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La gloria del regreso | Relato conjunto

Dovahkiin

Adorador de Eduardo
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De cómo la Arcanum Schola y los Magos Rojos de Zhay consiguieron trabajar en equipo para restaurar una de las maravillas de Halruaa y regresar a casa entre honores y con su reputación.... ¿intacta?​
 

Poisoned

El que aplaude en los discursos Zhent
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La aprendiz de maga Roja, Kaelith, se tomó un breve descanso tras la incursión en el hormiguero antes de dirigirse al barco celestial. A pesar de su aparente indiferencia, decidió colaborar con los artífices y demás encargados de reparar el desastre.

Era bien sabido que esta semielfa tenía una forma peculiar de interactuar con los demás. A veces podía ser bastante sociable, amigable incluso, otras, hermética y fria. No solía dar demasiadas explicaciones cuando se ofrecía a ayudar, ni tampoco esperaba que le preguntaran mucho. Simplemente hacía lo que consideraba necesario, en el momento que consideraba oportuno.

Se acercó al grueso del grupo, compuesto por alumnos y maestros de la Arcanum, y sin mediar demasiadas palabras, comenzó a conjurar ante ellos. Para quienes tenían conocimientos arcanos (posiblemente todos), no resultaba difícil identificar los sortilegios tras sus entonaciones precisas y los movimientos de sus manos. Primero, Creación Mayor, materializando las herramientas necesarias para la reparación. Luego, Horda de Sirvientes Invisibles, conjurando una fuerza de trabajo etérea lista para asistir en las labores y compartir cargas con los demás (bajo las ordenes de su conjuradora, claro).

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—Decidme qué hay que hacer y qué herramientas necesitáis —pronunció con voz suave, aunque carente de cualquier atisbo de intenciones de continuar hablando más de lo necesario. No se mostraba hostil, solamente quería limitarse a trabajar sin sociabilizar mucho.

El sol abrasador y la arena interminable habían dejado de tener encanto hacía tiempo para ella, y su bronceado la empezaba a aburrir. Quería volver a casa, pero no sin antes terminar su labor.

Así, se sumergió en la tarea, permaneciendo el tiempo necesario junto a los artífices. Apenas hablaba más de lo indispensable, limitándose a crear las herramientas que los demás le solicitaban y a coordinar a los sirvientes invisibles para que cargaran materiales y facilitaran el trabajo. Todo con la misma actitud meticulosa, eficaz y distante que la caracterizaba. Solamente tomándose descansos en intervalos para recuperar conjuros y fuerzas.



 

Zio

Pornorroleador oldschool
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Que el calor del desierto había hecho que se desplomase en la Mansión que por fin habían podido crear, era ser amable con el alado. El calor había golpeado duramente, pese al refugio del interior del templo del exterior las llamas interiores y todo el teje maneje con el fuego primigenio no ayudaba nada, pero nada en absoluto.

Tras un merecido descanso, refrescarse un poco y ponerse la ropa que tenía para trabajar, empezó a elaborar la idea que la cuasi-insolación le había permitido tener. No en si el veneno de las púas que, por suerte, había podido soportar.

Había que ser realistas con el barco.

El casco estaba a falta de una palabra mejor, destrozado por varias zonas y de forma severa. Las velas y los mástiles estaban en peor estado: Las velas rasgadas, calcinadas de forma parcial. Los mástiles requerían de una reparación urgente o iban a colapsar de un momento a otro.
El mecanismo del timón estaba peor, si es que eso era posible. La rueda estaba astillada e inservible y el mecanismo inutilizado.

Lo único que podían reparar como tal era el cristal de vuelo, ya que tenían las piezas.

