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La gata sobre el tejado

ELLOESO

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I. Rata de la calle​
Hay, en esta existencia, muchas maneras de llevar a cabo tu camino, de forjar tu vida, y todas ellas vienen baremadas por el punto de vista de quien lo vive. Lo que para unos puede ser aburrido, para otros es una
aventura sin fin, lo que no entraría en la cabeza de un santón, tiene perfecta cabida en la mente de un ladrón.

Calimport, la gran urbe del reino de Calisham, se abre caótica y opulenta al Mar de las Espadas, orgullosa de lo que alberga entre sus calles, el organismo de una gran bestia, formado por calles en lugar de arterias,
edificios y enormes palacios como sus órganos, y sus gentes, sus muy diversas gentes, como las partículas que dan su ser a la existencia de la ciudad.

No es ningún secreto el modo de vida de Calimport, una urbe de Bajás que tienen mayor o menor poder, comerciantes que ansían poder alcanzar el renombrón de la clase gobernante con malas artes, que fueron, a su vez, las que les permitieron a sus opulencias poder gobernar el país de esa manera.

Por debajo de ellos, la más diversa estofa, desde pequeños y medianos
comerciantes y nobles que van y vienen de más a menos con los tejemanejes que son el latido de la ciudad, alimentándose todos ellos de
los esclavos, pordioseros, ladrones y huérfanos que pueblan las atestadas y polvorientas calles de este transitado puerto.

Y en el más bajo escalafón de la urbe, cerca de la muerte diaria, invisibles al devenir de la ciudad y sus gentes, se encuentra un intrincado reducto de población, los que son llamados, las ratas de la calle, abandonados por todos, descastados, bastardos, olvidados… un lugar terrible para que una niña de sus primeros pasos, sin familia, sin linaje, sin salida… pero los habitantes de las calles, dentro de la oscuridad de su propio juego, poseen un mínimo de honor entre los de su clase, la vida es dura, pero es vida igualmente, algo para lo que un observador externo podría ser
inconcebible, entre las calles cubierta de arena del desierto circundante, es el día a día.

Essi, así la llamaban, así la llamaron desde que lo recuerda, así le puso de nombre alguien que se perdió antes de poder generar si quiera un
recuerdo en la niña, Essi, por la ley de la calle, dio sus primeros pasos entre el polvo, la basura y la miseria, Essi, creció poco a poco entre gente esquiva y oscura, viejos abandonados generosos con el filo de una daga asomando perezoso un mañana cualquiera, niños, ratas y ratones de las calles, con su propia jerarquía, mocosos, zarapastrosos, pillos y ladronzuelos, Essi era feliz en su mundo, pues era su mundo, parecía hecha para desenvolverse en ese ambiente y nunca conoció otra cosa en
su corta vida que no fuera la arena, el polvo y las pillerías.

En Calimport, el latido del día a día, nunca se detiene y todo el mundo tiende a mirar por encima de sus cabezas, orgullosas las gentes de Calimport, orgullosas sus ratas, pues de las ratas es la ciudad, aunque ellas no lo sepan, y hay ocasiones en que una rata piensa en medrar y de un palo la meten en un estofado, hay otras ocasiones en las que una rata
crece más de lo que debiera, demasiada carne para ser desaprovechada en un lugar así.

Essi, pequeña y menuda, rápida y escurridiza, capaz de pasar desapercivida, pero con un ingenio y una mente afilada y curiosa, Essi,con
el paso de los años llamó la atención del siguiente escalafón, mercaderes de los bajos fondos, una niña como Essi podría tener un futuro prometedor para un señor orondo y olorosamente perfumado como Re´lhem, que con el paso de los años había tomado un peso social, acorde al peso de su propio cuerpo como propietario de una casa de placeres en las cercanías del palacio de un Bajá de poco renombrón y lo suficiente cerca del puerto como para ser un pequeño filón en las atestadas calles del Puerto de Calim.

La retorcida mente de Re´lhem veía en Essi, una mercancía con la que granjearse favores en un futuro, pero de momento se convertiría en el
juguete de sus chicas, la conseguidora de caprichos, la mensajera, la informante… y entre la pluma, la seda y el satén, Essi realmente se sintió querida, como la niña que debía ser, dentro, claro está, de la tormenta de
arena que es el devenir cotidiano de Calimport.

