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Las crónicas del velo rasgado

Txapelman

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Mayo
Parte XIII

El manto de la noche me permitía andar con cierta tranquilidad. Un variopinto grupo coordinado por la sacerdotisa (Ronny) Niam se formó para explorar los humedales en busca de vampiros, licántropos, y cómo no, reliquias perdidas o robadas. Se sumó al grupo el mago de batalla Alaric Thorne, la estudiante Teris y a un esquivo semiorco que se presentó como Vudash.

La expedición continuó durante varias horas, sin rastro de nada de lo que inicialmente pensamos, quizás era una buena noticia, o mala. El cansancio acumulado me guio de vuelta hacia la protección del Claro de Eldat, donde el silencio, sólo roto por algunos ruidos típicos de la naturaleza, me permitió abrir el tomo y registrar los eventos de la jornada en el diario.​
 
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Mayo
Parte XIV

El camino hacia los humedales, que inicié en compañía de Alaric y un impulsivo bárbaro enano llamado Lotrek, se tornó en una dantesca pesadilla, cuando nos cruzamos con una imponente figura que nos observaba con superioridad desde lo alto del camino. Se trataba de Sondakur, un descomunal oni que se presentó como el destructor de Imnescar y heraldo del señor demoníaco Vaprak. La insensatez de Lotrek, cegado por la rabia, lo empujó a lanzarse de cabeza contra la bestia.

Me mantuve a una distancia prudencial, oculto entre las sombras y observando cómo el enano golpeaba inútilmente al gigante, antes de ser pateado y estampado contra las rocas por el oni.

Ante su total superioridad, nos exigió arrodillarnos y aceptar su perversa credo a cambio de perdonarnos la vida, Alaric y Lotrek prefirieron una muerte digna antes que el sometimiento, cayendo ambos bajo la imponente bestia.

Mientras permanecía oculto para no revelar mi posición, un semielfo llamado Ithuel Lethaelion llegó por el sendero y se topó con nosotros. El oni, con las manos aún tintadas de sangre, intimidó al recién llegado y le encomendó la tétrica misión de recoger los cuerpos inertes de mis compañeros y dar a conocer su mensaje por tierras amnianas, evaporándose ante nuestra vista.

Una vez despejada la zona de la presencia del gigante, ayudé a Ithuel a defenderse de una emboscada de gnolls chamanes para cubrir su retirada, mientras él cargaba con los cuerpos. Cuando llegamos a una zona fuera de peligro, le ayudé con uno de los cuerpos, y emprendimos el regreso hacia el hospicio de San Annur, esquivando las patrullas enemigas y avisando a otros viajeros del peligro que aguardaba en el sur.

En el templo de Ilmater, la Madre Superiora Aethea atendió a nuestros compañeros, desatando el mal humor del enano, que despertó profiriendo maldiciones y jurando venganza, mientras Alaric se marchaba con la mirada perdida a ahogar sus penas.

En los exteriores del hospicio nos reunimos con Sariel Shade y un enano llamado Brog Escudo Quebrado, a quienes pusimos al corriente sobre la naturaleza demoníaca del culto que Sondakur pretende alzar en Amn.

Recorriendo la ciudad, tras despedirme de mis compañeros, me encontré con el gnomo Bimblin Tuercasuelta, entablamos una discreta conversación sobre el Arte y mi constante búsqueda de conocimiento. Hablamos sobre la existencia de conjuros capaces de mover grandes pesos, comparables a la envergadura de un constructor o un gólem, el gnomo se mostró sorprendido y me explicó que la magia más potente de esa índole apenas alcanzaba las cuarenta libras.

Intrigado por mis dudas y admitiendo que podría estar errado, se ofreció a acompañarme a investigar en los tomos de la biblioteca de la Arcanum Schola en cuanto las maestras me concedieran permiso, acordando mantener el contacto.​
 
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Junio
Parte I

El camino hacia el salón de celebraciones del Gremio de Aventureros, se transformó pronto en un bullicioso torbellino de voces y reencuentros del que me siento totalmente ajeno. En la entrada exterior me topé con muchos aventureros y cargos de muchos lugares de Amn, mientras Mernalyn, haciendo gala de su firme carácter, nos instaba con insistencia a adentrarnos de una vez en el festejo. Alaric Thorne y el semielfo Alexander Engendiel no tardaron en unirse, entablando conmigo un discreto intercambio de palabras antes de que decidiéramos cruzar el umbral.

