Nyra
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La Muerte Blanca

Entre un mar de leyendas e historias no he podido evitar sentir fascinación en una en particular, una en la qué espero qué encontréis el valor de lo desconocido.
En una tierra lejana se extiendían rumores de lo qué parecía ser un terrible ser capaz de arrebatar hasta el último hálito de aliento de otros seres vivos y conservarlos en estatuas eternas.
Largos cabellos blanquecinos cómo el manto de la nieve, piel pálida cómo si le faltara todo rastro de vida. Una mirada portadora de un océano de vacío y desesperanza. Todo ello adornado en una bella estructura qué podría hacer qué un artista pierda eones de su existencia contemplándola.
Algunos decían qué es una bruja y otros qué es un fantasma, pero todos coincidieron en qué su mera cercanía era capaz de congelar el fuego y hacer perecer a todo ser vivo.
“Cuidaros de la muerte blanca, sus colmillos se cernirán sobre vos” exclamaron en más de una ocasión. “Nadie sobrevive a su abrazo gélido.”
Más pocos cuentan lo qué su presencia significaba en realidad. Pues en ella sus secretos se desvanecen.
De un deseo nació, más de la bondad surgió su encierro y el anhelo la liberaba. Castigada con la soledad se movía buscando a una persona con la qué conversar pero todo intento era frustrado con su letal mordisco. Rindiéndose ante el sabio tiempo solo pudo observar en la lejanía cómo era la vida qué ella no podría rozar.
Hasta qué un día algo extraño sucedió, una sombra se aventuró a mostrarse ante ella y osó no perecer ante su proximidad.
“¿No estáis cansada de este vacío? Un obsequio os podría dar y así romper la rueda del destino” ofreció inesperadamente la sombra.
“No sois más qué un eco qué vaga en la noche, ni siquiera podéis presentaros realmente ante mi.” Replicó la blanca muerte algo incrédula.
“Pero a pesar de eso he logrado lo qué otros no pudieron, ¿no creéis?” Su voz resonó por la estancia. “Podría hacer realidad aquello qué anhelais aunque los más osados hayan intentado derrocaros.”
La muerte blanca se mantuvo unos instantes contemplando la sombra, quizás el eco de sus más profundos deseos la hicieran rendirse o quizás fuera el veneno de la desconfianza en el éxito de su promesa. Pues ahí se mostró, otorgándole la oportunidad y una mano extendió para recibir el obsequio. No era más qué un colgante de plata engalanado por una gema del color del tan conocido cielo.
“Probaroslo cuando queráis uniros a aquellos qué tanto observáis y seréis una más de ellos, más debo preveniros qué su poder no es infinito y solo os permitirá tal logro durante unas breves horas.” Enfatizó la sombra, ella solo pudo seguirle el juego partiendo con el presente abrazando su ser.
Cuando sus pasos la guiaron al interior de una aldea se sobrecogió. No esperó qué fuera a funcionar realmente y por primera vez pudo ser feliz. Aunque… cómo bien previno la sombra, al cabo de unas horas el poder menguó hasta apagarse cómo una vela, pero…
Eso no fue lo peor, la sombra olvidó mencionar un pequeño detalle. El obsequio, ante la atónita mirada del poblado, absorbió a la desesperada muerte blanca encerrandola por toda la eternidad en su interior, liberando así a los seres vivos de su gélido mordisco.
Con su identidad descubierta la gente festejó su desaparición, aunque la alegría no fue duradera. Con el paso de los años el señor del fuego les abrazó transformando todo en un mar de arena y cristal. ¿Sería realmente la muerte blanca? ¿O sería una guardiana? ¿Alguien será capaz de encontrar su prisión?

Entre un mar de leyendas e historias no he podido evitar sentir fascinación en una en particular, una en la qué espero qué encontréis el valor de lo desconocido.
En una tierra lejana se extiendían rumores de lo qué parecía ser un terrible ser capaz de arrebatar hasta el último hálito de aliento de otros seres vivos y conservarlos en estatuas eternas.
Largos cabellos blanquecinos cómo el manto de la nieve, piel pálida cómo si le faltara todo rastro de vida. Una mirada portadora de un océano de vacío y desesperanza. Todo ello adornado en una bella estructura qué podría hacer qué un artista pierda eones de su existencia contemplándola.
Algunos decían qué es una bruja y otros qué es un fantasma, pero todos coincidieron en qué su mera cercanía era capaz de congelar el fuego y hacer perecer a todo ser vivo.
“Cuidaros de la muerte blanca, sus colmillos se cernirán sobre vos” exclamaron en más de una ocasión. “Nadie sobrevive a su abrazo gélido.”
Más pocos cuentan lo qué su presencia significaba en realidad. Pues en ella sus secretos se desvanecen.
De un deseo nació, más de la bondad surgió su encierro y el anhelo la liberaba. Castigada con la soledad se movía buscando a una persona con la qué conversar pero todo intento era frustrado con su letal mordisco. Rindiéndose ante el sabio tiempo solo pudo observar en la lejanía cómo era la vida qué ella no podría rozar.
Hasta qué un día algo extraño sucedió, una sombra se aventuró a mostrarse ante ella y osó no perecer ante su proximidad.
“¿No estáis cansada de este vacío? Un obsequio os podría dar y así romper la rueda del destino” ofreció inesperadamente la sombra.
“No sois más qué un eco qué vaga en la noche, ni siquiera podéis presentaros realmente ante mi.” Replicó la blanca muerte algo incrédula.
“Pero a pesar de eso he logrado lo qué otros no pudieron, ¿no creéis?” Su voz resonó por la estancia. “Podría hacer realidad aquello qué anhelais aunque los más osados hayan intentado derrocaros.”
La muerte blanca se mantuvo unos instantes contemplando la sombra, quizás el eco de sus más profundos deseos la hicieran rendirse o quizás fuera el veneno de la desconfianza en el éxito de su promesa. Pues ahí se mostró, otorgándole la oportunidad y una mano extendió para recibir el obsequio. No era más qué un colgante de plata engalanado por una gema del color del tan conocido cielo.
“Probaroslo cuando queráis uniros a aquellos qué tanto observáis y seréis una más de ellos, más debo preveniros qué su poder no es infinito y solo os permitirá tal logro durante unas breves horas.” Enfatizó la sombra, ella solo pudo seguirle el juego partiendo con el presente abrazando su ser.
Cuando sus pasos la guiaron al interior de una aldea se sobrecogió. No esperó qué fuera a funcionar realmente y por primera vez pudo ser feliz. Aunque… cómo bien previno la sombra, al cabo de unas horas el poder menguó hasta apagarse cómo una vela, pero…
Eso no fue lo peor, la sombra olvidó mencionar un pequeño detalle. El obsequio, ante la atónita mirada del poblado, absorbió a la desesperada muerte blanca encerrandola por toda la eternidad en su interior, liberando así a los seres vivos de su gélido mordisco.
Con su identidad descubierta la gente festejó su desaparición, aunque la alegría no fue duradera. Con el paso de los años el señor del fuego les abrazó transformando todo en un mar de arena y cristal. ¿Sería realmente la muerte blanca? ¿O sería una guardiana? ¿Alguien será capaz de encontrar su prisión?
Offtopic :
Buenas, os dejo por aquí la fábula qué ofreció Felaern con la colaboración de Selise para la festividad del solsticio de invierno en Imnescar (Viernes 02/09/2022). Algunos quisieron leerla así qué aprovechando qué la hice en un borrador me animé a postearla. ¡Gracias por todo!


