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Medianoche tras la mascarada

Txapelman

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Dramatis Personae​

Barón Mortuus, el sempiterno (Julio)
Un imponente y regio liche, devoto o aliado del Hechicero del Murkul. Su fisionomía carece de toda carne viva, presentándose como un cráneo completamente descarnado y pulido por el tiempo, en cuyas órbitas vacías resplandece un fuego gélido y calculador. Viste fastuosas túnicas de un azul profundo y desgastado con pesados brocados dorados, lleva una elaborada diadema de oro engastada con gemas oscuras sobre su frente y empuña un cetro rematado en runas prohibidas junto a un orbe místico capaz de absorber la luz. Domina las artes de la alta nigromancia, el conocimiento imperecedero y posee la facultad de alzar cadáveres para transformarlos en seres no-muertos conscientes.

Krom Durraugh (Agosto)
Duérgar rudo del clan Durraugh, dotado de una gran resistencia física, un peculiar sentido del humor y una total disposición para abrirse paso a hachazos.

Shakti Melarn (Agosto)
Hembra Drow mercenaria de afilados instintos y carácter socarrón, que dirige con mano firme los pasos de Zazi y demuestra una notable destreza letal en el combate cuerpo a cuerpo.

Zazi de los Melarn (Agosto)
"Desconocido" (¿macho?) Drow de modales educados, vinculada a Shakti y de aspecto frágil, que ejerce labores de apoyo místico aunque suele sufrir los mayores peligros.


Adrasteia (I)
Una misteriosa mujer humana de cabello azul y representante de la organización de los Rundeen. La acompaña una misteriosa mujer, a la que no perder de vista.

Arok (J):
Un ogrillón de complexión enorme y pasos pesados que pertenece al ejército de Murann. Posee un temperamento tosco pero dispuesto al diálogo con los recién llegados, saluda bajo la consigna militar de "fuerza y honor". Es un artesano y herrero que trabaja en la forja de la ciudad, comerciando con armas y ofreciéndose a fabricar armas.

Avakot el Impredecible (I)
Un vehemente, errático y peligroso humano que posee una condición física escultural y un magnetismo especial casi palpable. Es un brujo arcano. Su alma no le pertenece por completo, ya que se encuentra en una disputa mística debido a un pacto infernal con Lady Seralyth de las Cadenas Carmesíes (oriunda de Melborg y primera sirviente de la Archiduquesa de la Oscuridad, Glasya, hija de Asmodeus). Actúa además como cazador de magos díscolos al servicio de la Torre Negra.

Borghol (I)
Un Rundeen y consejero del imperio de Murann. Es un combatiente orgulloso y seguro de sus capacidades físicas, afirmando sin dudar que es el más fuerte del consejo y que ya ha derrotado a otros oponentes de renombre como Sondakur. Muestra un temperamento pragmático y militar, aunque saluda con respeto las nuevas incorporaciones al ejército.

Dahlia Mortem (La Dama Roja) (I)
Mujer extranjera. Posee el estatus de noble y destaca por su cortesía formal, aunque despierta suspicacias por su tendencia a ofenderse con facilidad y por utilizar su "influencia" y conexiones con la nobleza local, en lugar de la fuerza directa, para forjar alianzas estratégicas.

Garok Korthgar (II)
Mercenario humano de actitud parsimoniosa que no suele frecuentar la ciudad. Es un combatiente experimentado y osado que lleva un parche en el ojo, viste grebas y confía plenamente en su destreza con la katana. Rechaza injertos oculares mágicos, prefiriendo dejar atrás lo perdido, y acepta encargos de conjuradores, siempre que la paga sea justa.

Gudrunn (II)
Un enano con el rango de Déspota dentro del Imperio de Murann. Muestra un temperamento pragmático y militar, aunque prefiere mantener una distancia prudencial cuando los gigantes o criaturas de gran envergadura discuten entre sí.

Issharai Vaelzry (I)
Una astuta y peligrosa mujer de naturaleza no del todo humana, vinculada a los yuan-ti, que posee unos característicos ojos serpentinos y una mirada predatoria. Muestra una personalidad sibilina, vanidosa y de un humor refinadamente cruel, interesada en el control de presas vivas y en la obtención de favores de combatientes hábiles.

Kalzhizid el Sabio de Gehenna (II)
Mago y erudito miembro de la Torre Negra. Oculta su rostro bajo una máscara de color ceniza con líneas de óxido metálico y un velo sombrío sobre sus ojos. De carácter pragmático, condescendiente con las razas salvajes y amante del conocimiento, prefiere los semiplanos y los laboratorios antes que los asuntos militares o los ejércitos.

Krap (II)
Un peculiar ogro. Posee un temperamento primitivo, glotón y bufonesco, mostrando gran interés por la comida, las sustancias estimulantes y el adiestramiento de trasgos, lo que divierte a los presentes a pesar de su tosquedad.

Kroeln Morgyaaz Vreidk (I)
Gigante hembra, de fuerza descomunal y naturaleza aterradora que merodea por los alrededores de Murann. Posee una gran estatura. Muestra una conducta extremadamente violenta y despiadada, llegando a mutilar a sus víctimas a bocados sin el menor titubeo.

