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Las nuevas sombras de Amn [Relatos LDS]

Ladrones de las Sombras

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LAS NUEVAS SOMBRAS DE AMN
Esta es la historia de las nuevas Sombras de Amn, aquellos que recogieron el legado de sus antecesores, forjando el destino de la ciudad entre susurros y puñaladas en la oscuridad. No son simples herederos; son depredadores, caminantes de la noche, guardianes de secretos que manipulan el flujo del poder en Athkatla como un veneno que corre por las venas de la ciudad.

Estos nuevos señores no se conforman con mirar desde las sombras. Han aprendido de los errores del pasado, de las traiciones que en su momento los empujaron al borde del colapso...

Pero lejos de caer, se levantaron, más fuertes, más sabios, para reclamar lo que siempre ha sido suyo por derecho: el control total.




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MIEMBROS DE LAS NUEVAS SOMBRAS

Mercer Rata Coronada, Don Ravenscar "El Velado"
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Uxvrek Conde Ruiseñor, "El Gobernador"
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Eclipse, Morian Mausser "El Transcendente"

Ámbar

Mirlo Sombra Danzante


Bartolomeu & Niklas
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Fandar
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Filo
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Azzo El Conseguidor
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Secreto & Sinfonía del Himno Nocturno.
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Hierro

RATAS DEL DISTRITO DEL RIO


Atticus
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El Predicador de las Mil Caras


El Duende


Nayade








"Humildad, Respeto y Silencio. Estas son las tres leyes de quienes velan por el antifaz y el estilete"


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El Maestro Encubierto Mercer, conocido por algunos como "Rata Coronada", pero respetado en los círculos más íntimos como Don Ravenscar El Velado

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-¿Sabes cuál es la mayor tortura para un hombre? ¿La forma más implacable de hacerle soltar hasta el último secreto? Te lo contaré, pero no es algo que se borra de la mente tan fácil. Tomas un cubo de metal, frío al tacto, algo que pese en las manos. Dentro, metes una rata, pero no una cualquiera; debe estar famélica, días sin probar bocado, con el hambre volviéndola una criatura desesperada. Luego, amarras al hombre, bien asegurado de pies y manos, sin que pueda moverse ni un centímetro. Y entonces, aplicas calor lentamente en la parte trasera del tubo, con paciencia, dejando que el metal comience a arder.

Al principio, no ocurre nada más que el calor subiendo, el sudor brotando en su frente. Pero cuando la rata empieza a sentir el fuego, su instinto la guía a lo inevitable. Y adivina... el único camino que tiene para escapar es hacia adelante, directo a través del estómago del hombre.

Los gritos, te aseguro, son algo que no se olvida. Ni él tampoco... si es que queda suficiente de él para recordar.


Os voy a contar mi historia o almenos así como yo la veo... la historia de cómo un mendigo decidió no conformarse con las migajas que el mundo le arrojaba. En lugar de aceptar su destino como un paria más, aprendió a ganarse la vida jugando con los hilos invisibles de la suerte. No era un simple vagabundo, sino un maestro del cubilete, un crupier de la calle que sabía cómo vaciar los bolsillos de los incautos con una sonrisa. Comprendía una verdad que solo aquellos que siguen el dogma del Padre de todos los ladrones conocen: la fortuna no es un regalo del azar, sino un botín que se conquista con las manos, el ingenio y seguridad en uno mismo.

Da igual dónde te encuentres, si duermes bajo las estrellas sin un techo o si creciste a la sombra de los poderosos. Mientras conserves tu mente afilada, tus manos firmes y la certeza de que mereces más, puedes labrar tu propio camino. En Athkatla, una ciudad despiadada donde los codiciosos y los desesperados se cruzan en cada esquina, yo lo hice. Ascendí desde las cloacas hasta los círculos de poder, aunque el camino fue arduo y lleno de espinas.

He pasado doce años en la Cofradía de los Ladrones de las Sombras, pero toda mi maldita vida en los suburbios de esta ciudad, donde cada sombra oculta una trampa y cada calle es una jungla de oportunidades. Hubo un tiempo en que huí, buscando fortuna más allá de los muros de Athkatla. Pero uno siempre acaba regresando. Algo —o tal vez alguien— me ata a estas calles. Aquí, en el corazón de la miseria, descubrí que el destino lo moldea aquel que tiene la audacia de aferrarlo con ambas manos. Entre los olvidados, se forjan reyes sin corona. Y yo pese a pecar de humildad... soy uno de ellos.

Durante esos doce años, el primer año fui una simple rata, una sombra más en las calles. Pero la organización pronto se fijó en mí, y así empecé mi ascenso...

De ser una silueta, pasé a ser un cofrade en apenas unas dekhanas, ejecutando la voluntad del antifaz y el estilete, obedeciendo las órdenes de quienes tenían poder sobre mí. La oportunidad llegó cuando algunos de mis superiores desertaron, y no la dejé pasar. Fui nombrado por Kronos uno de los líderes sombríos de la organización y fui ascendido como maestro cofrade en el primer año de mi ingreso en la organización. No puedo decir que fue un camino de éxitos ininterrumpidos, porque los fracasos también fueron mis compañeros de viaje. Aún a día de hoy, que conserve mi libertad y mi cuello es casi una obra divina. Pero aquí estoy, escribiendo estas líneas, reflexionando sobre los últimos cuatro años, mirando hacia atrás, viendo cómo ha evolucionado mi vida y mi esperanza de vida se ha prolongado más de la cuenta.

Mi fama en los suburbios creció con el tiempo. Me gané el respeto de las ratas, y acabé autoproclamándome "El Barón de las Ratas". Cada vez eran más los que querían probar suerte bajo mi estandarte. Algunos yacen muertos por su traición, otros se perdieron en el camino, y otros todavía caminan a mi lado. Agradezco especialmente a cofrades como Ámbar, con sus elixires y ungüentos, a sus iniciativas y su buena mano para los negocios; a Mirlo, por su ingenio, sus contactos en la guardia y su férrea lealtad tanto al Padre de todos los ladrones como a estas calles que me vieron nacer; al Conseguidor, uno de mis mentores, de quien aprendí el arte de conseguir lo imposible; a mi pequeño Secreto, cuya voz y escritos me han dado paz y precisión cuando mis puñales debían ser más certeros; a Hierro, por su lealtad y su fuerza como el escudo que protege a los que caminamos junto a él, soportando la carga de los demás a sus anchas espaldas; a Filo, por sus manos diestras y sus iniciativas, que hicieron de nuestras ferias del cobre un éxito, atrayendo todo tipo de ciudadanos pese a los prejuicios que pudiéramos despertar. A Bartolomeu, que desde las sombras me informa de lo que ocurre y sigue experimentando con sus "creaciones". Y finalmente, a Fandar, la última incorporación en nuestras filas.

Fandar... Qué puedo decir de ella. Es una ladrona audaz, una que me recuerda a mí mismo en mis inicios. Escurridiza, ingeniosa, con un talento que no depende de las dagas que lleva en el cinturón, sino de su aguda mente. Los dioses sombríos saben que reconozco el talento cuando lo veo, y en ella lo vi al instante. Lo que ella llama hambre, esa chispa que la impulsa a devorar esta ciudad, con el tiempo lo llamará: amor. Amor por lo que hacemos, amor por este estilo de vida. Lo que antes era miseria, dolor y desdicha, se ha transformado en algo más: ahora es arte.

Pero esta no es solo mi historia, ni yo soy el protagonista. Nada de esto habría sido posible sin la ayuda de las "Tres Voces". Así es como nos hacemos llamar en los suburbios, manteniendo el anonimato de lo que realmente representamos, el consejo sombrío de los ladrones de las sombras de Amn. Eclipse, netherino y revivido por la mismísima Dama Oscura, Shar. Bien sabe Mashkara que no es de mi devoción la dama de la pérdida, pero le debo un favor a la Oscura por traerme de entre los muertos a Eclipse, quien ha sido leal no a mí, sino a lo que representamos. Eclipse ha dado vida a nuestro hogar y ha entrenado a las nuevas promesas, fortaleciendo su vínculo con las sombras, uno de los pioneros de que esto siga funcionando y es por ello que a la Oscura le debo un buen favor. Y luego está Ruiseñor, mi socio. Aún recuerdo cuando acudió a mí, un anciano que, de haber topado con la gente equivocada, habría muerto desangrado por su débil complexión. Supe ver en él una ambición desmedida, a la altura de su talento e inteligencia. Darle aquella oportunidad probablemente fue lo que más me ayudó a avanzar en mi carrera, pues me hizo ver el mundo desde otros puntos de vista que no eran conocedores para mí. Gracias a su experiencia y madurez, ahora Ruiseñor es uno de los maestros cofrades, con grandes proyectos que pienso apoyar, aunque me cueste la vida.


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Porque un maestro encubierto no es más que un pilar que sostiene a los demás, alguien que apoya para que los sueños y ambiciones del resto se cumplan. También debo agradecer a las ratas, las nuevas promesas que nos acompañan y que no dudan en demostrar su lealtad rajando, robando o saboteando. Nombres como Nukenin, Herrumbre, Atticus, Náyade, o el Predicador de las Mil Caras, aquel que infunde la fe del Padre o el Viejo Duende quien parece un demente pero está mucho más cuerdo de lo que quiera aparentar ser.

Cada una de estas ratas es diferente, con ambiciones distintas, pero si las moldeamos bien, todas servirán no a nuestra voluntad, sino a los designios del "Antifaz & El estilete".

Gracias a las Tres Voces, al Consejo Sombrío, a los cofrades, sus siluetas y sus ratas, la influencia de nuestra célula ha crecido hasta tal punto que las sombras más veteranas y con más renombre en los suburbios , por nuestra vida criminal , fuimos invitadas por el mismo Palacio de los Seis. Nuestra repercusión ya no solo tenía poder en los suburbios, sino en toda la ciudad. Llevar nuestro símbolo ya no significa peligro o prejuicio, aunque los seguimos despertando. Ahora significa grandeza, éxito, triunfo.

En los suburbios aún se me conoce como "El Infame Rata Coronada" patrón de los embusteros, un embaucador y estafador, un vil asesino que no le tiembla el pulso a la hora de arrebatar una vida..., pero en los círculos más altos soy conocido ahora como Don Ravenscar, El Velado: Ciudadano de oro, que se codea con lo mejor de la nobleza, disfrutando de los manjares que jamás un mendigo pudo soñar...



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UXVREK DE THULTANTHAR, 'CONDE RUISEÑOR | GOBERNADOR'

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¿De historias va la noche? Preparad té, os contaré de dónde salí yo.

Mi nombre es herencia de un largo linaje de magos, referenciando a un poderoso ser con el que mis antepasados habían servido. Uxvrekdraag'karhyam, el Dragón del Plano de Sombras más astuto con el que pactaron jamás.

Me crié en el Palacio de Thultanthar al servicio de la familia Tanthul, con el privilegio de ser aprendiz de los magos de la Corte como mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo y así hasta contar 17 generaciones.
Pude instruirme en las más prestigiosas instalaciones preservadas por dos milenios previas incluso a que Mystril adoptase el nombre de Mystra: El Salón de los Conocimientos Perdidos, la Academia de Alquimia, La Biblioteca Umbría y la paz de fumar disfrutando de la lectura bajo la flora luminiscente y la paz de los Jardines de la Penumbra, donde conocí a mi amada esposa.

Pero no creáis que todo es tan fácil como parece: el camino de un mago es duro, las metodologías de aprendizaje de la magia en Thultanthar, la disciplina, y sobre todo... sobrevivir a las torturas físicas y psicológicas experimentales de mi desquiciada y sádica maestra Sihurd, antaño pupila del mismísimo Lord Hardrune, la Mano del Supremo Telamonte.

Estudié mucho sobre lo que se conocía del exterior en mi ciudad, me llamó la atención el poder de la Orden de Magos Encapuchados y su control impuesto, como el artefacto de adivinación que detecta la magia en toda Athkatla. Quizá con algo como eso las exploraciones del Príncipe Brennus, en paz descanse, para recuperar los vestigios de nuestro imperio mágico serían mucho más fructíferas. Aprendí sobre cultura, personalidades, lugares, nobleza y costumbres de Amn, y reuní el discurso para obtener mi permiso de salir de la Ciudadela junto a una misión de los Príncipes y un generoso estipendio.

En mi primer día en Amn acudí a los barrios bajos y conocí a Mercer, "El Barón de las Ratas". Yo ya conocía el nombre de los Ladrones de las Sombras, mi gente tenía tratos con ellos, pero no era consciente de que él fuese uno hasta unas semanas más tarde cuando ví su colgante en un trabajo con altos políticos.

Hablamos en su despacho durante horas mientras él trataba de discutir mis enormes ambiciones y el plan y estrategia trazados para mi objetivo. Con su seguridad e influencia pude crecer rápidamente: Mercer era un líder confiable, pero un humano amnio y barriobajero al fin y al cabo. Con los años ha madurado, aprendido muchísimo de mí y de la templanza de Eclipse como yo de ellos, y se ha convertido en más que un socio: un leal amigo.

Siempre hemos remado en la misma dirección.