Las mujeres la trataban como lo que era, una niña de apenas 10 años, recibió cariño, recibió atención, recibió cobijo y comida, oculta por ahora de los planes de su señor, la darían lo que muchas no tuvieron, un buen tiempo que recordar.

La enseñaron a leer de manos del viejotrovador que amenizaba las noches en la casa del placer, este le enseñó de todo un poco al ver que la mente de Essi no era capaz de centrarse en una sola tarea concreta. Consciente del potencial que esa mente afilada tenía, la animó y la enseñó todo lo que el podía recordar de sus tiempos de juventud.

La niña seguía creciendo, salía a los tejado de la atestada ciudad, corría, trepaba, saltaba, su cuerpo disfrutaba de una agilidad que le había dado su modo de vida desde que nació, apoyado ahora en una “buena” vida, aprendió a controlar su cuerpo y sus movimientos, mientras ponía al servicio del día a día, todo lo que su profesor le enseñaba las madrugadas, cuando sus “hermanas mayores” estaban trabajando. Pero cuanto más crecía y más encontraba el paso a una edad menos niña, la arena, esa que atestaba la ciudad, la arena de su reloj, se acababa.

Re´lhem, se frotaba las manos con cada día que pasaba, cuando veía en la dirección en que crecía su inversión… pero hay veces que los gustos de un comensal se centran en la carne más tierna, poco hecha, lejos de lo
que muestra el decoro en tierras más norteñas o más sureñas… si bien, Essi iba a ser moneda de cambio para el oscuro Bajá que presidía con su palacio la zona donde se encontraba la casa de placeres, otro Bajá, de más alta estofa, fijó su interés en la niña, alimentado por su depravación y aprovechándose de ella para hundir un poco más al denostado Bajá, se
reunió con Re´lhem y le ofreció un pago que no dudó en aceptar, su inversión iba a dar sus frutos mucho antes, mejor así…

Así pues, la niña fue envuelta en sedas que ocultaban vagamente sus casi inexistente formas femeninas, si bien su desarrollo era temprano, como resultado de una vida dura y azarosa, no dejaba de ser una niña, y si bien, no era algo raro que pasaran estas cosas en la casa de placer o en Calimport, Essi era la niña de sus “hermanas”, no gustó lo que iba a pasar, como no gustan las mayoría de las cosas que pasan en un lugar así, pero simplemente, estas cosas suelen pasar sin más.
 

ELLOESO

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II. Las ratas abandonan el barco​

Essi, envuelta en unas finas sedas, se encontraba de pie con su “hermana” mayor, la representante de todas ellas, las más afamada de la casa del placer, la apretaba el hombro con una presión casi dolorosa mientras mantenía una expresión para el público, una sonrisa picara y seductora que hacía que los marineros y comerciantes se les callera hasta las
bolsas rebosante de oro.

Essi, aferraba con fuerza la falda de su “hermana”, estaba aterrada, no entendía porque la habían vestido así, no entendía porque todas sus “hermanas” la miraban con esa expresión vacía en sus rostros y no entendía que querían de ella… entendía y no entendía que sucedía en la casa del placer, como aquel que forma parte del decorado de una obra y que nunca termina de interactuar en el devenir de la función… pero eso se había acabado…

- Escuchame Essi…. – se agachó la alta y hermosa mujer para mira a los ojos verdes y enrojecidos de la niña – Estoy aquí contigo… intentaré que se centré en mi… haré todo lo que esté en mi mano para que pases por esto lo mejor posible… - la voz, aunque suave de la mujer, parecía levemente atribulada, intentando infundir valor a la niña. Le colocó un mechón rebelde oscuro detrás de la oreja- ¿Me estás escuchando, Essi?

La niña alzó la mira y asintió a su “hermana”mientras se mordía el labio, con un suspiro, la mujer la envolvió en un suave abrazo, que no evitó que
Essi notara la tensión que recorría su fina musculatura.

El abrazo se vió interrumpido por la atronante voz de Re´lhem al otro lado de la puerta de la habitación, hablaba con un hombre de voz rasposa que
hablaba de manera escueta y seca. La puerta se abrió y Re´lhem fue apartado por un hombre alto y enjuto que vestía elegantes ropajes trenzados en hilos de oro con adornos de marfil. Cerró la puerta sin más, mientras sus ojos, con un brillo frío y extraño se clavaban como un puñal en el cuerpo de la pequeña y una mueca parecida a una sonrisa se
dibujaba en su seco rostro.

