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Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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Canción presentada a concurso durante los festejos en el Bosque de Eldath.

CRIATURAS FEROCES
¡Apacible Bosque de Eldath,
en reposo, he vuelto a ver
la mansedumbre de tus fieras,
bajo la tarde, como ayer!

Y me detuve emocionada
ante aquella estampa natural,
tan de puro estilizada,
la versaré como tal.
Por ahí asoma la comadreja,
escurridiza, rauda y vil,
todos saben que es muy vieja,
mas coqueta oculta su perfil.

Encumbrado sobre una rama
el triunfo del pavo real,
alta pluma, baja cama,
del Parnaso, Coronal.
Trinó a sus fieles seguidores
el cuento del viejo jardín,
falseando sus hedores,
con promesas de postín.

El salmón se agita ondulante,
corriente arriba,
demuestra una fuerza pujante
pero no puede huir de la criba.
Meta suya es desovarse,
como todos, en la cuna,
por el curso arrastrarse,
convertir su anhelo en tumba.

¡Qué triste el oso se espereza
sobre la paja de su letargo!
Cuando bosteza
percibo la peste de su abotargo.
El coloso contempla la vida
con los ojos muertos de luz,
una dormida
visión del pasado en la testuz.

¡Apacible Bosque de Eldath,
en reposo, he vuelto a ver
la mansedumbre de tus fieras,
bajo la tarde, como ayer!

Y el tierno conejo que se esconde,
temeroso y saltarín,
no hay lobo o zorro que no ronde
madriguera por festín.
Aunque hay quién comiere gato
creyendo hincar
el colmillo a jugoso gazapo,
y a la luna se fue a aullar.

La víbora que por suelo arrastra
su vientre panzudo,
la pesada digestión lastra
que encadene pensamiento agudo.
Come de cuando en cuando
si ve presa a tiro
se acerca a ella reptando
y la emponzoña en un suspiro.

El corrillo de cotorras verdigualdas
de pico duro
al gorrión pardo dan espalda
a pesar de que su trino es más puro.
Que entre tanto reclamo y graznido,
entre tanto motín de pluma,
han extravíado el oído
y es de color el arte que rezuman.

Un disparate pintoresco
ofrece el camaleón,
uno de ingenio fresco,
tan cambiante como puyón.
Contempla el Bosque del Eldath,
con pachorra gozosa,
coloreada y reptiliana flema,
que al bicho mata con lengua pegajosa.

¡Apacible Bosque de Eldath,
en reposo, he vuelto a ver
la mansedumbre de tus fieras,
bajo la tarde, como ayer!
​
 

Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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XVII. SE OS SUBE A LA CABEZA

Se os sube a la cabeza
un mal vino y el halago,
apurando vais el trago
de la uva y del esperma.
Al menos tened decencia
de limpiar aquellos restos,
vuestros labios macilentos
a la muerte igual besan.
​
 

Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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Obra estrenada en el Teatro de la Alegría de Crimmor, escrita y dirigida por Talivia Ha'valen con motivo de las elecciones a las Cortes Regionales de Amn.

REPARTO
​
DON URBANO (Madeleine Sweeney) - Patriarca de la familia. Un burgués acomodado de temperamento irascible aunque influenciable. Vive completamente dominado por la voluntad de Hipócrates, un adulador.

HIPÓCRATES (Aionele)-Estafador de medio pelo que, con las palabras adecuadas, ha conseguido ganarse el afecto de Don Urbano, hasta tal punto, que lo ha acogido en su familia como uno más. Poco se sabe sobre su pasado, más allá de que vivía de la caridad y fue rescatado por Urbano. Afectado e hipócrita, apela constantemente a una falsa modestia. Está enamorado hasta las trancas de Doña Ania, la esposa de Don Urbano. Es orondo y de rasgos vulgares.

DOÑA ANIA (Azalea) -Segunda esposa de Don Urbano y madrastra de Leal. Joven y bella, se ha convertido en el objeto de deseo de Hipócrates. De temperamento sosegado, y bastante más astuta que su esposo.

LEAL (Larence Thyne)-Hijo del primer matrimonio de Don Urbano. Es un joven impetuoso y frontal, lo que le ha valido alguna que otra disputa con su padre.

GUARDIA (Sophira)-Aparece en el último acto para ejecutar la voluntad del Gobierno. Formal. Está de servicio.

JUSTA (Talivia Ha'valen)- La criada de confianza de la familia. Poseedora de esa astucia popular de la que carecen los demás.

EL HUÉSPED Y EL ANFITRIÓN
PRIMER ACTO​
(La acción transcurre en el salón de la casa de Don Urbano. Interior que refleja la comodidad burguesa de la familia. LEAL,el vehemente hijo de Don Urbano, y JUSTA, la criada, están discutiendo.)​

Leal.- ¡Si no hago nada para impedir ese desafuero, que me parta un rayo aquí mismo!

Justa.- Calma, por favor. Hasta ahora vuestro padre no ha hecho más que hablar. Y ya sabéis que toda la fuerza de le va por la boca.

Leal.- ¡Acabaré con los manejos de ese farsante engreído! Cuando padre trajo a ese desgraciado al hogar, pensé que su estancia sería algo pasajero. ¡Pero lleva más de dos meses comiendo y viviendo a nuestras expensas! ¡Y ahora padre pretende desposarlo con mi hermana!

Justa.- Dejad que sea vuestra madrastra quién medie los asuntos de vuestro padre e Hipócrates. La señora Ania me ha dicho que va a intentar sonsacarle sobre sus intenciones.

Leal.- Debo estar presente en esa conversación.

Justa.- ¡Que imprudencia! ¿No comprendéis que deben estar solos? ¡Marchaos, que por ahí viene!


