SilverLaw
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Nació en el seno de una familia de clase media acomodada en el Valle de Minsor, su madre sostuvo a la pequeña y sonrosada criatura, orgullosa de su hija. El bebé de blanquecinos cabellos tardó en abrir los ojos, unos azules gélidos ojos iguales a los de su padre. Helm la había escogido por su pureza de corazón, aunque tan pequeña no era consciente de ello.
Los años pasaron en el Valle, y el bebé se convirtió en una niña de melena blanquecina, que, a pesar de ser adorable, los otros niños se solían alejar de ella, unos con miedo, otros con desconfianza entre burlas a su cabello. Aun así, su alma no se ensombreció nunca, inquieta siempre por ver más allá de los enormes muros y bella ciudad.
Pasó la niñez escuchando las historias de su abuelo, Paladín de Helm, sobre sus aventuras y para ella heroicas actuaciones para defender la ciudad de Minsorran de los servidores del mal. Inspirada por ellas, salió de sus muros con ocho años, aunque no sabía lo que desataría tal temeridad. Con ansias de ayudar a los demás desde tan pequeña, se topó con dos jóvenes que discutían, lo que pudo entender algo sobre una chica mientras escuchaba sentada no muy lejos. La discusión se acaloró, de las palabras empezaron los gestos hostiles, lo empujones y algunos golpes. Helena se inquietó sin saber qué hacer, aunque actuó sin cómo hacerlo en cuanto uno de ellos tomó una piedra para golpear el otro, la niña con un grito de desesperación por frenar tal acto violento, desató un rayo de escarcha sin saber ni como lo hizo, congelando el brazo del joven.
Al haber despertado su sangre de innata, los ciudadanos aún la miraban con más recelo, incluso ella misma temía poder hacer daño a otros sin quererlo. Su abuelo, al enterarse de su incidente, pidió ayuda a una joven innata que había conocido combatiendo a unos gnolls cerca de la ciudad. Esta accedió, apenada por la situación de la niña y le enseñó durante unos breves años a usar su magia, así como la hizo estudiar sobre conjuros, aunque apenas podía hacer más que una pequeña esfera de luz.
Ya convertida en una joven hecha y derecha, con catorce años. Se le fue rebelada la misión que el Vigilante había escogido para ella, la había escogido, así como a su abuelo antes que ella y muchos otros de sus antepasados. Su abuelo, retirado por vejez hacía ya años, se encargó de enseñarla para que estuviera preparada para el mundo que la esperaba fuera de los muros del Valle de Minsor. Instruyéndola en el manejo básico de las armas, así como de las armaduras y su cuidado.
Cuando ella misma se vio preparada para proteger a otros, partió hacia Athkatla en busca de mejorar y cumplir con su deber como elegida de Helm como su Paladina. Tardó unas semanas tras meditar su código, siguiendo su corazón, cuando lo hizo público en el templo de Helm a los oídos de su patrón, así como de los más cercanos a ella.
Los años pasaron en el Valle, y el bebé se convirtió en una niña de melena blanquecina, que, a pesar de ser adorable, los otros niños se solían alejar de ella, unos con miedo, otros con desconfianza entre burlas a su cabello. Aun así, su alma no se ensombreció nunca, inquieta siempre por ver más allá de los enormes muros y bella ciudad.
Pasó la niñez escuchando las historias de su abuelo, Paladín de Helm, sobre sus aventuras y para ella heroicas actuaciones para defender la ciudad de Minsorran de los servidores del mal. Inspirada por ellas, salió de sus muros con ocho años, aunque no sabía lo que desataría tal temeridad. Con ansias de ayudar a los demás desde tan pequeña, se topó con dos jóvenes que discutían, lo que pudo entender algo sobre una chica mientras escuchaba sentada no muy lejos. La discusión se acaloró, de las palabras empezaron los gestos hostiles, lo empujones y algunos golpes. Helena se inquietó sin saber qué hacer, aunque actuó sin cómo hacerlo en cuanto uno de ellos tomó una piedra para golpear el otro, la niña con un grito de desesperación por frenar tal acto violento, desató un rayo de escarcha sin saber ni como lo hizo, congelando el brazo del joven.
Al haber despertado su sangre de innata, los ciudadanos aún la miraban con más recelo, incluso ella misma temía poder hacer daño a otros sin quererlo. Su abuelo, al enterarse de su incidente, pidió ayuda a una joven innata que había conocido combatiendo a unos gnolls cerca de la ciudad. Esta accedió, apenada por la situación de la niña y le enseñó durante unos breves años a usar su magia, así como la hizo estudiar sobre conjuros, aunque apenas podía hacer más que una pequeña esfera de luz.
Ya convertida en una joven hecha y derecha, con catorce años. Se le fue rebelada la misión que el Vigilante había escogido para ella, la había escogido, así como a su abuelo antes que ella y muchos otros de sus antepasados. Su abuelo, retirado por vejez hacía ya años, se encargó de enseñarla para que estuviera preparada para el mundo que la esperaba fuera de los muros del Valle de Minsor. Instruyéndola en el manejo básico de las armas, así como de las armaduras y su cuidado.
Cuando ella misma se vio preparada para proteger a otros, partió hacia Athkatla en busca de mejorar y cumplir con su deber como elegida de Helm como su Paladina. Tardó unas semanas tras meditar su código, siguiendo su corazón, cuando lo hizo público en el templo de Helm a los oídos de su patrón, así como de los más cercanos a ella.