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El Rincón de Tesla

Frankysan

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Tarde de juegos​

La misa estaba acabando y Lysebeth preparaba un pequeño juego de luces para acompañar sus palabras. Frederic observaba a la sacerdotisa colocarse en el pasillo central de la capilla, entre ambas hileras de bancos para recitar el dogma entre los fieles. Notó como tiraban de su brazo y al volver la vista vio a Freddy haciendo un mohín de disgusto. El pequeño miraba a su padre suplicando que le sacase de aquel lugar tan solemne donde todo el mundo estaba tan serio, tocándole el brazo para lanzar su atención pero sin emitir ruido alguno. Fred, sonriendo con cierta amargura por tener que perderse el final de la misa, le tomó entre sus brazos y se levantó intentando no llamar la atención. Conforme salía, Freddy recibía sonrisas amables que comprendían el aburrimiento para el pequeño y le daban a entender que no hacía nada malo. Fred, en cambio, recibía miradas burlonas, puesto que sus amigos encontraban divertido que su hijo fuese mucho más respetuoso que él de forma innata.

El pequeño tuvo otro brillante gesto al llegar al umbral del templo, pidiendo bajarse de los brazos de su padre. Se irguió inestablemente en la entrada, miró a Fred y acto seguido se dejó caer de culo, dándose por satisfecho quedándose junto a la puerta y permitiendo a Tesla atender al resto de la misa.

Fred se cruzó de brazos y se apoyó en el marco del portón de la entrada y mientras prestaba atención a la voz de Lysebeth, observaba a Freddy buscar un entretenimiento. El pequeño escrutaba su alrededor con sus ojitos azules, girando su cuerpo desde su posición mientras la baba le goteaba sobre su abrigo.

- "Casi puedo ver las ruedecitas de su cabeza girar" pensó Fred mientras media sonrisa se dibujaba en su rostro "Aunque quizás sería mucho pedir que evite babear en el proceso, luego la madre me regaña".

Una vez determinó que a pesar de la consideración mostrada la entrada del templo carecía del entretenimiento que un joven hechicero necesitaba, el pequeño miró a su padre y su expresión cambió, resaltando una mirada y una sonrisa característica de su madre, de quien había heredado la mayoría de sus rasgos.

- "Oh, no" pensó Fred.

Dentro del templo se empezaron a escuchar risillas entre murmullos que desconcertaron a Lysebeth y cortaron su discurso. La sacerdotisa se sonrojó un poco y preguntó entrecortada:
- "¿He dicho algo mal? La diosa me perdone, espero no haber pronunciado algo mal"
- "No es eso, Lysebeth" susurró Jade.
- "Mira por la ventana" dijo Roxx

El rugido atronador de un niño de tres años y medio llamó la atención de los fieles que se agolpaban en las ventanas viendo al pequeño mover los brazos como si fueran garras atacando al muñeco que sostenía su padre, manejando los brazos de trapo simulando que conjuraba para defenderse. El niño reía felizmente y conforme lo hacía, pequeños estallidos de luz mágica se sucedían a su alrededor manifestando sus poderes arcanos latente. Algún día se convertirían en poderosos conjuros, pero por ahora eran meros reflejos inconscientes.

Jade, apoyada en el marco de la ventana movió los dedos para crear una sencilla nube que destellaba con relámpagos por encima de la cabeza del pequeño con cada rugido de monstruo que gritaba. Poco a poco, más y más fieles mystrenses se fueron uniendo a la representación, añadiendo más y más efectos que atraían la atención de los niños del pueblo y los animaba a unirse al juego.

En un momento indeterminado, Fred pasó de ser el héroe al monstruo que vencer, posiblemente por ser considerablemente más grande que el destacamento de niños que se encaramaban a él intentando derribarle.

- "Con lo arisco que es y lo que se deja hacer" comentó Jade.
- "Es un niño grande. Se lo pasa mejor con ellos que con los adultos. Los adultos arrastran problemas, manías, prejuicios y a menudo le obligan a mostrar su cara menos amable. Es un guerrero, un soldado y uno bastante veterano. De él se esperaba que luchase y matase por su diosa y ha sobrevivido a posesiones, torturas y confinamiento de todo tipo para luego acabar despojado de aquello de lo que se sentía más orgulloso. Cualquier otro habría tirado la toalla o haber cedido a sus impulsos más oscuros, él no. Ha transformado esa frustración, ira y desprecio por sí mismo en un carácter fuerte, con ideas muy claras y ningún miedo en defenderlas llevándose por delante a quien sea. Es una persona difícil, porque a él nunca nadie le ha regalado nada ni ha esperado sentado a que su diosa le llevase en brazos. Ha pataleado, arañado y mordido por cada hueco que le han dejado. Podría intentar ser menos agresivo o maleducado, pero ha visto demasiadas veces que las buenas formas son sólo un estorbo, una pérdida de tiempo que distrae del objetivo final. Si quiere puede emplearlas, pero no las ve necesarias porque lo importante es la meta, no el camino. De todas formas… siempre le pido algo de moderación… lo que no puede ser es que muerda a todo el mundo a la primera de cambio o para llegar hasta él haya que atravesar un campo de zarzas”- dijo Lysebeth.

Ajeno a que estaban hablando de él en términos bastante solemnes, Frederic se divertía conjurando sobre el muñeco de trapo de su hijo, animándolo para que el juguete empezase a bailar por su cuenta y los niños tratasen de evitarlo. Cansado, con el flequillo cayéndole sobre la frente y con una sonrisa en los labios se sentó y dejó que el pequeño Tesla se le subiese a caballito. Al girarse, vio a toda la gente agolpada en las ventanas.

- “¿Qué estáis mirando, eh? Panda de vagos”- dijo, sonriendo.
- “”..agos!”- dijo Freddy meneando una manita.
- “¿No tenéis una misa que acabar? ¿U os tengo que recitar yo el dogma de Mystra?”
 

Frankysan

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Otra vez​

Música: https://www.youtube.com/watch?v=VQRqylWKaw4 (sin ella no habría relato).

Golpeó con tanta fuerza la rama del árbol que una de sus costillas se partió y se quedó sin respiración. La rama crujió y cedió bajo su peso y se precipitó al vacío, chocando con otras ramas más delgadas hasta golpear el suelo. Se quedó ahí tirado un momento, respirando pesadamente y escupiendo sangre mientras notaba como el hueso roto se movía dentro de él al respirar. No había sido lo bastante rápido. Otra vez.

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Se levantó con dificultad y se sacudió los restos de las hojas de los árboles del cuerpo y el pelo mientras alzaba la vista hacia las copas de los árboles en los bosques cercanos a Edive. Había empezado a llover de nuevo y leves destellos precedían relámpagos en la zona montañosa. Tomó aire lentamente tragándose el dolor que sentía y extendió las vigorosas alas de dragón de bronce que brotaban de su espalda desnuda. Cerró los ojos para calmarse y apretó los puños, flexionando las rodillas y dejando que las alas mejoradas mágicamente elevasen su cuerpo hacia arriba. Sus pies se levantaron del suelo y abrió los ojos para comenzar a esquivar con rapidez las ramas de los árboles. Se valía de las manos para ayudarse a cambiar de dirección, empujándose por los espacios estrechos entre los troncos, a veces pateando alguna rama para un impulso extra y siempre con la espada a mano para usarla de contrapeso en caso de tener que girar. Maniobrabilidad perfecta. Pero necesitaba más práctica en ese ambiente. El Vuelo del Dragón con Alas de Viento Mayor proporcionaban los medios, pero la habilidad dependía de él.

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Conforme ascendía un relámpago cayó cerca de donde estaba y el destello le cegó en el peor momento posible, haciendo que se estrellase contra otra rama. Perdió el impulso y volvió a caer otra vez pero tuvo los suficientes reflejos para agarrarse a una rama y quedarse colgando de un único brazo, balanceándose. Miró hacia abajo, con un reguero de sangre recorriendo su frente. No tenía vértigo, a pesar de haber perdido sus poderes, no lo tenía. Había estado en el aire tantas veces que ese instinto primario, esa sensación de que las alturas tiran de ti hacia el suelo, había desaparecido. La costilla rota le estaba fastidiando bastante para mantener la concentración y la correcta respiración. Por suerte, su anterior caída había despejado la zona inferior de ramas, ya no quedaban ramas contra las que estrellarse al caer. Maniobrabilidad perfecta, una recuperación en picado era pan comido. Si no fuese por la costilla. Pero hay que ser valiente. Una última mirada al cielo y se soltó de la rama, dejándose caer de espaldas con las alas abiertas al vacío. Durante un instante se permitió el lujo de disfrutar de la sensación de caída libre antes de corregir su postura y redirigir la dirección de su caída hacia adelante. Estaba otra vez en marcha, tenía que conseguir esquivar los siguientes árboles. Pasó por debajo de la siguiente rama rozandola con la punta de las alas y cambió de mano la espada para hacer de contrapeso y ayudarse en el siguiente giro, flexionando además las piernas para ocupar menos espacio y pasar por el siguiente hueco estrecho. Los relámpagos seguían cayendo y el bosque no se hacía menos denso conforme lo cruzaba volando entre las ramas. De nuevo otro momento de desconcentración y un pájaro asustado se le cruzaron y tuvo que dar un giro brusco que no esperaba, golpeándose la espalda contra un tronco y deslizándose hacia abajo. Miró y vio una rama y ya se empezó a imaginar la escena propia de un teatro cómico donde se golpearía sus partes nobles con ella. Decidido a no formar parte de ningún sainete edivense, corrigió su postura y cayó de pie sobre la rama, haciendo que esta se partiese. Desplegó las alas de nuevo conforme caía, extendiendo las membranas todo lo que pudo para que el aire frenase mejor su caída, pero no tuvo en cuenta de nuevo el espacio estrecho, por lo que golpeó contra un árbol una de las alas y esta vez fue uno de los huesos huecos de esta el que se partió. Sin medios para recuperarse en el aire, se precipitó de nuevo hacia el suelo.

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Despertó poco después, empapado por la lluvia y con varios huesos fracturados y un nido de pájaros en la cabeza. Se lo apartó de un manotazo y se incorporó, ya sin las alas tras haberse acabado el efecto del conjuro. Jadeó con dificultad llevándose la mano al costado, notando un crepitar en su respiración que no auguraban nada bueno. Su espada estaba por ahí clavada y su bolsa de componentes de conjuros en lo alto de un árbol balanceándose como si se burlara de él. Se quedó sentado, con los codos apoyados en las rodillas mirando la bolsa meditando qué hacer. Sus entrenamientos nunca habían sido nada sanos, pero esto estaba empezando a rozar ya la locura. Sonrió para sí mirando la bolsa. Otra vez. Y esta vez, entre los relámpagos.
 

Frankysan

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Lectura Peligrosa​

Las carretas estaban abandonadas a un lado del camino, sin señas de haber sufrido ataque alguno. Lentamente, Fred y Andros se acercaron a examinar el contenido mientras el resto vigilaban la espesura que les rodeaba. Fred clavó la espada en el suelo y se subió a la carrera para levantar la lona de cuero que protegía las mercancías.
— Provisiones, madera para el fuerte y algunos libros. Las provisiones vienen bien empaquetadas, por eso no habrán sido tocadas por los ratoncillos de campo— deshizo el nudo que ataba los libros entre si y le dio uno a Andros, que estaba junto a él en el carro.
— Parece que esperaban tener tiempo para la lectura a juzgar por esta pila de libros— Madeleine esbozó una pequeña sonrisa que hizo que Sevoltharte sonriese como reflejo.
— Típico de magos. Hacen un encargo de libros pero se les olvida pedir guerreros para protegerse.— el vaho salía por las aperturas del yelmo de jabalí de Uko.
— "Las Grandes Guerras de Faerûn"— leyó Andros en voz alta— Y pesa bastante para ser un simple libro.

