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La caída de un gigante

archedchristian

Bug oculto de Darth
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15/8/19
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Ahí estaba, al frente de cuatro que ante mis ojos no eran nadie, pero si otra oportunidad mas para jactarme de la debilidad humana, exigiendo por un sanador.. como si en Murann no tuviéramos, pero mi orgullo necesita llegar aun mas alto, quiero y necesito secuestrar a un amniano antes que ella gane la apuesta, ella tendrá la labia, pero mía la fuerza para obligarles a hacer lo que yo deseo, mi intelecto supera a cualquier humano y en inumerable ocasiones lo he demostrado, me los llevare y la vampira me servirá como mi portaestandartes en las futuras guerras... si.. eso seria fabuloso.. una maestra de la Torre oscura sirviéndome a mi, el Destructor de Imnescar...

El ambiente en el cementerio era tenso, la lluvia hacia chirriar la metálica armadura del oni y tras que comenzó a acercarse las cuatro figuras frunció su ceño pues algo en el le resultaba familiar.

-Espera un momento.. ¿no es esa Gwen? que gran oportunidad.. me la llevare y haré cumplir los deseos del Lord Brujo, seguro de que me recompensaran por esto.
Diria para si mismo, mostrandoles una sádica sonrisa.

-Vaya.. y yo que solo buscaba a un sanador y te encuentro a ti Gwen, he venido en busca de.. ayuda, no de guerra. Pues un viejo aliado vuestro ahora necesita ser reconstruido, ya que se encuentra destrozado y vapuleado.. en su estado no es posible darle una digna sepultura.

-En ese caso entregadnos su cuerpo y así le daremos la sepultura que merece.


El oni sabia que llevaba razón, que si continuaba por ese camino no lograría lo que quería, engañarla para que así viniera por su propia voluntad con el fin de capturarla ante el Lord Brujo y no como a quien la invito.

-Eso no es posible, pues ahora su alma no busca el paraíso que la luna le prometió. Marchare y no intentéis impedírmelo si así valoráis vuestra vida.

El oni se daría media vuelta, esperando que cayeran en la provocación y se lanzaran a por el, sabia que ocurriría, pues era a Gwen quien le arrebataron una parte de ella hará dos noches, pero a sorpresa del oni fue el guardia quien dio la orden de capturarle.

-Deteneos vil criatura, de aquí no escapareis.


-Humano insolente..​

Desenvainó su espada con un movimiento brutal y la clavó en el suelo, partiéndolo en dos con un estruendo húmedo y profundo. Fue un gesto de pura intimidación. No le divertía que fuera el soldado quien intentara detenerlo. Él quería a Gwen. Quería despojarla de su cordura y de su orgullo, verla perder los estribos, oír gritar su nombre con rabia y odio.

Pero no ocurrió, no mostraron el menor atisbo de terror, no retrocedieron un solo paso.
​
Y al reconocer aquella mirada… aquella mirada que clamaba guerra, lo comprendió con claridad, esa noche el cementerio se teñiría de sangre, y los bardos cantarían epopeyas sobre lo sucedido bajo la luna.

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La lucha fue feroz. Golpes duros como diamantes, una magia abrasadora que le hacía arder desde el interior y un tipo de conjuro que le impedía mover ninguno de sus fuertes músculos acabaron doblegándolo. Su cuerpo, dejó de responder a lo que su mente exigía ahogarlos allí mismo, obligarlos a suplicar un perdón que jamás llegaría.

Un estruendo recorrió todo el cementerio cuando el cuerpo del oni colisionó contra el frío suelo de piedra, pero no fue solo su cuerpo lo que cayó. También lo hicieron su gran orgullo… y todo lo que representaba.​

Cuando logró recobrar la conciencia, creyó durante unos instantes que todo era un sueño. Una ilusión cruel. Pero la realidad se impuso pronto, cuatro paredes estrechas lo rodeaban, gruesas cadenas aprisionaban su cuerpo y por primera vez en su vida, conoció el verdadero significado del hambre.


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Tan solo maldecía por no haber acabado con lo que empezaron, de esa manera aun mantendría su honor intacto al no poder usarlo como moneda de cambio y así no sentir que traiciono al Imperio por culpa de su gran orgullo.

Pero todo este pensamiento fue sacudido ante el golpe de uno de los guardias que no le permitia descansar, por cada hora que pasaba el guardia llegaba para azotarle, cada latigazo, una vida de Imnescar, cada insulto un recordatorio de su humillación y cada vez que le tiraban la comida a su cara le recordaba donde se encontraba.

Y un sentimiento nació del oni, uno que murió en el cementerio ante su caída, recobro sus ganas de luchar y en cada visita que le hacían buscaba la manera de sacar provecho, parecer invalido, una dócil bestia que ya perdió sus colmillos. Pero que realmente planeaba la manera de hacer sufrir a quienes le hicieron esto y unas palabras emitiría de su boca, unas cargadas de sentimiento y peso para el. Dibujando una sádica sonrisa a la misma vez que el guardia le continuaba azotando en su desquebrajada espalda.

