hubiese tenido un rostro malhumorado… Pero no, su cara era la representación perfecta de la apatía.
- “Tus hermanos no se han movido del sitio. Todo un logro en los tiempos que corren”- dijo Norman.
- “Y tú tampoco parece que te hayas movido mucho de tu silla de escritorio últimamente”- murmuró Frederic.
- “Veo que llevas la insignia de los Fuegos Místicos. Bien, pensé que echarías a perder también eso y te irías a la fuga con la primera bardo que se te cruzase en el camino”.- que lo dijese sin ningún rastro de emoción fue una bofetada más inesperada que Frederic había recibido nunca.
- “Hice unos juramentos con el templo, padre. Jamás haría tal cosa”
- “Tu madre ha vuelto”- contestó él, cambiando de tema- “Está en el templo de Sune, con toda su corte”
- “¿Has ido a verla?”
- “No. ¿Para qué iba querer ir a verla? Según he oído, ha tenido un hijo. El niño debe de tener nueve años o así”.
- “¿Y a ese lo ha abandonado ya o se está esperando a algo en particular?”- dijo Frederic, bufando.
- “Ve a verla. Sigue siendo tu madre, Fred”- dijo Norman- “Por mucho que la odies, debes ir a que te vea ella”
- “¿Y qué le importo?”
- “Créeme, cuando vea en lo que te has convertido se arrepentirá de haberte abandonado hace once años”. – aunque ni una sombra de orgullo asomó en sus ojos cuando miró a su hijo.

Después de la “alegre” conversación familiar, Frederic se llevó a Tindara a conocer las calles más emblemáticas de Aguas Profundas. Y por emblemáticas, él entendía aquellas que tenían leyendas y rumores a sus espaldas. Se la llevó al Callejón del Pozo Negro, al Pasaje del Carro Fúnebre e incluso le habló de Puerto Calavera y Bajomontaña, de las que solo conocía historias y cuentos para asustar a niños traviesos.

Mientras paseaba, se detuvo al ver a un anciano elfo trabajando un tronco de madera, esculpiéndolo con habilidad. No tardó mucho en darse cuenta de que estaba haciendo un violín. Frederic los había visto muy pocas veces, ya que Nicky prefería usar una flauta, pero sabía que ella también podía tocar ese instrumento. Y lo cierto era que el anciano estaba
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haciendo un trabajo formidable. Cuando abrió la boca para comprar la pieza, una mujer de cabellos castaños y rizados se le adelantó:

- “Le ofrezco trescientas piezas de oro, mi señor”- dijo, con un tono de voz elegante y un acento fino. Era una mujer ya entrada en su cuarta década de vida, pero de facciones hermosas que Frederic no tardó en reconocer como las de su madre. Aunque ella ni le reconoció al verle. Frunció el ceño y empezó a regatear con la mujer por el precio del instrumento musical. Tras tantos años en Amn, algo había aprendido sobre transacciones comerciales. Sin embargo, y aunque Frederic iba ganando la puja, Gloria decidió jugar la baza equivocada:
- “Oh, vamos señor, soy sierva de Sune y el violín será un regalo para mi hijo. ¿No le negará una muestra de amor a una humilde sierva de la diosa de la belleza?”- tras decir eso, algo tuvo que cambiar en la cara de Frederic porque rápidamente añadió- “Bueno, tampoco me ponga esa cara, eh?”.
- “Pero tendrás… cara”- farfulló Frederic- “¿Cómo te atreves a decirme eso después de todo lo que me hiciste pasar? ¿Amor? Tú no sientes amor, sólo la necesidad de que presten atención. Si sintieras amor no habrías destrozado a mi familia, no habrías abandonado a tu hijo en el peor momento de su vida. Y, desde luego, no habrías cometido la negligencia que te hizo perder a dos pequeños brillantes”.
La mujer le miró fijamente, atónita y tras unos segundos y varios amagos de empezar a hablar, finalmente dijo:

- “¿Freddy?”
 

Frankysan

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Bueno, ya ha pasado un tiempo desde la quest, así que voy a poner en el hilo público el relato. Es curioso lo que puede salir a partir de un 20 natural en una escena de unos minutos... A ver si saco tiempo para escribir lo que pasó después. Gracias a Grazz't por la quest.

PD: Aparte, y aunque no lo vaya a leer, gracias a Terry Pratchett por darme la idea para el relato xD




Los Callejones de la Mente​

“De acuerdo… Vamos a ello”- murmuró. Bajo la atenta mirada de Eric y Loen, Frederic Telsa procedió a juntar los dos fragmentos de pergamino. Conforme los acercaba, emitían un brillo anaranjado cada vez más intenso y se calentaban al tacto, tanto que en el momento de la unión, se quemó las yemas de los dedos.

Un destello iluminó la sala cuando la unión tuvo lugar, cegando momentáneamente a los testigos. Frederic sintió como algo emanaba a través del artefacto, recorriendo sus nervios y subiendo por su cuerpo hasta su cabeza, provocándole un cosquilleo en la nuca y sensación de hormigueo en las manos. La transformación había comenzado, y sin saberlo, algo oscuro había nacido en su interior… Aunque para lograr nada antes tendría que derrotar la mente del paladín.




Rainy-City-Night.jpeg

La ciudad se encontraba bajo un techo nocturno, nublado y lluvioso que provocaba que las calles estuvieran inundadas y el agua se desbordase del alcantarillado. Los edificios, creados a partir de neblinosos recuerdos de la mente del anfitrión, creaban entre sus espacios intrincadas calles que la Oscuridad recorría serpenteando. Había sido creada con un único propósito, infectar la mente del portador del pergamino para convertirle en lo que ansiaba destruir. De forma innata sabía que algunos mortales no se resistirían a la conversión mientras que otros lucharían contra ella, esas calles, por ejemplo, intentaban alejarla del centro de la ciudad, que era el centro espiritual del humano al que había infectado. Ese era el juego.

Recorría los callejones velozmente, infectando con sus apéndices todo cuanto tocaba. Los edificios neblinosos se corrompían y se [thumbnail=float-right]http://fc07.deviantart.net/fs70/i/2012/129/0/e/shadows_come_creeping_by_radishstick-d4z1krp.jpg[/thumbnail]desmoronaban, o bien se retorcían en formas obscenas y grotescas. De vez en cuando se encontraba con una plaza abierta con la estatua de alguien importante. Se entretenía destruyéndola o profanándola con su oscuridad, para luego seguir su camino, alimentándose de todo lo malo que encontraba a su paso.

