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La Maldición de las Estrellas

BobM

Restos de un PJ de Aharadad
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Desde Crimmor poco espacio tendría para valorar el peso de sus acciones sobre el resultado en el tablero de las estrellas. Solo contaba con la certeza de que sin importar el resultado de la contienda, los planes que sus hermanos de fe y los suyos propios habían tenido los resultados esperados.

La caída de Nashkel era un hecho improbable, de hecho no era de su interés que fuese completamente sometida, pero si dejar el daño y las miradas hacia quienes les convenía, aún quedaba mucho por hacer y personas en las que debia de enfocar sus esfuerzos para causarles el mayor de los males, no por odio o rencor, si no por que asi lo dicta la Dama de la Pérdida.

Offtopic :
Una penita no haber ido a la escena de batalla, pero no consideraba que fuese el rol más apropiado para mi PJ en esta trama, lastima que ya haya terminado, gracias a @DM Faith por el tiempo invertido pero no le ha dado MP a Gamba > : C -Vas a caer Gamba-
 

Meyares

Vampiro buceador de lagos
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*Tras la ardua batalla , Zahal encaminó sus pasos hasta Kazad, donde tenía la intención de tomar una caravana hasta Athkatla tras darse un suculento banquete y saber del trabajo de reconstrucción de los Enanos.*
Que una Dragona que…? *Interrumpió la conversación de un comerciante que compartía mesa mientras comía.*
(
No, no…. Estoy reventado, necesito descansar… mejor me voy a Caravassar, mmm si… a los baños… quizás al otro le interese, pero a mi no) *negó con la cabeza…*
*Ya en la intimidad de la caravana de camino a la ciudad de los Genios que también le había tratado, tomó un largo objeto envuelto en gruesos trapos y lo desenvolvió… entrecerró los ojos y leyó lentamente las runas inscritas en la hoja*
Memento…
*Empuño la hoja y se maravilló del filo, sonriendo al reconocer cómo herrero que tenía ante sí una obra maestra… la cubrió de nuevo y la guardo pensando para sí…* (Nada mal… será un buen recuerdo del viaje a esa Ciudad).
 

Zio

Pornorroleador oldschool
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Se mantuvo en la vanguardia de la contienda en todo momento, incluso cuando los suyos le instaban a dar un paso atrás para proteger la punta de lanza y a él mismo por las heridas. Pese a que tenia el papel de Dendravoz y abogaba por la diplomacia entre las diferentes partes, había algo que muchos parecían haber olvidado de él.

Era un Avariel de la Casta de Guerra.

Abandonar el campo de batalla ecualizaba el deshonor tanto para él como para su enemigo. En la guerra cuando uno de los dos bandos derrama sangre, ha de hacerse hasta que un bando se proclama vencedor y el otro vencido. La sola idea de perdonar la vida es una gran ofensa y una burla, pues con la danza de muerte se comprometían a la promesa del honor de demostrar su habilidad en la batalla, su culminación el cumplimiento de aquella no pronunciada promesa. Y en aquella contienda que se alargó durante tres días y tres noches sus aliados y el Norte fue testigo de que las alas manchadas de sangre y barro, la armadura arcana que palpitaba con vida propia con la dureza que igualaba a las escamas de un dragón y una espada que emitía unas llamas azuladas la figura del Dendravoz de Tezhir, el Guardían del norte no cedió incluso cuando otros le instaron a ello por temor a su vida.

Cuando le preguntan, siempre responde lo mismo.

"Tenía a mis aliados cubriéndome las espaldas y yo su vanguardia, no voy a romper el escudo mientras me quede un aliento de vida."

"No luché solo."

"Recordad a aquellos que lucharon. Haced memoria de aquellos que murieron. Y jamás olvidéis a aquellos que con palabras vacías huyeron."

_______________

Aquellos pensamientos eran los que invadían la mente del elfo alado en sus aposentos en la ciudadela de Tethir.