Fred sostuvo uno cuyo título era "Los Misterios de la Magia" para ver si también pesaba bastante cuando el libro comenzó a vibrar. Lo dejó caer por la sorpresa a tiempo para evitar ser atacado por el libro. Con la ferocidad característica de una segunda edición de bolsillo, el libro de Andros se cerró en torno a su cara produciendo un sonido que podría plasmarse por escrito como un malicioso "TAP". Andros intentó zafarse pero terminó en el suelo pataleando y chillando mientras el resto procesaban lo que estaban presenciando.
— ¡¿Qué cojones?! ¡Aguantas Andros, te salvaremos!— Uko agarró el hacha a dos manos y alzó los brazos dispuesto a descargar un tajo sobre el libro y colateralmente la cara del mago.
Madeleine y Sevoltharte reaccionaron como un resorte para detener a Uko mientras Jade se sentó en el pecho de Andros y empezó a tirar del libro con todas sus fuerzas.

— A mi no me pillarás tan fácilmente— dijo Fred con los brazos extendidos protegiéndose la cara. El libro permanecía en el suelo, inerte— no te hagas ahora el tonto, venga. ¡Ataca!
El libro se irguió indignado.
— ¡Ña!— profirió y cargó contra la entrepierna desprotegida de Fred. El caballero arcano se dobló por la mitad dolorido y protegiendose sus partes nobles para luego ser derribado del carro por un librazo debajo de la barbilla.

Mordió el polvo contra el suelo y el libro asesino saltó del carro arremetiendo repetidas veces contra su cogote, hundiendo su cara en la tierra y el follaje. La carreta tembló y varios libros saltaron a rodear a Uko como una manada de lobos hambrientos. Un libro de poesía saltó hacia Madeleine pero la bardo no se dejó amilanar por ese lírico ataque y lo rechazó con su escudo. El libro rebotó indignado y golpeó con su lomo la frente de Sevoltharte, que acudía al rescate de la bardo. Mientras tanto, Jade apoyaba la rodilla en el pecho de Andros y tiraba del libro y de vez en cuando le asestaba algún puñetazo, provocando las quejas de su compañero.

— Quizás haya que ir usando artillería mágica Freddy.— gruñó Uko dando hachazos al aire.
— Ngh nnngh mnnnngg!— fue la respuesta de Fred que daba tumbos con el libro apretándole el rostro.
— Sabias palabras.

Sevoltharte atravesó uno de los libros con su lanza mágica y la agitó desbaratando la encuadernación.
— ¡Eso es lo que yo llamo una crítica punzante, ja!— tras decir eso, fue sepultado por más libros enajenados.

Andros fue por fin liberado de la mortal presa y Jade se levantó de encima forcejeando con el libro y tambaleandose. Sin embargo, el mago notó movimiento en sus pies y vio como otros dos libros le agarraban de los tobillos y empezaron a tirar de él para llevárselo bajo la carreta.
— AAAAH, SOCORRO— gritó Andros agarrándose al pantalón de Jade. La chica pegó un respingo y se cayó de boca al suelo mientras el libro vengativo intentaba comerse su trenza a la vez que los tirones de Andros le bajaban el pantalón.— que se me lleva la lectura, SOCORRO! ¡FRED FREEED!

Frederic había ayudado a Andros de haber podido, pero estaba ocupado agarrado al tronco de un árbol y dándose cabezazos contra él con la esperanza de liberar su cara de las fauces de su atacante. Al tercer intento, el libro echó a volar a traición y Fred se golpeó la frente contra el árbol con fuerza. Mareado, retrocedió buscando un punto de apoyo a tientas, lo que su adversario aprovechó para morderle en la mano.

— ¡Sueltame, Andros!— Jade pateaba a Andros intentando no ser arrastrada debajo del carruaje con él.
— ¡No dejes que me coman, Jade!— Andros, al ver que los pantalones de la chica ya iban por sus rodillas, se empezó a poner rojo y la soltó, y dándose cuenta de su error sólo pudo gritar cuando desapareció bajo las ruedas de la carreta.

Madeleine y Sevoltharte se defendian espalda contra alas de los ataques literarios usando sus escudos para cubrirse. — Empiezo a pensar que Astrid tenía razón cuando decía que si me juntaba con los Magos acabaría sepultada en libros.— dijo la bardo con un deje resignado en la voz.
— No acabaremos así Madeleine— dijo el semicelestial cargado de resolución. Con energías renovadas se lanzó al ataque, destrozando varios libros de un lanzazo y luego echando a volar para empalar un tercero con saña. Al ver el título frunció el ceño y empezó a golpearlo contra la carreta con saña— esto por hacerme perder diez horas de mi vida y constituir un paso atrás en la representación del papel del romántico en la era post Casanova de Sunia!
Uko, harto de la situación, desenfundó una varita de orbe de fuego que usó para destruir a uno de los libros atacantes. Ardió mientras agitaba sus páginas con agonía y sus hermanos quedaron horrorizados a juzgar por el chasquido tembloroso de sus fauces. Uno de ellos se alejó de Uko hacia la carreta.
— Eso es, ¡huye!
Los cofres de la carreta soltaron sus candados y se abrieron mostrando feroces colmillos de madera. Desplegando tres pares de patitas saltaron del carruaje y cargaron contra el semiorco.

Andros salió arrastrándose de debajo de la carreta, despeinado y lleno de cardenales aferrándose a su propia varita de orbes de fuego, victorioso.
— Tranquilos chicos, ¡yo os salvaré!— disparó la varita para librar a sus compañeros de sus atacantes— ¿Dónde está Fred?
— Estoy aquí, estoy aquí— Fred salió de detrás de un árbol echándose la mochila al hombro— todo solucionado.
— ¿Qué te ha pasado en la frente?— señaló Jade la sangre que cubría todo el rostro del paladín caído.
— El libro me atacó con un árbol. Son aliados naturales.
— Pero te lo has cargado, ¿no?
Algo en la mochila de Fred se agitó furioso intentando escapar y Tesla le dio tres puñetazos hasta que dejó de moverse.
— Puede. ¿Seguimos?



 

Quetzalcoatl

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Nada, al final encontramos libros come-arcanos pero no conejos de cincuenta kilos o champiñones gigantes, tsk.

PD: me ha encantado el relato XD.
 

Frankysan

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La Bruja de las Eras​
El bosque se iba cerrando conforme avanzaban, creando una densa cúpula de ramas y hojas que impedían el paso de la luz del sol. Los miembros del Orbe Eterno se detuvieron al comprobar que el camino se extendía hacia un territorio oscuro, pantanoso y a todas luces plagado de peligrosas brujas.

- Tal vez deberíamos saber lo que nos aguarda más adelante…- Madeleine miró a los miembros del grupo que podían volar.- O, al menos, una parte de lo que nos espera.
- Puedo echar un vistazo, sí- dijo Sevoltharte desplegando las alas, luego miró hacia arriba y torció el gesto- Aunque me va a ser difícil elevarme aquí.
- Permitidme…- Madeleine silbó una cancioncilla y los ojos de todos se adaptaron a la oscuridad.
- A tientas pues- dijo el semicelestial con una sonrisa contraria al ver que sus alas eran inútiles en ese terreno.

Con los hombros caídos, todos se dispusieron a seguir el camino, pero Fred se quedó atrás pensando y terminó por sonreír.

- Puede que no. Dadme un momento- se descolgó la mochila y la puso en el suelo- Venga, sal.
La mochila se revolvió ligeramente y un gato negro asomó la cabeza con gesto contrariado. El gato, con un sombrero pegado a la cabeza, saltó de la mochila y se estiró esperando a recibir órdenes.
- ¿Ves el camino? Tira por el bosque y avísame si ves algo peligroso. Mantente escondido en todo momento. Y si te pillan, sal corriendo, aunque se te caiga el sombrero.

El gato miró a Fred un momento y luego se marchó trotando por el camino, entre la maleza. El mago se volvió a sus compañeros y vio a Sevoltharte cuchichear con Madeleine sobre los gustos de su familiar. Se sentaron a esperar hasta que el gato regresó con un cráneo a rastras.

- Jodido desgraciado, ¡te dije que no entrases en combate- dijo Fred al verlo. Aunque la broma estaba bien, la verdad es que no le había hecho ninguna gracia que el gato no tuviera otra cosa que hacer que excavar tumbas y profanar esqueletos. Se reafirmó en su creencia de que los gatos eran agentes del mal.

Con las indicaciones percibidas a través de su familiar, Frederic continuó por el grupo, intercambiando algunos chistes malos con Sevoltharte sobre construir un altar a Lazhánder en tal oscuro lugar. Encontraron tumbas junto al camino con inscripciones nigrománticas que, a pesar de ser meros nombres y fechas de las brujas que allí habían vivido, relataban lo antiguo que ese culto era y la cantidad de vidas de jóvenes muchachas que se había cobrado.

No tardaron mucho más en ser emboscados por los no muertos que salieron de las tumbas del camino. Alzándose de la tierra cubiertos de moho, fango y restos de sus cuerpos, avanzaron por la retaguardia del grupo blandiendo viejas hachas que irradiaban energía negativa. Atravesaron la distancia que los separaba del grupo con asombrosa rapidez y separaron a Sevoltharte del resto, que fue rodeado y acosado por las hachas, intentando defenderse de ellas con su lanza y su escudo. Andros se apartó a tiempo y convocó una enorme espada que atrajo la atención de los muertos vivientes y los derribó con un poderoso tajo.
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- ¿Son todas mujeres las alzadas?- preguntó Madeleine observando los restos de sus ropajes- ¿Las aprendices de la Bruja?¡Ah!- un esqueleto la sorprendió y con un tajo la derribó al suelo con una profunda herida en el costado.
- ¡Santos...Montes…!- Sevoltharte se veía acosado y herido por las hachas y empezó a entonar un salmo en su lengua natal luchando con energías renovadas hasta que el canto de un hacha le dio en la sien y lo dejó inconsciente.
- ¡Sevy!- gritó Madeleine intentando levantarse.
- ¡Atrás, Madeleine!- gritó Frederic adentrándose en el combate envuelto en llamas.

Andros corrió a ayudar a levantarse a Madeleine y apartarla del combate. Fred llegó hasta Sevoltharte y apartó al esqueleto que tenía encima con un golpe de escudo que le partió el cráneo. Los esqueletos que le atacaban echaban a arder por el escudo de fuego que le cubría y aprovechando esa ventaja los fue derrotando uno a uno sin sufrir más que meros rasguños. Al terminar, clavó su espada en el suelo para apoyarse en ella, jadeando.

- Menos mal que me puse la armadura hoy- dijo. Luego le dio dos pergaminos a Madeleine para que curase a Sevoltharte por completo.

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Casi sin darles tiempo a recobrar el aliento, un fuerte viento azotó las hojas de los árboles del bosque una bruja se teleportó en mitad del camino. Con un largo vestido negro y una capucha que no dejaba ver sus ojos, la mujer habló con una voz autoritaria, propia de una reina:

- Devolvedme a mi niña- exigió haciendo referencia a una prisionera en mano del grupo de mystrenses de Beregost que los estaban apoyando.
- Vuestra bienvenida al bosque ha sido excesiva para unos simples aventureros, dama. Y vuestra “niña” está en un lugar mejor, mejor que este al menos.- los otros dejaron hablar a Madeleine, preparados para reaccionar ante cualquier muestra de hostilidad.
- No eres quien para decidir sobre mi propiedad- la mujer señaló a la bardo con un dedo acusador- Soy el velo que cubre este sendero, el muro que corta vuestro camino… No tenéis nada que hacer aquí- hablaba con seguridad, pero lo que consiguió con ese desafío es que Frederic y Sevoltharte mostrasen sus armas preparadas con media sonrisa, aceptando tal desafío.
- Estamos aquí porque se nos ha llamado, y siento deciros que hasta finalizar lo que hemos venido a hacer, no nos marcharemos- dijo la bardo.
- Nada tenemos contra ti y tus hijas si tú no te interpones en nuestro sendero, pues no es tu grupo el que buscamos, sino lo que está más allá de este bosque- a pesar de las palabras de Sevoltharte, el gesto de Andros daba a entender que sí tenían algo en contra de esa malvada bruja.
- Más allá del bosque no hay nada apto para vuestras mentes, ¡MARCHAD!- la bruja chilló valiéndose de un conjuro para dejarlos aturdidos, desapareciendo no sin antes dejarles más no muertos como regalo.
Entre las hordas de no muertos que se habían acercado mientras la bruja los distraía había un par de aprendices de la bruja, que Andros identificó rápidamente.
- ¡Yo me encargo de ellas!- dijo elevándose en el aire y batiéndose en duelo con ellas, haciendo estallar relámpagos entre los árboles.
- ¡Nada podéis contra la Luz del Alba! ¡Regresen vuestros cuerpos a la tumba a la que pertenecían desde el día de su Ocaso!- la voz de Sevy se fue tornando metálica y estridente conforme su ira aumentaba hasta sonar como el de un oscuro y peligroso cuerno de batalla.
Los no muertos se lanzaron al combate, más esqueletos a por Sevoltharte mientras que necrófagos creados a partir de los cuerpos de aprendices muertas avanzaron a por Frederic y Madeleine.
- ¡Aguantad, Andros está combatiendo con esas brujas!- dijo Madeleine mientras retrocedía protegiéndose con el escudo.
El embiste de las criaturas hizo retroceder a Frederic y dio un traspiés con una rama, cayendo al suelo y deslizándose por el barro. Los necrófagos se lanzaron a por él pegando tirones.
- Oh, mierda. Odio a este tipo de necrófago- farfulló Frederic mientras le arrancaban el escudo de los brazos. Intentaba responder con tajos de su espada, cortando carne y hueso pero las criaturas estaban literalmente encima de él, desgarrando correas, desarmando placas, y tirando de las ropas que llevaba debajo.- Estaos quietos, maldita sea- gruñó intentando ponerse en pie y viendo como le quitaban las botas se puso a dar patadas.