Mi influencia entre su gente creció como la espuma por mis consejos. Sólo tenía que hacer lo que mejor se me daba: pensar, y comunicar lo que otros no eran capaces de intuir. Mirar más lejos, planificar, abrir nuevos espectros más ambiciosos y dar la vuelta a sus planes para obtener el doble de beneficios. Al principio tuve que poner mi vida sobre la mesa muchas veces para que aceptasen seguir mis indicaciones, después se convirtió en el día a día.


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En poco tiempo tuve éxito en diversas empresas peligrosas: caminé y negocié entre infames no-muertos de la Torre Oscura y bestias de Murann, viajé a los Nueve Infiernos de Baator y al Abismo, recorrí el Plano de Sombra y la Infraoscuridad, el Palacio del Consejo de Seis y sus catacumbas, las bibliotecas de Candelero y desde los lejanos desiertos de Calimshán hasta la remota Isla Sin Ley. Negocié con los nobles más ricos de Amn haciendo desaparecer las piezas sobrantes del ajedrez. Traje prosperidad a la cofradía que me protegía, y pronto se me nombró Maestro Cofrade.

Con acceso al Consejo del Antifaz & El Estilete, a los archivos de los Ladrones de las Sombras y contando con Eclipse y Mercer a mi lado protegiéndome en la ciudad, con los competentes Cofrades siguiendo mis consejos y estrategias, sólo ha habido plan exitoso y expansión. En el camino ha habido muchas lecciones que he aprendido, duros golpes para someterme al mismo entrenamiento que el resto, maestros asesinos y danzarines compartiéndome sus trucos en el arte del subterfugio y las sombras. Callos en las manos para esculpir mi obra más perfecta hasta la fecha: el gólem apodado Vórtice en honor a mi escultura favorita del Parque del Crepúsculo de Thultanthar... y que la Oscura mantenga su pérdida en mi recuerdo por siempre ahora que mi pueblo ha sido aniquilado.

Incluso cuando la magia palideció en mí y tuve que usar formas más mundanas de prosperar, me dediqué a hacer lo mismo: jugar al juego de las Intrigas de Amn susurrando, aconsejando y maquinando estrategias para ampliar nuestros horizontes. Ello ha causado que desde hará un poco más de dos años, se me conozca en las calles de Athkatla como "Gobernador". Aunque es posible que la dificultad de los amnios para pronunciar mi nombre correctamente, también haya influido.

Y pese a todos esos éxitos, lo que más rabia me da hoy en día es ver cómo mis orígenes han quedado destruidos, no poder pasear de nuevo desde la Plaza de los Héroes por la Vía de los Espectros hacia la taberna La Sombra Eterna para beber algo exótico que los amnios no son capaces de elaborar y mantener intensos debates filosóficos sobre la magia y la política.


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ECLIPSE, MORIAN MAUSSER | EL TRANSCENDENTE

Es natural considerar que el Plano de las Sombras es inferior al Plano Material. Después de todo, es simplemente una reflexión de la existencia "verdadera", una sombra distorsionada por el ángulo de la luz y los movimientos del mundo. Es una imagen simple sin sustancia. Sin embargo, unos pocos comprenden una verdad más profunda. La sombra está esculpida en la oscuridad interminable. Tallada a partir de la única fuerza que es verdaderamente eterna, tiene un significado y una existencia mayores que el propio mundo físico. En lugar de ser el Plano de las Sombras una pobre reflexión del Plano Material, el plano de la luz y la sustancia es la efímera reflexión de la sombra abarcadora.

EL CAMINO DE LAS SOMBRAS

PRIMERA PARTE
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Caía lluvia del cielo.

Los mendigos contemplaban el oscuro cielo de la media noche, mientras los desamparados y las meretrices buscaban un lugar que aún conservase techado, una tarea laboriosa en Las Tapias. Las lluvias no eran extrañas en esta época del año, ni mucho menos en el Distrito del Rio, donde cada gota se deslizaba calando hasta los huesos en un lugar donde apenas queda piedra para sostener un muro y los candiles luchaban en vano contra la inclemencia, ansiosos por mantenerse encendidos.

Una sombra se dejaba ver en los callejones de los bajos fondos, ante la mirada de aquellos que con saya marrón permanecían sin refugio, obligados a trabajar para obtener sustento, cuidaban de las calles, trapicheaban, intercambiaban murmullos, otros simplemente realizaban labores fuera del foco, artesanos, orfebres y mata sanos.




Todos y cada uno de ellos, se detuvieron en sus labores, contemplando con la mirada a aquella sinuosa y silenciosa silueta, de pasos inaudibles en la lluvia, como si su presencia pareciese incorpórea, si no fuese por las gotas de lluvia deslizándose por aquella túnica de color negro como el ónice.

Sus botas danzaban entre los charcos, sin alterar el agua, realizando un vals silencioso bajo la lluvia, prácticamente como si levitase, contrastando con la torpeza picaresca de los marginados de los barrios bajos. Aunque por otra parte así eran todos los apartados, los habitantes de estas calles pertenecían a una especie tan indolente como improductiva. Sabían cual era el lugar que les correspondía, faenando con la cabeza gacha. Alzando el mentón cuando una de las benevolentes “Voces” hacia acto de presencia, aunque era inusual, más bien atípico que el hombre a quien tenían delante, cruzando entre ellos sin apenas dedicarles una mirada o de hacerlo, esta nunca era perceptible, pues lo único que se encontraba en su rostro era un oscuro manto de sombra que ocultaba cualquier atisbo de humanidad, algún iris que dejase ver brillo en la mirada de aquella silueta, en la que solo se podía encontrar un oscuro pozo de tinieblas.


La sombra continuó avanzando, arrojando unas monedas en el empedrado de los callejones, veinte taranes chocaron contra el suelo, una moneda de plata por cada mirada que se posó en aquella silenciosa y volubre penumbra, que se desvanecía a medida que los despavoridos agachaban la cabeza para recoger aquel benevolente donativo.



Bernard, el tendero se volvió hacia las escaleras de la Corona de Cobre, el alarido de las bisagras del aquel antro, anunciaban la llegada de los clientes o de aquellos quienes buscaban encontrar un trato favorable con las voces de los suburbios.



-Cabría pensar que venís buscando a alguien, Eclipse. -Apuntó Bernard ante aquella sombra que descansaba sobre los escalones-



-Por esta noche no hay cuentas pendientes, Bernard. No me han llamado para ello. Al menos no en este distrito. -Respondió Eclipse, haciendo una ligera pausa- ¿Dónde está Mirlo?



Bernard se volvió nuevamente marcando el camino a seguir con sus iris castaños empañados en un aura de cansancio, deteniéndose en las puertas que dirigen a la bodega.

-El muchacho lleva todo el día esperándote, asegurando estar preparado para lo que sea que tengas pensado para él.
-Respondió nuevamente el tabernero, terminando de pasar un ennegrecido paño por una de las jarras

- No seas demasiado exigente con el pequeñajo, Eclipse.. A veces la luz es necesaria allí donde solo reinan las tinieblas. Entiendes lo que quiero decir ¿verdad?

El tabernero no volvió a encontrar respuesta o al menos la que este esperaba, la sombra descendió cada uno de los escalones, mientras el agua se desprendió de sus túnicas tratando de perseguir a la sombra, humedeciendo los viejos tablones del concurrido establecimiento, adentrándose directamente tras aquella puerta, ocultándose en la penumbra de una lúgubre, polvorienta y destartalada bodega, allí donde un hin de ropajes oscuros y el rostro embozado concluía los últimos preparativos de su morral, aguardando por la llegada de aquella figura que se detenía ahora frente a él.



-Maestro, estoy preparado para nuestro viaje- Alzo la voz Mirlo, mirando hacia Eclipse, quien se acercaba hacia él- En ese momento la figura sombría descansó su zurda en el hombro del hin mientras que con la diestra tejía las propias tinieblas, dándoles forma sin necesidad de doblegarlas ni tirar de ellas, las sombras respondían a su voluntad, era algo natural, una simbiosis.



Las penumbras revoloteaban por la estancia, arremolinándose, izando las capas de ambos encapuchados, filtrándose más allá de la luz, de lo perceptible, rasgando el tejido de lo material, hasta crear una fisura, una linde de la que emanaba aún más tinieblas hacia un camino opaco en el cual no se vislumbraba un final.


-Es probable que no regreséis, Mirlo. Las sombras nos son beneficiosas pero dentro de las tinieblas todavía debemos de enfrentarnos a otros males y uno de ellos es precisamente el que se esconde dentro de nosotros mismos.- Advirtió Eclipse descendiendo el embozo hacia Mirlo, invitándolo a adentrarse en aquella fisura con un sutil empujón.-



Mirlo vaciló por unos instantes. para luego comenzar a caminar con un paso silencioso adentrándose en la envolvente oscuridad, que se hilaba alrededor de su cuerpo en un reconfortarte pero frío y melancólico abrazo. El hin fue engullido en su totalidad por las penumbra, que lo arrastraba alejándolo de todo rastro de luz, de todo atisbo de esperanza.



Una vez sus ojos fueron capaces de discernir. con algo de claridad, el Hin no tardó en comprender donde se encontraban, a pesar de no ser conocedor de los entresijos de los planos correlativos al material, sabía de primera mano que allí donde estaba no era otro lugar que el propio Plano de las Sombras, de como sus energías eran consumidas por el simple hecho de su mera existencia en el lugar, de como las tinieblas buscaban alimentarse del calor de su interior, de sus emociones, embriagando por una gélida sensación, había escuchado tantas veces de los labios de Eclipse sobre la naturaleza de las sombras, de su origen y de como Thultanthar estuvo durante siglos reinando en un eco de lo material.



-Esta es tu última prueba, Mirlo. Llegados a este punto no podré mostraros nada más. Pues hasta yo tengo mis limites, mi carcasa corpórea no es capaz de trascender más allá de todo lo que os he ido mostrando hasta ahora. De tí depende averiguar en que sombra te convertirás.- La voz de Eclipse se escuchó como un susurro incierto, su presencia era voluble, diluyendo alrededor del Hin como si el propio plano reclamase su existencia, desvaneciéndola como una brisa sombría que parecía indicar una dirección.



Mirlo asintió en silencio. Parecía emocionado, lo cual quizás era señal de lo desconocedor que era sobre la realidad a la que se enfrentaba, el hin comenzó a caminar siguiendo el último rastro que le había dejado su mentor, con los músculos engarrotados y las piernas temblorosas ante lo desconocido, Mirlo desenfundó sus dos espadas cortas atento a su entorno, recorriendo la propia inexistencia la oscuridad prácticamente absoluta con una mirada inquieta, intuyendo siluetas en la distancia, con el peso de ser constantemente acechado y observado con cada paso que daba.



Sus pasos terminaron por conducir al Hin hasta lo que él intuía que era una cabaña de la que apenas quedaban ruinas, con parte de la estructura derrumbada, desconocedor de si fue causado por el transcurso del tiempo o por una fuerza externa. Aunque no era momento para detenerse a reflexionar sobre ello, Mirlo intuyó que este sería el único lugar donde encontraría lo más cercano a un refugio en el tiempo que estuviese allí.




Soy una sombra...Soy más fuerte en la oscuridad. Mi mano se regeneraba completamente por la noche o en la oscuridad. Puedo viajar de una sombra a otra en un abrir y cerrar de ojos, cubriendo un tiro de arco o treinta leguas. Mi carne resiste la magia. Hasta donde puedo determinar, ya no envejezco.


ACEPTAR LA PERDIDA
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Thultanthar se ha estrellado contra Myth Drannor.

Eclipse contempló las gotas de lluvia, mientras caían con languidez por las tejas descendiendo por las calles del Distrito del Río. Acumulándose en charcos en el suelo, calándose en sus túnicas, impulsados por la brisa,enroscándose entre los pliegues de su capa. Pero todo aquello no parecía importarle.

Eclipse estaba agazapado en silencio, en lo alto de los tejados, desde ahí podía vigilar la mayoría del distrito en busca de algún signo de peligro. Aunque esta vez solo buscaba un lugar donde estar a solas. Hakkael le había enseñado muchas cosas, le enseñó a ser un danzarín sombrío, le enseño a ser mucho más que una simple herramienta, le insto a hablar, a aprender de la diplomacia, del engaño. Que no se dejase guiar única y exclusivamente por aquellos que se encontraban por encima, si lo que él deseaba era ser Netherino solamente tenia que actuar como uno y no servir a uno.


Hakkael era duro con sus palabras y aún más con sus lecciones. -Eclipse tienes la altura idónea para ser un escalador pero tu cuerpo es demasiado pesado- Esa era una de las muchas reclamaciones que el danzarín le entregó, palabras que volvían anidar en su pensamiento mientras saltaba entre los tejados de manera tosca y torpe, no importaba cuantos años habían transcurrido, Eclipse nunca fue un buen escalador, había encontrado sus propios medios para sortear esta clase de obstáculos, era capaz de moverse entre las sombras en cualquier dirección. Pero de poco le servía en un lugar cubierto por una cúpula que le exponía al detectar la magia de sus pasos, solo le quedaba confiar en lo aprendido y los sutiles encantamientos de sus artilugios encantados que le permitían recorrer las tejas sin dar un traspiés


Avanzando sin ningún rumbo claro o al menos ahora carece de claridad. Aquel primer año tras la caída de Thultanthar fue una época oscura para el distrito del rio. La figura de Eclipse descendía en la noche, sobre los incautos o sobre aquellos cuyo nombre habían sido sellados para su desgracia en la lista negra. Golpe tras golpe, las manos de la sombra se manchaban de sangre.



