Arrakis
Copia defectuosa de Kronobot
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- Me estoy preguntando, querida…. —las palabras surgieron de entre sus labios de forma lenta, en un susurro que apenas quebraba la tranquilidad de la noche. La penumbra los rodeaba, solo iluminados por la luz que penetraba por las ventanas a través de las cortinas, su habitación deliberadamente entregada a la oscuridad y privada de toda iluminación indeseada. - ..Si no te habrás precipitado con esto.
La mujer alzó las comisuras de los labios un tanto, despegando la cabeza de entre las sábana para después apoyarla de lado, observandolo . - ¿Precipitando? - Deslizó la mano con calma, atrayendo la almohada hacia si misma, sin despegar los ojos de su marido.
- Apenas la conoces. - murmuró de nuevo, deslizando los dedos por el pelo de la mujer,entrelazándolos entre los mechones sueltos que caían sobre sus hombros. - Y vas a -.. ¿ enseñarla?
- A eso me dedico. Soy maestra, hm? - se incorporó un tanto, apoyando la cabeza entre sus manos, manteniendo la mirada en él. - Tiene-...habilidades suficientes como para que me parezca una buena inversión. Si termina trabajando para nosotros, de una forma u otra..
- Con su forma de ser y sus influencias..lo mas probable es que termine en nuestra contra.
La mujer respondió encogiéndose de hombros, ladeando la cabeza de nuevo despues y dedicándole lo que pretendía se runa mueca un tanto divertida, que forzaba sus facciones como si fuera algo antinatural en ellas- Si lo hace.. almenos sabremos perfectamente de lo que es capaz..¿ no crees?
- Sabremos lo que es capaz… —repitió él, apenas audible, como si quisiera convencerse a sí mismo o dejar patente lo poco fiable que le parecía ello. Una excusa vana, entregada como justificación vacua.
Jadzia se removió sobre la almohada, el ceño fruncido, incapaz de sostener del todo la mirada de su propio marido que la observaba con intención de juzgarla de forma clara. - Lo dices como si fueras tú quien la estuviera tanteando - añadió, con un matiz un tanto más agrio en la voz-, pero sabes que no confío en que sea tan sencillo. Aunque-... - No terminó enseguida. Se limitó a mirarlo, con esa media sonrisa apareciendo de nuevo, una que lo irritaba y lo atraía por igual, como si en cada pausa pusiera a prueba hasta dónde llegaban los límites de sus juegos.
- No lo hago por interés, si eso es lo que preguntas -soltó ella al fin, alargando cada palabra como si quisiera desarmarlo-. Pero tampoco voy a negar que me intriga ver..hasta donde es capaz de aprender.
Apartó la mirada hacia el techo. 'Intrigada'. 'Entretenida'. 'Interesante'. Él sabía perfectamente lo que significaban ese tipo de palabras en sus labios. Pronto se podía convertir en un juego peligroso en el que siempre terminaba implicando a alguien más. Y si encima la implicada era una hin, peor aún.
- Tienes esa debilidad por ellos, y lo sabes -bufó, sin molestarse en ocultar el reproche. La mirada del hombre se clavó en ella, como si la juzgara por ello, pese a que en su propio corazón también había arraigado con fuerza un Hin —. Siempre los miras como si pudieras ver algo más en ellos. Son tan inferiores como el resto que nos rodean.
- Confío. - respondió la mujer al fin, alzando un tanto la comisura de los labios de vuelta.
Claro que era eso. Queria moldearla a su favor, tantear su potencial hasta volverlo útil. Pero no podía engañarse tampoco, lo hacía con un entusiasmo que iba más allá de su propia conveniencia. Era una suerte de fascinación, deseo de probarse a sí misma. Había encontrado a alguien capaz de desarrollar sus propias habilidades. Tras años de ver a picaros, monjes y asesinos formándose en la Corona de Cobre, por fin alguien parecía poder atisbar su percepción, su forma de hacer las cosas. Sin embargo, la certeza de que Siemprealegre tomaria un camino enfrentado al suyo la carcomía, porque en el fondo intuía que no se dejaría manejar.
