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En el Corazón de la Furia - Púrskul

DM Ragnaros

Calculador épico de fichas de PJ
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Púrskul, ciudad de vacaciones​


Fríos susurros desde el Norte traen noticias de heladas en Nashkel y en el reino enano de Kazäd Grômdal. Del sur, se escuchan rumores de fuertes tormentas en los Dientecillos. Incluso hay informes de ataques de bestias en los bosques de Tethir, hogar de los elfos.

1720631836569.jpegLos ciudadanos de Púrskul, aún recuperándose de los acontecimientos de los últimos meses y años en la Ciudad del Grano, alzan la vista al cielo y rezan a Chauntea para que esas calamidades no lleguen hasta aquí.
Pero, ¿escucha la Madre Tierra las plegarias y súplicas de las buenas gentes de Púrskul? ¿O todo queda en rezos al viento?

Tras unas decanas de abundantes cosechas, la primeras después de la última crisis vivida, parte de la producción se envía hacia el Norte, llevando consigo esperanza y sustento a las tierras castigadas por el frío.
En Púrskul, en cambio, el clima permanece misteriosamente estable, como si fuera una eterna primavera.

Con el paso del tiempo y los días, los rumores corren rápido. Algunos creen que los Dioses se han apiadado de Púrskul; otros, que el viejo druida Fart ha hecho un ritual druídico y mantiene la tempestad a raya.

Sea como fuere, las calles de Púrskul parecen más vivas que nunca. Las tabernas están abarrotadas de viajeros y habitantes de otros pueblos y ciudades de Amn. Los mercaderes no dan abasto, el oro pesa más en sus bolsillos que los cargamentos.
Y el tiempo, no cambia.​

En el Grano Maduro, unos amigos comentan la situación actual entre cerveza y cerveza.

¿Has visto la cantidad de viajeros que hay últimamente? - Pregunta Juan, el semiorco. - No veía tantos desde antes de los ataques del Dragón rojo del Gorgojo.

Alfredo ver mucha gente nueva. Alfredo contento porque ver señoritas bonitas. - Responde Alfredo, con su particular sonrisa y modo de hablar - Aunque Petra ser la más bonita.

En cualquier caso, esto parece el nuevo retiro vacacional de Amn. ¿Has visto que están abriendo nuevas tabernas sólo para dar cabida a tanto viajero? - Comenta el semiorco, antes de dar un largo trago a su jarra. Para luego caer redondo sobre la mesa.

Púrskul ser ciudad de vacaciones. - Afirma Alfredo, observando a Juan desmayarse.


Alejado de la taberna y del tumulto de la ciudad. En los campos que rodean la ciudad, un clérigo se acerca a un altar de Chauntea. Rezando a la Diosa y preguntando si es obra suya esta calma o si, en cambio, es obra del azar...


Offtopic :

Presentación de ambientación que iré haciendo en Púrskul y alrededores.
 

Zethan

</c> de Minikanyas
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*El druida se preguntará si tan efectiva fue la ayuda prestada o si ese tal Fart realmente parece haber logrado algo realmente formidable. Aunque por alguna razón algo de lo que ha ido escuchando no le ha gustado e irá hacia Puskull a hablar con el alcalde*
 

Star Lorz

Bebedor de Galdrims
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Con el verano habían llegado por fin buenas noticias para la Ciudad del Grano. La plenitud de los campos y las abundantes cosechas recordaban a tiempos mejores. Desde una ventana en la Casa del Grano, Sulion Suravar observaba cada mañana y cada atardecer cómo iban viniendo más y mas viajeros a la plaza que había jurado guardar. Tuvo que rendirse al oportuno pragmatismo amniano de los vecinos de Púrskul, que veían oportunidad de medrar con los visitantes.

Por supuesto que le preocupaban las noticias que llegaban de norte y sur, pero más de cien millas de distancia eran todo un mundo para alguien acostumbrado a los caminos. Aun con todo, el medio-elfo tenía la certeza de que cada mañana tendría que trabajar un poco más que la anterior para asegurarse que Púrskul prosperase.

Aquella mañana, una que podría haber sido como cualquier otra de los últimos dos años, decidió acudir personalmente al altar de «la Espiga Dorada», ofrendando a Chauntea, la Diosa del Grano, la primera cesta de trigo que pudo recoger con sus propias manos.

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Y con la diosa de Púrskul ofrendada y presente, volvió a recordar que los deberes de un alcalde, aunque hubiese sido elegido por ser «el menor de los males», le esperaba en cuanto cruzara el puente del río Esmel y se encontrara con el primer vecino.

—Ya va, ya va, don Píndaro. El jarl... —sacudió la cabeza y carraspeó—. El caballero Suravar ya vuelve a sus obligaciones. ¡Púrskul puede estar tranquila!

Sólo esperaba que los viajeros atraídos por aquel «Verano Para Recordar» se mostraran tan pacíficos como aquella compañía de isleños de las Moonshaes que se habían instalado en la región.

