4. La tribu Eighu
Diez inviernos
Cuando les encontraron, no iban a morir de inanición o deshidratación, pero el camino había dejado una profunda huella en sus rostros.
Yu'Kao caminaba de la mano con Suyin, quién, más que dársela, se sujetaba en ella. Habían empezado a andar de buena mañana. El sol estaba cercano a alcanzar el punto más alto en el rostro de Teylas cuando el característico sonido de una batida cabalgando alertó los preparados oídos de Yu'Kao. Teylas arrastraba el amortiguado galopar sobre la hierba, trayendo con él miedo y esperanza a partes iguales. Se giró con el rostro contraído por la alteración y los vio a su izquierda, al Este, cabalgando de forma totalmente coordinada, como una bandada de pájaros surcando el cielo. Cambiaron de rumbo un segundo más tarde de que Yu'Kao les viese; sus miradas se habían encontrado.
El Noun de la tribu Ganzor los reconoció al acto y sus piernas estuvieron a punto de fallar debido al alivio que recorrió todo su espíritu.
— Mira Suyin— exclamó, cuando las palabras pudieron por fin salir de entre sus labios— es Hungerei Khan.
Los jinetes aun tardaron unos momentos en llegar hasta ellos. El primer caballo, marrón como la tierra batida cuando se retira una yurta, frenó a dos escasos metros de distancia, de forma brusca pero controlada al mismo tiempo.
— Yu'Kao Batbayar— dijo su jinete, mientras los otros doce hombres frenaban sus equinos tras él— ¿Qué ha ocurrido?
Su tono de voz denotaba mucho más entendimiento sobre la situación que sus palabras. Se apeó de la montura y se acercó a Yu'Kao, que en un impulso avanzó dos pasos y lo abrazó.
— Teylas te bendiga, a ti y a tus hombres por haberos cruzado en nuestro camino.
Los hombres miraron con curiosidad, alguno con recelo, pero Hungerei le devolvió el abrazo a su amigo. Cuando se separaron, hizo una señal a uno de ellos y este, aun desde su montura, lanzó un pellejo lleno de agua a Yu'Kao.
Este dio primero de beber a Suyin, que agradeció el agua amorrándose al pellejo como un infante al pecho de su madre. Después, Yu'Kao bebió un largo trago.
— Gracias.
— Dime, Yu'Kao, ¿qué ha pasado?— reiteró Hungerei su pregunta, aunque sin tono apremiante.
— Preferiría contártelo en vuestro campamento, si a bien tienes, Hungerei Khan— le contestó el noun, con una leve sonrisa—. Suyin y yo no rechazaremos una cena caliente y un techo bajo el que dormir esta noche.
Algunos hombres sonrieron con amabilidad.
— Dorji- llamó Hungerei a uno de los jinetes— deja tu caballo a Yu'Kao y monta detrás de mí. Suspendemos la batida.
El hombre, más bien el chico, que respondía al nombre de Dorji bajó de la montura con un gruñido, pero cuando le entregó las riendas a Yu'Kao, le palmeó un hombro en señal de cordialidad.
— Es dócil— dijo sin más.
— Teylas te bendiga— agradeció el noun.
Cogió a Suyin por las axilas, la subió a la grupa y después montó detrás, agarrando las riendas con decisión. Hungerei lanzó un grito para azuzar a su caballo y al resto, y todos partieron hacia el Este a una velocidad vertiginosa.
El sonido del retumbar de los cascos de los caballos sobre la tierra blanda a su alrededor tranquilizó a Yu'Kao. La última vez que había cabalgado a esa velocidad, había sido solo, con Suyin. Y un tuigano no olvida fácilmente el solitario sonido de su único caballo cabalgado por la estepa vacía.
Llegaron al campamento de la tribu Eighu en un tiempo más bien corto. Era una tribu considerablemente más pequeña que la Ganzor, aunque no por ello menospreciable. De hecho, algunos lazos matrimoniales unían a las dos tribus y una de las mujeres de Hungerei llevaba el apellido Ganzorig.
Muchos de sus miembros, especialmente las mujeres, levantaron la vista con alarma y se dirigieron hacia los recién llegados jinetes, preguntando si algo malo había ocurrido. Hungerei llevó la situación con inflexibilidad y discreción, indicando a todo el mundo que volviera a sus quehaceres mientras ellos desensillaban a sus caballos.
— ¿Quieres que hablemos con mis hombres, o prefieres hacerlo en privado?— preguntó Hungerei a Yu'Kao, cuando se apearon de sus monturas.
