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La Voz de Amn

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LAS BRUMAS : EL IMPACTO EN NUESTRAS CIUDADES

Por Helios Odger, columnista de La Voz de Amnkalathyr.png



Llevamos ya unos meses compartiendo nuestro espacio con un elemento inquietante y desconocido, el cual perturba no solo la mente de nuestros vecinos, si no la estabilidad de nuestras ciudades.

En esta columna repasaremos la poca información que nos ha llegado desde distintos puntos del pais ante este efecto desconocido.




Esmeltaran, Fe como refugio
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La crisis ha tomado un giro profundamente espiritual en Esmeltaran, una ciudad famosa por tener uno de los templos más grandes de Waukeen.

La llegada continua de peregrinos, que antes era una fuente estable de riqueza, se ha interrumpido totalmente desde el surgimiento de la Bruma. Las hospederías religiosas, que estaban llenas de comerciantes en busca de bendiciones para sus empresas, ahora están calladas, el impacto económico ha sido doble.

Por una parte, la disminución drástica de las donaciones se debe a la falta de visitantes. Por otro lado, los templos han empezado a racionar de manera económica la comida almacenada entre la población, lo que ha llevado rápidamente al agotamiento de sus reservas sagradas, pero no de las arcas.

Paralelamente, el costo de amuletos benditos y reliquias menores se ha incrementado significativamente. Ciertos críticos acusan a algunos sacerdotes menores de aprovechar el miedo colectivo.


Crimmor, el rio fluye por el momento
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El tráfico por el Río Alandor sigue existiendo, pero con serias restricciones.

Barcazas que intentaron navegar hasta las fronteras de la región desde Crimmor a Athkatla reportan el mismo suceso que las caravanas terrestres: una navegación que parece normal pero termina con un regreso inexplicable al lugar de partida.

No obstante, el transporte interno de Amn todavía está parcialmente operativo. Esto ha hecho de Crimmor un centro logístico improvisado, donde se hace el esfuerzo de reorganizar rutas internas más cortas y seguras.

Los almacenes se colman y también la ansiedad.


LOS DEFENSORES DE AMN
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Arrakis

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SECTAS Y DIATRIBAS

La iglesia de la Salvación se manifestó por primera vez hace casi tres años en Crimmor. En primera instancia declarada como una nueva fe que llegaba desde la Ciudad de la Moneda, caravanas de peregrinos se acercaron hasta la ciudad en forma de viajeros buscando un nuevo hogar.

Dirigidos por Alexander Vael y la elfa Calanthia extendieron promesas hacia los presentes. Un mundo mejor, libre de la opresión de otros dioses y de gobernantes corruptos. Hablaron de las injusticias que reinaban y de cómo solo a través de la unión y la verdadera fe de la Salvación encontrarían su camino. Extendieron su palabra a través de la ayuda al prójimo, de la ayuda desinteresada al resto. Crecieron. Se expandieron. Los miembros del culto empezaron a ocupar puestos de poder, iniciando batallas que nadie pedía, azuzando avisperos que habían permanecido calmos y queriendo cada vez resaltar más, controlar más, tratando incluso de decidir por sí mismos lo que los propios dirigentes de Crimmor debían hacer. El culto al Líder y no a dios alguno, Alexander, se alzó prácticamente como única forma de pertenencia a la sociedad. El de su segunda al mando era igual de importante hasta que, finalmente y gracias a un grupo de aventureros, se consiguió detener su avance.

Las sectas o grupúsculos de este tipo vienen definidos por sus medios y formas de actuar, no por sus fines o doctrinas. Estos fines o doctrinas pueden ser de carácter cultural, político, comercial-.... incluso una fe mayoritaria o un sector de la misma puede terminar escindiéndose del eje central de esta forma. Cuanto mayor sea el número de adeptos y el poder alcanzado en la sociedad, mayor tenderá a ser la legitimación social obtenida y mayor el ensalzamiento-divinización del líder o cúpula dirigente y su doctrina, por cuestionables que sean sus actuaciones. Vivimos en una sociedad en la que muy pocos se atreven a demostrar libertad de pensamiento, y prefieren verse arrastrados excusándose en que ‘solo ayudan’ o ‘solo hacen de cronistas’ por temor a verse excluidos. Incluso cuando algunas acciones se alejen de las doctrinas o las bases que se promulgan, muchos aplauden temerosos de quedar fuera del grupo. Este ensalzamiento no se produce sólo por sus seguidores. También se ensalzan a sí mismos, viéndose como salvadores o como los únicos portadores de una verdad que, en el mejor de los casos, es una perogrullada.

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Suelen desarrollar campañas de proselitismo con las que tratan de transmitir los aspectos más apetecibles de su ‘maravillosa fachada’, mientras a la vez presionan a quienes son nuevos en la zona para unirse a ellos. ‘Si no vienes con nosotros no te contratarán’. ‘ No puedes hacer nada si no es bajo nuestra ala’. ‘Te aseguraremos un puesto de poder cuando estés con nosotros’.

La visión bipolar alcanza a todas las actividades, ideas y personas; según de dónde provengan y a favor de quién estén, así serán calificadas, con la regla del ‘conmigo o contra mí’, y jamás aceptaran critica alguna aunque el contexto social sea claramente una llamada de advertencia a sus necedades. En las sectas se agudiza el ‘grupocentrismo’ o tendencia del endogrupo a elaborar autoestereotipos positivos y heteroestereotipos negativos, donde el mayor ensalzado es el dirigente del grupo.

La mayoría ven el mal encarnado en la sociedad -entiendase como sociedad aquellos que no rien sus gracias o siguen sus doctrinas- y le otorgan a ésta el rol de enemiga. Tener un enemigo común, real o inventado, es siempre una semilla de unión y radicalización útil a estos grupos. Aquí comienza a vislumbrarse el reduccionismo simplista e inmaduro característico del fanatismo. Se produce además, por supuesto, una denigración del pensamiento crítico entre sus miembros, el que se aleja de el 'pensamiento oficial' se convierte en disidente.

Por todo esto, resulta recomendable mantener siempre una actitud reflexiva y abierta, valorando la diversidad de perspectivas y fomentando el pensamiento crítico. La historia muestra que los grupos, como cualquier otra estructura social, evolucionan con el tiempo, y su permanencia dependerá en gran medida de su capacidad de adaptación y equilibrio.


Jadzia Odger,
Arqueóloga y Maestra de la
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Lágrima de mago nerfeado
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Actualidad y Opinión
Por Evelyn Blackwood

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LA HAMBRUNA EN EL NORTE, ¿DEPRAVACIÓN O NECESIDAD?

Desde hace unas dekhanas, la labor humanitaria de la iglesia de Selune ha encaminado a refugiados hacia Naskhel. El camino helado, ya de por sí imponente, sufre ahora las inclemencias de todos los acontecimientos que sacuden el continente a la vez.


Una comitiva de setenta personas,
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acompañadas por varios caballos, se disponía a reubicar a los civiles hacia la ciudad inclinada. Durante el trayecto, el grupo sufrió encontronazos con tribus salvajes, asaltantes y criaturas de diversa ralea. Los saqueadores también tienen hambre, reflexiona esta columnista. Todos tienen hambre. Quizá, en algunos casos, más allá de la mera necesidad. Una de las aldeas por las que pasaron mostraba, según parece, un hambre que rozaba la desesperación.


El grueso del grupo, compuesto no solo por representantes de la iglesia, sino también por personalidades de alta estima en la sociedad amniana y por miembros del gremio de aventureros, llevaba ya varios días y noches de viaje. Llegaron a la aldea con la premisa de descansar en muros seguros: un lugar que, en otro tiempo, había sido una pequeña parada en las rutas comerciales y que ahora se encontraba cerrado, casi aislado.


"Usualmente acudía aquí a vender algunas piezas", comentó Halgar Kierstaad, uno de los pocos locales presentes, al ver la comitiva repleta de refugiados. Apenas fuimos recibidos por menos de una treintena de personas, y fue el Alcaide quien explicó que la aldea había sido incomunicada y que la población había disminuido de manera considerable.


Algunos murmuraban en baja voz: “No confiéis”, mientras otros deseaban ayudar a la población. Sin embargo, como es habitual en estas tierras de intriga, la voz del grupo superó al individuo. La taberna se encontraba vacía, y parte del grupo se retiró a descansar dentro, mientras otros aguardaban fuera, vigilando con cautela.


Uno agradece un vino caliente junto al fuego y una conversación tranquila, pero el norte rara vez concede tales placeres. Algunos fueron encerrados, vigilados por hombres cuyos ojos parecían a punto de salirse de las cuencas, y atacados por esos mismos; mientras la otra mitad del grupo se enfrentaba a aldeanos dispuestos a usar tanto a héroes como a civiles… como cena.


En la hambruna, la necesidad y la depravación se entrelazan de manera sutil, y es difícil discernir dónde termina la supervivencia y comienza la malicia.


¿Fue la depravación lo que llevó a aquella pequeña aldea a la locura, o la necesidad imperiosa de alimento que la ha visto privada por todo lo que acontece en el mundo? Algunos sabios se preguntaban: “¿Hemos llegado tarde para ayudarles?” Otros repetían: “No confiéis”. Y en medio de tales disputas, los aceros y los puños chocaban contra civiles que quizá podrían haber vivido un destino diferente… si aquellos que advertían “No confiéis” hubiesen intervenido a tiempo.

Finalmente, ningún civil de la comitiva principal sufrió daño alguno. Por aquél poblado, lastimosamente, no parece que se pueda decir lo mismo.

Hubo quienes insistieron en que no debía confiarse. No deja de ser curioso que, en ocasiones, la desconfianza prevenga peligros… y en otras, impida evitarlos. Algunas advertencias, por acertadas que resulten, pueden llegar en un momento en el que ya no basta con tener razón, no basta con ser correcto, ni pulcro, ni siquiera sensato.

Conviene reconocer que la iglesia de Selune, con su labor en el norte, ha evitado que lo ocurrido en esta aldea se extienda. No obstante —y no se entienda como un reproche a dicha labor—, Naskhel ha perdido a parte de su gente, no solo ante la hambruna, sino ante lo que esta ha terminado por desatar.