Por ultimo el fuego había quemado varias secciones y quedado chamuscadas. Restos carbonizados y esparcidos por la cubierta y niveles inferiores. Lo que si podía recuperar con totalidad era los metales, algunos fundidos por el calor extremo hasta derretirse. Con los moldes adecuados que ellos mismos podían hacer con Moldear Roca y Fundir Metal podían aprovechar ese recurso en su totalidad. Las herramientas, las tenían del campamento gnomo. Kaelith, la aprendiz de maga roja también había puesto a la disposición de los ingenieros herramientas hechas a partir de su magia. No se fiaba de un mago rojo, pero no iba a ser tan estúpido de desestimar ayuda.
Si, podían volver con magia, pero se había propuesto trabajar en el proyecto.

¿Pero como reparar un barco cuasi inservible sin los materiales adecuados?

Facil.

Hacían un barco nuevo.

Su idea era aprovechar los materiales salvables para fabricar un navio mas pequeño que les pudiera llevar de vuelta:
-Las lonas de las tiendas de campaña y las cuerdas podían hacer de velas improvisadas.
-La madera rescatable del barco podían utilizarla para formar la estructura, el casco y si podían camarotes interiores para poder navegar con comodidad. Podrian reforzar los mastiles con el material sobrante.
-Al poder recuperar y reutilizar el metal podrian reforzar aquellas zonas que mas les hiciera falta y sustituir el mecanismo del timón.
-Podían traspasar el cristal de un navío a otro.

Era una apuesta mas segura.

Y era viable.


El alado no tardó en tomar las riendas de la situación, empezando a hablar con todo aquel con conocimiento de artesanía y/o ingeniería para poder realizar a cabo el trabajo. Había algo por lo que se le caracterizaba, unos que ya sabían y otros que aprenderían en ese momento: Trabajaba codo con codo por un objetivo común sin importar los integrantes del proyecto.

-
Separad lo que podemos aprovechar y lo que debemos prescindir. Nuestro barco volará.-
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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Alguien debia quedarse para proteger los restos del mas que maltrecho barco . Entre todos decidieron que serian ellas , mientras el resto partía a través de las arenas abrasadoras. Siempre habían remado a favor del propósito mayor a pesar de que en condiciones normales nunca habrian colaborado. Lo habían hecho en la Guerra del Escorpión con los banitas y lo harían con los Thayinos todos a una ,no era momento de dividirse sino de sumarse. Formaban una unidad. Toda la memoria y saberes se pusieron a disposición ,como se puso cada truco prestidigitador procurando comida y bebida apetecible a todos. También entretenimiento pues las horas alli pasaban despacio y hasta las mentes más capaces podían afectarse. Las voces de dos de las mejores bardos de Amn ,darían empuje,ánimo y aliento cuando fas fuerzas faltasen o desfallecieran .Eso no iba a pasar mientras las dos trovadoras estuviesen vivas. Iban a salir del desierto. Ahora podrían decir que habían estado en Halruua y no solo navegar en uno de los barcos voladores sino en dos . Uno de ellos, el mas importante pues los devolvería a lugar seguro ,construido por el grupo tan variopinto como ellos.

-Nada ni nadie va a acercarse a esta ruína de barco Made
-Nadie en nuestra guardia, Marinera
 
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Arrakis

Alas del Pegaso de Valrieth
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Jadzia nunca había tenido la intención de quedarse allí, atrapada en medio del desierto abrasador. Las cartas, sin embargo, habían jugado en su contra. Lo que debía ser un simple viaje deplacer, una demostración del poderío de Halruaa, se había convertido en un inesperado ataque, que había terminado con su nave incapaz de surcar los cielos hasta que las reparaciones estuvieran completas. Y ahora, bajo el despiadado sol del desierto, solo les quedaba intentar reparar el barco volador que los había traído hasta allí.

Con un leve movimiento de su mano elevó un disco de energía translúcida que flotaba junto a ella, cargado con tablones de madera, herramientas y materiales que los artífices tomaban sin pausa. Sin un conocimiento profundo de ingeniería ni carpintería, la bribona arcana solo había podido ofrecer ayuda menor con las reparaciones del casco, asegurando tablones y reforzando las juntas con hechizos rudimentarios. Pero donde realmente podía hacer una diferencia era en la restauración del cristal que mantenía la nave en el aire.