No medió palabra, simplemente avanzó lentamente hacia donde se encontraba la mujer y la niña, la mujer entró en acción, dejando que todo su encanto intentara distraer la atención de ese depredador.
Dos veces fue rechazada, tres veces intentó que atendiera a la mujer y dejara a la niña en un segundo plano, Essi, se encontraba apoyada en la pared, presa del pánico… el Bajá golpeó entonces a la mujer, derrivándola, y mientras la golpeaba en el suelo le dijo con voz seca y monótona.

- No te interpongas en mi camina, puta… - asestó un
puntapié al vientre de la mujer, mientras sonreía de esa manera extraña.

Algo chascó en la cabeza de la niña, una luz, un engranaje, algo se puso en marcha… antes de darse cuenta, se vio con una, otrora delicada figura de
cristal, rota y ensangrentada en la mano, mientras el cuerpo inerte del hombre enjuto yacía en el suelo y la mujer la cojía de los hombros con firmeza mientras la sacudía y repetía su nombre.

- ¡Essi¡ ¡Essi¡ - le dio una bofetada hasta que la niña fijó en la mujer sus ojos verdes abiertos como platos - Essi, cariño, tienes que salir de aquí… ¿Me entiendes? ¿Me entiendes, Essi? – Le acarició la mejilla con ternura y dedicó una sonrisa franca y dulce – Mi pequeña gata… - susurró – Corre por los tejados y abandona esta ciudad – Empezaron
a golpear la puerta y a soltar improperio desde el pasillo, Essi miró hacia la puerta, pero la mujer la obligó a mirarla de nuevo- Yo te daré tiempo… ahora corre… ¡Corre¡

La niña se dio la vuelta y se encaramó a la ventana de la habitación en el momento en que la puerta se vino abajo, la niña miró hacia atrás y vió a la
mujer con los brazos en cruz, entre ella y los guardias del Bajá, con las armas desenfundadas. La mujer la miraba con una sonrisa.

- Corre gatita – dijo con dulzura antes de mirar a los
guardias.

Essi saltó al tejado más cercano al tiempo que oía un sonido húmedo y un golpe seco…

Corrió, saltó, trepó… se descubrió cuando su mente y su respiración se lo permitieron, fuera de la ciudad… imágenes difusas como para saber como había alcanzado ese lugar. Sucia, con el vago intento de ropa hecho jirones, vagó por el camino hasta encontrar, en mitad de la noche una luz en una curva del camino. Era una caravana de mercaderes a los que había alcanzado la noche. Los guardias que montaban guardia no repararon en esa pequeña figura escurridiza, el grupo de curtidos norteños que se encontraban alrededor de la hoguera mientras comían y charlaban fueron los primeros en percatarse de la niña al borde de donde alcanzaba la luz de la hoguera.

La miraron en silencio con el ceño fruncido, un hombre calvo y con una barriga grande como sus potentes brazos cogió un cuenco y lo llenó de
estofado, se lo tendió a la niña, que se acercó presa de una fatiga repentina, arrastrando los pies, se sentó en el banco donde estaba el grandullón y cogió el cuenco. Fijó la mirada en el humeante estofado, alguien le había puesto una capa sobre los hombros… no recordó cuando se quedó dormida…

Hay, en esta existencia, muchas maneras de llevar a cabo tu camino, de forjar tu vida, y todas ellas vienen baremadas por el punto de vista de quien lo vive. Hay quien camina en solitario por el ancho mundo y dedica una sonrisa al que se cruza con él, hay quien se rodea de una corte y ningunea al resto de la creación. Algo sencillo que no cabe en la mente de
un cortés, algo lógico para aquel que realiza portes, es la ley del camino.
 

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III. Gata viajera​

El camino es el hogar de un amplio número de personas, de distinto tipo, con distintas intenciones, pero ligados íntimamente al devenir de los senderos. Lugar de comerciantes, aventureros, ladrones y sin fin de criaturas más o menos siniestras, un lugar como otro cualquiera donde vivir, un lugar como otro cualquiera donde encontrar tú familia y tú destino.

La vieja Tata observaba a Essi con una sonrisa tierna y los ojos entrecerrados debido a su desgastada visión, la niña había encajado en el variopinto elenco que conformaba la caravana de mercaderes de la Marca Argentea. Su espíritu vivaracho y su mente despierta daban un punto distinto a la monotonía del día a día del camino, si bien, su inagotable energía hacía que los distintos miembros de la caravana se fueran pasando el muerto de unos a otros.