Harto ya de intentar conservar la dignidad, se olvidó de la ropa y se puso a combatir con furia, agarrando del cuello a un no muerto y golpeándole con el pomo de la espada hasta partirle el cráneo. Se giró a por el siguiente y le metió una patada en el pecho para tirarlo cuesta abajo y con un codazo le partió los dientes a un tercero. Una vez acabó con ellos y oyendo el sonido del combate que aún se estaba produciendo, subió de nuevo por el terraplén de tierra.

- Pero qué…- exclamó Madeleine, desnuda también por el ataque de los necrófagos. Se quedó de pie delante de Frederic unos instantes antes de cubrirse con su escudo, pero el paladín no pareció darse cuenta porque pasó de largo para cargar contra un elemental de agua que acosaba a Sevoltharte.

Momentos después, completamente empapado después de la criatura muriese y cayese como una cascada sobre él, empezó a escuchar risillas en el bosque de las brujas. Desnudo como estaba, clavó la espada en el suelo y abrió los brazos.
- ¡Ja, ja! ¿¡Qué gracioso, no?! ¿Os gusta lo que veis, eh?!- empezó a gritarle al bosque.
- Por las aguas plateadas de los lagos de Mertion… ha sido como pegarse con una cascada- dijo Sevoltharte, empapado también.
- Tesla, seguro que les gusta- dijo Madeleine apoyada detrás de un árbol subiéndose el pantalón- Pero vístete, hombre.
- No voy a tener tiempo a ponerme la armadura- dijo Fred buscando su mochila para sacar ropa de repuesto.
- ¡Ahí vienen más!- gritó Andros descendiendo después de haber vencido a las aprendices de la brujas.

El sonido de unos pesados pasos les hicieron sobresaltarse y un árbol cayó partido en dos cuando un golem de tumbas irrumpió en escena seguido de más necrófagos. Fred abrió mucho los ojos y terminó de abrocharse el cinturón a tiempo para esquivar un puñetazo del golem de tumbas. Se agachó para recoger su espada y la mochila y apartarse del camino del constructivo mientras más brujas acosaban a Andros y los no muertos separaban a Sevoltharte y a Madeleine de él.
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- Tienen uno de estos golems, mierda...- murmuró Frederic mientras esquivaba otro puñetazo y rebuscaba en su mochila. Recogió un cinturón con pociones a tiempo para recibir un puñetazo que le hizo salir despedido hacia atrás. El golpe hizo algo más que herirle, le consumió parte de su fuerza vital.

La criatura se movía más rápido de lo que cabría esperar de una mole así, pero Frederic ya se había encontrado con varias de esas criaturas y por mucho que le doliese sólo tenía una forma de combatirlas. Y le iba a doler. Se echó la ristra de pociones al hombro y cogió la primera para bebérsela mientras esquivaba otro puñetazo. Así hasta cuatro pociones que le revolvieron el estómago pero para cuando le alcanzó el siguiente golpe, energía ácida, sónica e ígnea rebotaron hacia el golem, dañándolo. Ahora sólo tenía que esperar a sobrevivir a más golpes así. Gracias a la oportunida ayuda de Sevoltharte y la espada mágica de Andros, junto con las canciones curativas de Madeleine, pudieron derribar a la inmensa mole.

Tras caer en el suelo y desarmarse, la Bruja permanecía de pie estupefacta y con los dientes apretados, completamente fuera de sí.

- ¡Malditos… malditos seáis por cientos de años!- gritó y deslizó uno de sus dedos por la tierra, que empezó a soltar descargas de energía negativa alzando los muertos de sus aprendices muertas y extendió los dedos controlandolas como si fuesen marionetas.
- Estáis convirtiendo a vuestras niñas en cadáveres animados… ¡detén esta locura!- Madeleine parecía cada vez más furiosa con la bruja.
- ¡Son de mi propiedad y haré lo que crea conveniente para que no paséis de aquí!- la bruja gritó y más aprendices hicieron acto de presencia rodeando y cerrando la ruta de escape del Orbe Eterno.

Los cuatro quedaron rodeados espalda contra espalda en posición de combate mientras las mujeres, muertas y vivas, avanzaban hacia ellos con conjuros preparados para aniquilarlos. Madeleine y Sevoltharte intercambiaron una mirada y la bardo tomó aire para hablar con voz clara y decidida:
- ¡Daos cuenta de lo que dice! ¡Sois suyas! ¿esa es la vida, ser propiedad de alguien? ¡Nosotros podemos ofrecer un destino diferente!
- ¡Cada uno es dueño de su destino! ¡No hay hilos que manejar, ni un telar que moldear! ¡Cada hombre está designado para escribir a golpe de voluntad la historia de su paso por este mundo!- la voz de Sevoltharte sonaba tan potente como la de Madeleine y hasta su postura cambió e hizo retroceder a las aprendices, brillando con pasión y fortaleza.
- ¡Hay lugares donde los secretos de la magia pueden ser aprendidos sin tener que ofrecer tu misma alma para ello!
- ¡Callaos! Nadie os escuchará. Generaciones de las Eras moran en este bosque, seréis aplastados bajo tierra y enviados a un destino mejor.- la bruja cerró los puños y sus aprendices se pusieron aún más tensas. Miró de nuevo a los aventureros y vio los ojos de Frederic clavados en ella y una mueca burlona en su rostro.
- ¡Nadie puede marcar vuestro camino sino vosotras mismas! ¡Tomad las riendas de vuestro destino, son confiar en palabras vacías ni promesas huecas!- continuó Sevoltharte, cuya voz seguía creciendo en potencia.
- ¡A ella no le importáis! ¡Os necesita y os usa! ¡Sólo eso!
- ¡Alzaos! ¡No es tarde! ¡No hay nada escrito y las generaciones son poco más que nombres escritos en el pergamino de la memoria del tiempo! ¡Sois quienes sois! ¡Sois vuestras, y de nadie más!

Las aprendices avanzaron de nuevo hacia el grupo, haciendo que Madeleine se callase y se pusiera en guardia. La aprendiz que iba a la cabeza comenzó a hablar.
- Cientos de generaciones han velado por este aquelarre. Cientos de años… cientos de años…- la bruja alzó la mano hacia Madeleine preparada para conjurar.
- ¡Basta de charla, matadlos!- gritó la Bruja.
- ¡No! ¡Cientos de años de esclavitud! ¡Ni un día más!- chilló de repente la aprendiz, sorprendiendo a todos y conjurando contra la Bruja de las Eras. El hechizo salió de sus manos y rebotó contra las protecciones de su maestra.
- ¡Niña estúpida, eres mía!- la Bruja cerró el puño y una mano gigante verdosa empezó a asfixiar a su novicia.
- ¡La canción de libertad, Madeleine!- gritó Frederic mientras cargaba hacia la bruja y a su alrededor las aprendices se rebelaban contra sus hermanas y se desataba una batalla campal en el bosque.

Algo pasó junto a él como un rayo y vio como Sevoltharte cruzaba la distancia volando con la lanza en ristre con un poderoso golpe. La Bruja abrió los ojos sorprendida y creó un escudo de energía negativa que hizo rebotar al semicelestial. Fred se detuvo y disparó una varita para destruir ese escudo y permitir luchar a Sevoltharte sin recibir daño extra. Andros comenzó a descargar conjuros sobre la Bruja sin descanso, concentrado y sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor.

La Bruja de las Eras era capaz de conjurar mientras detenía con su bastón los ataques de Frederic y Sevoltharte, pero Madeleine contraconjuraba cada hechizo que ella quería lanzar. La batalla se le estaba escapando de las manos y presa de rabia no fue capaz de ver el momento en el que Fred y Sevoltharte se hicieron a un lado para permitir un disparo directo de un orbe sónido de Andros que atravesó el pecho de la bruja, acabando con su vida. El bosque quedó en silencio y los supervivientes se miraron entre sí, Aprendices de la Bruja de las Eras y Orbe Eterno.

Tras una breve conversación, las chicas les mostraron el camino a seguir y agradacieron que las liberasen de la influencia de la Bruja.
- Gracias por todo Madeleine. Gracias a Sevy y a ti hemos liberado hoy a unas muchachas de la esclavitud.- dijo Fred cuando el grupo se adelantó.
- No me des las gracias, que aún no te he halagado por la escena de antes... en el bosque.- la bardo rió divertida.
- Creo que da para una obra, sí.
- "Desnudo integral en medio del bosque" por Frederic Tesla.. o "El Grito en cueros", también me gusta ese título...
- ¿En serio es eso lo que va a pasar a la posteridad de todo esto? ¿En serio?
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Quetzalcoatl

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Disfruté mucho esa escena y me ha encantado verla reflejada en el relato, ¡genial! :lol: .

Y que Tesla no se preocupe, que las brujas supervivientes contarán a sus hijas y nietas lo que sus inocentes ojos contemplaron en ese bosque, y su leyenda perdurará muchos años después de que él haya muerto XD.
 

Kolgar

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Coincido con Madeleine. La escena fue estupenda, y esa forma de redactarla Fred me ha encantado, asi que chapó.

*Andros se pone otra muesquita en el cinturón*
 

Frankysan

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La vaca dice Mu​

El pequeño Tesla iba caminando torpemente entre la hierba intentando aproximarse al ternero que pastaba tranquilamente en los alrededores de Edive. Desde que hicieron el trato con los Halcones Grises era normal que los bárbaros utilizasen zonas claras de los bosques de la villa para alimentar a su ganado y a Frederic le servía para acostumbrar al niño a los animales que sin duda se iba a encontrar por la vida. Y con animales se refería tanto a bárbaros como a vacas. Era consciente de que los norteños cuestionaban sus dotes como padre por aquello de que su hijo de cuatro años no estaba dándose cabezazos con el resto, pero no le importaba. Freddy era más de trabajo mental.

- Esto sabe mal- dijo Freddy sacándose un caracol de la boca- Puaj.

Fred se lo quedó mirando. Parpadeó. Bueno, al menos era un niño muy mono. Nicol le recriminó con un manotazo que no corrigiese la conducta del pequeño, pero realmente no veía nada grave que descubriese el mundo a base de lametones. El pequeño se volvió hacia Frederic y tironeó de su pantalón señalando al ternero y haciendo un mohín.

- Pídelo, Freddy. Sabes hablar, debes decirlo.- dijo él. El pequeño intentó volver a comunicarse gesticulando y cuando vio que no iba a conseguir nada tomó aire.
- Una vaca- dijo- La vaca dice mu.
- Muuuu- confirmó el ternero.
- ¡Já, está hecho todo un druida!- dijo uno de los pastores.
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Druidas.

“Druidas”- pensó Frederic- “Le pedí a Valeria que me buscase un druida que no estuviese loco. ¿Y lo hizo? No. Fue un encuentro de lo más extraño.