Miruh (II)
Una mujer de estatus inmortal y Gran Maestra de la Torre Negra.

Nyxeris Hex (I,II)
Una hechicera o estudiosa del Arte de raza ¿humana?, cuya piel resalta por una marcada palidez y un notable carisma físico. Posee tatuajes mágicos que asoman por las zonas expuestas de su cuerpo, compuestos por símbolos e idiomas no humanos, vinculados a la Urdimbre. Su nombre real, Nyxeris, es una palabra antigua utilizada para referirse a la magia oscura y comparte raíz con la noche. Por otro lado, su sobrenombre, Hex, procede directamente de su relación y devoción hacia la diosa oscura Shar, una deidad entre cuyos fieles es costumbre otorgar esta clase de apelativos.

Sondakur (II)
Es un Oni Comandante de los ejércitos del Imperio, destructor de Imnescar y heraldo de Vaprak. Un implacable y veterano devoto de la filosofía de la sangre y la gloria. Muestra un profundo desprecio por los fisgones, los débiles y la burocracia, priorizando el adiestramiento militar severo, los calabozos y el combate directo en las pruebas de carne. Porta una máscara de huesos. Ojos de pupilas carmesí, un tono sombrío y una risa estridente. Actúa con aires de superioridad extrema, exigiendo sumisión y ofreciendo una marca de perdón a quienes se unan a su culto, mientras amenaza con la muerte a quienes lo rechacen. Es capaz de evaporarse en el viento.

Rashid Zrelli (Ra) (I)
Un tiefling que merodea portando una bola de cristal. Posee una actitud marcadamente guasona, teatral y chancera, actuando de forma bufonesca y melodramática para rebajar la tensión. Acompaña a Medianoche a la Torre y, posteriormente, lo guía hacia las afueras para poner a prueba sus habilidades.

Vaelor Sangrevil (I)
Un expresivo recluta humano que jura fidelidad al Imperio bajo la recomendación de Braulio. Es un devoto seguidor de Bhaal que ansía la llegada de la guerra para derramar sangre en combate de primera línea, mostrando un profundo desprecio por la cobardía o por los métodos políticos que evitan el enfrentamiento directo.

Velaxa (II)
Criatura feérica de otro mundo y maestra de las artes ocultas de la Torre Negra, cuya verdadera apariencia destaca por una piel de plata marmórea, rasgos sumamente delicados y una mirada chispeante, dorada y vacía. Viste ropajes espectrales que asemejan un lienzo de estrellas oscuras y posee la capacidad de disolverse en enjambres de mariposas negras. Su personalidad es socarrona y sumamente astuta, exigiendo de sus alumnos obras que la sorprendan y valorando con extrema seriedad las promesas feéricas.

Velstadt (II)
Recluta y aspirante a aprendiz en la Torre Negra cuyos datos previos se actualizan. Se muestra sumamente motivado, entusiasta y propenso a perder los modales al mostrar sus ideales sobre la nigromancia. Sufre de unas marcadas agujetas que entorpecen sus andares, pero mantiene un gran respeto hacia las jerarquías y la Maestra Velaxa, a quien aspira a impresionar en el futuro con sus estudios.
 
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Mayo
Parte I

El viaje por mar llegó a su fin, cuando el navío atracó lentamente en los muelles de Murann. Al descender, el impacto de la ciudad en mis sentidos fue como una brutal patada en el estómago, el aire denso y saturado apestaba a una inmundicia insoportable. Los muelles, atestados por orcos de miradas brutales, trasgos que correteaban entre las cajas y corpulentos ogros cargando enormes moles, eran los anfitriones, y el chasquido de los látigos contra los esclavos sometidos, componían la fanfarria de bienvenida.

Con mi capa ceñida como única barrera ante las miradas indiscretas, avancé por la pasarela bajo la atenta mirada de un grupo de drows, bajo el mismo pabellón. Sabía que tocaría bregar con ellos, pero eso sería en otra ocasión, y me interné de manera errática por los callejones colindantes al puerto para reconocer el terreno.

Esquivando carromatos destartalados, observaba de reojo las imponentes y lúgubres siluetas de las estructuras de piedra que se erigían de entre la niebla y las humeantes piras de cadáveres, me adentré lentamente en el corazón de aquella gran urbe gobernada por las bestias.

Tras una exploración rápida e inicial por el lugar, mis pasos me condujeron a una joyería mística donde varias runas arcanas flotaban y giraban suspendidas en el aire. Al oír entrar a varias personas, me giré y guardé mi bolsa de dinero de forma suspicaz, apartándome de la comerciante para evitar problemas tan pronto.

Allí entablé conversación con una humana de cabello azul llamada Adrasteia, acompañada por otra mujer. Mis respuestas, eran la cautela, mi acento exótico, mi carta de presentación. Al notar que yo estaba visiblemente desubicado en el lugar, me explicó que en el Imperio de Muranndin todos servían si demostraban utilidad.

Mi interés por hallar conocimiento arcano, hizo que revelase ser de los Rundeen y me propuso afiliarme a la Torre Negra, ofreciéndose a guiarme a cambio de mi tiempo para futuros asuntos.