(LEAL corre a ocultarse tras un banco del patio. Llega HIPÓCRATES, un pomposo adulador, vestido de manera ridícula y ostentosa)​

Hipócrates.- ¿Es cierto que me buscáis, servicial Justa? (Saca precipitadamente un pañuelo de su bolsillo.) Antes de decir nada, dejadme que os ponga este pañuelo, ¡os lo suplico! (Aparta la mirada y cubre lo que ve del pecho de Justa con el pañuelo.) Esta carne… estas redondeces… desnudas… suscitan malos pensamientos.

Justa.-(Se aparta un poco.)¡Pero no palpéis! Solo quería deciros que la señora vendrá pronto a pediros la merced de que converséis con ella.

Hipócrates.-(El rostro se le ilumina.) ¡Oh! Para mí será un placer inmenso. ¿Y vendrá pronto?

Justa.- Ya está aquí.

(Llega ANIA, matrona de la casa y esposa de Don Urbano, de serena belleza, y sale JUSTA.)​

Hipócrates.- Que Ilmáter, con su infinita bondad, bendiga vuestros días tanto como lo desea el más humilde de los seres inspirados por el amor divino.

Ania.- Bueno, muchas gracias, pero si os parece, nos sentamos. (Se sienta y él con ella.) Deseo hablaros en secreto de un asunto y voy a hacerlo ahora que nadie nos escucha.

Hipócrates.- ¡Coinciden nuestros deseos, oh, Ania! ¡Cuánto he deseado verme a solas con vos!

Ania.- Precisamente de vuestro corazón quería hablaros. Quiero que lo abráis, sin ocultarme nada.

Hipócrates- Y yo deseo también, mostrar a vuestros ojos mi alma desnuda, y los encendidos arrebatos que me arrastran … (Le pone la mano sobre la rodilla)

Ania.- ¿Qué hace ahí vuestra mano?

Hipócrates.- ¿Qué mano?

Ania.- La que tenéis sobre la rodilla.

Hipócrates.- Oh, sí, esta...(La mira pero no la quita.) Palpo la tela de vuestro vestido. Tan suave...

Ania.- Conteneos, Hipócrates, y hablemos de nuestro asunto. Dicen que mi marido piensa entregaros a vos la mano de su hija. ¿Ese rumor es cierto?

Hipócrates.- Algo me ha dicho al respecto vuestro marido. Pero, señora, con la mano en el corazón… No es la clase de felicidad que puede calmar mis anhelos. Sin embargo, os contemplo, y siento que de vos depende mi felicidad y mi tristeza.

Ania.-A cualquier mujer le halagarían vuestras palabras.

Hipócrates.- ¿Y a vos?

Ania.- ¡No! ¡Soy la esposa de vuestro amado benefactor!

Hipócrates.- Y yo un hombre, al fin y al cabo. 

Ania.- Soltad, vais a hacerme daño.

Hipócrates.- No temáis. Nunca os haré daño. Tengo experiencia. He vivido lo mío.

Ania.- Pero, bueno, a ver si os entiendo bien, ¿estáis proponiéndome que os conceda mis favores?¡Debería cruzaros la cara ahora mismo!

(LEAL, cada vez más enfadado, sale de su escondrijo.)​

Ania.- ¡Oh! ¿De dónde salís?

Leal.- He podido escucharlo todo. ¡He aquí a mi padre! ¡Este es el momento de poner las cosas en claro!


(Llega URBANO, hombre de mediana edad, económicamente bien posicionado, y pronto a la ira)

Urbano.- ¿Qué ocurre?

Leal.- Hipócrates acaba de quitarse la máscara. Le he sorprendido haciendo a vuestra esposa la confesión de pasión culpable.

Urbano.- ¿Cómo? Pero, ¿es cierto lo que ha dicho Leal?

Ania.- Sí, esposo mío.

Urbano.- Entonces, ¿debo creeros a...? (Pregunta a LEAL Y A ANIA. HIPÓCRATES interrumpe)

Hipócrates.- ¡Creedlos, Urbano! Soy culpable, soy un malvado. Si son limpias mis obras, son sucios mis pensamientos. Me tragaré mi orgullo…

Urbano.-(A LEAL.)¡Ah, miserable, más que miserable! ¿Cómo te has atrevido a difamar la limpia virtud de este hombre? ¡Con cuánta humildad está dispuesto a asumir sus faltas! ¡No como vosotros, ingratos! ¡El orgullo es un vicio!

Leal.- ¡Pero… padre mío… ¿sus ridículos discursos os seducen hasta el punto…!?

Hipócrates.- No le reprendáis. Si es preciso que me arrodille ante vos para pediros su perdón… (Se arrodilla.)

Urbano.- (Se arrodilla también y abraza a HIPÓCRATES. A LEAL.)¡Canalla, golfo, ingrato, arrodíllate ante este ejemplo de bondad!

Leal.-(Se arrodilla de muy mala gana.)¿Y así, de rodillas, puedo…?

Urbano.- ¡No puedes! ¡Calla de una vez! Todos estáis contra él. Pero cuantos más esfuerzos hacéis para que me vuelva en contra suya y le eche a la calle, más me inclino a retenerlo a mi lado ¡Es un mártir! ¿Urbano no tiene voluntad? ¿Urbano no tiene carácter? Pues dentro de poco veréis quien ostenta en esta casa la suprema responsabilidad del poder! ¡Sal ahora mismo de mi casa! ¡Y no se te ocurra volver! ¡Y te desheredo!

(Se marcha LEAL.)​

Ania.- ¡Leal! 

(ANIA Sale tras él. Quedan solos HIPÓCRATES y URBANO)​


Hipócrates.- ¡Oh, dioses, perdonadle el dolor que me causa! (A URBANO.) (Se ha alzado dificultosamente.) Grandes trastornos he traído a esta casa y es preciso que salga de ella.

Urbano.- Qué importa lo que pretendan los demás. Mi corazón no les escucha. Seguiréis viviendo aquí, me va en ello la vida.