Ese núcleo arcano era el corazón mismo del barco, el centro sobre el cual giraba toda su funcionalidad. Sin él, no importaba cuánto reforzaran el casco o afinaran los mecanismos; seguirían varados en tierra. Allí, su experiencia en la fabricación y manipulación de artefactos mágicos podía resultar invaluable

El disco de Tenser flotaba con impasibilidad, soportando un peso que, de otro modo, habría requerido el esfuerzo de varios hombres bajo aquel sol implacable. Jadzia, por su parte, no mostraba signos evidentes de incomodidad, aunque en la oscuridad de sus ojos se reflejaba el desagrado que la luz intensa le inspiraba. De vez en cuando, con un leve gesto y un susurro en en netherino, un conjuro de oscuridad se desplegaba a su alrededor, fragmentando la luz y proyectando sombras que aliviaban la intensidad abrasadora del orbe de Lathander.

Cuando se habían separado los dos grupos, Vys y ella se habían asegurado de comunicar su supervivencia a quienes pudieran haber quedado preocupados por su repentina desaparición. Ahora, con ese asunto resuelto, solo quedaba centrarse en la restauración del barco.

Las reparaciones avanzaban con rapidez, y aunque no era su especialidad, confiaba plenamente en aquellos que sí dominaban la materia. Druulxakmilesh, Vys y Cythera se encargaban de los aspectos más complejos de la reconstrucción. La umbra no tenía dudas: con ellos a cargo, pronto surcarían los cielos nuevamente.​
 

Nazgul

Vestido de Valak
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El viejo maestro, cansado tras haber tenido que combatir con una tribu de licántropos y unas hormigas inusualmente grandes y resistentes, hizo acopio de fuerza para una última labor. Conjuró una Mansión del Mago con todos los lujos, convocó un elemental de aire enorme y puso este y a su gólem a disposición de los artesanos para cargar pesos.

Mientras los demás trabajaban se encerró con su pipa de fumar a darse un baño confiando en el buen hacer de los artesanos, mucho más hábiles que él mismo, y se dispuso a leer su grimorio y grabar en su mente las fórmulas de conjuros necesarias para protegerse a sí mismo y a los alumnos de encontrarse alguna amarga sorpresa al regreso en Halruaa. Al tercer día de trabajo se le pudo ver un par de horas tomando el aire y revisando los trabajos mientras charlaba distendidamente con el autoproclamado Khazark Obara, compartiendo opiniones de igual a igual, y dando apoyo moral con unas palmaditas en la espalda a la depresiva Nyxaria. Incluso metió un poco de cizaña al buen dracónido diciéndole con una sonrisa pícara: Druul, ¿crees que ese movimiento en las dunas se trate de un dragón azul al acecho...?

Cuando recibió aviso de que los cristales estaban acoplados y la magia de vuelo preparada, se presentó de nuevo ante el grupo listo para cualquier imprevisto. Ayudó con su propia magia y conocimiento a activar los sistemas de vuelo del Barco Celeste y a pilotarlo en dirección a la Capital del Reino Mágico Halarahh.

En su retorno se ocuparía de las explicaciones y diplomacia, contando al Consejo de Ancianos todo lo sucedido con la traición de los cultistas de la Llama y la aventura por el desierto.

Abogó por mantener buenas relaciones con Amn y la Escuela de las Maravillas en el futuro, ya que de buena fé y voluntad la Arcanum Schola y los Magos Rojos habían colaborado para reparar y devolver un valiosísimo Barco Celeste en lugar de dejar su casco abandonado o llevárselo como propio de regreso a Amn.

Bajo los aplausos al aterrizar en el puerto celeste de Halarahh -tal como le había revelado aquel orbe adivinatorio- el mago preparó sus contingencias y diversas defensas listas para saltar en el momento que lo desease, con el fin de mantenerse alerta y bajo seguro de cualquier malentendido. Pero se dio el caso ni la necesidad de tener que usarlos. ¿Habrían servido de algo en realidad, contra tantos arcanos con años de experiencia? Suerte no llegar a descubrirlo.