— Preferiría contártelo a solas, Hungerei Khan— pidió Yu'Kao, con cortesía a la par que humildad, a sabiendas de que la decisión quedaba en manos del otro hombre.
Este, comprensivo, asintió levemente. Luego, señaló con la barbilla a Suyin, que se mantenía cerca de Yu'Kao, mirando a su alrededor con los ojos bien abiertos. El noun de la tribu Ganzor negó de forma casi imperceptible, y Hungerei volvió a asentir para mostrar entendimiento.
Echó a andar hacia su yurta, que destacaba entre todas las demás por ser de mayor tamaño. Cuando estuvieron cerca, Hungerei silbó hacia un grupo de niños que jugaban un poco más allá.
— ¡Turgen!— llamó.
De entre los chavales, salió un niño que tendría más o menos la edad de Suyin. Sonreía, excitado por el frenético juego, resoplando, pero pese a estar divirtiéndose acudió a la llamada de su padre al acto. Este aprovechó que Yu'Kao y Suyin esperaban apartados para agacharse a la altura de su hijo y explicarle algo en voz baja. Yu'Kao pudo observar cómo, a medida que Hungerei Khan hablaba, la sonrisa del niño se desvanecía en su rostro, dejando paso a la afectación y a la compasión. Durante ese intercambio de palabras, el niño miró un par de veces a Suyin y luego, al finalizar, asintió a su padre con convicción y volvió a esbozar una sonrisa. Hungerei volvió a erguirse y ambos se dirigieron hacia donde estaban los dos miembros de la tribu Ganzor. Por extraño que pareciese, fue el niño quién habló primero.
— Hola— dijo, mirando a Suyin directamente, con la cabeza un poco ladeada. La niña se percató al instante de esa mirada y observó a su joven interlocutor de arriba abajo—. Yo me llamo Turgen, ¿y tú?
Suyin parpadeó un par de veces. Yu'Kao se percató de lo extraño de aquel comportamiento, dado que Suyin nunca había sido una niña tímida. Lo achacó al hecho de que llevaban muchas semanas los dos solos, y los sucesos habían vuelto a la muchacha un poco más precavida, o tímida... o tal vez solo necesitaba volver a estar con niños de su edad.
— Yo me llamo Suyin— contestó finalmente, con voz queda.
— ¿Quieres venir a jugar?— le propuso directamente el niño—. Tenemos churku.
Al acto, Suyin miró a Yu'Kao. No le pedía permiso, le estaba preguntando qué debía hacer.
— Adelante, ves con Turgen— le dijo el noun, y Suyin lo miró un poco insegura.
— Suyin- intervino Hungerei— Yu'Kao y yo estaremos en esta yurta. No nos moveremos. Si lo necesitas, puedes entrar, no hace falta que pidas permiso.
Aquello la tranquilizó en parte. Volvió a mirar a Turgen, que le tendió la mano y, tras un instante de hesitación, se la cogió. Yu'Kao suspiró aliviado, y esperó a ver como Suyin se unía al grupo de niños antes de entrar con el Khan a su tienda.
Dentro, en la habitación principal, había dos mujeres y un bebé en un ovillo de mantas. La tetera humeaba todavía. Las dos levantaron la cabeza y una de ellas sonrió al verles. Aunque Otenjuur Ganzorig había dejado la tribu Ganzor siendo una niña, cuando su madre se casó en segundas nupcias al quedarse viuda, aun le recordaba levemente. Pese a todo, no hizo ningún comentario. Yu'Kao admiró la discreción de la mujer y agradeció a ambas, con un asentimiento, cuando se marcharon de la tienda bajo las instrucciones de Hungerei.
Ambos se sentaron con las piernas cruzadas, uno delante del otro, y el mismo Khan sirvió el té, que Yu'Kao bebió sin esperar a que se enfriase, después del correspondiente agradecimiento.
— Habla— ordenó Hungerei.
Yu'Kao lo miró a los ojos con afectación antes de hablar.
— La tribu Ganzor pronto perderá su nombre, si no lo ha hecho ya— explicó, y aquellas palabras bastaron para confirmar los peores temores de su interlocutor.
Hungerei Khan, que siempre había tenido buena relación con la tribu Ganzor, lanzó un largo y tendido suspiro de tristeza. Su padre había combatido junto a Temur Khan contra la tribu Bayaar hacía muchos años. Eso había ayudado afianzar las buenas relaciones entre ambas tribus. Nunca competían por recursos, porque siempre se mantenían alejadas, y eran conscientes de que su igualdad en miembros y guerreros convertía cualquier posible enfrentamiento en una derrota para las dos tribus.