Sumergiéndose en el olvido que ofrecía la Dama Oscura, aquella sombra anhelaba aceptar la perdida, aislándose en una absoluta y oscura soledad, cumpliendo con la voluntad del antifaz y el estilete, acabando con la vida de las personas indicadas, colocando en el foco de las miradas a aquellos que prometían alzar a las sombras hasta las más altas esferas. Recaudando la paga por protección de los negocios, a medida que la influencia de las sombras se extendía, cada vez más eran los tejados que debía de recorrer, más misivas debía de intercambiar, más estrategias que debía de compartir con el resto de maestros, más oscuro se volvía el camino y más difusos eran sus recuerdos.



La dama ha sellado nuestro destino, mi nombre ya no vale nada, mi familia ha muerto junto con Ónice.. Hemos actuado por y para la ciudadela para el beneplácito de los príncipes pero eso y no importa.. Solo queda aceptar el designio de la dama, sumirnos en la perdida. Juntos.



Esas eran las palabras que había compartido con su igual, con la sombra que le complementaba, a quien le había prometido todo y a quien ahora no podía entregarle nada, solo una única promesa, el encuentro mutuo de la propia inexistencia en el final de sus siglos. Su relación desde aquel momento habia aumentado significativamente.

Ese era el mayor recuerdo que conservaba de aquel año. Lo demás quedó en el olvido, las sombras habían prosperado bajo su mandato conjunto, Mercer y Uxvrek habian estado ahi con él en todo este tiempo, conspirando como alcanzar el lugar que les correspondía, el arcano netherino parecía incluso liberado, dueño de su propio destino.



Eclipse era eficiente ., el antifaz y el estilete era uno de los motivos de su existencia y así lo siguió siendo en el transcurso de los años siguientes, aprendió a ser un mejor líder, de la diplomacia y de los juegos de la nobleza de la mano de quienes al igual que él, eran los maestros de las sombras de Amn.


Todas aquellas enseñanzas no eran algo que terminasen de fundirse con la sombra de Eclipse, la sociedad amniana había evolucionado, a medida que influían en la sociedad esta reaccionaba en respuesta, apenas había sitio para una sombra voluble como lo era él.

Ahora los estamentos sociales eran cada vez más claros y diferenciados, el antifaz había tejido la telaraña hasta gobernar la zona sur de la ciudad, sus pasos eran cada vez más sofisticados y medidos. Mercer ahora era un ciudadano de Oro y Uxvrek al igual que él era un ciudadano electro.



Eran invitados a bailes de salón, galerias de artes, subastas y eventos de la más alta sociedad, los ojos de las altas esferas sabían perfectamente con que clase de hombres estaban tratando, pero esa era su intención, acercarse a aquellos que tenian a mano la batuta, quienes podian cambiar el transcurso de la sinfonía, un nombre y un pago, una escolta, un robo. Trabajos que cumplian y que no serian posibles sin aquellos que les acompañan y les escuchan como lideres. Fandar, Hierro, Secreto, Ámbar, Filo, Bartolomeu. Muchos son los nombres de quienes sirven con el antifaz y el estilete.



La rigidez monástica difícilmente encajaba en este nuevo ambiente, durante los tres años siguientes Eclipse agradeció al Conseguidor, con quién siempre habia tenido sus encuentros, ambos eran la cara opuesta de una misma moneda. Y eso era precisamente lo que hacia que ambos funcionasen a su manera. Azzo tiempo atrás consiguió que las sombras adquiriesen la mitad de la propiedad de la sastrería del distrito de la gema.



Curiosamente dentro de sus muchas diferencias, ambos encapuchados tenían un foco en común, ambos encontraban la calma tras las bambalinas, dirigiendo a aquellos quienes se encontraban tras la aguja y el hilo. Morian Mausser era el nombre que lentamente empezaba a apoderarse de quien se encontraba oculto tras la sombra de Eclipse, amoldándose como una de las muchas máscara que le transmitían seguridad y le abrían distintas puertas.

Un excéntrico diseñador de estatus electro, a quien los nobles o aquellos con el oro suficiente encargaban algunos de sus diseños para sus sofisticados eventos, una figura enigmática y enmascarada, siempre alternando de vestimenta y de embozo, siempre elegante y educado pero de vestimentas refinadas y llamativas. Atrayendo la atención de aquellos que deseaban ser el foco de atención o por el contrario deseaban que otros dejasen de serlo.



Una sombra fragmentada en varias máscaras, Eclipse, Morian Mausser, amoldadas a un hombre que carece de nombre.



Erase una vez, en un país muy lejano, un monstruos sin nombre.

El monstruo deseaba un nombre con todas sus fuerzas, así que el monstruo

decidió salir de viaje en busca de un nombre. Pero el mundo era muy grande, así que se dividió en dos para continuar en su camino. Uno de ellos fue al Este, el otro fue al Oeste.
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ÁMBAR

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La mujer observaba las calles, deslizando el pie en movimientos sinuosos para esquivar los trozos de cristales rotos que, desperdigados, formaban un tapiz en el suelo de la Corona de Cobre. Mesas y Sillas volcadas la noche anterior ya se encontraban de nuevo en pie, pero aún quedaban algunas manchas resecas pegadas a los tablones del suelo.

La noche había avanzado con normalidad, solo salpicada por las peleas que empañaban unas noches tranquilas y que terminaban normalmente en una escaramuza sin víctimas.

Cerró la puerta con firmeza cuando el sol empezó a filtrarse entre los tejados de las casas, amenazando con colarse en la posada. La luz del día no era bienvenida allí, y sus asuntos rara vez discurrían bajo la mirada del Dios Dorado.

No siempre la había molestado tanto la presencia del sol en esas calles. Recordó sus primeros pasos, trémulos e inquietos, cuando discurría por el barrio en busca del templo del Quebrado para dejar algunas viandas para los pobres. Antaño lo único que la había atraído a estas calles era la debilidad por los que, como ella, se encontraban solos y a merced de un oleaje que no controlaban.

De vez en cuando seguía haciéndolo, tal vez una costumbre que no había conseguido desarraigar de la persona que era ahora. Una que había pasado por muchas etapas, y que había sorteado muchas dificultades. Pero aquél oleaje la había ido empujando , arrastrándola de un lado para otro.. hasta que finalmente la mujer había comprendido que si quería luchar contra él las decisiones debería tomarlas solo en su beneficio.
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Nunca habría terminado en aquel lugar de no ser por el elfo. Su traición había sido como una puñalada que ahondaba en su pecho, las palabras del Vengador un remate a su conciencia, acusada de pertenecer a los mismos contra quienes, con vehemencia, trataba de hacer frente. El hombre al que todos temían por su locura se había apiadado de aquella niña perdida, de aquella ratera sin rumbo que, en su estupidez, había tratado de hacer lo correcto.

Había sido solo el guerrero quien la había protegido, entregándola a los barrios para que la salvaguardaran de las consecuencias que llegarían por unos actos que no eran de ella. Y allí había empezado a labrar su nombre. Sus caminos se habían separado para siempre, pero una nueva mujer había emergido de las enseñanzas del Conseguidor.

De la cueva de los Secretos.

De las palizas de Penumbra.

De las palabras de Eclipse.

Y allí, entre las ratas, había descubierto el Antifaz y el Estilete, la verdadera naturaleza del poder y del control. Como las sombras se entrelazaban, alzándose por un fin común bajo el mandato de los Maestres.

Y junto a ellos, había conocido lo que era la verdadera existencia. El verdadero ser. Eclipse la había salvado de consumirse bajo el peso de sus sentimientos y su rabia, mostrándole el camino. Y la dama, había respondido a sus plegarias. Ahora conocía el verdadero poder de la diosa, que los había bendecido a ambos con su poder.

Era una elegida de la diosa, y portaba su poder. Los ladrones de las sombras la habían adentrado en un mundo que desconocía por completo, y que jamás pensó poder explorar. Había visto como el sol se alzaba sobre el Anauroch, para luego pasear por las plazas de Thultanthar, y robar en la ciudad. Había visitado Sembia y peleado contra un poderoso Thayino. Se habían adentrado en el Palacio de los Seis, acusados de un asesinato que ellos no habían cometido. Habían sido invitados a Candelero, solo para desbaratar los planes de Pequeño.

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Se había desprendido de una máscara para tomar otra, y había roto el corazón de un hin que añoraba la mujer que habia desaparecido, que lo había instruido en los objetos mágicos y en sus defensas. Siempre tuvo debilidad por los hins, y tal vez fuera aquello lo único que había lamentado de cuanto había tenido que hacer.

Otros muchos caminaban junto a ella. Algunos que conocía bien, y otros que aún debía conocer. Junto a ellos ,la presencia de un hombre murciélago aparecía de tanto en tanto, una figura protectora que vigilaba los pasos de la mujer, encaprichado antaño de su antiguo ser.

Las sombras eran en ocasiones crueles, pero no por ello injustas. Y sabía que ahora le quedaba un largo camino por delante. Muchas cosas habían ocurrido fuera de Amn en esos años. Imperios habían caído, desmoronándose por completo y quebrando aún mas su alma. Un silencio tenso había perdurado en los barrios durante la caída de Netheril, varios de sus miembros incapaces de exteriorizar su rabia.

Pero el trabajo continuaba y todos habían volcado su esfuerzo en abarcar más con su influencia. La cofradía rápidamente había conseguido rehacerse, estabilizar aún más su poder y expandir su red visible por más lugares en Athkala. La verdadera red, la que les otorgaba poder, se había expandido aún más.

Seguirían con sus negocios, expandiendo sus dominios y adelantándose para posar una daga en la mesa de los juegos de poderes en Amn y
vigilar, de forma férrea, que las tres leyes se seguían cumpliendo bajo sus vigilantes máscaras.



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Ladrones de las Sombras

Niño sin padres ni hospicio
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Mirlo Sombra Danzante/Livae


-¿Quién soy? ¿Quién era? o ¿Quién seré?

Los primeros pasos de un niño son para recordar, empieza gateando, de apoco comienza a arrastrarse, luego se intenta incorporar hasta tener un equilibrio, hasta que empieza a dar unos cortos pasos...
¿Cómo podría aprender a caminar ese niño sin alguien que lo ayude o instruya? Seria imposible, no habría manera de que por su cuenta supiera hacerlo, entonces me miro a mi mismo y digo ¿Recordaras a cada uno de los que te ayudaron a dar tus primeros pasos hasta tu carrera mas larga? Claro que si, uno no debe olvidar su pasado, ni quienes están en el hasta el presente.




Hace años, cuando era un inocente muchacho con ansias de crecer me tope con unas personas, poco agraciadas he de decir, pero con un gran corazón, de esas personas que te darían hasta lo que no tienes con tal de ayudarte, esos que si tiene un abrigo solo y te ven con frio, te lo ofrecen sin dudar. Sin duda me conmovieron, me hicieron recordar los inicios de mi familia en el pueblo, cuando nadie tenia nada y hacíamos monedas bailando y haciendo malabares en las calles, que bellos tiempos...
Pero no estamos aquí para hablar de mi familia, al menos no la de sangre, sino mas bien ellos, mi familia del corazón, mi familia del alma y esa familia que siempre esta.



Empezare con las grandes voces, pues son la representación del orden y la ley del barrio.




Mercer, mi maestro en el arte del subterfugio, quien me hizo jugar al cubilete como 4 veces seguidas en las cuales no gane ni una, uno pensaría "Ohh el azar no esta de mi lado" sin embargo sus palabras fueron otras "Tu creas tu propia suerte muchacho". Esas palabras si que me llegaron, comenzamos con pruebas simples, sin dudas los malabares y mis actos hablaban por mi, tenia destreza para jugar con mis manos por lo que fue fácil aprender esas artes, hasta el día de la fecha sigo aprendiendo de el, tiene una forma de enseñar que pocos manejan, desde su forma de explicar hasta su forma de representar lo que quieres que haga.

Eclipse, mi maestro de danzas en sombras, el hombre que me hizo caminar en las sombras, quien me enseño el arte del danzarín, quien con todo el tiempo del mundo me hizo indetectable, le debo mucho, no sabia que tenia esta conexión con las sombras de tal magnitud, me mostro lo que es ser útil en las misiones que requieran mis habilidades, me enseño el temple, la rigurosidad, la naturaleza con la que camino, me enseño como ser uno con ella, como mimetizar mi ser y sobre todo agudizar mis sentidos, el hombre de los sentidos mas amplios que conozco, sigo aprendiendo de el hasta la fecha.