Hipócrates.- Bien… Exigirá de mí un gran sacrificio… Pero si tanto lo deseáis… La amistad fraterna que os profeso me obliga a prevenir los rumores malintencionados. No me acercaré a vuestra esposa, y nunca me veréis…

Urbano.- ¡Eso sí que no, querido Hipócrates! ¡Sería como pregonar una culpa que no existe! A despecho de todos la veréis a menudo, como hasta ahora. Y no es esto bastante: no quiero tener otro heredero más que vos.

Hipócrates.- ¿Lo habéis meditado bien, hermano Urbano?

Urbano.- Ahora mismo voy a haceros donación en vida, y estructurada legalmente, de todos mis bienes, para que los administréis con vuestra prudencia y vuestra caridad. (Le abraza efusivamente.)¿Os impedirá vuestra humildad aceptar lo que os propongo?

Hipócrates.- Se me saltan las lágrimas. Considerada en profundidad, es demasiada carga para mí. He entendido que por escritura formalizada ante el Gobierno, me donáis esta casa…

Urbano.- Sí, sí.

Hipócrates.- ¡Que carga, Ilmáter bendito, qué carga! ¡Hágase en todo su santa voluntad!

(Cae el telón. FIN DEL PRIMER ACTO.)

SEGUNDO ACTO
(Salón de la casa, LEAL es detenido por JUSTA y ANIA)​
Justa.- ¡Leal! ¿Qué hacéis aquí?

Leal.- ¡Justa! ¡Padre ha perdido la cabeza! Debemos hacer algo para salvar a toda la familia.

Justa.- Lo más grave de todo es que se niega a reconocer la bellaquería de Hipócrates. Deberíamos conseguir que lo comprobara de la manera más evidente posible. A mí se me ocurre una… que mi señora Ania provoque a Hipócrates y que cuando los dos estén a punto de… de llegar a… de… vamos, ya me entendéis… mi señor Urbano pueda verlo.

Ania.- Pero, ¿cómo?(Indignada.) ¿Cómo os atrevéis a proponérmelo? Pero, ¿no os avergonzáis?

Justa.- ¡Pues a mí no me parece mala idea! Silencio ¡aquí llega el señor de la casa!


(Entra URBANO)​

Ania.- (A URBANO.) Vuestra ceguera me asombra, esposo mío.

Urbano.- (A LEAL) ¡Tú! ¿Qué haces aquí todavía! ¡Te he echado de casa! (A ANIA) Creo lo que han visto mis ojos. Y sé también lo complaciente que sois con el sinvergüenza de mi hijo, que quiso hacer caer en la trampa a este pobre hombre. Estabais muy tranquila para que yo os creyera. 

Ania.- Creo que la discreta frialdad de una repulsa es suficiente para desanimar a un atrevido.

Urbano.- Conozco bien el suceso, y sé que no me engaño.

Ania.- Me asombra una vez más esa obstinación. ¿Si os hago ver con vuestros propios ojos que es verdad lo que os dicen, os apearéis de vuestra incredulidad? ¿Qué diríais entonces de vuestro Hipócrates?

Urbano.- Pues diría… ¡No, no diría nada, porque eso es imposible!

Ania.- ¡Bueno, ya estoy harta de vuestra ceguera! Aunque no sea más que para divertirnos, vais a ser testigo de todo lo que os he contado.

Urbano.- ¡Os tomo la palabra! A ver si os dais buena maña para convencerme.

Ania.- (A JUSTA) ¡Justa, pronto, decidle al señor Hipócrates que venga.

(Sale JUSTA)​

Ania.- Leal, ayúdame a preparar todo.(Entre LEAL y ANIA colocan la mesa en el lugar apropiado.) Ahora dejadnos solos a Urbano y a mí.

(Sale LEAL)​

Ania.- Vos, meteos en seguida debajo de la mesa y aguardad.

Urbano.- ¿Por qué voy a meterme debajo de la mesa?

Ania.- ¡Por la Pelofuego, qué cruz! (Levanta los faldones del tapete.) Tened cuidado de que no se os vea ni se os oiga. No os escandalicéis por lo que yo haga o diga. 

Urbano.-(Desde debajo de la mesa, gruñendo). Así lo espero.

(ANIA se prepara. Al poco, entra HIPÓCRATES.)​

Hipócrates.- Se me ha dicho que deseabais hablar conmigo.

Ania.- Así es. Sentáos a mi lado, por favor.(HIPÓCRATES toma asiento junto a ANIA.) Un asunto como el de hace unos días, desde luego, no es el que nos conviene. La verdad es que sentí tal turbación que no se me ocurrió desmentirlo, pero por eso mismo ahora las cosas marchan mucho mejor.

Hipócrates.- Creo haber comprobado que vuestro esposo no duda de mis buenas intenciones.

Ania.- Por eso puedo encontrarme aquí ahora, encerrada con vos, y abriros mi corazón. Si queréis decir que estáis enojado por mi anterior negativa, conocéis muy mal el alma femenina.

Hipócrates.- ¡En absoluto! ¡Os amo, señora! Pero desconfiaré de vuestras palabras hasta que concretéis la respuesta a mi demanda. Creo que lo habréis advertido por las gotas de sudor que resbalan por mi frente, por la cada vez más viril ronquera de mi voz. Os lo pido sin disimulos, sin tapaderas, sin remilgos… ¡Concededme ciertos favores… ya! ¡O no podré más!¡Reventaré las calzas!

Ania.- (Después de toser para prevenir a URBANO.) ¡Qué decís! ¿Vais tan deprisa que no os importa agotar desde el primer momento la ternura del cortejo?

Hipócrates.- No es de palabras de lo que pueden alimentarse mis deseos, y la única manera de comprobarlo es realizarlos cuanto antes.