Nota de la redacción: Este articulo constituía parte de uno de los bocetos de la señorita Blackwood. La ilustre redacción ha considerado correcto publicarlo como un pequeño gesto para con la columnista, que permanece en paradero desconocido.
 

Skotos

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El hambre silenciosa de Náshkel
Por Gwenaëlle Shade, Editorial
Corresponsalía del Norte


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Apreciados lectores,

Lamentablemente, las noticias sobre hambruna y escasez se están volviendo comunes en el Norte. Uno de los últimos episodios fue el macabro incidente ocurrido en una pedanía situada a pocos días de la Ciudad Inclinada. Mi compañera de redacción, Evelyn Blackwood, cubrió el suceso con soltura. Y, si bien se trata de un relato escabroso y deplorable, no refleja la realidad completa de lo que está sucediendo.

Es cierto que el Norte pasa hambre en estos momentos, pero no toda esta carestía hace ruido.

Hablemos, pues, de la hambre silenciosa. Es la que se apodera de la rutina y convierte la escasez en monotonía. Se trata de un hambre más discreta y triste que se instala sin ceremonia en nuestras casas. Comienza con un espacio sobrante que, poco a poco, se apodera de la alacena. Luego, se nota en las ollas que hierven con más agua que sustancia y en el pan que se reparte en trozos cada vez más prudentes.

Náshkel empieza a conocer bien esa hambre silenciosa.

La bruma no solo perturba el sueño, el juicio y el ánimo. También desordena los caminos, encarece el transporte, hace más inciertas las caravanas y agota a quienes deberían trabajar, sembrar, cargar o comerciar. Cuando el miedo se vuelve costumbre, hasta las tareas más ordinarias adquieren el peso de una expedición. Y cuando moverse cuesta, abastecerse cuesta más.

Sin embargo, sería injusto decir que la villa ha respondido con egoísmo. Allí donde escasea el grano, también ha comenzado a circular la caridad. Allí donde faltan víveres, han aparecido manos que comparten lo poco que tienen. El tejido comercial de Náshkel, lejos de aprovecharse de la carestía, ha mostrado un enorme sentido de comunidad. Muchos vecinos se prestan sal; las curanderas reparten infusiones; las amas de casa convierten las sobras en caldo y la juventud se ofrece a cargar sacos para los ancianos que ya no pueden hacerlo por sí solos.

Las comunidades del Norte hacen gala de algo en abundancia: la decencia.

Muchos aventureros, atraídos por esta naturaleza, han llegado a la villa con la intención de aportar su granito de arena para paliar esta escasez. Respondieron rápidamente a varias convocatorias de colecta y voluntariado que han puesto en marcha iniciativas sociales destinadas a paliar los efectos de la carestía, mostrando su solidaridad y compromiso con el bienestar de la comunidad. La más conocida de todas estas iniciativas es un refugio protegido con magia sacra, apodado por muchos como el Santuario.

Estos gestos, aunque parezcan pequeños o incluso insignificantes, para muchos suponen la diferencia entre levantarse de la cama o dejarse vencer por la apatía. No todas las guerras se libran con la espada: muchas no son más que una contienda mental del ciudadano común contra el peso de un mundo cruel que intenta aplastar su espíritu. Y para luchar contra ese espectro, los ejércitos necesarios no se pertrechan con armas o corazas, sino con cucharas, tesón y corazones generosos. Contra el hambre que se sienta a la mesa y va retirando uno a uno los platos, solo sirve la atención, la constancia y el deseo sincero de ayudar a los demás antes de que la penuria se convierta en costumbre.

Náshkel aún no ha sido vencida por la bruma. Pero tampoco puede permitirse ignorarla. La Ciudad Inclinada se mantiene en pie no por simple testarudez, sino porque, a pesar de las carencias por las que ahora atraviesa, todavía quedan personas en su comunidad que se preocupan por el hambre ajena como si fuera propia.

Mantengamos el corazón lleno de este espíritu generoso en estos tiempos inciertos.​
 

Arrakis

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COMPETENCIAS Y DESAVENENCIAS


Imaginen una escena bastante común: tras una reunión tranquila -que no necesariamente productiva, como todo aventurero de bien sabrá-, en la que se ha reunido una gran cantidad de información, por fin parece que llega el momento de analizar con calma un objeto o hallazgo interesante. Surge entonces una idea razonable, ¿Y si ofrecemos a alguna organización vecina que nos ayude con esto? La investigación y la experimentación al final, desde un punto de vista oghmatico es para ser compartida.

Se decide, por tanto, compartir lo descubierto: las propiedades del objeto, algunas teorías iniciales…¡O al revés! Habéis participado en un importante hallazgo. Uno objeto ha sido encontrado entre varias organizaciones, y os disponéis a pedir que se os incluya en su análisis, pues tenéis curiosidad por cuanto se pueda hallar…

Y entonces, claro. Entonces aparecen.

‘ Ese objeto es nuestro.’ ‘ Tenemos COMPETENCIAS.’ Ahí está. Ya salió la palabra maldita.

La boca del erudito se reseca. Su corazón por unos momentos te late con un frenesí poco contenido. En ese instante, se desata una sinfonía interna de frustración contenida. Nota cómo todo su ser se fragmenta en pequeños pedacitos bien chiquitos de incredulidad, pero sobretodo en una cantidad inconmesurable de hastío. Y por un momento, solo un momento, está a punto de ceder....

Y sin embargo mi consejo para él es que no lo haga. Que se plante, porque les voy a confesar una cosa: La mayoría de veces (por no decir casi todas) en las que alguien dice que tiene competencias o potestad sobre algo..no las tiene. Ni siquiera las huele.

El término ‘competencias’ debería, en principio, estar ligado a la responsabilidad, la experiencia o la capacidad para gestionar una materia concreta. Sin embargo, no siempre se utiliza de ese modo. A lo largo del tiempo, es posible recordar situaciones en las que este argumento se ha empleado de forma poco clara o poco justificada. Casos en los que se ha limitado la participación de otros o se han tomado decisiones unilaterales apelando a una autoridad que no siempre estaba bien definida o que era, digámoslo sin tapujos, directamente falsa.

Esto no implica necesariamente mala intención en todos los casos. A veces puede tratarse de interpretaciones distintas, falta de comunicación o incluso desconocimiento. Pero sí pone de manifiesto un problema y una estrategia que muchas organizaciones utilizan de forma constante en Amn para ganar su lugar en el tablero, incluso- y leanme bien- algunas grandes organizaciones repletas de fes o virtudes.

Lo interesante es observar cómo este tipo de dinámicas tienden a repetirse. Con el tiempo, uno empieza a reconocer patrones: afirmaciones presentadas con seguridad, estructuras de autoridad poco claras o apelaciones a normas que no siempre son conocidas por todos. En ocasiones, incluso puede parecer que se exagera el papel de ciertas organizaciones o individuos, quizá con la intención de reforzar su posición, normalmente mediante la utilización de los medios disponibles para machacar -una y otra vez- con grandilocuencia y datos sesgados de las grandes acciones que uno hace. Las competencias son como las buenas acciones: cuando solo habla de ellas quien las ejerce, algo no termina de encajar.

Porque esa es la cuestión, señores. Las competencias rara vez se esgrimen como una responsabilidad genuina. No suelen invocarse para pedir prudencia, ni por seguridad, ni siquiera por un interés legítimo en preservar algo peligroso o de ayudar simplemente con una investigación. No.

Se usan para mandar.

Esto nos lleva a una cuestión importante: el equilibrio entre autoridad y colaboración. Las competencias, cuando son reales y están bien definidas, pueden ayudar a organizar y proteger procesos complejos. Pero cuando se utilizan como argumento incuestionable, corren el riesgo de convertirse en una barrera para el diálogo y el trabajo conjunto.

Y lo cierto es que estas situaciones no son tan raras. Cuando se observa con atención, a veces se percibe cómo ciertos relatos pierden solidez con el tiempo, revelando una necesidad de proyectar una imagen más amplia de lo que realmente se hace, de lo que se es o de la reputación que se posee. Esto puede convertirse, consciente o inconscientemente, en una forma de consolidar influencia. Algo similar ocurre cuando se recurre a interpretaciones poco claras de normas, se fuerzan ciertos marcos legales o incluso se asumen atribuciones que no siempre han estado bien definidas.

Por eso, quizá sea útil adoptar una actitud más crítica - pero también constructiva- ante este tipo de situaciones. Preguntar, contrastar, y tratar de entender el fundamento real de esas competencias puede ayudar a evitar malentendidos y a fomentar un entorno más colaborativo. Y si no..así seguiremos. No por ley o porque tengan razón. Sino por insistencia, por desgaste… y por la incómoda tendencia de muchos a no querer cuestionar lo que se proclama con suficiente seguridad. Un ‘fíngelo hasta que se lo crean’ de manual.

Las competencias deberían ser una herramienta para organizar y aportar valor, no simplemente una forma de cerrar puertas. Conviene recordarlo, de vez en cuando:

Las competencias, tal y como algunos las usan, no son más que humo con ínfulas.



Jadzia Odger,
Arqueóloga y Maestra de la
Arcanum Schola



Nota de la Voz de Amn: Este articulo constituía parte de uno de los artículos de la señora Odger dejados a cargo de los editores hará unas decanas como anticipo para su publicación. Actualmente la redactora permanece en paradero desconocido.
 

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Actualidad y Opinión
Por Evelyn Blackwood

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VERDAD, ORDEN Y CONVENIENCIA: EL USO RESPONSABLE DE LA VERACIDAD
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Existe una idea profundamente arraigada de que la verdad es un valor absoluto, una guía inquebrantable que debe regir tanto lo público como lo privado. Defender la veracidad, en este sentido, se presenta como una obligación moral incuestionable. Y, por supuesto, nadie en su sano juicio se opondría abiertamente a ello.

