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Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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[BBvideo 600,30:1a4qrcpz]http://www.youtube.com/watch?v=zpZLxJvVtww[/BBvideo]

Blas Tobalo era un cazador veterano. Le gustaba medir sus fuerzas contra la naturaleza, dando caza a presas cada vez más difíciles. Lo que para algunos no era más que una cuestión de necesidad, para él era un desafío con el que reafirmar su ego, permitiendo que le consumiera en una creciente obsesión.

Estando de reposo en una posada en algún lugar de la frontera entre Amn y Tethyr, Blas escuchó los rumores que hablaban de una bestia mítica, de pelaje blanco y ojos rojos, habitando en el milenario Bosque de Tethir.

Jactancioso, proclamó a los cuatro vientos que la cabeza de esa bestia decoraría una de las paredes de su casa.

Al principio no le dio más importancia de la necesaria a la niebla. Pero cuando se descubrió dando vueltas durante horas a la misma arboleda comenzó a inquietarse.

Tomara el camino que tomara siempre acababa en el mismo punto de partida, hundiendo los pies sobre las mismas grises raíces, esquivando las mismas grises ramas.

Siguió luchando por salir de allí durante cuatro días con sus cuatro noches, envueltas en niebla y en un silencio absoluto. Al quinto día se quedó sin provisiones y no había en ese bosque atisbo de vida con la que alimentarse.

Al sexto, un terrible aullido feral se apoderó de la negrura y del silencio.

Tenía tanta hambre, tanta sed y estaba tan cansado que pensó que había perdido la cordura, y aún así, no se rindió porque, para él, que se consideraba a sí mismo el mayor depredador de Faerûn, sólo las presas se abandonaban hasta la muerte.

Cuando se abrió un corredor entre la niebla, marcando un camino recto, creyó que los dioses habían recompensado su tesón.

Decidió seguir por este camino, durante un rato más, rodeado por la niebla, por un sepulcral silencio en el que no existían animales ni luz del sol, hasta que llegó a una solitaria cabaña en mitad de un claro.

Era una vieja cabaña, abandonada, pero disponía de provisiones e incluso de un lujo tan inútil en esos momentos como un catre.

Atrancó la puerta tras de sí y, tras dar cuenta a un tarro de conservas, casi a oscuras, se abalanzó sobre el jergón. Pensó que, a la mañana siguiente, con el buche lleno y la cabeza descansada, reuniría las fuerzas suficientes como para abandonar el bosque.

En el exterior, comenzó a llover.

Pero la lluvia no producía sonido alguno al golpear contra el techo de la cabaña, ni contra las ramas de los árboles, ni contra el suelo.

En un momento determinado un rayo al que nunca acompañó el bramido del trueno iluminó el interior de la cabaña y Blas pudo comprobar, no sin espanto, que varios macabros cuadros colgaban de las paredes.

Eran retratos de seres humanos, desfigurados.

A uno le faltaba la nariz. Al otro, la mandíbula. Uno tenía medio rostro arrancado por lo que parecían las fauces de un lobo. Otro, simplemente, era un cadáver putrefacto de cuyo rostro aún colgaban jirones de carne pardusca.

Todos parecían mirarlo fijamente.

Pero Blas Tobalo estaba tan, tan cansado, tan falto de fuerzas, que se cubrió el rostro con la áspera manta que reposaba a los pies del catre y se sumió en un profundo sueño.

A la mañana siguiente, el siniestro aullido feral que había escuchado la noche anterior volvió a quebrar el silencio. Sobresaltado, arrojó la manta a un lado y se dispuso a tomar su arco y sus flechas.

Y, entonces, se dio cuenta de que lo que creía cuadros eran en realidad ventanas y que, a través de sus frágiles cristales, un ejército de muertos vivientes había permanecido toda la noche acechándolo, sin moverse, en silencio, mientras descansaba.

