Novedades

La baraja trucada

Malaventura

Perro de Dan
Registrado
2/10/15
Mensajes
1,060
AG.png


Anney.jpg


no title

  • - Nombre de la cuenta: Malaventura
    - Nombre completo del PJ: Anney Gallaway
    - Raza: Humano
    - Edad: 21 Años
    - Clase de personaje: Pícaro-bardo
    - Deidad: Milil. La vida no es más que una canción. Oghma, Valkur, Tymora.
    - Lugar de nacimiento: Velen. Cuna de espíritus. Tierras de la Intriga, Tethyr
    - Idiomas: Común, Chondathano.
    - Alineamiento: Caótico Neutral


    Descripción de personaje:

    Anney es intensa. Suele llamar la atención: ya sea por su físico, ya sea por la energía que desprende o por su peculiar sentido del humor. Pelirroja como las zanahorias a las que les ha dado demasiado el sol, acostumbra a llevar su pelo suelto y en movimiento. Si la situación lo precisa, no dudará en hacerse un moño destartalado, habitualmente atravesado por alguna rama, carboncillo o similar. Su rostro, dominado por unos grandes ojos azules como los mares que le gusta recorrer; son inquisitivos y despiertos, lo que acompaña a una manifiesta altivez.

    De carácter es una joven vivaz, aunque algo volátil en el trato según el viento que sople. Es astuta e ingeniosa y a veces, con frecuencia, le pierde la lengua. Una completa buscavidas que ha burlado a la mala fortuna ya en demasiadas ocasiones.

    Gusta de vestir con ropajes ajustados y cómodos, que le permitan moverse como si de un baile se tratase. Al cinto lleva siempre a su inseparable familia; su estoque “Romancera” y su arma de fuego “Chispa”. Anudado a su saquillo, lleva siempre un pañuelo con un arpa bordada en su tela.

    Se la suele ver con un violín en mano cuando no está burlando a la suerte con una baraja o enterrada entre viejos tomos en busca de conocimiento. Curiosa. La vida para ella es una aventura acompañada de una buena canción.


A.png
 

Malaventura

Perro de Dan
Registrado
2/10/15
Mensajes
1,060
baraja.png


d38aca2fbdc2c6c33ee75d21e741aa9c.jpg


En algún lugar incierto, tan incierto como puede ser una posada en la ciudad de Velen y frente a una mesa de astillada y mugrienta madera, el caprichoso destino ha decidido jugar una partida nuevamente. Con ágiles manos remueve una desgastada baraja una vez y otra vez y otra vez, hasta que dejan de moverse.

Es entonces cuando el tiempo parece haberse detenido, roto únicamente por un ligero soplido que eleva de la baraja una de las cartas, haciéndola caer rítmicamente en el centro de la mesa, en el centro de la partida. La Carta cae boca abajo justo pegada a las otras dos que ya están en juego: La más cercana representa una casa y una mujer y aparece girada, la otra carta está en espera, se trata de una joven de cabello pelirrojo con un violín en mano.

La nueva carta es levantada con rapidez, pues el destino tiene prisa por jugar. Y descubierta por fin, la carta entra en juego:

letras.png


581c74a10502717b684b90c3cda6fe1c.png

el%2Bloco.png


Dicen que el paso del tiempo es un bálsamo para los sentimientos encendidos, una cura para los males acaecidos, como el oleaje que se lleva de la playa los cuerpos caídos o la lluvia que limpia las calles de los despojos vertidos. Pudiera ser cierto en la mayoría de los casos, pero en esta ocasión, ese amplio espectro de tiempo solo me sirve para remarcar mi determinación, determinación que tras casi una vuelta del calendario de Harptos se torna dañina y aparece para mostrarte lo que ahondaba sin querer salir; sentimientos que afloran y te muestran que aquella a quien pensabas odiabas, en realidad te importa. En realidad, te importa un carajo. Pero el honor de la casa es el honor, y la ilustre casa de A, no merece su caída por los azares del destino.

Casi un año ha pasado desde que la malnacida de mi madre perdiese nuestra casa en una partida de cartas. Más de medio, desde que me jugase yo mi dignidad en otra partida; con misma baraja e igual jugador, aquel que llaman El loco y dejase la tierra de Cabo Velen a su suerte para embarcarme en un navío que iba a llevarme hacía lo desconocido. Eso estaba bien, pero la búsqueda, el pago, aquello era ridículo.