Ania.- ¡Pelofuego bendita! ¡Vuestro amor se manifiesta como un verdadero tirano! Es imposible defenderse de vuestro varonil asedio.

Hipócrates.- Cuando las personas de carácter humilde nos abrimos a los demás, somos así, señora… Si recibís benévolamente mis homenajes, ya que sois una mujer hermosa y vuestro cuerpo es apetecible, ¿porqué me negáis la prueba definitiva, aquella que vuestros blancos muslos guardan?

Ania.- Mas, ¿cómo puedo acceder a lo que deseáis sin ofender a esa virtud que tanto os preocupa?

Hipócrates.- Si la virtud es el único obstáculo de mis deseos, la mando al carajo.

(ANIA vuelve a toser. Esta vez, con más fuerza.)​
Hipócrates.- Mucho estáis tosiendo, señora.

Ania.- Sí, no puedo evitarlo. De la emoción.

Hipócrates.- Pues bien, sigamos. Vuestra entrega no será sumisión, sino la expresión sincera de vuestra propia libertad.

Ania.- (Tose de nuevo y, como sin querer, golpea la mesa.)Veo que he de ceder, que debo consentir en concedéroslo todo… Y si existe culpa, no es mía, sino de vuestra poderosa seducción.

Hipócrates.- Asumo la culpa, señora.

Ania.- Antes, os suplico un último favor. Abrid la puerta y recorred hasta el fondo del pasillo para comprobar si no está por ahí mi marido.

Hipócrates.- ¿Para qué os tomáis tantos cuidados con ese retrasado mental de Urbano?¡Cuantísimas mujeres desearían un marido consentidor como el vuestro!

Urbano.-(Sale de debajo de la mesa, enrojecido por la ira.)¡Me ha llamado retrasado! ¡Será hideputa!¡Sois el mayor canalla que he topado en mi vida! ¿Vais a desposar a mi hija y codiciáis a mi esposa?

Ania.- ¡Contenéos, esposo mío! (Agarra a URBANO por el brazo)

Hipócrates.- ¡Cómo! ¿Vos habéis llegado a creer…?

Urbano.- ¡Menos ruido, por favor! Id con vuestros cuentos a otra familia, que ésta ya la habéis destrozado. Vamos, salid de casa cuanto antes.

Hipócrates- Sois vos, señor Urbano, quien deberá salir, vos que os expresáis verbalmente como propietario. ¡Esta casa es mía, y haré valer ese derecho donde sea necesario! ¡Y recordad que tengo vuestra arqueta!


(Sale HIPÓCRATES, con aire confiado y tranquilidad. Cae el telón. Fin del segundo acto.)
TERCER ACTO

(ANIA y URBANO, en el salón de la casa)​
Ania.- ¿Qué significa esto, Urbano? ¿Qué significa esto?

Urbano.-(Sentándose. Entierra la cabeza entre las manos. ) Todo es culpa mía y la maldita donación me aterroriza. (Se levanta de pronto.) Y otra cosa más: ¡la arqueta, la arqueta…!

Ania.- ¿Qué arqueta, por la Tríada, qué arqueta?

Urbano.- (Desesperado.) Hipócrates está en su derecho a echarme de esta casa. Le he nombrado heredero legítimo. En cuanto a la arqueta, un amigo me la confió muy en secreto, antes de cruzar la frontera huyendo de aquí por motivos políticos. Contiene unos papeles comprometedores. Yo, cien veces imbécil, le confié el secreto a ese traidor y él me persuadió para que le dejara guardar la arqueta, pues así, en el caso de una pesquisa, yo podría jurar que no la tenía, sin faltar a la verdad.

(Llega LEAL, presuroso.)​

Leal.- Padre mío, ¿es cierto que ese miserable os amenaza?

Urbano.- Sí, hijo mío. ¡Y me siento en el colmo de la desdicha! Recojo a un desperdicio humano, le trato con amor fraterno; hasta le doy a mi hija, y mientras tanto el pérfido, el infame, el hijo de la gran perra de Dambrath...

Leal.- ¡Suficiente! (Apremia) Venía a deciros que acabo de recibir una carta de un amigo funcionario del Estado. Se ha puesto en riesgo para advertirme de que debéis huir inmediatamente.

Urbano.- ¿Huir yo?

Leal.- Sí. Hipócrates os ha acusado ante el Gobierno. Ha hecho entrega de una arqueta perteneciente a un reo del Estado, que vos habéis guardado en secreto. Se ha dado orden de captura contra vos. E Hipócrates mismo está encargado de acompañar a quien ha de deteneros. No hay más solución que la huída. Venid conmigo, padre.

Ania.- ¡Deprisa, deprisa! Marchad cuanto antes, esposo mío.

(Llegan un GUARDIA, recto cumplidor de la ley, e HIPÓCRATES.)​

Hipócrates.- (Tomando a URBANO por los hombros) ¿A dónde váis, cornudo? En nombre del Gobierno, daos preso.

Urbano.- Este es el golpe de gracia, ¿verdad, bandido? ¿Olvidaste tan pronto la mano caritativa que te concedió poder?

Hipócrates.- Sé las ayudas que se me han prestado, pero ahora el interés del Gobierno es mi primer deber.

Ania.- ¡Impostor!

Hipócrates.- ¡Libradme, señor guardia, de tantas palabras obvias y estúpidas! Dignaos cumplir vuestras órdenes, por favor.

Guardia.- Es verdad, me estaba retrasando en cumplirlas: vos mismo me lo habéis recordado. Y para ejecutarlas, seguidme ahora mismo a prisión, señor Hipócrates.

Hipócrates.-(Que se había distraído mirando el escote de ANIA.)¿Qué…?¿Me habláis a mí…? ¿Qué significa…?

Guardia.- No es a vos a quien debo dar explicaciones. Tranquilizaos, señor Urbano. Vivimos bajo la protección de un Gobierno enemigo del fraude, y que no se deja engañar por las artes de algunos corruptos.

