La ciudad de Athkatla se viste de gala para ofrecer una fastuosa bienvenida al
Consejero Havarian. De entre las muchas ceremonias proyectadas para las próximas decanas, es el Barrio Shou quién, tras el evento organizado en el Distrito de la Tumba, ha tenido el honor de tomar el testigo en el calendario de festividades.
Estos festejos, auspiciados por la
mismísima Embajadora del Consorcio Shou,
doña Wang Fang, han posibilitado que los siempre curiosos ciudadanos de Athkatla puedan asomarse a tradiciones, usos y costumbres de numerosas culturas prodecentes de la lejana Kara-Tur. Como puente entre dos mundos que puede llegar a ser, el comercio ha servido como nexo de unión para un idioma que todos parecen entender: el del dinero. Y, así, de este modo, varias compañías y asociaciones comerciales, entre las que cabe destacar como ejemplo de diálogo entre Oriente y Occidente a la
Compañía Amniano-Karaturense de Arroces y Derivados -no incurrir en el error de utilizar siglas al referirse a ellos es un acto de valentía al alcance de unos pocos- han desplegado sus mercaderías a precios de ganga a lo largo y ancho de las calles, plazas y callejones de los distritos más meridionales de la metrópoli, engalanados para la ocasión con flores y farolillos de vivos colores y el marcadamente exótico aroma del incienso.
Por un día, los habitantes de Athkatla han dejado sus abrigos de pieles colgados en los zaguanes de sus hogares y han preferido dejarse ver ataviados con vistosos kimonos, de seda los más pudientes, de tejidos excesivamente brillantes y poco transpirables los más modestos, a la venta en los tenderetes de la
Compañía Amniano- Karaturense de Arroces y Derivados -quiénes seguramente no han pensado en los límites de caracteres por artículo a los que tenemos que hacer frente los sufridos redactores-, para unirse a la
Llegada del Dragón.
Y tal vez vosotros, queridos y no tan queridos lectores -la honestidad periodística ante todo-, os preguntéis ¿quién en su sano juicio querría atraer sobre sí la atención de un dragón? Nefastos recuerdos son los que Amn guarda sobre estas gargantues
cas y destructivas sierpes aladas. Nada más lejos del dragón shoulí, criatura venerada por ahuyentar a los espíritus malignos y atraer la buena fortuna. Es una tradición arraigada en el país de
Shou-Lung comenzar el Año Nuevo festejando la Llegada del Dragón. Los maravillados ojos -rasgados o no- de muchos niños pudieron contemplar por primera vez en su vida el espectáculo de la ilusión mágica de un serpentino dragón multicolor despertando al ritmo de la música y de los fuegos artificiales por las calles de Athkatla ¡Hubo algún que otro llanto, pese a todo!
Tras haber atraído los buenos augurios se dio paso a las diferentes competiciones y muestras deportivas, trasladándose los asistentes, muchos de ellos agasajados con unos saquitos a los que los trabajadores del festejo se refirieron como
"Pruebas del Espíritu", hasta el Paseo de Waukeen. Resulta sorprendente que culturas que hacen de la contención e introspección sus señas de identidad se entreguen a la violencia más desaforada y feliz en los momentos de relajo, pues la arena del comercial Paseo de Waukeen se convirtió temporalmente en el escenario de varios concursos con el mantra de "que tu rival muerda el polvo" -en sentido metafórico, por supuesto- como filosofía vital.
Los encargados de abrir esta festiva "somanta de palos" fueron los miembros de la
Compañía Amniano-Karaturense de Arroces y Derivados -a estas alturas del artículo, comienzo a plantearme el uso de abreviaturas- con su propuesta
"Expulsar al Oni" directamente llegada
desde el país insular de
Kozakura, tierra de maremotos, sake, sushi, mochi y puede que arroz. Varios grupos de participantes unieron sus fuerzas para tumbar al Oni, un monigote de madera de temible aspecto, a base de golpes. El cuarteto vencedor tuvo el privilegio de ser el primero en purificar los restos del Oni, que representaba un espíritu maligno del país oriental.
A este delicioso aperitivo le siguió el plato fuerte de la jornada, el
Torneo de Artes Marciales, siendo los inscritos
Eclipse, un caballero embozado parco en palabras;
James Kerloch, erudito con negocios en Náshkel;
Baldrak, del Pueblo de los Robustos en general, y singular en particular;
Alian, otro caballero taciturno, pues serlo parece norma para competir en disciplinas marciales;
Calendil, la elfina;
Ámbar, una dama encapuchada, taciturna también, por no romper el molde de la costumbre, y la fiera
Yuuki, anterior campeona del torneo en busca de la reválida. En sucesivos combates dónde se hizo despliegue tanto de técnica como de fuerza bruta llegaron a la igualada final los contendientes
Eclipse y
Baldrak, alzándose este último con la victoria. La Embajadora del Consorcio Shou,
doña Wang Fang, hizo entrega al señor
Baldrak de la merecida
Medalla del Dragón. Si los participantes consideran que les he dedicado pocas líneas o no he hecho mención a sus logros en el pasado, que se pongan en contacto con la
Compañía Amniano-Karaturense de Arroces y Derivados por llevarse caracteres de más cada vez que he de mencionarlos.
Mientras tanto, los asistentes que habían aceptado los saquitos de "
Las Pruebas del Espíritu", divididos en dos equipos, los
"Espíritus Guardianes" y los
"Espíritus Vengativos", se enfrentaban silenciosamente en un duelo mental buscando eliminar a sus rivales entre la muchedumbre. No hubo suerte para los pretendidos héroes esta vez, ya que los
"Espíritus Vengativos" salieron airosos de la contienda.
No pienso cerrar el artículo hablando del flamante
"Pinchito de los Seis", un bocadito creado por la
Compañía Amniano-Karaturense de Arroces y Derivados -a quién tal vez debiera solicitar un donativo para cubrir los gastos adicionales de tinta en imprenta-, pues este hallará todo el protagonismo en una próxima reseña gastronómica que espero me asegure el condumio para el mes que viene. Cerraré por todo lo alto esta crónica, intentando pintar con palabras lo que Kara-Tur pintó con pólvora de colores en los cielos de Athkatla al finalizar la jornada: flores y dragones hijos del estruendo y lo ancestral, pero prodigios también del Arte y la ingeniería, sembrando el horizonte de Amn con buenos augurios para una nueva era de prosperidad. Maravillas he visto, pero pocas como esta.