Así pues invitó al Rey Mago y su Consejo de más de 400 magos de élite formalmente a enviar magos halruaanos a Amn para compartir sus hallazgos e investigaciones y unirse en comunidad mágica de las Ferias Mágicas que organiza la Schola cada trienio recibiendo invitados de Tezhyr y Cormyr. Por último les instó como Senescal y embajador del Consejo de Seis, a contactarles si precisaban algún material de los que Amn exportase asegurando un trato comercial beneficioso para todos.
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Dovahkiin

Adorador de Eduardo
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El amanecer se extendía por el desierto como una herida mal cerrada. Los colores del cielo, lívidos y anaranjados, no traían consuelo, solo la confirmación de que otro día comenzaba. El aire aún estaba quieto, pero pronto herviría. El silencio era casi absoluto, roto apenas por el crujido de la arena bajo el paso de quienes ya se habían puesto manos a la obra.

Nyxaria se sentó en una duna baja, sus ojos oscuros posados en la figura de Vys, cuyas alas negras se agitaban mientras trasladaba piezas de madera rescatadas. Más allá, Druul empujaba parte del bastidor reforzado bajo un sol aún joven pero implacable. Cythera, la genasí de aire, daba instrucciones con su voz cristalina mientras manipulaba con precisión herramientas encantadas. Los observaba desde la distancia. Como siempre. Al principio, la costumbre había sido su escudo: ser la sombra al margen, la presencia callada y afilada que no necesitaba compañía. Pero esta vez había algo más. Una reflexión latente que le revolvía el estómago desde hacía días.

"Te estás ahogando en el reflejo."

Aquella frase, traída del sueño donde la oscuridad tenía voz y alas, no había dejado de resonar. Al principio, no supo entenderla. ¿A qué reflejo se refería? ¿A sus sentimientos? ¿A su deseo de encajar entre aquellos que reían y trabajaban sin arrastrar un velo de muerte sobre los hombros? ¿A la esperanza de una vida común, una en la que pudiera ser solo una alumna más?

Pero en el silencio del desierto, las respuestas se revelaban a quien sabía mirar.

Se estaba ahogando en la idea de no ser nada.

Había permitido que el dolor la arrastrara, que las dudas se instalaran como un cáncer invisible. Había olvidado lo que era. Quién era.

Nyxaria Vel'thorne. Nacida de sangre antigua, marcada por designios oscuros, tocada por fuerzas que desafiaban la comprensión. No una arcanista común. No una víctima. Una fuerza latente. Una bisagra entre mundos.

No más aislamiento. No más autocompasión.

Al día siguiente, se presentó junto al grupo con la espalda erguida y las manos desnudas. No llevaba herramientas, ni sabía usarlas. No podía recitar planos ni calcular resistencias arcanas. Pero sabía observar. Sabía leer el ritmo de un grupo. Y sabía sostenerlo. No con órdenes, sino con presencia. No señalaba errores técnicos, pero sí ofrecía apoyo cuando uno de ellos perdía el ritmo, cuando las manos temblaban por el cansancio o la frustración se reflejaba en las cejas fruncidas. Ella estaba allí, con palabras breves, con un gesto, con una mirada que decía: "Sigo contigo." No fue la ingeniera. Fue el compás. La voz entre murmullos que devolvía la armonía. Cada vez que alguien desfallecía, ella estaba allí. No imponía, ofrecía. No se alejaba, acompañaba. Y cuando el cristal mágico —corazón del nuevo barco— comenzó a emitir pulsos erráticos, fue Nyxaria quien se mantuvo vigilante. Había algo en él que latía con un eco que le era familiar. Como si ambos, cristal y mujer, compartieran un origen lejano. Al tocarlo, sentía como si respirara. Como si, con su aliento, lo mantuviera consciente, negándole la muerte que ya había rozado. Cada noche, cuando los demás dormían, ella se sentaba junto a él. Y susurraba. No conjuros, sino palabras vivas. Compromisos. Juramentos. Recuerdos. No sabía si el cristal podía oírlos. Pero sabía que los aceptaba.

