Airoh
Gerardo de Amn
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Es una mujer de ojos de color cyan, su cuerpo es ligeramente más alto y más ancho que una humana, con la peculiaridad de que su tono de piel es verde oliva, unos pequeños colmillos sobresalen de su labio inferior, lo que evidencia a simple vista de que es una mestiza de ascendencia orca.
Dado a sus angulosos rasgos faciales, se puede ver que es una chica muy joven de mirada curiosa incluso inocente cuando está relajada entre sus conocidos o amigos, aparenta unos 18 años de edad en el cómputo de los humanos.
Su cuerpo es atlético y ligero a pesar de su envergadura, repleta de cicatrices que resaltan sobretodo en sus antebrazos y manos. Suele vestir prendas de tela cómodas de colores poco llamativos, excepto desde hace poco que viste unas prendas hechas de sedas y un sombrero que su maestro le ha enviado desde su monasterio.
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Historia pasada
Escuchó de nuevo su nombre como un eco entre las montañas y se despertó de un sobresalto, la voz venía del exterior del templo. Los otros alumnos dormían aún, debía de ir con cuidado para no hacer ruido y despertar a los demás. El suelo de madera vieja crujía sonoramente en cada pisada, pero Loto sabía cómo pasar por ahí con disimulo, se pegaba a la pared, se agachaba y se pisaba las manos, lo cual andaba sobre éstas.
Cuando había salido de la habitación comunitaria, fue recorriendo los tranquilos pasillos del monasterio mientras esquivaba algunas goteras del techo. Llegando a la salida, una fría llovizna acaecía en esa mañana oscura, no se veía el verdor de la hierba, solo un manto de niebla densa que parecía una alfombra gris. Bajó el par de escaleras con desconcierto y dudas, miró alrededor y solo veía los árboles que emergían como garras. Se dirigió al pequeño templo, hacia donde había escuchado esa voz, susurrante y tranquila, contundente y terrible a la vez.
La llovizna se transformó en lluvia que poco a poco caía el agua con más fuerza. Al entrar en el templo dedicó una plegaria breve a las Fortunas de la Perseverancia y al Sufrimiento Voluntario, dio tres palmadas huecas para enviar sus rezos a los cielos.
Todo estaba oscuro pero Loto podía ver, vio una figura ante el icono de Ilmáter. Una sombra humana de baja estatura, encorvada y se apoyaba en un bastón. Se gira dejando el altar a su espalda mirando hacia el suelo.
- Loto.- La voz sonaba más fuerte y grave con el eco del templo. – ¿Por qué estás aquí?- preguntó en tono neutro.
-¿Maestro?- Preguntó de manera retórica pero asustada en cierto modo ante la sorpresa. –Usted me ha llamado.- Termina respondiendo a la pregunta confundida.
- No te he llamado, has venido tú por cuenta propia.- Contesta el Maestro y susurró algo para sí.
Loto entrecerró los ojos mirando la figura tratando de ver la cara al anciano.
-Usted me ha llamado senséi, me despertó de mi sueño con una voz lejana.- Aclaró su respuesta.
El lugar se iluminó de repente con una luz de un relámpago, haciendo la figura del Maestro fantasmagórica por un momento.
-Buscas respuestas Loto, siempre te has guiado por la intuición y no siempre me has creído. El poder dudar es señal de libertad de pensamiento.- Dijo enigmático el anciano.
-Sabes cuándo algo me inquieta tanto, que el propio viento arrastra tu voz hasta a mí. He escuchado ese susurro desde hace varias noches, pero ha sido ahora cuando he decidido saltarme la norma de no deambular por los pasillos por la noche.- Respondió con el ceño fruncido.-
Loto siempre ha visto al maestro Airoh como el padre que nunca tuvo. Sabía cuándo transmitía una lección, una chanza o una mentira por mucho que éste maquillara de enigmas y misterios sus palabras. Ambos tenían una conexión kármica entre sí, que ni el propio maestro nunca entendió ni supo dar explicación a aquella energía mística que los unía. De alguna manera el anciano sabía lo que inquietaba a su alumna.
La oscura figura de Airoh, señala un pequeño cojín del suelo que estaba detrás de ella, indicándole que se sentara.
-Ante El Mártir te contaré la verdad en aquello que siempre has dudado.- Dice señalando la figura de Ilmáter.- Pero tienes que entender que todo lo he hecho para protegerte de ti misma.
Es sabido en el monasterio de unos episodios de ira que Loto sufría, cuando se sentía atacada o contrariada. El Maestro inculcó disciplina muy severa y estricta en ella, para apaciguar el fuego que la sangre orca parecía encender.
-¿Qué le ocurrió a mi madre realmente?- Preguntó Loto sin rodeos con gesto hastiado.
-Te contaré lo que ocurrió con tu familia, pero has de estar en silencio.- Dijo en tono conciliador. El maestro se acomodó en otro cojín en la posición de seiza y comenzó a relatar.