Durante la visita guiada, un imponente ogro de la patrulla del ejército avanzaba implacable. Un encuentro fortuito ocurrió, un tiefling llamado Rashid Zrelli que merodeaba con una bola de cristal. Se presentó con ademanes coquetos, y aunque lo contemplé con mucha suspicacia al saberme receptor del consejo de un tiefling, la charla se interrumpió por la brusca aparición de Avakot el Impredecible. Este, demandó saber sobre mí, antes de que se nos tragasen las sombras.

Ra y yo, Aparecimos de golpe en un oscuro y gélido interior. Allí, el humano me sometió a un apresurado interrogatorio sobre mis intereses y mis habilidades, mientras el tiefling me susurraba consejos sobre cómo actuar ante él, yo me limité a responderle, directamente con parquedad. Anotó algo en un pergamino, decretó de tajante que recibiría una respuesta en unos días y nos ordenó salir del recinto.

Las sombras volvieron a engullirnos, sin apenas darme tiempo a reaccionar y aparecimos en el puerto. Nadie pareció importarle nuestra aparición, todos nos ignoraban, bien sea por temor hacia mis compañeros, bien por evitar llamar la atención, cómo único medio de supervivencia. La pareja acabó marchando a atender sus importantes asuntos, que no atañían a alguien que no ha demostrado aun su valía en el lugar.

A solas con Ra, este me propuso poner a prueba mis capacidades guiándome hacia una zona afectada por una plaga a las afueras. Al llegar a las inmediaciones de lo que parecía ser, el inicio de la entrada a una mina, era realmente un descomunal hormiguero, una vez dentro, nos topamos con una agresiva incursión de insectos gigantescos, a los que mi acompañante y yo, acabamos por exterminar.

Una vez mostrados mi poder y mis habilidades, ya sólo quedaba buscar un lugar seguro, donde descansar, esperar noticias de la Torre Oscura y comenzar a desvelar la mascarada.
 
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Mayo
Parte II

Mi primer día sobreviviendo en Murann. Recorrí nuevamente erráticamente sus calles. Mis pasos me llevaron primero ante un trasgo que comerciaba sin hacer preguntas y, poco después, ante una aprendiz duergar. Allí mismo, el déspota Kreinn me habló con orgullo de Dunspeirrin.

Continué mi exploración adentrándome en la Cofradía de Alquimistas de Murann, donde un huraño investigador me advirtió severamente que no tocara sus tubos de ensayo.

Me encaminé hacia las sombrías calles del Túmulo. Allí, un anciano encorvado y de mirada velada llamado Walthz me previno sobre la Torre de Shangalar, una imponente estructura que recortaba el cielo como una mano negra y que pertenecía a un liche aliado con el Hechicero del Murkul. Tras escuchar sus lúgubres advertencias, decidí alejarme de la zona.

Al salir de la ciudad, para explorar los alrededores, me adentré en unas minas cercanas. Oculto entre las sombras y manteniéndome al margen para asegurar mi supervivencia, observé cómo una gigante, se enfrentaba con violencia contra otro ser de similares proporciones.

Ella, triunfante, lo aferró firmemente por el pescuezo y, acto seguido, mordió la mano de su presa muerta, arrancando uno de los dedos de victima, antes de dejar caer el cuerpo inerte contra el suelo.

La demostración de salvajismo, llevada a cabo por la descomunal figura, me recordó lo peligrosos que son los supuestos "aliados" con los que compartiré estas tierras, me retiré en silencio, antes de que se diera cuenta de mi presencia, y alguno de mis dedos, fuera el postre de su victoria.
 
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Mayo
Parte III


Regresé a Murann, tras conseguir realizar unas compras que no pude conseguir en la propia ciudad de las bestias, a las afueras. La discreción que tanto me esfuerzo en mantener se vino abajo cuando una silueta emergió de entre el trasiego de trasgos y seres gigantes del sendero. Sus únicas palabras, con su característica y molesta arrogancia, fueron:​

"Te estaba esperando. Pagué para que te siguieran"

La revelación de que mis movimientos estaban siendo vigilados, me hizo ponerme en tensión, obligándome a mirar atrás con cautela, buscando las sombras que tanto temía.

Sin embargo, no hubo tiempo para el reproche o la huida, con una sentencia lapidaria, Avakot, desgarró la realidad, y la curiosidad me impidió oponerme a ello.​

"Vamos a la torre, el maestro te espera"

Dejamos atrás el camino terrenal para cruzar el plano de lassombras, un atajo lúgubre que nos transportaría directamente ante los dominios de su imponente y misterioso señor.

Allí, estuve aguardando, en el interior de la Torre Negra, cuando Avakot se retiró de la estancia para buscar a su maestro. Una mujer de apariencia cuidada, Nyxeris Hex, hizo acto de presencia, una estudiosa o innata, vinculada a una deidad apenas mentada, y cuyos tatuajes delataban cierta predilección por el Arte, intentó indagar con astuta diplomacia sobre mi persona. No obstante, la conversación se vio interrumpida cuando un imponente ser, descendió finalmente por la escalinata.