Hipócrates.- ¿Y en qué se relacion esto con lo que nos ocupa, si puede saberse?

Guardia.- (Señala a HIPÓCRATES.)Gracias a nuestros servicios de información, este desalmado no consiguió engañar al Gobierno. Al acusaros, él mismo se ha traicionado, y se ha declarado al fin como un malhechor reincidente.

Hipócrates.- ¿Cómo…?

Guardia.- Nos consta que Hipócrates tiene una larga lista de fechorías. El gobernador me ha encargado que le acompañe hasta aquí para constatar cómo llegaba hasta el final en su desfachatez y para compensaros de todo.

Urbano.- ¿Y cómo seré recompensado, señor guardia?

Guardia.- Esa es materia de los jueces. La Justicia no es caprichosa, pero conoce sus propios caminos.

Urbano.- ¿Y mis documentos?

Guardia.- Tengo orden de despojar al delincuente de todos ellos, incluidos los de cierta arqueta. Con su soberano poder, nuestro Gobierno rompe los lazos del contrato por el que hicisteis donación a Hipócrates de todos vuestros bienes…y finalmente os perdona la ofensa al Estado. Esta es la recompensa que se os concede por el celo que en otras ocasiones habéis demostrado en defensa del bien público.


(La acción se detiene y los personajes se quedan estáticos e iluminados de una forma especial que les confiere un aire de irrealidad. JUSTA, sin embargo, atraviesa la sala y se sienta en la mesa en la que ha sido desenmascarado HIPÓCRATES. De algún lugar oculto saca un puro y se lo enciende con deleite. Dirigiéndose al público.)​

Justa.- Así es.(Fuma) . Convendría que sacaran dos lecciones de lo que aquí ha pasado. No todos los que alardean de virtud, realmente la poseen. Es fácil entonces engañar a quienes normalmente ven la realidad con los deformados lentes de una ideología autoritaria. Y otra, todavía más importante: el reino de los hipócrates es siempre posible porque existen urbanos que les abren las puertas de sus casas. Cuidado, pues.

(Cae el telón. FIN) ​

Offtopic :
Adaptación vilmente mutilada, troceada, pisoteada, blasfemada, y vuelta a ensamblar con pegamento Pritt del clásico inmortal de Moliere, Tartufo o El Impostor. ¡Ay, si el francés levantara la cabeza!
 

Imperator Furiosa

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Garabateada a toda prisa en un cuaderno lleno de anotaciones.

XVIII. LA POLTRONA
La poltrona sin mordiente
en lascas de oro bruñida
de majestad teñida
con alma de leño picado.
Acomodo del pudiente
que mantiene el artesano
con sudor y buena mano
para que el otro hinque diente.
​
 

Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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Discurso pronunciado por los Senescales durante el transcurso de la ceremonia por las víctimas de La Morgue Negra en el Distrito Gubernamental de Athkatla.

Honorable Pueblo de Amn,

a las Cortes Regionales de los Picos de las Nubes, en representación del Excelentísimo Consejo de los Seis, nos complace vuestra presencia en este día tan señalado. Es el pueblo amniano una nación de gente fuerte y trabajadora, de ánimo emprendedor y de tesón ante las adversidades. Con una mirada optimista siempre puesta en el futuro y en el progreso. Porque Amn se construye día a día. Pero para que un país pueda alzarse con orgullo y firmeza debe cimentarse sobre unos sólidos pilares.


No es otra la intención de nuestras palabras que subrayar la importancia de conocer y recordar el pasado para encaminar nuestros pasos hacia el mejor de los porvenires. Es por ello que os pedimos que en ningún momento dejéis de recordar a vuestros seres queridos, aquellos que ya no están entre nosotros, del mismo modo que os conminamos a bregar juntos por ofrecer siempre la mejor versión posible de este gran país.

Tiene pues, esta ceremonia, la intención de honrar la memoria de todos aquellos que, desgraciadamente, de un modo u otro, sufrieron las consecuencias de tan terrible epidemia, pero también de agradecer a quiénes, con su ejemplo y dedicación, hicieron y hacen posible que la nación de Amn se vuelva a poner en pie. No queremos extendernos más. Sirvan estas palabras como preámbulo y demos paso a los verdaderos protagonistas de la velada.

Quisiéramos agradecer, en primer lugar, a Su Excelentísimo Consejo de los Seis, por proveernos en todo momento el mejor de los gobiernos. Sin su capitalísima labor, Amn no sería el gran país que es a día de hoy.

A la Guardia de Athkatla, hombres y mujeres de entereza e integridad que, con inmejorable celo profesional, no han cejado en su labor de protección al Pueblo Amniano, incluso cuando la enfermedad se ha cebado con sus más cercanos.

Al Ejército de Amn, con especial mención a la División de la Fortaleza de la Cicatriz, quién no dudó en desplazarse hasta la capital para brindar su inestimable colaboración a la Guardia, demostrando que los soldados de este país no sólo son hombres y mujeres de guerra sino también de paz.

A las diferentes Iglesias y Fes de Amn, a quiénes nuestros ciudadanos dirigen sus rezos en un ejemplo más de las edificantes diversidad y libertad amnianas. Por haber proporcionado atención y cuidado a los enfermos. Y, en especial, a la Iglesia de la Amiga del Mercader, tan venerada y querida en este país, por seguir favoreciendo al comercio en tiempos de crisis.

A la Orden de los Magos Encapuchados, por velar por el buen uso de las prácticas arcanas en unos momentos tan convulsos.

Al Equipo de Sanadores designado por las Cortes Regionales, nutrido grupo de voluntarios de la más diversa procedencia que ha antepuesto el bien común al suyo propio, combatiendo sin cuartel los estragos provocados por la epidemia. Por arriesgarse no sólo a perder la vida, sino también a empatizar con los enfermos. No descansaron hasta administrar la última cura.