Identificó en algunos de esos cuerpos ruinosos instrumentos de caza: un gorro, un arco, un cuchillo, un cuerno.

Un nuevo aullido se clavó en sus tímpanos hasta reventarlos y la puerta de la cabaña se abrió de par en par. Un cuerno de caza fantasmagórico resonó en el bosque. Pero Blas Tobalo ya sólo podía escuchar un insoportable pitido.

Y vio a la Bestia. Era de pelaje blanco y tenía los ojos rojos.

Y mientras sentía el crujido de la sangre en sus oídos y el calor de la orina entre sus piernas supo que entraría a formar parte del cortejo de la Bestia, abandonándose hasta la muerte, como una presa.

Offtopic :
Relato ganador del concurso Noches de Cuentos de Terror organizado por La Eterna Melodía el 30/10/2021
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Imperator Furiosa

Pasta dulce de Amanda
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TALENTO
¿Y me preguntáis qué es el talento?
No es abrir con un interrogante,
desde luego,
ni malgastar la palabra amante,
o atrapar el verso
en las ocho varas de un romance.
No es el peso
de la severa rima consonante,
por supuesto,
ni juntar letras sueltas por descarte,
como he hecho.

Talento es el hilo invisible
que hilvana las emociones,
el ritmo natural y secreto
escondido en las palabras,
un pulso amorfo y rebelde,
ecléctico,
eléctrico,
que despierta en la mente
el sentimiento universal
de pertenecer a un todo
y el deseo de ser sólo uno.
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Una nota garabateada a toda prisa, mil veces doblada.
XXVI. TULIPÁN
Es modesto el tulipán,
de aroma discreto,
oculta un secreto,
que sólo mi amor verá.
Rendidme en ese lecho,
en cama de colores,
de pétalos de flores,
pintando rojo mi pecho.
​
 

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XXVII. LOS CIPRESES

Cuando seamos ceniza,
una partícula de nada,
una página olvidada,
el espectro de una risa.
Cuando el amor se haya disuelto
y habite en otros cuerpos,
los cipreses seguirán, austeros,
las mismas ramas, el mismo viento.
​
 

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XVIII. ADIVINANZA

¿Quién sonríe en vertical,
por boca escupe mierda,
bosteza porque no sueña
y sin botón prende ojal?
¿Quién recibe más que da,
pero algo da, por pesado?
¿Quién por los dioses cegado
se sienta en su propio altar?
​
 

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XIX. EXTRAORDINARIO

Exaltado, Extraviado,
Extenuante, Expelido,
Excretado, Excesivo,
Ex, Extraordinario.
Extremo, Exacerbado,
Excoriado,Explosivo
Excitado, Excluido,
Ex, Extra, Ordinario.
​
 

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LA GRAN COSECHA

"¡Qué bien huelen los campos en las tardes de Eleint!
El aire es tan dulce que hay que bajar los párpados;
Y el cielo ambarino en el que se mecen los pájaros
trae aromas de espiga, trae aromas de vid“
​

Offtopic :
Versos libres grabados en la jarra conmemorativa de los ganadores de La Gran Cosecha 1496 C.V. organizada por la Casa Gáldrim.
 

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AMN, DOMINIO DE MERCADERES​

Amn, Dominio de los Mercaderes. Amn, Tierra de las oportunidades. Amn, Tierra de libertades.

Mientras otros imperios faerûnios han escogido cimentar su gloria en la guerra, la religión o la supremacía racial, Amn ha trascendido sus limitadas fronteras naturales gracias al comercio. De este modo, el amniano es conocido en las coloridas ciudades de Calimshan, en las frondosas selvas de Chult e incluso en las remotas e inexploradas regiones de Maztica.