Tal vez la añoranza por Livae hubiera hecho más mella de la que estaba dispuesta a admitir o confesar.
La mujer alzó las comisuras de los labios un tanto, despegando la cabeza de entre las sábana para después apoyarla de lado, observandolo . - ¿Precipitando? - Deslizó la mano con calma, atrayendo la almohada hacia si misma, sin despegar los ojos de su marido.
- Apenas la conoces. - murmuró de nuevo, deslizando los dedos por el pelo de la mujer,entrelazándolos entre los mechones sueltos que caían sobre sus hombros. - Y vas a -.. ¿ enseñarla?
- A eso me dedico. Soy maestra, hm? - se incorporó un tanto, apoyando la cabeza entre sus manos, manteniendo la mirada en él. - Tiene-...habilidades suficientes como para que me parezca una buena inversión. Si termina trabajando para nosotros, de una forma u otra..
- Con su forma de ser y sus influencias..lo mas probable es que termine en nuestra contra.
La mujer respondió encogiéndose de hombros, ladeando la cabeza de nuevo despues y dedicándole lo que pretendía se runa mueca un tanto divertida, que forzaba sus facciones como si fuera algo antinatural en ellas- Si lo hace.. almenos sabremos perfectamente de lo que es capaz..¿ no crees?
- Sabremos lo que es capaz… —repitió él, apenas audible, como si quisiera convencerse a sí mismo o dejar patente lo poco fiable que le parecía ello. Una excusa vana, entregada como justificación vacua.
Jadzia se removió sobre la almohada, el ceño fruncido, incapaz de sostener del todo la mirada de su propio marido que la observaba con intención de juzgarla de forma clara. - Lo dices como si fueras tú quien la estuviera tanteando - añadió, con un matiz un tanto más agrio en la voz-, pero sabes que no confío en que sea tan sencillo. Aunque-... - No terminó enseguida. Se limitó a mirarlo, con esa media sonrisa apareciendo de nuevo, una que lo irritaba y lo atraía por igual, como si en cada pausa pusiera a prueba hasta dónde llegaban los límites de sus juegos.
- No lo hago por interés, si eso es lo que preguntas -soltó ella al fin, alargando cada palabra como si quisiera desarmarlo-. Pero tampoco voy a negar que me intriga ver..hasta donde es capaz de aprender.
Apartó la mirada hacia el techo. 'Intrigada'. 'Entretenida'. 'Interesante'. Él sabía perfectamente lo que significaban ese tipo de palabras en sus labios. Pronto se podía convertir en un juego peligroso en el que siempre terminaba implicando a alguien más. Y si encima la implicada era una hin, peor aún.
- Tienes esa debilidad por ellos, y lo sabes -bufó, sin molestarse en ocultar el reproche. La mirada del hombre se clavó en ella, como si la juzgara por ello, pese a que en su propio corazón también había arraigado con fuerza un Hin —. Siempre los miras como si pudieras ver algo más en ellos. Son tan inferiores como el resto que nos rodean.
- Confío. - respondió la mujer al fin, alzando un tanto la comisura de los labios de vuelta.
Claro que era eso. Queria moldearla a su favor, tantear su potencial hasta volverlo útil. Pero no podía engañarse tampoco, lo hacía con un entusiasmo que iba más allá de su propia conveniencia. Era una suerte de fascinación, deseo de probarse a sí misma. Había encontrado a alguien capaz de desarrollar sus propias habilidades. Tras años de ver a picaros, monjes y asesinos formándose en la Corona de Cobre, por fin alguien parecía poder atisbar su percepción, su forma de hacer las cosas. Sin embargo, la certeza de que Siemprealegre tomaria un camino enfrentado al suyo la carcomía, porque en el fondo intuía que no se dejaría manejar.
Tal vez la añoranza por Livae hubiera hecho más mella de la que estaba dispuesta a admitir o confesar.
















