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"La otra verdad" -Boletín de Noticias.

El Espino Blanco

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BODA LUNERA




En tiempo de pan buenas son tortas y en momentos de dificultad una boda siempre anima.



Como un símil de lo que representan las damas del Capítulo de la Rosa, Gwenealle de Argluna y Sariel de Shade, han contraído nupcias oficialmente. Eligiendo un momento de dificultad para ellas y su fe donde se enfrentan a la repercusión por sus actos y su amor. Lo cual evoca perfectamente a su fe, alzándose con la luz de la esperanza en los momentos más duros y difíciles.



La boda tuvo lugar en Agujas de oro, en los elíseos jardines de Laira. En una pequeña zona apartada, se preparó un altar con una estatua de Selune (Donada por los Salones de la luna), bancos para los invitados, una zona de baile con músicos, un pequeño lugar de relajación con cojines y cachimbas y para terminar las mesas del confite, bien dispuestas de comida, en especial croquetas.



La ceremonia fue sencilla y breve, las novias fueron escoltadas por Maeve (Sariel) y el padre Cars (Gwenealle), la que escribe, ósea Arianne Brillalba, Obispo de Athkatla por la gracia de Waukin oficio la misa dirigiendo un rito neutral a cualquier fe (Aunque cole alguna cosa en honor a la Aurisima, mea culpa). La pareja intercambio sus votos y anillos, confesando que habían pasado por momentos duros y muchas dificultades, pero que esto probaba que su amor era verdadero y capaz de sobrevivir a la adversidad.



Tras la ceremonia llego el convite, donde la comida estaba pensada para sobrar, hasta que llegaron enanos y barbaros, entonces temí por que fuera insuficiente. Jabalí asado, variedad de croquetas, ratatouille, sopa de cangrejo, queso, jamón…Aunque el auténtico protagonista fue el vino de fuego rashemi, conocido por ser el vino más caro del continente y por la capacidad que tienen los Reghed de apurarlo. Se realizaron ciertas amenazas contra aquel que osara aguar semejante manjar de dioses.



A la hora señalada se sirvió la tarta, una de tres pisos de limón, nata y crema con motivos de medias lunas de azúcar adornando los laterales, obra del gran pastelero Bonest Leblanc encargada desde Tezhyr.



Tras la tarta la habitual dispersión de invitados y la entrega de regalos, una boda tranquila, alegre y sin incidentes. Una forma de sellar el amor entre dos personas que se merecen la una a la otra.



Si se preguntan cuál fue mi regalo a las novias…Yo pague la boda.

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Mural realizado por Eileen en los Salones de la luna
Arianne Brillalba
 

El Espino Blanco

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Al pueblo pan y...Jamon

Recientemente, el clero de Ilmater ha iniciado una recaudación de alimentos, iniciado y terminado, pues se sabe que esta ha sido un éxito. Multiples amnianos de bien (Otros no tanto) se acercaron a las puertas de la ciudad para entregar comida y donativos en oro al clero de los martyres. El padre Dick Cars, asistido por el Alma solar Atticus se encargaron de recibir las donaciones y de llevarlas a aquellos mas necesitado de alimento.

¿Que harán con el oro recibido? ¿Mas comida? ¿Mantas? ¿Dulces? ¿Medicinas? ¿Pagaran una mariscada? Si es lo ultimo, que me inviten.


Mas panes que tortas

Gambiton, cuna culinaria de ponerse hasta las cejas comiendo a acogido un evento en honor de Nicodemus Buenos panes, héroe de la lanza, un concurso de postres y panes, con recetas de lo mas insólitas, panes de centeno, con anchoas, con chocolate...Aquellos que degustaron las recetas aun se recuperan de saber que muchas no podrán ser adquiridas fácilmente en su panadería de confianza.

La señorita Calendil organizadora del concurso nos demuestra que en Amn hay espacio para los panes, y no solo para darnos de tortas.

Enhorabuena a la señorita Briz por recibir la estrella hin por alzarse su receta como la ganadora del concurso. ¡Volcánico de pocholate!, una maravillosa creación dispuesta a causarte sobredosis de azúcar. Si quieren saber la receta exacta, les invito a consultarlo con la organización del evento.