Una vez dentro, me dirigí de inmediato hacia la zona más oscura de la estancia para que no me molestase la luz y no llamase la atención, cosa fácil, ya que era un desconocido en ese lugar. El ambiente, se silenció momentáneamente cuando Madeleine inició un emotivo discurso de fraternidad y homenaje a los caídos en la bruma.

El punto álgido de la velada llegó cuando Sével tomó el atril para deleitarnos con su laúd. La interpretación se rompió de forma abrupta en el último acorde, cuando una de las tensas cuerdas saltó de su sitio impactando directamente en el ojo del artista, desatando comentarios divertidos entre el público y el lamento del propio bardo. La inesperada conclusión animó a los asistentes a invadir la pista de baile.

Sintiéndome sumamente agobiado por el incesante murmullo de tantas conversaciones cruzadas y la manifiesta altivez que flotaba en el salón, decidí que mi presencia allí carecía de propósito. Abandoné el recinto con paso firme hacia la oscuridad de la noche.​
 
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Junio
Parte II

Buscaba tras salir del salón de festejo del Gremio de Aventureros, el suave sonido del oleaje del puerto, necesitaba un barco que me alejase y disfrutase de la noche a cielo abierto.

Nada más pasar la plaza de Waukeen, intentaba pasar lo más desapercibido posible por entre los callejones de los Barrios Bajos, pero la aparición de un encapuchado, que se hacía llamar Migajas, me abordó de tal manera, que no podía ignorarle como al resto de habitantes del lugar.

Se interesó por mi destino, y bajo el pretexto de guiar mis pasos para evitar que otros me desplumasen, intentó apelar a una falsa caridad sugiriendo que entregase un puñado de monedas al primer desdichado que encontráramos.

Mi advertencia sobre los conflictos que provocaría semejante limosna le sirvió de excusa perfecta para exigir el dinero directamente en su mano, argumentando que él se encargaría de gestionarlo.

Analicé su postura con total desconfianza, bajo la capucha se vislumbraba una máscara de madera o porcelana que ocultaba sus verdaderas intenciones.

Lejos de iniciar una disputa en un territorio tan hostil, saqué una cantidad de mi bolsa de dinero y se la entregué en mano, quedándome con lo suficiente para el viaje de ida y vuelta.

Aproveché el contacto para estrechar su mano y mirarle fijamente. Le susurré que aquel era el precio por su compañía y por la lección. El hombre, parecía animoso tras aligerar mi bolsa, guardó las monedas en sus bolsillos y antes de encaminarnos hacia el puerto, nos encontramos con un aventurero, que pasó saludándonos antes de perder de vista su sombra.

Al alcanzar las inmediaciones de los muelles, mi acompañante se despidió con ironía, aludiendo sobre si me faltaba algo antes de seguir mi camino.

La pérdida material era un precio aceptable a cambio de la valiosa lección.​
 
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Junio
Parte III

El de hoy ha sido un día particularmente tedioso, dedicado a ayudar a un alma errante y desorientada. Mientras vendía lo encontrado por los caminos, en el campamento de los llanos, un joven guerrero, que decía llamarse Gain Girsha, irrumpió en mi regateo, mostrando su total desconocimiento sobre estas tierras.

Sintiéndome observado por las caras nuevas que últimamente paseaban por los llanos, decidí sacarlo de allí antes de que su torpeza atrajera más atención de la necesaria. "No te fíes ni de tu sombra... tampoco te fíes de mí". Inicié entonces un recorrido por las tiendas comerciales de la ciudad. Lo conduje a través del Gremio de Aventureros, donde Doyle le entregó una insignia por unas pocas monedas, y luego hacia el gremio de artesanos, tras confesar su interés por la forja. El muchacho andaba tan perdido que me obligaba a informarle las severas ordenanzas de la ciudad.