Mientras se mordía el labio intentaba que los puntos de la costura quedarán mejor que los anteriores, aprendía rápido, si no se aburría antes, pero le gustaba estar con la vieja Tata, era quien la había curado y la había atendido los primeros días, haciéndola sentir como en casa… una casa en movimiento y traqueteante, pero en casa, a fin de cuentas.

- ¿Y por qué tengo que llevar cascabeles en los dobladillos de mi ropa, Tata? – preguntó mientras miraba de reojo a la anciana
- Mmmm… dice Edrick que quiere saber donde estás en todo momento… sobre todo por las noches – rió con un sonido rasposo – Les das sustos a los vigías.

CLINK CLINK

- Essi… ¿Dónde vas a estas horas?... – la miró Roy desde lo alto de una de las caravanas. La niña suspiró y se dio media vuelta.


Elrick, el enorme herrero de la compañía observaba con una ceja alzada como Essi intentaba darle forma con pequeños golpes al filo de una daga que le estaba enseñando a hacer.

Essi sudaba por la concentración y por el repetitivo movimiento sobre el metal aún maleable, farfulló algo.

¡Vamos Essi! – rió el hombreton – Tienes las manos que me hubiera gustado tener a mi toda mi vida… - se rascó la calva pensativo – bueno, demasiado pequeñas, pero habilidosas…

CLINK CLINK

- Deja de ir a por manzanas o te crecerá el culo… - rió Osgath mientras afinaba las cuerdas de su laúd. Essi le dedicó una mirada funesta, dio una patada a una piedra y se fue a su saco.


Se le clavó una astilla en el dedo índice y maldijo bajo mientras miraba a Roy sentado guiando los bueyes por el camino. La talla de madera parecía ir cogiendo forma, a la vez que se iba llenando la mano de callos. El batidor sonrió de medio lado sin apartar la vista del camino.

- No … no te vamos a quitar los cascabeles, gatita … y tampoco estoy cogiendo los baches a propósito para que te cortes mientras tallas…

CLINK CLINK

- ¡Joder Essi! Deja de dar por culo que me toca hoy a mi hacer la guardia y no tengo ganas de arrastrarte al saco y atarte al palo de los bueyes… - tronó Erick desde su lugar.
- ¡Hijo de una loba!... – masculló mientras daba media vuelta.


Las hojas estaban frente a Essi y parecía que las letras se movieran ante sus ojos, miró sin comprender al trovador, está no era una historieta de las que le obligaba a leer mientras le enseñaba a manejar finos hilos metálicos para hacer ceder distintas cerraduras.

- Tienes una cabecita sorprendente, gatita… no creas que yo sé mucho de esto, pero lo que estás viendo son runas arcanas, quizás puedas llegar a entenderlas en parte…

CLINK CLINK CLINK CLINK

Se acercó al grupo que estaba rodeando una figura tendida en el suelo, alzó la vista al árbol de dónde colgaba el extremo libre de la soga que la tenía colgando, guiaba a la vieja Tata al lugar, pues de noche no veía bien.

Osgath puso, tranquilizador, las manos sobre los hombros de la niña mientras la anciana observaba el estado de la elfa que Roy había encontrado cuando caía la noche, la vieja Tata masculló órdenes para que la llevaran al campamento, la pobre criatura aún estaba con vida, se acercaba a ella con fuerza y había que ayudarla en tal empeño …

El camino es el hogar de un amplio número de personas, de distinto tipo, con distintas intenciones, pero ligados íntimamente al devenir de los senderos. Lugar de vida, lugar de muerte, lugar de conocimiento y pérdida, lugar de soledad o compañía. Una moneda al aire puede marcar tu suerte caprichosa, es la ley del camino.
 

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IV. Hermana (parte 1)​

Los lazos que nos unen a las personas trascienden a la sangre y los linajes, uniendo a las más extrañas y diversas criaturas para bien o para mal. Hay lazos que atan más que otros, aunque sus cordajes sean aparentemente más endebles, otros elaborados al calor de la fragua se rompen con el soplo de la primera brisa del otoño.