De manera no demasiado ortodoxa logre que un viejo capitán me llevase hasta Puerto Helm. Mi viaje fue afortunado, me place. Pero sé que algunas cartas se giraron en el transcurso y quizá sean el inicio de una nueva partida. Por el momento, no se han movido. El anciano, con la experiencia de los años y de las batallas ganadas al mar, sorteó las olas para virar a la contra y llegar hasta el puerto de aquellas tierras que esperaba me acogiesen de buen grado.


assassins_creed_iv_conceptart_bxUQU.jpg
 

Malaventura

Perro de Dan
Registrado
2/10/15
Mensajes
1,060
*Un leve soplido mueve la primera de las cartas, aquella que aparece girada sobre la mesa; y la mano ejecutora la pone en juego*.

letras-2.png


El%2Bhogar.jpg

el%2Bhogar.png


Es entonces cuando los cimientos se quiebran, solo en el momento en que decidimos hurgar en las raíces, en el pasado, el hogar y la familia.​


Despertaba un día más en una vieja casa de la llamada Colina de las viudas, tras la amurallada ciudad de Velen; que amanecía con la bienvenida de una soleada mañana y la clásica sonata matutina interpretada por el graznido de las gaviotas adentrándose en terreno de cuervos. Sus peleas no distaban demasiado de las de otros animales: territorio, alimento y familia. Protección y hogar es un común que nos define como seres sintientes. Abrí los postigos de madera dejando entrar la brisa fresca y la luz a mi habitación, me asee, me vestí y violín en mano, descendí las escaleras resignada ante la estampa que de seguro iba a encontrarme en la cocina, y así fue.


Cómo una escena pintada al óleo por un buen maestro, la pintura de mi vida se mostraba ante mi, por más que tratase de borrarla del lienzo, era permanente. En la escena central de la cocina y tirada de cualquier manera sobre la mesa de madera maciza; se encontraba aquella que me había traído al mundo. Prefería no llamarla madre y normalmente usaba el término de la Puta o la mal nacida de aquella de me puso el nombre. Lo de puta no era ofensivo, es lo que era, pues se dedicaba al oficio más antiguo de nuestra existencia. Lo de mal nacida, si venía con algo de inquina, y es que tenía serios problemas para controlar su afición por la bebida, por el juego y por las baratijas brillantes. De una de sus noches de oficio, le debo vida y nombre. Por lo demás, todo mi afán era vender aquel lienzo a un buen comprador o traspasarlo y hacerle un buen tajo con mi estoque.


La fruta fresca que traje del mercado la tarde anterior, ganada con mi interpretación al violín entre otras cosas, no lucía el mejor aspecto, quizá fuese mejor que sirviese como naturaleza muerta para aquel lienzo perenne. Quizá, si dejase a un lado la lealtad y el honor la pintura cambiase por la pátina del tiempo. Para un nacido en Cabo Velen, eso era algo casi imposible. Y aquella lealtad por una casa y familia en ruinas se había tambaleado aquella pasada noche.


pvelen.jpg


***​

Lo supe nada más traspasar la puerta de la afamada Posada de Morgan donde trabajaba, conocida en toda la península del Cuello del Dragón por dos hechos destacados: en primer lugar, por la cabeza de dragón tortuga que reposa sobre la chimenea y cuya muerte se debe al capitán Morgan, que es en sí, mejor dicho, su fantasma, el segundo hecho que da notoriedad a la posada. Su espectro sigue bebiendo en la taberna, animando y atrayendo a los visitantes.

on-historical-grit-the-art-pillars-of-assassins-cr_n5ur.jpg


Como decía, lo supe nada más traspasar la puerta. Todas las miradas que me dirigían no eran las de costumbre; había compasión y pena en aquellos ojos que evitaban mirarme fijamente, evasivos. No tarde demasiado en saber de mi destino y como era de suponer la mal nacida de mi madre había apostado demasiado alto, la partida contra alguien que llaman el loco. La pérdida: mi casa, mi hogar, mi nombre y mi honor.


—Ahora bien, tan solo queda batirse en duelo. Por ahora, la baraja manda.


El hogar es destruido por el loco, ¿Podrá la tercera mano ayudarme?​
 

Malaventura

Perro de Dan
Registrado
2/10/15
Mensajes
1,060
Una nueva carta entra en juego y se desvela para mostrar:

terceramano.png


El%2BViolin.jpg


el%2Bviolin.png


Cuando perdemos aflora el miedo, cuando aflora el miedo, le suceden la locura y el ingenio.​



Toda familia crea un estigma, una marca imborrable que nos hace, aunque no queramos, ser lo que somos hoy. Mi estigma es para enorgullecerse.