— Xaoyin Khan ha muerto— lo dijo como una afirmación, sin dejar lugar a la duda con una pregunta—. Lo han matado.
— Fue hace unas semanas, por la noche. Llevábamos una época de tensiones y enfrentamientos con algunos hombres de la tribu. Goro'Yao, Elbegedori, Agwang... ellos tres fueron las almas putrefactas que idearon la masacre— su voz se encendió por un momento y tuvo que hacer un esfuerzo notable para relajarse–. Desconozco si otros hombres se unieron para masacrar a sus enemigos... y desconozco a quien mataron... solo vi los cuerpos de... — tragó saliva—. la familia de Suyin. Y deduzco que también mataron a todos los hermanos de Xaoyin.
— Khulan...— murmuró Hungerei.
Yu'Kao asintió. Todo hombre que hubiese conocido a la hermana de Xaoyin, Khulan, la recordaba para siempre.
— La ira de Teylas caiga sobre ellos y envenene el aire de sus pulmones— siseó Hungerei. Después de una pausa, añadió:—. Pero lograste salvar a su hija.
— Así es- Yu'Kao asintió—. Nunca dormía con sus hermanos porque tiene el sueño ligero y la despertaban. Y yo lo sabía. Tal vez era el único que lo sabía.
— Me sorprende que no te intentasen asesinar a ti al mismo tiempo.
— Oh, lo intentaron— remarcó con ira esta última palabra—. Pero puse algunas trampas antes de acostarme. Nunca lo hago, pero esa noche... también dormí con la armadura.
Hungerei asintió.
— ¿Qué crees que habrá sucedido?
Yu'Kao reflexionó unos instantes, aunque ya lo había hecho todas las noches desde hacía muchas semanas, antes de dormir.
— Creo que han matado a todos los hombres que apoyaban los métodos de Xaoyin y que ejecutarán a las mujeres que no quieran someterse a ellos. La tribu quedará diezmada, pero no lo suficiente como para que sean débiles.
— Y tú, ¿que harás? Sabes que en la tribu Eighu te acogeremos sin dudarlo...
— Pero el día que Agwang o su hijo vengan a comerciar con vosotros, me verán. Además— negó con la cabeza—. Tengo otros planes para Suyin.
Hungerei se inclinó hacia adelante y dio un sorbo al te, escrutándolo con sus penetrantes ojos.
— Me la voy a llevar a occidente.
El Khan de la tribu Eighu esbozó una leve sonrisa de reprobación.
— Como tú y su padre hicisteis.
— Exacto— Yu'Kao se mesó los bigotes—. Si Xaoyin aportó tanto a la tribu Ganzor fue, entre otras cosas, por su viaje a occidente. Desde que volvimos y heredó el título de Khan, la tribu Ganzor tenía más recursos y era más fuerte. Imagínate lo que podrá hacer Suyin como Khan si añade a todos esos conocimientos, los que ella obtenga en su adolescencia. Xaoyin hubiese querido mandarla unos años por los mismos lugares en los que estuvimos nosotros, lo había mencionado varias veces.
— Y luego volverás para que Suyin recupere el liderazgo de la tribu.
Yu'Kao asintió e invitó a hablar a Hungerei cuando advirtió su mirada de recelo.
— ¿Después de... cinco, diez años, crees que, podrá recuperar a su tribu? La gente no recordará su rostro, y muchos habrán olvidado a su padre... y aunque le recordasen... se necesitan más de dos personas para enfrentarse a todos los guerreros de una tribu como la Ganzor... ni siquiera yo sé si...
Hungerei pidió ser interrumpido alargando aquella última palabra, como si no quisiese continuar, y Yu'Kao le obedeció:
— Primero, Hungerei Khan, te olvidas de todos los hijos de la tribu Ganzor desperdigados por el Taan. Xaoyin tenía amigos y parientes, y a ti te incluyo. También confío en que muchos de los hermanos y primos de mi Khan no se dejasen atrapar. Quién sabe, a lo mejor acude a ti otro en mí misma situación. Dices que, aunque Suyin fuese recordada, necesitaríamos una gran fuerza para recuperar la tribu. Y tienes razón, pero sé que cuando Suyin vuelva, será capaz de demostrar que merece la confianza de muchos hombres como tú. ¿Quieres acompañarme?
Salieron de la yurta. Obviamente, Hungerei iba delante.