Calendarios calientes

Desde la casa Aurelion y la Orden del Guantelete nos llegan los nuevos calendarios anuales, sus paginas no solo contienen días, si no que también muestran mucha piel que que suele estar oculta por las armaduras de los ordenados. Los miembros del Guantelete han posado para la señorita Eileen para que ella ilustre el calendario con las imágenes de los hombres y mujeres de la fe, en poses cargadas de erotismo y con la ropa justa y necesaria para que tu suegra no se desmaye al ver octubre.

Lo recaudado se destinara al santo directorio, que tratara de lidiar con la pobreza y miseria amnianas, los ordenados se enfrentaran al oleaje con esta iniciativa. Las masas adoran los calendarios, pero los ricos pudientes y adinerados, lo ven como un escándalo. ¿Sera un "Las gallinas que entran por las que salen" o dará beneficios?






Sin juicios, sin cuentos, solo noticias, solo la verdad.


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Las brumas
Amn se encuentra sumida en su propio mundo, uno mas pequeño que de costumbre, brumas grises rodean día y noche la nación, jirones niebla a veces tan densa que uno no puede verse la palma de la mano sostenida frente a su rostro. Aquellos que se internan en las brumas no se ha vuelto a saber de ellos, la magia no parece funcionar para salir de Amn, quizás por que las propias brumas han cerrado la nación incluso a medios mágicos y divinos.

Aunque las personas no puedan abandonar la tierra de las intrigas, el sol parece haberse tomado unas vacaciones de su trono en el cielo, la niebla y las nubes que mantienen una sempiterna amenaza de tormenta ha desterrado al astro de su dominio y nos han sumido en una oscuridad que permanece todo el día.

La perdida de la luz de Lathander a provocado una apatía generalizada en nuestra tierra, la desidia y la pereza se han apoderado de nuestros conciudadanos que ahora vagan mas que andan y balbucean mas que charlan. Quizás las brumas contengan algún químico que de inhalarse afecta a la energía de aquellos que lo respiran o puede que se deba a algo mucho mas siniestro e inexplicable.



Hace unos años tuve la mala fortuna de acabar en otro reino, otro mundo, uno que respondía al nombre de Barovia, aquel lugar poseía unas características muy similares a las que padecemos hoy en día, las brumas gobernaban aquel lugar, como una manta que cubre a un anciano en un día de frio. Lo que allí viví fue una de esas pesadillas que es mejor olvidar y no escribir sobre ellas, con el recelo de que vuelvan a materializarse a través de la tinta.

Algunos valientes abandonan Athkatla en busca de un lugar mejor, fuera de los barrios mas pobres y deprimidos de la ciudad. Cualquier lugar es mejor, pero no se equivoquen, nada puede escapar de las brumas, hasta Naskhel y Muraan llega su mano gris de dedos anquilosados, pero mas allá...Mas allá solo esta la nada.

Quizás las brumas se hayan colado hasta mi escritorio piense el lector, que he respirado la desesperación que trae la niebla como un aullido en la oscuridad, pero no se equivoque usted al leer lo anterior, pues como siempre transmito la verdad y esta bruma ha dejado a muchos sumidos en la apatía, pero no es mi caso. Amn ha sufrido calamidades mayores, mas tragedia que fortuna y aquí sigue, por que como siempre digo, lo que caracteriza al pueblo amniano es la resiliencia.

Las brumas pasaran y cuando se disipen, procuraremos que quede una nación que mantener.



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El Espino Blanco

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Aullidos en Gambiton
Hemos sabido como muchos también que ha acontecido un ataque en Gambiton, uno perpetrado por las brumas y al parecer solo por ellas.

En aras de esclarecer los hechos de la forma mas certera, me he acercado personalmente hasta la alcaldesa de Gambiton, la usuaria del Arte Numina que ha accedido a narrar lo acontecido durante el ataque.

Según nos narra, se estaba celebrando una reunión en el salón de plenos de Gambiton, donde se intentaba formar un frente común para luchar contra las brumas y poner información en común. En plena reunión un águila entro por un ventanal alarmando a los presentes, pero el druida Zentakord la calmo y gracias a sus dones los asistentes pudieron entender el aviso del águila, las brumas se cernían sobre el Enclave de Tethyr. El pueblo elfico y sus aliados mas cercanos abandonaron el pueblo hin prestos a presentar batalla en la defensa de sus tierras, pero la reunión continuaría sin ellos, al menos durante un tiempo.