Al tercer día, mientras cargaba un paquete de cables hacia el puente, sintió una mano en la espalda. Tres palmadas breves. El profesor Kerloch, con su eterna túnica encantada y ese aire de genio despistado, le dedicó una mirada entre la aprobación y la ironía a modo de apoyo. No dijo nada. No hacía falta. Se limitó a seguir caminando hasta donde Druul soldaba unas juntas con concentración extrema.

—¡Druul! —exclamó el viejo mago—. ¿Crees que ese movimiento en las dunas se trate de un dragón azul al acecho...?

Nyxaria giró la cabeza al instante. Sabía lo que los dragones significaban para Druul. Lo vio tensarse, agitándose con inquietud.

Se acercó y, con una calma que sorprendente, le puso una mano en la hombrera.

—Céntrate, Druul —dijo, sin burla ni dureza—. Lo estás haciendo muy bien.

Y se quedó con él hasta que su respiración volvió a su ritmo. Después hizo lo mismo con Vys, con Cythera, con los demás. Se movía entre ellos como una corriente subterránea: firme, constante, casi imperceptible, pero útil.

La reconstrucción llevó días, pero cuando el barco al fin se alzó de nuevo, con sus alas de madera, su timón encantado y el cristal respirando con nueva vida, fue Nyxaria quien ayudó a preparar la primera comprobación, asegurándose de que los trabajadores estuvieran listos, hidratados, que nadie estuviera tan agotado como para cometer un error fatal.

El vuelo de regreso a Halruaa fue sereno. Los vientos les acompañaron. Al llegar, los esperaba una comitiva entre vítores, confeti, cantos y ovaciones. Una hazaña. Una epopeya. Honor, gloria. Reconocimiento.

Pero en medio del bullicio, Nyxaria solo sentía un vacío.

¿Valía la pena?

Recordó los cuerpos sin enterrar, los peligros que acechaban entre las dunas, el titán, las bestias que podrían haberlos matado. Recordó la fatiga, el hambre, el miedo de sus compañeros. Y cómo todo aquello había sido enfrentado por orgullo, por fama, por una demostración de poder. Mientras otros reían y bebían, ella observó las luces de la ciudad desde la borda. El cristal seguía palpitando a su lado, como si aún respirara con su aliento.

—Por aplausos —musitó.

Pero en su voz no había resentimiento. Solo comprensión. Había aprendido. Había crecido.

No necesitaba los aplausos. Solo necesitaba recordar quién era. Y qué debía hacer.
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Teiglin

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El Regreso a los Cielos de Athkatla
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Obara Alghul caminaba con paso firme, la túnica escarlata ondeando con cada movimiento mientras ascendía por la escalinata del templo en ruinas. Vraska, Kaelith y Shazzar le seguían en silencio, sus mentes aún atrapadas en los ecos de lo sucedido en el interior. El aire de Halarah se sentía diferente ahora, más ligero, como si la sombra misma hubiese sido arrancada de sus entrañas.

Más allá del horizonte nocturno, en la plataforma del desierto del ''aterrizaje'', el barco volador aguardaba, su estructura de madera encantada aún mostrando las cicatrices del conflicto. Un grupo de ingenieros arcanos de la Arcanum Schola trabajaba bajo la supervisión del mago thayino que aconsejaba y ayudaba cuando era requerido reparando las fallas en su casco y afinando los cristales mágicos que pronto los llevarían de regreso.

Obara se detuvo en la pasarela del barco y miró al horizonte. Había preguntas que aún no tenían respuesta.

¿Qué sería de Asperio y sus traidores? ¿Habría desaparecido en la penumbra de su propia arrogancia, o habría hallado refugio en algún rincón del mundo, tramando su regreso?