Limpiando la espada que encontró en las ruinas de Myth Lharast, uno de tantos fragmentos de historia que habían acabado en manos de heroes valerosos que, pese a la adversidad habían actuado tan bien como la situación se lo había permitido. Cerró los ojos un momentos mientras la hoja vibraba sintiendo la sensación de que le hablaba en susurros de un idioma que no entendía, unas palabras que no comprendía.

Una época que no olvidaría.

Con suavidad envainó la misma para dejar sus azuladas llamas descansar por aquel dia, encaminandose a la pluma de su escritorio que esperaba con ansia sus instrucciones. Debía comunicarse con los enclaves de la Costa de la Espada con rapidez para avisar del peligro que se les acercaba...

Y el Norte debía hacer eco de lo que acontecido.
 

Loreliel

Pirata sin barco
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En el norte en nashkell la alianza del norte se preparaba para la batalla, elfos, enanos, bárbaros, caballeros y aventureros valientes, el aire estaba inquieto y conpungido ante el peligro que venía y la abrumadora sensación de no ser suficientes para contener al multitudinario enemigo. Pero de pronto todos escucharon el sonido de animales acercándose y el temblor del suelo ante la marcha de muchos que se acercaban.

¡Ah por fin llegaron! Malditos Esmeralda pensamos que no llegarían ¡Jajajja! —exclamaron algunos bárbaros—, bienvenidos a la lucha guardianes de la naturaleza.

Era un contingente de doscientos guardianes del Enclave Esmeralda y llegaron guiados por dos lobos muy particulares un lobo gigante color pardo y un lobo plateado grande; también entre los guardianes unos llegaron en forma de ave y otros en forma de oso hasta que volvieron a sus formas humanoides y estos druidas ayudaron a reforzar las barricadas con murallas de piedra. Sin duda los ánimos en el campo de resistencia aumentaron.

¡Mis amigos! he vivido más de dos siglos y participado entre batallas colosales —dijo alzando su puño y gruñendo feroz enseñando sus colmillos largos y afilados—, y lo que puedo decirles es que hoy resistiremos aunque tengamos que dar nuestro último aliento y sé que venceremos, observen este lugar, los números asombrosos del enemigo se reduciran uno a uno a nuestros números, qué Silvanus y Soñonor nos guien ¡POR EL NORTE Y EL EQUILIBRIO DE LAS MONTAÑAS FRIAS!

Gritó Loreliel dándose salvajes golpes de pecho y gruñendo salvaje y desenvainó su espada de doble hoja "corazón de roble" y se dispuso a caminar hasta situarse alfrente en la primera linea de la batalla porque esta salvaje elfa lobo no es de quedarse atrás. Y la batalla llegó de forma estrepitosa y durante estos tres días tan intensos los guardianes Esmeralda lucharon con valentía junto a sus valientes aliados, los cimientos de nashkell sintieron la sacudida de la gran batalla; y se dice que la leyenda de la Loba Plateada aquella a la que también llaman Torbellino, se hizo ver en acción, pues luchó incansable con esa espada doble en una danza salvaje y furiosa, con una velocidad tal que parecía una helice giratoria en el aire, un torbellino en el sentido literal, que avanzaba en medio del multitudinario enemigo haciendolo picadillo; y huesos, cabezas, yelmos y cuerpos cercenados salian volando en toda dirección. También cuando resultaba herida de gravedad y menguaba en ritmo de defensa, sus aliados y amigos la sanaban para que volviese a la batalla.

Al tercer día con el despuntar del alba, el momento más algido de la batalla llegó con la aparición de un colosal dragón de huesos que lanzaba terribles llamaradas ardientes las cuales abrazaban cruelmente a decenas de la alianza del norte que le enfrentaba. Pero esto no disminuyó el espíritu de lucha de la alianza, por el contrarió avivó el fulgor de su valentía empoderándoles a acabar con la bestia colosal, y las huestes enemigas del enemigo no muerto comenzaron a huir cuando vieron caer a su mejor arma, marcando el fin de la batalla.

