—¿Cómo? ¿Que queréis que os cuente la historia de cuando Crimmor aplastó a Náshkel en el Torneo del Balón Celeste...? —replica Bimblin, con un hilo de voz, como si cada palabra le costara sangre y lágrimas—. Bien...
*El gnomo ajusta el laúd con un cuidado exagerado, carraspeando como si el aire mismo temiera lo que estaba a punto de contar. Se lleva una mano al pecho, exagerando el dolor, y da unos pasos dramáticos hacia el centro de la sala.*
—No sabéis lo que es... —susurra, con voz temblorosa— ...sentirse completamente anulado, como si cada esfuerzo se desvaneciera en el aire. Perder toda esperanza y quedar atrapado en un desasosiego absoluto mientras ellos… ellos nos contemplaban con esa fría perfección…
*Su voz se quiebra un instante, y parece que va a derrumbarse, pero se recompone con un gesto teatral y una inclinación de cabeza. Su pausa es tan larga que todo el público contiene la respiración, sintiendo, aunque sea un segundo, la vergüenza de aquel gnomo que conoció la derrota de primera mano. Luego suspira, como si cargara todo el peso del mundo sobre sus diminutos hombros, y añade con voz solemne:*
—Sí… así fue. La Ciudad de las Caravanas nos mostró lo que significa ser maestros… y nosotros… simplemente… nos desvanecimos en la historia.
Encargo: Balada de los Invictos de Crimmor
(por Bimblin Chispeplomo, bardo y perdedor profesional al Balón Volea)
¡Oh Crimmor, ciudad de grandeza sin par!
Tu equipo nos dio una paliza ejemplar.
Por la Jácara Elísea nos hicieron sudar,
pero más bien llorar… ¡y volar por el solar!
En la arena brillaban Waukin y Selûne en su esplendor,
y allí Sariel, Mernalyn, Enrique y yo soñábamos con honor.
Con el balón en las manos y en el pecho puro fervor…
¡ay de nuestra inocencia! ¡Ay de tan funesto error!
Ezhiris levitó, sin gravedad ni compasión,
te mira raro… ¡y te roba hasta la ilusión!
Sasha Siemprealegre, ¡qué nombre tan cruel!
Con su mate encantado casi me manda al plano aquel.
¡Oh Crimmor, ciudad que jugaste genial!
Nos barristeis como hojas en un vendaval.
Su alcalde Morian Mausser guiñó un ojo, casual…
y hasta el público gritó: “¡Náshkel, fatal!”
Seraphine Nightshade, ¡ay, qué tentación!
No sabía si mirar la pelota…
o su... enorme talento en competición.
Un pase errado, un tropiezo, ¡y Sariel perdió la noción!
Qué decir de Vesper Riordan, tan veloz como un dragón,
el balón volaba, y con él… mi dignidad y honor.
Enrique se enredó en su túnica - ¡ya ni menciono yo!
Mernalyn rezó a Selûne… ¡pero ella tampoco llegó!
¡Oh Crimmor, rivales con noble ambición!
Hicieron de nuestro esfuerzo una triste canción.
Pero juro por mi laúd y mi pobre corazón:
¡volveríamos a perder contra vosotros con dedicación!
*Bimblin hace una reverencia, llevándose la diestra al corazón.*
—Y así, mis queridos amigos, mi honor queda en el cajón: no hay afrenta más temible, ni mayor desilusión… ¡que enfrentar a Crimmor y perder sin compasión!
Offtopic :
Dejo esto por aquí, a raíz de un encarguito surgido con cierto alcalde de la ciudad vencedora. Tremendo palizón nos llevamos, fue divertidísimo 