Crella, debe ser complicado despertar un día y tener la única certeza de tú nombre, no recordar nada más allá de despertar bajo los cuidados de la vieja Tata y la mirada curiosa de una niña que no aparta los ojos verdes de la elfa. Essi estuvo ayudando a la anciana en todo lo que está le pedía y creó un vínculo con la durmiente, mucho antes de que abriera los ojos… al menos por su parte.

La anciana le explicó que hay peores heridas que las que muestra el cuerpo a simple vista, y que el desconocimiento de los recuerdos es un mal grande, pero quizás menor de lo que duerme en la profundidad de la mente de Crella.

Habian acampado lejos de su destino, lejos de Nevesmortas, pues la anciana no quería avanzar hasta que la elfa se hubiera despertado de su sueño inflinjido, suficientemente cerca estuvo de la muerte como para correr más riesgos.

Elrick y los demás lo entendían, pero, cuanto más tiempo pasaba, más peligroso se hacía el regreso. El frio haría más atrevidos a todas las criaturas que moraban los caminos, habría que redoblar los esfuerzos cuando la elfa despertara.

Así sucedió pues, al despertar Crella, sólo Crella, simplemente Crella, se pusieron en marcha redoblando esfuerzos, nadie tenía ya tiempo para Essi, tampoco para Crella, que no parecía deseosa de ninguna compañía, algo normal, pues debe ser desconcertante andar como si acabarás de salir de la niebla de más de un siglo de falta de recuerdos.

Si bien Essi mantenía su curiosidad, pero no conseguía espiar a la mujer elfa como podía hacer con los demás, ahora que había conseguido moverse sin que los cascabeles hicieran ruido. Siempre se encontraba con los ojos azul verdoso de la elfa que la miraban con extrañeza e incluso, hastío, pero la niña no cenaba en su empeño, aunque la situación que se vivía en la caravana la hacía estar más inquieta de lo normal.

Una noche, cuando quedaban apenas dos semanas para alcanzar su destino, Essi se encontraba merodeando por entre los carromatos mientras hacía malabares con dos manzanas que había tomado del barril de la vieja Tata, la noche transpiraba una tensión extraña, una ausencia de sonidos, salvo por un ruido que se escuchaba cerca del campamento improvisado. La curiosidad atrajo a la gata…

Cuatro figuras se encontraban apenas visibles en la noche sin luna, la niña se fue acercando, escuchando los sonidos sordos de telas y forcejeos, se fue tensando lentamente hasta que reconoció a una de las figuras.

Crella estaba sujetaba por dos hombres escuálidos que la mantenían de rodillas, mientras un hombre gordo le metía un palo por la boca mientras insultaban y reían entre ellos. Essi se paró en seco y se fue agachando hasta quedar acuchillada, sin apartar los ojos verdes de la escena, dejó las manzanas en el suelo en el momento que el gordo le metió una patada en mandíbula.

Esa sensación le era conocida, ese viejo chasquido, antes de darse cuenta estaba dando un salto por detrás del gordo y golpeando la nuca con una piedra, ¿Una piedra?, ¿De dónde …? Lo primero que tuvo a mano, el sonido del crujido del cráneo y la fuerza del impacto y el tambaleó del gordo lanzó a Essi sobre uno de los hombres escuálidos, derribándolo y dejando sin fuelle a ambos por el impacto, aunque Essi golpeó la cabeza con sus costillas, el hombre lo hizo contra el duro suelo. En el otro lado, el gordo había caído sobre el otro asaltante, aprisionandolo bajo su peso muerto.

Tardó unos segundos en recuperar la respiración, algo se le estaba clavando en la cadera, mientras el hombre sobre el que yacía luchaba malamente con saber que había pasado y reponerse del golpe en la cabeza, los gritos del otro asaltante estaban provocando carreras en el campamento.

Essi cayó en la cuenta que lo que le pinchaba en la cadera era la rudimentaria daga que había fabricado durante el viaje, no pensó…

Se levantó con una sensación húmeda en la mano y la espalda y miró a Crella, que sangraba por la boca, no vio llegar al resto corriendo, simplemente se sentó junto a Crella

- Siento no haber llegado antes… - le dedicó una mueca torcida.
 