Al percatarme de que pretendía salir de aventuras vistiendo harapos, tuve que acompañarle a la plaza de Waukeen. Bajo el constante e irritante griterío de los pregoneros que alababan a Waukin, le insté a adquirir todo lo necesario, al menos para sobrevivir un día más.

La verdadera prueba, sin embargo, aguardaba en el cementerio de la ciudad. Cruzamos los peligrosos Barrios Bajos a toda prisa, con la advertencia que nunca lo haga solo y menos de noche.

Apenas cruzamos el umbral de las criptas, la pestilencia de la carne podrida nos dio la bienvenida. Un grupo de nomuertos cercó nuestra posición. Gain alzó su nuevo escudo intentando contener las acometidas, pero sus golpes eran débiles, apenas caricias sobre los cuerpos marchitos. Tuve que intervenir, pero al menos se le veía madera de aventurero, mucho más de lo que podría decirse de otros desdichados.

Salimos del cementerio, lo saqué de allí con vida, su bautismo de fuego. Lo dejé frente al grupo de aventureros que se disponían a salir, para que intente cazar al Devorador por su cuenta. Ya conoce el terreno, ahora veremos si sobrevive otro día más, o si se convierte en otra baja, en la larga lista de aspirantes de querer algo mejor en esta vida.​
 
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Junio
Parte IV

Mi descanso en el campamento de los llanos se vio interrumpido por el llamativo espectáculo culinario de una muchacha de modales salvajes y boca embadurnada en salsa. Ante tal desaliño, decidí ofrecerle un paño oscuro para que se limpiase los labios, un gesto que la joven agradeció con la natural extrañeza de quien no está acostumbrada a la cortesía civilizada.

Con una voz cantarina y exótica, desvelé mi identidad completa a regañadientes ante su insistente curiosidad. La muchacha, que respondía al nombre de Kaelyra, procedía de la recóndita aldea de Puerto de Ulgoth y compartía un marcado desprecio por las opresivas murallas de la ciudad, prefiriendo la libertad de los bosques y las montañas antes que la reclusión urbana. Su naturaleza indómita, forjada bajo el duro adiestramiento de un mentor que la rescató en su infancia, denotaba una supervivencia muy superior a la del aventurero promedio.

La conversación fluyó entre comentarios discretos y confesiones sobre la crudeza de estas tierras, hasta que fueron llegando caras conocidas. Alexander hizo acto de presencia, con su característico porte gallardo, lo que desató una serie de equívocos y sospechas sobre un posible romance entre la muchacha y él. Las evasivas de ella y las posteriores miradas fijas solo alimentaron un juego de desconfianza, el cual culminó cuando el recién llegado declaró abiertamente su total desinterés por tales habladurías. Decidí apartarme de la multitud alzando las manos en señal de neutralidad en la conversación, dejándoles que se aclarasen entre ellos.​
 
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Junio
Parte V

El día comenzó con mi necesidad de reponer suministros. Recorrí los comercios con más o menos acierto. Una vez pertrechado con el equipo adecuado, me dirigí hacia el camposanto de la ciudad, un lugar donde recuperar lo gastado.

En el cementerio me encontré con un combatiente humano que intentaba contener a los no-muertos. Al notar su evidente (o quizás no) complicación a la hora de enfrentarse a ellos, decidí intervenir. El guerrero, que se dio a conocer como Lyre, agradeció la asistencia y sugirió que uniéramos nuestras fuerzas para purificar las criptas cercanas.

Tras asegurar nuevamente la paz, nos encaminamos hacia los llanos, pero una clériga elfa lunar de porte soberbio, de nombre Deladra Astraveil, se unió a nosotros manifestando desprecio por los humanos. Mientras ella y Lyre debatían sobre la naturaleza de los insepultos y las deidades del Guantelete, yo guardaba un riguroso silencio, manteniendo una distancia prudencial debido a la luz que invocaron. La tensión de sus palabras y la arrogancia de la sacerdotisa hizo que tomase la decisión de retirarme.