Fui una pequeña astuta y traviesa, como cualquier niño feliz que no teme a nada y se siente seguro. Las noches de mis primeros años las recuerdo arropada por mi hermano mayor, que me contaba historias de los confines y de tierras lejanas. Fui creciendo bajo su amparo y tutela, pues el oficio nocturno de madre y su afición por el alcohol han sido desde siempre, sin tragedia alguna que lo provocase. Con ocho años ya me entrenaba en el uso del estoque y la espada corta, y no por presumir, pero bailaba la danza de las armas, mucho mejor que Tide, pues así se llamaba mi hermanastro.



duelist.png


Sería a mis diez primaveras, cuando empecé a madurar de forma forzosa; y es que la muerte de mi hermano trajo consigo el miedo que nunca antes había sentido. Temí a la noche, temí por primera vez a la oscuridad, pero sobre todo temí el silencio de una casa vacía, deshabitada y solitaria.


Hallé refugió en el estudio de la música, encontré calma para mis penas en cada nota que salía de mi violín y comencé a comprender que la música, no sólo amansa a las fieras. También sirve de espejo y a su vez de mascarada, de velo.


violinist_by_monika_es.jpg


Aprendí a trazar un velo rígido a mi alrededor, un campo ilusorio que ocultaba mis miedos bajo la máscara de la chanza y la risa; y poco a poco, me fui trazando un nombre como la alegre y aguda Anney.


Nadie me miraba con pena por la pérdida de mi hermano, nadie murmuraba sobre mí por los quehaceres indecorosos de mi madre, ya no. Y quien lo hacía, quedaba expuesto a batirse en duelo, eso si antes no caía por mi embrujado bajo los ardores de la taberna.


Me hice respetar. Me hice desear. Hasta que con mis canciones, a los muertos decidí importunar.


La carta del violín aplaca al loco, dándole un turno extra que permite jugar otra carta hasta que este haga su siguiente movimiento. ¿Recuperará Anney la carta de hogar?, o acabará en la pila de descartes de loco. El Violín ha sido una buena mano, pero ¿será suficiente?
 

Malaventura

Perro de Dan
Registrado
2/10/15
Mensajes
1,060
Los postigos cerrados y las puertas selladas no impiden sentir un escalofrío a todos los presentes en una taberna cualquiera de Velen. Todas las miradas se posan en Morgan, que con toda su incorporeidad, agita los espectrales brazos y exclama:
—¡A mí no me miréis! Y sin embargo, el frío enturbia la estancia, las velas titilan menguando su llama hasta casi mínimos, solo un instante. Cuando la llama vuelve a su ser, la carta de la siguiente mano se encuentra volteada sobre la mesa y en juego, esperando a ser girada. Y en la mesa de la disputa, una nueva presencia inclina la balanza.


cuarta.png


El%2Bespectro.jpg


el%2Bespectro.png


El espectro no es otra cosa que el comodín de mi baraja. Lo gané hará ya dos festividades de Estival, en una noche que unos consideraran funesta y, otros en cambio, opinaran que Beshaba perdió el envite. Opinólogos hay muchos, y no seré yo quien juzgue por el momento, el resultado que a día de la partida, con la baraja trucada, parece beneficiarme. Fue una noche en que tras salir de la Taberna y emprender el camino de vuelta a casa, decidí dar un paseo y disfrutar, si es que todavía quedaban, algunas de las celebraciones de la festividad anual de estival. Lo que me encontré no fue una fiesta precisamente.

En un angosto callejón que sube hacía la mansión de Millvuthan, escuché un quejido lastimero. Detuve mis briosos pasos para en la calma nocturna hacerme idea de que era aquello que había escuchado, si se trataba de un quejido placentero u otra cosa. Calma y silencio fueron rotos por otro ahogado grito, para nada se trataba de los gemidos de placer de una dama, ni de aquellas que disfrutan con prácticas más dolorosas. Bien había visto ya de eso, unas cuantas cosas. No sé bien que me impulsó a acercarme: el instinto, quizá la sinrazón, pues lo que vi al llegar al lugar del que procedía aquel sonido me heló mi templado corazón.


callejon.jpg


Se trataba de un callejón todavía más angosto y pestilente que el anterior. Sin salida alguna. En su final, empotrada contra el muro se hallaba una mujer con las vestimentas rasgadas y su pecho descubierto; sollozaba impotente, sin fuerzas ya para resistirse al agarre de un hombre que por lo menos le sacaba cabeza y media. Había signos de lucha, y manchas oscuras que brillaban con la plateada luz de Selûne. Sangre, hedor, sudor y un conocido aroma a algo que no se podía llamar hombre.