Sin embargo, conviene alejarnos de las formulaciones simplistas. La verdad, en su forma más pura, rara vez llega a nosotros sin mediación. Es seleccionada, interpretada, contextualizada. Y en ese proceso, inevitablemente, adquiere una forma que no solo responde a los hechos, sino también a las necesidades de quienes la reciben y de quienes la emiten.

En una sociedad compleja, la veracidad no puede limitarse a una exposición indiscriminada de datos. La información, para ser verdaderamente valiosa, debe cumplir una función: orientar, estabilizar, permitir la acción. Una verdad que desorienta, que paraliza o que erosiona la cohesión social y la conclusión estimable como sociedad, difícilmente puede considerarse un bien en sí misma.

Lo cual nos conduce, inevitablemente, a un matiz incómodo: no todo adalid de la verdad dice las verdades necesarias para hacer un bien a la sociedad, solo pone un parche sobre otro parche.

Son quienes amputan la verdad hasta volverla irreconocible, creyendo que simplificar es lo mismo que esclarecer. Quienes retrasan lo inevitable no por responsabilidad, sino por cobardía envuelta en retórica. Quienes, en su afán de “proteger”, terminan erosionando precisamente aquello que dicen preservar.

Hay además, una ironía particularmente amarga en estos casos. Aquellos que peor administran la verdad suelen ser los más insistentes en proclamarse guardianes de ella. Pero la verdad no necesita guardianes torpes, necesita devotos pragmáticos. Y la incompetencia, en este ámbito, no es neutra: genera desorden, alimenta la sospecha y, en última instancia, degrada el propio valor de aquello que pretende manejar.

Aceptar esto no implica renunciar a la verdad, sino reconocer que su preservación no depende únicamente de declaraciones de principio, sino de cómo está organizada su transmisión. Y es en esa organización donde se define si la verdad puede cumplir su función de forma estable… o si termina convertida en otra cosa enteramente distinta.

La verdad no es relativa; pero se insiste en tratarla como si lo fuera.


LAS FUERZAS ARMADAS
EL CAPITÁN EWAN
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En el curso de mi labor de observación y comentario sobre los distintos grupos de origen amniano, surgió una pregunta sencilla: “¿Y las instituciones oficiales?”
Por fortuna, el capitán Ewan ha accedido a responder a las dudas de esta humilde columnista. Aunque, en realidad, ¿Qué no se sabe ya de las fuerzas armadas? Esa fue la primera pregunta que me hice a mí misma antes de formular la verdadera.

La que le planteé al capitán fue la siguiente:
“Si tuviera que explicar a alguien recién llegado a Amn qué es la Guardia, ¿Cómo lo haría?”
Y debo decir que su respuesta llenó mis pulmones de un cierto orgullo patriótico. Por sus palabras, las fuerzas armadas son el escudo qué protege Amn y a los Amnianos y la espada que acaba con sus enemigos. Defienden el estilo de vida Amniano y a sus gentes mediante el cumplimiento de sus leyes. Decir qué durante la conversación que mantuvimos intenté poner escenarios cómplicados para comprobar las respuestas del capitán, pero su voz no tembló en ninguna de ellas. Actualmente, el Capitán Ewan se encuentra en la frontera, manteniendo colaboraciones con la Liga del Cereal, la Arcanum Schola y otras muchas entidades para salvaguardar Amn de todo peligro estimado.

Como es usual en mis invitados y en la naturaleza de estas entrevistas, le pedí al Capitán que diese un mensaje con sus propias palabras.

"Les pediré que no teman, las leyes es lo que nos separa de las bestias. Están para cumplirlas, alejados de cargas morales o sentimentalismo, y estamos aquí para protegerles haciendo uso de ellas."


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Nota de la redacción: Este articulo constituía parte de uno de los bocetos de la señorita Blackwood. La ilustre redacción ha considerado correcto publicarlo como un pequeño gesto para con la columnista, que permanece en paradero desconocido.
 
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El cansino de los Siervos de Hueso
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Los recién llegados
Por Gwenaëlle Shade, Editorial
Corresponsalía del Norte


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Estimados lectores,

La llegada de una cincuentena de refugiados, que se van sumando a otras vagas que poco a poco van orillando en Náshkel, está demostrando ser un desafío logístico para las entidades implicadas en su cuidado.

Lo cierto es que he oído algunas voces descontentas de algunos vecinos en Náshkel, algunos haciéndose la siguiente pregunta: ¿por qué tenemos que ayudar a gente de fuera, cuando tenemos ya muchos problemas aquí?

Permítanme ofrecerles una respuesta satisfactoria a este dilema.

La primera razón es sencilla, aunque algunos parezcan haberla olvidado: porque son personas. No se trata de una masa abstracta ni de un problema traído por los caminos sin más, sino de hombres, mujeres y niños que han llegado exhaustos, desorientados y, en no pocos casos, enfermos o aterrados. Muchos no han abandonado su hogar por capricho, ni por comodidad, ni por una búsqueda de privilegios, sino porque permanecer donde estaban suponía un riesgo mayor que echarse a andar entre la bruma con poco más que lo puesto. Quien ha visto de cerca a uno de estos refugiados sabe que no llega un oportunista, sino un superviviente.

La segunda razón es menos piadosa, pero igualmente cierta: una ciudad que deja a los desesperados pudrirse a sus puertas acaba pudriéndose también por dentro. Negar refugio a quien lo necesita no elimina el problema; lo desplaza y lo retrasa. El hambriento que no es auxiliado no desaparece del paisaje. El hambre sigue ahí y será atendida, de una forma u otra; por pulsiones más o menos edificantes. El enfermo que no es atendido no deja de estar enfermo y no por ignorarlo deja de ser contagioso.

Rara vez ignorar los problemas hace que estos desaparezcan.

Conviene comprender, además, que la caridad no es una extravagancia propia de tiempos sencillos. Es precisamente en momentos de carestía y privación cuando más falta hace. La hospitalidad, la compasión y el deber de socorro no son lujos que una comunidad se permite cuando le sobran los recursos, sino un imperativo categórico que determina si lo sigue siendo cuando los recursos escasean. Si una villa solo sabe ser generosa en la abundancia, entonces no lo es en realidad. No hay que confundir exhibicionismo con beneficencia.

Ahora bien, sería ingenuo fingir que la inquietud de muchos vecinos carece de fundamento. Seamos honestos: Náshkel atraviesa ya bastantes dificultades. La bruma ha mermado el ánimo, el abastecimiento se resiente, los enfermos se multiplican y la fatiga se deja notar en todos los oficios. Sería injusto responder a esas preocupaciones con desdén. No, la pregunta no nace siempre de la crueldad. A veces nace del cansancio. Del miedo a no llegar a todo. Del temor de que, ayudando a otros, no quede nada para uno mismo.

Créanme, entiendo bien a aquellos que se sienten así. Yo misma lo he sentido muchas veces, y es un sentimiento pesado y doloroso.

Y, sin embargo, he de resultar insistente en este asunto. Ayudar a quienes llegan no significa traicionar a quienes ya estaban antes. Ordenar la acogida, distribuir mejor los recursos, habilitar refugios, coordinar la asistencia y crear estructuras de auxilio fortalece a toda la comunidad, pues implica una revisión constante de sus redes de bienestar. Una comunidad provista de pilares firmes no solo ampara a sus recién llegados, sino a aquellos ciudadanos que, igualmente agotados, también necesitan ayuda para sobrellevar los malos tiempos. La infraestructura de la compasión beneficia a todos.

Y siendo Amn el lugar donde vivimos, también hay una razón pragmática para ayudar. Los refugiados no solo son bocas que alimentar. También son manos que pueden ponerse al servicio de sus comunidades de acogida. Entre ellos hay artesanos de todo tipo y practicantes de infinidad de oficios. Si se les recibe con orden y dignidad, muchos podrán contribuir, trabajar y devolver a la villa mucho más de lo que esta les ofrezca. Sin necesidad de exigir peajes por la gratitud, todos juntos podemos trabajar en pos de mejorar el bienestar colectivo.

Y por último, también les he de advertir sobre una verdad desagradable: casi nadie puede asegurar que no acabará algún día en la misma tesitura. La bruma no distingue entre nacidos aquí o allá. Hoy llamamos “gente de fuera” a quienes llegan, pero mañana podrían ser nuestros propios hijos quienes pidan refugio en villas ajenas. Como los refugiados de Imnescar, de Keczulla, o las ciudadelas caídas de Annur y Rashturl.

Obrar con misericordia no es solo obedecer a una ley moral. Es también sembrar el mundo con los valores que desearíamos recibir de vuelta si somos nosotros quienes acabamos necesitando esa ayuda.

Por eso, a quienes preguntan por qué hemos de ayudar a esos forasteros cuando ya tenemos bastantes problemas aquí, yo les respondo siempre: precisamente por eso, hay que ayudar. Porque ya conocemos el peso de los problemas mundanos. Porque sabemos lo que es vivir con miedo, con escasez y con incertidumbre.

Sigamos eligiendo cultivar actos provechosos para nuestras comunidades en lugar de entregarnos a arrebatos mezquinos.​
 

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Actualidad y Opinión
Por Evelyn Blackwood

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SUCESOS EN CRIMMOR, ¿DRAGONES?
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En ocasiones, uno se sienta y se pregunta qué merece realmente ser escrito. Esta dekhana, sin embargo, no ha requerido de tal esfuerzo, porque la noticia ha decidido presentarse de manera involuntaria a mis propios ojos.

Durante el trayecto por el paso de Crimmor en dirección a Náskhel, el grupo que me acompañaba afirmó haber presenciado una sombra de proporciones considerables cruzando el cielo sobre nosotros. No fue una visión fugaz ni fruto del cansancio acumulado. Su trayectoria parecía ser clara. Por su dirección, todo apunta a que procedía de Púrskul.

Se desplazaba aparentemnte hacia el Norte, en dirección a Náskhel.

Fue entonces cuando, al seguir su recorrido, comenzaron a alzarse disturbios en la ciudad.
Un tejado había sido reducido a escombros con una violencia que difícilmente puede atribuirse al azar. Otro mostraba signos inequívocos de haber sido consumido por fuego reciente, pero por suerte la lluvia aparentemente hizo mucho por salvarlo.