El comercio trae consigo muchas bondades: progreso, riquezas, expansión... Podemos decir que el comercio también es un proceso de intercambio cultural y que a través de las rutas que establecemos con tantas ciudades y reinos hemos posibilitado que Amn no se cierre en sí misma y se marchite sino que se nutra de los avances y conocimientos de otras civilizaciones. El amniano no destruye ni prohíbe sino que comercia y evoluciona. Y gracias a esto hemos podido convertirnos en una de los imperios más avanzados y extensos de Faerûn.

A día de hoy gozamos de tantas libertades, que uno de los epítetos que recibe nuestra amada Dama Dorada es, precisamente, el de la Doncella de la Libertad.

Porque, sin libertad no hay negocio. Nunca nos ha preocupado en exceso la raza, nacionalidad, credos o profesión de un posible cliente siempre que el trato fuera provechoso. Así ha sido siempre y así debería seguir siendo si queremos llevar a este país a nuevas cotas de desarrollo y esplendor. Y puede que el dinero no dé la felicidad, pero seguro que algo ayuda ¿verdad?

Por eso me preocupa que una familia mercante de procedencia chessentana, y no porque sean de cuna extranjera, yo también lo soy, sino porque no parecen haber entendido las bases de la mentalidad del pueblo amniano, vengan a dictarnos, sí, dictarnos, la elección de verbo no es azarosa, lo que debemos hacer. Por si alguien aún no se ha dado cuenta, del verbo dictar deriva el nombre dictadura. Y como esto no es una clase de lingüística, no me voy a extender en los sinónimos del término "dictadura".

Los Karanok dictan que se cierren las fronteras a los reinos vecinos de Suldanessellar y Kazad Grômdal. Aquellos que, con magia o sin ella, tantas veces han ayudado a Amn cuando se encontraba en apuros. Los Karanok dictan que se oprima hasta la asfixia a los arcanos, a pesar de que ya contamos con la muy eficiente Orden de Magos Encapuchados para controlar a aquellos que hacen mal uso de la magia arcana. No os puedo negar la evidencia del Desviacionismo, pero tampoco podéis negarme que cualquier desequilibrado con un cuchillo en la mano puede llegar a convertirse en un asesino. El mal no reside en la magia o en un arma blanca, sino en almas retorcidas, y estas son de todo sino y condición. ¡Dedos de Delosar!, creedme, si os digo, y llevo mucho tiempo aquí, que las más de las veces, la magia se ha usado a favor del amniano.

Entonces, ¿quiénes son los Karanok para dictarnos lo que hemos de hacer? ¿quiénes son estos advenedizos para dictar a las familias mercantes más poderosas de Amn cómo gestionar sus negocios? ¿quiénes son para dictar al carnicero que no venda su carne a una enana barbuda tan sólo porque, a lo mejor, "podría lanzarle rayos por los dedos"? ¿quiénes son para dictarnos que confíemos ciegamente en los dioses, olvidándonos de nuestra propia fuerza como individuos?

¡Supersticiones! ¡Pensamientos reduccionistas dignos de una mente educada en una era oscurantista y siniestra que nada tiene que ver con la de un amniano!

¿Sabéis cuál sería el resultado de apoyar las proclamas de la familia Karanok? Una autarquía religiosa. Empezarán prohibiendo la magia Arcana y acabarán imponiéndonos sus dioses. Empezarán vetando la entrada a los elfos y acabarán por prohibirla a las personas con el pelo rizado. Concederles ahora un recorte a nuestras libertades es permitir que puedan pensar que podrán seguir haciéndolo en un futuro. Si respaldamos las medidas de los Karanok, aquí, ahora, veo una Amn empequeñecida y triste. Una Amn de murallas cerradas, mercados desiertos y negocios cerrados. Una Amn sin dinero. Una Amn devastada que no podremos legar a nuestros hijos.



Offtopic :
Discurso ofrecido en el Paseo de Waukeen de Athkatla con motivo de las revueltas anti-magia.
 