Lo primero es que me dice Roxx que ya ha hablado con los druidas y que hay una que acepta de buen grado asesoras al Orbe Eterno con la condición de que Valeria sea entrenada por nosotros para desarrollar sus capacidades. Así que yo encantado, la chica me cae bien y ya le había echado el ojo porque normalmente parece más perdida que Andros en un lupanar calishita.

Voy al bosque. Con toda mi buena voluntad. Y con toda mi simpatía me presento.
- Hola, soy Fred.
- Un placer, me llaman Tormenta- me contestan.

Y a mí me llaman Lord Comandante pero no voy presentándome por mi mote, no doy un nombre falso de buenas a primeras. ¡No doy un nombre falso nunca! Me quedo callado porque no quiero problemas, pero por lo menos capto que tendré que ir rápido.

- Bueno, vamos al grano- digo- Vamos a adiestrar a Valeria.
- Ahm, ¿y?- me contesta.

¿Qué? ¿Cómo que y? ¿no habíamos quedado en eso? Desde luego lo que no me esperaba es que eso le resbalase como si eso le importase un carajo. Se supone que era lo acordado. De repente empieza a llegar gente. Que si una mujer enmascarada, que si Valeria, que si una elfa tapada montada en un puñetero unicornio. Yo había pedido un druida, no todo el círculo druídico para que nos ayudasen porque precisamente quería evitar tratar con toda una comunidad tan cerradísima.

- Solo una cosa, “Fred”- dijo la druida. Menudo rintintin. ¿Ahora le sienta mal mi nombre de pila?- No es un animal, ni ganado...di más bien que la vas a instruir.

¿Qué diantres? ¿A qué viene esa hostilidad? ¿Acaso alguna vez he insinuado que Valeria lo sea? ¿Alguna vez la he tratado mal siquiera? Oh, espera. Ya entiendo. Sí. No me lo esperaba. Un druida lingüista. Debía ser diplomático con ella. Fui todo lo diplomático que pude dadas las circunstancias.

- No me voy a poner a discutir con un druida sobre semántica. La vamos a adiestrar o instruir, lo que viene a ser que vamos a ayudarla a desarrollar sus capacidades arcanas al tiempo que ella gana confianza en sí misma.

¿Era lo correcto, no? Al fin y al cabo, no quería ofender a la druida con que instruir y adiestrar son sinónimos y que la primera definición de adiestrar en el diccionario es “hacer diestro, enseñar, instruir”. El que se pasa media vida con la nariz metida en libros y leyendo palabras soy yo. ¿Me meto yo a decirle la diferencia entre un sapo y una rana?

- No se trata de semántica. Se trata de tener tacto con los demás.
- De acuerdo- contesté.

Algunas personas son hipersensibles al tacto. Tan sensibles que se inventan ofensas basadas en supuestos erróneos con tal de hacer quedar mal al que habla y así ganar poder sobre él. Es como el que le pega a un elfo por gilipollas y automáticamente le acusan de racista. No los soporto. Pero “diplomacia”. Casi podía escuchar la voz de Madeleine recordármelo y el canto de su bastón rozando mi cogote. Si quería demostrar que no deseo ningún mal para Valeria sólo tenía que preguntarle a la semifata.

- ¿Te gusta como te trato?- le pregunté a la hechicera.
- El trato en la palabra- especificó la druida. Claro. Por supuesto. Ahora resultará que soy una persona horrible y todo cuando he hecho por Valeria no cuenta porque ella no sabe que adiestrar e instruir son sinónimos. Y lo peor es que Valeria seguramente ni sabrá de palabras ni le importará.

Valeria asintió. Qué iba a hacer la pobre. Intenté reconducir la conversación sobre al siguiente objetivo que tenía en mente.
- El Orbe Eterno quiere mejorar su imagen en Purskul. Ha sido siempre una ciudad muy arcanófoba y…
- Ciudad… ciudad…- empezó la druida. Oh, no. Otra vez no.- Es que llamar ciudad a una aldea con cuatro granjas me parece demasiado halago y divertido.
Se rieron. Los druidas se rieron.

Juro por Mystra que me dieron ganas de meterle fuego al bosque. Purskul está calificada como metrópolis y tiene 27.210 habitantes. Y no lo digo yo. Lo dice el libro que cogí al llegar a mi casa con el cabreo por lo que me habían dicho. No tendrá pinta de ciudad al uso porque es el mayor productor de cultivos para alimentación de Amn, pero eso no quita que por tamaño y población se haya ganado el apelativo de, como mínimo, ciudad.

- Ahora mismo queremos ver qué necesita la gente de Purskul y cuando lo hagamos pondremos en marcha nuestro proyectos. Y antes de trastocar nada con magia quiero consultaros porque no deseo alterar el equilibrio natural causando desastres.- lo solté. Era el motivo de mi interés con los druidas. Quería ser aquel mago responsable que consulta con expertos, no el subnormal que crea los osos-lechuza y los suelta en la naturaleza a ver qué pasa.
- Los trabajadores están día y noche cuidando de ganado y niños. Podéis empezar por ahí. O mano de obra gratuita esporádica. Hay un granjero achacado ya por la edad.

¿Pero qué coño? Nosotros somos los que reconstruimos Edive en tiempo récord. Somos los que nos plantamos cara a cara contra un diablo único que estaba teniendo en jaque a los Magos Encapuchados y lo sujetamos para que Draconeo lo expulsase. Somos los que bajamos al Abismo con el Fénix a partirle la cara a un señor de una de sus capas. A tirar del arado y cuidar de las vacas me iré para entrenar y echar el rato, pero no como proyecto a gran escala. Ayudar a un granjero solo no arregla nada, todo debe ser en la escala correcta. Pero diplomacia. Tenía la nuca ardiendo sólo de imaginarme las collejas que me estaría dando Madeleine y pensaba en lo despeinado que estaría de los resoplidos que estaría dando Lysebeth.

- Podéis empezar por él, solo tiene fuerzas para quejarse de sus dolores de espalda, pero no se deja mirar…

Sí. Iremos ocho arcanos y un maestro del ki a darle masajes en la espalda a un abuelo. Y luego contaremos historias de lo buenos que somos en el Orbe Eterno que miramos por la espalda de un abuelo en Purskul.

Y la siguiente propuesta que me echaron no fue mejor. Al menos pensaron en la magia arcana. Usar convocados para trabajar el campo. No sé qué me sentó peor, imaginarme a un montón de canarcontes cortando trigo y pisando uvas o que precisamente fuesen a hablar con el único mago de Amn que no sabe convocar nada. Y que ese mago fuese yo y tuviese que admitir lo tonto que soy ante ellos.

La druida del unicornio me preguntó si no podemos hacer crecer las plantas más deprisa. No, no podíamos. Eso había sido siempre cosa de los druidas, el crecimiento natural acelerado. Aparte, eso era sólo útil en situaciones de emergencia, porque las plantas necesitarían igualmente nutrientes para crecer (o no, no sé, cosas de druidas) y hacerlas crecer así agotarían la tierra antes. Pan para hoy y hambre para mañana. No me gustan ese tipo de soluciones.

- Quizás lo estáis enfocando de mala manera. Decís que queréis hacer buena la magia ante la gente que la ve con recelo, entonces, primero ganaroslos como personas.- dijo la druida enmascarada.
No empecéis la casa por el tejado.

De haber tenido a Madeleine con el bastón al lado. Les habría tirado el bastón. O a Madeleine entera. A la cabeza. Hasta donde yo sé, los druidas a veces tienen problemas para decidir de qué lado están. A veces dejan que la gente se muera de hambre porque consideran que forma parte de la naturaleza. Otras veces se ponen a defender a lobos que se acercan a las ciudades y atacan a la gente y te miran mal por matar a esas criaturas que están atacando porque supuestamente todo lo que quieren es comer y encima la culpa de nuestra por no dejarnos comer a bocaditos. Y ahora me estaban hablando de ganarse a la gente. Respiré hondo.

- Perdonad, creo que no me he expresado bien. El cómo el Orbe Eterno elabore sus planes, es cosa nuestra. No estoy pidiendo consejo de cómo actuar. Os estoy diciendo que actuaré, y que pediré consejo antes de que un conjuro pueda atentar contra la naturaleza.
- ¿Entonces para qué venís a hablar con nosotros?
- Como muestra de cortesía.
- La cortesía la estáis perdiendo a medida que habláis, caballero.

Y ahora les habría tirado a Lysebeth a la cabeza. La que nada más saludar se había puesto a corregirme malamente insinuando que trataba a Valeria como ganado me estaba hablando de cortesía. La gente se piensa que porque digas “caballero” y te hagas el ofendido de repente mágicamente tienes la razón. No funciona así. Yo vengo aquí a mostrarles que me importa su opinión y no quiero causar conflicto, que mi deseo es colaborar y no ser esa clase de arcano que le prende fuego al bosque para ver cómo funciona la bola de fuego y me encuentro con esto.

- No, no he faltado el respeto a nadie. Ser cortés no tiene nada que ver con que le guste al otro lo que tengo que decir. He venido porque creo que es correcto que consulte con vosotros antes de hacer nada.


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Una lengua viscosa cortó sus pensamientos abruptamente y parpadeó, para descubrirse sentado en el suelo con el niño en las rodillas y el ternero dándole lametones en el flequillo. Freddy se reía contento mientras animaba a la vaca bebé a babear a su padre en la cabeza.
- ¿Te lo pasas bien?
- Chí- dijo el pequeño.
- Entonces está bien- Fred sacrificó su peinado por el bien de su prole.

- Yo tengo una duda- dijo la druida del unicornio, que debía ser la líder del círculo druídico por aquello de ir montada en una criatura tan rara- ¿Cómo vais a ayudar con una magia que no puede hacerlo? No parecéis druidas.
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Creo que el sonido de mi mano chocar contra mi cara resonó en todo el bosque y llegó hasta los llanos, sobresaltando a Abenthy. Me daban ganas de llorar. Y esta también iba enmascarada. Bien me podría estar reuniendo con los Ladrones de las Sombras en el bosque y me estaban gastando una broma muy pesada. Yo, dando mi nombre real y mostrando mi rostro, intentando explicarme ante gente enmascarada que, o bien no me daba su nombre real, o simplemente no se presentaba. Y lo peor es que estaba allí sin proyectos y me los tenía que inventar sobre la marcha intentando explicar algo. Yo soy una persona práctica, me gusta que me planteen un problema y tratar de resolverlo. Imaginarme problemas y soluciones imaginarias no es mi estilo. No puedo construir castillos en el aire, necesito que me den algo con lo que trabajar. Pero diplomacia. Les dije lo primero que se me ocurrió, algo que obviamente no iba a estar desarrollado ni iba a tener mucho sentido pero eran soluciones plausibles a temas que en mi cabeza podrían haber surgido en Purskul. Total, todo el mundo necesita métodos para espantar ratas de los graneros. Resumiendo:
- Mirad, yo no os estoy pidiendo consejo sobre cómo tratar con la gente de Purskul. Nosotros iremos, hablaremos con el alcalde de Purskul, preguntaremos cuál es el estado del pueblo- porque dijese ciudad íbamos a volver a caer en lo mismo- expresaremos los deseos de ayudar.
- ¿Entonces… qué buscáis de nuestra hermandad?- dijo la enmascarada. La que no iba con el unicornio.

¿Otra vez? Pero si se lo acababa de explicar. De tanto inspirar hondo me iba a empezar a marear. Tengo que buscar otra forma de calmar mi temperamento.
- Mirad. Lo que no quiero es que hagamos algo como se hizo con la presa y luego los druidas pongan objeciones.
- Me temo que en ese sentido tenemos un problema…- dijo Tormenta.
- Queremos ayudar, no alterar el equilibrio natural- insistí.
- No es que nos vayamos a interponer, no yo al menos… no puedo hablar por el resto- Tormenta.
- La presa fue algo totalmente innecesario- dijo la enmascarada del unicornio.