Podría tratarse de coincidencias, por supuesto. Aunque conviene preguntarse el por qué.
El guardia qué custodiaba el paso del muelle dijo en alta voz. "¿Un dragón...?"


LA ILUSIÓN DEL HEROÍSMO, UNA REFLEXIÓN

Existe una inclinación natural a ordenar el mundo en relatos comprensibles. Nos tranquiliza pensar que los acontecimientos, por complejos que sean, pueden reducirse a figuras reconocibles: el villano, el inocente y, por supuesto el héroe. Este último ocupa un lugar privilegiado en nuestra imaginación colectiva, como si su mera existencia garantizara cierto equilibrio moral.

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Sin embargo, convendría observar con algo más de detenimiento la forma en que surge esa figura. Rara vez aparece en el vacío. El héroe necesita un contexto propicio, una audiencia receptiva y, sobre todo, una narrativa que lo sostenga. Sin ese entramado, sus actos serían poco más que incidentes aislados, difíciles de distinguir de otros tantos que pasan desapercibidos en el día a día.
No es una crítica, sin embargo. Lo que llamamos heroísmo depende tanto de la interpretación como de la acción. Un mismo gesto puede ser celebrado o ignorado según el momento, el lugar o los intereses en juego. Y en ese delicado proceso de selección, algunas historias se elevan mientras otras se disuelven sin dejar rastro.


También resulta llamativo que el héroe, en su aparente excepcionalidad, tienda a simplificar aquello que toca. Donde antes había tensiones difusas, aparecen bandos definidos; donde existían tiras y aflojas, se introducen resoluciones tajantes. No siempre es evidente si estas transformaciones responden a una mejora real o, simplemente a una necesidad de claridad que la mente que envisiona necesita.
Quizá por eso con el paso del tiempo, muchas de estas figuras adquieren un carácter casi simbólico. Más que individuos, se convierten en referencias útiles, en ejemplos que ayudan a dar forma a un relato compartido y a un molde que llenar. Y como todo símbolo, su valor no reside tanto en su fidelidad a los hechos como en su capacidad para ser interpretados.

Nada de esto invalida las historias que contamos, ni la admiración que puedan suscitar. Pero sí invita a contemplarlas con una cierta distancia, a reconocer que en ocasiones, lo que se presenta como inevitable o incuestionable podría ser, en realidad, el resultado de una construcción lenta y medida de la consciencia de un individuo.

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LAS CASAS DE LOS SEIS
- PRIMERA PARTE-​


Hace ya tiempo que los numerosos cambios en el país y la supuesta inseguridad que sentían algunos agentes externos a la hora de invertir en él ha hecho que el Consejo de los Seis decidiera hacer públicas las identidades de las casas que lo componen hace ya algun tiempo.

Estas casas parecen, sin embargo, ser desconocidas para muchos de los aventureros que se acercan a nuestra nación en busca de una vida nueva. Hay pocos pecados peores que la ignorancia en Amn,en las tierras de las Intriga. Es por eso que quiero dedicarles este artículo, con la intención de informar a nuestros queridos lectores del trasfondo de las casas que conforman el organismo de toma de decisiones en Amn. Estas, conocidas como las más magnas Familias Mercaderes de Amn son la Casa Selemchant, la Casa Dannihyr, la Casa Alibakkar, la Casa Ophal, la Casa Nashivaar y la Casa Havarian. Es en ellos sobre quienes el poder del país recae de forma vitalicia en lo que conocemos como el Consejo de los Seis. Gobiernan desde la capital, Athkala, bajo seis títulos: Meisarca, Tessarca, Namarca, Iltarca, Pommarca y Dahaunarca.

El Meisarca es el portavoz y líder de facto del Consejo de los Seis. Lo sigue el Tessarca, centrado en el control financiero y económico. El Namarca en comercio e importaciones, Pommarca en intrigas y espionaje y finalmente el Dahaunarca es el miembro más joven y candidato a ascender en el futuro. Al morir un miembro, todos ascienden un rango y se elige un nuevo Dahaunarca entre las casas más poderosas. Este consejo gobierna desde hace 30 años, con solo 11 gobernantes en total.

Las identidades son secretas, pero es público las casas a las que representan. Cuando aparecen en público son normalmente sus manos derechas o representantes públicos.



LA CASA ALIBAKKAR

La Casa Alibakkar se ha convertido en una de las grandes beneficiadas del restablecimiento de las rutas hacia Maztica, consolidando una posición de poder que no se limita únicamente al ámbito económico. Su crecimiento no es casual, sino el resultado de una estrategia que combina comercio, influencia política y control indirecto de la opinión pública. Mientras otras casas tradicionales han visto mermado su poder e influencia, los Alibakkar han avanzado con seguridad y rapidez.

Uno de los pilares visibles de esta ascensión es Lady Shauna Alibakkar, cuya figura encarna la faceta más refinada y eficaz de la casa. Posee un gran talento diplomático y un carisma natural que la convierten en una embajadora ideal. Sin embargo, su reputación no está exenta de sombras: las especulaciones añaden una capa de ambigüedad que, lejos de debilitarla, parece reforzar el aura de misterio y peligro que rodea a la familia.

En contraste, Marhuendarl Elein representa una parte diferente del linaje. Vinculado a una rama secundaria, su papel años atrás como director de la Voz de Amn lo situaba en una posición clave, aunque su carácter polémico y sus conflictos personales lo convierteron en una figura profundamente controvertida. Su enfrentamiento con la Casa Bormul y sus tensiones con el clero de Sune reflejaban una ambición que no es síntoma de debilidad en Amn, sino de entender perfectamente cómo funciona la nación.

El ascenso de la casa Alibakkar ilustra un cambio más amplio en Amn: el desplazamiento del poder desde las viejas casas establecidas hacia familias mercantiles más audaces, menos escrupulosas y, sobre todo, mejor adaptadas a un mundo en transformación.



HAVARIAN

La Casa Havarian no es una familia que haya ascendido siguiendo los cauces tradicionales del poder amniano. No hay en su historia grandes tratados comerciales ni antiguas raíces nobiliarias que legitimen su posición. Su influencia nace del mar y de una habilidad casi insultante para sobrevivir allí donde otros fracasan. Allí donde las rutas comerciales se vuelven inciertas y el mar es la única ley , los Havarian prosperan.

El eje indiscutible de esta casa es Saemon Havarian, un capitán tan carismático como habilidoso, cuya reputación se ha forjado tanto por sus hazañas como por su capacidad innata para adaptarse con acierto a cada situación. A su lado se encuentra May Havarian, una figura que encarna la dualidad de la casa y cuyas apariciones se redujeron drásticamente tras el incidente ocurrido en los jardines de Liira, del que tal vez les hable en otra ocasión. Se dice que es una gran alquimista reconocida por su eficacia. Si bien la presencia de los Havarian genera rechazo entre las casas más tradicionales, son una de las grandes potencias en auge en Amn. Sin embargo, esta tensión juega a su favor: no necesitan ser aceptados, pues uno puede influir en el poder tomando esto a su favor.

No busca legitimidad, sino utilidad. Su fuerza radica en su capacidad para adaptarse, a toda situación posible.

Los Havarian nos recuerdan una verdad muy simple: el poder no siempre pertenece a quien lo merece, sino a quien logra conservarlo un día más. Y yo celebro Amn y todas las oportunidades que entrega.



LOS NASHIVAAR

Los Nashivaar son una de las familias más secretistas en el poder en Amn, de la que poco se sabe. Solo su más que patente pasado entorno a la Iglesia de Cyric, con los que han tenido lazos estrechos en el pasado. Provenientes de Esmeltaran, son una potencia algo belicosa, con un patrocinio constante de compañías mercantes menores.

Resulta especialmente llamativo que una casa con tanta influencia como los Nashivaar apenas deje rastro a su paso, sea en forma de información pública o rumores. Su nombre aparece de forma puntual, asociado a acuerdos, rutas comerciales o apoyos militares, pero rara vez acompañado de detalles concretos. No hay linajes bien documentados ni episodios ampliamente reconocidos que permitan reconstruir su historia con facilidad. Aun así, su presencia es lo bastante sólida como para que nadie cuestione su relevancia, por supuesto.

Lejos de perjudicarles, esta falta de información es una herramienta que manejan con notable habilidad. Los Nashivaar controlan el flujo de rumores con precisión, permitiendo que circulen versiones contradictorias o incompletas que dificultan distinguir qué es cierto y qué no. Mantienen las habladurías en un punto útil: lo bastante activas como para desviar la atención, pero nunca lo bastante claras como para comprometerles. De este modo, operan con discreción y eficacia, protegidos por una reputación que nadie termina de comprender del todo, pero que pocos se atreven a desafiar.



Dejo hasta aquí esta pequeña retrospectiva, que espero continuar en futuras ediciones. Quiero aclarar que no he ordenado las casas por relevancia o poder - los dioses me libren- , sino simplemente por comodidad para encontrar información.


Jadzia Odger,
Arqueóloga y Maestra de la
Arcanum Schola
 

Quetzalcoatl

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Retazos de Historia

Cuando las "Razas Antiguas" reclamaron derechos territoriales sobre los Páramos del río Alandor



Corría el año 1.392 C.V. cuando un grupo de tribus de las llamadas "razas antiguas" -así es como se conocía a los humanoides monstruosos de diversa índole- se organizaron y comenzaron a asaltar viajeros en algunas rutas comerciales. Estas tribus no tardaron en reclamar potestades territoriales sobre los Páramos del Río Alandor aludiendo a derechos arcaicos, y prohibieron el paso a ciudadanos amnianos. La respuesta no se hizo esperar, y las Fuerzas Armadas de Amn se movilizaron para controlar la amenaza y devolver la paz a los Páramos.

A pesar de esta rápida respuesta, los ataques se intensificaron. En estos momentos surge la figura de un sacerdote minotauro llamado Belphegor, que presiona para conseguir esos derechos territoriales sobre los Páramos. Sus exigencias fueron rechazadas por el Excelentísimo Consejo de los Seis, lo que desató una nueva oleada de violencia incontrolada.