Nos encaminamos hacia el campamento de los llanos. Una vez allí, rechacé mi parte del botín y le insté a Lyre a quedarse con todas las ganancias de la venta. Al retirarme, le pedí que se despidiera de la elfa en mi lugar para evitar problemas innecesarios. Me encaminé con paso sereno hacia el Claro de Eldat, dejando atrás sus disputas mundanas para buscar el cobijo y la paz de la naturaleza.​
 

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Junio
Parte VI

Me acerqué a la bulliciosa Athkatla para mirar en las tiendas, si habían traído objetos interesantes en mi ausencia, cuando la joven llamada Kaelyra se me aproximó con excesiva confianza e insistencia, preguntándome si conocía la peligrosa ruta hacia Kalathyr debido a su urgente necesidad de conseguir ciertos pergaminos.

A pesar de mis advertencias sobre los graves peligros del trayecto y de que no me haría responsable de su vida, la muchacha persistió en su empeño, por lo que acordamos encontrarnos más adelante en el campamento de los llanos para cerrar el trato por mis servicios como guía.

Al llegar al campamento, me encontré con la Caballero Niam y su pareja Astraveil, con quienes compartí un breve saludo. Las pregunté por la muchacha Kaelyra, pero me dijeron que ya no estaba. Cuando regresó, Ronny la requirió para enseñarla un objeto, que parecía de mucho interés, cuando mencionaron a Liam, el motivo de su interés. Al atenderme a mí, preguntó si aumentando el grupo abarataría mi precio, pero preferí indagar sobre su protector Liam, descubriendo que este se oponía a acompañarla. Ante la perspectiva de tenerle detrás mío, por que su protegida hubiera sufrido un percance bajo mi protección, decidí declinar firmemente el encargo, viendo que ella tomó la decisión de acudir a otros me alejé del lugar.

Dejé atrás a la muchacha y sus problemas, para adentrarme en el cementerio, tras ver que ya había sido purificado por alguien previo, volví a cruzarme brevemente con el grupo de Kaelyra, quien ya avanzaba bien acompañada por otros aventureros hacia su destino, no pude más que verles alejándose, mientras le daban consejos a la muchacha sobre tomar las riendas de su destino.​
 

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Agosto
Parte I

Dejé atrás el bullicio de la taberna de los llanos, tras haber asegurado mis pertenencias y reajustado el cinturón. Hube de reorganizar mis pergaminos y adaptar los densos ropajes que siempre me acompañan, pero la prudencia exige que cada cabo quede atado para no dejar rastros indeseados a quienes puedan acechar desde las sombras. Con el grimorio recién afianzado y el manto listo, me dirigí al encuentro de Doyle, dejando atrás los llanos para adentrarme en la odiosa ciudad de Athkatla.

Allí me reuní con Nyx Aurari y posteriormente con más gente, para atender un encargo menor del gremio que requería dar caza a un oso de gran envergadura en los nevados picos del norte. Sin embargo, los planes cambiaron cuando un grupo más numeroso decidió tomar un carruaje hacia Imnescar para internarse en las profundidades en busca de una aberración subterránea. El descenso por las galerías oscuras no tardó en volverse un desfiladero de trampas de roca y emboscadas. Manteniéndome al margen, dejé que los combatientes de vanguardia contuvieran las arremetidas mientras yo evaluaba cada esquina, evitando el impacto de los derrumbes que amenazaban con sepultarnos.

A pesar de registrar cada rincón del laberinto de túneles, el rastro del gusano gigante se disipó entre las vibraciones de la piedra y los callejones sin salida. Viendo que el esfuerzo resultaba infructuoso, emprendimos la retirada hacia la superficie.

Tras despedir a parte de la partida, decidimos retomar la meta inicial del oso y nos dirigimos hacia las pendientes escarpadas. El ascenso por los riscos exigió trepar a través de cuerdas fijadas entre las rocas, un esfuerzo físico agotador que dejó mella en mis brazos, obligándome a recobrar el aliento en lo alto antes de proseguir.