En alguna que otra ocasión, aunque difícilmente lo reconocería en voz alta, puede que Sulion Suravar hubiese errado.
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Manny_LoneWolf

Donante voluntario de sangre
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*Y con el buen tiempo, también vendría la felicidad y optimismo, al menos para alguien como la ya conocida mestiza bendecida por Sune. Con el clima favorable que había hecho crecer los campos, y con ello, poblar las cercanías con hermosas y coloridas flores por todos lugares, pasearía con su gran sonrisa. Se permitía el lujo de caminar contenta entre paisajes tan hermosos para ella, que su vestido ancho de piernas le permitía danzar libremente mientras el cálido viento agitaba con suavidad su bonita melena, sujetando bien su generoso escote en la parte de arriba con algo más ceñido. Tarareaba feliz mientras saludaba a trabajadores y lugareños, acariciando y abrazando también algún que otro animal que se cruzaba en su camino; se preguntaba dónde se encontraría su persona querida, con la que querría disfrutar del amor en un momento tan bonito y vivo como el que estaba viviendo Púrskul. Pues claro que le importaba qué era lo que ocurría y por qué todo había cambiado, pero eso jamás la haría perder la oportunidad de disfrutar un buen momento de paz antes de la tormenta, en el que ya le tocaría sacar la espada de nuevo.*

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Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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Hace una década.

Asomada desde una de las ventanas de la discreta buhardilla que acababa de rentar en el centro de Púrskul, Talivia Ha'valen contemplaba la habitual actividad comercial de la ciudad.

— ¡Laudelino...!—exclamó, despegando el cigarro de los labios, desde lo alto del edificio y alzando la mano derecha para saludar a un labriego encorvado que, con paso plomizo, atravesaba la bulliciosa plaza del mercado central.

El hombre, uno de los trabajadores de la Casa Gáldrim, se detuvo unos instantes hasta reconocer a aquella mujer de cabellos rubios y voz cazallera que recientemente había sido nombrada Maestre de la compañía comercial.

— ¡Laudelino...!—repitió ella, firme defensora de que, para ganarse el respeto de los trabajadores, había que tratarlos como iguales. —¿Cómo van las cosas?

Laudelino, hombre estoico como pocos, se limitó a encogerse de brazos y resoplar.

— Pfff...vai.—y Laudelino continuó a lo suyo, rumbo al tajo.

Hace seis meses.

Asomada desde una de las ventanas de la discreta buhardilla que hacía ya un tiempo rentaba en el centro de Púrskul, Talivia Ha'valen contemplaba con amargura las calles desiertas azotadas por la sequía y las sucesivas plagas de gorgojos.

— ¡Laudelino...!—exclamó, despegando el cigarro de los labios, desde lo alto del edificio y alzando la mano derecha para saludar al labriego encorvado que, con paso plomizo, atravesaba la desierta plaza del mercado central dónde los pocos puestos que todavía permanecían abiertos apenas disponían de mercancía.

El hombre, uno de los trabajadores de la Casa Gáldrim, se detuvo unos instantes hasta reconocer a aquella mujer de cabellos rubios y voz cazallera que, de vez en cuando, salía del despacho de la sede comercial y les invitaba a una ronda de vino.

— ¡Laudelino...!—repitió ella, a sabiendas de que Laudelino estaba un poco sordo. —¿Cómo van las cosas?

Laudelino, hombre estoico como pocos, se limitó a encogerse de brazos y resoplar.

— Pfff...vai.—y continuó su rumbo, camino al tajo, aunque apenas quedaran tierras que trabajar.

Hace un par de días.

Asomada desde una de las ventanas de la discreta buhardilla que finalmente había comprado en el centro de Púrskul, Talivia Ha'valen contemplaba la creciente actividad de unas calles que hasta no hace mucho se habían resentido de la mala racha de cosechas. Tenía la sensación de que la mitad de la población del Amn occidental había decidido fijar su residencia en el carente de atractivos Granero de Amn.

— ¡Laudelino...!—exclamó, despegando el cigarro de los labios, desde lo alto del edificio y alzando la mano derecha para saludar a un labriego encorvado que, con paso plomizo, atravesaba la plaza del mercado central, atestada de viajeros.

El hombre, uno de los trabajadores más antiguos de la Casa Gáldrim, se detuvo unos instantes hasta reconocer a aquella mujer de cabellos rubios y voz cazallera de cuya vida personal lo único que podía afirmar con certeza era que siempre saludaba.

— ¡Laudelino...!—repitió ella, porque de un tiempo a esta parte, no hacía más que repetirse —¿Cómo van las cosas?

Laudelino, hombre estoico como pocos, se limitó a encogerse de brazos y resoplar.

— Pfff...vai.—y continuó su rumbo, camino al tajo, mientras se abría paso a codazos entre los turistas.

Talivia esbozó una sonrisa de medio lado. Nevara, tronara, granizara, hiciera un calor de mil demonios o, simplemente, asomara el sol por el este, así era la gente de Púrskul.​
 
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