Las Fuerzas Armadas tomaron la decisión de asediar y sitiar los poblados de las "razas antiguas". La mediación de las “gentes del bosque” con las "razas antiguas" permitió una tregua temporal, logrando que el cacique minotauro erigido como líder de todas aquellas tribus prometiera entregar a Belphegor. Sin embargo, Belphegor ya había sido desterrado por los suyos.

belphegor1.JPGConvertido en exiliado, Belphegor lideró una banda de asaltantes que reanudó los ataques en los caminos. Unos meses después, el caballero banita Starion Ders y el arcano Nordwen Valford lograron detenerlo. La ejecución pública del sacerdote minotauro, quemado en la hoguera junto a uno de sus secuaces, fue celebrada por la ciudadanía amniana como un acto de justicia ejemplarizante.

Lo que siguió fue una etapa de decisiones políticas controvertidas. En 1.394 C.V., el Consejo de los Seis concedió a las "razas antiguas" derechos de explotación y tránsito en los páramos cercanos a Athkatla. Se levantó una gran verja que dividía el bosque, provocando hambrunas generalizadas y numerosos desplazamientos de la fauna autóctona.

En medio de esta situación de inestabilidad, los habitantes de la Arboleda de los 17 Centinelas -el más relevante enclave druídico de aquellos tiempos- iniciaron el llamado Primer Éxodo Centinela, abandonando su enclave para restaurar el equilibrio natural en otras regiones de Faerun. El acceso a la arboleda fue cerrado a extraños, en clara señal de aislamiento. Pero la situación en los Páramos era insostenible y los druidas regresaron a la Arboleda bajo el llamado de la archidruida Luonomi. Lo que debía ser una restauración del orden se convirtió en una guerra silenciosa por el control de los Páramos.druidas1.JPG

La división interna entre las "gentes de los bosques" fue notoria. Algunos defendían la vía diplomática; otros, en cambio, apostaban por la expulsión violenta de las "razas antiguas". Durante el mes de Mirtul del año 1.395 C.V., una tormenta de origen druídico derribó las vallas que fragmentaban el bosque, aunque estas fueron reconstruidas con rapidez. Mientras tanto, la población local, atrapada entre facciones enfrentadas, se vio obligada a explotar los recursos naturales de forma agresiva para sobrevivir, agravando aún más la crisis.

El conflicto dio un giro inesperado en 1.396 C.V. con la irrupción del Imperio Syzhillisiano, que conquistó Imnescar y atrajo a numerosos guerreros de las "razas antiguas" que abandonaron los Páramos para unirse a su causa. Aprovechando la debilidad que ocasionó esta migración, y con el apoyo de las "gentes de los bosques", las Fuerzas Armadas amnianas arrasaron las cuevas donde se refugiaban los miembros de las tribus que no habían partido, provocando su práctica extinción en la región. Finalizó así este peculiar episodio de la historia en el que durante un lustro las "razas antiguas" se convirtieron en vecinos muy cercanos de la capital amniana.​

M.S.



Nota de la Voz de Amn: La autora del artículo, M.S., permanece actualmente en paradero desconocido, mas la Redacción de este ilustre periódico ha decidido publicar el artículo pues éste se encontraba listo y dispuesto para ello.
 

Skotos

El cansino de los Siervos de Hueso
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Insomnio
Por Gwenaëlle Shade, Editorial
Corresponsalía del Norte


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Estimados lectores,

Creo que coincidirán conmigo en que las notas a pie de página que llevan publicándose durante las últimas decanas en nuestras columnas empiezan a repetirse con una insistencia desesperante.

La mayoría reza así: "El autor de este artículo permanece actualmente en paradero desconocido".

Las decanas avanzan y la fórmula se afianza. Los carteles que anuncian a los “desaparecidos por la bruma”, aquel grupo de aventureros tragado por el miasma gris en una patrulla de investigación, comienzan a amarillear. El papel se curva en las esquinas. La tinta se apaga. El rostro de los ausentes se va quedando a merced de la lluvia, del polvo y de la desmemoria. No parece vislumbrarse remedio para estas desapariciones; peor aún, su ausencia parece dibujarse poco a poco en nuestras rutinas.

Y con esta pérdida de agencia llega la obsesión. Las cavilaciones eternas. El "qué hubiese hecho", el "qué puedo hacer". Nuestros pensamientos se imponen al debido descanso y nos arrebatan el sueño.

Irrumpe el insomnio como compañero de cama.

No hablo aquí de un desvelo ordinario, de esa noche atravesada por una preocupación concreta, una fiebre, un amor desgraciado o una culpa añeja. Me refiero a otra vigilia: la de quien se acuesta cansado y descubre, sin embargo, que el cansancio no basta para vencer al pensamiento. El cuerpo yace. El alma vela. Una vela apagada enciende en nuestra conciencia un tribunal donde somos nuestros propios jueces y verdugos. Y en él comparecen preguntas a las que nadie puede responder con claridad:

¿Dónde están?
¿Quién será el siguiente?
¿Qué se espera de nosotros mientras seguimos fingiendo normalidad? ¿cuánto tiempo podemos convivir con la ausencia?


Amn, siendo una tierra de marineros y mercantes, no es ajena al insomnio y a la espera indeseada. Siempre hubo madres que esperan, viudos que rememoran tiempos que jamás volverán, familias rotas por la guerra. Pero el insomnio que al menos, a mi y a muchos de nuestros semejantes nos atormenta hoy se extiende más como un dilema moral que de la pura fatiga espiritual. No nace de una sola pena, sino de una atmósfera. No es ya solo la aflicción de este o aquel hogar: es el síntoma de una comunidad que ha empezado a desconfiar incluso del acto de cerrar los ojos.

Admitir que no siempre somos dueños de nuestro destino produce un regusto amargo en el paladar, pero tampoco nos lleva a buen puerto dejarnos arrastrar por el oleaje de nuestros pensamientos tormentosos.

Y dirán ahora, queridos lectores, con razón: ¿qué podemos hacer para combatir este insomnio?

Lamento no ser capaz de proponerles consejos efectivos. Parte de la cuestión que hoy tratamos consiste en hacernos entender que no siempre hay una solución, un remedio posible al dolor que sufrimos. Pero eso no significa que no podamos tratarlo como sociedad, hablar de él y dirigir nuestros pensamientos a aliviarnos de él. Ponerle nombre no significa una humillación. No deberíamos avergonzarnos de este cansancio, ni tratarlo como una debilidad privada, ni esconderlo bajo el polvo de la costumbre. La tierra se nos está llenando de ausentes y de gentes que ya no duermen. Sería una cobardía imperdonable aceptar ambas cosas como si fuesen simples peajes del tiempo.

Pueden permitirse padecer y lamentarse. Simplemente, no se dejen arrastrar por este desasosiego. No lo conviertan en una penitencia ni en una culpa personal, puesto que no son ustedes quienes han traído la enésima calamidad a Amn. Vivan sus vidas con dignidad, ayuden a quien vean desfallecerse por la pena. Compartan su dolor con la comunidad.

Lo que sí puedo asegurarles es que el alba llegará, y la bruma que vino, también se irá.

Sobreviviremos.​
 

Sacredlilium

Lágrima de mago nerfeado
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Actualidad y Opinión
Por Evelyn Blackwood

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EL LADRÓN DEL GREMIO DE AVENTUREROS

Durante las últimas noches en Athkathla, la guardia alertó a la población de que un ladrón se había hecho con un botín perteneciente al gremio de aventureros y había huido hacia las alcantarillas de la ciudad.

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Consternados, aquellos preocupados por el bienestar de la ciudad decidimos partir en búsqueda del ladrón. Entre las ilustres personalidades que asistieron en la tarea se encontraba esta columnista junto a la Detective de Vaelmonte, Sével Puestaluna, la Sunita Fery Kril, la maestra Jadzia Odger, un drow y un joven llamado Alaric.

En el camino hacia las alcantarillas de la ciudad con indicación de la guardia nos encontramos a la Sargento Cantolunar y a otro arcano junto a ella patrullando y asegurando los caminos. El grupo avanzó por lugares que por la decencia y el buen gusto de esta columna no mencionaré hasta dar con el susodicho. Tras un intento de negociación fallida, el grupo terminó por entregar al ladrón a las autoridades.

Y esto deja una pequeña brecha, al menos en mi pensamiento. Cabe preguntarse si la negociación conserva su utilidad cuando se aplica a quienes no parecen operar bajo las mismas condiciones que la hacen posible.




LA FAMILIA COMO ESTRUCTURA EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE

En momentos de inestabilidad, resulta habitual que la mirada se dirija hacia aquello que parece ofrecer mayor cercanía: el hogar, los vínculos inmediatos, las relaciones que se perciben como propias. La familia, en este sentido, suele presentarse como un refugio natural frente a lo incierto.
Sin embargo, reducirla a esa función sería, quizá, una simplificación conveniente fruto de la idealización.


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Más allá de su dimensión afectiva, la familia constituye una de las primeras estructuras que el individuo aprende a reconocer. En ella no solo se establecen lazos, sino también expectativas, roles y formas de comportamiento que, con el tiempo, tienden a reproducirse fuera de ese entorno inicial.
Es en este espacio donde se aprende a comprender los entresijos del mundo y qué significa ocupar un lugar determinado y lo que se espera de quien lo ocupa. No como una imposición abierta, sino como una forma de continuidad que rara vez se cuestiona mientras funciona.

En contextos de incertidumbre, esta estructura adquiere una visibilidad particular. Allí donde otras referencias se vuelven difusas, la familia tiende a mantenerse como un punto reconocible y en muchas ocasiones, seguro. No necesariamente porque sea inmutable, sino porque su lógica interna resulta familiar incluso cuando las circunstancias externas dejan de serlo.

Conviene, no obstante, observar que esta estabilidad no depende únicamente del afecto que pueda existir entre sus miembros. Como en cualquier otra forma de organización, su persistencia parece estar más ligada a la capacidad de cada uno para sostener el lugar que ocupa dentro de ella.