Tras resistir emboscadas de kóbolds y el avance de varios ogros entre las pendientes, dimos por fin con la presa original, un imponente Oso Blanco de los Picos que cayó ante las estocadas rápidas de los guerreros casi antes de que pueda reaccionar.

Lejos de concluir allí la expedición, la ambición de varios compañeros nos llevó a seguir ascendiendo bajo un frío atroz que calaba los huesos. Arriba nos aguardaba una verdadera carnicería frente a gigantes de la escarcha, ettins y bestias invernales. Nuestro nuevo destino, la morada de un dragón. Entre ráfagas de frío y conjuros mágicos enviadas a la desesperada, mis compañeros se mantuvieron firmes hasta abatir a la bestia y despejar la cima, regresando cansados y magullados tras sobrevivir a un contrato que resultó ser un auténtico infierno helado.

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Agosto
Parte II

Volví a dejar atrás la tranquilidad del Claro de Eldath, para embarcarme en uno de mis paseos diarios, ocultando mi figura bajo el manto y caminando en penumbra para protegerme de la molesta luz diurna.

Al llegar a los llanos exteriores de la posada, me topé con un grupo. Entre ellos se encontraban caras conocidas como Barabas, acompañado por su leal can Zula, Nelin y Groob. Me acerqué en silencio a acariciar al animal, compartiendo lo que quedaba de comida con él mientras el resto conversaba sobre la recluta Nerikrana. Poco después se nos sumó Azrakor. Aunque mis pasos suelen ser solitarios, accedí a unirme a ellos cuando decidieron recorrer los humedales junto a Dain.

Sorteamos el barro traicionero donde más de uno resbalamos, abatimos incursiones de bandidos y nos adentramos en ruinas y círculos de piedra milenarios y solitarios.

Para redondear la jornada, nos dirigimos hacia una cueva infestada de guerreros gnolls, chamanes y caudillos feroces.

Tras pasar por el cementerio de Athkatla, nos agrupamos en el campamento de los llanos, donde me reencontré con el Sacerdote Alexander, a quien no veía desde hacía tiempo, me mantuve conversando a media voz con él. Le hablé de mis largos paseos por las tierras salvajes y del peso de la rutina, nos pusimos al día sobre los cambios recientes y deseándonos la preparación necesaria para los aciagos tiempos que se avecinan.​
 

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Junio
Parte VII

Los caminos de Amn siguen mostrándose hostiles y traicioneros, pero siempre hay un respiro cuando se encuentra a compañeros como Alaric Thorne. Lo que comenzó como un breve encuentro para salir del aburrimiento terminó en una expedición improvisada hacia las guaridas de la zona. Las escaramuzas contra patrullas de bandidos no se hicieron esperar, pero con las estocadas limpias de Alaric, despejamos los senderos hasta llegar al líder, quién resultó ser un rival formidable que puso a prueba las defensas de la vanguardia, pero logramos abatirlo tras un largo combate.

Al regresar hacia la posada de los llanos para reponernos, la cantidad de aventureros había aumentado considerablemente. Entre el ir y venir se encontraban voces conocidas como la elfa Silvye, Theodric, Urth, Blair, Distral y Arkus. Las conversaciones pasaron entre chanzas, alardes sobre los recientes combates contra los vampiros de la zona y ligeros debates sobre la diversidad de la herencia demoníaca de algunos de los presentes. Viendo que el grupo buscaba una nueva incursión para rellenar sus bolsas de monedas, decidimos formar una gran expedición y marchar juntos hacia los Humedales.

El avance de una partida tan numerosa resultó ser un desfile ruidoso pero letal. A pesar de los constantes resbalones en el lodo, la fuerza del grupo fue abrumadora. Tras realizar rápidas incursiones en peligroso territorio de otras criaturas y bandidos, llegamos a la zona de una peligrosa criatura, quién hirió a Silvye, me retiré del grupo para ayudarla a reponer sus heridas, ayudándola a llegar a un lugar para que la tratasen. Una vez recuperada y aturdida, la acompañé en un tranquilo paseo por la ciudad.