Por eso estaba yo allí. Porque ya me conocía la historia. Armeís hizo aquella presa, la presa fue bendecida por Khauntea y meses después los druidas decidieron que no querían tal cosa y empezaron a atacarla. Me acuerdo de los rumores. Y recuerdo lo raro que me pareció que de repente no importase que tuviese el visto bueno de una deidad de la naturaleza, que la atacaban de todas formas. Y la verdad es que aquella presa me daba igual. La defendería porque considero que destruir edificaciones no es bueno para nadie y porque fue construida por amigos míos, pero yo no entiendo de estos temas. No sé distinguir un naranjo de un limonero si no veo las frutas colgando.

- Mientras el equilibrio no sea alterado, no veo qué problemas puede haber- dijo Tormenta. Ajá. Creo que ese era el principal problema.

Para ellos, el Equilibrio está claro. Es algo tan tangible para ellos como para mí la magia arcana. Se podría decir que ellos respiran el equilibrio del mismo modo que yo respiro transmutación cada mañana al levantarme. ¿Pero para mí? Para mí el Equilibrio es un concepto tan ajeno como para ellos la magia arcana. Yo no sé cuando lo estoy alterando porque primeramente no tengo muy claro lo que es. Como muestra de ello, les solté algo que creía que les daría buena muestra de lo poco que sé de ese concepto. Les dije que quería crear una planta híbrida para épocas de hambruna.

Doy gracias a Mystra que no sacasen las hoces y me las metiesen por el culo allí mismo. De hecho, fue agradable lo comprensivos que fueron conmigo en ese sentido. Al menos ahora sé que es posible que me den el visto bueno a inventar un nuevo tipo de tomate. O de sandía. O maíz.

- Si queréis que el pueblo os vea con buenos ojos, ¿por qué no creáis comida con magia?- dijo la elfa del unicornio.

Oh, sí. Una idea fantástica. Vamos a mostrarles a una ciudad que basa su economía en la producción de alimentos para toda la región y del cual obtienen sus trabajos cerca de 20.000 personas que un imbécil extranjero puede reducir un año de trabajo a cuatro palabras raras y un movimiento de dedos. Nos adorarán. Nos querrán tanto que nos perseguirán con guadañas y hoces, agradecidos por haberlos dejado a todos en paro. Opté por la respuesta diplomática:

- No podemos crear comida con magia arcana.
- ¿Y por qué… no creáis una fiesta, decís que traéis comida de todo tipo… y nosotros nos encargamos de llevarla… vosotros, el Orbe, os lleváis el mérito- dijo Tormenta.- Os verán con mejores ojos.
- No. No sería honesto.

Aunque, en retrospectiva, ese fue el inicio de una buena idea que espero desarrollar. Las festividades siempre son una forma de llegar al pueblo, pero montar una fiesta para ganarse el amor de la gente es como sobornar a alguien para que te quiera. No funciona. No está bien.

- En el bosque se piensa que crear cosas nuevas es antinatural, la preservación y el equilibrio existente es el sino del bosque- apuntó Valeria.

Esa es como la fórmula perfecta de que algo se extinga. Soy un Transmutador. Yo sé que el cambio constante, la renovación y la adaptabilidad es la fórmula para la supervivencia. El estancamiento, el miedo a lo nuevo y preservar a toda costa algo aunque ya no funcione simplemente porque es viejo es gastar energía y alargar la agonía. Entiendo la importancia de la tradición, la sabiduría que encierra dentro, pero mi labor es empujar para avanzar hacia adelante no despreciando lo antiguo, sino entendiendo que lo anterior es lo que me da impulso para saltar más alto, no lo que sujeta mis tobillos para que no me eleve.

En cualquier caso, crear una fiesta no. Pero celebrar una existente por todo lo alto sí es factible. Estamos a finales del verano y se avecinan las fiestas de final de la cosecha y siendo Purskul será algo a lo grande. Ahí sí podríamos hacer algo nosotros. Lo consulté.

- ¿Al final del verano no se hacen siempre festividades donde la gente se emborracha, cantan canciones y los niños hacen lámparas con calabazas?- dije y la enmascarada sin unicornio negó.- ¿Seguro?
- Ehm… no lo sé, no he visto festividades de ese tipo.- dijo Tormenta.

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A lo mejor he estado viviendo engañado todo este tiempo y al final de cada verano simplemente caía constantemente en la misma celebración de cumpleaños por todo lo alto de algún granjero. O la calabaza gigante que quiso devorarme el año pasado en ese mismo bosque estaba ahí de visita y no había relación con el solsticio. Pero me daba igual. Ya me había decidido. Al final, sí que saqué una buena idea de aquella reunión. Nos lo íbamos a pasar bien al final del verano.


- ¡Fred!- la voz de Nicol le sacó de sus pensamientos- ¡Esa vaca te está mascando el flequillo!
- ¿Eh?- Fred se sobresaltó y le dio un manotazo en el hocico al ternero mientras Freddy se partía de risa.
- Hale, se acabó. Dile adiós a la vaquita que tu padre está harto de naturaleza por hoy.
- Muuu, la vaca dice muuu.
 

Nazgul

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Gran relato, me ha gustado mucho cómo escribes e intercalas la historia de tu hijo (que acabo de descubrir xD), tu conversación con los druidas y los pensamientos internos que te guardabas. _olee _olee
 

Quetzalcoatl

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Qué gracia tienes escribiendo, macho xD. _mequitoelsombrero
 

Frankysan

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Cliffhanger​

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Cruzaron el umbral de la torre de los Tejedores del Destino con paso decidido, haciendo caso omiso al dolor y al cansancio tras un combate tras otro desde que llegaron a aquella versión oscura de Edive. En pocas ocasiones, los miembros del Orbe Eterno se habían visto tan en contra las cuerdas como en la que se encontraban ahora. No sólo estaban fuera de su plano natal, sino que habían aterrizado en un lugar donde viejos aliados eran ahora sus enemigos y los usuarios de la magia arcana eran perseguidos como animales. Se les acababa el tiempo para poner fin a esta locura y todos sabían en su fuero interno que no podían permitirse el lujo de fracasar.

Durante unos segundos sólo se oyó el eco de los pasos de los arcanos que se adentraban por un oscuro pasillo, con Frederic Tesla a la cabeza. No sabían qué esperar en ese escenario, así que avanzaban con armas en mano, atentos a cualquier seña que delatase trampas o emboscadas de los Tejedores del Destino. La torre se percibía vacía, sin decoración ni marcas distintas en las paredes o las columnas de roca, generando mayor desasosiego y rechazo en Fred, que no paraba de pensar que esta esa la versión de la Torre de la Eternidad del plano donde se encontraban. Sus pasos le llevaron a un gran salón central, con dos escaleras de roca que ascendían hasta un balcón desde donde ver a los que llegaban por el pasillo.


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La pieza central de la sala era un pentagrama grabado en el suelo que resplandecía con una leve luz rojiza, contrastando con las barreras de protección de los Tejedores del Destino que desde el balcón observaban con sonrisas suficientes a los miembros del Orbe Eterno. El líder de estos arcanos, el Tejedor Jaecobus permanecía junto al pentagrama, terminando de admirar una de sus últimas obras. Fred bajó la mirada hacia el pentagrama y vio el cuerpo inerte de Alethea Astra tendido en él, y alrededor de éste los cadáveres de otros tres magos que trabajaban con ellos en la Torre de la Eternidad.

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La expresión de horror del rostro de los miembros del Orbe provocó risas en el balcón desde donde les observaban. Los magos se apoyaban en la barandilla, confiados en que sus protecciones les permitirían regodearse sin consecuencias, y señalaban burlones a sus enemigos. Jaecobus miró un momento a sus discípulos con media sonrisa, disfrutando también del sufrimiento causado y luego se volvió para mirar a sus enemigos.

Comenzó a hablar con una voz tranquila y una expresión arrogante, propia de alguien que sabe que ya ha ganado y sólo queda anunciar su aplastante victoria al enemigo vencido:
- Considero que es obvio, pero me veo en la necesidad de señalar que habéis llegado tarde- dijo el Tejedor, acompañando sus pasos con el golpeteo de su bastón contra el suelo por la sala, en dirección a las escaleras de piedra- Sin embargo, las muestras de genialidad no pasan desapercibidas para mí. Sois valiosos, tenéis potencial. Así pues, una elección se presenta ante vosotros- apoyó una mano en el pasamanos de las escaleras y con la otra hizo un gesto hacia ellas- Podéis uniros a mí, ser mis discípulos… - luego entrecerró los ojos y con una sonrisa desagradable dijo- O bien podéis seguir arrollando con todo cuanto se os ponga por delante, cual bestias.

Las risitas de sus discípulos dieron a entender el grupo que esperaban y deseaban, que fuesen lo bastante estúpidos para intentar lo segundo. Los jóvenes Tejedores del Destino se movían inquietos desde el balcón, mordiéndose el labio o jugando con sus varitas, deseosos de mostrar a su maestro que cada uno tenía el potencial de erradicar a esos molestos enemigos en solitario. Los miembros del Orbe Eterno quedaron en silencio, mirándolos sin parpadear siquiera hasta que las risitas fueron sustituidas por intercambios de miradas nerviosas. Fue Uko el que rompió el silencio, alzando las cejas con expresión cansada y echándose su pesada hacha al hombro, con su característica voz ronca dijo:
- No nos ha ido mal con esa táctica hasta ahora.
- Jamás nos uniremos a ti, malvado...- Sevoltharte dio un paso al frente lanza en mano, escupiendo las palabras como dagas, con su piel resplandeciente con un fulgor dorado y las alas completamente desplegadas, dando la impresión de que era mucho más grande de lo que ya era de por sí.

Frederic abrió los brazos y se encogió de hombros, con media sonrisa divertida ante la expresión contrariada de Jaecobus.
- … Hijo de la Oscuridad, Siervo de lo Impío, Adlater de la Maldad…- continuaba gritando Sevoltharte.
- Ya los has oído.- conforme lo decía, no pudo percibir los suaves pasos que se aproximaban desde atrás, pero sí que notó el perfume y hasta pudo sentir la rabia que bullía dentro de ella.
- La Oscuridad que habéis traído aquí no perdurará- dijo Madeleine, con la mirada fija en Jaecobus, clavada como si fuese a atravesarle con ella- Nosotros nos encargaremos de ello.

Sorprendido quizás por la contundencia de la reacción o por un desafío tan aparentemente estúpido, Jaecobus adoptó una expresión contrariada que rápidamente trató de borrar del rostro, subiendo un escalón y agitando la mano como si apartase una mosca de un manotazo.
- Lástima. Habéis tomado la decisión de convertiros en un problema menor del que me desharé de inmediato.

Ahora fueron los miembros del Orbe Eterno los que soltaron risitas y se miraron los unos a los otros. Jaecobus se detuvo en su ascenso y les miró por encima del hombro, con el labio fruncido y un tic nervioso en la ceja.
- ¿No te has dado cuenta aún?- dijo Frederic, con una sonrisa abierta- Somos del Orbe Eterno. Nunca, nunca, subestimes nuestra capacidad de generar problemas.

El Orbe Eterno avanzó al unísono hacia el pentagrama, lo que provocó que Jaecobus tuviese que subir las escaleras hacia la barrera protectora más rápido de lo que su sentido de la teatralidad le habría indicado en condiciones normales. Sus discípulos le miraron, nerviosos porque tampoco se esperaban que de repente pasasen a estar en un segundo plano mientras sus enemigos se paraban a atender a la víctima del ritual, inútil a sus ojos a estas alturas.

La hermosa Astra estaba tendida en el suelo sobre su costado, con la mirada perdida y su cabellera roja extendida sobre la roca. En otras condiciones, Fred la habría tomado entre sus brazos con la mayor delicadeza del mundo para ponerla a salvo, pero dado que no tenían claro para qué servía el pentagrama ni tenían demasiado tiempo para comprobarlo, la agarró de un tobillo y tiró de ella hasta arrastrarla fuera del círculo. Sus compañeros mientras tanto confirmaban que los otros tres estaban efectivamente muertos. Una vez se encontró fuera del pentagrama, Frederic hincó una rodilla en el suelo y mantuvo a la maga semi incorporada con una mano puesta en su nuca. Ella seguía con la mirada perdida y no respondía a estímulos, así que el caballero arcano recurrió a algo que sabía (o esperaba al menos) que la haría reaccionar. Con voz firme le dijo a la Magíster:
- Astra, han robado el vino.