Existe una tendencia comprensible a idealizar la familia como un espacio de comprensión incondicional. Y si bien esa lectura no es incorrecta, tampoco agota su función. La comprensión, cuando es constante, puede resultar indistinguible de la ausencia de forma; y una estructura sin forma definida difícilmente puede sostenerse en el tiempo.

Tal vez por ello, en momentos donde lo externo se vuelve incierto, no sea tanto el afecto lo que mantiene a la familia como referencia, sino la previsibilidad de su funcionamiento. Saber qué permanece, incluso cuando no se expresa, puede resultar más estabilizador que cualquier declaración explícita.

Y en ese sentido, la familia no actúa únicamente como refugio, sino como una de las primeras manifestaciones de un principio más amplio: que aquello que perdura rara vez lo hace por la intensidad de lo que ofrece, sino por la consistencia con la que se mantiene.

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Nota de la redacción: Este articulo constituía parte de uno de los bocetos de la señorita Blackwood. La ilustre redacción ha considerado correcto publicarlo como un pequeño gesto para con la columnista, que permanece en paradero desconocido.
 

Skotos

El cansino de los Siervos de Hueso
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El Norte se alza contra Irenicus
Por Gwenaëlle Shade, Editorial
Corresponsalía del Norte


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Este artículo forma parte de una serie de crónicas relativas al conflicto del Norte.



Estimados lectores,

La bruma sigue avanzando de forma imparable por el Norte, extendiéndose hacia las montañas de los Picos de las Nubes y cubriendo Cumbrelanza con un miasma de muerte. Como ya adelantó servidora en una pasada columna, los hilos que mueven esta sombra tienen un nombre: Joneleth Irenicus.

La amenaza del Exiliado no ha sido tomada a la ligera por los Señores del Norte, quienes han acordado enviar distintas huestes en auxilio del pueblo Reghed. Estas comitivas incluyen fuerzas del Enclave Esmeralda, del Enclave élfico de Tethir, hûryn de Kazad Gromdal, soldados de la División de la Nube y una guardia pretoriana contratada por la familia Matanecrarios, encabezada por el joven Berrog, sobrino del alcalde Edwing.

Pero los Señores del Norte no están solos en esta ordalía, pues numerosas organizaciones se han conjurado para acudir a su llamado.

En primer lugar, la Iglesia de Selûne, mostrando su inquebrantable compromiso con el espíritu y la causa del Norte, ha acompañado la marcha de los Matanecrarios. Se dice además que varios de sus miembros mantienen profundos lazos de amistad con representantes de los Reghed, y que con su presencia honran una alianza informal forjada con el pueblo norteño. Estas fuerzas están lideradas por la conocida Alta Sacerdotisa Sariel Shade y por la capitana cruzada Mernalyn Traphine. Yo misma integro esta comitiva.

Por otro lado, la Orden del Guantelete ha demostrado, una vez más, ser un baluarte de esperanza para todo Amn, decidiendo asumir la protección de los pueblos del Norte como propia. Un grupo de caballeros ha atendido la convocatoria del Centinela Sir Dick Cars, quien también se hizo acompañar de la prometedora escudera tormita Ronny Niam.

Las fuerzas defensoras cuentan asimismo con la presencia de la Alianza del Baluarte, representada por dos figuras que se están labrando un lugar prominente en la Mancomunidad de Gambiton: Miria Largasiesta y el señor Groob Piesucio. Les acompaña también el noble enano Kharram Crestarroca, aventurero novel que, sin embargo, pronto se está haciendo un nombre en el Norte por su espíritu de sacrificio para con sus comunidades.

De la Mancomunidad de Gambiton, además de los ya mentados, también hizo acto de presencia su alcaldesa, la hechicera Numina. Su discurso ante el Gran Thane fue uno de los más celebrados, y nadie dudó del arrojo del pueblo que vio nacer a San Nicodemus de la Lanza Dragón.

Otra compañía mercenaria, igualmente joven pero movida por ideales limpios, hizo también acto de presencia. Las Cuerdas del Destino, lideradas por el veterano bardo Sével Aseir Puestaluna, acudieron junto a la vidente Lindaella, la montaraz Velatha y el sacerdote oghmita Alexander Engendiel.

Por parte del Enclave Esmeralda, la expedición está encabezada por la legendaria Acechadora del Invierno Loreliel. Siempre acompañada del venerable Serralonga Boti, del famoso Radix, apodado el Jinete Furioso, y del druida Zentakord, portador del muérdago en la Guerra de los Dragones. Junto a ellos marcha también el conocidísimo anacoreta Kharmin Musgoverde.

Desde el Enclave de Tethir también acudieron figuras relevantes en su comunidad, como Sylwen Galanodel, la guerrera Kyathel y las místicas Nyvara Faerlaith e Yrathea Rauhd.

No menos importante ha sido la presencia de los numerosos aventureros que han decidido aunarse bajo el estandarte del Norte. Entre ellos se cuentan figuras legendarias de la Costa de la Espada, como el gran Minsc, su inseparable Bubú y la venerable druida Jaheira. Los Selemchant han enviado asimismo a Clarorna Amaerityl, conocida como la Maga de Athkatla, en un intento de poner su pericia al servicio de la causa.

Todos ellos, y muchos más, se han congregado con un único fin: proteger el tótem sagrado de los Reghed, el cual se presume objetivo último de Irenicus y pieza clave para afianzar su incipiente dominio sobre el Norte.

La batalla está a punto de comenzar y se prevé cruenta. Muchos dudan de que el Norte sea capaz de sobreponerse a tan legendario enemigo, pero estas tierras han soportado penurias peores y catástrofes más hondas. Recordemos, estimados lectores, una evidencia sencilla: si Irenicus fue vencido una vez, podrá ser vencido nuevamente.

Tengan fe.

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Otros sucesos

Osgos en el Bosque de Alandor


Un ataque de osgos en el Bosque de Alandor fue recientemente repelido por una comitiva heterogénea de fuerzas del orden amniano, aventureros y habitantes del bosque. Poco o nada se sabe del origen de esta fuerza invasora, instalada en una conocida guarida de trasgos, pero lo cierto es que fue diezmada con rapidez y que sus tesoros fueron recuperados para beneficio de las comunidades locales.

La sombra de los Magos Rojos pende sobre Kalathyr

La sola noticia de que la bruma ha traído horrores hasta el bastión de Kalathyr ya resulta espeluznante. Se habla de ataques perpetrados por kuo-toa fanáticos que comienzan al anochecer y que han sido repelidos, no sin dificultad, por las Fuerzas Armadas y los aventureros que han decidido asistirlas.

Sin embargo, también se comenta que otras organizaciones más siniestras han acudido a este llamado, incluido el súbito reaparecimiento de los Magos Rojos de Thay. A estos últimos se les vincula con una figura sombría conocida como el Astrónomo, quien, según fuentes consultadas, afirmaría poseer la solución para repeler la bruma instalada en Kalathyr.

¿Serán los thayinos “aliados” interesados de la bandera amniana, o aprovecharán la confusión para actuar contra sus intereses?​
 

Arrakis

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LAS CASAS DE LOS SEIS
- Segunda Parte -


Permítanme retomar en este artículo el repaso a las grandes familias mercaderes sobre las que descansa el destino de Amn. En la entrega anterior hablé sobre los Nashivaar, los Alibakkar y Havarian. En esta permitanme hacerlo sobre el resto, Dannihyr, Selemchant y Ophal. Casas cuya existencia resulta decisiva para comprender la realidad de nuestra nación.

LA CASA DANNIHYR​


La Casa Dannihyr representa una de las formas más antiguas del poder mercantil amniano. Sustentados sobre un patrimonio extenso, una red familiar bien estructurada y una notable capacidad para adquirir y , lo que es mas importante, conservar el prestigio. No son una familia dada a los grandes gestos públicos ni a las campañas de autopromoción tan del gusto de casas más recientes. Su fuerza reside en la continuidad.

Históricamente vinculados a la adquisición de propiedades y a una gestión de un capital más fisico, los Dannihyr han preferido siempre el tipo de comercio que permite un crecimiento constante. Esta prudencia les ha permitido atravesar crisis políticas, conflictos regionales y cambios comerciales sin sufrir los desplomes que arruinaron a otros linajes menos disciplinados.

Sin embargo no son una casa conservadora. La Casa Dannihyr comprende que incluso en Amn la riqueza sin legitimidad pública puede volverse vulnerable. De ahí que en años recientes ciertas figuras vinculadas a la familia hayan ganado estima entre sectores populares mediante obras benéficas, patrocinios discretos y presencia en instituciones caritativas.

Entre sus miembros de más renombre por estos asuntos destaca Daenhe Dannihyr, conocida por su dedicación religiosa al servicio del Quebrado, Ilmater. Frecuente en hospicios y los barrios bajos, donde realiza obras de caridad y de solidaridad.

Se dice que estos gestos de benevolencia no caen bien en otras casa que, ansiosos del poder de los Seis, desprecian las acciones caritativas que miembros de los Dannihyr pueden llegar a realizar. Lo cierto es que esta generosidad demuestra que la casa tiene un pie en el suelo, un elemento distintivo que acerca a los mismos al populacho.


LA CASA SELEMCHANT​


La Casa Selemchant figura entre los linajes más antiguos e influyentes de Amn. Se trata de una familia que rara vez busca protagonismo o ser el foco mediático, y que ha hecho del secretismo su estilo de acción. Su principal ámbito de negocio es el comercio de objetos mágicos, lo que les sitúa en una posición estratégica dentro de una nación que observa la magia con recelo.

La casa proyecta una imagen serena y controlada. Son escasos los escándalos asociados a su nombre y aún mas raras sus disputas abiertas. Esto revela una estructura interna basada en el orden, la previsión y movimientos meditados, poco dados a los exabruptos.