¿Llegarían noticias de Thay y su nombramiento oficial? Obara sabía que su reinado en Athkatla ya era un hecho ¿o no?, los formalismos en Thay podían ser un juego lento y peligroso. Una carta con el sello de un Zulkir podía contener tanto reconocimiento como una sentencia de muerte.

Y luego estaba el Rey Mago.

Cuando el barco flotante se elevó suavemente en el aire, Obara preparó un mensaje privado para su eminencia el Rey Mago.

Solicitaba una audiencia privada.

El Rey Mago debía saber lo que había descubierto: Kholstar y su peligrosa obsesión con la magia primordial. La disyunción en Halarah había revelado algo más que la fragilidad de la conexión entre el Shadowfell y el mundo mortal. Alguien había estado jugando con fuerzas que desafiaban los cimientos mismos de la realidad.

Obara sonrió para sí. Los secretos eran la moneda más valiosa de los Magos Rojos.

Y él estaba dispuesto a comerciar.


 

PlusUltra

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El Regreso de los Hijos de la Magia: La Gran Restauración de la Nave Celeste

Si el desierto fue nuestro crisol, Halruaa fue nuestra redención. En una tierra donde la magia es la esencia misma de la existencia, donde los cielos han sido testigos del esplendor de la arcanomecánica, las ruinas de una nave celeste aguardaban su renacimiento. Lo que habría sido un monumento a la desolación, se convirtió en la piedra angular de una alianza inesperada: los Magos Rojos de Thay y los ilustres artífices de la Arcanum Schola, trabajando como un solo ente.

Aquello que pudo ser una tragedia terminó siendo la manifestación del genio arcano en su máxima expresión. Vimos a Kaelith, con su habitual eficacia calculada, conjurando sirvientes etéreos y materializando las herramientas necesarias con la destreza de quien entiende que el arte arcano es una extensión de la propia voluntad. Jadzia, con su meticulosa precisión, aseguró que el corazón mismo de la nave - su cristal de vuelo - no solo fuera reparado, sino devuelto a su gloria prístina. Mientras tanto, las mentes más brillantes de ambas instituciones pusieron a disposición sus conocimientos, intercambiando teorías, compartiendo antiguas técnicas y demostrando que, en el camino del poder, la colaboración puede ser una herramienta tan afilada como la competencia.

La labor de Vraska y los guardianes aseguró que ningún intruso perturbase la labor de restauración. Mientras, los ingenieros halruaanos y nuestros arcanistas thayinos se sumieron en una danza de precisiones, donde cada componente era ensamblado con la certeza de que el más mínimo error significaría un fracaso inaceptable. No había lugar para la imperfección en una obra tan ambiciosa.

El viejo maestro Kerloch, cuya experiencia resultó invaluable, aseguró que cada conjuro, cada protección, cada sigilo arcano fuera inscripto con la meticulosidad de un sabio conocedor de los riesgos y maravillas de la magia. Bajo su atenta supervisión, y la del legítimo Khazark Obara, la reconstrucción avanzó con una determinación inquebrantable.

Al tercer día, con el cristal encendido y la estructura restaurada, la nave se alzó nuevamente sobre las arenas del desierto, suspendida por el poder de aquellos que no temen desafiar los límites de la realidad. La sensación de triunfo fue compartida entre todos los presentes, pues cada uno había jugado un papel en este regreso a los cielos.

El arribo a Halarahh fue recibido con honores. Aplausos, reconocimiento y miradas de admiración se extendieron sobre los supervivientes, sobre aquellos que habían devuelto una maravilla perdida a su gloria original. No había discordia, no había rencor; solo la sensación de haber logrado lo imposible. Y así, el nombre de los Magos Rojos de Thay y de la Arcanum Schola quedó impreso en la historia de Halruaa, no como rivales, sino como artífices de una restauración que desafía al tiempo mismo.

Aunque, claro está, la verdadera historia solo la conocemos nosotros.
 

