Había regresado junto al resto de aventureros tras poner fin a la amenaza drow e ilícidos, el regreso fue difícil, cansada por la fatiga y las heridas. No podía evitar sentir parte de pena, e incluso, culpa, al saber que habrán personas que no podrán recuperar sus recuerdos.
Suspiraría, no era el final deseado, pero tampoco era lo peor que podía haber ocurrido: Lograron salvar los recuerdos de uno de los aventureros, Vraask, y la amenaza había sido resuelta, pues habían fallecido todos los drow, salvo uno, uno que había decidido rendirse, alguien que sólo estaba allí por pura supervivencia, o eso decía.
Su mirada permanecía en casi todo momento en aquél drow que acompañaba al grupo tras haber sido convencido de ser ayudado, de ser guiado por el camino de la redención, pero Brizaelinth era consciente de ello, ese camino no es fácil ni corto, pues implica enseñar y vigilar por igual, pues la traición de un drow podría llegar en cualquier momento y lugar.
Cuando llegaron a Athkatla se despidió del grupo de aventureros, aliviada al saber que habían confiado en ella para hacer lo necesario por aquél drow que buscaba dejar atrás su vida anterior, y tomaría una carreta junto al varón para que los llevara a Púrskul.
Miraría al varón durante el viaje, con la comodidad del asiento de la carreta donde iban. Si bien no era el lugar más cómodo, tras el cansancio de la aventura le parecía hasta acogedor. Finalmente hablaría con el drow, una conversación tranquila, simple, para que ambos pudieran conocerse un poco mejor.
Cuando la carreta llegó a Púrskul ambos bajaron y se encaminaron a la posada del Grano Maduro, donde la elfa oscura alquiló una de las habitaciones más cómodas y la ofreció al drow para que descansara, con la promesa de volverse a ver tras haberse recuperado ambos.
Un camino incierto depara a este drow, una nueva historia que aún está por escribir.