Uxvrek, la representación de la calma, el sabio mas grande que tiene estas calles, cuyo sentido del deber supera cualquier otra cosa, el hombre que con simples palabras puede conseguir lo que quiera, planificador, calculador y meticuloso, me ha hecho pasar calores intensos he de decir, pero sin esa presión no seria quien soy hoy, su mente funciona en otro nivel, no sabes lo que piensa, pero probablemente el si sepa lo que tu pienses.



Mis hermanos... No mencionare a todos, realmente mencionare aquellos con quienes mas tiempo pase, pues son en quienes mas confió y con quienes mas vivencias he tenido.

Penumbra, aun que no estas presente, junto con Eclipse fuiste mi mentora en muchas cuestiones, hasta el día de la fecha estas en mi cabeza, sin tus enseñanzas no sabría como defenderme de los mágicos, ni siquiera podría pelear con los proyectiles mágicos de no ser por ti. Todavía recuerdo cuando salimos por las calles a abrir cerraduras, no pensé que una mágica podría manejar las cerraduras como yo, te creías un simple comodín, pensando que eras solo un poco de todo, pero olvidabas que sin ti muchos no podrían hacer ni la mitad de se creían capaces, te agradezco y recuerdo siempre, sea donde sea que estés, espero que estés bien.

Hierro, de los poco que puedo llamar amigo, otro caminante de las calles, una sombra de la que mucho se me hablo en las calles, los pobres te reconocen, saben quien eres y eso dice mucho de ti, jamás olvidare cuando fuiste Hierro dorado, te veías muy chistoso, espero seguir compartiendo momento contigo hermano.

Ámbar, tuvimos un inicio muy turbio, éramos un barco en aguas negras muy turbulentas, éramos como perro y gato, tarándonos constantemente mierda, por momentos queria golpearte, no lo negare, sin embargo ese día en Caravasar lo recordare por siempre, nos sinceramos, desde ese día puedo decir que gane una amiga, una amiga que supo complementar las enseñanzas que me brindo Penumbra en la antigüedad, me enseñaste defensas y maneras de ganarle a un mágico, te recuerdo que me rompiste la armadura, espero una de vuelta... Gracias hermana, seguiremos aprendiendo a la par.

Náyade y Filo, el dúo, con ustedes compartí momentos en los que me hicieron sentir un maestro, pelear con dos armas no es tarea fácil, sin embargo ustedes supieron lograrlo, con facilidad, estoy muy contento por eso, juntos son un dúo a temer, la personalidad lanzada de Naya con la sutileza de Filo, sin duda ustedes dos serán grandes.

Dante, de todas las cosas dolorosas que he vivido, tu has hecho una de las que mas me han marcado, tu temple me enseño mucho, de ti me llevare una enseñanza muy clara, una que realmente me marco y me hizo darme cuenta de muchas cosas también, tu que un día me dijiste:
"Cegare a cualquiera que traicione estas calles, incluyéndote, si un día traicionas estas calles iré por ti"
A lo que te respondí:
"Hermano, quisiera que fueras tu quien acabe con mi vida si ese momento llegase, si mi cabeza desvaría y por algún motivo me vuelvo en contra de las calles, quiero que con tu daga me liquides, por que tu eres mi hermano y confió en ti".
Eras mucho para mi, mas que un compañero, compartimos momentos, charlas, ratos largos, comidas inclusive, sin embargo tu traición fue una puñalada limpia directa a mi crédulo corazón.
Sin embargo te agradezco, me enseñaste que no se puede confiar en todo el mundo y que la traición jamás viene del enemigo...
Adiós Dante, donde quieras que estés...



EL CAMINO DE LAS SOMBRAS
SEGUNDA PARTE



- ¿Es este mi final? ¿Hasta aquí llego mi bandera? ¿Qué es esta sensación? ¿Por qué no siento mi cuerpo? ¿Por qué todo se desvanece? …-






Mire para atrás, mire a mi gente, mi barrio, mis amigos, mis hermanos, aquellos desafortunados que me tendieron una mano cuando mis pasos eran audibles para cualquiera y sin temor alguno me acogieron en su casa, compartieron su comida, su agua, su ser, aunque sus circunstancias los limitaba, no dudaron en ayudarme, fue así que sin saber que esa mirada podría ser la última vez que los vería, me despedí de cada uno de ellos.



El miedo y la sensación de peligro recorría mi ser, una sensación distinta a cualquiera que pude haber sentido alguna vez, una mezcla de miedo mezclada con escepticismo, como si no terminara de aceptar donde me encontraba, pero también me sentía como en casa, no esa casa a la que llamas familia, sino un lugar, un lugar donde te sientes cómodo aun que sabes que realmente no es tu casa.

- ¿Dónde estaba? ¿Realmente debí venir? ¿Es esto una prueba más? -

Muchas preguntas rondaban mi cabeza, sin embargo, ahí estaban ellos, quienes me trajeron, los mire a los huecos de sus ojos, esos profundos ojos negros que, a vista de cualquier otra persona seria invisible, por el ambiente, la zona, el lugar, sin embargo, mi vista, no era de un ser normal, yo podía verlos, oírlos, podía sentirlos cerca de mí, sabía que… No estaba solo.


(Mirlo)-Esta sensación de frio, de calor, de que me están observando aun si entro en sombras, esta sensación de peligro constante, acaso ¿Es normal hermano? ¿Quién nos esta observando? ¿Estamos en peligro? –

Mi nexo con las sombras por momentos parecía ser mayor, por momentos menor, por momentos sentía que perdía el control, a veces solo podía respirar, mi cuerpo se movía danzando con las sombras solo, por su propia voluntad, me daba miedo sentir que no podía controlar mi propio ser, sentir que mi nexo me sobrepasaba con tanta facilidad, no podía controlarlo, mi cuerpo era un lienzo, las sombras eran la tinta y el pincel, las sombras estaban trazando líneas, garabatos,
no comprendía lo que dibujaban, sin embargo no era algo hostil, no en ese momento al menos, era mas bien calmo, sentir como en conjunto creábamos algo mas que una danza, la sensación de que mi nexo con ellas se volvía más y más fuerte, hasta llegar al punto de danzar a la par, danzar en un movimiento mutuo.



(Mirlo)- ¿Por qué yo? ¿Cuál es el motivo de que me ayudes? Se que deseas tomar posesión de mi cuerpo en algún momento, también se que me cuidas, me proteges de aquellos que buscan dañarme, he sentido como me has dado fuerzas en momentos de completa perdida, me has dado el abrigo que he necesitado en muchas ocasiones, sin embargo no me dejas verte, no me permites saber quien eres ni como eres, muéstrate ante mi por favor, enséñame que nuestra conexión no es solo esto, enséñame tus pasos, siéntate frente a mi y dime tu nombre, muéstrame tu verdadera forma…

(Sombra)- No estas listo pequeño danzante, no tienes los sentidos para poder percibirme, prepárate, agudízalos, entrena lo mas que puedas, focalízate, hazte fuerte o tomare tu cuerpo y hare puramente mío, no podrás hacer nada más que mirar atreves de mis ojos si dejas que tome posesión de ti, no podrás hacer mas que gritar por dentro en una lucha que jamás ganaras, si no eres fuerte de mente, serás frágil de cuerpo, si te fortaleces, solo si te fortaleces y me demuestras que eres digno, te diré mi nombre.


La sombra se desvaneció, dejé de percibirla, sin embargo, pude oír su voz, era la primera vez que escuchaba su voz, no era un sueño, era realidad, ahora sí, con la motivación de esta sombra, con la idea de tenerla conmigo para siempre fue que comenzamos…

(Mirlo)-Estoy en tus manos Eclipse…



El entorno era imposible de ver, la zona era ruidosa en su silencio, los susurros danzantes rondaban por todos lados, era difícil de percibir, casi inaudible el caminar de cada ser que en ese plano habitaba, sin embargo, ¿Era eso motivo para escapar?

El tiempo fue el testigo de como un hin camino y camino, como un hin se movía y combatía, con frecuencia, esforzándose mucho lograba percibir algo mas que su propio ser, o al menos eso creía, al menos eso era lo que el mediano imaginaba que era.

El hin tomo asiento, comenzó a meditar, intento mediante la conexión con sus pares ubicarlos, sin embargo nada sucedía, recibía caricias letales, golpes furtivos, arañazos que no se imaginan de donde podrían venir, sus ropajes cada vez mas destrozados, su esperanza se mantenía intacta pues el sabia que su gente esperaba su regreso triunfa.

Cada día era peor que el anterior cada noche o al menos lo que el creía que era la noche era visitado por un ser en sus sueños, este ser lo humillaba una y otra vez, lo minimizaba para hacerle sentir débil, queria quebrar su voluntad o al menos eso parecía...

Meses, varios meses pasaron, cada día mas suelto, cada día con mas presteza, cada día era mejor que el anterior, pues algo en el mediano hacia que se fortaleciera, quizá sentía que un ser estaba cuidándolo sin que se diera cuenta, o acaso ¿El hin estaba acostumbrándose al ambiente y la hostilidad de las sombras?

Las armas del mediano, llenas de una aura que desconocía, sus filos estaban constantemente imbuidos en un negror sobrenatural, en su creencia se debía a la escancia de las sombras que iba derrotando, una a una, reventando ser tras ser.

-¡Mírame Eclipse! ¿¡Es esto lo que esperabas de mi!? ¡Mírame! ¡Mírame!- Exclamo al grito el mediano sin saber que lo único que lo estaba escuchando era una sombra mas grande, mas grande que el hin y no por tamaño, sino por la esencia, su aura, su energía.
Con un golpe, una embestida de la que no se dio cuenta al estar extasiado por sus logros, el mediano es desparramado contra la superficie de donde se encontraba, se quedo sin aire y escupía sangre, no podía respirar, se sentía ahogado, el golpe y la presencia de esa sombra superior hacia al mediano sentirse totalmente amedrentado, esta vez el cuerpo del hin y su ser estaban realmente en peligro, esta criatura era por demás superior a el, imponente y voluminosa, cada paso era un avanzar impresionante, ¿Qué haría el mediano en esta situación?

-No, ¡no soy un cobarde! ¡Vamos a pelear!- Dijo mientras desenfundo las armas y ese negror que tenían se desvaneció frente a sus ojos, anonadado, sorprendido y sintiéndose extraño el mediano comenzó a mirar a los costados, esta vez estaba acorralado.

En un momento, ese negror que se soltó de las armas del hin empezaron a formar a una criatura, del tamaño del hin, un ser con presencia, aura, sin embargo bastante menor a la que la sombra superior representaba, esta sombra menor, se dejo ver por el hin posicionándose a su lado.
(Sombra)- A ver niño... Presta atención, esta es una de las sombras superiores de los planos, no serás capas de derrotarlo ni en 500 años solo, pero tenemos una oportunidad.-

El mediano miro a la pequeña sombra a su lado con el ceño fruncido, apretó sus dos armas y comento.
-¿Tenemos? ¿Cómo que tenemos? ¿Quién diablos eres tu?-
El mediano se tomo un tiempo para intentar percibir al ser, por momentos sintiendo una familiaridad clara, pero por otro lado mirando a la pequeña silueta que, parecía preparada para defenderlo.

(Sombra)-Calla tonto, ¡saca el dúo de letalidad!-
Tras escucharlo, sorprendido por que la sombra sabia el nombre del dúo de armas del hin, las desenvaino sin mas, estas armas cuyos daños eran superiores a los clásicos elementales, estas armas que pocas personas podían negar, eran perfectas para esta ocasión.

En un ataque combinado, como si se tratase de dos individuos que peleaban a la par, sin errores al moverse, danzando en un pelear continuo, empezaron darle golpes a la sombra mayor, esta algo confundida por la sincronización que tenían este par, tomo acción contra el hin, a quien veía mas vulnerable, estiro su sombra como si se transportara atrás de el, apareciendo en un parpadeo para darle un imponente golpe sombrío.
(Sombra)-¡Detrás de ti! ¡Ahora!-
Con una media sonrisa, el mediano realizo la misma acción, que claramente inferior en distancias, se posiciono en un lugar ventajoso saliendo del perfil de la sombra mayor, esperando al siguiente movimiento de la sombra aliada que, al mismo momento se paro a su lado y junto, acertando en el núcleo de esta sombra lograron expulsarla al menos de ese lugar, tras el gasto de energía que represento el combate, el mediano al aun no estar del todo acostumbrado al plano se desvaneció, sus ojos temblaron y su consciencia cayó después de tantos meses.

Al despertar se encontraba en aquella cabaña, esa que estaba medio destruida, esa donde empezó el camino de este viaje al plano, al recuperar la consciencia, lo primero que hizo fue mirar sus cosas, sus armas y demás, todo estaba en su lugar, extrañamente todo estaba en su lugar.

-¿Donde estas?- Pregunto buscando esa sombra que peleo a su lado contra la criatura, esta no respondía, esta no parecía dejarse ver, el hin sonrió, rápidamente miro sus armas buscando el negror ese que tenia sus filos, sin embargo tampoco estaban ahí ¿Por que ahora no se dejaría ver? ¿Fue un sueño todo eso?