El debate no tardo demasiado, pues al poco se oyeron ruidos en el exterior y la causa era aterradora, licantropos saliendo de la oscuridad, aullando entre las brumas mientras atacaban con saña y dientes a todo lo que se cruzaran por el camino, pero los presentes no se amilanaron y plantaron cara a su enemigo, por desgracia el enemigo con la ayuda de las brumas tenia ventaja y los defensores se retiraron para reagruparse en el salón de plenos. Allí ocurrió la defensa final, a pesar de los heridos y los desaparecidos, las fuerzas de la coalición resistieron y hasta podemos decir que vencieron al despiadado ataque de los cambiaformas.

Lo mas aterrador viene ahora, pues cuando la adrenalina abandono a los defensores, se dieron cuenta de que era como si nada hubiera pasada, los heridos estaban sanados, los desaparecidos era como si jamas se hubieran marchado y el lugar no aparentaba caos alguno y menos aun haber sido el lugar de una cruenta batalla.

¿Que ocurrió en Gambiton? ¿Fue tragada por las Brumas? ¿Sus gentes llevadas al Plano del terror o al Paramo Sombrio? O quizás las brumas afectaron las mentes de los presentes y les hizo vivir una pesadilla muy lucida...

Me despido no obstante con una frase de la dama Numina con la que cerramos la entrevista para este articulo y es la siguiente:


"No hay misterio que no podamos resolver"
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Star Lorz

Bebedor de Galdrims
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Agujas de Oro volvió a brillar.

No por el oro —que nunca le falta— sino por la celebración del Sornyn, uno de los Festivales Sagrados de la Amiga del Mercader. Para la ocasión se promulgó la Paz del Mercader durante la decana que duraría la feria, donde todo aquel mercader y artesano que quisiera —y estuviese vivo— pudo acudir y cerrar acuerdos, presumiblemente provechosos, con propios y extraños bajo la proclama —un tanto controvertida— de "Cuando mi enemigo se convierte en mi hermano".

La organización del festival corrió a cargo de doña Arianne Brillalba, syndar de Waukeen y editora de este periódico —este artículo es una colaboración no patrocinada, nada debo y nada me deberán—, que quiso encargar la organización de tres eventos mayores a tres compañías comerciales para que amenizaran las jornadas mayores de la decana: la Casa Aurelion, el consorcio Rundeen y la Casa Gáldrim.

La plaza de la abadía se puso de gala para el día inaugural, que resultó un rugido atronador, pues tras el discurso inaugural de la syndar Brillalba, todos los presentes se lanzaron —unos con más comedimiento que otros— a los puestos comerciales, entre gritos de “¡Cerveza!”, “¡Queso!” o “¡Vino!”; fuerte es la creencia de que los negocios se cierran mejor abriendo el apetito.

Nos acompañó el primer evento mayor corrió a cargo de Lazhaar Aurelion, presidente de la casa comercial homónima. Se propuso, revistiendo la feria de pedagogía, aprender a identificar y tasar con precisión el valor real de los productos. Fueron tres mercancías las que tuvieron que sentir el ojo crítico de quienes acudieron a participar: seda de Esmeltaran, un lingote de las minas de Náshkel y especias de Zazesspur. La gracia, el gancho, el yo-no-se-qué, estaba en saber qué era lo que en verdad aparentaba. ¿El resultado? Lo dejaremos en incógnita, para que el amniano siempre esté alerta.

Tras el jolgorio inaugural, la segunda jornada amaneció con resaca. La lluvia, y esa bruma que a todo galante abruma, hizo que la actividad fuese menor. Aunque todo estaba preparado —incluida una balanza inmensa por cortesía de la Iglesia de Waukeen— para el evento de la Casa Gáldrim, la syndar Brillalba propuso posponerlo hasta la jornada de clausura. En palabras de Talivia Ha’valen, maestre de la compañía: "Parece que si no pueden ser reinas, no vienen".

Pasado el ecuador del festival, la feria recuperó algo de actividad, principalmente venida del sur de los Dientecillos, cuando era el turno para los Rundeen, encabezados por Adrasteia —embajadora de Murann, me dijeron—, para presentar su evento al público. Aunque hubo algún momento tenso entre los soldados murannís y los asistentes del pueblo élfico, podemos asegurar que la Paz del Mercader no se quebrantó, aunque se esgrimieron "palabras gruesas", no del gusto de muchos.