Rodeado de un aura de muerte y antigüedad, el Barón Mortuus infundía el pavor que los mortales suelen asociar con los mitos más oscuros del Murkul. Se trataba de un liche, un ser inmortal que había despojado de su alma todo rastro de carne viva para abrazar la fría eternidad de la muerte.

Su aspecto era sobrecogedor e imponente. Envuelto en fastuosas y pesadas túnicas de un azul profundo y desgastado, ribeteadas con pesados brocados dorados que denotaban una nobleza ya marchita por los siglos, el liche se alzaba como un monumento a la decadencia del poder. Lo más perturbador de su fisionomía no era la ausencia de piel, sino su cabeza, un cráneo completamente descarnado, donde unas órbitas vacías resplandecían con un fuego interior. Sobre su frente descansaba una elaborada diadema de oro engastada con gemas oscuras, un símbolo de su estatus soberano sobre los no-muertos. Sus manos, cuyos huesos sostenían con firmeza un cetro rematado en runas desconocidas y un orbe que parecía absorber la poca luz de la estancia. Con una voz que resonaba como el crujido de hojas marchitas y que carecía de cualquier calor humano, me habló con un orgullo regio de los sombríos designios que se gestan en estas tierras.

En la conversación, los presentes intercambiaron opiniones sobre las aptitudes de los que buscan el Arte y la particular naturaleza espontánea del poder. Tras recibir la advertencia de estar pendiente y disponible para una próxima lección, abandoné el lugar manteniendo mi semblante sereno bajo la máscara, evalué el peligro de compartir alianzas con entidades que juguetean con hilos tan peligrosos entre la eternidad, el infierno y la propia no-muerte, pero ese sería el precio para obtener el conocimiento que tanto ansiaba.​

 
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Mayo
Parte IV

De regreso a los dominios del Imperio, el murmullo de la ciudad se tornó en un escenario de intrigas políticas entre los soldados y consejeros del lugar. Apartado del grupo, aprovechando la sombra de un pilar cuidaba de no exponerme a los molestos rayos del sol.

Un hombre de armas llamado Vaelor Sangrevil, recién incorporado a las filas tras hablar con alguien llamado Braulio, se presentaba con orgullo ante Borghol, un enorme consejero del imperio de la organización Rundeen, quien presumía de su fuerza inigualable frente a otros campeones.

A la conversación se unía la Dama Roja (Dahlia Mortem según pude averiguar más tarde), que ostentaba una actitud noble, y la sibilina Issharai Vaelzryth, cuyas palabras destilaban una mezcla de diversión y velada amenaza mientras aconsejaba al resto de presentes.

Empecé a sentir un frío extraño, a pesar de que en la plaza llegaba el calor del sol, el Barón Mortuus hizo acto de presencia, infundiendo ese respeto que solo los de su condición logran emanar. Tras una respetuosa inclinación de mi cabeza, el liche se aproximó para transmitirme un encargo de forma confidencial. Apenas nos separamos, cuando llegó Avakot el Impredecible quién avivó los debates sobre el destino de los próximos movimientos expansionistas del consejo, en la que Issharai defendió el valor de sus propios informes ante el escepticismo de los allí reunidos.

La conversación derivó hacia los rumores que envolvían a la Dama Roja, la verdadera importancia radica en que forja sus alianzas llevando a sus aliados a la cama, vendiendo su sexo para ganar favores y generar fuertes conexiones con la nobleza local. Se dice, que ha procreado con más hombres de los que ha asesinado. También se comentó que no es fuerte por sí misma, si no que obliga a otros a luchar por ella. Parecían concluir que de alguien que se hacía llamar la Dama Roja, se esperaba que con dicho nombre, fuera algo impresionante, ya que esos métodos se parecen más propios de sunitas o diabolistas, mientras que, dependiendo de para quién, el sexo es un precio bastante barato para conseguir lo que se quiere.

Asegurando el broche de mi capa, me despedí de los presentes con la firme intención de emprender mi camino hacia la Torre Negra, para atender el recado encomendado.
 
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Junio
Parte I

De regreso a la plaza, tras arreglar mis ropas, el ambiente se encontraba agitado por la lpresencia de Adrasteia, el errático Avakot y el enano Gudrunn, quienes discutían sobre tramitaciones imperiales y las celebraciones en los barrios de Amn. Alguien llamado Arok formalizaba su licencia ante el consejero Borghol mientras la gigante Kroeln Morgyaaz observaba en silencio.

Decidí incorporarme al grupo de forma discreta, manteniéndome al abrigo de un dintel raído por el clima para evitar llamar la atención mientras desconocidos como Ephrias, Malakar o el arcano Velstadt se abrían paso a través de la llovizna.

La llegada del Barón Mortuus interrumpió las disputas cuando el liche congregó a los aprendices arcanos para ofrecerles un antiguo grimorio de brillo morado, imponiendo la condición de conseguir un poco de ceniza funeraria. Advertido por la sibilina Nyxeris Hex de que la tarea no sería cooperativa, me despedí de la comitiva y abordé con presteza un navío de los Rundeen con destino a la Costa Sur de Athkatla.

