Malaventura
Perro de Dan
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28 de Alturiak de 1475 CV.
Bajo el influjo de la luna menguante
Bajo el influjo de la luna menguante
Charles Warren Eaton.
El negro manto nocturno se despliega inmenso sobre nosotros, que inconscientes nos abrigamos a su antojo. Burlamos su densa capa para robarle horas al sueño, bien sea como almas taciturnas que desean la soledad que les brinda, bien sea como almas latentes que bajo su protección buscan dar rienda suelta a amores prohibidos, pasionales y fugaces. Quizá la burla pretenda ser más dañina, hacer suya la piel de oscuridad desechando un manto que quitar y poner, para forjarse una piel perenne fijada a una mente ya perdida. Sea como fuere, todos nos encontramos bajo ese manto, donde reinas y descansas, donde brillas pulsante y magnánima, donde menguas cuando las fuerzas te fallan. Hoy quizá sea uno de esos días, pues menguante te observo y te cuento, con la esperanza de que no te fallen, de que no me fallen las fuerzas para lo que está por venir.
*La menuda figura de la semielfa, arrodillada en el claro del bosque se estremece al sentir una suave brisa acariciar su cuerpo apenas cubierto por una fina tela. La brisa vira de rumbo permitiendo a la luna deshacerse de la nube que la ocultaba mostrando su figura menguante, pequeña y tan hermosa, en una clara llamada hacia la sacerdotisa que alza la mirada al cielo extasiada ante su belleza y agradecida por permitirle contarle sus vivencias una noche más.*
Querida Dama, echaba de menos nuestras conversaciones. Hacía ya demasiado tiempo. Desde que llegué a la Universidad de Edive, mis paseos y desvelos nocturnos han sido escasos y nuestras charlas, se han vuelto más esporádicas.
Empiezo a desliar algunos de los velos que cubren mi camino, a encontrarlo y a encontrarme. Comienzo a entender la causa de viajar tan lejos de mi hogar. Comprendo que necesitaba curtirme, que los muros del templo y la placidez de Lunargéntea no iban a ayudarme a forjar el carácter que necesito para esta empresa. Eso lo entiendo, la inocencia debe quedar atrás y que mejor que estas tierras donde los lobos no son aquellas imágenes de seres argénteos con los que bailar en el claro, sino criaturas enfermas, hambrientas y salvajes. Los hombres no son serviciales caballeros que ayudan a una dama en apuros, más bien son cruentas versiones de oscuridad que bajo una capa de mentiras ocultan deseos lujuriosos. Son tierras donde los intereses de unos pisotean los de otros con avaricia y sin embargo, es aquí donde quiero estar, es aquí donde comienza mi camino, mi viaje. Viaje con el que tratar de devolver el esplendor que mereces, la luz en las horas más oscuras.
*Un nuevo virar de la brisa mece con delicadeza los rojizos cabellos de la muchacha, enredándose en el medallón con forma de luna llena que pende de su cuello desnudo.*
Mi viaje comienza ahora, y no creo que sea casualidad tras los sucesos acontecidos en la Arcanum, ni que aquello coincidiese con el apoyo de la Suma sacerdotisa Ilfana. Suyo es el consejo, suyo es el apoyo y la confianza, mía es la ardua tarea y mía es la voz que la pregonará bien alto. Solamente espero estar a la altura. Tu luz me da esperanza, tu sonrisa contagia la mía y con ella, la compañía: Una lunática, una baila lunas y un tartaja.
*Una densa nube cubre la luna, la oscuridad impera en la noche y el viento azuza entre los árboles proyectando silbidos quejumbrosos que se cuelan entre sus ramajes y que acompañan las últimas palabras de la semielfa. La muchacha se pone en pie, cubre su cuerpo tembloroso con su capa colocándose la capucha y echa a andar con paso raudo hacia los muros de la Universidad.*