Los días pasaron, los meses también, casi un año peleando y sobreviviendo en el plano, el cuerpo ya estaba acostumbrado a la sensación, su mente también, esos sueños que tenia ya no le afectaban con el tiempo fueron cesando, sin embargo, ¿Eso era todo?

Un semblante conocido comenzaba a presentarse, unos pasos pocos audibles comenzaron a sentirse, el hin ya estaba con los sentidos totalmente afilados, nada podía sorprenderlo, ni asustarlo a esta altura.
-Puedes mostrarte, se que estas ahí...-

(Sombra)- Vaya has mejorado tontín... Pensé que podía apuñalarte y quedarme con tu cuerpo, pero veo que pondrás resistencia.-
Con media sonrisa miro al hin, al hin que defendió y ayudo en aquel combate, al hin que danzo con el para espantar a la sombra mayor.

-No me engañas, pudiste haberme matado hace mucho, se que no me dañaras, pero debo preguntarte, ¿Qué quieres? un ser de este plano no te ayudara por que si, ni mucho menos me dejaría vivir si me tuviese a su merced en mas de una ocasión...-

(Sombra)-No seria divertido si te matase así, vamos debes darte cuenta, matar una presa cuando esta herida no es divertido, lo sabes tontín, ahora es cuando todo se vuelve interesante, pelea conmigo por el derecho de tu cuerpo, soy yo quien ha danzado contigo desde que formalizaste un nexo con las sombras, conozco todo de ti, tus rostros, tus danzas, tus armas y tu forma de pelear, ¡CONOZCO TODO DE TI!-
Grito con entusiasmo abalanzándose hacia el hin, sin embargo el hin sonrió, lo vio acercarse, cuando estaba prácticamente al lado, esquivo el ataque arremetida de la sombra que, pudiendo ser furtiva ataco de frente, lo que el mediano aprovecho, solo para desvanecerse y aparecer detrás de el, apoyando la punta de la espada corta en la sombra para susurrarle.

-No quisiste derrotarme, pero tampoco te atacare, vine a encontrarte y hablar contigo, ahora puedo verte y escucharte, dijiste que si lograba hacerlo, solo así me dirías tu nombre...- Con media sonrisa quito el arma de la sombra, dejándolo caminar, mirando como esta se incorpora y suelta una risa audible.

(Sombra)-He he he, derrótame, hablaremos solo si me derrotas...- Dijo desvaneciéndose y ahora si buscando los puntos flancos del hin.

-¡Como quieras! ¡Peleemos!- Dijo el hin, envalentonado, desenvainando el dúo de letalidad.

El combate iniciaba, ambos peleaban de la misma manera, la sombra aprovechaba su saber para copiar al hin y hacerlo enfadar, sin embargo no lo lograba, el hin combatía sonriendo, como si no le importara perder, el danzaba peleando a la par de la sombra, sutilmente, hasta que la sombra usa unos movimientos que el pequeño hin desconocía, sorprendido intento reaccionar a estos pero no tuvo resultados positivos, esta danza perforo al hin en múltiples sectores, dejándolo algo herido.

-¡Ha! ¡No conocía esos pasos!, Tsk... Son... Son letales- Dijo mientras apretaba las heridas, con una sonrisa en su rostro.

(Sombra)-No sabes nada tontín, no sabes nada, en cambio yo... Se todo de ti, se como hacerte perder los estribos, se como hacerte perder... ¡Atácame, desviare todos tus pasos! Hahahaha-
El mediano sorprendido pensó, por un momento recordó esos meses donde la sombra esta no estaba a su lado, donde desarrollo un danzar letal y libre, un danzar icónico para el, un danzar que el mismo nombro "El giro del destino" Mezclando el salto sombrío con la danza en sombras, el mediano comenzó a girar, visiblemente, dejándose ver, siendo un cebo claro al que atacar, la sombra sintiendo que tenia la ventaja se acerco, sin miedo pues creía conocer todo sobre el, el giro era intenso, pero de corto alcance por lo que la sombra apareció encima de el para cortarlo y perforarlo, al caer la sombra sobre el hin, este desapareció, dejando a la sombra mirando para todos lados sorprendido, mientras que desde el suelo emergió con giros constante llenando de cortes profundos y leves a la sombra, rodeándolo mientras los cortes no terminaban dejando a la sombra al punto de ser derrotada, sin embargo, cuando estaba por dar el golpe final, el hin detiene el danzar y estira su mano, la sombra confundida, mirándolo con cierta tensión.

-Te dije que queria hablar, no matarte, ven, vayamos a la cabaña, Eclipse me había dejado provisiones, puedes comer alguna si lo deseas...-Dijo aun sosteniendo las punzadas que esta sombra le dio anteriormente.

(Sombra)-¡No necesito tu caridad tontín! ¡Ganaste! ¡Puedes usarme para tus caprichos!-

-Las sombras no se usan, no son armas ni objetos, las sombras son nuestros pares, pues, tu eres mi par, no te usaría, ahora cállate y ven, cumple tu parte.-
La sombra sorprendida por las formas del hin, se limito a callar y seguirlo, caminando juntos, ninguno oculto del otro fueron hasta la cabaña, en ese lugar el hin se sentó apoyándose contra una madera rota, la sombras se queria quedar parada pero los daños eran fuertes y sus heridas tardaban en curarse.

-Anda, ahora si, dime algo ¿Por que me ayudaste?

(Sombra)-No podía dejarte morir, pelear contra la sombra mayor es una muerte segura, además de que aún no habíamos peleado por tu mugroso cuerpo.-

-Ya deja de insultar mi cuerpo, que este cuerpo te derroto, dime otra cosa, ¿Cómo sabes el nombre de mis armas? ¿Eres tu quien siempre estuvo dentro de mi?-

(Sombra)-Así es, ¿Fue muy difícil deducirlo? Tontín, desde ese día en que te conectaste con las sombras, cuando eras un pequeñín, cuando no sabias ni atarte los cordones, desde ese día que ruedo tu cuerpo, solo que nunca pude salir de adentro tuyo, no hasta que tu maestro el grandulón te enseño como caminar y andar con nosotros.-

-Aaaaaaah ahora entiendo, me tienes cierto aprecio ¿Verdad?- Dijo mientras lo mira con cierta picardía esperando una aprobación de el.-

(Sombra)-Guacala, me das asco, te desprecio, eres un tonto e inútil ¿Por que te tendría aprecio? Me dabas lastima es todo...-

-Ay ahaaa... Si como no, en fin, debes darme tu nombre.-

(Sombra)-Tsk... ¡Bastardo!, ¡Te aprovecharas de tu victoria para someterme, hazlo! ¡Te juro que te arrepentirás cuando logre romper las cadenas, te arrepentirás cuando pueda salir y logre devorarte!-


El mediano sonrió y lo miro.
-No tendrás cadenas, no serás mi prisionero, puedes quedarte en mi y actuar conmigo, pero no puedes dañar a los nuestros, puedes quedarte conmigo y danzar a la par mía, te prometo enseñarte "El giro del destino" ¿Quieres sumarte a esta aventura?-

El mediano estirando su mano hacia la sombra, sonriéndole, mostrando que confía en ella, mientras la sombra lo mira, desconcertado, confundido no podía responder, hasta que simplemente dijo.

(Livae)-Mi nombre es Livae...

-Livae... Así que ese es tu nombre, supongo que aceptas, prepárate que aun no hemos logrado salir del plano Livae, salgamos juntos de aquí y ¡Volvamos a casa!-


El tiempo paso y este Nexo se fue fortaleciendo con el tiempo, hasta que el gran día llego, Eclipse se presento notando que ahora Mirlo, ya no solo era Mirlo, se trataba de un ser mas fuerte pues fue así que ahora Mirlo, también era Livae, Ahora Mirlo y Livae eran un verdadero mismo ser.

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Bartolomeu & Niklas




-Envite y arrastro, te veo torpe esta noche Niklas ¿Algo te molesta?


"La Traición de la Luz"


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Había sido una noche como cualquier otra. Oscura, turbia, cargada de ese aroma a mar podrido que se extendía por Brynn-ley. Mi misión, la misión de Sir Alistair de Velmor, paladín de Tyr, estaba clara. Cazar a ese maldito pirata nigromante, un ser abominable que había infestado las rutas marítimas con su magia profana. La justicia de Tyr sería implacable, y yo sería su brazo ejecutor.
Caminé por las calles de esa maldita ciudad costera con mis guías, hombres de rostros ásperos y ojos vacíos. No confiaba en ellos. Nunca confío en la escoria de lugares como este, pero no tenía otra opción. Brynn-ley era un laberinto de corrupción, y sin alguien que me orientara, perdería días vagando por esos callejones que parecían cambiar de forma en cada esquina. Debí haber sabido mejor… debí haber seguido mis instintos.
El ataque vino rápido, un destello de acero y veneno. Mis guías. No eran guías. Eran asesinos. El primer golpe perforó mi costado, rompiendo la placa de mi armadura como si fuera papel. Luego vino el segundo, el tercero. Dolor. Sangre. Caí de rodillas. Traté de aferrarme a la justicia, a mi fe en Tyr, pero todo se desmoronaba. Las palabras de los traidores se desvanecían mientras mi visión se tornaba oscura.
“Un paladín de Tyr… tan confiado… tan ingenuo…y con una bolsa tan llena..”
Mi fe me había fallado. Tyr me había fallado. O tal vez, yo lo había fallado a él. No importaba. El frío de la muerte me envolvió, y con él, el silencio. Dejé de sentir. De pensar. Todo se volvió oscuridad.
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Pero no era el fin. Algo me sacó de ese vacío. Algo, o alguien. Todavía respiraba, pero todo me ardía.
Primero sentí el peso de mi cuerpo de nuevo, frío, rígido. Luego, el roce áspero de unas manos que manipulaban lo que quedaba de mí. Quise moverme, pero no podía. Sentí como si estuviera atrapado, observando desde una distancia que no comprendía. Y luego oí una voz.

-“Ah, qué desperdicio de buen acero y carne. Pero no te preocupes, Sir Paladín. Voy a hacer algo más interesante contigo.”


Era una voz burlona, casi divertida, pero no con maldad, sino con un extraño tono de curiosidad. No entendí lo que estaba pasando, solo que, de alguna manera, seguía existiendo. Un segundo después, sentí un tirón, como si me estuvieran llevando lejos de todo lo que conocía. De Brynn-ley, de Faerûn. La realidad misma se desvanecía.
Cuando recobré algo de consciencia, estaba en un lugar diferente. No lo entendía. Un lugar de sombras. Silencioso. Desolado. Quise gritar, pero mi cuerpo no respondía. Solo podía observar, atrapado en ese limbo entre la vida y la muerte.

-“Bien, bien, bien. Veamos qué podemos hacer contigo”, dijo la voz, esa misma que ahora sabía que era la de un hombre encapuchado. No veía su rostro, pero su tono era casi relajado, como quien toma un día tranquilo en su jardín. Volvió la oscuridad. Y entonces, sentí el dolor.
No el dolor físico de las heridas que me mataron, no. Era algo peor. Era mi alma la que sufría. Algo dentro de mí se retorcía mientras aquel hombre, ese Bartolomeu de Kelemvor, manipulaba fuerzas que no entendía. Energías oscuras me invadían, distorsionando todo lo que yo era, retorciéndome, convirtiéndome en algo… distinto.
Mi cuerpo se movió, pero no por voluntad propia. Me levanté, mis músculos rígidos, mis manos temblorosas. Sentía una furia indescriptible. Una rabia pura, primitiva, que rugía dentro de mí. Todo lo que quería hacer era destruir. No sabía qué, ni a quién, pero esa necesidad de devastación ardía como un fuego incontrolable.

-“Te llamaré Niklas de Kelemvor”, dijo Bartolomeu, con una risa casi alegre.
- “¿No te parece irónico? Un cazador de no muertos convertido en uno de ellos. Me parece fascinante.
-¿A ti no?”

Quise gritarle, quise desgarrarlo con mis manos, pero todo lo que salió de mi boca fue un gruñido. Una sombra de lo que había sido mi voz. Me había convertido en algo grotesco. Algo… muerto. Mi furia solo creció, pero no podía liberarla. Estaba atrapado en este cuerpo, una sombra del hombre que había sido.

Entonces, Bartolomeu hizo algo que casi me rompió por completo. De entre las sombras, sacó una espada. No cualquier espada. Su hoja brillaba con un tenue resplandor azulado. Las runas grabadas en ella eran inconfundibles: símbolos sagrados de Kelemvor. Una espada consagrada, una que, en vida, habría empuñado con orgullo para destruir a los muertos vivientes. Pero ahora, esa misma espada estaba destinada a mí.

-“¿Qué te parece esta pequeña joya? Una hoja de Kelemvor, perfecta para un paladín como tú. Aunque, claro, en tu estado actual… supongo que tiene otro significado. Bastante irónico, ¿verdad?” Su voz no tenía maldad, solo un disfrute macabro. No se reía de mí, se reía de la situación, de las vueltas que daba la vida, o en este caso, la muerte.