Tras sortear un violento asalto marítimo y adentrarme en un peligroso cementerio plagado de no-muertos, logré hacerme con un par de tomos mohosos en las criptas locales con la esperanza de sirvieran para apaciguar al Barón por no haber podido encontrar los ingredientes solicitados.

Regresé en barco a los dominios de Murann, donde el Barón Mortuus recompensó mi diligencia, aún a pesar de que otros se me habían adelantado.

La atmósfera se volvió tensa para mí por la presencia de la Maestra Velaxa, un ser feérico. Sabiendo que la sombra de una Saga puede ser el peor enemigo para los de mi condición, utilicé la imponente anatomía de la oni Kroeln y los pilares de las estructuras de la plaza para evitar su atención.

Velaxa desplegó un discurso hipnótico hacia Ephrias y se enzarzó en un sibilino juego de provocaciones con Avakot, quien la tachó de reina de las hadas antes de que ella se desvaneciera en una densa turba de mariposas negras. Kroeln Morgyaaz, se presentó como Guardiana del suelo sagrado, desatando murmullos entre Gudrunn y Borghol sobre las jerarquías y las uniones reproductivas dentro de las legiones del Imperio.

Las chanzas decayeron cuando Borghol recordó a los presentes la proximidad de una justa en la arena de Murann destinada a lanzar trasgos al agua, provocando las risas divertidas de Nyxeris sobre la puntería de los allí reunidos.

Con el cansancio haciendo mella en la plaza y los maestros arcanos dispersándose mediante artes de teletransporte hacia la Torre Negra, aproveché el revuelo generalizado para retirarme en silencio.
 
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Junio
Parte II

Fui a la concurrida plaza de esclavos de Murann, rodeándola para dirigirme hacia el puerto. Me encontré con Nyxeris Hex quién hablaba con otro hombre. La llegada de Sondakur, quien comenzó a interrogar con dureza a los presentes sobre sus logros y sus intenciones en el puerto. Llegó Krap para interrumpir con sus chanzas sobre el olor a incienso y algunas hierbas de mis ropas.

Las conversaciones se centraron en varios subgrupos, cuando el recluta Velstadt se abrió paso portando su bastón para anunciar que el Guardián Braulio daría inicio a la temida prueba de carne en el cuartel, advirtiendo que no se permitirían espectadores. Ante la orden de movilización, los soldados y los altos cargos abandonaron la plaza, dejándonos a los que no estábamos en el ejército. Fue en ese momento cuando Kalzhizid se presentó.

Las conversaciones sobre organizarnos para realizar algo para la Torre Negra, fue interrumpida por la imponente llegada de la Maestra Miruh, quien cruzaba la plaza sin reparar en principio en nosotros. Se debatió sobre la exclusión de público en el coliseo, indicándonos que ella estaría presente. Sin más que hacer, decidí que era el momento oportuno para retirarme.
 
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Junio
Parte III

Llegué a los muelles de la ciudad, un área abierta y expuesta al implacable viento, que mecía el velamen de los barcos atracados. Allí coincidí con dos drows, quienes, al igual que yo, se resguardaban de la claridad bajo sus capuchas y contra las fachadas. Al notar que eran recién llegados y que no portaban glifos de ninguna gran casa, la curiosidad me llevó a entablar una breve conversación con ellos. Admitieron andar en la búsqueda de oro y fortuna, ante lo cual les sugerí que tal vez les interesaría acercarse a la protección de Bregan D'aerthe, el grupo de los suyos que opera en este lugar.

La charla se vio interrumpida por la llegada de Arok, un enorme ser, que rompió el ambiente con sus gruñidos y sus preguntas sobre si tramábamos algún asalto. Ellos negaron tramar nada, al contrario de lo que yo mismo diría, mientras el gigante mostraba diversas hojas cortas y se ofrecía a fabricar estoques o espadas largas en su forja si conseguían los moldes necesarios. Trataron de indagar sobre mis propios intereses y si pertenecía a alguna facción, tras algunas evasivas por mi parte, acabé señalando la inmensa Torre Negra, recordándoles de forma sibilina que lo que ocurre en dicho bastión se queda en sus muros.

La tensión se incrementó de forma palpable con la llegada del Barón Mortuus. Este observó la abundancia de drows en la zona y corroboró con frialdad que la ambición de riquezas es lo que mueve a todos los que pisan Murann, menos yo, mis intereses eran otros, y el nivel de desconfianza hacia mi persona, aumentó.

A la reunión improvisada también se unieron brevemente Velstadt y el enano Gudrunn. Al notar que los drows continuaban discutiendo con el artesano sobre materiales costosos y futuros beneficios, y sintiendo que llevaba mucho tiempo parado en un mismo lugar, opté por solicitar silenciosamente el permiso implícito del liche. Sin más asuntos que me retuvieran con los recién llegados, decidí que era el momento oportuno para dar un paso atrás, retirarme hacia la seguridad de la tarde y dejar que continuaran con sus planes personales.
 