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III. Iramsill (Parte 2)​

-¡Corre joder! - la menuda joven salió corriendo de la taberna como alma que lleva el diablo.
-¿Essi? ¿Qué has hecho ahora? - la elfa aprendió con el tiempo que mejor correr cuando Essi salía corriendo, sobretodo, de una taberna.
-No se creen que les haya ganado... “por la mano” - Rie mientras corre, saltando por encima de bultos y demás, mientras el ruido de sus perseguidores se pierde en la distancia.
-Essi... te voy a poner una correa para que no te acerques a las mesas en las tabernas. - Crella termina aflojando el paso tras darle una colleja a su hermana.
-¡Au!.... - Se frota la nuca – No es mi culpa que la moneda cayera de mi lado... solo la ayude un poquito – Sonrie y le saca la lengua a la elfa.

Habían trascurrido ya varios años desde que llegaran a Nevesmortas tras ese fatídico o afortunado viaje, depende de como se viera. El tiempo había hecho patente que las dos féminas se habían hecho inseparables y que sus habilidades naturales, superaban con creces las de los habitantes de ese pueblucho norteño.

El tiempo trascurre de manera extraña en un lugar así, sobre todo para una elfa y una niña, casi sin darse cuenta todo cambiaba, aunque no pareciera así en el devenir de la vida de la aldea. Ya habían pasado cuatro primaveras desde que Roy murió enboscado en el último viaje que el, ahora viejo, Erick, realizó en pos de vender sus materiales. Ese invierno, Osgath abandonó la aldea por climas más suaves para vivir su madurez a través de la música y la bebida.

La vieja Tata, ahora era aún más vieja y su vista no era lo único que le fallaba. Las hermanas la visitaban a menudo, procurando que no le faltara nada a la buena mujer, limpiando su casa, cocinando y espantando las alimañas que merodeaban su vieja casa.

Las hermanas miraban uno de los pocos atardeceres despejados que se podían observar en ese lugar, Essi subida a la rama de un arbol, Crella sentada a los pies de esta.

-Essi... tengo que moverme de este lugar... - dijo Crella mientras observaba el movimiento del sol, lento e imponente – Necesito cambiar de aires, esto no cambia, está anclado... necesito un lugar tranquilo donde pensar. ¿Se te ocurre algún lugar?
-Mmmmm... - movía las piernas desde su rama pensando – (¿Luskan es “tranquilo”? Quizás el Valle del Viento Helado sea “tranquilo” ¿Cómo se llamaba ese lugar del que hablaba Osgath? La tierra de Intrigas) Amn... - dijo de repente - Osgath decía que es un lugar de comercio y paso de aventureros, ya sabes, tranquilito, pomposo... esas cosas – Sonrió sin que la viera allí arriba.
-Pues iré para allá entonces... tú vendrás también, ¿no? - preguntó alzando la mirada a la joven.
Como si te fueras a librar de mi – rió mirándola – Pero antes apañaré unas cosas por aquí... por cierto, tengo algo pensado para dárselo a Tata...

La anciana yacía en la cama, cada día que pasaba le costaba más salir del lecho, las hermanas, una vez terminada la limpieza se acercaron donde esta descansaba.

-Tata... - murmuró Essi, arrodillada junto a la mecedora de la anciana, la anciana miró a la joven y a la elfa que estaban a su lado y esbozó una sonrisa cansada – Te hemos traído un regalo... - hablaba con ternura, le puso una moneda de hierro en la mano, tallada con las iniciales de ambas, una en cada lado, la había creado a partir de la hoja de la tosca daga que la había acompañado todos estos años – Nuestra suerte te acompañará siempre... - Ambas le dieron un beso en la frente antes de partir.

Crella había partido hace un par de semanas, Essi había preparado ya sus cosas para partir hacia su propio viaje. Se asomó a la forja donde estaba Erick, sentado pesadamente, enseñando a Tom como golpear el metal candente desde la distancia.

-Me voy ya... - se acercó a darle un abrazo al grandullón – Cuanto más tarde, más me costará irme... - se volvió hacia Tom – ¡Como me entere que no visitas a la vieja Tata, volveré para ponerte hierro fundido en las orejas!
-Gatita, te voy a atar un cascabel al rabo untado de miel para que te perdigan las abejas todo el camino... o los osos – sonrió a la joven y la dio un fuerte abrazo levantándola del suelo – Escríbenos y no te olvides de nosotros...
-Eso nunca....

Los lazos que nos unen a las personas trascienden a la sangre y los linajes, uniendo a las más extrañas y diversas criaturas para bien o para mal. Aunque pasen los años, los lazos siguen férreos, aunque la gente desaparezca, los lazos siguen firmes. Son las ligaduras y costuras que nos marcan nuestro ser.
 