—Sin duda no entiendes la lengua de estas tierras, forastero. Pues un “No”, quiere decir: no. —Me acerqué tratando de llamar su atención sobre mí—. Pero no penéis, que puedo enseñároslo en una lengua a la que sin duda estaréis más acostumbrado.

El brillo de Romancera, mi espada ropera, me dio fuerzas; como si de un claro rayo de esperanza se tratase, para acercarme tanteando al cuerpo del hombre.

—Mal nacido seas, si a mujer has de enfrentarte, que sea conmigo esta noche.

—Furcia mal parida —Escupió el tipo girándose para mirarme—. ¿Acaso crees que no puedo con las dos?, Perra insidiosa, no serás tan brava cuando te ponga mis manos encima.

—Te reto a ello. —Con el recuerdo y el entreno de años junto a mi hermano, me fui moviendo alrededor del hombre, con un baile elegante que me permitía mantener las distancias lo suficiente para esquivarle si se acercaba demasiado.

El hombre, por llamarlo de alguna manera, se subió los pantalones que llevaba a media pierna. Gruñó y maldijo como si se tratase de una bestia y embistió contra mí, con la misma y torpe furia que un cabestro. No me fue difícil esquivarlo, una, dos y hasta tres veces, hasta que escuché el movimiento de la mujer en el callejón y perdí mi concentración. No sé qué me dolió más, si el golpe contra los adoquines, o la rodilla del hombre clavándose en mis costillas. O mi orgullo caído, quizá esto último.

—Corre —Increpe a la mujer pudiendo ver por fin su rostro—. Corre por tu vida y que veas un nuevo día.

Escuché los pasos alejarse, y aquello me satisfizo. Si iba a morir, lo haría con honor. Acababa de salvar una vida, la lástima es que la mía acabase tan pronto y en aquel pútrido callejón. Pensé en rogar por mi vida, pero mi manera de hacerlo era cuanto menos peculiar. Recordé una vieja sonatina que me cantaba mi hermano en las noches lúgubres, aquellas donde el miedo me vencía y con la presión ejercida por aquel cabrón comencé a entonar la susodicha canción:


Eres para mí la más bella,
la más tatuada por el viento
como un arbolito del sur,
como un avellano en verdor.
Eres para mí suculenta
como una panadería,
es de tierra tu corazón,
pero tus manos son celestes.​
Fragmento. Testamento de otoño. Pablo Neruda.​

Mi cantinela pareció embrutecer al hombre que tenía encima, que enfurecido me rasgó mis ropajes. No iba a preocuparme por presentarme desnuda ante un cenutrio, pero maldita mi estampa. Comencé a cantar más fuerte cuando la callosa y sucia mano del tipo toco mi pecho. —Joder...no iba a consentir aquello.

Me quedé quieta y en silencio, dejando creer al necio que me tenía. Asqueroso era su aliento, asqueroso lo que lo siguió. Un instante me bastó; en cuanto aflojó su pierna de mis costillas y comenzó a jadear sacándose lo que no voy a mentar, estirase yo mi mano rauda al cinto.


a-m.jpg

El estallido quebró los babeantes jadeos del hombre, que pasaron rápidamente a ser quejidos y llantos. El olor a pólvora embriagó aquella noche mis sentidos, y pensé, cuando vi caer al mal nacido a mi lado y dejar su vida entre estertores, que debía felicitar a sus inventores. Lantán, creo recordar.

Fuera como fuese, parece que Tymora veló por mí aquella noche, por mí y por aquella mujer de la que me hice amiga íntima. Ella no corrió tan buena suerte, pues unas fiebres se la llevaron dos años después. Nos vimos en alguna que otra ocasión tras fallecer, pero nunca cruzamos palabra alguna. Su alma en pena rondaba el callejón por las noches, y mis estudios sobre espectros, aunque avanzaban, no habían conseguido nada para que aquella alma atormentada dejase por fin este mundo.

Y ahora lo tenía ante mí, ofreciéndome terminar la partida.