Traspasó unos barrotes viejos y oxidados hasta llegar a una plaza con la estatua de una semielfa con un violín en la mano. Era más grande que las otras que había encontrado, y un extraño juego de luces ensombrecía el rostro de la estatua. La Oscuridad no pudo resistirse a destrozarla como había hecho con las anteriores, pero al acercarse un relámpago cayó desde los cielos sorprendiéndola. No la había alcanzado, pero supuso que debía ser alguna defensa de la mente del anfitrión. Con un gorjeo de placer, se concentró en destruir la estatua hasta convertirla en neblina grisácea que se desvaneció entre la lluvia.
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El sonido de unos pasos la sacó de sus propios pensamientos. Se volvió buscando el origen y sólo alcanzó a vislumbrar un movimiento en un callejón cercano por una décima de segundo. Se revolvió inquieta. No sabía lo que era eso, quizás una nueva forma de defensa, así que se apresuró en continuar su camino. Intentó avanzar por la siguiente calle, pero los edificios de la ciudad empezaron a deformarse, mutando y creando barreras que le cortaron el paso. La Oscuridad se paró en seco, sorprendida, mientras runas arcanas transmutadoras comenzaron a brillar en todas las fachadas. Se retorció por una grieta y siguió adelante, escuchando el sonido de los pasos, de espuelas, acechándola y siguiéndola de cerca. Intentó despistarla dando un rodeo por las calles de la ciudad, alejándose a propósito de su objetivo y se encontró con una nueva sorpresa.

Otra vez la misma semielfa del violín. Y la misma plaza. Un nuevo relámpago cayó y las sombras dibujaron una expresión burlona en el rostro de la estatua. Furiosa, la Oscuridad se lanzó contra la efigie, haciéndola pedazos otra vez con sus tentáculos negros, retorciendo sus formas y esparciendo sus escombros por el suelo inundado. Pero la sonrisa burlona no se desvaneció. ¿Estaba verdaderamente oponiendo resistencia el anfitrión? La Oscuridad se excitó pensando en el desafío que le iba a suponer esos nuevos obstáculos. Extendió dos oscuras alas y alzó el vuelo, buscando esquivar las calles de la ciudad y encontrar la ruta directa.

Ascendió y cuando lo hizo los edificios la siguieron, cambiando y deformándose buscando atraparla entre sus muros. La Oscuridad intentó esquivarlos pero cerraban los espacios demasiado rápido y se comportaban de forma impredecible y caótica. Incluso llegó a emitir un chirrido cuando la cabeza de un dragón se moldeó a partir de los ladrillos de una casa e intentó atraparla entre sus fauces. No logró ser lo bastante rápida y se precipitó contra el suelo, rebotando en las calles encharcadas. Sin embargo, lo sintió. Estaba en su objetivo. Se alzó y vio un templo ante ella con el símbolo de Mystra. Un escalofrío recorrió sus apéndices cuando escuchó de nuevo las pisadas. Se giró y vio a su perseguidor. Una mujer humana, con una melena castaña rizada que le caía sobre los hombros y que vestía con una armadura plateada con un manto azul. La mujer miró a la Oscuridad con una mirada que transmitía lástima y avanzó hacia ella.

- “¡No puedes detenerme!”- dijo la Oscuridad con una voz que podrían haber sido cientos de susurros simultáneos.- “¡Estoy muy cerca de mi objetivo! ¡Ya no puedes hacer nada!”.
La mujer chasqueó los dedos y las puertas del templo se abrieron de par en par.
- “Adelante”- dijo ella, sonriendo- “Te invito a entrar”.
- “¿Quién eres tú?”- dijo la Oscuridad, dudando.
- “Te has metido en la mente de un paladín, pequeña criaturilla. Los paladines no están cortados por el mismo patrón que el resto de los mortales."- se detuvo y se echó el pelo atrás con la mano- "¿Te gusta mi ciudad? Es una ciudad que siempre está cambiando. Ni siquiera yo sé qué forma tomarán las calles a continuación, porque estamos en la mente de alguien especializado en la Transmutación”- alzó los brazos y las calles se apartaron de ellos, dejando sólo el templo.- “¿Qué eres tú exactamente? ¿La infección por manipular un artefacto? Qué mona. Anda, venga, entra en el templo."

Era una trampa. Estaba claro. De algún modo esa ciudad la estaba engañando. Seguramente ese Templo era la salida, o una forma de expulsarla. Avanzó con la intención de esquivar a la mujer, pero siete relámpagos cayeron del cielo cortándole el avance.
- “Puede que no me hayas entendido”- dijo la mujer, calmadamente- “Entra en el templo. Ahora. Entra donde aguardan todas las cosas oscuras de un paladín. Entra y date cuenta de que eres sólo una carga más en su corazón. Una nimiedad. Para llegar hasta él tendrás que sobrepasar oscuridades muchas más grandes, oscuridades nacidas aquí dentro y que se conocen todos los entresijos de su mente”.
La Oscuridad intentó esquivarla de nuevo, pero la mujer la agarró y la arrancó de su manto oscuro, revelando una forma pequeña y patética similar a una lagartija. La presa era asfixiante y la mirada de la mujer dura como el granito.
- “Has tenido la mala suerte de infectar a esta persona. ¿Quieres hacerle pasar por una transformación? Su pasión son las transformaciones, su mente es lo bastante mutable para absorberte y hacerte desaparecer si quisiera. ¿Quieres convertirle en un ser oscuro? Lo siento, pero eso no va a pasar. Te encerraré donde están todos los miedos, todas las dudas y todas las debilidades de un paladín: Entre los muros de su Fe."- su sonrisa se hizo más amenazante- "Disfruta de tu estancia aquí, estoy segura de que conocerás gente interesante”.

[thumbnail=float-left]http://fc09.deviantart.net/fs71/f/2011/182/c/a/caa7edcbd7c30d396c63f3000abee872-d3ko41y.jpg[/thumbnail]Conforme se acercaba más al templo, la Oscuridad pudo ver los monstruos acechando en su interior. Como ella había dicho, miedos, dudas, remordimientos, todos nacidos como fruto de la lucha contra fuerzas oscuras y que el paladín contenía en su interior, bajo control,encadenadas con metal hecho a partir de sus convicciones, su valor y su fe. Se sintió muy pequeña rodeada de sus hermanas mayores y no puedo evitar chillar cuando vio las puertas cerrarse tras de sí.