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IV. La Gata entre Ratas​

La vida son decisiones, bifurcaciones que se abren al paso del caminante, son calles de un único sentido, una vez elegido el camino, nunca podrás volver a atrás...

 Recuerdo haber hablado con la vieja Tata de todo esto, Essi – comentaba Erick desde la puerta de Nevesmortas – En el momento en que Crella recupere la memoria, seguramente sea cuando más te necesite a su lado...

Esas palabras acompañaron a la joven por los caminos, como el pasado nos puede acompañar, las vivencias son algo que atesorar, los problemas, sin embargo, tienden a asaltarnos en el recodo del camino. ¿Cómo iba a servir de ayuda a su hermana, si no podía dejar atrás su propio pasado? Calimport tenía la respuesta a este dilema, tendría que dar un buen rodeo antes de encontrarse con Crella en Amn, pero había pasado demasiado tiempo desde el día de su huida y no había conseguido disipar la niebla de angustia que esos recuerdos la provocaban.

Llegó a Calimport en barco, una manera bastante más fácil de pasar desapercibida si sabes como, la ciudad no había cambiado, quizás algunos derrumbes, algunos edificios nuevos, algunos más viejos, pero, en normas generales, pequeños parches para un inmenso tapiz. El local de placer del que huyó hace años, no era más que un mascarón vacío y tiznado por un antiguo incendio. Un escalofrío la recorrió la espina dorsal, no creía que el esqueleto quemado del edificio fuera algo ajeno a lo que pasó allí.

Pasó los días por las calles, como antaño, pasando de sombra en sombra sin llamar la atención, o al menos intentándolo. Preguntó por los rincones más oscuros y a las ratas de la calle por si alguien recordaba algo de lo que pasó en esa fatídica noche. Una infructuosa semana tardó en conseguir una pista, parecía ser que un viejo trovador, ocasionalmente, contaba cierta historia sobre la noche en que ardió un burdel, como la venganza de una familia importante.

Lejos de creer en las coincidencias y esperando un golpe de suerte, se enteró del lugar que solía amenizar y fue esa misma noche a ver que tenían de real los rumores que le habían llegado. Su sorpresa duró lo que tardó en comprender la lógica de la situación, su antiguo maestro era el barro en cuestión… pero esa noche no tuvo la suerte de escuchar la canción. No quiso que la reconociera y se fue antes de llamar la atención en un local cada vez más vacío.

Fue a media noche en las inmediaciones de dónde antes estuvo su “hogar”, por dónde vagaba Essi sin rumbo concreto donde su maestro la encontró.

- Si crees que este viejo se va a olvidar de una gatita escurridiza es que no me conocías tan bien – Dijo a las espaldas de la mujer, tomándola desprevenida.
- Lo lamento, no quería que, por mi culpa tuvieras problemas, sólo quería saber de primera mano que pasó esa noche… - dijo compungida ante el trovador.
- Vamos, gatita – sonrió a la joven – permite a este viejo que abrace a su antigua alumna y que la invite a algo caliente mientras respondo a sus preguntas…

El trovador llevó a Essi a un local del puerto dónde le conocian, mientras comían le contó cómo la familia del bajá acusó a Re,lhem del asesinato de su cabeza de familia, esparcieron los pedazos de la meretriz dada muerta esa aciaga noche en calderos que colgaron meses de los carteles de toda taberna y burdel de la ciudad, aparte, invitaron a la alta estofa a ver cómo ardía la casa de placer, momento en el cual las fuerzas de la familia del bajá asesinado aprovecharon para tomar el palacio del bajá denostado que había tomado cierta ventaja de lo sucedido.

- Re,lhem, siempre creyó que tuviste algo que ver y, en su desgracia, te buscó largo tiempo en la ciudad y sus proximidades – Sonrió a la joven y le retiró una de las lágrimas que caían de sus ojos verdes enrojecidos – Tanto ella, como yo, como el resto de chicas, nunca pensamos mal de ti y seguro que tú hermana mayor, volvería a hacer lo mismo si volviera a la vida…

Antes de que las palabras pudieran calar en la mente de la joven, la puerta se abrió de golpe, entrando una serie de hombres armados antes de que entrara un muy deteriorado Re,lhem seguido de la rata que murmuró a Essi lo de la actuación de su maestro.