A las Casas Comerciales, con especial mención a El Doblón de Oro, La Casa Gáldrim y La Casa Argéntea, por haber proporcionado toda ayuda, no sólo económica, que pudiera paliar los efectos de la epidemia. Han sabido estar en su lugar a pesar de que la crisis haya podido suponer un revés para sus arcas.

A La Eterna Melodía, que no sólo brinda arte y entretenimiento al Pueblo amniano, sino que también ha sabido mostrar su preocupación por él a través de generosos donativos y de la colaboración de sus miembros en diversas tareas. Sin ellos, no hubiera sido posible el Hospital de campaña en el Distrito Portuario.

A La Sagrada Alianza, orden de caballería que ha dispuesto sus votos al servicio de la comunidad, de manera tan eficaz como desinteresada.

Al valiente grupo de expedicionarios que se hicieron a la mar en busca del remedio definitivo para La Morgue Negra, devolviendo a este país la esperanza en unos tiempos tan difíciles.

Al Pueblo Robusto de Kazäd Grômdal y al Pueblo Gentil de Suldanessellar, de cuyas filas han salido tantos y tan buenos aliados en la lucha contra el avance de la epidemia.

Y ya por último, pero no menos importante, al Pueblo de Amn, a los que están, y a los que se han ido. Hemos sido capaces de sobreponernos a la tragedia porque tenemos el deber de mantener viva la memoria de los que ya no están entre nosotros. Somos pasado, presente y futuro.

¡POR LA GLORIA DE AMN!
 

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Amanece ya. Anotado en un cuaderno salpicado por manchas de vino, escrito a toda prisa, con mala caligrafía, una ojerosa Talivia Ha'valen realiza la transcripción final a vitela del poema que se convertirá en su regalo de bodas a Lady Roxanne Van Eijck y Sir Erik Langley. La mesa en que se apoya está repleta de los descartes de una composición que en sus primeras versiones resultaba mucho más cínica y descarnada.


SONETO A UNA NOCHE DE BODAS
Vivir en casamiento es su destino,

se aman con un apetito que no mata

el deseo, y el lazo que los ata

desafía a la muerte y al olvido.



Sir Erik es como el oro, de valor bruñido,

reposa en regazo de templada plata,

Lady Roxanne prueba del cáliz escarlata

que en crespo matorral esencia aún no ha vertido.



Porque se vieron a hurto, el himeneo

regala un sutil y confiado resabio

a la pasión que se desnuda en el lecho.



Y arrobados en ansia abrasadora,

beben y beben con ingenuo labio

sin calmar la sed que los devora.
​
 

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Coplilla licenciosa defendida con poco arte y mucho descaro por Sulion Suravar y la Magistrada Ha'valen durante la inauguración informal de las nuevas dependencias de La Eterna Melodía en Crimmor.

Casóse Dora la bella
con Dido, y Dido intentó,
la noche que se casó,
hacerle un hijo, hijo de ella.


Como pasó mala noche
aquella en que fue casada,
se levantó al otro día con
toda la cara ajada.


Desde que le vio su padre
con el semblante perdido,
enojado le pregunta:
-¿Quién te ha casado, hijo Dido?


Un hijo piden a Dora
los de su casa cantando,
y Dido le dice a Dora:
-¿Hijo piden? Hijo damos.


Para pan y para aceite
a Dora y Dido pidieron,
y fueron tan liberales
que con gran despejo dieron.
​

Offtopic :
Créditos a Félix de Samaniego, que ayer la jugadora no se sentía especialmente ocurrente.
 

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[BBvideo 650,50:2ippv95d]http://www.youtube.com/watch?v=u053DH8noFA[/BBvideo]
LA REINA DEL VERDOR
Es tiempo de alegría, moza;
¡divertíos ahora, pastor!
Yo también me siento jocosa,
y estoy sedienta de su voz.

Venid, venid a mí, amado, soy graciosa,
amado, a mí venid, y unámonos en Verdor.

Muero por volver a ver a mi amor;
Arrulla la paloma, suave y cadenciosa,
su aleteo prende en mi pecho la flor
que se abre como una trémula rosa.

Venid, venid a mí, amado, soy graciosa,
amado, a mí venid, y unámonos en Verdor.

La promesa de sus labios me conforta,
y tiñe mi piel en rubor,
deseo beber el vino en su boca
y compartir su aliento embriagador.

Venid, venid a mí, amado, soy graciosa,
amado, a mí venid, y unámonos en Verdor.

Durante la estación del frío devorador
mi amante sus penas ahoga,
pero sus lágrimas seca en dulzor
cuando en mi vientre su semilla aloja.

Venid, venid a mí, amado, soy graciosa,
amado, a mí venid, y unámonos en Verdor.
​

Offtopic :
Canción compuesta por Talivia Ha'valen para la danza de la Reina del Verdor en el Año de la Bruja Escarlata (1491 C.V.)
 

Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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Discurso inaugural ofrecido por Talivia Ha'valen, Maestre en funciones de la Casa Gáldrim, con motivo de la conmemoración de las hazañas de la Liga Amniana en Maztica.

Damas y caballeros, buenas noches y bienvenidos a la recientemente remodelada Casa Gáldrim cuyo nuevo salón de actos inauguramos oficialmente durante esta velada.

Dicen que un buen discurso ha de ser breve, adaptado a la audienca y convincente. Prometo cumplir al menos con una de estas tres reglas de oro.

En primer lugar, quisiera agradecer en nombre de la Casa Gáldrim a todos aquellos que, con vuestra presencia nos honráis esta noche. Por supuesto, no quisiera dejar de lado tampoco a quiénes por un motivo u otro no han podido asistir a la celebración.