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XX. VACÍO

Si fuera propia la mitad
de vuestra vida , admitid
que del talento dimitís
con hueca identidad.
Al ciego y sordo timáis,
a tata y titi seducís,
de vuestro gris pellejo huís,
y tan sólo sois si imitáis.
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XXI. UNA RECETA

Hueso largo, mucha flema,
poca carne, todo nervio,
en el fuego cociendo
una receta blasfema.
Alpiste, hierro, marfil,
un regusto a tabaco
cierto dulzor amargo,
buen empacho tengáis de mi.
​
 

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XXII. PARÁSITO

Alojado en el seso
a través del corazón
en vientre prende comezón
un parásito avieso.
Se alimenta de la hiel
de los años perdidos
de los egos heridos
del temor a la vejez.
​
 

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XXIII. VERDE

Es renacer en primavera,
en la piel del camaleón
un tintineo juguetón,
o promesa de doncella.
Esperanza demuda
si esmeralda se pinta
con achares y tirria
en acerba bilis cruda.
​
 

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PREFACIO A UNA OBRA INÉDITA​

Bien lo saben los dioses, que todo lo observan desde su privilegiada atalaya, que nunca he sido dada a diarios, ni siquiera en etapas proclives a ello, como pudiera ser la juventud. Y mi falta de interés por anotar para la posteridad estados emocionales no se debe a pecados capitales tales como la pereza o un imperdonable exceso de humildad; al contrario, corre tinta por mis venas y mis padres hubieran hecho bien en llamarme “Ego”. No, el motivo es decepcionante, como lo son la mayor parte de las respuestas que desnudan los misterios. Cuando batallaba contra mi conflictiva pubertad me juzgaba lo suficientemente madura como para prescindir de confidencias con el más complaciente de los amigos, el pergamino en blanco, aquel que contesta siempre con lo que se quiere escuchar. Ahora que los años han pasado, más por los rostros de los demás que por el mío propio, se me antoja estar demasiado crecida como para perder el tiempo en “autos”. El único conocimiento que me preocupa es aquel que carece de prefijos. Después de todo, Talivia Ha'valen es universal, una idea, el espíritu cínico de una era esencialmente trágica. Probablemente haya leído esto último en algún libro. Pido disculpas al autor si estas líneas cayeran, por casualidad, en sus manos.

Lo cierto es que, por sorprendente que parezca, me incomoda escribir en primera persona. Una vez más, no es la humildad quién motiva mis preferencias, sino una obsesión casi enfermiza por el conocimiento. No quiero limitar mis miras a una sola persona, la menos interesante de todas; como una partícula infinita, me divido cien veces y en cada una de esas porciones, deposito una parte de mí: una vivencia, un rasgo de carácter, una manía, algo que detesto, decenas de defectos, puede que alguna solitaria virtud, alguien con quién me crucé quince años atrás y, por algún oscuro motivo, persiste anclado en la memoria. Quizás, como tantos otros mortales, tan sólo aspiro a convertirme en dios, y rijo las vidas de mis ridículos vástagos a golpe de párrafo. Quiero creer que mi obra es necesaria en el sentido más absoluto y trascendental del término y que puede ayudar a otros a comprender por qué existe orden en este fascinante caos que estalla fugazmente entre la nada y nada pero, la verdad, es que no tengo respuestas —incluso a veces ni siquiera recuerdo qué he cenado la noche anterior— y la consistencia de mi Multiverso es tan endeble que una antorcha, una polilla, o, en el peor de los casos, un molesto crítico literario podría acabar con él.

Y el caso es que, ahora que lo pienso, este prefacio, en absoluto breve, bien podría ilustrar la más ambiciosa de las autobiografías, porque sus palabras resuenan con la adecuada complacencia de quién necesita justificar sus crímenes de guerra. No se me da bien escribir en primera persona, ya lo he dicho, en primer lugar, por lo que anteriormente he explicado y, en segundo, como bien salta a la vista, porque mi mente es una corriente de aire juguetón que divaga impunemente entre las —escasas— curvas de mi caligrafía. Sólo cuando, en un acto de infinito amor, troceo mi mente y se la doy de comer a mis personajes, se vuelve lo suficientemente mansa como para dar forma a una novela. De todos modos, seguro que de aquí a tres hojas se me ocurren más motivos para defenestrar al monólogo interior.