La mujer desenvainó su espada y se apoyó en ella, mirando hacia el cielo. Este no era el día en el que Frederic Tesla caería en la oscuridad. No mientras su hermana se encargase de guardar su alma. Encontraría y cazaría a toda sombra de duda y corrupción y las encerraría bajo llave para siempre. No fallará en su deber.



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"¿Frederic, estás bien?"- dijo Eric, mirándole con el ceño fruncido y la mano en la empuñadura de su arma.
"Sí..."- Fred se miró las manos- "Sí, sí... Sigo siendo yo. No hay nada de lo que preocuparse".
 

Frankysan

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Relato de una quest de Grazzt donde Frederic disfrutó como un enano :D




El Regalo​
Fire_Demon_by_PopeFucker.jpg

“¿Dónde me he metido ahora?”- murmuró Frederic cuando se vio rodeado por un paisaje infernal. Un desierto rojizo se extendía hasta donde alcanzaba la vista y el cielo estaba completamente cubierto por nubes de ceniza y polución. Revisó su equipo y vio que no le faltaba nada. Llevaba su espada, el escudo colgado a la espalda y sus ropas de viaje, así que echó a andar hacia lo único que había en ese lugar: un enorme árbol, tan alto que su copa era engullida por las nubes del cielo y con una pasarela que ascendía a los cielos.

Conforme se acercaba, alcanzaba a vislumbrar pequeñas figuras trepando por la pasarela hasta niveles superiores, todos pequeños y patéticos demonios rojizos que se peleaban por ser los primeros en llegar a la siguiente plataforma. Una voz horripilante llamó su atención.

- “¡Amo! ¡Amo! ¡Le estábamos esperando, mi Amo!”- un demonio babau se aproximó a Fred, con la cabeza gacha y rezumando limo por su boca cada vez que soltaba una palabra. Se plantó ante el paladín y se [thumbnail=float-right]http://fc03.deviantart.net/fs70/f/2010/166/5/9/Babau_Demon_by_BenWootten.jpg[/thumbnail]frotó sus zarpas con un gesto nervioso.- “Necesita subir hasta lo alto del árbol, el Amo le espera”
- “¿Qué Amo? Escucha, yo no soy tu amo. No sé ni siquiera dónde estoy”- dijo Frederic, con la mano en la empuñadura de la espada.
- “Já… ¡Já! Qué gracioso sois Amo, vamos le esperan”- sus garras se movieron indicándole que le siguiera.

Con los pelos de la nuca erizados, Fred se dispuso a seguir al extraño demonio, que iba riéndose para sí mientras se apañaba para andar lidiando con la joroba que tenía.

La plataforma parecía segura, a pesar de que la madera lucía podrida llena de suciedad dejada por los demonios. Cuando Fred avanzó por ella, notó como si para él fuese mucho más fácil ascender que para su acompañante, que parecía luchar contra una fuerza invisible que le impedía ascender todo lo rápido que debería.
- “¿Qué te pasa, mayordomo?”- dijo Fred, haciéndole puesto ya un mote.
- “Este lugar no es amigable para nosotros, Amo. La cima está bien protegida”- se limitó a responde el demonio, agitando la cabeza y tosiendo limo sobre la plataforma.

Con los zapatos arruinados, Fred siguió ascendiendo hasta llegar a la primera curva en el ascenso, donde encontró una cara familiar. Allí le estaba esperando Sir Eric Vanir, Comandante de los Fuegos Místicos de Edive. Estaba apoyado en el tronco del árbol, con el espadón envainado a su lado y un cigarro en la mano.
- “Te estaba esperando, Fred, el Amo nos está esperando arriba. ¿Hacemos la subida juntos?”
- “Se disfraza peor que tú, já”- dijo una voz detrás de Frederic. El paladín se giró y miró al babau.
- “¿Qué has dicho?”
- “¿Yo?”- dijo el demonio, confundido y babeando más.
- “Lo siento Eric, pero creo que quieren que haga este camino sol…”- empezó a decir Fred, pero vio como la figura de Eric se deformaba y adoptaba la de un glabrezu sin aparentemente darse cuenta.
- “¿Decías?”- dijo el demonio.
- “Que mejor subo solo”
- “Como quieras, Fred”.

Siguió caminando y se atrevió a mirar atrás un momento para comprobar que el glabrezu seguía ahí fumándose su cigarro ajeno a todo. Sacudió la cabeza y vio como el babau volví a vomitar limo en el suelo.
- “¿No has escuchado una voz antes?”- le preguntó.
- “Escucho muchas voces, Amo, no puedo estar atento a todas”- se rió y se lamió las zarpas, impregnándolas de su repugnantes secreciones.
- “Eso es… muy tranquilizador, gracias”.
- “De nada Amo, vivo para servir”

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Mientras avanzaban, Fred pudo ver como entre las nubes de ceniza del suelo a veces se podía vislumbrar el resplandor de un relámpago, pero nunca alcanzaba a oír el trueno que debería venir después. Mayordomo seguía junto a él, agitando la cabeza como si estuviera molesto por algo y goteando limo cada vez que se paraba a respirar. Sin duda le estaba conduciendo a una trampa, era de cajón. Después de todo, ¿cuántos demonios llamaban “Amo” a un paladín?

Sin saber cuánto tiempo les llevó alcanzar la siguiente curva de ascenso en la espiral del árbol, Fred encontró otro rostro conocido. Arrodillada junto al árbol en posición de rezo, se encontraba la sacerdotisa Aroa. Vestida de negro, con un recatado vestido y una larga melena rubia que le caía sobre los hombros. Parecía estar rezando con tranquilidad, a pesar de que varias arañas pequeñas con múltiples ojos trepaban por sus brazos y tejían sus hilos alrededor de su cuerpo.

- “Mejor no la molestamos, ¿no?”- preguntó mirando a Mayordomo.
- “Lo que el Amo quiera, tenemos prisa de todas formas”- dijo el Babau y meneó la cabeza hacia la plataforma.
- “¿Acaso sería prudente continuar, Frederic, sin mi bendición?”- dijo la sacerdotisa sin abrir sus ojos.
- “La Bendición de Mystra me vendría bien, sí”- dijo el paladín. Aroa abrió los ojos y ladeó la cabeza. De su espalda brotaron cuatro patas arácnidas en las que se apoyó para ponerse de pie.
- “¿Mystra? Aquí Mystra no puede oírte Frederic. ¿Quieres mi bendición?”
- “Esto… no gracias”- dijo Fred, retrocediendo unos pasos.
- “Mi señor no tiene tiempo para tonterías”- farfulló Mayordomo, empujando a una de las pequeñas arañas por la pasarela- “Vamos Amo, no se distraiga”.