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Junio
Parte IV

La tarde llegó mientras veía a los esclavos lamentarse en la plaza de Murann. El hastío se rompió al llegar la colosal e imponente figura de Arok, el ogrillón. El enorme ser, motivado por un primario apetito de carne y oro, se encontraba organizando una batida de caza mayor hacia los peligrosos humedales de la Costa Sur. A la comitiva se sumó Nyxeris Hex, ansiosa por encontrar algo que hacer frente a la inactividad cotidiana, mientras que Velstadt declinó participar, prefiriendo quedarse en la plaza recuperándose de sus dolencias físicas.

Tras abonar el pasaje a los Rundeen, embarcamos rumbo a nuestro destino. Una vez alcanzada tierra firme, la travesía se transformó en violencia sangrienta. El avance por las ciénagas se cobró la vida de numerosas patrullas de trasgos, gnolls y orcos que osaron cortarnos el paso. La brutalidad destructiva de Arok guiaba la vanguardia, un frenesí tan imparable que por momentos inspiraba más temor que las sombras del bosque.

El peligro escaló al vernos emboscados por líderes locales. El choque más encarnizado aguardaba en el corazón del pantano, donde nos batimos contra una colosal Hidra de diez cabezas. Los feroces e interminables ataques de la bestia mutilaban la carne del que osara atacarla. Finalmente, la criatura mordió el polvo. La última parada, fue la cueva de los minotauros, donde pusimos pies en polvorosa.

La expedición concluyó con el retorno a los suburbios comerciales de la ciudad, en la zona de venta de esclavos. Tras un intercambio de agradecimientos y la promesa de futuras expediciones, nos dispersamos buscando el descanso que un día tan sangriento demandaba.
 
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Junio
Parte V

Me encontraba en la plaza de los esclavos de Murann, poniendo a resguardo las nuevas adquisiciones, cuando atisbé una silueta alada e hizo que diera mediavuelta, topándome con Garok, quién se acercó a la pareja formada por Velstadt y la maestra Velaxa. El mercenario, un hombre curtido que portaba un parche en su rostro, mantenía un intercambio de palabras con ellos, demostrando el aplomo propio de los que confían en el filo de su espada antes que en los rodeos de la cortesía humana. El interés viró pronto hacia las habilidades del combatiente, ofreciéndole una escarcela colmada de monedas a cambio de una cita al oscurecer en los reservados del Elfo Asado para encomendarle una tarea.

Tras sellar el trato con el mercenario, la atención de la llamativa mujer se centró en mi presencia, a pesar de intentar mantener las distancias. Cuestionado por mi cautela, respondí con una respetuosa reverencia en un intento de no avivar más su curiosidad.

Nos instó a Velstadt y a mí a acompañarla hacia la Torre Negra. Cruzamos el imponente puente de huesos, momento en el cual les perdí de vista, debido a la prisa que tenían de llegar a su destino. Tuve que buscar en que dirección fueron, hasta que logré encontrarlos en la fría sala de estudios del bastión. Las antorchas de fuego argénteo se encendieron al unísono para reconocer la llegada de la maestra, obligándome a buscar el rincón más oscuro y apartado de las estanterías para guarecerme de la luz.

Una vez en el interior del aula, la mujer demandó que alguno de nosotros realizara una obra capaz de sorprenderla si deseábamos obtener una recompensa digna de su gracia. Se centró en Velstadt el que parecía llamarle la atención, yo aproveché, para recolocarme en mejor posición entre las sombras. El hombre se apresuró a exponer su devoción por los secretos que aguardan tras el velo de la muerte y el silencio de las criptas, aunque aclaró con osadía que prefería demostrar su valía a través de futuras acciones y no con promesas apresuradas.

Mi atención en el debate se vio interrumpido cuando la maestra conjuró una intensa luminiscencia, forzándome a desplazarme con cautela entre los pilares de piedra en busca de una sombra. Viendo que el encuentro se prolongaba, aproveché lo absortos que estaban entre los dos, para retirarme en silencio hacia la salida.​
 
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Junio
Parte VI

Hacía un sol insoportable, me tapaba como podía con el sombrero y ajustaba continuamente la máscara, mientras pasaba el rato en el puerto. Allí me crucé con Nyxeris y, ofreciéndola ir a algún sitio juntos. Ella me dijo que buscaba guerreros para dar caza a una Rakshasa, una ser que resultaba ser inmune a la magia. Cuando me le ofrecí mi ayuda, me miró de arriba abajo y me soltó de forma muy directa que alguien como yo, no le serviría de nada contra ese ser.

Ya me enfrenté a un ser como ese, con muy buen resultado, si no, no estaría aquí contando, así que no insistí porque me bastó una negativa por su parte, pero me dejó pensando. Su rechazo me demostró que en un sitio como Murann las sutilezas no sirven. Aquí mi valor no se mide con dinero, sino por lo útil que seas en combate, y está claro que para los veteranos de la Torre Negra todavía tengo que demostrar mi valía.