Mi mano temblorosa tomó la espada. La hoja brillaba en mi mano, pero ya no con la misma luz. Era como si la bendición de Kelemvor luchara contra lo que yo era, intentando, sin éxito, purgar la oscuridad que ahora me habitaba. La furia en mi interior se intensificó. Gruñí, mis ojos llenos de odio. Bartolomeu lo vio y pareció satisfecho.

Con una última mirada, Bartolomeu me observó con esa misma sonrisa que había tenido desde el principio.

-“Bueno, Niklas, parece que tú y yo tenemos algo de trabajo por delante.” Su tono era ligero, casi despreocupado.
-“He oído que en los Barrios Bajos de Amn hay oportunidades para gente osada como nosotros. Nada que ver con tu anterior ocupación, pero algo encontraremos que nos satisfaga, ¿hm?
La rabia me consumía, pero algo en su tono, en su extraña manera de ver el mundo, era hipnótico. No podía negarlo. Era diferente. Algo oscuro me había traído hasta aquí, pero ¿y si hubiera algo más allá de la simple venganza?
 

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Fandar


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En los oscuros callejones del distrito del Río, se la podía encontrar a ella. Ahí, en "la calle del trato", donde la palabra no se rompe y los negocios más turbios, pero lucrativos, se llevan a cabo con discreción. Desde las sombras, ella prestaba atención a todo aquel que se presentaba.

Si necesitabas alguna sustancia que te hiciera el día más llevadero, ella te la ofrecía con discreción. Si querías ganar algunas monedas vendiendo un rumor, ella prestaba su oído. No era raro que sus habilidades como perista te ayudaran a deshacerte de una reciente adquisición... por una pequeña comisión, claro está.

Su rostro se mantenía oculto bajo sombras mágicas, su voz distorsionada por las telas que llevaba consigo. El sombrero, inclinado estratégicamente hacia adelante, y la larga gabardina negra, la dotaban de un aspecto inquietante. Pero, más allá de esa fachada sombría, se movía con una aparente despreocupación, con poses casuales que no eran más que un "teatro" para hacer que sus interlocutores bajaran la guardia. Ella siempre estaba alerta, y algunos lo descubrieron demasiado tarde, cuando ya les faltaban sus objetos de valor. Pobre del que no respetara a las calles y sus siluetas sombrías... su fortuna, tarde o temprano, acabaría en sus manos.


Pero no todo era en la oscuridad. A veces, ella se escondía a plena luz. Mientras tú bebías tranquilamente en aquella taberna portuaria o te relajabas con tus compañeros tras un lucrativo trato, ella ya estaba cerca. Puede que hubieras ido en busca de entretenimiento, distraído por los espectáculos de la noche. Y allí estaría ella, observándote.

Quizás tomabas unas copas con una agradable mujer mientras compartías tus preocupaciones y temores. Tal vez, ella era la misteriosa artista que bailaba sobre el escenario, atrayéndote con sus movimientos mientras tus documentos importantes caían en el olvido. O era esa peculiar señora, sentada a tu lado, escuchando con interés tus planes sobre ese viaje en ultramar, sin que notaras que lo que era productivo para ti, ahora también lo sería para las sombras de Amn.


Ella es Fandar. Una silueta en la oscuridad, un susurro en tu oído. Puede que sea tu mejor amiga de toda la vida, tu vecina amistosa o aquella anciana que necesita ayuda para caminar. No importa el disfraz, el maquillaje o la máscara. Su único objetivo es tomarlo todo. Y si no respetas a las sombras, es probable que te despoje de tu fortuna... sin que siquiera te des cuenta.

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“La música es el eco de los secretos guardados, afilada como una espada que revela verdades ocultas con cada acorde”

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La música comenzó a sonar con el primer paso que di, como si el suelo bajo mis pies estuviera orquestado para seguir mi ritmo. Mis andares eran los compases iniciales de una melodía que se alzaba poco a poco, un vals que me alejaba de Aguasprofundas y me guiaba hacia lo desconocido. Cada paso marcaba un nuevo acorde en esta sinfonía errante, mientras el viento susurraba notas perdidas entre las ramas, y con cada respiración, mi canto llenaba los vacíos, dándole cuerpo y forma a la historia que empezaba a surgir.

Nací entre silencios rotos y acordes disonantes, en una familia humilde donde el hambre era el único ritmo constante que conocía. Mi vida fue una canción fragmentada, llena de pausas y tiempos vacíos, pero, aun así, con cada nota que logré arrancar del caos, coloreé mi mundo. A medida que crecía, los días componían una sonata de esperanzas y desasosiego, pero la música, esa melodía interna, fue la que me permitió caminar hacia adelante, aunque a veces solo fuera un murmullo débil, un eco distante de lo que algún día sería.

Cuando el destino lanzó sus dados y el azar tomó su lugar, la sinfonía cambió de tono. Mi llegada a Amn fue como una abrupta disonancia, un acorde menor que retumbó en el aire y me dejó desorientada. Estaba perdida entre los gritos de la ciudad y el ruido ensordecedor de las vidas que giraban a mi alrededor. Mi canción se apagó, eclipsada por el bullicio, como una suave melodía ahogada por una tormenta de ruido implacable. Me sentí pequeña, como una simple nota en medio de una orquesta que no me dejaba espacio para soñar.

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Con el tiempo, descubrí la primera gran verdad: las sombras son más largas cuando el sol se oculta, y el peligro, como un violín desafinado, se esconde tras las sonrisas que prometen seguridad. Aprendí a modular mi voz, a bajar el volumen de mi canto cuando las amenazas se cernían sobre mí. Cada día era una nueva variación de la misma partitura peligrosa, un crescendo de tensión. Aquellos que me ofrecieron la mano al principio se convirtieron en silencios incómodos, en pausas abruptas en la melodía que creía haber construido con ellos.

Cuando las puertas se cerraron y las sonrisas se desvanecieron, me quedé sola, con mi canción rota y apenas audible. El único consuelo que encontré fue entre los olvidados, en esos rincones donde las melodías son susurros y las notas se arrastran como ecos perdidos. Ahí, en ese lugar de sombras y desdichas, la música cambió una vez más. No era la misma canción alegre que había comenzado a sonar con mis primeros pasos, pero seguía siendo mía. Era una sinfonía de resistencia, una balada que hablaba de cicatrices y silencios, pero que aún, de alguna forma, mantenía su compás.

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Y así, aprendí que, aunque mi voz se menguara, aunque el mundo pareciera ensordecer mi melodía, siempre habría una nota, una pequeña armonía escondida en algún rincón, esperando ser descubierta. La música nunca deja de sonar, incluso cuando parece que todo se ha silenciado.

Al colocarme la máscara, sentí que me ofrecían más que un simple disfraz. Me ofrecieron un nombre, una identidad, un refugio al que aferrarme, o al menos eso creí en aquellos días tan lejanos. Bajo esa nueva ala que me cobijaba, empecé a danzar en las sombras, una danza silenciosa que pronto se convirtió en mi único lenguaje. Mi primer nombre fue un acorde apenas audible, una nota tímida en la inmensidad de la partitura que era la vida de los desarrapados. Bailé entre ellos, dejé que mi voz se alzara, canté, grité y lloré en medio de esa sinfonía que llamábamos existencia, pero en la que yo era la guardiana de los silencios, de los secretos no contados.

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Me convertí en la más pequeña de ellos, una sombra que danzaba entre las notas bajas de una melodía que solo los olvidados podían interpretar. En aquel rincón sombrío, adopté el nombre de Secreto, la niña que aprendió a observar desde las sombras, en silencio. Mercer, quien fue más que un maestro para mí, fue la batuta que guiaba mis pasos entre los compases rotos de ese barrio desvencijado. Con él, aprendí el dogma de la supervivencia, ese código no escrito que solo se escucha en los ecos de las esquinas y en el murmullo de las calles al anochecer. Con humildad, respeto y sobre todo silencio, recorrí esos caminos, deseando algún día ser algo más que un simple eco, una sombra que se desvanece en la noche.

Mi voz resonaba entre las calles no era una voz normal, hablaba por los que no tenían voz, la fuerza de esta crecía poco a poco llenando lo que nos rodea de canción, de luz, siendo poco a poco la voz de los olvidados, aunque al principio era apenas un murmullo que se confundía con el viento. Pero con cada paso, mis pisadas comenzaron a crear una melodía propia, una que se entrelazaba con los ritmos del barrio, los adoquines gastados que crujían bajo mis pies y las paredes que susurraban los secretos de quienes habían pasado antes por esos mismos caminos. Durante meses, repetí esa misma canción, un ritmo constante de pasos, sigilos y susurros que aprendí a interpretar, como una partitura en constante cambio.

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Y finalmente, mi canción fue escuchada. Las notas, que antes eran solo ecos débiles, cobraron fuerza y forma. Había demostrado mi lealtad y mi firmeza, mi capacidad para tejerme en esa sinfonía oscura sin desentonar. Me convertí en más que una sombra, en más que una nota pasajera. El barrio me dio el respeto que tanto anhelaba, y con ello, el privilegio de convertirme en Cofrade de algo más grande que yo, vinculándome a los Ladrones de las Sombras.

Ahora mi melodía era distinta. Ya no era la niña que danzaba al compás de los demás, sino que había aprendido a dirigir mi propia sinfonía. Los otros ahora escuchaban mi voz, una voz que había aprendido a modular, a mezclar con el viento de las calles y el silencio de las sombras. Mi lugar en la partitura había cambiado, y aunque las sombras seguían siendo mi refugio, ahora eran también mi fortaleza.


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Y en un momento de terrible oscuridad, cuando las sombras se apartaban con cada uno de mis pasos, fue cuando encontré a aquellos que llegué a considerar mi verdadera familia. Cada uno de ellos era una nota única en la sinfonía que componía mi vida, un acorde que resonaba profundamente en mi ser. Mercer, mi amado padre, aunque me haya prohibido llamarlo así, dejó tras de sí un silencio profundo, un vacío que aún resuena como una pausa dolorosa en medio de una pieza inconclusa. Su ausencia es como un acorde menor que jamás encuentra resolución, una disonancia que sigue vibrando en mi pecho. Eclipse, con su consejo firme y pragmático, se convirtió en el compás que marcaba el ritmo de mi entendimiento. Su voz me enseñó a ver el mundo desde otro ángulo, como un cambio de clave en medio de una obra, revelando nuevas tonalidades que antes no podía comprender.

Penumbra, mi tutora, fue una melodía que desapareció antes de llegar a su clímax. Se desvaneció entre las sombras sin terminar su enseñanza, dejándome sola, con acordes inacabados que aún intento descifrar. Me dejó, sin embargo, con la capacidad de escuchar el silencio, de interpretar las notas que no fueron tocadas, una lección que sigo aprendiendo. Hierro, con su inteligencia afilada como un arpegio de espada, su razón tan firme como una línea de bajo que sostiene toda la composición. Su corazón, fuerte como el acero que empuña, es la percusión constante, capaz de sostenernos a todos, de crear armonía incluso en medio del caos. Por un hermano, Hierro es capaz de cambiar el ritmo de la batalla, de hacer lo imposible como si sólo fuera un cambio de tempo.

Ruiseñor, con su sabiduría y peligro latentes, es una figura de magia inagotable, cuyas palabras se despliegan como una cadencia que siempre revela más de lo que parece. O quizás es al revés, como una melodía invertida, mostrando menos de lo que susurra. Su presencia es una armonía compleja, un contrapunto que desafía la lógica de la pieza, pero que de alguna forma siempre encaja. Y cómo olvidar a Azzo, el Conseguidor, cuya paciencia y suavidad eran como un adagio que me calmaba en medio del bullicio. Con él, aprendí a escuchar el mundo desde un nuevo registro, a sentir las vibraciones de las cosas que no se dicen, pero que laten en el aire. Me enseñó más allá de las palabras, con gestos y silencios, compartiendo su conocimiento como una melodía secreta que sólo algunos pueden oír.

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Hoy en día, no sé qué sería de mí sin él, pues entre máscaras y dagas, ambos servimos al estilete y al antifaz con una intensidad que antes desconocía. Nuestro trabajo es como un dueto, dos voces entrelazadas que, aunque ocultas en la oscuridad, encuentran la armonía perfecta en medio del caos.

Mis pasos suenan diferentes ahora que he regresado tras una larga ausencia. Cada pisada es un nuevo acorde, firme y decidido, que marca mi regreso con fuerza. Mi mano, que antes temblaba, ahora toca una canción al ritmo que yo elijo, una melodía de poder y determinación. Mis ojos, que una vez estuvieron velados, ahora ven claramente, y mi voz, que antes era un susurro, suena fuerte, reverberando por las calles con una resonancia que no se puede ignorar.

Hace años, me llamaban Secreto, la pequeña nota discreta que se ocultaba entre las sombras. Pero ahora, tras todo este tiempo, la pequeña ha crecido. Mi voz aún suena con ese nombre en los barrios, donde la conocen, pero para los Ladrones de las Sombras, soy algo más. Ya no soy solo una nota pasajera, soy la espada que protegerá a los míos, una nota grave y certera en la sinfonía que estamos componiendo. Ahora, mi voz resuena con fuerza, mis pasos son firmes, y mi espada, afilada como la nota más aguda, es una extensión de lo que soy. Mi canción es clara, decidida, y no habrá silencios que detengan su curso.

