Necio
Copia sin mente de un convocado
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El enano ascendió a la ladera desde la que observaba la morada enana durante las largas noches desde hace semanas. Su paso era lento, débil y cansado por la prominente subida aunque no dejaba huella o rastro en su camino, como si la nieve simplemente respetara y abrigara el paso del enano por su manto.
Una vez en la cima, el enano observo la inmensidad de la estructura de piedra para dar un lánguido suspiro. Poco después un suave rugido le contesto, cuando su compañera osa le alcanzo finalmente.
- Te has tomado tu tiempo Dolores, todo bien? ninguna novedad? - pregunto el enano al animal
La osa sacude su cabeza y y gruñetea descontenta, parece aun guardar cierto tipo de rencor por no haber participado en la misión de infiltración.
- Verían tu bonito trasero desde la otra punta de Amn, sabes que estar callada y no hacer ruido no es parte de tu.... Osezna naturaleza - El enano la sonrió y dio un par de palmadas en lo alto de la cabeza de la bestia.
La misión de infiltración había sido un fracaso, mientras iban superando pruebas el ambiente se volvía mas ruidoso, se volvían mas despistados y descuidados, mas apresurados. Es normal en una misión así que el sigilo se desgaste, y que finalmente se rompa. Los conjuros se terminan, andar de puntillas cansa y finalmente la tension del momento te hace cometer errores. Aun así, la información que encontraron fue enorme. Cantidad de fuerzas, su armamento, sus rencillas y miedos, la localización de los capturados y los resistentes, el lugar donde esta ese golem y muchas de las defensas del enemigo... incluso del hueso se saca provecho.
El enano tomo una galleta que partió a la mitad y entrego una de las partes a la refunfuñona osa para así borrar de su rostro el mal humor de no haber participado en la aventura, luego... ya como un acto mecánico, partió la mitad en cuartos y desmenuzo uno sobre su barba.
Las migas quedaron sobre la frondosa pelambrera del enano sin que nada ocurriera.
A los pocos segundos el enano reacciono tomando entre sus dedos las migas grandes y llevándoselas a la boca.
- Que despiste... desde luego la costumbre es un tallo difícil de doblar - Mientras tomaba las pequeñas migajas que podía consumir.
Cuando termino su alimento, el enano volvió a mirar a la morada mientras peinaba su larga barba con sus dedos desnudos, sin impedimento en su proceder. El gesto y la posibilidad de llevarlo a cabo le sacaron una socarrona sonrisa en su anciano rostro.
- Bueno... quizás la infiltración no ha terminado todavia.

Una vez en la cima, el enano observo la inmensidad de la estructura de piedra para dar un lánguido suspiro. Poco después un suave rugido le contesto, cuando su compañera osa le alcanzo finalmente.
- Te has tomado tu tiempo Dolores, todo bien? ninguna novedad? - pregunto el enano al animal
La osa sacude su cabeza y y gruñetea descontenta, parece aun guardar cierto tipo de rencor por no haber participado en la misión de infiltración.
- Verían tu bonito trasero desde la otra punta de Amn, sabes que estar callada y no hacer ruido no es parte de tu.... Osezna naturaleza - El enano la sonrió y dio un par de palmadas en lo alto de la cabeza de la bestia.
La misión de infiltración había sido un fracaso, mientras iban superando pruebas el ambiente se volvía mas ruidoso, se volvían mas despistados y descuidados, mas apresurados. Es normal en una misión así que el sigilo se desgaste, y que finalmente se rompa. Los conjuros se terminan, andar de puntillas cansa y finalmente la tension del momento te hace cometer errores. Aun así, la información que encontraron fue enorme. Cantidad de fuerzas, su armamento, sus rencillas y miedos, la localización de los capturados y los resistentes, el lugar donde esta ese golem y muchas de las defensas del enemigo... incluso del hueso se saca provecho.
El enano tomo una galleta que partió a la mitad y entrego una de las partes a la refunfuñona osa para así borrar de su rostro el mal humor de no haber participado en la aventura, luego... ya como un acto mecánico, partió la mitad en cuartos y desmenuzo uno sobre su barba.
Las migas quedaron sobre la frondosa pelambrera del enano sin que nada ocurriera.
A los pocos segundos el enano reacciono tomando entre sus dedos las migas grandes y llevándoselas a la boca.
- Que despiste... desde luego la costumbre es un tallo difícil de doblar - Mientras tomaba las pequeñas migajas que podía consumir.
Cuando termino su alimento, el enano volvió a mirar a la morada mientras peinaba su larga barba con sus dedos desnudos, sin impedimento en su proceder. El gesto y la posibilidad de llevarlo a cabo le sacaron una socarrona sonrisa en su anciano rostro.
- Bueno... quizás la infiltración no ha terminado todavia.