Al poco rato apareció Velstadt con su bastón, tan motivado como siempre. Nos pusimos a hablar de conjuros. Miré en mi macuto para ver si tenía algo que pudiera serles de utilidad, pero qué va, ya lo había vendido todo hace tiempo. Velstadt empezó a hablar de que le gustaría conocer los cementerios de Ímnescar y Athkatla para buscar botín, y viendo que Nyxeris prefería quedarse esperando a guerreros de verdad en vez de ir conmigo, decidí que ya había tenido suficiente. Me toqué el ala del sombrero a modo de despedida y me largué solo hacia las sombras del puerto a buscar un sitio más tranquilo.​
 
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Junio
Parte VII

Al entrar en la Torre y tras ser rechazado inicialmente apenas bajé de los escalones, ya que no tenía los permisos pertinentes, decidí dar un paseo por la ciudad, que últimamente estaba muy tranquila, debido a que una expedición partió a la infraoscuridad. Me encontré con Velstadt y El Barón Mortuus, cuya imponente presencia descarnada infunde respeto, entabló una profunda conversación conmigo sobre la sutil frontera que divide a los vivos de los muertos, mientras le acompañaba a la Biblioteca del lugar.

Frente a las estanterías cargadas de tomos, algunos de ellos, firmados por los propios maestros, expuse entre varias cuestiones, mi perspectiva sobre la existencia como una rueda en constante movimiento, ganándome el elogio del liche, quien me reveló que el c conclave de maestros ya me consideraba formalmente un aprendiz de pleno derecho. En medio de la conversación se unió Kalzhizid, un desconocido enmascarado que aportó sus visiones pragmáticas sobre las energías vitales.

La llegada de la Maestra Miruh dio por finalizado el debate filosófico. Con una actitud sibilina y una mirada que atrapaba el vacío a través de sus sombras, se aproximó a mi posición para evaluar lo que yo tenía interés entre los libros.

Decidí que era el momento oportuno para retirarme, alegando la necesidad de descanso propia de los seres vivos. Me despedí con una elegante inclinación antes de ajustarme la máscara. Me alejé de la biblioteca para buscar el camino de salida hacia la tranquilidad de alguna posada.​
 

Txapelman

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Junio
Parte VIII

La llegada de la Maestra Miruh apenas era un susurro en el eco de los pasos de los vigilantes. Avancé cruzando el puente de huesos para adentrarnos en el Ágora. El saludo inicial, un protocolario movimiento de sombrero que acabé con un filigrana en el aire, marcó una distancia prudencial que la vampiresa no tardó en invadir, escrutándome con colmillos al descubierto tras su velo sombrío.

La seguí en silencio, tras aquella silueta perfecta que parecía desvanecerse entre las sombras de los pasillos, hasta que llegamos al lugar más importante para mí, la Biblioteca. En aquel recinto bendecido por saberes prohibidos, buscaba respuestas sobre los orígenes de las maldiciones, esquivando con prudencia las esferas flotantes del lugar.

Ante la inmutabilidad del Maestro Ukume, me dirigí al mismo, invocando el respeto debido al ego del antiguo custodio. Seguro que mi diplomacia y carisma hubieran sido insuficientes sin la intervención de la Maestra, quien, divertida por mi osadía se apiadó seguramente de mi nerviosismo. Le había pedido algún libro con información sobre las maldiciones, sus orígenes.

Hizo descender mediante artes arcanas un tomo purpúreo escrito en sus días mortales y un trato fue puesto sobre la mesa. El conocimiento a cambio de un simple corte, una muestra de vitae fresca. Me negué a ello, sin conocer el valor real de lo obtenido, preferí hacer una contraoferta con la promesa de un resumen propio, creo que me gané de forma inesperada el favor de la dama.

Al abandonar la estancia con la escolta de la Guardia del Emperador, el peso de la presencia inmortal pareció disiparse en cuanto puse un pie fuera del recinto de la Torre.

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Junio
Parte IX

Llegué a los muelles del puerto de Murann con el único propósito de concretar ciertos negocios con un contrabandista, pero según llegaba al lugar de reunión, pude vislumbrar la silueta de Arok, apenas pronuncié el nombre de Arok, fui testigo de lo que era normal en la ciudad.

Sin mediar palabra ni explicación alguna, Arok se abalanzó con violencia contra un gnoll que se encontraba en las inmediaciones, desatando una brutal demostración de fuerza física que me obligó a apartarme con rapidez para no ser arrollado por su violenta embestida. Confiando en mi sentido común y manteniéndome alerta para reaccionar ante cualquier daño colateral en el que me viese involucrado, me alejé paso a paso sin darles la espalda, hasta ponerme a una distancia segura, para observar la disputa.

El salvajismo de la escena escaló rápidamente cuando el gnoll, se enrabietó al verse superado en el primer forcejeo, lanzando feroces dentelladas al aire mientras profería gritos y risas completamente desquiciadas. La criatura se movía impulsada por un instinto puramente animal e irracional, bufando y ladrando con una rabia primitiva que delataba su incapacidad para razonar como un ser civilizado. Permanecí inmóvil, midiendo cada uno de sus espasmos.

