_Miau_The_Return_
El que aplaude en los discursos Zhent
- Registrado
- 11/2/25
- Mensajes
- 191
Las palabras aún flotaban en el aire, como un veneno invisible que se filtraba en cada mirada de sospecha, en cada paso que se alejaba de ella.
—¿Qué mejor disfraz para un seguidor del Dios Loco, que una sacerdotisa de Sune?
El murmullo se había convertido en eco.
Calistia sintió el peso de la acusación en el pecho, como si le hubieran arrancado el aire con una daga invisible. Ella, seguidora de la Belleza y el Amor, comparada con un mentiroso, con un asesino, con el Príncipe de las Mentiras.
Se llevó una mano al colgante en forma de labios, su símbolo sagrado, buscando consuelo en su tacto dorado. Pero el calor de la fe no ahuyentó la frialdad de la duda en los ojos de algunos.
¿Cómo pueden siquiera pensarlo?
Había amado sin reservas, como Sune enseñaba. Y aun así, una simple frase, dicha con el tono justo de veneno, bastó para teñir sus acciones de sospecha.
************************************************************************
El repudio llegó como un golpe físico.
—¡No permitiré que un seguidor del Tirano ponga sus manos sobre mí!
Retrocedió un paso. La acusación era otra, distinta, pero igualmente absurda. Ahora era una herramienta del Tirano de las Cadenas, de Bane, el opresor.
¿Cómo podía ser al mismo tiempo Cyricista y Banita?
Pero no importaba. El miedo no necesitaba lógica para enraizarse.
El mundo se estaba volviendo un espejo roto.
Si la verdad podía retorcerse tan fácil, ¿entonces qué quedaba?
Con el alma desgarrada, Calistia supo que no bastaba con ser la luz en la oscuridad.
No, tendría que luchar por ella. Tendría que demostrar que la verdadera Belleza nunca podría ser una mentira.
Y eso dolía más que cualquier herida.
—¿Qué mejor disfraz para un seguidor del Dios Loco, que una sacerdotisa de Sune?
El murmullo se había convertido en eco.
Calistia sintió el peso de la acusación en el pecho, como si le hubieran arrancado el aire con una daga invisible. Ella, seguidora de la Belleza y el Amor, comparada con un mentiroso, con un asesino, con el Príncipe de las Mentiras.
Se llevó una mano al colgante en forma de labios, su símbolo sagrado, buscando consuelo en su tacto dorado. Pero el calor de la fe no ahuyentó la frialdad de la duda en los ojos de algunos.
¿Cómo pueden siquiera pensarlo?
Había amado sin reservas, como Sune enseñaba. Y aun así, una simple frase, dicha con el tono justo de veneno, bastó para teñir sus acciones de sospecha.
************************************************************************
El repudio llegó como un golpe físico.
—¡No permitiré que un seguidor del Tirano ponga sus manos sobre mí!
Retrocedió un paso. La acusación era otra, distinta, pero igualmente absurda. Ahora era una herramienta del Tirano de las Cadenas, de Bane, el opresor.
¿Cómo podía ser al mismo tiempo Cyricista y Banita?
Pero no importaba. El miedo no necesitaba lógica para enraizarse.
El mundo se estaba volviendo un espejo roto.
Si la verdad podía retorcerse tan fácil, ¿entonces qué quedaba?
Con el alma desgarrada, Calistia supo que no bastaba con ser la luz en la oscuridad.
No, tendría que luchar por ella. Tendría que demostrar que la verdadera Belleza nunca podría ser una mentira.
Y eso dolía más que cualquier herida.