Y es cierto, que terminada la contienda la Loba Plateada, junto a Boti y el Jinete Furioso Radix, lograron abrirse paso entre los cuerpos destruidos de los alzados y conseguir los cuerpos de muchos de sus aliados y por supuesto de sus hermanos Esmeralda caidos para llevarlos hasta el claro eldath donde los druidas les darian un fin ceremonioso para su ciclo que terminó con sacrificio.

Offtopic :
Muchas gracias por la escena tan épica DM Faith, y a los compañeros que participaron, aún con el alto riesgo de MP, fue divertido y preocupante :D
 

Necio

Copia sin mente de un convocado
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Con un sonoro "click!" El viejo enano se sentó sobre su siempre confiable tronco mientras dejaba escapar un suspiro. Su cuerpo estaba al limite del colapso después de la terrible batalla y del despliegue de dones de los que habia tenido que hacer gala. Sus manos estaban quemadas de agarrar varitas que se hacian ceniza o pergaminos que echaban a arder cuando liberaban un conjuro tras otro sobre las hordas no muertas. Las viejas y callosas manos fruto de una pintoresca vida habian ayudado a que el daño fuera menor pero las ampollas y la piel enrojecida plagaba las curtidas extremidades del anciano.

Echo un vistazo a su mochila para vendarse cuidadosamente las heridas cuando vio los compartimentos donde guardaba sus preciados pergaminos y sus varitas curativas, ahora mismo casi vacíos. Suspiro largamente y sacudió la cabeza

- Bueno... cosas que pasan supongo, sera cuestion de prepararse de nuevo.

El enano sonrio sacando una pequeña ramita de madera a la que procedio a tallar algunos simbolos y extrañas runas magicas en ella, sin usar mas herramienta que sus desnudas y afiladas uñas.
 

DM Faith

Llanero del brasero
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Offtopic :
Los PJs que han participado en al menos una de las batallas (Kazad o Náshkel) pueden pedir la correspondiente condecoración. Corresponde a los señores jugadores avisar al DM para que se le dé.
 

Arrakis

Copia defectuosa de Kronobot
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—Ze lo juro zeñora. Un trozo de ciuda' entero, ahi en medio lo' peñazco —repitió el mozo, adelantando la mano para tomar su pago.

Hacía frío, aunque el sol ya brillaba en lo alto cuando el grupo de expedicionarios se reunio a la vera del antiguo puesto de vigilancia, ya lejos de Kazad Gromdal. Formaban un corrillo que trataba de alejar de sus cuerpos la gelidez, observandose mientras el sol terminaba de tomar su lugar en el firmamento, caldeandolos. No eran mas de una decena, la mayoría muchachos jóvenes de quienes la mujer había comprado sus servicios por unas cuantas monedas. Y un enano, entre ellos, dispuesto a dirigir la expedición entre la nieve.

Aquella montaña era un lugar casi desolado. En su camino se alzaba un viejo puesto de vigilancia, que quizá, en otro tiempo habría tenido un aspecto más solemne. El abandono y la guerra lo habían reducido a poco más que una ruina: un cobertizo roñoso que a duras penas se erguía sobre la nieve, y el par de cabañas desvencijadas que daban cobijo a la guarnición que antaño había vigilado esos caminos.

La nieve se amontonaba sobre sus pies, cayendo lentamente en un bailoteo suave hasta depositarse en sus capas y helar sus manos. Su aliento, completamente visible, forma volutas en el aire frente a ellos mientras sus ojos oteaban en la distancia, tratando de encontrar el trozo de ciudad que el muchacho juraba -y perjuraba- haber oteado. La mujer extendió la mano, depositando algunas monedas que brillaron fugazmente entre los dedos del muchacho antes de desaparecer entre sus pieles.

— Si el muchacho no miente, no estamos lejos ya del objetivo - La mujer habló en netherino, observando a la figura que lo acompañaba, mucho menos protegido de la intemperie que ella, su piel templada por su propio ki para resistir aquellas temperaturas —. ¿Encontraremos algo?