“Procedes de un pequeño asentamiento de exploradores en las cercanías del Río Dessarin, a unas jornadas de viaje de Aguas Profundas. El padre de tu hermana Azalea, llamado Amildur, era un explorador experto de raza élfica. Tenía como némesis a un cacique orco llamado Logram Escupehuesos, en la que éste atacó el asentamiento al abrigo de la oscuridad y de una niebla densa.
"Se desató el caos y la destrucción, pues el factor sorpresa les daba ventaja a los orcos provocando así numerosas bajas.” Hizo un alto y suspiró largamente."
“Logram era un orco fuera de lo común, era fuerte, inteligente, astuto y quería hacer el máximo daño posible a Amildur. La refriega y destrucción era solo una cortina de humo al parecer, pues el cacique fue a buscar a tu madre… para engendrarte. El elfo estaba poniendo a salvo a tu hermana y le fue imposible defender su casa.”
A Loto se le empañaron los ojos de lágrimas, apretó la mandíbula y los puños, afilando así sus rasgos de orco. El Maestro se limitó a mirarla a los ojos con expresión severa, esperando no tener que actuar una vez más contra su alumna.
Dio un llanto ahogado, apoyó las manos en el suelo, dejando caer algunas lágrimas que éstas fueron iluminadas de nuevo con el fulgor de otro relámpago lejano. Parecía como si esa tormenta iba al compás del dolor que estaba sintiendo Loto.
Se incorporó de nuevo a su postura natural de seiza y respiró lenta y profundamente para calmarse. Entonces el anciano prosiguió con el relato.
“Entonces, cuando toda la refriega terminó, se alzó el sol al horizonte pudiéndose ver el rastro devastador de una lucha sin cuartel. Amildur convocó a todos los aliados posibles para ir tras la busca de Logram y poder matarle, pero la expedición duró unos largos meses, para cuando volvieron esos hombres, tú ya habías nacido. Tu madre Esmerelle te tenía en brazos cuando Amildur quiso dar una sorpresa de su llegada besándola. El elfo preguntó por ese bebé a la cual Esmerelle no supo qué decir e hizo el movimiento natural de defensa de toda madre, te abrazó más fuerte y te besó en la frente para que no lloraras. Amildur entró en cólera y sacó la espada en el acto, imaginándose lo que ocurrió meses atrás en la noche del ataque…”
-Mi madre me quería… ¿y… y dónde está ahora?- Preguntó con cierta prisa.
-Así es Loto, Esmerelle te amaba y te seguirá amando.- Contestó el Maestro e hizo una pausa para continuar.
-Maestro, ¿dónde está?- volvió a preguntar interrumpiendo antes de que el anciano reanudara el relato.
Airoh le miró a los ojos asintiendo.
“Tus padres rompieron su matrimonio, pues el orgullo y honor de Amildur se puso en entredicho. Esmerelle te trajo conmigo tapada en mantas en un moisés. Me dejó este papiro escrita por ella contando todo lo que te acabo de narrar, pues era su deseo expreso que te contara llegado el momento indicado… Le propuse una vida aquí en el templo, se quedó durante un tiempo para amamantaros, pero dijo que debía recuperar el amor de su vida, sin éxito. Se escucharon rumores, de que Logram Escupehuesos buscaba de nuevo a tu madre, para que te entregara a él, a la que Esmerelle no pudo hacerse a esa idea, sumado a que Amildur no quería entregar de nuevo su corazón a ella y… acabó quitándose la vida.”
Se volvió a escuchar y trueno, esta vez la tormenta estaba cerca y retumbó todo el recinto. Loto no supo reaccionar y se quedó mirando a un punto fijo sin decir nada.
El Maestro se acercó a Loto con premura al ver el estado en el que se encontraba.
-¡Loto, Loto!- Empezó a zarandear los hombros de ésta, la cual solo se limitó a mirar al maestro y sonreír levemente.
-Estoy bien Maestro, estoy bien…- Contestó queriendo aparentar normalidad.
Pasado un día ante el altar de Ilmáter orándole con pasión y espíritu, prometió que ningún inocente o persona que no pudiera defenderse, no sufriría como lo haría ella, sino que el sufrimiento ajeno lo portaría para sí sin importar de qué raza fuera.
La desdicha de Loto es ser la hija de un ser malvado. Se siente culpable de que su hermana semielfa Azalea tenga su destino sentenciado solo por el hecho de haber nacido.
El Maestro informó a las mellizas que los orcos están regresando y no les garantiza la seguridad de que el monasterio aguante un asalto y decidió con todo su pesar, enviarlas lejos de allí, para que Logram Escupehuesos no encontrara a su hija Loto.
El monasterio fue desalojado de alumnos, quedando solo los monjes guerreros y el propio anciano Airoh “Semilla Dorada” apodado por los monjes veteranos como La Tortuga Saltarina.
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