Siguieron subiendo. Tesla estaba extrañado de que a pesar de no haberse detenido en ningún momento, no se sintiera en absoluto cansado. Tras un momento parado y escuchando algo, Mayordomo saltó al tronco y trepó por él rápidamente, perdiéndose de vista en las ramas de los árboles.

- “Vaya, pensé que nunca se iría”- dijo una pequeña figura sentada al borde de la pasarela. Fred se acercó a ella- “Ah, no, no, no te distraigas conmigo Freddy, tienes cosas más importantes que pensar”
- “¿Tú no eres otro demonio disfrazado, Aika?”- dijo Frederic, con las manos en los bolsillos.
- “Podría serlo. O podría no serlo. Este lugar es extraño, incluso para ellos. Míralos, están confusos, no saben si subir o bajar. No saben si eres el Amo o el Amo es el que está arriba del todo. Supongo que es cosa tuya decidirlo. Yo estaré por aquí, mirando el paisaje”.

Frederic continuó el camino, esta vez en solitario y cada vez más molesto con el paisaje que se iba dibujando desde las alturas. Estaba rodeado de una gran inmensidad de nada roja y sosa, y aunque no le gustaba ni un pelo la idea de conocer al Amo que estaba en lo alto del árbol, parece que no le quedaba otra. También se preguntaba adónde habría ido Mayordomo con tanta prisa, pero le interrumpieron en mitad del hilo del pensamiento.

- “Eh, rubia, no te duermas en los laureles”- dijo un muchacho pelirrojo de hombros anchos, en una de las ramas del árbol, haciendo girar una lanza en sus manos- “El Amo te espera arriba, ¿quieres que te ayude a meterle una paliza?”- Frederic parpadeó y vio como la lanza era en realidad una serpiente intentando camuflarse y los ojos de Roxx tenían las pupilas verticales. Aquel lugar seguía jugando con su mente.

Aligeró el paso, molesto con todos los juegos y avanzó hasta la siguiente curva de la espiral, internándose en la nube de cenizas que horas antes [thumbnail=float-left]http://fc03.deviantart.net/fs70/i/2010/330/6/8/sucubus_by_streamopassion-d32b9tn.png[/thumbnail]era el distante cielo. La ceniza le entró a los pulmones y tuvo que toser para expulsarla. Con los ojos llorosos no fue capaz de ver la figura que se acercó. Unas suaves manos le cogieron de las muñecas y tiraron de él hasta que su cuerpo se pegó al de una mujer más baja que él. Con una suave voz, le dijo:
- “Ven, quédate conmigo, Freddy”- unos ojos azules le miraron con deseo y Fred tragó saliva.
- “No puedo, Tindara. El… Amo, me está esperando arriba”.
- “No me dejes sola, Fred, tengo miedo aquí. Todo esto está lleno de demonios…”- el paladín pudo notar como la “chica” le estaba acariciando la nuca con algo que no eran sus manos.
- “¿Lo del rabo es nuevo, Tiny?”- dijo Fred, apartándose de ella, pero la súcubo se aferró a él, obligándole a mirarle a los ojos para hacerle sucumbir a sus encantos.
- “Vamos Fred, si con lo que yo te enseñé podrías darle tú lecciones a esa súcubo”- dijo una voz burlona a su espalda. El paladín parpadeó.
- “Escucha, Tiny”- dijo él, sonriendo- “Ahora mismo he de ir a ver al Amo, es muy urgente”- la sujetó por las caderas, pegándole a él- “Pero te prometo que volveré a verte después… Tú intenta…”- besó su cuello con suavidad- “Seguir así a mi vuelta, ¿tenemos un trato?”
- “Espero que dejes algo para mí después…”- dijo la voz burlona.

Fred se dispuso a seguir, ignorante de que en cuanto se dio la vuelta, alguien agarró a la súcubo por la espalda y la arrastró a la oscuridad, para no volver a salir de ella. Se ve que Ella también quería enseñarle un par de cosas al demonio.

Mayordomo regresó bajando por la pasarela, dando saltitos de excitación.
- “Ya está aquí, Amo, ya ha llegado a la copa del árbol. ¡El Amo le espera!”- señaló con sus zarpas una plataforma cuadrada donde esperaba una figura alada.

Al acercarse a la plataforma, Fred sintió como su corazón dio un latido más fuerte de lo normal, obligándole a parar. Los latidos continuaron, pero se sentía extraño, como si hubieran arrancado un trozo de su misma alma. Se obligó a sí mismo a continuar y encaró al “Amo” de la cima del árbol.

Fire_Winged_Demon_by_MattTheSamurai.jpg


Era de su misma estatura, mismo pelo, mismo rostro y misma sonrisa descarada. El demonio era una perfecta copia del paladín, con un par de alas en llamas que delataban su naturaleza.
- “Ahora supongo que tendremos que luchar”- dijo Frederic, con la mano en la empuñadura de su espada.
- “¿Qué? ¡No!”- dijo el Amo, sonriendo. La espada que llevaba en la mano se desvaneció en una nube roja.- “Somos la misma persona después de todo. No somos de naturaleza violenta, preferimos el diálogo. De hecho, estás aquí porque quiero hacerte una oferta”.

Desde las alturas, Frederic podía ver todo el paisaje demoníaco en su totalidad. Las nubes de ceniza se habían disipado y ahora era capaz de apreciar la destrucción que causaban los demonios en su afán de trepar por el árbol. Miró de nuevo a su otro yo, instándole a hablar.

- “Vengo a ofrecerte la Bendición de los Pergaminos Negros”- dijo el demonio, tendiéndole la mano- “Ven, y seremos uno”.
- “¿Quieres fundirte conmigo? Hey, ¿pretendes hacerme creer que esto…?”- Frederic abrió los brazos, abarcando el paisaje- “¿…Es una bendición? A mí no me lo parece.”.
- “Eso es porque aún ignoras. Puedes avanzar sobre tus enemigos de una forma más efectiva con los nuevos aliados que encontrarás junto a mí. Si contaras con mi poder, tu amiga Tindara no habría sido raptada en su momento”- sonrió, seguro de sí mismo.
- “¿Por qué? El rapto de Tindara escapó a mi control. No estaba presente por lo que no pude hacer nada por evitarlo”.
- “Porque no tenías poder. Con él, podrías proteger a Tindara, y a cualquiera. Y sembrar la muerte sobre aquellos que se interpongan. Nadie volvería a pasarte por encima, Frederic. Juntos, lo obtendremos. Ven, tómalo”- dijo, con la mano extendida.
- “No. No estoy tan desesperado para recurrir a esa clase de poder. Confío que mis compañeros podrán suplir mis carencias”.
- “Qué educado está siendo, ¿no?”- murmuró la voz detrás de Frederic, el paladín tuvo una idea.
- “Dime… ¿Qué pasaría contigo si me niego a unirme a ti?”
- “¡Es imposible que te niegues! Estás aquí, en mi reino. No podrás escapar si no te alías conmigo”- dijo el demonio tras torcer el gesto y resoplar. Cerró el puño y lo agitó ante Tesla- “¡Tus compañeros actuales son unos inútiles! Estos son muchos mejores, y más efectivos. Acéptalo, sabes que digo la verdad”.