El consorcio ofreció una prueba de azar y "mucha muñeca". A la batuta de Nabil en-Nesyri y apuesta mediante, los concursantes pudieron hacer girar un trompo que decidiría azarosamente qué ocurriría con el montante de cada uno. Los hubo decidieron gastar lo ganado —o lo conservado— en alguno de los puestos comerciales. ¡Que viva el trajín de las monedas!

Las siguiente jornadas se sucedieron con tranquilidad, sin sobresaltos reseñables, amenizadas por espectáculos y concursos menores.

Y es aquí, lector, que llegamos a la jornada de clausura del Sornyn del Año de las Galas Negras. Venidos de la segunda jornada, la Casa Gáldrim presentó el concurso "El Peso Justo". Los concursantes deberían adivinar, a ojo, cuánto pesaba —sin pasarse— voluntarios u objetos que sólo la compañía de Púrskul conocía y el azar decidía; algo de espectáculo, algo de lección, algo de bufonada. Un piano destrozado, unos archivos que no eran tales, un alcalde —de Crimmor—, una maestre —de la Gáldrim—, una paladina —de Sune— y una syndar —de Waukeen, y editora de este periódico—, el concurso concluyó con "La Leyenda de Esmeltaran". No es un pez, pero sí un pedazo. Pregunten, pregunten.

La señora Madeleine Sweeney fue la más precisa y, por tanto, la campeona del juego. Un triunfo que se hizo extensible tras su acalamada actuación, una composición que daba valor al festival Sornyn en tiempos tan pesarosos, y que dio paso a las subastas dirigidas por la syndar, siendo la segunda de ellas —dos cofres de contenido desconocido— la que más rápido escaló. Su contenido sigue siendo un misterio.

Con el brindis y la proclama —copas alzadas con entusiasmo, otras con prudencia— el festival Sornyn llegó a su fin, en paz, y los correveidiles dicen que muchos tratos, de izquierda a derecha y de arriba a abajo, se cerraron. Como va llegando a cierre esta crónica, con las palabras que la syndar Brillalba —editora de este periódico— compartió amablemente conmigo: "No importa qué catástrofe, crisis o calvario sufra esta nación. Siempre sale adelante y el oro siempre fluye".

Por mi parte, querido lector, encontré unos fantásticos chapines nuevos. Chapines de color esmeralda.
—Goyo Chapín, colaborador
 

El Espino Blanco

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DOS AÑOS BAJO EL SOL VERDE

Por Arianne Brillalba, sacerdotisa de Waukeen. Una crónica personal desde las tierras de Chult

Para los lectores de La Otra Verdad,


Cuando abandoné Athkatla hace dos años, llevaba conmigo tres cosas: el medallón de Waukeen que mi madre me entregó antes de partir, una bolsa de monedas que creía demasiado pequeña para el viaje y la certeza, quizá demasiado orgullosa, de que sabía lo que significaba servir a la Dama de las Monedas.

Hoy, después de haber regresado, me doy cuenta de que no sabía absolutamente nada.

Chult se encargó de enseñármelo.




La primera lección: el oro no compra un camino

Recuerdo perfectamente mi primer día en Port Nyanzaru. El calor era insoportable.

Había pasado mi vida entre las calles de Athkatla, donde el aire olía a especias, sal, madera húmeda y dinero. Allí, en cambio, parecía que cada respiración llevaba consigo el olor de la jungla.

Me habían advertido sobre los dinosaurios. Me habían advertido sobre las enfermedades. Me habían advertido sobre los muertos vivientes. Nadie me había advertido de los mosquitos.

Waukeen sabe que los dinosaurios me parecieron criaturas mucho más razonables después de mi primera noche.

Llegué a Chult pensando que mi misión era sencilla: llevar la palabra de Waukeen a quienes todavía no la conocían.

Pronto comprendí mi error. Yo había ido a Chult a predicar. Chult, en cambio, tenía intención de predicarme a mí.




Lo que significa comerciar

En Amn estamos acostumbrados a hablar del valor de las cosas. ¿Cuánto cuesta una espada? ¿Cuánto vale una casa? ¿Cuántas monedas hacen falta para contratar una caravana? ¿Cuánto oro puede ganar un mercader en una buena temporada? En Chult aprendí que esas preguntas no siempre tienen sentido.