Déjame disputar por ti este duelo, usa el comodín. Déjame ayudarte a devolver tu honor, él Loco me debe un favor, yo te lo debo a ti. Tú eliges Anney; seguir hasta la última mano o que lance el duelo. Te he visto buscando respuestas, tratando de encontrar la manera en que yo deje de vagar sin rumbo. Disputa el duelo, gira la carta, usa el comodín y libérame.


***​

La taberna de Morgan quedó en absoluto silencio. Junto a la mesa donde se disputaba la partida todas las miradas estaban puestas en Anney, esperando ver si giraba la carta del espectro y la ponía en juego, o usaba la quinta mano.
 

Malaventura

Perro de Dan
Registrado
2/10/15
Mensajes
1,060
Quinta.png


Para deleite de los parroquianos, Anney gira la carta , el comodín es usado y el duelo lanzado. Ahora si, por mi honor, no queda sino batirnos.

El%2Bduelo.jpg


el%2Bduelo%2Bfinal.png


La vida no es más que un envalentonado duelo, si te confias, si te relajas, te da el zarpazo definitivo.​

Pasé una gran parte de la noche sin dormir, presa de sudores febrosos que proporcionaban a mi testa una actividad desesperante, imaginando y acrecentando con ello los sudores. Pensé que la enfermedad me había de sobrevenir aquella noche, obligándome a quedarme en cama. ¿Qué sería entonces de mi honor?, ¿Dónde quedaría el apellido Gallaway?


Felizmente, con los primeros rayos de Lazhánder, los sudores habían desaparecido y mi templanza era la de siempre; si había de morir aquella noche la acompañaría de la mejor canción compuesta en todo Tethyr y más allá. El día pasó tranquilo, demasiado lento; y las campanas de la cercana Casa de los Leales, dieron las siete. La que dice llamarse mi madre entró en mi habitación con el rostro de una mujer a la que la mala vida le ha robado años prematuramente, y con un tenso abrazo, demostró el cariño escaso que me tenía. No debía ser tan escaso o quizá es que el interés de tener techo, comida y cama le había devuelto el instinto materno. Pues apartándose con brusquedad me ofreció un valioso presente.

2231-670x385.jpg


—Aquí tienes una espada ropera de renombre, forjada en Aguas Profundas y empuñada por un afamado bardo de Nuevo Olamn, tu padre. Mira si el peso te conviene.—Arrojando el arma sobre mi lecho.


No era momento de pensar en pasados y familia, aquello ya llegaría.Tomé la ropera examinando su punta, su agarre y el peso al blandirla en el aire. Me satisfizo. Leí las letras que llevaba grabadas y que apenas se veían, pero no entendí nada de aquellas palabras: Tel'Teukiira. Tampoco era algo para pensar hoy. Era una magnífica ropera, a la que bauticé igual que todas sus predecesoras; Romancera. —Con tan buen arma no hay honor que perder.

Las campanas volvieron a sonar.

dcd1b3157300457b1c80bad5e97a54d0.jpg


No había vítores, no había júbilo, ni siquiera parecía que rodaran las jarras de mano en mano. Tan solo el cadente golpeteo de las gotas de lluvia rompían la quietud del ocaso que mis ojos contemplaban en ese instante desde el marco de una puerta que quizá cerraba por última vez, por alguna razón pensé que me recordaba todo aquello a una marcha fúnebre. Tal vez lo era, pues si el loco ganaba mi muerte en vida estaba clara. Caería mi hogar entregado a su antojo, perdería mi casa, ni nombre y mi dicha. Por no hablar de que no había nacido yo para ser entregada a hombre sin mi consentimiento. Si ganaba, y eso esperaba, la casa volvería a pertenecernos, mi honor en cambio, dependería de una entrega absurda. Más vale el absurdo que perder el honor, la libertad y la alegría.


Bajo tan halagüeños pensamientos me amparaba, mientras mantenía mis dedos entretenidos en cerrar cada uno de los cordeles que ajustaban mi juboncillo y procuraba que el silencio reinante no me amilanase. Quedé complacida al cerrar el último, calé mi capelina, me rodee con la capa y salí con bravura al encuentro de mi rival.


El silencio me acompañó hasta el lugar elegido como campo de honor. La plaza de los Leales se encontraba menos llena de los esperado, aún así había concurrencia. Me acerque al extremo que me correspondía, marcado con mi pañuelo de arpa bordada y contemplé sin disimulo a mi contrincante.