Druulxakmilesh

Pitillo desechado de Talivia
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La ciudad bullía de vida bajo el resplandor del sol del mediodía, y cada callejuela serpenteaba entre mercados bulliciosos y casas de piedra con cúpulas relucientes.

Desde la puerta principal, la caravana de Druulxakmilesh avanzaba con la pompa de un conquistador triunfante. El dracónido azul cobalto iba al frente, montado sobre un reptil enorme y exótico, traído de las tierras de Halruaa. Sus vestiduras brillaban con sedas encantadas, y en su cuello colgaban amuletos que relampagueaban con cada paso de su bestia.

Detrás de él, una procesión de músicos y danzarines entretenía a la multitud mientras los sirvientes arrojaban monedas al aire, provocando gritos de júbilo y codicia entre los niños y mendigos. Gigantescos estandartes ondeaban, mostrando el emblema de los Shakar. Alquimistas hacían estallar fuegos de colores, y una banda de acólitos entonaba cánticos de victoria.

El camino se abría hasta el palacio del consejo, sus torres de zafiro y oro brillando como un espejismo en el horizonte. La multitud se apartaba, maravillada, y hasta los guardias, imponentes en sus armaduras de bronce, no podían sino mirar con asombro la magnificencia del espectáculo.

Druulxakmilesh avanzó con paso seguro, alzando un brazo con garra para reclamar la atención de todos. La gran puerta de mármol se abrió ante él…


Y entonces todo se desvaneció.

La brisa cálida de Halruaa desapareció. La música se tornó en el monótono goteo del agua en una taberna cochambrosa. La bestia majestuosa se deshizo en la nada. La multitud se desvaneció como arena llevada por el viento.

Druulxakmilesh parpadeó. El sueño de su gran entrada se disipó con la dura realidad.

Suspiró, frotándose el hocico. "Sueños…" murmuró para sí mismo, levantándose con pereza y sacudiendo las escamas. "Algún día…"
 
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DM Kapillo

Sombrero perdido de Astrid
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Y así concluye la invitación inusual a la capital del reino mágico de Haalrua. El barco, tras ser reparado, finalmente pudo regresar a su lugar de origen, donde los habitantes de Halarah aplaudieron al ver desde los cielos cómo el barco celeste logró sobrevivir. Esta es la historia de cómo dos enemigos no declarados, pero con rencillas profundas -los thayinos y la Arcanum-, junto con renombrados aventureros del gremio, se vieron obligados a colaborar para sobrevivir al desierto despiadado, enfrentándose a la adversidad y recordando lo que era ser un mago de tercera categoría, que apenas lograba dominar la cuarta esfera de la magia.


Cuando finalmente llegaron, les recibió un representante del Consejo de Ancianos, acompañado del venerable Kholstar, quienes les informaron que habían enviado barcos celestes en su búsqueda, rastreándolos mediante la magia de adivinación. Sin embargo, los esfuerzos habían sido en vano, pues no lograban encontrarlos debido al cristal primordial, donde yacía el titán que impedía cualquier intento de escudriñamiento mágico.


El sabio Kholstar, en agradecimiento por sus esfuerzos, les confesó que estaba estudiando ese fenómeno extraño que se manifestaba en el desierto, un efecto causado por la conjunción de las esferas, y que su verdadero objetivo era dar caza a los cultistas de la Llama Eterna, quienes se habían propagado por todo Faerûn. Como muestra de gratitud y reconocimiento, Kholstar recompensó a los profesores de la Arcanum con materiales de estudio. Les entregó un telescopio para observar el cielo y estudiar la conjunción de las esferas, un orbe de adivinación, una mesa de alquimia, y una estantería repleta de tomos de distintas escuelas de magia para que pudieran enseñar a sus alumnos.


A los magos rojos les entregó el mismo material de estudio, junto con un complemento especial: un antiguo pentagrama que había pertenecido a un sabio venerador de Velsharoon, el antiguo y ya extinto dios de la nigromancia. Este pentagrama, cargado con poderosos encantamientos, era una reliquia de gran valor para cualquier estudioso de las artes oscuras.