Una vez conocí a una familia que había perdido prácticamente todas sus posesiones durante una expedición, no tenían oro, no tenían mercancías. no tenían tierras, no tenían nada que ofrecerme Y, sin embargo, aquella noche compartieron conmigo la poca comida que tenían. Cuando me marché, llevaba menos monedas en mi bolsa y más riqueza en mi corazón.

Quizá esa sea una de las primeras cosas que debería enseñar un sacerdote de Waukeen:

el valor de algo no siempre puede medirse en oro.




La caravana

Durante mis primeros meses acompañé varias caravanas. Fue una experiencia que jamás olvidaré. Los comerciantes de Amn suelen pensar que viajar consiste en llevar mercancías de un lugar a otro. En Chult descubrí que viajar consiste, principalmente, en intentar no morir antes de llegar.

Una de aquellas caravanas fue atacada durante una expedición. No entraré en detalles sobre la criatura que nos atacó. Aún tengo pesadillas suficientes sin necesidad de ponerle nombre. Tres personas resultaron heridas. Una de ellas era apenas un muchacho. Durante horas estuvimos convencidos de que no sobreviviría. Yo tampoco sabía qué hacer.

Había estudiado las plegarias de Waukeen. Había aprendido a sanar. Había recibido instrucción en los templos de Amn y servido como medica de campaña en tres guerras.

Pero ninguna de aquellas lecciones me había preparado para tener las manos cubiertas de sangre mientras un niño me preguntaba si iba a morir.

Le dije que no. No porque lo supiera. Sino porque necesitaba que alguien se lo dijera. Y aquella noche comprendí otra cosa.

La fe no siempre consiste en conocer la respuesta.

A veces consiste en negarse a aceptar que no existe una.




La moneda que no gasté

Durante aquel viaje perdí casi todas mis pertenencias. También perdí buena parte del oro que llevaba conmigo. Conservé únicamente mi medallón y la moneda que me dio aquel niño. Algunos podrían considerarlo una contradicción, una sacerdotisa de Waukeen que pierde sus monedas. Yo no lo veo así. Aquella pequeña pieza de oro me recordó por qué había viajado hasta allí.

Waukeen no representa simplemente la riqueza. Representa el intercambio. La prosperidad. La libertad de poseer. La posibilidad de construir algo y ofrecerlo a los demás. Y comprendí que una moneda no tiene valor porque sea de oro. Tiene valor porque puede cambiar algo. Una comida. Una herramienta. Un techo. Una oportunidad. Una vida.




La Noche de las Antorchas

De todos los recuerdos que conservo de Chult, hay uno que nunca olvidaré.

Una pequeña comunidad había quedado aislada después de unas lluvias terribles. No tenían suficiente comida. No tenían medicinas. Y nadie estaba dispuesto a arriesgar una caravana para llevarles suministros.

Algunos comerciantes me dijeron que no era rentable. Otros dijeron que era demasiado peligroso.

Uno incluso me preguntó:

—¿Quién va a pagarnos?

No supe qué responder. Así que respondí de la única manera que se me ocurrió.

—Yo.

No tenía dinero suficiente. Pero conseguí convencer a otros para acompañarme. Aquella noche llegamos finalmente al asentamiento. Recuerdo que encendimos antorchas para anunciar nuestra llegada. Nunca olvidaré los rostros de aquellas personas al ver aparecer las luces entre los árboles.

No era oro. No eran joyas. No eran riquezas. Eran sacos de grano, medicinas y agua. Pero para ellos aquella noche valían más que una montaña de oro.

Por eso, cuando me preguntan qué significa servir a Waukeen, pienso en aquella noche.

La riqueza no sirve de nada si no puede convertirse en esperanza.




Los que intentaron engañarme

También aprendí que la avaricia viaja más lejos que cualquier caravana. No todos los comerciantes que conocí eran honestos. Algunos intentaron aprovecharse de comunidades que no conocían el valor de determinadas mercancías. Otros intentaron pagar con baratijas lo que valía mucho más. Y sí, Discutí con ellos. Mucho.

Uno de mis compañeros llegó a decirme que, si seguía enfrentándome a cada mercader deshonesto que encontraba, terminaría enemistándome con todo Port Nyanzaru. Quizá tuviera razón. Pero hay una diferencia entre hacer un buen negocio y aprovecharse de alguien. Waukeen protege al comerciante. No al estafador. Nunca aceptaré que se utilice el nombre de mi diosa para justificar la codicia.




