Pocas compañías artísticas de
Amn han alcanzado el reconocimiento, la admiración y la influencia de la que gozó en su tiempo la compañía musical y teatral conocida como
Los Reflejos de la Mirada.
No existen registros precisos sobre el año de su fundación, aunque la mayoría de las crónicas sitúan su nacimiento en
Athkatla, hacia la década de 1.350 C.V., de la mano de dos bardos marcadas por la sangre de dragón:
las damas Vitae y Abraxass.
Vitae heredó la fuerza y el temperamento ardiente de los dragones rojos, aunque no su crueldad ni su codicia. Había sido heroína de guerra y bardo de

batalla, pero terminó apartándose de una vida teñida de violencia para dedicar su talento a algo diferente.
Abraxass, descendiente de dragones plateados, era serena, misteriosa y compasiva, y dominaba la escena y la composición como pocos.
Juntas comenzaron recorriendo los caminos como una modesta agrupación ambulante. Pronto empezaron a atraer la atención de nobles, mercaderes y gentes del pueblo por igual. Su fama creció con rapidez y en torno a 1.360 C.V. abandonaron la vida errante para establecer su actividad en el célebre
Teatro de las Cinco Jarras.
Sus representaciones mezclaban música, teatro, relatos épicos y elaboradas puestas en escena. La primera obra que representaron en Las Cinco Jarras fue
"El Cetro de Sangre", obra escrita por la propia dama
Vitae en un intento de infundir esperanza a los ciudadanos durante uno de los periodos más convulsos de la historia de Amn, donde la crisis económica generó pobreza e inestabilidad.
Con el tiempo se unieron a sus filas las elfas
Branwen y
Adzriel, cuyas

habilidades artísticas elevaron aún más la reputación de
Los Reflejos de la Mirada.
Branwen aportó el talento, la inocencia y la sensibilidad de sus interpretaciones.
Adzriel destacó por su desparpajo y por su dominio de la composición teatral y de la improvisación.
La última gran incorporación fue la semielfa
Gineu, una bardo de gran arrojo y fuerte carácter, cuya influencia acabaría trascendiendo el ámbito artístico para convertirse en una personalidad de relevancia social.
Gracias a todos sus miembros, durante la década de 1.380 C.V.
Los Reflejos de la Mirada alcanzó un prestigio pocas veces visto en
Amn. Sus actuaciones en
Athkatla atraían visitantes de todo el país y numerosos cronistas de la época aseguraban que tan solo la famosa compañía de
Esmeltaran dirigida por el prestigioso
Yarúm Novis podía rivalizar con ellos en fama y reputación. Y aun así, muchos sostenían que la compañía todavía no había alcanzado el cénit

de su esplendor.
Pero
Los Reflejos de la Mirada nunca fueron únicamente artistas. Sus miembros vivían de cerca las alegrías y miserias del pueblo amniano. Impulsaron numerosos eventos benéficos y actos públicos. Uno de los más recordados tuvo lugar en 1.390 C.V., cuando organizaron en
Athkatla un pasacalles acompañado de una feria solidaria destinada a recaudar fondos para ayudar a
Nashkel tras el devastador ataque gnoll sufrido el año anterior. El éxito fue tan grande que la compañía terminó consolidándose no solo como un referente cultural, sino también como una institución comprometida con la realidad social de
Amn.
Con el tiempo, su influencia comenzó a sentirse incluso fuera de los escenarios. En el año 1.392 C.V., mientras crecían por todo
Amn los rumores acerca de ejércitos de no-muertos y poderosos nigromantes, apareció publicada en un periódico llamado
La Voz de Athkatla -dirigido por
Los Caballeros de Celestia- una carta firmada por la semielfa
Gineu. En ella denunciaba los peligros de la nigromancia y advertía sobre la corrupción moral ligada a aquellas artes. La repercusión fue inmediata. Las palabras de
Gineu se extendieron rápidamente entre el pueblo llano y provocaron un intenso debate social. Muchos ciudadanos comenzaron a exigir medidas severas contra cualquier individuo relacionado con la magia de la muerte.
La posición de
Los Reflejos de la Mirada se volvió entonces compleja. Mientras parte de la población aclamaba a
Gineu como

una voz valiente que advertía sobre una amenaza real, otros acusaban a la compañía de haber contribuido al surgimiento de un clima de persecución. Aun así, la influencia de
Los Reflejos de la Mirada no disminuyó. Muy al contrario, quedó demostrado que la compañía había dejado de ser únicamente un conjunto de artistas para convertirse en una organización capaz de influir directamente en el rumbo social de
Amn.
Con el paso de los años, aquella edad dorada comenzó a apagarse lentamente. Los miembros originales fueron abandonando la compañía y, en muchos casos, también
Amn, siguiendo caminos muy distintos a los que un día los unieron bajo un mismo escenario. La desaparición de aquellas figuras primigenias terminó afectando inevitablemente a
Los Reflejos de la Mirada, que fue perdiendo parte de su prestigio y de la fuerza artística que la había convertido en un símbolo cultural de aquella época. Algunos de sus últimos integrantes todavía permanecen entre nosotros, como la elfa
Lire Lilta, considerada por quienes aún recuerdan como uno de los últimos ecos vivientes del esplendor que un día alcanzó
Los Reflejos de la Mirada, antes de perderse en el velo del tiempo.
Pero ni siquiera el ocaso de
Los Reflejos de la Mirada significó del todo su final. Su legado echó raíces y sirvió de inspiración para nuevas agrupaciones de artistas que surgirían décadas después, herederas de aquel espíritu creativo que ayudó a abrir las puertas de una
Amn cada vez más receptiva al arte, a la cultura y, cómo no, a los bardos.