El día concluyó de vuelta en los llanos y un disparatado e hilarante cruce de rumores, celos y bromas entre Blair, Arkus, Alina y Nelin a costa del supuesto lío de faldas y la repentina e inventada paternidad de Alaric Thorne.

Me retiré en silencio mientras los presentes seguían envueltos en aquel enredo, satisfecho con las emociones experimentadas por la jornada vivida.​
 

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Agosto
Parte III

El misterio del Devorador Mediocre

El calor del verano aún me hacía sentir torpe y pesado, cuando me dispuse a remover los rescoldos para apagar el brasero en el Campamento de los Llanos. Corría el rumor de que una temible amenaza conocida como "El Devorador" de aventureros estaba haciendo estragos, y sin tener nada mejor que hacer, me fui preparando para salir en su busca.

Mientras me abrochaba las botas, una llamativa figura (y me quedo corto) se me acercó. Se trataba de Lindara Meldamiriel, una elfina trovadora errante y cronista de acento cantarín cuyas orejas picudas asomaban bajo el ala de su sombrero. Entre risas y gestos graciosos, cuestionó el tétrico apodo del monstruo, sugiriendo que deberían apodarlo algo más suave, como el "Mediocre", para atraer más aventureros con la promesa de oro fácil. Decidimos por tanto unir fuerzas para resolver el misterio de cual mote le quedaría mejor.

Nos adentramos en un espeso bosque y seguimos senderos estrechos donde debíamos "siempre escoger la derecha", para no perdernos nunca en el camino, y no nos falló. El camino no tardó en cobrarse las primeras víctimas, entre zarpazos y dentelladas de lobos, descuidos con la maleza y un desafortunado encuentro con el "pipí de lobo", mis botas y mis pantalones terminaron pidiendo a una visita al sastre.
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Por el camino, fuimos encontrando los cuerpos de otros aventureros que habían acudido antes que nosotros. En el primer cuerpo hallado, parecía ser el de un explorador de Gálagas, precavido hinqué el regatón de la vara entre sus costillas para cerciorarme de que estaba verdaderamente muerto. En cambio mi compañera, superando sus reparos y rezongando maldiciones en élfico, se arrodilló y debió rodear con asco el cuello del difunto para recuperar una cadena de la que pendía una alianza de compromiso con la inscripción "Mi ayer, mi hoy y mi mañana". Quise asustarla un poco moviéndolo con la vara, pero creo que me pasé un poco cuando la vi saltar asqueada.
Plegaria al aventurero desconocido
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En otro los cuerpos que hallamos en la cueva, volví a emplear la vara con cautela ante la posibilidad de que se levantaran como no-muertos. Viendo que no sería el caso, me dispuse a rebuscar en el cuerpo. Hasta dar con un camafeo ensangrentado, grabado con la figura de una muchacha, el cual le confié mi compañera para que se encargara de devolvérselo a quién quisiera, ya que no podía importarme menos.
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Al dar con un tercer cadáver, se mostró aún más reacia por miedo a que unos posibles hongos afectaran a su hermosa y brillante melena y se quedase calva o a su perfume de vainilla y frambuesas y oliese peor de lo que olían ya mis sucias botas. Tras jugárnoslo a cara o cruz con una moneda, le tocó a ella hurgar enguantada y (muy) asqueada (para mi deleite) entre los restos óseos, sacando únicamente un par de cobres y tabaco de mascar.
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Tras superar otra manada de lobos hambrientos en las que iniciamos una competición, dimos finalmente con la guarida del supuesto "Devorador". Para nuestra sorpresa, la temida criatura resultó estar lejos de ser la leyenda de las que todos hablaban. Debo admitir, que me ganó ella por la mano. Otra crisis resuelta por Lindara Meldamiriel, de las Artistas Meldamiriel. En un campamento improvisado en el interior de la cueva, hallamos algunas cajas con contrabando.
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Con la misión cumplida y el misterio zanjado, nos despedimos entre bromas por su propuesta de unirme a su troupe como bufón e insistió en rebuscar entre los restos. Regresé en solitario al campamento de los llanos, suspirando por unos pantalones y botas nuevas y pensando que, sin duda, los caminos crean interesantes compañías.​
 
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