El peso de la familia se explica en gran medida por su conocimiento del mercado arcano. Han sabido regular el acceso a bienes codiciados, convertir el desprecio y el recelo hacia la magia en una oportunidad de negocio y expandir sus intereses más allá de las fronteras inmediatas de Amn. Sus operaciones en la Ruta de Tethir y en distintos enclaves comerciales demuestran una gran expansión de su red de influencia. Son , además, los mecenas tras la insigne Schola de magia en Amn, donde dirigen en el rectorado actualmente. Es precisamente en ella donde se forman todos los grandes magos de Amn, así como los futuros miembros de los Magos Encapuchados, siempre bajo el estricto tutelaje de sus maestros y en formación y cumplimiento de la Bula Arcana.

La dimensión histórica de la casa y su influencia en la historia de Amn no puede entenderse sin recordar la figura de Thayze Selemchant. Pieza clave en la creación del Consejo de los Seis, su figura sigue proyectando una larga sombra sobre la política nacional. Durante generaciones circularon rumores que lo vinculaban estrechamente con los Magos Encapuchados, historias jamás del todo confirmadas y jamás del todo desmentidas, como toda buena historia amniana que se precie.

La Casa Selemchant encarna una forma de poder silenciosa, persistente y difícil de medir desde fuera. No necesitan exhibir autoridad, pues su presencia parece confundirse con el propio funcionamiento del sistema. Allí donde otros perciben incertidumbre es posible que los Selemchant ya vayan una decena de pasos por delante.


LA CASA OPHAL​


La Casa Ophal es, a dia de hoy, el resultado directo de una crisis que transformó el equilibrio mercantil del sur. Su ascenso no fue lento ni discreto entre las grandes casas, sinó un golpe maestro durante la llamada Guerra de la Especia.

Hace aproximadamente un siglo, la rivalidad entre los Ophal y la Casa Ulvax por el control de las rutas de especias con Zakhara derivó en un conflicto abierto. Lo que comenzó como competencia económica terminó afectando a calles, puertos y mercados enteros, demostrando hasta qué punto en Amn el comercio puede convertirse en un asunto de Estado.

La respuesta del Consejo de los Seis fue pragmática: Las rutas fueron redistribuidas, y de aquel reajuste pocos salieron mejor posicionados que los Ophal.

Liberados de su principal rival consolidaron el control del mercado y ampliaron su presencia hasta convertirse en una de las grandes potencias de Athkatla. Desde entonces, su crecimiento ha sido sostenido, demostrando que saben bien como aprovechar todas las oportunidades internacionales de expansión.

En la actualidad, la casa está encabezada por Zhamn Ophal, conocida en ciertos círculos como la Dama Dragón. Su figura proyecta autoridad especialmente en Crimmor. Bajo su dirección, la familia ha tejido alianzas con habilidad, equilibrando el poder con un talento natural.



Concluye aquí esta segunda parte sobre las casas de los Seis en Amn, con intención de levantar el velo de desconocimiento que algunos exhiben sin pudor alguno. Quiero aclarar nuevamente que no he ordenado las casas por relevancia o poder, sino simplemente por comodidad para encontrar información.


Jadzia Odger,
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Actualidad y Opinión
Por Evelyn Blackwood

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LA RECLUSIÓN DE LA BRUMA: UNA REFLEXIÓN
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Estimados lectores,
Durante los últimos meses, mi nombre dejó de pertenecerme. No hubo testigos, ni registros, ni certeza alguna de que mi historia fuera a retomarse en el punto en el que se detuvo. Hubo, únicamente, silencio. Y en ese silencio, un único rastro visible: un cartel ondeando en los portones de mi querido Gremio de Aventureros, donde mi nombre compartía espacio con el de muchos otros.

Debo, no obstante, un reconocimiento sincero a quienes intervinieron en mi liberación; incluso cuando sus motivaciones no siempre fueron coincidentes, el resultado fue, al menos en mi caso y en el de mis compañeros, eficaz.

Al abandonar las brumas no encontré reposo, ni espacio para la reconstrucción que muchos consideran necesaria. Pues Kalathyr también había sido alcanzada por la desdichada bruma, y cuando nuestras gentes sufren no existe tiempo para las lágrimas.

UNA MISA ENTRE HUMO: EL TEMPLO DE OGHMA

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Recientemente el distrito portuario ha sufrido varias tribulaciones. Entre la quema de la taberna "Los Tiburones Hermanos" por actores desconocidos, cuya motivación sigue siendo un misterio para esta redactora, y los barcos que siguen aún apostados con incapacidad de salir al encuentro del mar.

Entre esas tribulaciones, el templo de Oghma parece alzarse como un punto luminoso entre el caos, el humo y la incertidumbre en una misa oficiada por Alexander Engendiel, recordando el peso del conocimiento y la memoria.

Esta redactora desea expresar su solidaridad con los propietarios de la taberna “Los Tiburones Hermanos” y con quienes dependían de ella, no solo como espacio de sustento, sino como punto de encuentro dentro del tejido cotidiano del distrito


KALATHYR, HOY MÁS QUE NUNCA
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Kalathyr, enclave militar de la nación, permanece bajo una bruma persistente que ha degradado gravemente su operatividad y la estabilidad de su población civil. La guarnición continúa activa, enfrentándose a incursiones de kuo-toa y otras entidades hostiles en condiciones de visibilidad y coordinación severamente limitadas.

El sargento veterano Alexander sostuvo durante un tiempo la contención del sector, hasta su caída en acto de servicio. Su intervención, junto con operaciones recientes de fuerzas de apoyo en zonas colindantes, confirma que la respuesta militar sigue siendo funcional, aunque bajo alta presión. Bajo el mando del Capitán Ewan, un destacamento de las fuerzas armadas, junto a diversos grupos respetables Amnios han partido hacia Kalathyr con el propósito de asistir a la población y mantener la posición.

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BobM

Restos de un PJ de Aharadad
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LA AMENAZA EXTRANJERA : EL CONSORCIO RUNDEEN

Por Helios Odger, columnista de La Voz de Amn

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Amn también conocida como el Dominio del Mercader, es la nación en la que este redactor y vosotros nuestros ilustres lectores habitamos en estos tiempos, un estado que controla grandes e importantes rutas desde Calimshan hasta Puerta de Baldur, nuestros recursos y riqueza como país nos han convertido en uno, por no decir el centro comercial más importante e influyente de todo Faerûn.

Un estrato que conlleva consigo muchos privilegios a la par de obligaciones, entre ellas se encuentra la de regularizar y dividir a nuestros ciudadanos según su solvencia e incluso procedencia, para garantizar que los cimientos de nuestro hogar no se agrieten. Hecho que ha sido asi desde el 1333 según el Computo de los Valles.

Pero en estos últimos tiempos he podido apreciar como poco a poco la base que se ha ido cimentando, las cualidades que hacen de Amn una nación tan importante y privilegiada se están quebrando y todo ello debido a la mayor participación de fuerzas extranjeras en nuestras tierras, desde los magos rojos de Thay, hasta a quienes en esta ocasión les dedico esta columna, el consorcio Rundeen.

El Consorcio Rundeen para quienes no los conozcan es una sociedad comercial con ligera relevancia en el sur de la Costa de la Espada, Calimshan y ahora Murann, de este último siendo quienes más frecuentan nuestras tierras, principalmente bajo los intereses del autoproclamado "imperio" de las bestias, teniendo como mano ejecutora a una mujer conocida como Adrasteia que además de ser una voz de aquella sucursal en territorio Muranní, es proclamada por las mismas bestias salvajes como su embajadora diplomática, esgrimiendo esto frente a nuestros muros, permitiéndole el paso en nuestros juicios, en nuestras votaciones, en los movimientos militares, ya sea bajo la mirada del jueces o capitanes como podría ser Ewan.

Los ojos de los Rundeen son los del imperio, todo aquello que llega a sus oidos, lo que pasa por sus manos sirve como rédito, como alimento para la maquinaría de guerra de quienes son nuestros incivilizados enemigos, además de ello no se encuentra sola pues siempre va escoltada por más miembros de la sucursal, un calishita estrafalario llamado Nabil y un juerguista borracho llamado Avakot, quien ha causado más destrozos e inconveniente en su breve estancia en Amn, desorden público y daño a propiedades privadas sin ir más lejos.

Cuando las consecuencias de su presencia golpeen a nuestra puerta, quizas ya sea demasiado tarde para reaccionar.



Aunque al menos, a diferencia de algunos de nuestros vecinos del norte, estos no esconden sus intenciones.


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Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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He vuelto, viva y coleando.
He vuelto, amigos y vecinos. Quise que mi regreso fuese antes, pero las circunstancias no lo quisieron. Hoy, tras desvelar dónde estaban guardados los artículos que la dirección no encontró (todos en mi cabecita ilustre), procedo a hacer bailar la pluma sobre el papel. El trabajo dignifica y, según decía uno de mis extraviados profesores, la vagancia es la única amiga que oculta la falta de ideas. Dicho esto, permítanme unas palabras para aquellos que arriesgaron sus vidas para adentrarse tras nosotros en la niebla, aun a riesgo de perderlas. Gracias sinceras a todos. Gracias infinitas por salir a buscarnos.