Así, tanto la Arcanum como los Thayinos se marcharon con nuevos conocimientos y recursos, sabiendo que en su estancia por la capital de Haalrua pudieron conocer sus lugares más emblemáticos y sus excentricidades, como la fortaleza de Kholstar, el paseo marítimo, los behirs haalrueños y exponer su conocimiento ante el mismísimo Zalathorm.

Más no solo eso. Para bien o para mal, también conocieron el Páramo de los Bandidos, un lugar de tierras desoladas y peligrosas, donde se toparon con las hormigas gigantes que habitan en ella, su gigantesco hormiguero y su jerarquía llegando a ver una enorme hormiga reina . También fueron testigos de los Gritos de Sangre, un grupo de adoradores desquiciados de Urdlen, y que sufrían de licantropía...


Pero el mayor descubrimiento llegó cuando se encontraron con un ser primigenio, un ser que parecía representar el primer vestigio de la creación misma, cuyos misteriosos poderes parecían estar ligados a la magia primordial. Este encuentro les dejó una marca profunda, tanto física como espiritualmente, pues comprendieron que el mundo que conocían era solo una frágil capa sobre fuerzas mucho más antiguas y complejas.


Así, tras su paso por Haalrua y sus tierras, los aventureros regresaron, habiendo absorbido un vasto conocimiento, la experiencia había dejado cicatrices, tanto visibles como invisibles, que los acompañarían por siempre...

Pero como dicen en Haalrua el poder es conocimiento y un mayor conocimiento conlleva tener un mayor poder...



Offtopic :

La recompensa será una peonza hacia los profesores de la Arcanum y el enclave Thayino para que puedan realizar roles de estudio, pero si dejan la facción deberán de devolver la peonza. Dos tesoros para Astrid & Madeleine para el gremio aventurero.

 
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Quetzalcoatl

Reciclador de post
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Desde la distancia, las dos "Eternas" observaban cómo los arcanos de Amn se dejaban envolver por la multitud. Aplausos, vítores, gritos de admiración… Los halruanos recibían a los "bárbaros extranjeros" como héroes. Y no era para menos. Habían sobrevivido a una de las peores pruebas para un mago, extraviados en un desierto del que pocos regresaban y, lo que era peor, mutilados mágicamente.

Ellas se habían escabullido con discreción. Bajaron del barco volador y se mezclaron con la muchedumbre, lejos del estruendo y las miradas. Sabían bien lo que era el dulce sabor del triunfo, la euforia del público en pie, la ovación al final del espectáculo. Durante años, las aclamaciones fueron suyas. Esta vez, no. Esta vez, no debían serlo.

Desde una mesa, resguardadas bajo la sombra de un pórtico y disfrutando de la mágica brisa que recorría las calles de la ciudad, las dos bardos contemplaban la escena. Susbardoshalruaa1.JPG compañeros de viaje irradiaban emoción -especialmente lo más jóvenes e inexpertos- mientras los líderes arcanistas de Halarah les daban la bienvenida. Para todos ellos, aquella aventura sería inolvidable.

—Morena... teníamos que haber arrastrado a Aravae, aunque fuera de las orejas…

Madeleine sonrió y asintió. A su lado, Astrid se ajustó las lentes sobre el puente de su estilizada nariz, un gesto casi automático, y giró el rostro hacia Madeleine, sonriendo de lado.

- No me digas que te has dejado las cartas en el desierto.

- Tranquila, Marinera. Y los dados tampoco.


Astrid soltó una carcajada, tomó el mazo que su amiga le tendía y comenzó a barajar.

- Esta vez jugamos al "21" pero apostando, Morena. Es más divertido.

Repartió las cartas con destreza. A lo lejos, los arcanos de Amn desaparecían en los inmensos salones del Consejo de Magos de Halruaa, donde les esperaban regalos y honores.

- Ya sabes que nunca apuesto, Marinera... excepto en Amnagua.
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