La confrontación comenzó a zanjarse cuando Arok, haciendo gala de su intimidante presencia, emitió un gruñido ensordecedor que aplastó cualquier atisbo de resistencia en el ánimo de la bestia, amenazándolo con hacerle tragar los dientes si osaba lanzarle otro mordisco. La sanguinaria mirada de Arok y la sumisión forzada del gnoll, que comenzó a retirarse paso a paso sin apartar sus ojos del rival, dejaron en claro que el puerto se había convertido en un territorio hostil e impredecible para los negocios discretos. Al comprender que la atmósfera estaba demasiado caldeada, que mi presencia allí carecía de sentido y sobre todo tras observar la reacción final del ogrillón, decidí retirarme en silencio para perderme entre el laberinto de las callejuelas oscuras.​
 
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Junio
Parte X

La penumbra y el frío del interior de la Torre Negra me dieron la bienvenida. Tras pasar el puente que evitaba el abismo me percaté de dos siluetas. Al acercarme con cautela, reconocí las figuras de las Maestras Miruh y Velaxa, quienes se hallaban centradas en una conversación que parecía requerir de suma discreción. Tras dudar brevemente y optar por no interrumpir algún delicado asunto privado, hube de retirarme en silencio, no sin antes tropezar levemente con un escalón, un desliz que delató mi presencia.

Fue entonces cuando la Maestra Miruh interrumpió la conversación para requerir mi presencia, materializando en la palma de su mano un tomo escarlata como recompensa por mi asistencia a su clase anterior. Tras aceptar el libro con cautela y recordar haber visto a dicha criatura en acción, la conversación cambió de rumbo de forma drástica cuando la Maestra Velaxa intervino.

Noté cómo se centraba en mí con una sonrisa de medio lado, tan ladina como peligrosa, para pedirme un "humilde favor". Conseguirla un objeto, concretamente un anillo capaz de dotar a su verbo de una mayor veracidad. Ante su petición, mi postura fue de cautela, queriendo saber qué obtendría yo a cambio y sugiriendo que me debía un favor del mismo valor que el coste del objeto. Con un tono que no sabía si tomármelo como soberbia o desdén, insinuó que el único pago sería "agradar a esta maestra" y ganarse su confianza, un proceso que comparó con las lealtades que rara vez florecen por accidente mientras dejaba asomar un atisbo de rencor por mi arrogancia.

Sentí que aumentaba la tensión, y tras la breve retirada de la Archimaga Miruh con una solemne despedida, decidí mover ficha. Me retiré un anillo que llevaba y, extendiéndolo sobre la palma de mi mano, se lo entregué como "regalo". Creo que su reacción fue de deleite. Recogió mi anillo mientras sentenciaba que se trataba de un obsequio "agridulce" y reflexionaba sobre el poder de las palabras en la mente.

Una vez finalizada nuestra relación en ese momento, me retiré a mis estancias a escribir, manteniendo viva la llama del pacto.
 
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Julio
Parte I

Acompañé al Barón Mortuus, a quien me dirigí con un respetuoso saludo como "Maestro", tras toparnos cerca del hormiguero. El liche buscaba una ruta para llegar a los páramos de Alandor y a las criptas de Shon evitando los Llanos y la necesidad de cambiar sus atuendos, por lo que le propuse tomar un barco desde Murann hacia la costa sur utilizando rutas de contrabandistas.

Tras abordar y surcar las aguas del Mar de las Espadas, llegamos discretamente al cementerio. Mientras avanzábamos, el Barón recordaba sus antiguos paseos cuando aún conservaba su forma de carne y rememoró la guerra fría que antaño mantenían los vampiros y la extinta Torre Negra en esas mismas cuevas.

Al llegar a una urna funeraria, el liche me dio una lección práctica extrayendo los polvos con delicadeza, enseñándome que la muerte y los restos mortales deben tratarse con respeto y que el verdadero liderazgo se demuestra guiando con el ejemplo.

Durante el trayecto de regreso, comentamos los rumores recientes sobre los vástagos y licántropos que aún merodean por la zona, mencionando el destino final del vampiro Mehmed a manos de Loreliel. El Barón reflexionó sobre la inutilidad de los vampiros que intentan redimirse y la necesidad de destruir correctamente sus ataudes.
 

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Agosto
Parte I

Me adentré en el gran hormiguero cuando coincidí con el duergar Krom y un par de drow (Shakti y su esclavo Zazi). La presencia de los drows me inspiró más recelo que la del duergar, igualmente, decidí unirme al grupo de forma distante para evaluar su posible amenaza.

Nos enfrentamos a enjambres de insectos en los estrechos pasadizos y a bandas de forajidos en la superficie. Manteniendo la cautela, colaboré repeliendo a los atacantes, manteniéndoles a distancia.

Una vez nos repusimos y descansamos, nos dirigimos al territorio de kuo-toas. La tensión sólo fue rebajada por las bromas sobre el peluquín del enano. Mantuve constante vigilancia a mi alrededor vigilando con aparente paranoia de las sombras o los propios compañeros por si pudieran volverse en mi contra.

Tras la última incursión, decidí apartarme del grupo, rehusando su invitación a comer y prefiriendo continuar mi camino en solitario antes de bajar la guardia ante desconocidos.
 
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