— Mírala— dijo Yu'Kao, dando un golpe de cabeza hacia donde estaban los niños jugando.
Los pequeños hijos e hijas de la tribu Eighu estaban jugando a caballo y lobo. A Suyin le había tocado ser caballo, pero pese a ello, se mantenía firme. Estaba delante de los demás niños, protegiéndolos de la manada de lobos. Daba rápidas instrucciones y pedía información a Turgen, que protegía la retaguardia sin retroceder.
— Forman un buen equipo— señaló Yu'Kao— ¿Es tu primogénito?
— No— dijo el Khan, sin apartar la mirada del juego—. Es el primero de mi segunda esposa.
— ¿Otenjuur?
Volvió a negar.
— Otenjuur es la tercera. Este es el hijo de Turgewachir, de ahí su nombre. Es un niño valiente, sería un buen Khan... como Suyin.
— ¡¡Cuidado con el circulo de tu derecha!!-—oyeron gritar a la niña desde la lejanía.
Tenía una voz aguda todavía muy infantil, y el contraste con sus palabras llenas de valor estratégico hacía que el resultado fuese un tanto cómico a ojos de ambos adultos, que sonrieron al escucharla.
Estuvieron un rato observándolos, en silencio. Yu'Kao no tardó en deducir que el chico que lideraba a los lobos era el primogénito de Hungerei, y que le sucedería igual de bien o mejor que lo hubiese hecho Turgen si hubiese nacido primero.
— Lo será— dijo entonces Hungerei, llevándose como respuesta una mirada interrogativa de Yu'Kao—. Cuando vuelva, será capaz de demostrar que se merece mi confianza.
Yu'Kao tardó un segundo en entenderlo, y sonrió con complacencia. Volvieron a entrar a la yurta al cabo de unos minutos.
— Pero necesitará demostrarlo— advirtió Hungerei, que no necesitó más palabras para que Yu'Kao le comprendiese—. Y tú también tendrás que demostrar que no has cambiado, que sigues siendo el mismo noun, que no has olvidado a Teylas...
Yu'Kao no pudo evitar sonreír.
— Me recuerdas a Temur Khan cuando nos mandó a Xaoyin y a mí a occidente...
Hungerei gruñó, pero sin ofensa alguna. Después de una pausa, añadió:
— Si Suyin demuestra ser merecedora de mi confianza, entonces tendrá mi fuerza.
Yu'Kao asimiló aquellas palabras, las grabó en el fondo de su corazón como quién marca a fuego los cuartos traseros de un caballo.
— Teylas te honre en vida y muerte— dijo, a modo de agradecida respuesta.
Hungerei asintió, se sirvió otra taza de té y ambos bebieron durante unos minutos de mutismo absoluto. Cada uno pensando en sus cosas, cada uno reflexionando sobre sus acciones, sus palabras, su pasado y futuro.
— ¿Cuándo partiréis, y hacia dónde?
-—Empezaremos en Thesk, y así evitaremos Thay de forma segura— Yu'Kao empezó contestando a la segunda pregunta y continuó con la primera—. Y nos marcharemos... bueno, eso depende. Creo que quedarse algún tiempo con tuiganos, antes de partir, le iría bien a Suyin. No quiero que los últimos recuerdos que tenga del Taan sean la noche de nuestra huida y este breve encuentro.
— Entonces, ¿quieres quedarte aquí, con los Eighu, durante un tiempo?
Yu'Kao asintió respetuosamente.
— Si me lo permites, ese sería mi deseo.
— Tienes mi permiso, Yu'Kao Batbayar.
Yu'Kao y Suyin se quedaron con los Eighu durante dos meses. Alargaron un poco más la estada en la tribu para esperar el paso de una caravana por la zona más próxima del Camino Dorado.
Aquellos dos meses fueron como un bálsamo curativo para Suyin. Sí, seguía llorando por las noches, pero con mucha menos frecuencia. Ya no tenía miedo de todo y, aunque seguía siendo mucho más prudente de cualquier niño de su edad, la mejora era notable. Turgen la ayudó muchísimo. En esos dos meses, se hicieron inseparables. Jugaban juntos, Suyin le acompañaba cuando había que vigilar al ganado, recoger leña, transportar agua... Turgen le presentó a todos los niños de la tribu, y siempre andaban correteando por ahí.
