Capítulo 1, punto 2. La Urdimbre, zona de magia muerta y salvaje. El rechazo de Mystra
Quizás para el joven estudiante, escéptico como todo buen erudito ha de serlo desde el inicio de su carrera, la idea de que un fragmento de una obra como la presente comience con mitos de veracidad no contrastada puede resultar chocante, pero es lo que sucede cuando la erudición taumológica se encuentra con la teológica en alguno de sus puntos.
En un tiempo anterior al tiempo, nos dice esta historia, y por razones que o bien no son especifican o se fundan en entes de misterios ya olvidados y quizás inventados, el plano material era una nada informe manifestada a partir del caos energético primigenio en el que no había orden ni concierto. Dos entes cobraron entonces consciencia representando uno la luz y el otro la oscuridad, las hermanas gemelas Selûne y Shar. Juntas crean los cuerpos celestes situándolos en el espacio creado para el plano, y uno de ellos, el mundo Aber-Toril, ve nacer en su seno un espíritu que lo representa, una consciencia planetaria que se llamaría Chauntea. Por su ruego, Shar y Seluna desean poblarlo de seres vivos sin llegar a acuerdo sobre la forma de hacerlo, y estalla un conflicto que degeneraría en violencia situando su cenit en un desesperado disparo de la propia esencia mágica del poder divino de Selûne que desgarra el cuerpo de su hermana arrancando a su vez la esencia mágica del poder divino de esta. Ambas esencias se verían fusionadas en un nuevo ente, a la vez luz y oscuridad, el perfecto equilibrio cuya existencia es un paralelismo perfecto del caos que los originaría a todos ellos.
El crisol de entes conscientes y su propia naturaleza como encarnación del uso de la magia llevó al nuevo ser, llamado Mystril, a imponer una larga tregua entre sus madres, y a otorgar medios a los mortales para que participasen de su obra con el fin de encontrar nuevos medios para usar la energía mágica, y que sin su intervención serían incapaces de encontrar debido a la fragilidad de sus cuerpos y mentes no entrenadas. Por ello, la diosa tejería con su propio cuerpo un tapiz de energía con el que envolver el plano material al completo, amortiguando las oleadas de energía facilitando su empleo. Este sería el origen de la Urdimbre.
No podemos saber si la totalidad del mito del nacimiento de Mystril es cierto o no, pero si podemos distinguir ciertos fragmentos que son empírica o históricamente comprobables. Sin ir más lejos, la dependencia de la urdimbre hacia Mystril se demostró cuando esta sufrió una merma de su poder debido al efecto de la Locura de Karthus*1, viéndose obligada a sacrificarse para que el tejido no fuese completamente destruido. Por ese suceso, numerosas regiones se vieron afectadas haciendo nacer zonas de magia muerta y salvaje. Nuevamente sucedería cuando su sucesora fue asesinada en la era de los Trastornos*2.
Precisamente por estos lugares conocemos la dependencia que tenemos del Tejido dado que si intentásemos emplearlos en zonas de magia muerta no funcionarían, los hechizos persistentes*3 que sean transportados al interior dejarán de funcionar, y los objetos mágicos de efectos permanentes permanecerán inactivos hasta que vuelvan a tener contacto con la Urdimbre.
Además, observamos que no basta con que el tejido esté disponible, sino que debe estar en buen estado. La alteración de los canales energéticos provoca un descontrol tal que los predecibles procesos formulativos conocidos como hechizos pierden su carácter indeterminando el efecto de su empleo, causando que hasta el más inocente hechizo lumínico termine causando resultados peligrosos.
Tanto las zonas de magia salvaje como de magia muerta tienen su origen en grandes desastres mágicos como los antes mencionados, y han llegado a permanecer milenios sin sanados por las distintas administradoras de la urdimbre como sus seguidores La razón de ello es la dificultad de su reparación , pues aunque cualquier simple hechizo disipador permite reordenar temporalmente los canales energéticos de la zona de magia salvaje, la total reparación requeriría un esfuerzo solo alcanzable mediante el empleo de hechizos tales como deseo o milagro, los cuales tienen un grandísimo coste para el usuario.
Por ello, en lugar de una política activa de reparación Mystra ha optado por una actitud pasiva defensiva mediante el acto del Rechazo, el cual supone que niegue cada intento individual de acceso a la urdimbre ya sea mediante el uso directo de hechizos o el empleo indirecto mediante objetos, lo que supone una agotadora observancia continua hacia el individuo. Este extremo castigo es solo reservado para aquellos que activamente buscan o causan daños en la Urdimbre, por lo que debería resultar extremadamente raro encontrarse con una víctima del Rechazo. Al fin y al cabo, ¿qué usuario de la magia buscaría dañar aquello de lo que depende “su poder”?
*1: Ver también Desastre mágico, la Locura de Karthus. Capítulo 5, punto 7, Entre Pergaminos y Ruinas, Tercera Edición.
*2: Ver también Desastre mágico de la Era de los Trastornos. Capítulo 5, punto 8, Entre Pergaminos y Ruinas, Tercera Edición.
*3: Ver también Componentes de los conjuros. Capítulo 1, punto 7. Entre Pergaminos y Ruinas, Tercera Edición.