ELLOESO
Perro de Dan
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I. Rata de la calle
Hay, en esta existencia, muchas maneras de llevar a cabo tu camino, de forjar tu vida, y todas ellas vienen baremadas por el punto de vista de quien lo vive. Lo que para unos puede ser aburrido, para otros es una aventura sin fin, lo que no entraría en la cabeza de un santón, tiene perfecta cabida en la mente de un ladrón.
Calimport, la gran urbe del reino de Calisham, se abre caótica y opulenta al Mar de las Espadas, orgullosa de lo que alberga entre sus calles, el organismo de una gran bestia, formado por calles en lugar de arterias,
edificios y enormes palacios como sus órganos, y sus gentes, sus muy diversas gentes, como las partículas que dan su ser a la existencia de la ciudad.
No es ningún secreto el modo de vida de Calimport, una urbe de Bajás que tienen mayor o menor poder, comerciantes que ansían poder alcanzar el renombrón de la clase gobernante con malas artes, que fueron, a su vez, las que les permitieron a sus opulencias poder gobernar el país de esa manera.
Por debajo de ellos, la más diversa estofa, desde pequeños y medianos
comerciantes y nobles que van y vienen de más a menos con los tejemanejes que son el latido de la ciudad, alimentándose todos ellos de
los esclavos, pordioseros, ladrones y huérfanos que pueblan las atestadas y polvorientas calles de este transitado puerto.
Y en el más bajo escalafón de la urbe, cerca de la muerte diaria, invisibles al devenir de la ciudad y sus gentes, se encuentra un intrincado reducto de población, los que son llamados, las ratas de la calle, abandonados por todos, descastados, bastardos, olvidados… un lugar terrible para que una niña de sus primeros pasos, sin familia, sin linaje, sin salida… pero los habitantes de las calles, dentro de la oscuridad de su propio juego, poseen un mínimo de honor entre los de su clase, la vida es dura, pero es vida igualmente, algo para lo que un observador externo podría ser
inconcebible, entre las calles cubierta de arena del desierto circundante, es el día a día.
Essi, así la llamaban, así la llamaron desde que lo recuerda, así le puso de nombre alguien que se perdió antes de poder generar si quiera un
recuerdo en la niña, Essi, por la ley de la calle, dio sus primeros pasos entre el polvo, la basura y la miseria, Essi, creció poco a poco entre gente esquiva y oscura, viejos abandonados generosos con el filo de una daga asomando perezoso un mañana cualquiera, niños, ratas y ratones de las calles, con su propia jerarquía, mocosos, zarapastrosos, pillos y ladronzuelos, Essi era feliz en su mundo, pues era su mundo, parecía hecha para desenvolverse en ese ambiente y nunca conoció otra cosa en
su corta vida que no fuera la arena, el polvo y las pillerías.
En Calimport, el latido del día a día, nunca se detiene y todo el mundo tiende a mirar por encima de sus cabezas, orgullosas las gentes de Calimport, orgullosas sus ratas, pues de las ratas es la ciudad, aunque ellas no lo sepan, y hay ocasiones en que una rata piensa en medrar y de un palo la meten en un estofado, hay otras ocasiones en las que una rata
crece más de lo que debiera, demasiada carne para ser desaprovechada en un lugar así.
Essi, pequeña y menuda, rápida y escurridiza, capaz de pasar desapercivida, pero con un ingenio y una mente afilada y curiosa, Essi,con
el paso de los años llamó la atención del siguiente escalafón, mercaderes de los bajos fondos, una niña como Essi podría tener un futuro prometedor para un señor orondo y olorosamente perfumado como Re´lhem, que con el paso de los años había tomado un peso social, acorde al peso de su propio cuerpo como propietario de una casa de placeres en las cercanías del palacio de un Bajá de poco renombrón y lo suficiente cerca del puerto como para ser un pequeño filón en las atestadas calles del Puerto de Calim.
La retorcida mente de Re´lhem veía en Essi, una mercancía con la que granjearse favores en un futuro, pero de momento se convertiría en el
juguete de sus chicas, la conseguidora de caprichos, la mensajera, la informante… y entre la pluma, la seda y el satén, Essi realmente se sintió querida, como la niña que debía ser, dentro, claro está, de la tormenta de
arena que es el devenir cotidiano de Calimport.
Las mujeres la trataban como lo que era, una niña de apenas 10 años, recibió cariño, recibió atención, recibió cobijo y comida, oculta por ahora de los planes de su señor, la darían lo que muchas no tuvieron, un buen tiempo que recordar.
La enseñaron a leer de manos del viejotrovador que amenizaba las noches en la casa del placer, este le enseñó de todo un poco al ver que la mente de Essi no era capaz de centrarse en una sola tarea concreta. Consciente del potencial que esa mente afilada tenía, la animó y la enseñó todo lo que el podía recordar de sus tiempos de juventud.
La niña seguía creciendo, salía a los tejado de la atestada ciudad, corría, trepaba, saltaba, su cuerpo disfrutaba de una agilidad que le había dado su modo de vida desde que nació, apoyado ahora en una “buena” vida, aprendió a controlar su cuerpo y sus movimientos, mientras ponía al servicio del día a día, todo lo que su profesor le enseñaba las madrugadas, cuando sus “hermanas mayores” estaban trabajando. Pero cuanto más crecía y más encontraba el paso a una edad menos niña, la arena, esa que atestaba la ciudad, la arena de su reloj, se acababa.
Re´lhem, se frotaba las manos con cada día que pasaba, cuando veía en la dirección en que crecía su inversión… pero hay veces que los gustos de un comensal se centran en la carne más tierna, poco hecha, lejos de lo
que muestra el decoro en tierras más norteñas o más sureñas… si bien, Essi iba a ser moneda de cambio para el oscuro Bajá que presidía con su palacio la zona donde se encontraba la casa de placeres, otro Bajá, de más alta estofa, fijó su interés en la niña, alimentado por su depravación y aprovechándose de ella para hundir un poco más al denostado Bajá, se
reunió con Re´lhem y le ofreció un pago que no dudó en aceptar, su inversión iba a dar sus frutos mucho antes, mejor así…
Así pues, la niña fue envuelta en sedas que ocultaban vagamente sus casi inexistente formas femeninas, si bien su desarrollo era temprano, como resultado de una vida dura y azarosa, no dejaba de ser una niña, y si bien, no era algo raro que pasaran estas cosas en la casa de placer o en Calimport, Essi era la niña de sus “hermanas”, no gustó lo que iba a pasar, como no gustan las mayoría de las cosas que pasan en un lugar así, pero simplemente, estas cosas suelen pasar sin más.