Cuando hace más de un año dejamos de recibir noticias de las colonias en Maztica supe que el emprendedor pueblo amniano no tardaría en reaccionar. Como amniana de adopción no puedo sino admirar el tesón con el que los habitantes del Dominio de los Mercaderes combaten las adversidades. Os aseguro que, revés tras revés, he visto al pueblo amniano ponerse en pie una y otra vez. Quizás es porque el amniano, con su innegable perspicacia y olfato para el negocio, sabe que de una crisis, temida palabra cuyo significado no siempre es negativo, se puede aprender y salir fortalecido. Y así ha sido. Me refiero a un Pueblo Amniano que no sólo ha sido capaz de recuperar Nueva Amn sino que ha fortalecido sus lazos con el Pueblo Payit.

Amparados por la iniciativa llevada a cabo por la familia Lurraxol, varias de las organizaciones más pujantes del país se embarcaron en un peligroso viaje ultramar hacia lo desconocido con el objetivo de esclarecer los hechos que desencadenaron la pérdida de las comunicaciones con Nueva Amn, apoyar las labores del Ejército y la Armada que con tanto pundonor como bravura estaban defendiendo nuestros territorios y, en última instancia, rescatar a su gobernador, el insigne Cordell. En esta iniciativa, bautizada como la Liga Amniana, tomaron parte Los Grifos, La Orquídea de Ébano, Los Zhentarim, La Legión de Fuego y nuestra Casa Gáldrim. No quisiera dejar de mencionar a la Guardia de la capital que fue capaz de contener las revueltas producidas en la metrópolis a raíz de la escasez de oro, al Pueblo Robusto de Kazäd Grômdal, cuya sabiduría y medios resultaron claves a la hora de procurar los últimos adelantos tecnológicos a nuestras embarcaciones y a todos aquellos espíritus independientes que, de un modo u otro, contribuyeron, una vez más, a que Amn se mantuviera en pie.

Estoy convencida de que todas estas personas que he mencionado podrían contar historias sobre el viaje mucho más emocionantes e interesantes que la que ahora yo estoy contando. Pero os pediría un pequeño ejercicio de abstracción. No penséis en mí como la persona que ha tenido la desgracia de sacar el palito más corto cuando se sorteaba la obligación de tener que escribir un insípido discurso. Pensad en mí como la persona que tenía el deber de condensar en un buen discurso, adaptado a la audiencia, convincente y, por encima de todo, breve, la excelencia del Pueblo Amniano, capaz de reinventarse y elevarse después de cada crisis.

Antes de que demos paso a la actuación de La Eterna Melodía me gustaría hacer hincapié en que esta nueva y reinventada Casa Gáldrim es consciente del peso que la educación y el conocimiento desempeñan en la construcción de un porvenir brillante para el país. Es por ello que os hacemos partícipes de una nueva iniciativa que tiene como finalidad la apertura de una escuela libre en la villa de Purskul. Aquellos interesados en hacer un donativo, pueden realizar sus aportaciones económicas al caballero Erven Naïlo.


Gracias a todos por vuestra atención y disfrutad de la velada.
 

Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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XIX.UNA TORRE
Al más elevado torreón,
que cien caballeros en pena
soñaron alcanzar tus almenas
y con sus huesos dieron en polvo.
Pues en Amn no hay mayor bastión
que el de la pureza de alma
y de eso, mi Aitana, vais colmada,
cuando me asomo a vuestros ojos.
​
 

Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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Talivia Ha'valen, que rara vez prodiga su arte en público, hace entrega de su poema a la Iglesia de Sune tras realizar unas pequeñas correcciones en el género del trovador Sernin Le Bête, una vez revelada su verdadera identidad durante el Certamen de Primavera.


SONETO LIBRE A LA MANO DE UN HOMBRE

A ratos cierro mis ojos y rozo vuestra mano,
apenas un breve toque que intuye su estructura,
percibiendo bajo la piel el hueso vedado,
el duro hueso que no se quiere abrir a mi ternura.

Es por la dermis secreta, discretamente abierta,
rasgada sobre la dulce carne, lacerada,
por dónde mi medroso y turbado amor penetra
arrobado en el torrente que vuestro pulso arrastra.

Y ruedo por vuestras venas escondida en sangre,
tan cauta, insignificante, dichosa, exaltada,
hirviendo revoltosa hasta en vuestra alma evaporarme,
como esa sangre que, suave, por dentro, os besara.

Por eso, al roce, sé que sólo vuestro hueso me rechaza
y, por un instante, vuestra carne entera se ilumina,
incandescente, como una saeta al sol disparada.

Vuestra permeable mano de hombre, porosa, fornida,
vuestra nervuda mano silente, por dónde, obstinada,
me filtro, despacio, despaciosamente, en vuestra vida
.​

Offtopic :
Soneto libre presentado en el Certamen de Primavera organizado por la Iglesia de Sune [escena llevada a cabo por DM Sune]
 

Star Lorz

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Offtopic :
Me voy a permitir la libertad de ensuciar el hilo de "Octalivias" que, total, ya ensucié en el pasado.

Lo he podido leer varias veces con la calma y sin la puesta de escena. Me parece una manera tan bonita, tan íntima y tan poco obvia de describir una caricia sobre la piel que, cada vez que vuelvo a leerlo, se me pone la mirada febril de un Jeremy Irons bajito.

Gracias, de verdad, a pesar del rato que le hizo pasar Talivia como Sernin Le Bête al pobre Sulion que, entre la devoción y la vergüenza, no sabía dónde esconderse o a dónde ir. Tal que así:

o64eOhD.gif
 

Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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Star Lorz":24c4jm39 dijo:
Offtopic :
Me voy a permitir la libertad de ensuciar el hilo de "Octalivias" que, total, ya ensucié en el pasado.