Sangre y gloria…​
 

archedchristian

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Ya habían pasado varios días, que para el oni habían sido una eternidad, en una ciudad que durante años había maquinado hacer caer. Aún seguía preguntándose cómo había sido derrotado por aquellos humanos a los que se enfrentó. No podía hacer otra cosa que pensar.

Llegó a varias conclusiones. Una de ellas era que entre ellos podía haber habido algún oni polimorfado, estaba en su naturaleza. Los onis siempre jugaban con intrigas para acabar unos con otros.

Otra teoría era que alguien hubiera filtrado información sobre su apuesta y que los amnianos estuvieran preparados. Tal vez todo había sido parte de un complot, pues últimamente su orgullo lo había vuelto predecible.

Y por último llegó a la conclusión más simple, y la que menos deseaba aceptar, eran más. Ese pensamiento lo hizo recapacitar sobre la forma en que había tratado a sus lacayos, con desdén y bravuconería, como si lo siguieran únicamente por quien era. Eso lo llevó a preguntarse qué tipo de lealtad deseaba, la de quienes lo seguían por terror y ansias de poder, o la de quienes lo hacían por respeto.

Aunque, al final, poco importaba ya. Sus esperanzas de salir eran escasas. Dudaba que alguno de sus lacayos siquiera se molestara en agachar la cabeza para sacarlo del problema en el que él solo se había metido, y más aún cuando todo lo que había sido ya había caído.

Varios humanos mostraron empatía hacia el oni, hablándole de un mañana si colaboraba y mantenía la esperanza. Dependiendo del día, el oni se encontraba sediento de sangre y venganza, otros completamente melancólico. Uno de sus visitantes insistía en que había esperanzas de que saliera con vida, que se estaban llevando a cabo negociaciones para su liberación. El oni rió, incapaz de creer sus palabras.

No hay un mañana para mí. Mía es la condena y mía la tragedia. Puede que para Amn una derrota no signifique nada, como ocurrió en Crimmor, donde traicionaron a vuestra nación y todos fueron perdonados, negando justicia a las familias de los asesinados por quienes se llenan la boca hablando de bondad y rectitud. Pero para mí, para un muranita, una sola derrota lo es todo. Mi honor queda destruido, y los demás onis lo verán como una oportunidad. Clamarán por mi cabeza, eso es lo que pedirán por mí.

El humano continuó con su charla sobre la esperanza, aunque el oni apenas le prestaba atención. Una neblina cubría su mente, impidiéndole ver más allá.

Varios días después, Gwen lo visitó, anunciándole que las negociaciones estaban siendo difíciles. Que la humana Adrasteia estaba maniobrando para que quedara bajo el ejercito de Amn. Al oír lo que más temía que una de sus lacayas en quien más confiaba deseaba verlo morir ante Amn hizo que estallara en cólera.​

Rugió hasta desgarrarse la garganta, sacudió las cadenas con una fuerza desesperada y estrelló su cabeza contra las paredes una y otra vez, hasta que la sangre comenzó a manchar la piedra.

Clavó los dientes y tensó los brazos con una violencia digna de los gigantes, intentando arrancar las manos de los grilletes. La carne cedió antes que el metal, los brazos comenzaron a desgarrarse, los tendones a abrirse, y las manos quedaron colgando de forma antinatural, sostenidas solo por jirones de músculo y piel.

¡Te maldigo, humana! ¡Juro ante todos los dioses que acabaré contigo! ¡TE DESTROZARE, LO JURO, TE DESTROZARE!​
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Sus gritos se transformaron en alaridos rotos, luego en gemidos ahogados, hasta extinguirse por completo. Finalmente, su cuerpo vencido se desplomó sobre el suelo helado, temblando entre charcos de sangre, abandonado junto al silencio y el dolor.

Matadme ya… acabad conmigo… murmuró el oni con la voz rota, vencido por completo, mientras sus ojos vidriosos se perdían en el techo que parecía observarlo desde demasiado cerca.

Gwen se negó a cumplir su deseo y alli permaneció durante días, pensando de nuevo en como llego hasta aquí por alimentar su ego.

Llegó un punto en el que el tiempo dejó de existir para él. Las horas se disolvieron y los días perdieron nombre, el mundo quedó reducido al frío del suelo, al peso de las cadenas y al techo inmóvil sobre su rostro.

Ya no esperaba ser liberado, tan solo esperaba su sentencia, vacío y roto, a que todo llegara por fin a su fin.
 

archedchristian

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El tiempo que el oni había pasado en las profundidades de la iglesia se había desvanecido sin que pudiera medirlo. No sabía cuántos días habían transcurrido desde su encierro, pero para él había sido una eternidad.​

El eco seco de unos pasos descendiendo por la escalera rompió el silencio. Aquel silencio era tan denso que parecía audible, y con esos pasos llegó, al fin, el día esperado. Gwen y los suyos se detuvieron frente al oni, que ya no tenía fuerzas ni para luchar ni para gritar, estaba doblegado, rendido ante los designios del destino.

Sondakur dijo Gwen, vengo a ofrecerte dos caminos.

La rabia le ardió por dentro al escucharla. Aquellas palabras eran una forma cruel de recordarle que ella tenía el control absoluto. Gwen, con las manos abiertas hacia él, continuó.

