archedchristian
Bug oculto de Darth
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Ahí estaba, al frente de cuatro que ante mis ojos no eran nadie, pero si otra oportunidad mas para jactarme de la debilidad humana, exigiendo por un sanador.. como si en Murann no tuviéramos, pero mi orgullo necesita llegar aun mas alto, quiero y necesito secuestrar a un amniano antes que ella gane la apuesta, ella tendrá la labia, pero mía la fuerza para obligarles a hacer lo que yo deseo, mi intelecto supera a cualquier humano y en inumerable ocasiones lo he demostrado, me los llevare y la vampira me servirá como mi portaestandartes en las futuras guerras... si.. eso seria fabuloso.. una maestra de la Torre oscura sirviéndome a mi, el Destructor de Imnescar...
El ambiente en el cementerio era tenso, la lluvia hacia chirriar la metálica armadura del oni y tras que comenzó a acercarse las cuatro figuras frunció su ceño pues algo en el le resultaba familiar.
-Espera un momento.. ¿no es esa Gwen? que gran oportunidad.. me la llevare y haré cumplir los deseos del Lord Brujo, seguro de que me recompensaran por esto. Diria para si mismo, mostrandoles una sádica sonrisa.
-Vaya.. y yo que solo buscaba a un sanador y te encuentro a ti Gwen, he venido en busca de.. ayuda, no de guerra. Pues un viejo aliado vuestro ahora necesita ser reconstruido, ya que se encuentra destrozado y vapuleado.. en su estado no es posible darle una digna sepultura.
-En ese caso entregadnos su cuerpo y así le daremos la sepultura que merece.
El oni sabia que llevaba razón, que si continuaba por ese camino no lograría lo que quería, engañarla para que así viniera por su propia voluntad con el fin de capturarla ante el Lord Brujo y no como a quien la invito.
-Eso no es posible, pues ahora su alma no busca el paraíso que la luna le prometió. Marchare y no intentéis impedírmelo si así valoráis vuestra vida.
El oni se daría media vuelta, esperando que cayeran en la provocación y se lanzaran a por el, sabia que ocurriría, pues era a Gwen quien le arrebataron una parte de ella hará dos noches, pero a sorpresa del oni fue el guardia quien dio la orden de capturarle.
-Deteneos vil criatura, de aquí no escapareis.
-Humano insolente..
Desenvainó su espada con un movimiento brutal y la clavó en el suelo, partiéndolo en dos con un estruendo húmedo y profundo. Fue un gesto de pura intimidación. No le divertía que fuera el soldado quien intentara detenerlo. Él quería a Gwen. Quería despojarla de su cordura y de su orgullo, verla perder los estribos, oír gritar su nombre con rabia y odio.
Pero no ocurrió, no mostraron el menor atisbo de terror, no retrocedieron un solo paso.
Y al reconocer aquella mirada… aquella mirada que clamaba guerra, lo comprendió con claridad, esa noche el cementerio se teñiría de sangre, y los bardos cantarían epopeyas sobre lo sucedido bajo la luna.
La lucha fue feroz. Golpes duros como diamantes, una magia abrasadora que le hacía arder desde el interior y un tipo de conjuro que le impedía mover ninguno de sus fuertes músculos acabaron doblegándolo. Su cuerpo, dejó de responder a lo que su mente exigía ahogarlos allí mismo, obligarlos a suplicar un perdón que jamás llegaría.
Un estruendo recorrió todo el cementerio cuando el cuerpo del oni colisionó contra el frío suelo de piedra, pero no fue solo su cuerpo lo que cayó. También lo hicieron su gran orgullo… y todo lo que representaba.
Cuando logró recobrar la conciencia, creyó durante unos instantes que todo era un sueño. Una ilusión cruel. Pero la realidad se impuso pronto, cuatro paredes estrechas lo rodeaban, gruesas cadenas aprisionaban su cuerpo y por primera vez en su vida, conoció el verdadero significado del hambre.
Tan solo maldecía por no haber acabado con lo que empezaron, de esa manera aun mantendría su honor intacto al no poder usarlo como moneda de cambio y así no sentir que traiciono al Imperio por culpa de su gran orgullo.
Pero todo este pensamiento fue sacudido ante el golpe de uno de los guardias que no le permitia descansar, por cada hora que pasaba el guardia llegaba para azotarle, cada latigazo, una vida de Imnescar, cada insulto un recordatorio de su humillación y cada vez que le tiraban la comida a su cara le recordaba donde se encontraba.
Y un sentimiento nació del oni, uno que murió en el cementerio ante su caída, recobro sus ganas de luchar y en cada visita que le hacían buscaba la manera de sacar provecho, parecer invalido, una dócil bestia que ya perdió sus colmillos. Pero que realmente planeaba la manera de hacer sufrir a quienes le hicieron esto y unas palabras emitiría de su boca, unas cargadas de sentimiento y peso para el. Dibujando una sádica sonrisa a la misma vez que el guardia le continuaba azotando en su desquebrajada espalda.
Sangre y gloria…