Lo que Chult me quitó

No quiero presentar estos dos años como una sucesión de aventuras gloriosas. No lo fueron. Chult me quitó amigos, me quitó noches de sueño, me quitó parte de la ingenuidad con la que abandoné Athkatla, y me enseñó que hay cosas que ninguna plegaria puede devolver.

También me dejó cicatrices. Algunas están en mi piel. Otras no.

Pero no estoy enfadada con Chult. No podría estarlo. Porque también me dio mucho. Me dio amigos que jamás habría conocido. Me dio historias que probablemente nadie creerá cuando las cuente en Athkatla. Me dio personas que me enseñaron que la fe puede existir sin templos.

Y me enseñó que alguien puede tener muy poco y, aun así, ser capaz de dar muchísimo.




Lo que traje de vuelta

Cuando partí de Athkatla tenía veintitrés años. Ahora tengo veinticinco. Puede parecer poca diferencia. Pero siento que han pasado veinte. Regreso con menos oro del que tenía cuando me marché. Con más cicatrices. Con muchas más preguntas. Y con una certeza que antes no tenía.

Waukeen no me envió a Chult para enseñar a aquellas gentes el valor de la riqueza.

Me envió para que yo aprendiera cuál es su verdadero significado. La riqueza es poder construir. Es poder elegir. Es poder levantarse después de haberlo perdido todo. Es poder tender la mano a quien está en el suelo. Es poder mirar a alguien que no tiene nada y decirle:

«Todavía puedes empezar de nuevo.»

Eso es lo que creo ahora. Y eso es lo que pienso seguir predicando.




Una última palabra antes de volver a casa

Cuando terminé mi viaje, me quedé durante un largo rato contemplando la jungla. Había imaginado muchas veces cómo sería regresar. Pensaba que sentiría alivio. No fue así. Sentí tristeza. Porque, aunque parezca extraño, aquellas tierras se habían convertido en mi hogar. Pero también sabía que había llegado el momento de volver.

Athkatla seguía allí. Sus mercados, sus templos, sus comerciantes, sus calles, y, por supuesto, sus problemas.

Sonreí al pensar en ello.

Quizá la Dama de las Monedas me había llevado hasta el otro extremo del mundo para enseñarme a apreciar aquello que tenía delante de mí desde el principio.

Así que he vuelto. No como la muchacha que partió hace dos años. Sino como una sacerdotisa que ha aprendido que el oro puede comprar muchas cosas...

pero que las cosas verdaderamente valiosas son aquellas que elegimos no vender.

Que Waukeen bendiga vuestros negocios y que, cuando llegue el momento de elegir entre una moneda y una vida, sepáis siempre cuál de las dos pesa más.


— Arianne Brillalba
Sacerdotisa de Waukeen

Athkatla, Amn
 
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Entre brujas, brebajes y una ciudad que vuelve a florecer

Por Arianne Brillalba — La Otra Verdad

La pasada noche tuve la fortuna —y, debo admitir, también el placer— de asistir a la reapertura de las tablas del Teatro de la Alegría, un lugar que durante demasiado tiempo permaneció en silencio.

Hubo una época en la que este establecimiento fue considerado la cúspide de las artes escénicas de nuestra nación. Un templo dedicado al teatro, al ingenio y, por qué no decirlo, a ese peculiar gusto amniano por reunirse alrededor de una buena historia, una copa y la oportunidad de comentar después si la obra fue realmente buena o si simplemente lo pareció.

Ahora, tras resurgir de sus propias cenizas, el Teatro de la Alegría parece decidido a recuperar su antiguo esplendor y reclamar nuevamente su lugar como una de las grandes sedes del buen gusto y del esparcimiento social de Amn.

Y qué mejor manera de hacerlo que con unas buenas brujas.

Las damas Elizabeth Langley, Madeleine Sweeny y Astrid Minstreltides nos ofrecieron una obra que narra la “Historia” —o, siendo más precisos, las historias— y peripecias de un pequeño grupo de Afanosas de lo Arcano.

Una obra cargada de humor, situaciones disparatadas y momentos francamente divertidos. Y quizá, para aquellos que gusten de buscar tres pies al gato, alguna que otra crítica social escondida entre los calderos, los brebajes y los hechizos.