El mote de “El Loco” se lo había ganado a conciencia, sin embargo nada en su porte altivo, eso sí, ni en su rostro imberbe hacía ver a priori su locura interior. Me erguí en mi posición:


—Aquí me tienes, presta y dispuesta a recuperar aquello que es mio. —Lancé mi cinto a veinte pasos de la marca trazada por los pañuelos como campo de duelo y observe, ahora sí, en los ojos de mi rival un atisbo de esa locura. Esperaba que no pidiese muerte.


24eb41e16297ae8b4f625702f205e983.jpg



—Valiente eres Anney Gallaway, pero tus esfuerzos serán nulos. Pienso cobrarme lo que por derecho le gané a tu madre. Y hace ya demasiado tiempo que te tengo ganas.


Eche hacia atrás con un limpio manotazo mi capa como única respuesta y avancé tres pasos desde el marcaje del pañuelo. Me detuve, al mismo tiempo que lo hacía mi rival y coloqué a la altura de mis ojos a la nueva Romancera e inhale todo el aire posible esperando la señal.


—¿A muerte o a honor y sangre? —Se escuchó una ronca voz rompiendo el silencio—.


—A honor —respondimos el loco y yo al unísono—.


—Aceptados los términos, que comience el duelo.


8627b5623cd9898d15c58f2ebd680f05_original.jpg


Los hierros se cruzaron al mismo tiempo. El loco conservaba su sangre fría, dando muestras de más bravura que de locura. Era ducho en el combate y tenía una fuerza corporal superior a la mía, que, acusaba ahora la noche de sudores e inquietudes pasada. Paré sus estocadas sin avanzar por el momento, tratando de cansarlo. La resistencia y mi paciencia pareció irritarle, dejando asomar la pasión y locura. Aproveché este cambio para avanzar y tratar de asestar una herida en el pecho, pero la resistencia con que lo frenó, me hizo trastabillar. Rodé y me incorporé; el loco había palidecido, muestra clara que todo habitante de Velen conoce, de que en un hombre valiente la palidez no indica sino un exceso de ira. Dicho y hecho, con gran furor y pericia redobló sus ataques, batiendo mi espada y lanzándose sobre mí, que hubiera perecido sin duda alguna de no haber agudizado el ingenio. Me agaché para esquivar la espada y en el ejercicio, descolgué la capa de mi hombro y la lancé a la altura de los ojos de mi adversario. Basto con llevar sus manos a apartar la capa para que lanzase a mi Romancera contra él, con tan buena dicha que rozo carne y cayó al suelo. El loco se levantó en seguida, y su primer impulso fue recoger su espada, que se le había escapado en la caída, al girarse para arremeter contra mí pudo ver la sonrisa que enmarcaba mi semblante, advirtiendo entonces el loco, que su camisa estaba ensangrentada y su honor perdido.

***​

Mi honor intacto, mi nombre con mayor sonoridad y en cuanto a los términos acordados sobre lo que había de conseguirle al Loco, no lo veía ni tan mal. Si había que embarcarse hacia aquellas tierras exóticas, lo haría. Sí había que conseguir una pluma de loro albino maztiqueño, lo haría. Solo había algo que me inquietaba, y no era la promesa hecha al loco, más bien la palabra que dí al espectro de la mujer que había pagado su deuda y cuya alma por fin había dejado este mundo. ¿En qué estaba pensando al prometer semejante locura?

—Dame tu palabra, Anney
—¿No sería más sensato y mejor empleada la palabra en estudiar otro tipo de arte?
—No Anney; alzados, espectros e insepultos; estúdialos.
—No me place, pero si así tu alma descansa por fin, lo haré. —Terminé por entregar mi palabra, pensando que acababa de salir de un lance y ya estaba metiéndome en otro—.
—Tu palabra, Anney
—Pardiez, que la tienes. — Mi sello quedó estampado en aquella carta de palabra, y nuevamente de honor. Pero como suelo decir: ¡Al demonio con las consecuencias!.


A-p.png


Sin embargo, no es hora de lamentos. Mío es el honor, mío el nombre que resuena en las calles de Velen y yo; acabo de burlar de nuevo a la mala suerte. Dichoso y expectante se presenta mi destino y para ello, qué mejor, que componer ahora sí, la mejor canción.

mosquetera.jpg
 

Malaventura

Perro de Dan
Registrado
2/10/15
Mensajes
1,060
colofon.png


La partida ha sido jugada, el destino ha quedado complacido por ahora y bien está remarcar el matiz que: “por ahora”, no quiere decir por siempre; pues un ojo avispado verá que sobre la mesa aún quedan algunas cartas por girar.

fin.png
 

Conectados

Arriba