Ahora soy…

Sinfonía el himno Nocturno

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Atticus
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¿Y cómo has estado estos cuatro años? Preguntó la mesera de la Corona de Cobre al semiorco que ya se habría acostumbrado a ver día si y día no. Pero lo cierto es que había dekhanas que había desaparecido, ahora lucía más amargado y seco.


Su trato con los miembros de la Cofradía no había cambiado y mínimamente intentaba mantenerse similar. Sin embargo, lo mismo no podría haber sido dicho de quienes trataban con él por fuera del lugar.

Más de una vez una respuesta que había sido recibida con hostilidad de su parte, una tendencia al alcohol reciente, junto a la necesidad de alejarse a veces para pasar tiempo solo. Según decía, algo había cambiado en él profundamente y ya no deseaba tener tanto trato con la gente.

Pero eso no detuvo la pregunta de la camarera y mucho menos detuvo la mirada que dedicó Atticus al mismo. Una mirada fría que hubiera parecido más la de un animal de caza, uno que está molesto. Quizás incluso acostumbrado a la soledad.

Como cualquiera podría estarlo tras cuatro años de vivir aquí. — Su respuesta fue escueta y seca, como tantas otras veces lo había sido.


Lo cierto es que entre el tiempo que había dedicado a estar en Murann, los días que había estado allí y lo que había dedicado a aquella suerte de felicidad que había intentado cultivar cual si se tratase de un herborista tratando de sostener el fino hilo de vida que una planta única y especial. Una que sólo florecería una vez en la vida y él jamás compartiría.

El destino había jugado a los dados con su vida y le había demostrado que pese a todas sus ambiciones había cosas que no podrían jamás estar a su control. Pero a él aquello no le agradaba.

Pero Mercer La Rata Coronada le había hecho una promesa que guardaba en ella un secreto entre ambos, permitiéndosele que las almas de quienes estaban al alcance de sus manos fueran encargadas al Viejo Pezuña y Cuerno, incrementando esa fe y reencontrándose con las enseñanzas que Carmilla le había otorgado en el pasado. Sólo empujándole más a que continuara con su trabajo.

En los barrios se habría susurrado en alguna oportunidad cómo la diligencia del semiorco para con las "limpiezas" de los asesinatos había pasado a hacer el proceso más eficiente y ordenado. Casi protocolario.

Sus informes de Murann nunca habían dejado de fluir aunque lo hacían con un doble fin ahora. Quería que ambos lugares crecieran y que pudiera sentir cómo ambos trabajaban en conjunto. ¿Quizás producto de aquella boda tribal a la que incluso los cofrades habían estado invitados?

Su mirada se desvió a la mesera de nuevo, esta vez menos hostil. Cargada de una calma que otrora lo acompañaba de forma habitual.
— Aunque ahora se siente más como un hogar. — Confesó mientras en las sombras de aquella capucha una sonrisa se empezaba a dibujar y sus ojos acompañaban el gesto para denotar ese ápice de placer que confesaba por sentir los barrios como un hogar.
 

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MIL CARAS-EL PREDICADOR



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Una imagen escalofriante es lo primero que se observa al tropezar con el portador de mil rostros, Mil Caras es como algunos en su círculo más íntimo le llaman aunque comúnmente se le reconoce como El Predicador de la palabra del Padre de todos los Ladrones.

Su llegada a los barrios es reconocida por él mismo como una mera casualidad, siendo un suceso sin importancia en un comienzo y relevante a medida que las lunas pasaron y su nombre se alzaba entre prostitutas, mendigos, leprosos y demás chusma del mismo lugar. Conocedor de sus cualidades, supo rápidamente buscar un sitio entre tan hábiles hermanos, alzando su voz como si del mismo Padre saliera.

Las dekhanas, inexorables en el tiempo pasaban mientras el conocedor de los secretos quedaba a la sombras dedicado a sus estudios pues siempre sediento de conocimiento, el Predicador amplía la pila de libros disponibles en el Templo oculto del Padre para saciar su sed que parece no menguar ante el voraz apetito lector del hombre.

Los cuatros años de Mil Caras pasan sin a penas relevancia en él, envuelto en una continua necesidad de estudio, de retiro con el Padre y la búsqueda de algo que ha tardado tiempo en conocer aunque para él supone la solución a todos los problemas que se le presentan y como no, también a la servidumbre con el Padre de los Ladrones, siendo un aliciente.

El templo resonaba con el ir y venir de centenares de botas de cuero, algunas también metálicas y otros sonidos simplemente pasan desapercibidos al oído de aquellos menos sensibles. El caminar del Predicador, siempre sonoro y preocupado, va de un lado a otro, atendiendo a fieles y devotos que tratan de encontrar en su palabra un atisbo de verdad y descanso, una bendición del Padre o incluso que Mil Caras susurre a su señor el nombre de dicho servidor, ansiosos por ganarse el favor y la bendición.

Su mundo gira alrededor de rutinas bien planificadas, dando misas a partir del anochecer y centrándose en sus estudios llegada la hora del amanecer, delatando sus ojeras las pocas horas dedicadas por parte del dedicado hombre al descanso. Muchos son quienes le pueden ver masticar ciertos alimentos de tamaño menor mientras va de un lado a otro en las salas de lectura y descanso del templo oculto y pocos son aquellos que le han podido ver fuera del mismo, caminando por las calles solitarias y oscuras del llamado ahora Distrito del Río. Pese a ello, sus salidas eran llamativas pues arrastraba mendigos y ratas de menor importancia con él, siempre deseosas de sus palabras o bendiciones.

Pese a su dedicación, su mente al igual que su deseo estaban en otra cuestión, algo para lo que se preparaba y sufría las largas jornadas de estudio, sin a penas descansar mientras su cuerpo se deteriora ante la poca nutrición.

En las última lunas su presencia ha sido algo más notoria, pudiendo ver su figura por las calles del Distrito del Río con mas asiduidad aunque no en demasía pues pese a que su presencia ahora es mayor, su tiempo de estudio no disminuye. Sus ansias son incontrolables y su fe, siempre incorruptible, eleva la figura sombría que compone al Predicador envolviendo al hombre en un aura de misterio y misticismo que parecen acompañarle sea cual sea el lugar en el que se encuentre.
 
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El Duende




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El Duende es una figura enigmática que habita en los barrios bajos de la ciudad de Athkatla. Su presencia evoca una mezcla de temor por su demencia y curiosidad entre los habitantes. A menudo se le ve merodeando por las callejuelas, hablando en voz baja, como si mantuviera una conversación con sombras invisibles. Su risa, a menudo escalofriante, resuena entre los ladrillos desgastados, dejando a los transeúntes inquietos.

Es un ser reservado y extraño, cuya mente es una encrucijada de secretos oscuros. El Duende tiene un conocimiento profundo sobre los secretos más oscuros de la ciudad, así como de sus habitantes. Se dice que tiene la habilidad de ver lo que los demás ocultan, convirtiéndose en un susurro en los oídos de quienes buscan poder o información prohibida.

El Duende es un personaje que representa el misterio y el peligro de lo desconocido.Su existencia es un recordatorio de que, en los rincones más oscuros de la ciudad, las verdades más inquietantes están esperando ser descubiertas.

“La verdad es un laberinto, y yo tengo el mapa.”
 
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Azzo El Conseguidor


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Querido amigo:

Me llaman Azzo, Maeve y Valak de Damara. Tambien he encarnado a Sijandi de Riva, Vikkon Salander, Hissit el Caníbal y Kerath el Rojo. Tambien he sido Diaconus de Sharkan, La Horca y tambien fui Lapa en mi callejera juventud, como bien sabes.

He sido hijo, marido y padre, esclavo en las minas de Vaasa, narrador de historias en las rutas de comercio, artista itinerante por el mero placer de viajar y conocer; prisionero durante casi una década en Luskan por un crimen que no cometí, actor ocasional para la Eterna Melodía, un sastre de renombre en Amn, músico aficionado, ladrón, falsificador, estafador, consejero e incluso miembro en secreto de la guardia de la ciudad.

He tenido muchos nombres, cada uno con un propósito y una función que siempre ha servido para lograr mis objetivos, pero una pregunta ha estado resonando hace tiempo en mi cabeza: Quién soy realmente?

Hay algo sólido y perenne que se mantiene bajo todos mis disfraces, pero lograr atrapar esa esencia bajo una sola identidad me sería imposible, por lo que la única conclusión satisfactoria que he alcanzado es que cada una de ellas me ha permitido sacar a relucir diferentes matices de mi mismo. Asi que la pregunta cambia. No es quién soy, sino qué soy.

La respuesta es que todavía no he logrado descubrirlo realmente y quizá eso es lo que hace del camino hacia la respuesta algo valioso y bello que creo que merece la pena seguir descubriendo con cada disfraz y en cada aventura.

Durante años, apenas he salido de la ciudad salvo en los viajes que he tenido que emprender, ya fuera por necesidad, imposición o mis pequeñas ambiciones.

Pero tengo la suerte de saber que incluso cuando no camino entre aquellos que hoy puedo llamar hermanos, llevo conmigo las lecciones que aprendo de ellos, paralelamente a la satisfacción que me da el saber que cuando yo ya no esté, ellos perpetuarán el legado que tantos años me esforcé por construir y proteger.

He tenido mis diferencias con varios de ellos, pero poco antes de los cuatro años que he pasado en la vieja Calimport junto a Secreto, comprendí que por muy sólidos que sean nuestros valores, uno no puede resistirse a los cambios que los ponen a prueba. La muchacha es la supervivencia encarnada, y me ha demostrado una entrega total que ha escogido ella misma.

Jamás le he dado orden alguna, jamás se quejó durante los momentos difíciles que compartimos en el Khanduq, y sin embargo, confieso que uno de los motivos que me llevaron a conducirla alli fue el deseo de prepararla para los desafíos que la aguardan tras nuestro regreso a Amn y al corazon de sus calles.

Me llevé a Secreto a Calimshan y regresé con Sinfonía, un trueque necesario sin la carga formal de hacer de ella mi discípula necesariamente. Con ella, mas allá de nuestro vínculo personal, he podido demostrarle como soy sin revelarle mi verdadera identidad. Lo mismo podría decir de muchos otros que hoy recorren las calles que han sido mi hogar por casi cien años.

Qué mas da que la mayoría nunca llegue a descubrir quién soy en realidad o mi verdadero papel entre los Ladrones de las Sombras?

Lo importante es que lo que un dia fue el sueño de un idealista ha acabado convirtiéndose en tres dogmas incuestionables que sustentan la unidad en el Barrio y sirven de guíq para los que pisan las calles: Humildad, Silencio y Respeto.

Antiguamente, los habitantes más humildes del barrio eran poco mas que carne de cañón y escoria social de la que aprovecharse. Nos respetaban sólo porque nos temían.
En cambio, hoy no se cuestiona siquiera que nuestra responsabilidad es proteger nuestro territorio y a los que viven en él pues entre ellos crecen quienes algún dia recordarán quienes nos dejamos la piel por ellos. Y pobre de quien con sus actos, cuestione esa verdad.

He sacrificado gran parte de mi vida para lograr ese objetivo y la lealtad entre los miserables y los harapientos tiene mucho máa valor que el respeto fingido que genera el miedo. Nadie ama realmente a los tiranos que se aprovechan de los débiles y es entre los débiles entre quienes suelen alzarse los que acaban derribándolos.

Puedo entender que quienes se ganan la vida matando y robando no sean particularmente misericordiosos con quienes tienen a la miseria y el hambre por amos. Pero hay una diferencia entre lo que uno piense o sienta, y los actos que nuestros códigos nos permiten manifestar.
A mi me da igual la opinión de los demás sobre la mayoría de los asuntos, todo el mundo es libre de pensar como desee.

Pero son los actos lo que siempre juzgaré.
Y de momento, casi todo lo que he visto de las nuevas generaciones que hoy pisan las calles, ha hecho que se ganen mi respeto y mi protección.

Quizá a veces la hosquedad de Ámbar no la haga la mas grata de las compañías en una fiesta, pero siempre está ahi cuando los demás la necesitan y hasta donde yo sé, ha florecido segun su deseo sin cruzar ni una sola de las líneas rojas que en el pasado habrian hecho que la considerara indigna de compartir una fogata, sobretodo por su fe, mis antiguos prejuicios y su carácter, pero hoy doy gracias por tenerla entre nosotros. Admiro a veces su lengua mordaz y su sagacidad, pero por respeto, escojo hacerlo en secreto, pues no quiero que piense que pretendo manipularla en modo alguno para ganarme su favor. Mas bien pienso que quizá todavía me ve como una piedra en los zapatos del Barrio, pero espero algun día cambiar eso dentro de mis posibilidades.