Frederic miró alrededor, claramente se refería a los demonios que había visto y que le llamaban Amo. Pero… era todo muy extraño. Su reino… ¿era realmente su reino? Todo le parecía muy familiar. Recordó como el pergamino intentó transformarle sin éxito y una sonrisa se dibujó en su rostro.

- “¿Y por qué no intentas tomar el control y ya está si eres tan poderoso?”- su sonrisa se amplió- “¿O es que no puedes?”

Hubo un cambio. Una leve fluctuación en el aire. La temperatura de ese infernal lugar descendió un par de grados y un relámpago seguido de un trueno iluminó el cielo. El rosto del demonio se vio de repente perturbado por las palabras del paladín.
- “¡Ríndete ante la evidencia!”- rugió, señalándole con la espada que hizo aparecer en su mano- “¡Te he traído aquí para que lo hagas!”
- “Já, no, me has traído aquí para negociar”- dijo Frederic, con los ojos brillantes, echó a caminar por la plataforma, moviendo los brazos con gesto animado mientras continuaba hablando- “Quien tiene el poder no negocia, simplemente te pasa por encima, ¿verdad?”

El demonio le miró en silencio, siguiendo sus pasos por la plataforma. Volvió a relajarse.
- “Sin mi poder, no puedes vencer a tu rival”- sonrió pícaramente, como momentos antes hizo Frederic-“Él es más poderoso que tú”.

Un fuerte viento azotó la copa del árbol y empezó a llover, aunque el fuego que envolvía las alas del demonio ni crepitó. Los dos adversarios se protegieron del viento con las manos. Tras un breve silencio, Fred dijo:

- “Tú estás en mi cuerpo, ¿no?”.
- “Aunque salieses de aquí y te librases de mí, ¿qué pasaría después? Serías destruido por tu rival, el Pergamino se completaría y habría víctimas inocentes. No lo conseguirás sin mí”- resolvió.
- “Pero… si yo me libro de ti, ¿dejarías de existir, verdad?”- Frederic dejó de prestar atención al paisaje y empezó a andar en círculos alrededor del demonio con las manos en la espalda, mirándole como un depredador mira a su presa.
- “Aunque así fuese, no puedes combatir el poder del Pergamino. Mira mis dominios, obsérvalos”- señaló alrededor con su espada- “Todo esto es mío, ¿quién eres tú en comparación?”.- Frederic se detuvo y volvió a sonreír.
- “Soy aquel que puede mantenerte a raya”- abrió los brazos y la lluvia empezó a caer con más intensidad, con relámpagos cayendo en varios puntos alrededor del árbol. El demonio dio un paso atrás, sorprendido- “Eres una proyección del Pergamino, y te presentas ante mí como Frederic Tesla, una versión retorcida de mí. Dudo mucho que tu existencia se extienda más allá a ser una burda copia. Supongo que el otro fragmento habrá hecho lo mismo con su portador, de modo que parece que tú has sacado la pajita corta teniendo que lidiar con un paladín”.

lightning_by_adamsimsphotography-d526y8g.jpg


- “¡Soy el poder del Pergamino encarnado en su poseedor, Tesla!”- gritó el demonio, dando un paso para encararse al paladín- “No puedes rechazarme. ¿Qué harás tú sólo contra los peligros que se te presentan?”
- “Seguir adelante o morir en el proceso. Cuando fusioné las partes acepté mi destino… No creas que no tengo miedo, porque lo tengo. Pero es lo que debo hacer. Y lo haré contigo o sin ti. Pero no vas a tomar el control de mi ser”.
- “¡No permitiré que sigas tu propio camino para luego destruirme, Tesla!”- rugió el demonio, apuntándole con su espada- “¡Acepta mis regalos o muere en el intento!”
- “Estás haciendo una apuesta en realidad. No sabes si llegaré a completarlo”- respondió el paladín, mirando la espada sin parpadear- “O si al final del proceso el Pergamino será destruido”- levantó la vista y con una sonrisa burlona miró al demonio- “Aunque… si te has asustado tanto es porque sí puede ser destruido, ¿me equivoco?”- antes de que el demonio pudiese responder, continuó hablando- “Ahora, vamos a relajarnos, sin trucos. ¿En qué consiste el regalo?”

El demonio se relajó y bajó el arma, se apartó de Frederic y caminó por la plataforma, completamente empapado por la lluvia y hablando por encima del ruido de los truenos.
- “Poder. Te unirás a los creadores del Pergamino y lo completarás y te harás con su poder. No hay otra forma de sobrevivir, Frederic”.
- “Pero me convertiré en una criatura infernal”.
- “¡Es una bendición! ¡Otros antes que tú la han tomado con gusto!”.
- “¿Y cómo les fue? Arnoled no es que sea la persona más feliz del mundo”.
- “A unos bien, a otros mal. No todos saben manejar el poder; no te preocupes. Yo te enseñaré. Y olvida a Arnoled, es un infeliz. Sus ideales chocan con nuestros intereses. Olvídalo y déjate guiar por mí”.
- “Sigues equivocándote. Si acepto el regalo, será bajo mis propias condiciones. Yo tendré el mando y seguiremos juntos la senda del paladín. Vas a ser el demonio más bueno del mundo. O lo aceptas, o te vas de aquí”.
- “¡Nunca!”- rugió el demonio, cegado por la ira. Levantó su espada para partir por la mitad a Tesla, pero la pierna del paladín ya iba directa a la entrepierna del demonio, golpeándole con violencia. La criatura cayó de rodillas soltando la espada y sujetándose sus partes.
- “Piénsalo”- dijo Fred, desenvainando su espada- “Serías un invitado de honor en la casa de Tesla. Podríamos hacer un gran bien en el mundo”.
- “¡Tu mundo sólo me interesará cuando esté cubierto con las llamas del Corruptaaaaagh!”- exclamó el demonio justo antes de que el paladín le metiera la espada por la garganta.
Rainy-City-Night.jpeg

- “Sí que has tardado”- dijo la voz detrás de Frederic- “Pensaba que tendría que intervenir”- la semielfa le puso la mano en el hombro y sonrió. El paisaje cambió y se convirtió en una ciudad lluviosa y oscura- “Ahora te toca despertar, Fred. Ya estás libre de la influencia del demonio, y tienes trabajo que hacer”.
- “¿Sabes? Me hubiera gustado tener un demonio paladín de mi lado. Lástima. Otra vez será”.
- “¿Para qué quieres a un paladín demonio a tu lado teniéndome a mí? Yo te hago el mismo trabajo y tengo tetas…a ver si puede superar eso”- dijo la bardo, riéndose.