Offtopic :
Ustedes pueden ensuciarme lo que les venga en gana, ni que fuera Paco Umbral. Agradecida y emocionada, solamente puedo decir, gracias por venir

[BBvideo 425,350:24c4jm39]http://www.youtube.com/watch?v=OL4w__Vqdjg[/BBvideo]
 

Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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Una nueva octavilla en el cuaderno privado de Talivia Ha'valen.


XX. UN RAMO DE NARCISOS

Narcisos plantados sin tiento
en una eterna primavera,
la experiencia no los riega,
se niegan al paso del tiempo.
Cambiaron el dar ejemplo
por una corola vistosa,
por una futilidad pasmosa,
por echar una hoja al viento.
​
 

Mac_n_Cheese

Apilador de Muros de Fuego
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// Pues ensucio yo también ahora que usted da permiso, que nunca lo hice por no andar guarreando y yo soy muy pulcro y pulido! Dicho esto muy bonitos los dos últimos, me siento un poco como alguien viendo una peli de Nolan, me siento listo entendiendo las cosas, así que gracias por hacerme sentir listo y gracias por escribir cosas molonas. Fin.

Chin pom!
 

Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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En la cabaña solaz en el que se ha recluido mientras el país amenaza de nuevo con prender en llamas, Talivia Ha'valen deja volar su pluma en el margen de un pergamino repleto de cuentas, después de atender la correspondencia.

SIN TÍTULO

Doncella de gracia presente,
anciana en un tiempo pasado,
aquella que amor llamó pecado
de mis palabras sed oyente.

En el corazón de un bosque ardiente,
libre del despiadado invierno,
hombre y mujer, del mundo ausentes,
entregaron su piel desnuda
bajo los rayos de un sol eterno.

Una vez, una chiquilla huesuda,
inflamada en un amor sencillo,
mancilló de tierra su blusa
por cuidar de un jardín sagrado
bañado en un dorado brillo.

Allí, en el albor inmaculado,
se amaron sobre los tulipanes,
besados por el rocío helado.
Los extraños no se acercaron
y ella pudo olvidar sus pesares.

De tanta inocente dicha agotados,
finalmente, acordaron reunirse,
dónde el silencio es acallado
por las voces de los charlatanes
que contemplan el oro pudrirse.

A su madre de dientes mellados
le fue devuelta la necia chiquilla
pero él, con su mirada de santo,
comprendió, para aquel entonces,
que a su añorada arcadia regresaría.
​
 

Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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XXI. OJOS DE CIERVO

De mañana bajé al regato,
dónde el ciervo albo bebía,
para colmar mi sed tardía.
Me observó con ojos eternos,
negros, insondables, ancianos,
no le importó la piel corita
ni nuestro amor eremita,
para él también éramos ciervos.
​
 

Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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Garabateado en el margen de un cuaderno de cuentas.

XXII. ANTES
Abrís un interrogante,
audaz, a través de la piel,
cuyo surco prende, cruel,
en llamas mi esperanza.
Me abrasáis en el antes
con vuestras manos fuertes,
deseando la muerte,
una pequeña y blanca.
​

XXIII. DURANTE
Me abro en dos mitades,
la una os la entrego
en la otra me encierro,
somos como dos aves
batiendo las alas al cielo,
como un manantial en calma
que en tierra se derrama,
liberando su gorjeo.
​


XXIV.- DESPUÉS

¿Y qué si se me va la vida
por cada poro de la piel,
por los labios, torso a través,
por las piernas indolentes?
Cien mil veces me daría
por desaparecerme en vos,
mutado, breve, en un dios,
alojada en un abrazo trascendente.
​
 

Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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Talivia Ha'valen, abrazando su faceta más moralista, encarga una placa de cerámica con uno de sus poemas para colgar en la sala de reuniones de la Casa Gáldrim.

XXV.
LA GRAN COSECHA

Ya llega la gran cosecha,
el labriego, emocionado,
desentierra lo plantado
soñando hacerse rico.
Uno recoge lo que siembra,
esperaba puerros sanos
mas sólo sacó gusanos.
¿Y se hace el ofendido?​
 

Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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Extraído de uno de los cuadernos privados de Talivia Havalen.


Sí, POR FAVOR

¿Y qué podría hacer?
¿negarme al cobijo
de un gran cortijo?
¿Sentir frío, tal vez?
¿Quedarme a ras de suelo
mientras la maleza medra
y, lisonjera, no arredra,
persiguiendo su vacuo anhelo?
¿Mantener limpia la camisa?
¿Rechazar la alta posición
conservando mi condición?
SÍ, POR FAVOR

¿No devolver con letras a la banca
ni pintarme en versos el rostro,
para pisar el talento de otros,
para disfrazarme de payasa?
¿No loar al gran cabrón,
y sus cuernos de oro,
renegando su consideración?
SÍ, POR FAVOR

¿No ver en el ingenio negocio
ni en el orto una inversión?
¿No querer formar parte de su perversión?
¿Despreciar el grueso bocio
de los que inclinan cabeza
incluso ante la vileza,
por de monedas, un montón,
por un aplauso facilón?
SÍ, POR FAVOR

¿Señalar con dedo justo
las rimas de los canelos,
burlarme de los libelos,
de los aires, de lo augusto,
de aquellos que fatuos claman
su nombre en letras doradas?
¿Despreciar a quién troca
un poema por falacia,
figura por autocracia?
¿Quién en la nada se enroca,
mediano, crecido, baladrón,
creyéndose un gran señor?
SÍ, POR FAVOR

¿No temer al fracaso,
ni al rechazo
sino buscarlo,
voluntariamente,
temerariamente,
para desafiarlo,
para tragarlo,
masticarlo,
asimilarlo
y escupirlo,
convertido
en algo,
un sentido,
un latido,
que he vivido?
SÍ, POR FAVOR
SÍ, POR FAVOR
SÍ , POR FAVOR
​
Offtopic :
Un modesto homenaje a Cyrano de Bergerac.
 

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