El caso de Eclipse es similar, aunque también es cierto que entre él y yo hay una misteriosa conexión que vamos descubriendo poco a poco. Quizá sea porque fue discípulo de uno de mis mejores aprendices, Hákkael el Escalador, y como un anciano que puede relajarse durante su vejez, veo al netherino como un nieto que se ha ganado su lugar en las calles y mi respeto personal. El es un ejemplo viviente de cómo uno puede aprender a controlar sus emociones para cumplir con un propósito. Como en un espejo, veo su imagen reflejada frente a la mia propia y me gusta saber que allí donde fallen mi diplomacia y la miel de mis palabras, su aptitud marcial puede reducir algunos problemas hasta hacerlos pulpa si lo deseara..

Quizá mi edad y mi experiencia me hayan dado muchos mas recursos que los que la mayoría pueda soñar con poseer en las calles, pero he necesitado de mis conflictos con él para darme cuenta de que gozo de un papel privilegiado entre los míos. Yo puedo contemplar el enorme tapiz del que todos formamos parte desde una ventajosa posición, la de un testigo que puede comparar a los más jóvenes con los nombres del pasado, y comprobar que es lo que cambia con el tiempo, y que suele permanecer en su sitio.

Uxvrek por el contrario es quizá la Voz con la que menos he tratado y sin embargo sus ambiciones no significan nada comparadas con su compromiso en la Cofradía. Se menos de él de lo que me gustaría, pero no me importa, pues sé en mi fuero interno que el tiempo y los desafíos que tenemos por delante nos llevarán mas allá de simplemente unirnos para llenarnos los bolsillos y acumular recursos y poder. También me hace gracia que vista casi siempre de blanco entre quienes el negro parece una ley no escrita.

Otro del que he podido aprender en secreto ha sido de Mirlo, que tras nuestro pasado conflicto personal, parece haber estado mas que dispuesto a comprender que no soy su enemigo ni pretendí causarle perjuicio alguno con mis actos.
Yo he robado muchas cosas, pero jamás me interpondría entre dos personas, no si hubiera sabido que una de ellas lo tomaría por una traición. El hecho de estar dispuesto a dejar nuestras diferencias de lado en pos de un bien mayor me han demostrado que incluso siendo tan joven, goza de mas humildad y visión de la que yo tenía a su edad. Quizá sea por la influencia de Eclipse, pero no importa demasiado en realidad. Lo importante es que confío en él y creo que lo sabe.

También Fandar es una prometedora figura emergente entre las calles y sospecho que el futuro le pondra delante desafíos que pondrán a prueba su determinación. Es inteligente y observadora, casi siempre atenta a lo que sucede a su alrededor, que absorbe como una esponja. Aprende de todo y de todos, y pese a que no la he adiestrado, manifiesta quedamente algunos de los valores y preferencias que yo mismo comparto con ella aun sin habérselos mostrado directamente. Si es capaz de medrar en el barrio sin dejarse convertir en una depredadora sin moral, lo que empezó siendo cobre acabará brillando tanto como el oro que siempre andamos buscando.
Hierro, sin embargo, ha sido siempre como el metal que le da nombre, capaz de romperle el cuello a cualquiera, pero con la inteligencia y la paciencia de quienes no necesitan hacerlo para lograr sus objetivos. Tiene un lugar especial entre aquellos que llamo hermanos, pues es el único de los que hoy dia caminan a mi lado que también lo hizo cuando la sangre cubría los tobillos de quienes pisábamos las calles. Su confianza en mí hace que lo aprecie por haber sido testigo no sólo de aquel tiempo turbio que compartimos, sino de mi propia senda a lo largo de los años. Se que mis palabras nunca le sonarán vacías y su tranquilidad y entereza hace de el un valioso camarada cuyos valores son el ejemplo viviente de una lealtad de la que en otro tiempo, muchos carecieron.

Atticus parece bastante decidido a cumplir sus objetivos, sean cuales sean. Al principio desconfié de su silencio mientras el resto hablaba abiertamente, como si simplemente con su presencia entre nosotros esperase a que nos relajáramos y bajásemos la guardia para catapultarse a donde quiera que pretendiese llegar. Pero quizá mi eterna paranoia me impidiera ver entonces que es una de esas personas que mantiene la boca cerrada si no tiene nada que decir. Al igual que Fandar, veo que algún dia llegará a donde quiere llegar, y deseo ayudarle a conseguirlo si me lo permiten las circunstancias.

Filo es otro buen elemento que doy gracias de tener entre nosotros. Sé que respeta mi heterodoxo papel en los Barrios, pero no le baila el agua a nadie para caer bien. Me gusta su carácter humilde y curioso, y el hecho de que no tema preguntar abiertamente sobre aquello que desconoce y manifieste en voz alta sus dudas sin desafiar personalmente a nadie es digno de ser señalado. Me recuerda a otras jóvenes promesas que adiestré en el pasado.
Tiene habilidades que en el futuro le harán ganar una gloria y un reconocimiento que ni necesita ni busca activamente. Igual que Mirlo, es un ejemplo de las virtudes que admiro, pero me guardo de mostrárselo aún pues no quiero contaminar su humildad. Aún así, sabe que le tengo un gran respeto y nuestra camaradería es bidireccional y honesta. Ojalá mis ojos me permitan verlo crecer y medrar con el tiempo.

Hablando de medrar, Náyade tiene una energía y un espíritu que me encantan en lo personal, nos entendemos bien y sabe que tiene mi aprecio. Su sentido del humor y su actitud prometen convertirla en algo más que una simple rata de dos patas. Es versátil y valiente, cualidades que admiro especialmente entre los mas jóvenes. De algún modo, sé que sabe que puede contar conmigo y ha compartido mas de una candela a mi lado cuando, rodeado de gente me sentía muy lejos de ellos. El espíritu que emana de ella sin que pueda evitarlo es una de las cosas hermosas que uno pocas veces tiene la oportunidad de contemplar rodeado de ladrones y asesinos. Ella es una de las razones por las que cuando estuve a punto de largarme para siempre de los Barrios, decidiera quedarme y ser testigo silencioso de su progreso. Verla jugando a los cubiletes es uno de mis deleites callejeros preferidos.

El barrio tambien me ha devuelto la fe en la Iglesia del Silencioso con la llegada de otras jóvenes promesas que comienzan a despuntar entre sus salmos como los brotes verdes que siguen a la sequía y la hambruna, quién sabe bajo que designios, pero estoy agradecido por haber podido asistir a sus servicios en el Templo que no Existe. Mi dulce Bisbiseadora estaría orgullosa de saber que los viejos ritos de los Adeptos del Templo han vuelto a resonar entre susurros de voces más jóvenes que las nuestras sin que el mensaje del Padre de los Ladrones se malogre. Celebro haber visto de nuevo al Martillo de Mask asistiendo a las viejas liturgias que terminaron por moldear su devoto espíritu.

Hablando de espíritus, tengo que mencionar a Khael el Duende, que se ganó mi simpatía por la facilidad con la que es capaz de jugar al juego de ser subestimado por los incautos que lo pasan por alto sin percatarse de que llegará un momento en el que descubran que sus fingidos achaques caigan al suelo junto a la máscara que porta. Ignoro aún que planes tiene el astuto anciano, pero no soy el único que es capaz de ver mas allá de sus pretendidas toses y tropiezos propios de la senectud.
Saber que es un viejo seguidor de Bane que luchó en el bando opuesto en la misma guerra que yo hace mas de medio siglo me hace respetarlo en una manera que pocas veces me permito con alguien a quien conozco tan poco.
Tampoco he conocido mucho a Herrumbre aún, pero alguna de sus ocurrencias siempre logran mejorar mi humor y arrancarme alguna secreta sonrisa bajo mi vieja máscara. Se que con el tiempo lo conoceré mejor y a diferencia de aquellos que llegaron al Barrio conociendo de antemano mi existencia, es uno de esos tipos cuyo respeto me gustaría ganarme por mi presente valor y no gracias a las rentas de mi pasado.

Otra reciente incorporación ha sido la de Nyvrex, clérigo de Shar muy unido a Eclipse y Ámbar, pero que de momento, demuestra una lealtad comparable a la misma fe que profesa a la Diosa de la Pérdida. Lo conozco aún menos de lo que me gustaría, pero es quien considero que mejor puede ayudarme a comprender su credo. En el pasado, las acciones impías de su Iglesia lo habrían convertido instantáneamente en mi enemigo, como lo fue el puñado de miserables chupasangre que me arrebataron a mis hijos. Pero creo que si es cierto que los dioses proveen cuando la necesidad lo implora, ahora puedo ver que donde antes habría visto un enemigo, ahora tengo la oportunidad no sólo de compartir con el algunos de mis conocimientos, sino también de aprender mas sobre su fé. No creo que pretenda convertirme a ella, y mucho menos pretendería yo hacer que renegara de la suya. Creo que en ese respeto mutuo radica la oportunidad de crecer uno al lado del otro.

Por otra parte, si tengo que hablar de mutuo respeto, tengo que mencionar a un camarada que ha sido mi cómplice en alguna ocasión, haciéndome partícipe de la sinergia que compartimos y es Tim. Ya sea compartiendo nuestro licor o falsificando y acuñando moneda falsa, el cuerpo me pide a gritos que él y yo colaboremos alguna vez en solitario, mano a mano. Quizá sea simplemente que nos caemos bien y los dos respetamos la veteranía del otro, pero hay algo mas que hace que sienta una curiosa atracción por la idea de dar un gran golpe que sea orquestado unicamente entre él y yo.
Se que no compartimos ciertos valores, pero los que sí compartimos tienen para mí una gran importancia. Sé que el bastardo lo sabe y también que sabe que yo lo sé.

Tenebra es otra silueta que se deja ver por el barrio de vez en cuando. Admito que su presencia en el Barrio fue una grata sorpresa, considerando que compartimos algun secreto que otro relativo a su antigua máscara. La mayoría ignora que nos conocemos hace mucho más tiempo del que estamos dispuestos a dejar entrever a los demás, ya sea por respeto mutuo, como en el caso de Tim, o simplemente porque hay cosas que no hace falta señalar para demostrar que existen. Su buena relación con Hierro es prueba de que no suelo equivocarme al leer el corazón de las personas, sea cual sea su condición. Puedo errar como cualquiera al interpretar las intenciones de otros, pero no me cuesta identificar de qué estan hechos cuando compartimos una fogata y alguna buena historia.

La de Nukenin, una de las ratas de incorporación mas reciente, me es todavía desconocida, pero imagino que tarde o temprano veré tambien de que esta hecho. La experiencia me ha enseñado que no puedo fiarme de terceros para evaluar de que pie cojea cada uno o cuales son sus virtudes, pero de momento parece entenderse bien con quienes le conocen por los Barrios, asi que no me queda otra que confiar en el criterio de mis hermanos. Despues de todo, los suyos serán también los mios cada vez que las máscaras se alcen.

Y hablando de máscaras alzadas, hay una a la que particularmente me gustaría mencionar en las hojas de este diario que voy quemando mientras vacío mi alma para dejar sitio a algo nuevo, y es la máscara del que muchos sólo conocen como Mercer.
Para muchos se ha convertido en una figura relevante en las calles, un nombre al que respetar y cuya influencia ya es reconocida en las calles de Amn.

Yo aún lo recuerdo correteando descalzo por la Calle del Sapo con otros chiquillos cuando su mayor ambición era no dormir con el estómago vacío.

Años despues se sienta en el Sillón Rojo y lidera el Consejo Sombrío de Amn, algo que ha conseguido en muy poco tiempo, con el precio que eso conlleva.

Aunque considero que no siempre ha dado los pasos como yo lo habría hecho cuando ocupé su posición, esta cumpliendo muy bien con sus responsabilidades y manteniendo a la Cofradía coordenada y unida. Aunque temo que haya lecciones para las que solo la propia experiencia puede ser maestra, tiene a Eclipse y Uxvrek con él para aconsejarle en diversas cuestiones, y pese a que no ocupo sillón alguno en el Consejo, se que mi opinión es tenida en cuenta en muchas otras en las que mi experiencia sería demasiado valiosa para ser desdeñada. Que más puedo pedir?

Sobre el papel, soy uno mas entre las ratas, siluetas y cófrades de nuestra organización. Pero mi compromiso con la cofradía esta enterrado entre sus raíces mas profundas, atada al nombre de Gin, el padre Khara, Bâst y Yaqen, y a todos los que dieron su vida por la Cofradía en el pasado.
Se que tengo una gran responsabilidad casi invisible entre quienes hoy tocan la melodia que baila el barrio de noche, una que me condena a ser practicamente el único testigo del paso de las eras y los nombres todos estos años, intentando que no se salgan demasiado del camino que trazamos juntos.

Lamento que su cargo le haya revelado a Mercer mi identidad antes de ganársela por sí mismo de mi propia voz, pero confío en poder alzar mi máscara junto a la suya como hicimos tú y yo hace unas cuantas vidas.

Espero que aunque sea desde la distancia, alla donde te hayan llevado tus pasos, algún dia podamos encontrarnos frente a frente otra vez, con nuestras máscaras descansando sobre nuestras manos.
Ojalá puedas contemplar algún dia hasta donde hemos logrado llegar con la Cofradía y te sientas orgulloso de haber plantado conmigo las semillas de un presente que florece día a día.

Que las sombras te guarden, Kronos.
 
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