Y Frederic despertó, empapado en sudor y bajo los atentos cuidados de sus compañeros de Fe.
 

Grazzt

El que insulta en los discursos Zhent
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No me había pasado por aquí hasta ahora :lol: así que aproveché para leer la mayoría.
Y como mi ego es grande, sobretodo me leí los que me son familiares.

Buenos relatos, la verdad es que me han gustado :roll: , te lo curras.
 

Frankysan

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Hoy tenía algo de tiempo libre en el trabajo y en una libreta he escrito un relatillo sobre una escena de ayer. Llevo una semana intentando parir un relato y resulta que la cosa más tonta me enciende la chispa.


Un lugar peligroso​
- "Unos bandidos atacaron la caravana de trovadores con los que viajaba..."- contaba la mediana con gesto triste a Lissanne y Andros. Frederic se apoyó en la barandilla de roca del puente, con la vista perdida en el flujo del Alandor. Siempre la misma historia. Aunque muchos se empeñasen en negarlo, Faerûn era un lugar hostil, y los que no estaban preparados acababan a menudo muertos en el borde del camino. Era por eso que no podía permitirse el lujo de ser piadoso y comprensivo con aquellos que elegían vivir su vida a costa de arrebatar la de los más débiles.

La conversación seguía pero él ya había perdido el hilo. Un movimiento en el borde de su campo de visión le sacó de su ensimismamiento. Un niño, de no más de ocho años, caminaba haciendo equilibrios por la barandilla del puente mientras tarareaba una alegre melodía. El paladín apenas había empezado a reaccionar cuando uno de sus acompañantes llamó la atención del crío con un grito. El niño se sobresaltó y todos contuvieron la respiración durante el breve instante en que tardó en recuperar el equilibrio.
- "Si haces eso te vas a caer"- le recriminó la mediana al niño. Este la miró y caminando con arrogancia por el borde exterior contestó:
- "¡Ja! Yo nunca me caigo". Todo lo que Beshaba necesitó oír para hacer que una roca suelta de la barandilla, una que nunca había molestado a nadie, se soltase y el niño perdiese el equilibrio al tiempo que soltaba un chillido agudo.
Lissanne metió la mano en su bolsa para echar mano de un pergamino mágico que salvaría la vida del niño al mismo tiempo que Andros se quitaba su chaqueta, pero Fred ya había saltado.

Sin duda, pensó mientras se zambullía en el río, un conjuro habría sido más sencillo, pero su cuerpo había reaccionado sin pedirle permiso al cerebro antes. Agradeció sus años de entrenamiento cuando de dos brazadas dio alcance al niño y de un tiró lo sacó a la superficie. El niño pataleaba y lloraba presa del pánico. Concentrado en la tarea, Fred no vio a una tortuga de río que intentaba ayudar, pero cuando por fin llegaron a la orilla, ésta tomó la forma de Tremain.

El druida utilizó con sabiduría el noble arte de la colleja en la nuca para impartir clases de supervivencia al niño, al tiempo que Fred alzaba las manos con gesto tranquilizador conforme se acercaban a él sus alumnos.
- "Vaya, vaya... Pero si es el "Gran" Frederic Tesla"- dijo una voz fría desde el puente. Una voz que Fred sintió como una puñalada en la espalda. Todos se volvieron hacia su origen y vieron a una criatura que portaba una intimidante armadura completa de color carmesí apoyada en el la barandilla del puente con aire casual.
- "Hala, qué armadura más chula"- dijo el niño junto a Tremain.
- "Ven muchacho, y te enseñaré cómo luchan los Héroes y Villanos de tus cuentos"- dijo el vampiro mientras le invitaba con un elegante gesto.

Alarmado, Fred intentó coger al niño que se escapaba de Tremain y tras una breve carrera fue Lissanne quien lo atrapó prácticamente a los pies de la criatura. La joven maga miraba fijamente a la amenazante figura, que desenvaina con lentitud, casi ritualísticamente, un espadón que emanaba energía sacrílega. Tragó saliva y miró de reojo a Tesla, que ya les había dado alcance.
- "Fred... ¿quién es?"- su tono de voz miedoso dejaba ver que deseaba que la respuesta no fuera...
- "El Duque Rojo".

Todos salvo el niño, que forcejeaba en los brazos de Lissanne, se quedaron clavados en el sitio. El Duque Rojo se echó el espadón al hombro y Fred sintió una punzada de dolor en memoria de la vez que esa hoja probó la carne del paladín. El vampiro no estaba atacando; se limitaba a llamar al niño, seguramente curioso de saber si ellos lo entregarían a cambio de sus vidas.
- "Tremain, coge al niño y vete"- dijo Fred.
- "Sea lo que sea que estés pensando, no es el momento, Tesla"

"¿Lo que estoy pensando?" Lo que Fred pensaba es que un druida cambiaformas era el que más posibilidades tenía de sacar al niño sano y salvo de allí. Y necesitaba hacerlo cuanto antes para poder seguir con el siguiente paso de su plan: averiguar cómo hacer que Lissanne y Andros también sobreviviesen. Atento a los movimientos de su enemigo, Fred se adelantó y bloqueó el paso entre el vampiro y el resto de sus compañeros con su propio cuerpo conforme los otros comenzaban a retirarse.
- "¿Qué haces? ¡No vayas!"- le susurró Lissanne, alarmada.