—Es posible que no. Baratijas, quizás. —el hombre ladeó el rostro, contemplándola con el estoicismo que lo caracterizaba, su voz átona y desprovista de emociones —. Espero que almenos sacie tu curiosidad. Podríamos estar en las termas.

—Hm. —la mujer soltó tras ello un bufido, acostumbrada a la complacencia unida a la desgana que el hombre siempre mostraba en sus investigaciones. — Encontremos lo que encontremos, solo quiero asegurarme de que la ciudad esta completamente destruida. Para siempre. —el hombre asintió con suavidad, conforme. —. Y un trofeo. — continuo algo divertida — Soy una sentimental.

Una sonrisa ladina se dibujó entre los labios del hombre, que tomo la iniciativa junto a su explorador. No encontraron resistencia ninguna en su ascenso, las turbas de muertos había avanzado en dirección a Nashkel, lejos de los restos. Los pocos alzados que encontraron a su paso había hallado un rápido fin a manos de sus acompañantes.

Siguieron avanzando con pesadez entre la nieve, en algunos tramos hundidos hasta casi la cintura. Fue tras alcanzar por fin el siguiente pico que vieron, tal y como había dicho el muchacho, un trozo de la ciudad estrellada en una pequeña llanura a sus pies, restos de la joya de Selune, Myth Lharast. Durante siglos había sido el centro de la devoción a la Luna en Amn. Tras casi un milenio desaparecida, oculta en un semiplano, ahora, por fin, había sido arrancada del firmamento.

La mujer encaminó sus pasos ladera abajo, dejándose deslizar por la nieve con rapidez mientras su propia curiosidad la impelía a acercarse, a observar de cerca los restos. Sintió los pasos de su sombra cerca, pegados a ella, más pendiente de su entorno de lo que ella misma se encontraria jamas. Con paso lento se adentró entre los pedruscos, que formaban una imagen lánguida y desesperada, como el cadáver de una civilización. Y allí, entre los vestigios de sus enemigos, la mujer sonrió.​

Necesitaba un trofeo.
 

Juan

Donante voluntario de sangre
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*El elfo amniano, cuenta a la luz que ofrece las llamas de un fuego designado para calentar un caldero de estofado una historia, la historia de como consiguió la fulgurante espada que cuelga de su cinto desde entonces*

El aire olía a ozono, a ruina vieja y a muerte aplazada.

La ciudad flotante de Myth Larasth, condenada a estrellarse contra la joya de Amn, caía con la lentitud desesperante de un suicida que aún duda antes del salto.

Las ruinas se deshacían bajo nuestras botas, baldosas agrietadas columnas partidas como promesas rotas, la ciudad descendía, centímetro a centímetro, como una sentencia que nadie se atrevía a leer en voz alta.

Entonces la vi.

No era solo una espada era la espada, fulgor azul, luz helada, reposaba sobre un pedestal de mármol negro, tallado como si los dioses mismos hubieran decidido que el fin del mundo merecía un toque de estilo.
El atardecer se colaba por los arcos derruidos, pintando la escena con tonos naranjas y rojo sangre. Y la espada, esa maldita belleza, rompía el cuadro con su luz fría, ajena a todo, como una verdad entre un millón de mentiras.

Me acerqué y cada paso resonaba como campanas fúnebres en ese silencio roto solo por el gemido del viento. Puse la mano sobre la empuñadura y . . . .


*Un soldado interrumpe*

-"Pero si vos sólo usa el arco capitán”

*La respuesta del capitán es casi inmediata*

-"Nunca se sabe cuando hay que rematar a uno de esos orcos soldado Fabián, ¡o dar un par de azotes a un soldado que interrumpe a su capitán!"

*Unas risas dieron lugar al silencio que suele reinar en las guardias nocturnas de la frontera*

¿Os he contado aquella vez que una niña le cagó encima a Rakgbar?

*Dijo el capitán, comenzando a narrar otra historia*

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