Los ojos de la maga recuperaron el enfoque y cerró la boca con una mueca contrariada. Tardó un poco debido al cansancio y la desorientación, pero finalmente pudo hablar con un hilo de voz:
- ¿Qué? ¿Quién eres?- quiso seguir protestando, pero Frederic vertió una poción en su boca aprovechando su mueca de desconcierto.
- Soy Frederic Tesla. Hemos venido a ayudar- dijo el ex-paladín mientras le obligaba a tragar a la débil maga.
- No… Déjame en paz.- apartó el vial vacío de un manotazo, con parte de las fuerzas restablecidas.
- No me da la gana. Hay que luchar.- agarró a la archimaga y la puso en pie como si de una muñeca se tratase, recibiendo otra mirada de desconcierto en el proceso. Algo llamó su atención en el escote de la arcana, revelando un tatuaje mágico en uno de sus pechos. Con un vistazo rápido descubrió que se trataba de un conjuro de Deseo.
- Ya basta de cháchara- dijo uno de los discípulos de Jaecobus, harto de que los miembros del Orbe Eterno ignorasen deliberadamente a su gloriosa orden.

El joven mago se agarró de la barandilla del balcón y saltó con su túnica de Tejedor ondeando tras él para caer con una rodilla en el suelo ante los miembros del Orbe. Alzó la vista, sonriendo bajo su capucha y se puso en pie, abriendo su túnica con la mano con la que no sujetaba el bastón y mostrando que llevaba bajo ella una coraza de cuero y un látigo colgado del cinturón.
- Soy el Tejedor Damien, el Domador de Bestias.- tomó el látigo con la zurda y lo hizo chascar contra el suelo- Os convertiré en mis nuevas mascotas.

Tras el chasquido, los muros de roca de la Torre se desplazaron hacia un lado con un gran estruendo, retumbando por toda la sala. El sonido de pezuñas golpeando la roca alertó a todos y una manada de gorgonas irrumpió en el gran salón, acompañadas por algunas mantícoras que las pastoreaban. Damien bramó una orden y con otro chasquido de látigo las gorgonas se lanzaron a la carga, dispersando a los miembros del Orbe con sus cuernos y pisoteando los cuerpos de los caídos.


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Frederic agarró a Astra del brazo para apartarla de la trayectoria de una carga de la gorgona. La criatura mágica frenó intentando cambiar de trayectoria mientras él intentaba poner a salvo a la Magíster. La empujó hacia una columna mientras descolgaba su escudo de su espalda. Le dio tiempo a ver como la maga se escondía antes de volverse y recibir una embestida de la criatura con forma de toro metálico. Los cuernos impactaron contra su escudo y la fuerza del impacto le hizo salir despedido hacia atrás. Cayó al suelo pesadamente y se apoyó en el brazo derecho para incorporarse, alzó la vista y vio a la gorgona escarbando con una de sus pezuñas delanteras, desafiante. Intentó centrarse en ella pero de repente sintió un dolor lacerante en la espalda cuando una de las púas disparada por una mantícora atravesó su armadura de mithril y se le clavó en la carne. Ese momento de distracción le bastó a la gorgona para lanzarse de nuevo a la embestida. La atención de Fred regresó a ella y trató de alzar el escudo de nuevo, pero el golpe anterior le había dejado el brazo dormido.
- Mierda- masculló y alcanzó a ponerse en pie al tiempo que la gorgona se le echaba encima, sujetó sus cuernos con las manos y la gorgona se lo llevó por delante, empotrándolo contra la columna que tenía detrás.El impacto partió la púa de su espalda y le hincó más la punta en la carne. La gorgona se retiró permitiendo que el cuerpo de Frederic cayese un poco antes de cornear. El asta de la criatura se le clavó en el vientre pero no con la suficiente fuerza para penetrar del todo donde la armadura era más gruesa. Frederic agarró una varita del estuche en su antebrazo y disparó un rayo contra la bestia, que la hizo retroceder contrariada.- ¿Ahora qué, eh?- jadeó.


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La gorgona inspiró hondo y exhaló su aliento petrificante sobre Frederic, que intentó protegerse con su escudo, pero no lo necesitó porque una voluntariosa mantícora le apartó de la trayectoria de una embestida. El humano cayó de espaldas y se dispuso a defenderse de los mordiscos cuando vio que había sido la mantícora la que había quedado petrificada. La gorgona cargó y destrozó la estatua, permitiendo a Fred gatear y alejarse. Un rugido llamó su atención y se encaró a otra de las mantícoras que andaban sueltas. Desenvainó su espada y usó el escudo para protegerse contra la descarga de púas conforme cargaba hacia adelante. Golpeó el hocico de la criatura y descargó dos tajos contra su lomo. La criatura trató de responder pero el ex-paladín le metió una patada en el hocico y acabó con ella clavando la espada en su nuca.
- Así me gusta. Uno menos. ¿Y el sig…- intentó decir antes que un aliento petrificante le convirtieran en estatua.


Lo siguiente que escuchó fue una melodía por encima de los rugidos, bufidos y conjuros que estallaban por la sala. La magia petrificante se deshizo y parpadeó cubierto de polvo para ver a Madeleine ante él, sonriendo aliviada al ver que la Canción de Libertad había funcionado. Señaló al centro de la sala y allí Fred pudo ver como Uko, Sevoltharte y Andros combatían al Domador de Bestias. El Tejedor se defendía de hachas y lanzas con su bastón, mostrando una gran habilidad para el combate y sonreía confiando en sus conjuros protectores para superar a sus adversarios. Frederic envainó la espada y tomó otra varita, disparando un conjuro de Brecha contra el Tejedor. Todas sus protecciones mágicas se vinieron abajo al instante.
- Oh, no- dijo.
- Oh, sí- dijo Uko y le partió en dos de un hachazo.

El cuerpo del Tejedor cayó en dos partes al suelo, esparciendo su sangre entre las baldosas y provocando que las bestias restantes huyesen despavoridas de vuelta a sus rediles. Los miembros del Orbe Eterno regresaron al centro de la sala, mirándose unos a otros para comprobar que no faltaba nadie. Desde el balcón, Jaecobus miró a los otros dos Tejedores con enfado.

- Tener discípulos para esto- bufó. echándole la culpa de su fracaso a los que quedaban vivos.- Nunca aprobé su obsesión por las bestias mágicas. ¿Quién se ofrece a reparar esta afrenta a nuestro honor?
- Yo no le fallaré, maestro.

El segundo discípulo se sentó en la barandilla y se deslizó por ella hasta el principio de las escaleras, terminando en un ágil salto. Era un hombre alto y delgado, que caminaba sin bastón y con las manos en los bolsillos. Avanzó hasta el centro de la sala y se bajó la capucha, revelando unas facciones afiladas y una sonrisa arrogante:
- Habéis tenido suerte hasta este momento, pero yo, Merlyn el An....
- ¡A por él!- gritó Frederic.
Aron disparó una varita de oscuridad sobre el Tejedor y Heather comenzó a bombardear el globo negro con bolas de fuego, chillando furiosa por la tensión que estaba sufriendo por tanta lucha. Fred y Uko, que iban corriendo hacia el globo dieron un frenazo al ver como no paraban de llover bolas de fuego en esa dirección. Jaecobus y el otro discípulos se miraron mutuamente preocupados. Hordas de libros voladores rompieron los ventanales de la torre y se lanzaron como una bandada de buitres contra los miembros del Orbe.

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- Gñá.
- Oh, no…- masculló Andros.

Cuando la esfera de oscuridad se disipó, Merlyn se encontraba chamuscado, con la ropa rota y las cejas humeando.
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- ¿Ya? ¿Os habéis quedado a gusto?- dijo, arreglándose el cuello de la túnica.
- ¡No!- Heather disparó una última bola de fuego que impactó de lleno contra Merlyn y lo hizo rebotar contra la pared.

El Tejedor intentó gatear de vuelta a las escaleras pero Uko le agarró de una pierna y se lo llevó a rastras de vuelta al salón. El mago pataleaba y, furioso, se las apañó para lanzar una rociada prismática que alcanzó de lleno al confiado cuarterón de orco y lo derribó. Sonrió con suficiencia justo antes para verse rodeado por Frederic, Sevoltharte y Roxx.

Una gota de sudor frío se deslizó por la sien de Jaecobus mientras veía como apuñalaban hasta la muerte a Merlyn el Animador. Su último discípulo le miraba con cierto nerviosismo, apreciando la intensidad del tic de su ceja y el rictus de disconformidad grabado en sus labios. Pocas veces había visto a su maestro tan, tan furioso. Era como un dique a punto de estallar, cualquier cosa, la más mínima podía desencadenar un apocalipsis sobre ese plano.
- Qué, se te tienen que estar acabando los malos, ¿no?- dijo Frederic.


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- AAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH MALDITOOOOOOOS- Jaecobus se remangó las manos y se cortó las venas, creando un portal hacia el abismo sobre sus cabezas y permitiendo la entrada de una horda de abisales con ansias de batalla.
- Maestro…- empezó a decir el Tejedor que quedaba, pero Jaecobus le agarró del brazo y lo empujó escaleras abajo.
- ¡Haz algo útil! ¡Mátalos!

El Tejedor rodó por las escaleras y cuando llegó al final, se quedó tumbado en el suelo conforme escuchaba a los demonios caer y enzarzarse en combate con los miembros del Orbe Eterno. Miró a un lado y vio al cadáver de Merlyn hecho un colador. Cerró los ojos muy fuerte y deseó que nada de esto hubiera pasado, deseó que hubieran atacado los cuatro a esos malditos entrometidos. Que hubieran trabajado unidos. Abrió los ojos y vio a Frederic Tesla y a Maximillian Roxx de pie delante de él.

Apoyado en la barandilla del balcón, Jaecobus veía como todo su trabajo en Edive se desbarataba ante sus ojos. Vio como el discípulo que le quedaba corría por la sala intentando huir del pelirrojo y el rubio mientras el resto se enzarzaba contra los demonios, matándolos como si llevasen toda la vida haciéndolo. Un enorme balor sombrío se estrelló contra las escaleras de roca cuando el semicelestial del grupo lo derribó con una carga frontal con su lanza. El planodeudo se elevó en el aire y con una voz que sonaba como las trompetas de Celestia bramó un desafío y se encaró a otros tres bálors. El semiorco conjuraba y blandía su hacha partiendo demonios gélidos como si fuesen mantequilla y hasta los más jóvenes del grupo parecían saber trabajar en equipo para derrotar hordas de criaturas supuestamente más fuertes que ellos. Decidió que la opción inteligente era una retirada estratégica. Vivir para vengarse otro día, sí. Estaban distraídos. Nunca le verían marcharse.

Abrió un portal hacia Zhay y cuando se dispuso a cruzarlo, miró a un lado. Aron le miraba fijamente.
- Mierda, el gordo- masculló Jaecobus, cruzando el portal y deseando que el mago fuese demasiado cobarde para seguirle.
- ¡Se escapa, se escapa!- chilló Aron y saltó detrás de él por el portal.

Andros vio como su compañero desaparecía por el portal y con un fiero gesto exorcizó al bálor al que se enfrentaba. Una vez comprobó que tenía vía libre, silbó a Uko llamando su atención y pasaron juntos por el portal.

Heather y Sevoltarte derrotaron juntos a parte de las criaturas, pero un el semicelestial acabó desplomándose en el suelo inconsciente por el esfuerzo. Heather cayó de rodillas intentando despertarle. Frederic vio que los otros tenían problemas mientras él seguía enzarzado junto a Roxx intentando acabar con el discípulo de Jaecobus, que no paraba de esconderse detrás de más y más demonios.
- ¿Te encargas?- le dijo a Roxx.
- Ve a ayudarles. Yo iré después por el portal- dijo el pelirrojo concentrando ki en su siguiente golpe.
Escuchó los gritos de dolor del Tejedor al morir mientras se abría paso a tajos para llegar hasta Sevoltharte. Un enorme bálor se desplomó muerto en el suelo con Madeleine subida a su cabeza y su espada corta ensangrentada, pero también estaba malherida a juzgar por el brazo ensangrentado que intentaba no mover. La bardo buscó con la mirada a Fred y su expresión se tornó alarmada. Tesla no vio llegar un zarpazo por la espalda, que le derribó. El demonio gélido se acercó a él cuando trataba de levantarse, le agarró de la mandíbula y le soltó un aliento gélido a bocajarro. La victoria le sirvió de poco porque Madeleine lo apartó de encima y lo apuñaló en la cabeza hasta matarlo.