No haré hoy un artículo mostrando la agonía de nuestro encierro en tierra extraña. No, qué va. No escribiré una epifanía sesuda, aunque podría ¡más sesuda que ninguna, por supuesto!, pero no. Hoy vengo aquí a relatar una jornada de nuestra reclusión. Un día completo en una jaula de oro, un día y su noche en los aposentos del grupo porque sí, añorados lectores... era una jaula de oro, pero nos alojaron a todos juntos, en amor y compaña, como diría mi nana. Con todos sus pros y todos sus contras. Pónganse en situación: una alcoba de literas varias, en fila estilo cuartel, con unas paredes que olían a viejo, a cerrado y a angosto. Un tocador que hacía las veces de escritorio aunque nadie escribía y una puerta de madera oscura y pesada cuyas bisagras chirriaban al abrirse. Imaginen dormir durante casi dos estaciones todos juntos: Madeleine, Katherine Cantolunar, Vraask, Liam, Liliana, Zahal, Evelyn, Bardock con su inseparable Samira y esta redactora. Los dioses saben que, milagrosamente, no hemos discutido entre nosotros. Solo habremos deseado ahogar al de la litera de al lado cuando roncaba como un gigante con mocos, pero siempre de pensamiento. Jamás un almohadón rozó insistentemente el rostro del durmiente vecino, bello o no . Solo habremos querido morir cuando cierto adorable artífice, al que confieso admirar en lo más profundo de mi ser, y quererle como solo se quiere a un compañero de fatiga pero con quien nunca jamás desearía volver a compartir paredes sin unos ventanales tan anchos como el Valle de Minsor, liberaba los frutos de su digestión. Su estómago es capaz de gestar lo más tóxico de este plano y del siguiente. Todos los días, la puerta de entrada a los aposentos se abría chirriante y aparecía el sirviente destinado a atendernos. Durante casi dos estaciones, un esqueleto llegaba con sus huesillos al aire, las cuencas de los ojos vacías y una sonrisa cadavérica con todos los dientes de vacaciones perpetuas salvo uno. Venía a hacernos las camas, era tan inquietante ver a un esqueleto estirar de forma exquisita las sábanas y mantas que, muchas veces, nos quedábamos admirando su oficio. Confieso que varios cotejamos la idoneidad de traerlo con nosotros de vuelta, pero es posible que nuestra razón se nublase en aquel entonces, ¿no creen? Nunca he visto polvo mejor retirado ni un suelo con ese lustre. Impresionante. Mis ¿respetos? Alfred, o Paco, porque cada uno le daba un nombre distinto y alguna vez, se le dio el del corcel del Capitán Ewan. Todos y cada uno de los días se reducían a levantarse, alimentarse, ir a la biblioteca y recorrer las únicas estancias permitidas, siempre vigilados. Frecuentemente recordábamos la perdida libertad que nos daba la cueva donde conocimos a quien algunos llamaron la Mascota del Gremio, Georgi. Un animal de mal genio y despeluchado.

Perdiendo la noción del tiempo y sin encontrar una salida diplomática; una salida que no implicase morir todos allí. De locos. En algún momento se celebró un baile. Nunca me han dado miedo los bailes, al contrario, pero aquel helaba mi sangre. Por fortuna, en esa celebración encontramos parte de lo que buscábamos en aquel plano. Y, para mi sorpresa, trajo consigo uno de los momentos más increíblemente absurdos. A pesar de creer que las bodas están sobrevaloradas, debo confesar que cuando Evelyn llegó a los aposentos con pinta de tener una incipiente colitis, anunciando que sir Aldric, nuestro captor, le había ofrecido matrimonio a cambio de la eternidad, casi sentí ansias por ver tal aberración. Afortunadamente, no hubo que decirle aquello de "te quiero como amigo" o "no eres tú, soy yo". Lo dicho: creo que aquel lugar nos jugó malas pasadas en la cabeza y también en los huesos de alguno que tuvo la "felicísima" idea de bajar por un túnel en caída libre con una armadura completa. Por poco no lo cuenta; demos gracias a Tymora.Ahora entenderán mis lectores, o así lo espero, por qué esta redactora no vuelve con un artículo sesudamente litúrgico: antes hay que hacer la digestión de todo lo acontecido en aquel lugar de cuyo nombre no quiero acordarme.
Astrid Minstreltides , redactora de La Voz de Amn y
Regresada de allende las Brumas.​
 

Skotos

El cansino de los Siervos de Hueso
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El Norte prevalece
Por Gwenaëlle Shade, Editorial
Corresponsalía del Norte



Este artículo forma parte de una serie de crónicas relativas al conflicto del Norte.

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Apreciados lectores,

Escribo estas líneas con pesadumbre y regocijo a partes iguales. El Norte ha resistido el envite de oscuridad que lo amenazaba, pero lo ha hecho pagando un alto precio. Las escribo con el recuerdo de la nieve ensangrentada todavía prendido a la memoria; con el eco de los cuernos Reghed resonando en mis oídos; con el olor de la bruma, la ceniza y la magia quemada aún demasiado cerca de mi piel.

El Norte ha resistido. Pero muchas vidas se perdieron en el camino.

Muchas familias no encontrarán a todos los suyos al volver la vista hacia las empalizadas. Y aún quedan demasiadas preguntas sin responder. Pero sí puede afirmarse algo con rotundidad: la ofensiva de Irenicus contra el tótem Reghed ha fracasado.

La Alianza del Norte reunió sus fuerzas alrededor de la aldea principal de los Reghed, allí donde bajo grutas ocultas por roca y tundra se custodiaba el tótem sagrado de los Hijos del Hielo. No era un simple ídolo tribal. Bajo aquellas cavernas reposaba un fragmento de una reliquia legendaria conocida como el Ojo de Helm. Incompleto, sí; pero igualmente necesario para que el plan de Irenicus prosperase. Para que pudiese culminar su regreso.

Los estandartes de la Alianza del Norte se agolparon en Cumbrelanza y fueron tragados por la bruma. Esta apagó el firmamento, oculto ya durante meses tras un sudario sobrenatural. Muchos de los presentes juraron que, antes incluso de ver al enemigo, pudieron sentir cómo este se movía como una única voluntad. Sus formas eran diversas, pero todas nacidas de una misma negrura: espectros, asesinos, elfos renegados habitantes del Shadowfell. Incluso entre sus filas participaron cultistas de Montecráneos que, siguiendo el afán homicida de su dios oscuro, se ofrecieron como mercenarios en la refriega contra los Señores del Norte.

Pero el Norte resistió.

Como pudo: luchamos con espadas, mazas, uñas, carne y dientes. Con hechizos y sortilegios. Con la ayuda de agentes de Amn, de distintas Iglesias, de venerables druidas y de gentes que, sin haber nacido en aquellas tierras, decidieron defenderlas como propias.

Hubo momentos de verdadero espanto, les aseguro.

Cuando gran parte de las fuerzas defensoras aún se lamía sus heridas, agotadas tras uno de los envites, descendió sobre los cielos un dragón colosal. Para horror de quienes atestiguaron aquella aparición, no era una sierpe cualquiera: se trataba de un dragón de cobre alzado, corrompido por el propio Irenicus. Frente a él resultó esencial la intervención de Clarorna Amaerityl, la Maga de Athkatla, cuyos constructos ayudaron a contener a la bestia.

También hizo aparición poco después una segunda sierpe, mayor y profundamente afligida, que resultó ser progenitora de la primera. La sierpe se unió a la refriega contra los servidores del Exiliado. No corresponde a esta pluma adornar lo que ya es terrible por sí mismo: bastará decir que incluso entre dragones hubo duelo aquella noche.

Pero cuando pensábamos que la batalla iba a inclinarse en favor de la Alianza, Irenicus apareció y penetró en el santuario de los Reghed.

Su mera presencia fue suficiente para inspirar terror absoluto en nuestras filas. Ningún conjuro hizo mella en él. Ningún filo parecía capaz de alcanzarlo. Era un hombre al que ninguna espada podía matar; un espectro contra el cual ninguna hebra de la Urdimbre parecía resultar eficaz. Ante el poderío del Señor del Terror nos sentimos completamente indefensos.

Fue entonces, cuando pensábamos que acabaríamos sucumbiendo a la oscuridad, cuando apareció nuestra esperanza.

Y vino Elminster

El legendario mago, artífice de mil historias y elegido de la mismísima Mystra, aguardaba en el santuario de los Reghed. Era el as en la manga de la Alianza; el último obstáculo contra el cual Irenicus no pudo anticiparse. Les diré lo evidente: no me hallo a la altura de cuantificar siquiera el abismo que me separa de un arcanista de semejante magnitud. Ni siquiera alcanzo a comprender cómo lo hizo. Simplemente se materializó a su lado, desenvainó su espada y partió en dos a Joneleth, abrasándolo en un torrente de luz y fuego plateado.

Fue como asistir a un milagro. O, más bien, a un juicio divino celebrado ante nuestra mirada atónita.

Con semejante intervención, el cielo estalló en un fogonazo que disipó la bruma. Las huestes de la Orden de Icarus se dispersaron y el firmamento volvió a brillar con la luz de las estrellas. No sabría explicarles lo que sentí. Fue más que alivio. Más que consuelo. Algo tan sencillo como saber que podríamos ver un nuevo amanecer, y que estaríamos vivos para verlo, llenó mi corazón de un regocijo que aún me cuesta ordenar en palabras.

¿El fin de Irenicus?

Algunos afirman que, tras su derrota ante Elminster, el Exiliado ha sido definitivamente desterrado a su prisión en el Shadowfell. Otros, más cautos, prefieren hablar del fin de su ofensiva en el Norte, pero no necesariamente de su inexistencia como amenaza futura. Esta corresponsal no cometerá la imprudencia de dar por acabado a un enemigo que ya una vez desafió las leyes ordinarias de la vida, el alma y la memoria.

Al menos por ahora, su plan fue quebrado. Su avance fue detenido. La bruma fue rechazada. Y Cumbrelanza y el tótem de los Reghed permanecen a salvo del pillaje.

El Norte, que muchos daban por perdido, sigue en pie.

La alegría no ha borrado el duelo. No debe hacerlo. Hubo muertos entre los Reghed, entre los soldados, entre los druidas, entre los aventureros y entre quienes acudieron a defender tierras que no siempre fueron las suyas por nacimiento, pero que hicieron suyas por juramento. Sus nombres deberán ser recogidos, pronunciados y honrados. Ninguna victoria merece ser llamada tal si exige que olvidemos a quienes pagaron su precio.

Pero junto al duelo hay alivio. Junto a la pérdida, consuelo por un nuevo comienzo. Junto a las piras funerarias, hay niños que vuelven a poder mirar el cielo.

Quizás los héroes decisivos hayan sido otros. Quizás, cuando se cante esta batalla, los nombres más recordados sean los de leyendas vivientes, magos imposibles y dragones en duelo. Pero quienes estuvimos allí podemos afirmar algo con igual rotundidad: el Norte no fue salvado al margen de sus comunidades. Resistieron sus pueblos, sus soldados, sus druidas, sus chamanes, sus aliados y todos aquellos que se negaron a dejarlo caer.

El Norte se alzó contra Irenicus.

Y por ahora, apreciados lectores, el Norte ha prevalecido.​
 
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