Ocurrió como ocurren estas cosas, de manera caótica y sin sentido. Dos matones yacían muertos a los pies del cuerpo sin vida de su antigua maestro, sentado en una silla, parecía tomarse un descanso tras haber matado a dos de ellos, pero nunca se levantaría a terminar su trabajo. Essi yacía intentando respirar después del golpeado que le habían propinado en las costillas, la consciencia de fue oscureciendo mientras veía como la escena se perdía.

Despertó con un dolor lacerante en el costado, acrecentado por estar tendida de unos grilletes por las manos sobre el suelo, parecía que la consciencia se mantenía perezosa, pero se forzó a despertarla.

Estudió la situación cuando pudo centrar su mente, se encontraba totalmente desnuda, pero el único dolor que sentía su cuerpo provenía del costado y las muñecas. Alguien, seguramente Re,lhem, la había llevado a una oscura y asfixiante celda, que hacía que su cuerpo estuviera recubierto por una fina película de sudor. Alzó la vista para estudiar los grilletes, y buscó con la lengua la orquilla que había escondido entre las encías y sus labios antes de que el caos finalizara. Tras unos dolorosos intentos y contorsiones especialmente dolorosas, logró hacer llegar la orquilla a sus manos, abrió los cierres de los grilletes, pero se mantuvo colgada, esperando…

Pasó un rato antes de que alguien manipulara la cerradura de la celda, Re,lhem y uno de sus matones se encontraban en la puerta. El antes gordo avaricioso, llevaba un bulto envuelto en telas caras, ordenó al matón que vigilara que nadie les molestara, se quedó en la puerta dando la espalda a lo que ocurriera dentro. Re,lhem avanzó con parsimonia hacia Essi…

- Mira por donde… voy a poder tomar justa venganza… tras tantos años, vuelves echa toda una mujer a mis manos otra vez… y sin mácula – Rió con ganas mientras descubría el paquete envuelto, un brasero que destapó y un cuchillo curvo muy hornamentado.

Essi observaba todo balanceándose colgada de los grilletes, no dijo nada, ni cuando éste tanteo su recobrada mercancía, sólo una mirada de odio en sus ojos verdes.

- Sin mácula… pero no eres para mí – se sacudió las manos – te marcaré a fuego para que la familia del hombre al que mataste hagan lo que quieran contigo… - tras coger el cuchillo curvo, paso el filo sobre el costado de la joven sin llegar a cortar – lástima este moratón, te marcaré a fuego en el otro costado...

Dio la espalda a Essi para dirigirse al pequeño brasero, momento en que ésta aprovechó para revolcarse en silencio de sus grilletes y asestar un terrible golpe en la sien de Re,lhem que hizo chascar la mano de la joven, caer a su captor, que a Essi senos escapara un grito de dolor y se esparcieron las monedas que llevaba Re,lhem en un bolsillo oculto como si de un ruido de cadenas tratara.

Essi se quedó en silencio medio segundo hasta que escuchó la risotada del matón en la puerta, recogió el cuchillo curvo del inconsciente y avanzó en silencio, con el arma en la zurda. El corazón recreaba un solo de batería en los oídos de la chica, el hombre era sensiblemente más alto, así que… golpeando las formas de este hizo que se venciera cayendo de rodillas dónde esperaba el filo para su garganta… aprovechando el movimiento hizo que terminara de desplomarse dentro de la celda, con un gorgoteo aún audible.

Aún no, seguía en movimiento, volviéndose ante el cuerpo inconsciente de Re,lhem, aún no, si no acababa con él nunca sería libre, aún no, la hoja descendió lentamente, aún no, la respiración de Essi era la única que se escuchaba en la celda.

Ahora sí observó la escena pálida, vomitó en una esquina… el dolor de la mano y el costado era un latido constante, pero debía moverse… cogió la hoja y rasgó algunas telas con las que vestirse... Dejó la hoja en el suelo dispuesta a salir, pero pateó algo… al bajar la mirada vio una moneda metálica y fea en el suelo, la recogió y salió de ese lugar…

Nunca podrás volver a atrás porque las decisiones que son las bifurcaciones en tu camino, marcan tú cuerpo y tu alma con cicatrices que no se pueden borrar.
 

ELLOESO

Perro de Dan
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//Fin del primer libro, espero que os haya gustado, a partir de este momento empiezan las correrías, corredurías o lo que sea (buscar corredor de bolsa en youtube, por los dioses) pasando al correspondiente foro.//
 
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