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La bardo y Jade lucharon codo con codo eliminando a los últimos demonios mientras el portal se cerraba, impidiendoles seguir al resto del grupo. Cuando el último demonio cayó, el silencio se hizo en la sala. Jadeando, ensangrentadas y al borde de sus fuerzas, buscaron con la mirada a sus compañeros. Madeleine corrió hasta Frederic.
- No, no… Vamos, Fred. No es momento para morirte…- intentó reanimar al paladín, nerviosa y sintiendo como ella misma había perdido demasiada sangre.


Un gran estruendo la sobresaltó. Las puertas de la Torre de los Tejedores crujieron. La Guardia y los profesores de la Myrdon Salasker, que los habían intentado cazar desde que llegaron a esa versión oscura de Edive, por fin habían dado con ellos tras derrotar al Rector Romes. Sevoltharte y Frederic estaban inconscientes o peor, Heather estaba al borde del desmayo, Jade apenas conseguía estar de pie y Madeleine desangrándose. Este iba a ser un día muy largo para el Orbe Eterno...
 

Quetzalcoatl

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Qué poco nos aburrimos en el Orbe, ¿eh? :D

¡Gran relato! _olee _olee _olee
 

Haladring

Llanero del brasero
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El BROrbe Eterno, señoras y señores. Tenemos drama, tenemos acción, anime, gentes de todos los pesos y razas diversas, chascarrillos, y un morsapug ¿Qué más quieren?
 

Frankysan

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- ¿Qué te ha pasado en la cara, papá?- preguntó Freddy tocándole la mejilla.
- Son sólo un par de nuevas marcas, nada importante.
- ¿Qué pasó?
- Papá tiene que estar más atento, es sólo eso.

Llevaban bastantes horas luchando abriéndose paso por el laberinto persiguiendo a Jaecobus y no parecía que fuesen a alcanzarlo pronto. Vieron muestras de la avanzada magia que utilizaba de mano de sus lacayos, unos hombres lagartos que transformaban pequeños cocodrilos en poderosas máquinas de matar. Metódicamente habían limpiado habitación en habitación, avanzando hasta que finalmente hicieron una pausa, que Roxx aprovechó para investigar una sala contigua en solitario.
- Será mejor que vaya a buscarle- dijo Madeleine, mirando hacia el pasillo por el que se había ido Roxx hacía rato.
- Claro. Te esperamos aquí- dijo Frederic, siguiendo con la mirada a la bardo conforme desaparecía doblando la esquina.

Azalea sonrió y miró alrededor, posando sus ojos sobre los elaborados mosaicos en la zona superior de las paredes, leyendo la historia que había grabada en esos intrincados jeroglíficos.
- A pesar de lo macabro que puede llegar a ser, no puedo hacer sino admirar la arquitectura de este lugar. No sabía que hubiera ruinas de Mulhorand en Zhay.

Frederic alzó las cejas y se encogió de hombros.
- Ni idea. Yo no sabría ni señalar Zhay en un mapa.

Aunque reconocía su utilidad, el ex-paladín no tenía tiempo material para ampliar sus conocimientos en geografía o historia, así que cuando tocaba hablar del tema tenía que callarse y escuchar o tener un libro a mano con el que consultar. Andros y Azalea conversaban casi susurrando, admirando la capacidad del Tejedor del Destino para utilizar la magia de círculo o espejos y Fred pensó que sería extremadamente útil para su grupo añadir esos estilos de magia a su repertorio.

- ¿No están tardando mucho?- preguntó Azalea, sacándole de sus ensoñaciones.
- Tienes razón- Fred colgó el yelmo de una arandela en su mochila y echó a andar hacia el pasillo despreocupadamente junto a sus dos compañeros.

Al girar la esquina, vio a Madeleine de pie entre un arco de piedra, hablando con Roxx cruzada de brazos en el interior de la habitación, así que se acercó hacia ella para preguntar qué les retrasaba. Cuando sus pasos le delataron, Madeleine volvió la cabeza hacia él y sus ojos se abrieron con alarma.
- ¡No, espera!- gritó de repente justo cuando Fred pasaba por debajo del arco de la entrada.

Fred abrió los brazos sobresaltado por el grito justo cuando escuchó un chirrido junto a él. Intentó zafarse de lo que se le echaba encima pero no fue lo bastante rápido. Una Doncella de Hierro, un horrible instrumento de tortura, cobró vida en la entrada de la habitación y se lanzó para tragárselo. Sintió un empujón del sarcófago acercándose a él y luego vio como sus puertas se cerraban empujándole hacia adentro.

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Intentó protegerse con los antebrazos y al cerrarse las puertas su cuerpo quedó comprimido, empujándole contra las púas de la parte interna. Sintió como se le clavaban en la parte de atrás de la cabeza y atravesaban su armadura por la espalda y piernas, incrementándose el dolor una vez las puertas quedaron totalmente cerradas. Gritó, ya que si bien era bastante tolerante al dolor físico no estaba preparado para algo así. Sintió como sus antebrazos quedaban comprimidos contra su pecho y las púas que estaban destinadas al torso se clavaban en sus antebrazos. Madeleine y Roxx gritaron y trataron sin éxito de abrir las puertas de la doncella de hierro. Fred los podía ver por las pequeñas rendijas que dejaba la parte frontal de la doncella de hierro, mientras las púas se le clavaban en la cara y cerca de los ojos.

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Entonces lo sintió. Ese chispazo de energía que siempre le había ayudado a sobrevivir. Esa pequeño relámpago mental que le recordaba quién era: Frederic Tesla. Había convertido el salir de situaciones imposibles su tarjeta de visita y esta vez no iba a ser distinto. Estaba furioso porque había sido lo bastante torpe para dejarse atrapar. Furioso por haber sido pillado por sorpresa con dolor. Y furioso porque alguien pensó que una trampa así le detendría. Apretó los dientes y tensó los brazos, posando las palmas de las manos en la tapa del sarcófago, clavándose las púas en ella.

Sus guantes de cuero no resistieron y las púas oxidadas se clavaron en su carne, haciendo manar la sangre, que comenzaba a chorrear por las vías de drenaje del instrumento de tortura y dejó de oír los golpes que daban sus compañeros intentando sacarle. Los músculos de sus brazos reaccionaron y comenzó a empujar, haciendo fuerza contra el mecanismo que mantenía las puertas cerradas. La presión hizo que las púas de la parte de atrás se le incrustaran más en la carne y terminaron de destrozar su armadura, pero eso no le detuvo. Siguió empujando y gruñó con rabia sintiendo como la puerta comenzaba a ceder y dejarle más espacio para moverse. El sarcófago se reanimó y trató de comprimirlo de nuevo, pero Frederic respondió con un puñetazo que hizo una abolladura en la parte interna de la puerta. Los nudillos se le desollaron por completo dejando el hueso al descubierto por las púas con el segundo golpe y sintió como se desgarraba parte del cuero cabelludo por mover demasiado la cabeza ahí dentro, pero siguió adelante soltando un grito de pura furia y con un un tercer golpe la puerta tembló. Apoyó las palmas de las manos en la superficie barbada y con un último empujón arrancó las puertas de la Doncella de Hierro, liberándose a sí mismo del instrumento de tortura.

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Las puertas cayeron a los lados, permitiéndole ver a Madeleine y Roxx mirándole con la boca abierta sin poder creerse lo que acababa de pasar. Quiso hablar. Quiso soltarle una frase chulesca al sarcófago de hierro. Lo único que logró fue desplomarse en los brazos de Madeleine.


En el sótano de la Torre de la Eternidad, Frederic terminó de ajustar un par de tornillos para colocar bien las púas y comprobó que la puerta abría y cerraba correctamente con ella puestas. Se retiró unos pasos y observó la Doncella de Hierro restaurada con media sonrisa.
- No tengo claro que sea buena idea tener esto en la torre- dijo Madeleine.
- No causa la mejor de las impresiones, no- Uko estuvo de acuerdo con la bardo.
- Le falta el toque final- dijo Tesla, sacando algo de su bolsa.

Sacó un cucurucho de papel y lo colocó en la cabeza de la Doncella de Hierro y acto seguido colgó un cartelito con un cordel alrededor del cuello del sarcófago. Se podía leer:
“Intenté comerme a Frederic Tesla y me reventó desde dentro. Aviso a todos: No intentéis encerrarle nunca”.
 

Quetzalcoatl

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Te pongo yo el gorro, que se te ha olvidado :D :D :D

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Buen relato. Y se me ocurre algún chiste recordando este momento... :twisted:
 

Frankysan

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- "Recientemente me han hecho preguntar la razón por la que una persona rinde tributo a un dios en concreto. Será que al ser una persona religiosa lo tengo muy claro en mi cabeza pero otros parece ser que no entienden lo que es servir a una deidad. O actuar acorde a lo que el dogma te pide, ya puestos.

En Faerûn existen, con toda seguridad, más de cien religiones distintas. Más de cien dioses cada uno con sus historias y sus dogmas. Y afortunadamente en la mayoría de los casos la persona es libre de seguir al dios que le plazca, al margen de sus circunstancias y la educación recibida de sus padres. ¿Y esto por qué es?

Porque obligar a alguien a seguir a un dios con el que no se siente afín es complicado. Los dioses han creado un sistema que castiga al que siga a una deidad sólo de boquilla, de modo que la cantidad de gente que se arriesga a acabar en el Muro de los Infieles al morir es mínima. El castigo por fingir servir a un dios es tan desproporcionado que anula cualquier posibilidad de que se dé de forma accidental. Y cada clérigo de cada comunidad se encarga de que todo el mundo sepa del Muro. Al fin y al cabo, el hecho de que los dioses vean su poder condicionado al número de seguidores les motiva lo suficiente para que se aseguren de todo el mundo tenga grabado en su cabeza que hay que seguir a un dios. ¿Cuál? Cada dios barrerá para su propia casa pero todos están de acuerdo de que no pueden permitirse el lujo de que haya agnósticos o ateos en el mundo.

Así que, cada persona sabe que debe seguir a un dios. Y que debe de hacerlo de verdad, no sirven los gestos para “quedar bien”. No se pide el fervor que se espera de un sacerdote o un paladín, pero si el dios es el Dios de la Patata, al menos te exige que te gusten las patatas. O que no tengas nada en contra de los tubérculos en general.

Los sacerdotes seguramente querrán que su dios reciba cada vez más fieles, porque aumenta el número de personas que comparten su ideología y aumenta de forma directa el poder de su dios en el gran esquema divino. Hay muchas formas de hacerlo. Pueden convencerlos de que su dogma es lo que ellos quieren. Como cuando vas a comprar una espada y el herrero te convence de lo que en realidad necesitas es un hacha. También pueden dejarte la espalda en carne viva a la latigazos para romper tu voluntad y que aceptes seguir a ese dios para que deje de doler. No me gusta pero entiendo que se den esos casos. Pero no hay medias tintas, para seguir a un dios debes cumplir su dogma.

¿Adónde quiero llegar con esto? Pues que en un mundo en el que puedes elegir al dios al que quieres servir, donde servirlo sólo de cara a la galería está castigado, y donde tienes más de cien religiones para sumergirte y encontrar uno que se adapte completamente a ti, creo que es sencillo meter a todos los fieles en el mismo saco.
Sigamos con el ejemplo de Potatus, el Dios de las Patatas y los Tubérculos. Potatus es un dios de la naturaleza que predica que la patata es el mejor alimento para todas las razas, que sus campos son lugares sagrados y que su principal festividad consiste en freír cien patatas y dárselas de comer a todos diciendo “¿Están ricas, eh?”.