Esa era la cruz del paladín. Todos pensaban que se lanzaban como posesos contra el enemigo, cuando en realidad Frederic sabía que lo único que iba a poder hacer es morir con la esperanza de que los demás entendiesen que mientras el Duque le hacía picadillo, no podía perseguir a los demás. Por supuesto, no morir era el desenlace ideal para todos, y una vez se aseguró de que los demás retrocedían, así lo hizo él.
- "Eso es, valiente paladín, ¡huye!"- una carcajada hueca de humor brotó de la garganta del vampiro- "Pero antes, déjame ofrecerte un regalo"- Se levantó la visera del yelmo y Frederic palideció. Los cuernos de la armadura no eran decoraciones, sino cuernos auténticos del vampiro que presentaba toda clase de rasgos infernales.- "Ten pesadillas conmigo, paladín".

Se alejaron de los páramos sin ser perseguidos y devolvieron al niño a su hogar con su familia. Los estudiantes agradecieron a Frederic el temple mostrado, pero él no celebró nada. Desde el momento en el que supo que su enemigo no era sólo un no muerto, sino también una especie de demonio, era consciente de que su esperanza de vida dependía exclusivamente de los designios del vampiro.

Faerûn era un lugar peligroso y hotil. Un lugar que devoraba hasta los huesos a todo aquel que no estuviera preparado. Y Frederic Tesla no se sentía en absoluto preparado.
 

Frankysan

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Creemos que han pasado tres días desde que la Archanum Scholla colapsó sobre nosotros. Todo fue muy repentino; de estar conversando en voz baja con Lysebeth y Noelani, pasé a luchar por respirar bajo los escombros. Lysebeth me salvó y me curó. Y no sé si pensar que fui afortunado por ello o muy mala suerte.

Cuando los temblores cesaron, todo lo que quedaba de la escuela eran unas herméticas ruinas plagadas de cadáveres y mastines sombríos que los devoraban. Y por si no fuese suficiente, llegaron los diablos. No me extraña, teniendo en cuenta que la popularidad de Armeís en los Nueve Infiernos es similar a la mía entre sharitas y vampiros.

Tardamos un día en separar a los vivos de los muertos. Otro día para empezar a despejar salas. Un tercero para encontrar un sitio donde colocar los cuerpos. Todos estamos agotados, y con profundas heridas emocionales que nos privan del sueño, exaltan nuestros ánimos y nos hacen discutir y reírnos en momentos extraños. Yo por mi parte intento ahorrarles la peor parte. Algunos de mis compañeros son demasiado sensibles para exponerlos al horror de identificar y amortajar cada cadáver que encontramos. Soy yo, que estoy acostumbrado a ver muertos, y estoy sufriendo las consecuencias... Quizás es porque esta vez no son bandidos, magos descarriados o demonios...Son personas como Christian Johansmann, Sofía Wegner o la profesora Topoless.

Chris era un alumno de Segundo Grado, un transmutador como yo. Bromista y vago. Estaba en la entrada del Aula Magna porque, como siempre, había sido el último en llegar. Antes de comenzar los temblores, había estado metiéndose con un alumno de Primer Grado, tomándole el pelo. Al empezar a caer los cascotes, Chris se lanzó y cubrió con su cuerpo al novato, siendo empalado por una roca afilada y muriendo en el acto. En novato permaneció medio día debajo del cadáver de sus salvador, callado, en shock, empapado en sangre y vísceras hasta que le encontré y me contó lo que había ocurrido con voz monocorde y mirada ausente. Ese chico jamás se recuperará.

Sofía Wegner, alumna de Primer Grado. Tenía una familiar rata muy revoltosa. La encontré aplastada debajo de su cama cuando despejé los dormitorios. Seguramente al empezar los temblores, su familiar se escapó y mientras lo buscaba bajo la cama un cascote partió la capa y la atrapó. Su columna estaba rota, pero lo peor es que el familiar, al perder su conexión e inteligencia, hizo con ella lo propio que hacen las ratas...

La profesora Topoless era una mujer entrañable, que en sus años mozos había sido de las que se ponen completamente morenas bajo el sol, completamente. Al conocerla yo ya era una ancianita muy corta de vista pero con un gran sentido del humor y mucha inventiva. Su nieta nos solía traer dulces a los profesores de transmutación y en una ocasión hicimos una manzana gigante para Noelani y se la metimos en su despacho. No estaba en el Aula Magna, sino en la Sala de Prácticas porque estaba buscando alumnos con fama de hacer novillos. Intentó protegerlos. Junto con Marvin, tuve que separar sus trozos desmembrados de los de los alumnos y esconderlos para que Lysebeth no los viese. Su nieta, alumna de Primer Grado recién ingresada en la Arcanum, sigue arriba esperando recibir noticias de su abuela.

Podría seguir... Desgraciadamente conozco los nombres de la gran mayoría de cadáveres que he desenterrado y amortajado aunque no todos. Y cuando no sé el nombre del fallecido, sufro más por no haber tenido la oportunidad de conocerle mejor.

Luego miro a los vivos que quiero proteger de estas atrocidades.

Lissanne se da por vencida. Intenta mantenerse ocupada y aparentar que lucha, pero sé que tiene miedo y está a punto de quebrarse. Sé, por sus palabras, que desea darlo el todo por el todo y enfrentarse al Duque... para morir y liberarse del destino que él depara para nosotros. Sé que debo darle ánimos, pero es demasiado racional. Para salir de esta, uno debe dejar la lógica a un lado y abrazar la esperanza y la Fe con tanta fuerza como puedas. Siento que nos estamos distanciando, y sé que si intentase ayudarla, creería que estoy siendo paternalista. He de esperar a que me diga que me necesita.

Roxx intenta animarme a mí. Siempre me reí de él por querer ser como Tharador Soro. Ahora no es que quiera ser el Lobo. Él es el lobo. El Lobo Rojo quizás. Ha sabido crecer y madurar mejor que yo. Hay veces que no le comprendo, pero sé que siempre estará ahí para apoyarme y mantenerme firme.

Draconeo está siendo el director de orquesta. Al principio no me gustaba, pero va directo al grano y nos mantiene a todos en alerta. Hay menos de elfo engreído adolescente y más de adulto consciente de sí mismo.

Rhognar. Si Roxx es una piedra, el maese es una fortaleza de granito negro forrada de adamantita y con una barba excelente. Su paciencia, prudencia y entendimiento de la vida en comunidad me sirve como referencia en todo momento. Desearía que cada día no me diese una lección, pero qué le vamos a hacer.

Andros y Marvin hacen lo que pueden por ayudar. Los dos mantienen el tipo, pero cada uno ha recibido sus propios golpes. Andros se siente responsable por lo que ha pasado y Marvin ha sido mi cómplice escondiendo los cuerpos más desfigurados. Andros debe de entender que ser profesor no te da poderes, solamente una mísera paga y un montón de alumnos resabidillos a los que controlar. De Marvin sólo puedo decir que es un chico muy valiente. En su cara veo cada día que está al borde del abismo pero de alguna manera consigue mantenerse firme y ayudarme en todo lo que le pido. Y encima saca fuerzas para sonreír, eso sí que es fortaleza.