Así que ¿por dónde iba? Ah, sí. Ni siquiera había comenzado. Cuando uno se embarca en un proyecto que quizás le viene demasiado grande, surge la necesidad pragmática de registrar el proceso. Lamentablemente, esta empresa gira en torno a mi persona —trazando una analogía, el sol es sol, pero, activamente, no desea serlo—, así que he descartado la narración en tercera, y, mucho me temo, no voy a poder abstraer las situaciones hasta reducirlas a su más prístina expresión, la del humorismo descarnado. Esto es, probablemente, lo más cerca que me he hallado nunca de escribir un diario o, tal vez, un cuaderno de obra. ¡Lo confieso! Estoy a punto de cometer dos de los crímenes más graves que un literato puede perpetrar; el primero, considerar que la parte —¿a quién le interesa el enésimo ejercicio de introspección?— es más importante que el todo —la literatura nunca debiera ser una masturbación asistida— y, el segundo, sacrificar la idea por el dato. Aunque no es la primera vez que cometo perjurio contra mis propias creencias. Ni la primera, tercera, cuarta o quinta ocasión en la que me busco el mejor escondite hablando más de la cuenta. Es posible que esta vez incluso cuente algo que sea cierto, o que ciertas personalidades reconocibles se paseen entre líneas. No quisiera cerrar este prólogo sin rematar con una coda apropiada, de esas que, al cerrar el libro, conducen a la reflexión: “sólo soy maestra en sentido figurado”. Digna de epitafio. Claro que sí.​
 
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XXV. LAS PALMERAS

Qué alegría las palmeras
batiendo sus palmas al viento,
dan cobijo a los insectos
de la calina traicionera.
Crecen altas, crecen fieras,
y estallan en verde fulgor,
-que para ellas es el rubor-
cuando la larva se les prospera.
​
 

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XXVII. LA CULPA

De paseo por el parque
escuché una canción:
"Tuya es, mía no,
si no quieres que me enfade".
Eran niños y reían,
y pensé en nosotros,
adultos, todo enojos,
y la misma melodía.
​
 
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Imperator Furiosa

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XVIII. JUEGO DE TORNAS
Aplaude el mediocre
a quién cree inofensivo
hasta que de tanto silbido
se nos hincha, el pobre,
y entonces el mezquino
se troca en enclenque
y el otrora blandengue
se refocila en su sino.
​
 

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XXIX. UN PAVO

Es de condición real,
brumoso si sueño,
pero también plebeyo,
de naturaleza dual.
Privadlo de color,
de prendas y de fastos,
rosado, nudo, casto,
más que pavo es pavor.
​
 

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TRES HAIKUS
​
Primer día de verano...
Canta, cigarra,
a la viveza del sol.
Dormiré mientras.

​
Las inclemencias de la naturaleza...
Se van las luces
cuando cae la noche;
queda el frío.

​
Volver a casa después de un día de trabajo en el campo...
Espalda rota,
el caldero hirviendo,
tu amor frío.



Offtopic :
Composiciones presentadas a concurso.

​
 

Imperator Furiosa

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MÁS HAIKUS
​
Sobre el amor...

En tu aroma
veo forma y pulso
y te percibo.
​

Sobre el desamor...

Desde entonces
no he vuelto a tocar
esa camisa.
​

Sobre el paso del tiempo...

Este sendero
ya nadie lo camina
salvo la nostalgia.
​


Sobre la muerte...
El sol se hunde,
un barco a la deriva,
el mar en calma.
​

Sobre la muerte violenta...
Al caer el sol
las piedras beben sangre
del hombre muerto
​
 

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