Cuando yo vea a un siervo de Potatus, pensaré “a este hombre le gustan las patatas”. A lo mejor al pobre desgraciado le han inculcado la deidad de pequeño, sus padres no le dieron a elegir, las circunstancias de la vida le han hecho depender de las patatas o ha descubierto que lamer patatas es su vocación. Pero yo tengo la seguridad de que le gustan las patatas. Si por lo que sea veo que las patatas le dan asco, como poco pensaré que es un mal siervo de Potatus, y si tengo un mal día pensaré que es un imbécil que quiere acabar en el Muro de los Infieles por no comprometerse a seguir a su dios. O por no buscarse uno que no le obligue a amar lo que le da asco.

Demos un paso más allá con los ejemplos, sin llegar nunca a mencionar dioses reales para no ofender a nadie. Hablemos del dios Cebollus. Cebollus es el dios de las Lágrimas y la Cebolla. Cebollus huele peste y está empeñado en hacer llorar a todos restregándole cebollas por los ojos. Es incómodo y violento. Si veo a un siervo de Cebollus, le diré que se mantenga alejado de mí. Y él en realidad poco tiene que añadir.

No puede decirme “no puedes meternos a todos en el mismo saco”. ¿Qué quiere decir eso? ¿Que no va a intentar meterme un cebollazo en cuanto me descuide? ¿Que no le interesa hacer llorar a nadie? ¿Que no olerá a cebollas como los otros? Nadie admite en voz alta que sirve a su dios tan mal como para no cumplir su dogma. O que no le gusta su dogma. ¿Entonces qué sentido tiene seguirlo? La libertad religiosa le permite poder manifestar su religión sin miedo a represalias ante la ley pero no le otorga el respeto de nadie. Yo no tengo por qué respetar o tolerar a una religión que me afecta directamente y empeora mi calidad de vida. No soy tan estúpido como para permitir que existan personas que deterioran mi bienestar y hacen peligrar mi estatus.

Que un zorro sea un animal tan respetable como una gallina no quiere decir que deba permitirle acercarse a mi corral. O que me tenga que gustar. O tolerar. Si un zorro se acerca a mi corral lo espantaré como pueda. Con un palo, a patadas. Pero le haré saber que no es bienvenido. "

- "¡Patito!"
- "Quizás debería buscarme un adulto con el que hablar de mis cosas. Esto no termina de funcionar, Lucy".


 

Aionele

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Siento manchar tu post, pero a partir de ahora Mysnaez pasará a llamarse Darth Potatus xD ( Me gusta esa forma de ver las cosas :) :)
 

Francisco94

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Voy a ponerme a mi próximo pj seguidor del dios Cebollous xDDDD un gran relato _deacuerdo
 

Frankysan

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La estatua de roca robada​

Jade Taylor llegó a Amn con la esperanza de encontrar una nueva vida que pusiera fin al dolor que sentía por la pérdida de su familia. Como muchos otros aprendices de mago, la fama de la Arcanum Scholla los atrajo a una tierra que tradicionalmente se había opuesto a la magia arcana pero la naturaleza rebelde de los aventureros había hecho de aquella escuela un pequeño bastión del conocimiento. Hasta que la locura de una vieja chiflada hizo añicos los sueños de muchos estudiantes. Afortunadamente, Jade no vivió la tragedia de la Arcanum Scholla pero sí llegó en un momento en el que aprender magia en Amn se tornaba complicado.

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Los bárbaros de Ideepton patrullaban la cantera con hachas en mano, compartiendo juntos un gran cuerno de cerveza, riendo y fanfarroneando ruidosamente. Caza los observaba desde el campamento, con el rostro iluminado con la fogata mientras mordisqueaba un trozo de roca. Oyó unos pasos acercarse a ella y vio a Fred con las manos en los bolsillos. La saludó al pasar y luego lo perdió de vista cuando se adentró en la cantera.

Por aquella época, las opciones para aprender magia se limitaban a seguir a Draconeo y sus discípulos o captar la atención de alguien del Orbe Eterno para un tutelaje menos formal. No está claro si fue cosa de Tymora o Beshaba que nuestros caminos se cruzasen en los llanos de Athkatla. Pero ya desde los primeros días, Jade pudo ver que lidiar con el Orbe Eterno te pone siempre en riesgo. No llevaban ni dos palabras de su primera clase cuando tres asesinos al mando de aquellos que habían tomado el control del Hospicio de Athkatla me asaltaron.Y apenas llevaba una clase de esgrima cuando una vampira raptó a Jade simplemente por el placer de hacerlo.

Un fragmento de roca se desprendió de la pared de la cantera y en vez de caer en el suelo, se sostuvo en el aire. Los bárbaros que patrullaban lo vieron desde su posición y empezaron a gritar alarmados. El bloque de roca salió despedido en el aire y aterrizó sobre el bosque. Cuando los Halcones grises llegaron al sitio no encontraron nada ni a nadie.

Cualquier otro se habría echado para atrás o habría pensado que el Orbe Eterno era un grupo de locos que se ponían en riesgo sin necesidad. Ella no. Ella entendió que necesitaba convertirse en algo más que una simple maga para poder mantener el ritmo con el resto de sus compañeros. Pidió entrenamiento, y ellos se lo dieron. La ágil muchacha aprendió a fintar valiéndose de un fluido estilo de combate con el estoque, buscando los puntos débiles de su enemigo y combinándolos con magia para ser inalcanzable para sus enemigos. Y de improviso, llegó su prueba de fuego.

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Buscó un sitio tranquilo donde trabajar, alejado de miradas curiosas. Prefería trabajar en un sitio que le resultase familiar, bajo las estrellas, o más bien bajo el cielo nuboso de Edive y la lluvia. Afortunadamente la oscuridad y la lluvia hacía que nadie se molestase mucho en mirar hacia arriba por Edive. Echó un vistazo a una vieja cometa enredada en uno de los adornos del templo y empezó a trabajar.

El Sanatorio. El lugar que todos los magos de Amn temen y el cuartel general de los Magos Encapuchados. Incluso los veteranos miembros del Orbe Eterno miraban aquel lugar con temeroso respeto. Pero ella, con menos de veinte años, les siguió a su interior para averiguar el motivo de la desaparición de la orden mágica amniana. Allí dentro, Jade se enfrentó al Duque Begmar, utilizando su ingenio para sortear sus acertijos y su picardía para ahorrar problemas al grupo. Demostró estar llena de recursos y un miembro indispensable del equipo.

Trabajar la roca a menudo involucra cincelar con un martillo, pero en su caso solamente necesitaba algo de magia y sus manos desnudas para darle forma. Normalmente usaba esos conjuros para abrir paso o construir cosa, pero nadie dijo que no pudiera ser usado para arte. Determinar la postura de la estatua fue sencillo, cruzada de brazos y con una sonrisa chulesca es como quería que todos la recordaran. El recuerdo de la muchacha seguía fresco en su mente, así que no necesitaba referencias para reproducir su traje o su rostro, aunque le molestaba ligeramente no ser capaz de hacer justicia a la melena que lucía la chiquilla en la fría roca.

Tras eso, Jade era un engranaje esencial en la maquinaria del Orbe Eterno. Ella iba delante con Roxx haciendo las veces de batidora, asegurando que el resto del grupo pisase sobre seguro. Se escurría entre las grietas y engañaba a sus enemigos con una pasmosa facilidad. Aunque su naturaleza juguetona trayese de cabeza a Andros, cuyo bastón nunca estaba a salvo cuando Jade estaba cerca. El constante tira y afloja de los dos amenizaba en gran medida las reuniones del Orbe Eterno y hacía que los miembros más mayores los viesen como hermanos pequeños de los que cuidar. Pero era injusto para ellos que se les viese así, ya que habían demostrado con crece sus capacidades. De modo que nunca se les negó participar en nada, por peligroso que fuese.

Una vez la estatua estuvo terminada, Fred tenía un último truco en su manga. Jade seguiría tomando cosas prestadas para toda la eternidad. Se hizo un corte en la palma de la mano y vertió sangre sobre el pie de la estatua, para conjurar un campo transformador en ella que absorbería los conjuros que se hicieran cerca de ella. Cada vez que alguien quisiera conjurar delante de ella, el campo robaría la magia y haría que sonase la risilla traviesa de Jade por la sala. Algo inofensivo, pero seguro que más de uno lo encontraría irritante. Finalmente, añadió una placa con el nombre de ella en la estatua, para que todos supieran su nombre y que murió defendiendo Edive de sus amenazas.

Jade se había encarado a la muerte ya una vez. Con el orfanato de Athkatla en llamas, Jade y otros tantos lucharon contra las Serpientes de Ónice y durante la contienda un bálor le asestó un golpe fatal a la muchacha. La chica se desplomó en el suelo pero gracias a la hora maldita Bryndhilr pudo volver de entre los muertos. Había mucho por lo que odiar a esa sacerdotisa, pero siempre se recordará que gracias a ella pudimos disfrutar de Jade un poco más. Lamentablemente, aquel día también se selló el destino de la joven al capturar a Kasdeya, la Dama de la Lujuria.


Se cruzó de brazos observando su obra. La lluvia caía sobre el rostro sonriente de Jade, y por mucho que Fred se empeñase en rehacerlo no conseguía darle la vida que tenía su amiga. Resopló frustrado, apartándose el pelo mojado de la cara y miró por encima de su hombro el pueblo desde la altura. Toda aquella destrucción propiciada por Kasdeya y un simple error de juicio. Se sentía culpable. Era consciente de que la responsabilidad de cada muerte recaía sobre Kasdeya, pero se sentía culpable por sobrevivir a todo mientras que gente más joven y más valiosa se quedaba por el camino.


Por mucho que Jade hubiera demostrado su valía, seguía siendo una niña. Veinte años de los cuales tres de aventuras no te garantizaban la experiencia para pasar por cualquier situación sin cometer errores. Podías ser un experto combatiente pero eras susceptible al engaño y a la traición como todos. Y Jade fue engañada por Kasdeya, lo que provocó que la destrucción se cerniese sobre Edive. En mi cabeza, pensaba hacerla trabajar para reparar el daño hecho, animarla a mejorar y a no volver a cometer errores así en el futuro. Pero las Serpientes de Ónice le arrebataron la posibilidad de hacer tal cosa. Un sacerdote de Tymora, alguien que en un principio fue un agradable muchacho, se destapó como un poderoso demonio que hizo llover fuego sobre todo el grupo. A todos les costó levantarse tras eso, pero Jade no pudo soportarlo más y en un último gesto encontró la forma de arrebatarle el bastón a Andros una última vez. No pude acercame. No podía soportar la visión de perder de nuevo a una hermana menor.

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Se sentó al borde del tejado y miró al cielo.
- Sigo depositando mi Fe en ti. ¿Pero entiendes lo difícil que me lo pones a veces? Sigo peleando por ti, defendiendo lo que representas, enterrando a gente que aprecio y que se ha unido a mi lucha pero en cambio lo que recibo es desidia por tu parte, la Urdimbre no funciona bien la mayoría de las veces y nuestros enemigos parecen tener la asombrosa capacidad de saltarse tus mismas reglas. ¿Qué pasa, mi Dama? ¿Tanto odias esta tierra?
Se incorporó, quitándose el pelo mojado de la cara de nuevo.
- No sé si es tu forma de decirnos que abandonemos, que en Amn no hay sitio para mystrenses. Pero me da igual. Ten un poco de respeto por aquellos que te servimos y céntrate de una puta vez.


Hubiera sido muy fácil dejar que toda la culpa de la destrucción de Edive recayese sobre Jade. Incluso antes de que ella muriese,podríamos habernos sacudido la responsabilidad diciendo que todo había sido un acto independiente suyo. Pero sería mentira. Ella actuó como actuamos todos nosotros, siguiendo los dictados de lo que pensamos que es lo correcto. A veces acertamos, a veces nos equivocamos, pero siempre vamos a darlo todo hasta el final. Jade siempre estará en un puesto de honor entre los miembros del Orbe Eterno, y su efigie nos saludará al entrar en la Torre, recordándonos que siempre hay lugar para una sonrisa, para jugar y para sacarle el máximo partido a la vida. Conozco a pocas personas capaces de llegar tan lejos como para dar su vida para reparar un error y reto a cualquiera que se atreva a hablar mal de Jade de demostrar que es capaz de hacer lo mismo.


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Quetzalcoatl

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El relato me ha gustado mucho, y seguro que a la pelirroja le ha gustado mucho más :wink: .
 

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