Yo, personalmente, prefiero disfrutar primero de la función y buscar las segundas intenciones después. Al fin y al cabo, no todo mensaje necesita ser anunciado a gritos para que llegue a quien debe llegar.

Lo que sí merece ser anunciado es la calidad de sus intérpretes.



La actuación de las tres protagonistas fue notable, y especialmente destacable fue la manera en que sus interpretaciones se complementaban. Cada una aportaba su propio carácter y personalidad, pero era en conjunto donde la obra encontraba su mayor encanto. Hubo momentos en los que las tres parecían compartir un mismo pensamiento, como si algún hechizo de sincronía —legal, espero— hubiese sido lanzado sobre el escenario.

No todo salió perfecto.

Los primeros compases estuvieron marcados por algunas dificultades propias del directo: el telón, los preparativos y esos pequeños inconvenientes que parecen empeñarse en recordar al público que detrás de toda gran función hay personas trabajando para que la ilusión sea posible.

Pero si algo aprendí durante mi estancia en Chult es que una buena historia no se mide por la ausencia de problemas, sino por la manera en que uno consigue seguir adelante pese a ellos.

Y la obra siguió adelante.

Debo confesar que no soy una persona especialmente aficionada al teatro. Por motivos personales, rara vez he encontrado en las tablas un lugar donde sentirme completamente cómoda. Sin embargo, anoche me descubrí sonriendo en más de una ocasión.

Y quizá esa sea la mejor crítica que puedo ofrecer.

Me divertí.

También merece una mención especial lady Fery Krill, cuya labor como oficiante y maestra de ceremonias ayudó a conducir la velada con elegancia.

Y no puedo pasar por alto la presencia del exalcalde Mausser, quien aprovechó la ocasión para despedirse de los presentes como líder de Crimmor, a la espera de que nuevas elecciones determinen quién tomará las riendas de la ciudad.

Tres años.

Tres años al frente de la ciudad de las caravanas son tiempo suficiente para que cualquier gobernante deje una huella. Ahora corresponde a los ciudadanos de Crimmor decidir si esa huella merece convertirse en camino.
Mausser ha anunciado su intención de presentarse nuevamente a las elecciones, de modo que pronto veremos quién tiene el valor —o la temeridad— de enfrentarse a él.
Será interesante observar qué candidatos aparecen, qué promesas traen consigo y, sobre todo, cuáles de ellas sobreviven al día siguiente de las elecciones. Porque las promesas, como las monedas, tienen una curiosa costumbre: algunas brillan mucho cuando se enseñan y valen bastante menos cuando llega el momento de gastarlas. Pero mientras contemplaba aquella noche el resurgir del Teatro de la Alegría, no pude evitar pensar en algo más.

En Imnescar.

Todos recordamos lo ocurrido allí. Recordamos las llamas, las ruinas y aquello que parecía el final de una ciudad. Sin embargo, incluso de las mayores tragedias puede quedar una semilla; Y aquella semilla parece haber encontrado tierra fértil en Crimmor. La bellota del gran roble de Imnescar tiene ahora un digno sucesor. Lo que se plantó después de la catástrofe ha germinado, ha crecido y, si los dioses y sus habitantes lo permiten, pronto estará dando frutos.

Quizá eso sea lo que más me alegró de aquella noche. No solamente volver a escuchar aplausos dentro de un teatro que había conocido tiempos mejores. No solamente contemplar una ciudad que vuelve a levantar la cabeza. Sino recordar que Amn todavía sabe levantarse. Puede perder ciudades. Puede perder riquezas. Puede perder edificios, títulos y fortunas. Pero mientras quede alguien dispuesto a plantar una semilla entre las cenizas, siempre habrá algo que pueda volver a crecer.

Y eso, queridos lectores, es algo que vale mucho más que una moneda de oro.
Aunque, como sacerdotisa de Waukeen, no me atrevería a decir que vale más que todas ellas. Solo que es bastante más difícil de gastar.


Arianne Brillalba, Editora


La opinión del público​

“Tarde de brebajes mágicos y sopas de caracol. Hay que verla.”
Don Rufino Ceñofuerte
“No es para tanto, pero no está mal.”
Mary “Quisquillosa” Leryns
“Ahora quiero ser bruja de mayor.”
La pequeña Tina
 
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