Puedes venir con nosotras y ser entregado a Lord Brujo… o quedarte un día más aquí, para pasar a manos del ejército amniano.

Por un instante, el oni meditó su elección. En ambos caminos le aguardaba la muerte, en uno, la ejecución a manos de los muranitas y en el otro, una condena sin negociación por parte de los amnianos. Morir con honor habría sido una opción… pero Sondakur no destacaba precisamente por su honor, sino por el miedo a lo que los demás pensarían de él.

La decisión es clara gruñó al fin. Sacadme de aquí y dejad que sean los míos quienes tengan la satisfacción de acabar conmigo.

Gwen disipó la magia que lo mantenía prisionero y lo advirtió con firmeza de que no intentara nada imprudente, o perdería incluso ese derecho a decidir. Custodiado por la Sala de la Luna, el oni fue llevado hasta el centro de la iglesia, donde se encontraron con Lufram. El humano, ajeno a lo que sucedía, preguntó a Gwen adónde llevaban al prisionero.

Ante Lord Brujo respondió ella.

Antes de que Lufram pudiera decir algo más, Sondakur le lanzó una mirada cargada de amenaza.

Cállate, si no quieres arrepentirte.


El grupo se teleportó hasta los alrededores de la fortaleza de Lord Brujo. Ante sus muros, el oni los percibió aún más altos de lo que recordaba, quizá porque sabía que ya no sería bien recibido.

Las puertas se abrieron y, desde el momento en que cruzó el umbral, Sondakur solo escuchó burlas e insultos de todo tipo de criaturas. Avergonzado, bajó la cabeza y, con los grilletes aún en las manos, avanzó hasta presentarse ante Lord Brujo.

Frente a él, fingió orgullo, el pecho erguido y el mentón alto. Aunque no estaba en posición de exigir respeto, no pensaba mostrarse inferior a otro oni.

Cuando Lord Brujo exigió que la reliquia de Sondakur fuera entregada a Gwen, el oni rompió su silencio.

¿Qué es esto? Yo te entregué una victoria, y tú me devuelves esta humillación. Mi trofeo, Sariel… y mi reliquia.

Y no es todo
replicó Lord Brujo. También deberás colocarla a la espalda de la selunita. La derrota fue tuya, y debes compensarla.

Sondakur apretó los dientes.

Esta derrota podría convertirse en victoria. Aquí me tienes, libre, y todos los presentes podrían ser tus prisioneros. Da la orden. Solo la orden.


A diferencia de ti respondió Lord Brujo, yo soy un oni de palabra. Y la palabra es ley.

Los ojos de Sondakur parecían a punto de estallar, su cuerpo temblaba, conteniendo a duras penas sus instintos. Entonces Gwen intervino.

No es necesario, Lord Brujo. Solo reclamo la liberación de Sariel y la reliquia. No deseo nada más.

Además añadió él, deberías agradecer a la humana de pelo azul que estéis aquí. Aún recuerdo su olor. Decidle que se pase algún día.

Sondakur mostro enfado, frunciendo el ceño y cruzandose de brazos.

¿A qué os referís? ¿No fue ella quien me condenó ante el ejército de Amn? ¿No te ha bastado con arrebatarme mis trofeos? ¿También deseas quedarte con mis secuaces?

Las palabras de Lord Brujo lo dejaron extrañamente aliviado. Comprendió que no había existido intento alguno de asesinato por parte de la humana, al contrario, ahora se sentía en deuda con ella.

Así partieron, dejando a ambos onis en la fortaleza. Lord Brujo se puso en pie y se acercó a Sondakur, superándolo en altura de forma evidente. Para un oni, aquello era la mayor provocación, la altura de un gigante simboliza grandeza y superioridad. Sabía que se burlaba de él… y sabía también que tenía derecho a hacerlo. Tras un intercambio de palabras tensas y discusiones, Sondakur fue finalmente liberado y regresó a Murann.

El camino de vuelta lo hizo a pie. No quiso volar, no tenía prisa. Si así lo habían tratado en la fortaleza, no esperaba nada mejor del resto del Imperio. Sin embargo, algo tenía claro, recordaría quiénes permanecieron leales incluso cuando él se encontraba en la más profunda miseria.

Al llegar a la ciudad, ejecutó a un trasgo que se atrevió a lanzarle un tomate, dejando sus restos esparcidos sobre las frías y húmedas calles. Demasiada ira contenía ya como para permitir una ofensa más. Aun así, los insultos continuaron, junto con rumores provenientes de soldados que deseaban ejecutarlo y usurpar su lugar. Incluso entre sus leales percibió cuentas pendientes, indiferencia, desprecio velado… especialmente por parte de la humana de pelo azul.

La hizo llamar al cuartel para comprobar si aún le era fiel. Tras hablar, ambos se entendieron y se mostraron respeto mutuo. Sondakur sintió alivio, todavía quedaba algo de lo que había sido.

Decidió entonces dejar atrás todo aquello que lo había debilitado y centrarse en su fortaleza y grandeza, reflejadas en aquellos que aún permanecían a su lado.​
 

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