También, Yu’Kao empleó esos dos meses para reunir todo lo necesario para el viaje, dado que aparte de las ropas de ambos, la armadura de él y sus respectivas dagas, no tenían nada más. Yu'Kao trabajó para poder pagar todo lo necesario para el viaje. Principalmente, intercambió conocimientos con el noun de la tribu Eighu, aunque en realidad era el ganzorita quién compartía su sabiduría. También se dedicó a ejercer de sanador, tanto para los miembros de la tribu como para sus caballos y ganado. Ayudó al noun a preparar ungüentos, bálsamos y medicinas de todo tipo para próximas ocasiones. También ayudaba en las batidas de caza y en cualquier tarea que requiriese a un hombre fuerte. Así, se ganó los materiales y las herramientas que necesitaba.
Tejió y curtió el mismo algunas piezas de ropa, y remendó las que ya tenía. Se fabricó unas alforjas y Suyin aprendió a su lado y se hizo las suyas propias.
En ellas metieron los platos y cucharas que ellos mismos tallaron, algunas de las medicinas y vendas que Yu'Kao había preparado y provisiones para muchas semanas. Empaquetaron montones de tiras de carne seca. Metieron las cuatro piezas de ropa que Yu'Kao había tejido, así como dos pellejos de agua y dos viejas y gruesas mantas que el Khan les regaló.
El día de la marcha también les regalaron una vieja tienda de campaña, un poco mejor que la que se les destrozó en aquella horrible tormenta, y un caballo de fuertes patas que aguantaría el peso de ambos hasta que pudiesen comprar otro.
Aquel día, Otenjuur se acercó a Yu’Kao y le puso una bolsa de tela basta en las manos. Dentro, había algunas galletas de masa tosca y unos cuantos pastelillos de carne y hierbas.
— Para el camino, Yu'Kao. Turgen me ha dicho que a Suyin le gustan mucho.
Suyin se encontraba alejada unos pasos, con una enorme mochila a su lado, cargada hasta casi reventar. Estaba con unos amigos, con Turgen a su lado, despidiéndose.
Yu’Kao quiso dejarle aquel momento de intimidad y retiró la mirada. No estaba bien que controlase incluso aquellos instantes de su vida, así que abrazó con fuerza a Otenjuur. Luego, abrazó a otros miembros de la tribu que les habían acogido con especial cordialidad, y finalmente aceptó las riendas del caballo de mano de Hungerei Khan.
— Ki’Tuur es un buen caballo— dijo el hombre, mirándolo directamente a los ojos—. Etugen lo ha bendecido con fuertes cuartos traseros y Teylas le ha dado un buen aliento.
— Gracias, Hungerei Khan, Teylas te bendiga a ti, a tu familia y a toda la tribu Eighu. Que cuide de todos durante muchas generaciones hasta que las estrellas se apaguen. No sé que habríamos hecho sin vosotros.
Yu’Kao le estrechó la mano a Hungerei, cogiéndolo hasta la altura del antebrazo derecho. El Khan hizo el mismo gesto, pero al final le pasó la otra mano por sus hombros y le dio un abrazo casi fraternal. Luego, Yu’Kao cogió a Suyin, que tenía la mirada ligeramente entristecida, y la subió a lomos del caballo. Mientras Yu’Kao cargaba las alforjas, Hungerei rodeó al equino para acercarse a Suyin, dejando el rostro a la misma altura que el de la niña, incluso un poco más bajo.
— Suyingerei— dijo, sonriendo ligeramente—, estoy seguro de que cuando nos volvamos a ver serás un guerrero tan fuerte como tu padre.
— Gracias, Hungerei Khan— contestó la niña, con la mirada ligeramente impresionada por aquellas palabras.
El hombre le puso una mano en el hombro y la miró directamente a los ojos. Pero, por sorpresa de la niña, no dijo nada. Solo asintió levemente y luego se apartó para que Yu’Kao pudiese montar.
— Volveremos a vernos— afirmó el líder de la tribu Eighu.
— Por Teylas que sí.
No hubo más palabras. Ya estaba todo dicho. Yu’Kao lanzó al aire un grito para azuzar al caballo, que salió especialmente agitado por su nuevo jinete. El noun no miró hacia atrás. No porque no lo desease, sino porqué no quería distraerse al cabalgar a un caballo tan grande.
Suyin sí se giró. Casi no pudo verlo, ya que tras de ella toda la envergadura de Yu’Kao le tapaba casi la totalidad de la visión. Pero, aun así, vio a los miembros de la tribu que se habían reunido para despedirle. Vio a Turgen, al lado de su padre, agitando una mano.
Sus caminos se cruzarían solamente siete inviernos más tarde.