Hablando de valientes, menuda sorpresa Anahel. Siempre diciendo lo egoísta que es, metiéndose conmigo por creer en el valor del sacrificio, y coge ella y decide sacrificarse por el grupo. Espero que sea consciente de las leyendas que hablan de lo difícil que es impresionar a un diablo con una melodía.

Garrik y Noelani son impenetrables. ¿Tan fuerte es la fe en Mystra de Garrik que ni siente ni padece? Sí, le veo cansado físicamente pero con el espíritu intacto. ¿Era así yo cando tenía mis poderes? ¿Cómo lo consigue? Noelani por otro lado me pone nervioso. A veces parece que vive en un mundo paralelo, y las pocas que parece darse cuenta de donde está, emplea su tiempo en empatizar con una persona y luego usar esa empatía para causarle dolor.

La voz que más oigo por aquí es la de Astrid. No oculta su desprecio por los magos y siempre que puede nos lo recuerda. Francamente, me trae sin cuidado los complejos de inferioridad con los que carga, pero no me gusta que desprecien a toda una institución por afrendas imaginarias. Tampoco he olvidado cómo se comportó cuando liberamos a Shialess y cómo estaba de cachondeo mientras Aroa se asfixiaba en mis brazos. Ahora llega y sin saber lo que ocurre quiere llevar la batuta... Lo siento Astrid, pero me cansé de tus miradas furtivas de desprecio.

Encuentro curioso que Alec esté relativamente tan tranquilo. ¿Será porque piensa que los del Martillo acudirán a su rescate? No les hemos oído dándose cabezazos contra los muros de la Arcanum ni intentando abrirse paso a mordiscos por la roca, así que no sabría qué decir. Quizás un día aparezca Andy para pasarnos la factura por haber tenido alquilado al bardo durante días.

He puesto a alumnos a vigilar a Cressida por turnos. No descarto la posibilidad de que sea una muñeca animada manejada desde el interior por un diablillo mediante palancas.

Y... aquí estoy yo. Sentado, perdido en mis pensamientos mientras escribo esto. Lysebeth se ha vuelto a quedar dormida apoyada en mí. Cuando se despierte, se apartará de un bote, y quitándose mechones de pelo del rostro se disculpará y se irá a la otra punta de la habitación a rezar. Pero habrá descansado, y podrá seguir manteniendonos con vida aquí dentro. Intenta mantenerse fuerte, por eso debo evitar a toda costa que se venga abajo. Si me tengo que marcar un objetivo claro, será que Lysebeth sobreviva a esto. Aunque me cueste la vida. Su vida a cambio de la mía es un trato que estoy dispuesto a firmar.


*Tras terminar la página, Fred frunce levemente el ceño y hace añicos los papeles*

(Si hay una cosa en común en cada mazmorra que he pisado, es que los muertos van dejando diarios con sus cavilaciones tirados por todas partes. Estamos todos escribiendo como posesos y empiezo a pensar que es una mala señal. Mejor escribiré una tesis).
 

Frankysan

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Cuestión de Fe​

Lysebeth ha hecho un altar improvisado en el Aula Magna en honor a Mystra. Con unas viejas mantas, unas velas y una bandera mystrense medio deshilachada ha conseguido crear una capilla donde los alumnos puedan rezar a su diosa. Me pregunto cuántos mystrenses habrá en la Arcanum Scholla.

Sé que los magos no suelen ser excesivamente religiosos porque sus mentes suelen estar más orientadas a la razón y los áridos tomos que a la espiritualidad que tienen los fieles. En parte lo comprendo, tienen muy poco tiempo en esta vida para absorber los conocimientos que han de absorber como para "perderlo" rezando a una diosa que nunca les va a conceder nada. Tratándose de Mystra, podrían decir incluso que estudiar la Urdimbre y cumplir el Dogma mientras desarrollan sus capacidades es tributo suficiente y no necesitan arrodillarse para hablar con ella o esperar algún tipo de contestación.

Y sin embargo, aquí veo a un gran número de alumnos y profesores que se sientan alrededor de Lysebeth mientras ella reza, aprendiéndose sus palabras para poder repetirlas al día siguiente. Algunos rezan en voz alta, otros murmurando, y otros directamente repiten la misma frase una y otra vez.

Garrik es de los que rezan en voz alta y trata de que todo el mundo se entere de que es adorador de Mystra mientras que Lysebeth, cuando está sola, reza en voz baja, sólo audible para aquellos que están cerca de ella. Los dos comparten la misma devoción pero lo demuestran de modo distinto. En la otra cara de la moneda tengo a Lissanne y Roxx. Ellos son discretos. Se acercan al altar y hacen una leve reverencia, murmuran unas palabras y se alejan. Roxx a veces simplemente se limita a asentir.

Luego... Estoy yo. A veces me dicen que no rezo lo suficiente. Claro que rezo. Pero como me enseñó mi padre, la Fe es una cosa muy personal, en la que sólo se debe de inmiscuir la Diosa y yo. Quizás una sacerdotisa que te sirva de guía si eres un zoquete como es mi caso, pero nada más. Rezo cuando todos los demás se han ido, cuando consigo algo de intimidad. En caso de no tenerla, me alejo a otra parte para estar solo y poder asegurármela. Llevo mis emblemas mystrenses, mi símbolo sagrado en la tapa de mi libro de conjuros y hasta hace poco portaba la Guardahechizos. No escondo a qué diosa sigo ni de qué diosa era paladín, pero eso no quiere decir que deba estar recordándoselo constantemente a los demás.

Mystra no necesita predicadores. Cada mago sabe a lo que se atiene en el momento de ejecutar un conjuro. Cada mago sabe de dónde proviene la energía mágica y qué es la Urdimbre. Cada mago, aunque no quiera admitirlo, murmura un rezo a Mystra antes de cada teletransporte con la esperanza de que le lleve a buen puerto.

La verdad es que últimamente rezo bastante. Porque la situación en la que estamos pinta muy mal, y si no es a través de la Fe, no sé cómo vamos a salir de aquí. La magia no funciona en condiciones, se nos han prohibido los conjuros más útiles y la maga más poderosa de la Arcanum murió nada más empezar. Miro a Lysebeth cada día y me convenzo más que será ella la que nos saque de aquí con la ayuda de Mystra.
 
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