Finnereg
Discípulo comegemas
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Quienes rezan para atraer a la suerte, para pedir porque necesitan, en realidad intentan utilizar el don que nos ofrece la Madre desinteresadamente. La suerte no existe, me sabe mal ser tan rotunda pero es la realidad, ésta solo es una palabra que designa la capacidad de controlar los acontecimientos. Los pocos que siguen a su intuición parecen tener suerte pues, sin que lo sepan, se benefician de las fuerzas de la creación. La intuición es la voz de la Madre que está dentro de ti. Tú formas parte del todo, ni atraes la suerte ni la pierdes, solo debes saber escuchar a la Madre y seguir su senda.
Norah llegó al mercado de Waukin asombrada de tanta gente allí reunida, la algarabía de los comerciantes, las voces de los niños, los olores que invadían de comida, humanidad y animales la plaza del mercado. Todo esto la abotargaban y a la vez asombraba por igual, colmándola de sensaciones enfrentadas. La crisis del grano había mermado la cantidad de productos y subido los precios de aquellos que se exponían, pero aun así, seguía siendo una maravilla contemplar la exposición de frutos que la Madre otorgó a quienes supieron seguir su senda, arando y cuidando el campo. Ella sabía valorar cada verdura, cada fruta, cada queso y vianda allí expuesta, pues sabía todo el trabajo, espera y dedicación que llevaba detrás cada uno.
Estuvo tiempo deambulando, dejándose envolver de aquel ambiente festivo que se daba a diario en la plaza del mercado, no temía a los ladronzuelos de los barrios, pues nada de valor portaba con ella y cuando llegó el momento de volver a los Páramos, se detuvo un instante. Justo antes de abandonar la plaza, esperó hasta que nadie mirara y entonces, abrió la jaula de los pájaros que en un puesto esperaban a ser vendidos a ricos y nobles como decoración de sus viviendas. Aquellos pequeños cantantes, atrapados habían sido victimas de un delito contra natura.
-Marchaos rápidamente -les susurró - Sois libres de nuevo.
A continuación se movió con soltura hacia un puesto comprando un trozo de queso y media hogaza, cuando se dieron cuenta de la fuga, Norah salía con sus compras bajo el brazo rumbo a la búsqueda de Zentakord, el cual como siempre, estaría sentado meditando a la espera de su llegada en el campamento junto al río.
Y allí, sonriente, se sentó junto a él, ocultando lo que había ocurrido. Satisfecha escuchando la algarabía de los pájaros sobre los árboles, pensando que quizás uno de esos, era del grupo que había liberado hace poco.
Y tal cual, cortó una rebanada de pan para cada uno, extendiendo un trozo de queso y acercándolas al fuego para que éste se fundiera. Y como otro día mas, comenzó la clase de Norah junto a su maestro. Solo que ésta vez, ella sentía que había hecho una fechoría, pero se sentía feliz y contenta, dando gracias a la Madre por sentirse tan viva.
Así es como dejo constancia de que la suerte en realidad no existe, tan solo hay que escuchar los impulsos de tu intuición, pues es la Madre quien te susurra, Chauntea para vosotros, la única para los de mi pueblo. ¿Ese día el comerciante no tuvo suerte? mentira. Ese comerciante no escuchó la voz de la Madre que le susurraba que no capturara seres libres, que comerciara con otro producto, no se caza seres libres para su comercio y exposición, no se ahoga sus corazones privándoles de la libertad con la que nacieron.
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